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Hoy volvemos al terreno del celuloide con «El regreso del héroe» (o Seductor a la Francesa) que es como se tituló en España «Le Retour du Héros», una coproducción franco-belga del año 2018, dirigida por Laurent Tirard y protagonizada en sus roles principales por Jean Dujardin y Mélanie Laurent.
La película pretende ser una sátira sobre cómo la sociedad crea héroes a partir de los relatos interesados y la propaganda. Es una comedia revestida del romanticismo de época, a ratos ligera pero con momentos emotivos, que bebe de clásicos anteriores: desde «Barry Lyndon» a «Las amistades peligrosas» pasando por «Orgullo y Prejuicio» o «El regreso de Martin Guerre», entre otras. El regreso del héroe se beneficia de una gran pareja protagonista: el oscarizado Jean Dujardin, que borda sus papeles de seductor y antihéroe sinvergüenza (en la línea del recordado Belmondo) y la siempre bella Mélanie Laurent, que desarrolla su carrera entre Francia y las producciones hollywoodienses al otro lado del Atlántico.
La película no pasa de ser la típica comedia de enredo francesa: un reparto de calidad, una cuidada ambientación y fotografía, un remarcable vestuario (el militar ya sería bastante más cuestionable, una lástima), que parece contentarse con alcanzar un nivel de corrección similar al de otras producciones de este tipo, sin aspirar a un relato más profundo. Una comedia donde se muestra el amor romántico versus la realidad y el tratamiento del mito del héroe-antihéroe con toques de humor de salón y sátira social.

Estamos en el año 1809. El capitán Charles-Grégoire Neuville (Jean Dujardin), un encantador aunque poco fiable seductor, se viste con sus mejores galas para dirigirse a la mansión de la rica familia Beaugrand, para pedir la mano de Pauline (Noémie Merlant), la benjamina de las dos hijas. Llega a la mansión con su montura y se encuentra con la hermana mayor, Elisabeth (Mélanie Laurent) que desconfía de él desde el principio. Los padres dan el visto bueno al enlace, pero justo antes de la boda, Neuville es llamado al frente y promete escribir todos los días a Pauline… pero nunca lo hace.
(Neuville se prepara para entrar en la mansión de los Beaugrand)
Neuville: “Señorita Beaugrand.”
Elisabeth: “Capitán. ¿La puntualidad no es la primera virtud militar?”
Neuville: “No, es la valentía. Y no me falta, heme aquí frente a usted.”
Elisabeth: “Qué distraída soy. Le creía caballero, le descubro insolente.”
Neuville: “Tengo más cualidades que ignora.”
Elisabeth: “Eso espero, capitán. Demasiados hombres piensan que una sonrisa es suficiente.”
Neuville: “Demasiados, es cierto, perdón.” (Neuville deja a Elisabeth y entra en la casa)

Pauline cae en una profunda tristeza, que la lleva a quedar postrada en cama, por lo que para evitar males mayores a su hermana, Elisabeth decide empezar a escribirle falsas cartas suplantando a Neuville, inventando hazañas heroicas y describiéndole como un personaje noble y romántico. Las cartas logran su objetivo: Pauline se restablece totalmente, pero al mismo tiempo hacen de Neuville una especie de héroe de ficción. Elisabeth considera que las cosas han llegado demasiado lejos y llega a “matar” a su personaje en una última carta y que su engaño no vaya a más. Mientras pasa el tiempo, Pauline se casa con otro hombre, Nicolás (Christophe Montenez) y forma una familia. Años después, una diligencia para en el pueblo y un harapiento baja de la misma, con gran alivio de los pasajeros: se trata de Neuville, convertido en un hambriento vagabundo que deambula por el pueblo. Se detiene frente a una pescadería y, de repente, coge una caballa y comienza a mordisquearla, asombrando a la señora que está a su lado. Elisabeth que paseaba por el pueblo lo reconoce y se da cuenta de que no puede dejar que vuelva a reanudar su relación con Pauline, por lo que empieza a seguirle por las calles. Se decide a parar a Neuville y este reconoce a Elisabeth como la mayor de las hijas Beaugrand. Empiezan a hablar y Elisabeth le intenta convencer que es mejor que no permanezca en el pueblo.
Elisabeth: “Cuidado, Neuville, murió como un héroe. Toda la ciudad lo cree.”
(Leen la inscripcion)
«En memoria del Capitán Charles-Gregoire Neuville, héroe del imperio. Que su espíritu y ejemplo inspiren por siempre a sus habitantes.»
Elisabeth: «¿¡Ahora entiende el problema!? Esa audacia, valentía y ese garbo… Ese hombre extraordinario.«
Neuville: «¿Quién?«
Elisabeth: «Usted no, precisamente.»

