Enrique F. Sicilia Cardona, desentrañando la historia militar

Enrique F. Sicilia Cardona es historiador, docente, y autor de sendos títulos sobre historia militar, entre ellos, “Napoleón y Revolución. Las Guerras Revolucionarias” y “La Guerra del Rosellón (1793-1795)”, este último como coautor. Hace unos pocos meses contactamos con él para poder concertar una entrevista sobre algunos de los temas que ha tratado en sus publicaciones, y amablemente accedió a concedernos una entrevista, que finalmente hoy ve la luz.

En alguna ocasión hemos comentado (supongo que en muchas) que las entrevistas son una de nuestras secciones más queridas ya que nos permiten ampliar nuestros conocimientos y puntos de vista a través del contacto con el saber y experiencia de nuestros semejantes. Aparte también hemos sido afortunados porque la inmensa mayoría de las que hemos realizado hasta ahora, gracias básicamente a nuestros entrevistados, han mejorado ostensiblemente la calidad de las preguntas en su conjunto, y la que publicamos hoy no ha sido una excepción.

Os dejamos por tanto sin más preámbulos con esta pequeña panorámica de la obra de Enrique F. Sicilia Cardona a la que nos asomamos en estos momentos.

La célebre imagen de Napoleón en la batalla de Rivoli, por Philippoteaux, también motivo 
de la portada del libro “Napoleón y Revolución” obra de nuestro entrevistado.

ENTREVISTA

(El Rincón de Byron): Manuel Godoy ha sido siempre un personaje controvertido en la historiografía española de finales del S. XVIII y principios del XIX. Polémico y denostado por la mayoría, en los altos empleos que tuvo jugó un papel destacado en las alianzas forjadas primero con Inglaterra y luego con la Francia Revolucionaria. ¿En una monarquía en crisis y con problemas de Hacienda, se pudo gobernar más eficientemente por parte del “Príncipe de la Paz” o la situación ya era insalvable para la corona española? ¿Se pudieron evitar las guerras con la Francia Revolucionaria?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Godoy, efectivamente, sigue siendo un personaje discutido y muchos le siguen considerando un simple arribista, sin excesivas destrezas. Con una simple lectura de sus “Memorias”, uno se percata de lo incongruente de esa etiqueta. Allí vemos, sobre todo, a un estadista que, sí, con sus evidentes errores como su acercamiento a Francia tras Basilea, nada nuevo durante el Siglo de las Luces, y su peligroso coqueteo posterior con Napoleón, dirigió el reino de España durante unos años cruciales y propició algunos de sus hechos más notables a finales del siglo XVIII y principios del XIX. No solo eso, pues protagonizó igualmente una de las guerras más exitosas y cortas de nuestra historia, la de las Naranjas ante Portugal, con el todavía premio de Olivenza en nuestras fronteras. Por no hablar de su clara vertiente ilustrada fomentando algunas instituciones del saber. Ahora bien, la eficiencia en su gobierno pudo mejorarse, pues no consiguió el efecto deseado. La Real Hacienda sufrió lo indecible con la deriva marcial desde 1793 en adelante (y su obligada fidelidad a la absolutista Corona, le restó la flexibilidad adecuada para solventar mejor las crisis económicas) y en el exterior estaba muy influenciado por el imán de Francia y la constante beligerancia de la talasocracia británica. Digamos que se encontró en una escena principal como actor circunstancial y, lo más importante, con el guion muchas veces escrito por otros más poderosos y sin la liquidez necesaria.

La adhesión de España a las Guerras Revolucionarias en 1793 la veo como inevitable. Los lazos de sangre borbónicos eran históricos y la implosión del sistema estamental, tras la Revolución Francesa, demandó una política de contención monárquica que parara esa probable marea radical de ciudadanía. Por ese motivo, las tropas españolas llevaban tiempo acantonadas sobre la frontera pirenaica. Carlos IV, con la decapitación de su pariente Luis XVI, estaba obligado a actuar, si bien intentó apaciguar los ánimos con la salvaguarda de la restante familia real francesa. Si a ese vínculo personal, le unimos luego la favorable probabilidad de recuperar, en esa coyuntura, un territorio como el Rosellón, perdido desde 1659 ante los franceses, tenemos dos factores probables para provocar una resolución militar: la defensa de la sangre y la restauración territorial de algo que, culturalmente, todavía se consideraba peninsular e hispánico. Me queda un tercer factor, y fue capital: la propia intransigencia revolucionaria francesa, una vez consumada la escenificación cortante sobre su rey. La Convención de esos años no era precisamente un manantial de paz.

(El Rincón de Byron): Manuel Godoy has always been a controversial character in Spanish historiography in the late 18th and early 19th centuries. Controversial and reviled by the majority, in the high jobs he held he played a prominent role in the alliances forged first with England and then with Revolutionary France. In a monarchy in crisis and with financial problems, was it possible to govern more efficiently by the “Prince of Peace” or was the situation already insurmountable for the Spanish crown? Could wars with Revolutionary France be avoided?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Godoy, indeed, continues to be a controversial character and many continue to consider him a simple careerist, without excessive skills. With a simple reading of their “Memoirs”, one realizes the incongruity of that label. There we see, above all, a statesman who, yes, with his obvious mistakes such as his approach to France after Basel, nothing new during the Enlightenment era, and his subsequent dangerous flirtation with Napoleon, led the kingdom of Spain for a few years crucial and led to some of its most notable events in the late eighteenth and early nineteenth centuries. Not only that, because he also starred in one of the most successful and shortest wars in our history, that of the Oranges against Portugal, with the Olivenza prize still on our borders. Not to mention its clear enlightened aspect promoting some institutions of knowledge. However, the efficiency in his government could be improved, because it did not achieve the desired effect. The Royal Treasury suffered the unspeakable with the martial drift from 1793 onwards (and its forced loyalty to the absolutist Crown, deprived it of the adequate flexibility to better solve economic crises) and abroad it was greatly influenced by the imam of France and the constant belligerence of the British thalassocracy. Let’s say that he found himself in a main scene as a circumstantial actor and, more importantly, with the script many times written by other more powerful and without the necessary liquidity. The accession of Spain to the Revolutionary Wars in 1793 I see as inevitable. Bourbon blood ties were historical and the implosion of the estate system, after the French Revolution, demanded a policy of monarchical containment that would stop that probable radical tide of citizenship. For this reason, the Spanish troops had long been stationed on the Pyrenean border. Carlos IV, with the beheading of his relative Louis XVI, was obliged to act, although he tried to appease the spirits with the safeguarding of the remaining French royal family. If to this personal bond, we then add the favorable probability of recovering, at that juncture, a territory like Roussillon, lost since 1659 to the French, we have two probable factors to provoke a military resolution: the defense of blood and the restoration territorial of something that, culturally, was still considered peninsular and Hispanic. I still have a third factor, and it was capital: the French revolutionary intransigence itself, once the cutting staging of its king was consummated. The Convention of those years was not exactly a source of peace.

 
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(El Rincón de Byron): A pesar de los éxitos militares iniciales de la Campaña contra la Convención, con la invasión de territorio francés, el conflicto pronto cambiaría de signo y la iniciativa y los triunfos pasarían a ser de la República francesa, invadiendo una parte del territorio español que solo sería devuelta tras la Paz de Basilea. A grandes rasgos, ¿qué factores fueron determinantes en tu opinión para que el devenir de los acontecimientos fuera tan negativo para las armas españolas y si ello fue un preludio de lo que pasaría luego en la Guerra de Independencia?