La mayor de las hijas Beaugrand viendo que las palabras no bastan soborna a Neuville para que vuelva a coger la diligencia y se marche del pueblo, e incluso le enseña un pequeño monumento erigido a su memoria, intentándo hacerle ver lo beneficioso de su «muerte». Neuville parece que se deja convencer y coge la diligencia, pero, inesperadamente, solo un rato después vuelve a aparecer por sorpresa en casa de los Beaugrand, para espanto de Elisabeth. Neuville felicita al matrimonio de Pauline y Nicolás y sus padres le invitan a almorzar. Pauline, extasiada por las falsas cartas de Elisabeth, le pide que les relate algunas de sus hazañas, y Neuville comienza a dar rienda suelta a su imaginación, explicando sus proezas, con gran fastidio de Elisabeth y el asombro del resto de comensales: aparecen minas de diamantes, hectáreas de plantaciones de tabaco, elefantes y otros animales exóticos, lluvias monzónicas, y como no, sus proezas militares:
Madame Beaugrand: «Imagino que lo ha contado mil veces, pero concédanos ese capricho. Ardemos por saber todos los detalles.»
(Madame Beaugrand le pide que les cuente la historia de Neuville y su puñado de hombres contra 2000 ingleses)
Neuville: «Desgraciadamente, los detalles se han borrado. Perdí un poco de mi memoria por una lesión en la cabeza.«
Pauline: «¿En dónde?«
Neuville: «En la cabeza.«
Pauline: «¿En qué parte de la cabeza?«
Neuville: «Pues ya ve, eso tampoco lo recuerdo. Increíble, Un agujero negro«
Elisabeth: «¿No me dijo que se había atrincherado en el arsenal y que se dijo que como último recurso lo haría explotar todo?«
Neuville: «Sí. Por supuesto. Tiene buena memoria. Absolutamente. ¿Eso no se lo conté?»
Madame Beaugrand: «No.«
Neuville: «Ahí, sí, es mi culpa.«
Madame Beaugrand: «Claro que no.«
Neuville: «Pero qué burro. Por supuesto. Sí, no fue gran cosa.«
Elisabeth: «¿Imagino que los ingleses hicieron todo para sacarlo?«
Neuville: «Es correcto, Elisabeth. Todo. Lo hicieron todo. Comenzaron por hacernos pasar hambre. A la inglesa. Pasar hambre. La mayoría de mis camaradas murieron así. Como capitán me obligué a mantener la esperanza. Hasta que… mi fogata se extinguió. Entonces no podía reventar el arsenal. Y entonces, estaba…«
Elisabeth: «¿Perdido?«
Neuville: «Perdido. Estaba perdido. Precisamente. Completamente perdido.»
Elisabeth: «Pero aprovechando la noche sin luna, el capitán pudo escabullirse ingeniosamente…«
Neuville: «No.«
Elisabeth: «¿No?«
Neuville:»No, señorita Beaugrand. Un soldado del Emperador no huye. Y menos un capitán de húsares. Heme entonces frente a 2000 ingleses que cargan hacia mí. Me quedan tres balas. Sé que perdía de antemano, Pero quiero morir como solado. La horda avanza inexorablemente. Estaban a 500 metros. Recargo mi fusil, los contemplo… Están a 300 metros. Apunto… Están a tan solo 100 metros. Mi dedo toca el gatillo, y ahí… ¡Ahí! La caballería llegó. Un regimiento de dragones. Prevenidos por no sé quién.»
Elisabeth: «La caballería llegó… ¿Ese es el desenlace?«
Neuville: «Sí.»
Elisabeth: «Pues qué plancha.«
Madame Beaugrand: «¿Hubieras preferido que el capitán muriese?«
Elisabeth: «No, pero honestamente parece una mala novela.«
Neuville: «Es una mala novela, de acuerdo. Pero es la historia de mi vida. Y no la escogemos.«

Elisabeth vuelve a buscar a Neuville a la casa donde se ha instalado e intenta sobornarlo con 5.000 francos para que se vaya definitivamente del pueblo, pero él decide aprovechar su nueva situación gracias a su nueva reputación, de la que ella es, en definitiva, la autora. Neuville se presenta como un héroe de guerra recreando relatos disparatados ante grupos de mujeres embelesadas, comienza a estafar a los incautos vecinos ricos con sus imaginarias minas de diamantes en la India y empieza a seducir a algunas mujeres del pueblo. Mientras se celebra un baile en sociedad, Neuville aprovecha para reavivar su romance con Pauline y esta le sigue por los jardines de la mansión, perseguidos por Elisabeth, que ve como su «creación» claramente se le escapa de las manos.
Elisabeth: «¿Rechaza irse por 5.000 francos?«
Neuville «No soy tan vil como usted cree.«
Elisabeth: «Su impostura no durará ni 2 días. Será desenmascarado.«
Neuville: «Y usted también por nuestros destinos. Si caigo, caerá conmigo.«
Elisabeth: «¿Y entonces?…»

Elisabeth decide ir a ver a Nicolás y provocar sus celos para que rete en duelo a Neuville. Pero lo que este no sabe es que Nicolás es un excelente tirador y cuando le ve ejercitarse con las pistolas se da cuenta de que llevará las de perder en el duelo. Intenta inventar excusas durante toda la noche para evitarlo, pero a la mañana siguiente no tiene más remedio que acudir al encuentro. Con los padrinos presentes y haciendo cabriolas con las pistolas, intenta dilatar aún más la situación con diferentes absurdidades. Nicolás se cansa y le conmina a empezar el duelo. Cuando los dos están ya frente a frente a punto de dispararse, aparece Pauline corriendo y Neuville aprovecha para utilizarla de momentáneo escudo humano, hasta que esta logra convencer a Nicolás de que deje en paz a Neuville. Ya harta de los manejos de Neuville, Elisabeth le dice que si no confiesa todos sus embustes lo hará ella. Neuville acompaña a Elisabeth a su casa y delante de sus padres, dando un nuevo giro de tuerca a la situación, les confiesa que quiere pedir la mano de Elisabeth. Ésta, tras una risa nerviosa y dejar caer su copa al suelo, estalla:
Elisabeth: «El bastardo. El bastardo. El mentiroso. El mentiroso. ¡El estafador! ¡estafador! ¡Impostor! Hay que sacarlo de nuestra casa. ¡Él es el diablo! ¡Nos va a destruir y deshonrar!«
Madame Beaugrand: «Ya es suficiente, Elisabeth.«
Elisabeth: «Mamá, escúcheme. Conozco sus intenciones. ¡Todo es falso! ¡Todo! Todo es inventado. Los tigres, los viajes, las indias La tortuga gigante, los diamantes… ¡Todo es falso! ¡Todo eso soy yo! Pero los diamantes no. Eso es él. Yo no robo señor, eso no. ¡El malvado mentiroso! ¡El villano, la cruz! Porque todo lo planea. Su cerebro maquina. Lo vi salir del carruaje. ¡Lo vi comiendo caballa cruda! ¡Así! ¡Caballa cruda!«
Monsieur Beaugrand: «¡Suficiente!«
Elisabeth: «Papá…«
Monsieur Beaugrand: «¡Vas demasiado lejos! ¡Ve a calmarte! ¡Ahora, desaparece, no te quiero ver!«
Elisabeth: «Yo soy el Capitán Neuville…«
Monsieur Beaugrand: «¡Ve a tu habitación! ¡Ve! ¡Ya estuvo bien!«
Elisabeth: «¡Yo soy el Capitán Neuville!«
Neuville: «Estoy confundido…«
Madame Beaugrand: «Elisabeth siempre fue obstinada en lo que respecta al matrimonio. Pero esto, va más allá.«
Neuville: «No lo entiendo. Además odio la caballa.«