(Enrique F. Sicilia Cardona): La guerra del Rosellón o de la Convención fue una operación limitada en su concepción inicial. El reino de España proyectó una doble invasión -por País Vasco y Cataluña- para asentarse en algunos puntos clave del territorio francés y desde esas posiciones defenderse del posterior contraataque republicano. Ricardos, conocedor de esa geografía y del numeroso contingente humano que los franceses podrían oponerle, temía recular hasta Cataluña. En el momento de su muerte, en marzo de 1794, España estaba sobre territorio francés y se sostenía desde el magnífico campo fortificado de Le Boulou. La percepción negativa de esta guerra viene como consecuencia del posterior repliegue sobre Cataluña y la invasión francesa (Dugommier reorganizó y revitalizó a su ejército), pero no debemos olvidar que en 1795, con Urrutia en el teatro catalán, conseguimos una serie de notorias victorias campales sobre el río Fluviá, y en el momento de la firma de la paz de Basilea se proyectaba un ataque sobre la fortaleza de Mont Louis, guardián de la Cerdagne francesa. Es cierto que en el teatro de Navarra y Vascongadas los franceses estaban sobre el alto Ebro, pero en demasía extendidos y expuestos a un ataque en su desperdigado dispositivo. Los militares españoles no recibieron muy bien las noticias de la paz, al menos en el Rosellón, y no me cabe duda que la pervivencia del conflicto, al menos en 1795 hubiera favorecido algo más a España, por el trasvase del centro de gravedad hacia el Rhin e Italia, aunque el déficit apretaba con evidente desasosiego, y en Basilea realmente no salimos muy mal parados en términos territoriales. Otra cosa es pensar el qué hubiera sucedido tras la caída de Holanda ese mismo año, los posteriores problemas internos contra los realistas y, sobre todo, los planes del futuro Directorio. Lo dejo aquí.

Respecto a si fue un preludio esta guerra a nuestra GDI es indudable que sí. Luchamos contra el mismo enemigo, en una situación estratégica similar (dominando el mar con nuestra Armada en esos años y luego con la británica), con territorios españoles ocupados por ellos desde 1794, y con la notoria aparición, poca gente lo conoce, de la guerra irregular contra el francés. Ojo, porque el propio Ricardos también sufrió ese contratiempo guerrillero en su avance inicial por el Rosellón, en 1793 y acercándose a Perpignan, aunque los pueblos fronterizos franceses recibieron con bastante tranquilidad su incursión.

(El Rincón de Byron): Despite the initial military successes of the Campaign against the Convention, with the invasion of French territory, the conflict would soon change sign and the initiative and the triumphs would pass to the French Republic, invading a part of the Spanish territory which would only be returned after the Peace of Basel. Broadly speaking, what factors were determining in your opinion for the course of events to be so negative for Spanish weapons and if this was a prelude to what would happen later in the War of Independence?

(Enrique F. Sicilia Cardona): The Roussillon or Convention War was a limited operation in its initial conception. The kingdom of Spain planned a double invasion – by the Basque Country and Catalonia – to settle in some key points of the French territory and from those positions defend itself from the subsequent republican counterattack. Ricardos, aware of that geography and of the large human contingent that the French could oppose him, was afraid of retreating to Catalonia. At the time of his death, in March 1794, Spain was on French territory and supported from the magnificent fortified field of Le Boulou. The negative perception of this war comes as a consequence of the subsequent withdrawal from Catalonia and the French invasion (Dugommier reorganized and revitalized his army), but we must not forget that in 1795, with Urrutia in the Catalan theater, we achieved a series of notorious pitched victories. on the river Fluviá, and at the time of the signing of the peace of Basel an attack was planned on the fortress of Mont Louis, guardian of the French Cerdagne. It is true that in the theater of Navarra and Vascongadas the French were on the upper Ebro, but too extended and exposed to an attack in its scattered device. The Spanish military did not receive the news of peace very well, at least in Roussillon, and I have no doubt that the survival of the conflict, at least in 1795, would have favored Spain somewhat more, due to the shift from the center of gravity to the The Rhine and Italy, although the deficit tightened with evident unease, and in Basel we really did not fare very badly in territorial terms. Another thing is to think what would have happened after the fall of the Netherlands that same year, the subsequent internal problems against the royalists and, above all, the plans of the future Directorate. I leave it here.

Regarding whether this war was a prelude to our GDI, there is no doubt that it was. We fought against the same enemy, in a similar strategic situation (dominating the sea with our Navy in those years and then with the British), with Spanish territories occupied by them since 1794, and with the notorious appearance, few people know of it, of the irregular war against the French. Be careful, because Ricardos himself also suffered that guerrilla setback in his initial advance through Roussillon, in 1793 and approaching Perpignan, although the French border towns received his incursion quite calmly.