Elisabeth está profundamente pensativa en su habitación sin saber qué hacer y de pronto oye un ruido lejano de cañones. Le dicen que son tropas de artillería francesas que están por la zona. Rapidamente decide ir a ver a su comandante e invitarlo a la mansión para que conozca a Neuville y así poder desenmascararlo delante de todos. Neuville llega nuevamente a casa de los Beaugrand y Elisabeth le acompaña y le presenta al general Mortier-Duplessis (Féodor Atkine) al que ya han puesto al tanto de las hazañas de Neuville. Neuville, que se da cuenta de la treta de Elisabeth, agarrándola del brazo se la lleva a un aparte:
Neuville: «¿Qué pretende?«
Elisabeth: «Nada. Sólo pensé que le gustaría hablar con un auténtico veterano del ejército imperial. Con quien sus fábulas no se sostendrán. Su historia ha concluido, capitán. Historia de un hombre que pensó que su mentira prevalecería.»
Neuville: «Está loca, completamente loca. Me van a fusilar. ¿Qué pretende?«
Elisabeth: «No trate de asustarme, no servirá.«
Neuville: «¿A no, y qué piensa que me harán? ¿Darme un coscorrón? He desertado, Elisabeth. Será la Corte Marcial y el pelotón de ejecución.«
Neuville: «¿Qué pretende?«
Elisabeth: «No sabía, sólo quería…«
Neuville: «¿Qué? ¿Castigarme? ¿Ganar?… Usted no gana, Yo pierdo.«

Elisabeth se da cuenta que su maquinación puede llevar a la ruina a Neuville y decide distraer a los invitados a la mesa para que el general no le pregunte a Neuville y le ponga en evidencia. Anuncia a todos su compromiso con Neuville, intenta distraer al general, se pone a bailar sola cuando aparecen los músicos en el comedor, pero el general quiere oír el relato de Neuville:
General Mortier-Duplessis: «Ahora, Capitán…cuéntenos qué pasó en Essling.«
Neuville: «¿Lo que pasó en Essling? Era un día agradable. El Emperador venía de ganar 4 batallas en 5 días. Pero esa mañana, mientras cruzábamos el río, el puente se derrumbó bajo nosotros. Parte del ejército… se vio aislada, atrapada. Los austriacos instalaron su artillería y… el Emperador dio la orden a la caballería atacar. Nos lanzamos, orgullosos, inconscientes. Pero los cañones austriacos dispararon antes de que llegáramos a ellos. No sé cuánto tiempo duró la masacre. Una hora… Unos segundos… No lo recuerdo claramente. Un ruido ensordecedor. El suelo que explota. Jinetes lanzados al aire. La cabeza de Joubert arrancada por una bala de cañón, su cuerpo desarticulado continúa su loca carrera. Mi caballo tropieza y cae. Su sangre caliente me cubre la cara. A mi lado un hombre que contempla sus vísceras. Y otro hombre… cuyo brazo se sostiene por una vena. Eso. 300 hombres murieron así. Bajo un diluvio de fuego y acero. 300 cuerpos reventados y esparcidos por todo el campo. 300 vidas extinguidas, en un instante. General.«
General Mortier-Duplessis: «Por Dios, es… ¿Cómo demonios pudieron sobrevivir a tal carnicería?«
Neuville: «Corriendo a toda velocidad. Lo más lejos posible.«
General Mortier-Duplessis: (estallando en carcajadas) «¡Corriendo a toda velocidad! ¡Muy buena! Hace honor a su modestia. capitán.»


Pasado el mal trago de la comida, Elisabeth se acerca a Neuville que está sentado en el jardín y le coge la mano. Se besan, pero ante lo extraño de la situación, Neuville le dice que si no pueden ser amantes al menos pueden ser amigos. Elisabeth le responde que amigos, no, que serán ambos socios gracias al montaje de Neuville con el «negocio» de diamantes. Tras un corto estira y afloja, Neuville accede a que sean socios. Cuando vuelven a entrar en la casa, están todos angustiados porque hay noticias de que los cosacos rusos merodean por las inmediaciones de la casa. Elisabeth le dice a Nicolás que vaya a buscar al general Mortier-Duplessis y que Neuville se encargue de organizar la defensa. Se empiezan a distribuir mosquetes entre los hombres, las mujeres se disponen a refugiarse en una de las buhardillas, pero Elisabeth sorprende a Neuville en los establos ensillando su caballo blanco para salir corriendo de la casa. Elisabeth, desengañada, se despide de Neuville y este se debate entre abandonar a los Beaugrand y sus invitados y salvar su pellejo o sacrificarse heroicamente como su personaje. Neuville reaparece frente a la casa con su mosquete frente a un línea de cosacos, que se preparan para atacar. Empieza a cargar su mosquete y disparar, los cosacos cargan hacia él y cuando estos están a escasos metros, la artillería del general empieza a disparar sobre los cosacos, ahuyentándolos y salvando a Neuville. Por fin Neuville ha afianzado definitivamente su estatus de héroe en el pueblo.

Por fin se celebra la boda entre Neuville y Elisabeth. Los nuevos marido y mujer se preparan para bailar rodeados de los invitados cuando acude un edecán que interrumpe la escena y reclama nuevamente al capitán Neuville para que vuelva a servir al Emperador en la nueva campaña que empieza. Se organiza una nueva comitiva de despedida frente a la mansión y Elisabeth se despide de Neuville, al igual que hiciera su hermana años atrás:
Elisabeth: «No vayas, te van a matar.»
Neuville: «¿Y el honor, y el deber?«
Elisabeth: «Esas son solo palabras. Quiero a mi esposo vivo.«
Neuville: «Sí, pero soy el Capitán Neuville.«
Elisabeth: «¿Qué vas a hacer?«
Neuville: «Te voy a besar.«
Elisabeth: «¿Me escribirá?»
Neuville: «Todos los días. ¡Se lo prometo!«
(Neuville sale a caballo con la comitiva que le precede y mientras esta sale hacia la izquierda del camino, Neuville y su caballo se alejan en dirección opuesta)
Madame Beaugrand: «¿Qué está haciendo?«
(Los Beaugrand y Nicolás miran extrañados la escena, y a medida que Neuville se aleja de los soldados, Elisabeth empieza a reírse)
REPARTO:
- Jean Dujardin – Capitán Charles-Grégoire Neuville
- Mélanie Laurent – Élisabeth Beaugrand
- Noémie Merlant – Pauline Beaugrand
- Christophe Montenez – Nicolás
- Évelyne Buyle – Madame Beaugrand
- Christian Bujeau – Monsieur Beaugrand
- Féodor Atkine – General Mortier-Duplessis
Fuentes:
1 – «Le retour du héros» (2018), de Laurent Tirard. Brachet – JD Prod – Les Films sur Mesure
2 – https://www.programme-tv.net/cinema/10719566-le-retour-du-heros/
3 – https://www.opensubtitles.com/es/subtitles/le-retour-du-heros-2018-french-bdrip-xvid-extreme
Imágenes:
a – «Le retour du héros» (2018), de Laurent Tirard. Brachet – JD Prod – Les Films sur Mesure