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(El Rincón de Byron): La guerra contra la Convención se desarrolló en prácticamente la línea de la cordillera de los Pirineos, desde el País Vasco, pasando por Aragón hasta Cataluña. En esta última, el conflicto fue conocido como Guerra Gran (Guerra Grande) y, al parecer, uno de los objetivos de Carlos IV era recuperar los antiguos territorios del Rosellón, perdidos en las guerras anteriores con Francia. ¿Te consta que la opinión pública en Cataluña o sus gobernantes fueran favorables a dicha iniciativa? ¿Las compañías de somatenes locales y los Tercios de Migueletes intervinieron en el conflicto decididamente o su presencia no tuvo un impacto significativo en el mismo?

(Enrique F. Sicilia Cardona): En Cataluña hubo un fervor considerable al comienzo de las hostilidades y en el Rosellón las tropas catalanas se distinguieron, en bastantes momentos marciales, por su rey y por España. Fíjese que cuando el conde de la Unión salió desde Barcelona en 1794 para suceder a O´Reilly -también fallecido por enfermedad- tuvo una colosal salida, en plan triunfo romano. Y en todo el reino de España hasta los reveses de ese año, la guerra fue bastante popular, pues la sociedad española estaba muy identificada con su monarquía y, sobre todo, con la defensa de su sacralidad católica. Y esos revolucionarios corta cabezas, vistos por la controlada prensa de la época como demonios, indignaron a muchos.

Respecto a los somatenes y Migueletes hay que indicar que tampoco eran ninguna novedad y ya en siglos anteriores habían dado muestras de su activación y participación. Existía esa cultura de la milicia campesina en armas, podríamos decir. Practicaban habitualmente, al conocer muy bien el terreno, una guerra de emboscadas, sorpresas y golpes de mano que alteraban la presencia del invasor francés y sus líneas de comunicación, antecedente claro de la famosísima y vital guerrilla española en la guerra contra Napoleón. Y en algunas acciones incluso estuvieron en primera línea, por ejemplo en Espolla, a finales de 1793 y al año siguiente, en el ataque a San Lorenzo de la Muga, o en la toma final de Puigcerdá en 1795. Es conocido que el conde de la Unión recurrió con pragmatismo a ellos oficializándolos y fueron una base miliciana importante en el sostenimiento del teatro catalán, siempre secundario para los franceses en estos tiempos, no lo olvidemos. Urrutia siguió esa senda en 1795 para generar una versión más militarizada e independiente tácticamente con los Migueletes.

(El Rincón de Byron): The war against the Convention took place in practically the line of the Pyrenees mountain range, from the Basque Country, passing through Aragon to Catalonia. In the latter, the conflict was known as Guerra Gran (Big War) and, apparently, one of the objectives of Charles IV was to recover the former territories of Roussillon, lost in the previous wars with France. Do you know that public opinion in Catalonia or its leaders were in favor of this initiative? Did the local Somatenes companies and the Tercios de Migueletes decisively intervene in the conflict or did their presence not have a significant impact on it?

(Enrique F. Sicilia Cardona): In Catalonia there was considerable fervor at the beginning of hostilities and in Roussillon the Catalan troops distinguished themselves, in many martial moments, for their king and for Spain. Note that when the Count of La Unión left Barcelona in 1794 to succeed O’Reilly – also deceased from illness – he had a colossal departure, in a Roman triumph. And throughout the kingdom of Spain until the reverses of that year, the war was quite popular, since Spanish society was closely identified with its monarchy and, above all, with the defense of its Catholic sacredness. And those revolutionaries cut heads, seen by the controlled press of the time as demons, outraged many.

Regarding the Somatenes and Migueletes, it should be noted that they were not new either and in previous centuries they had already shown signs of their activation and participation. There was that culture of the peasant militia in arms, we could say. They habitually practiced, knowing the terrain very well, a war of ambushes, surprises and hand blows that altered the presence of the French invader and his lines of communication, a clear antecedent of the famous and vital Spanish guerrilla in the war against Napoleon. And in some actions they were even in the front line, for example in Espolla, at the end of 1793 and the following year, in the attack on San Lorenzo de la Muga, or in the final capture of Puigcerdá in 1795. It is known that the count of The Union pragmatically resorted to them making them official and they were an important militia base in the support of the Catalan theater, always secondary to the French in these times, let’s not forget it Urrutia followed that path in 1795 to generate a more militarized and tactically independent version with the Migueletes.

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(El Rincón de Byron): La reconquista de Tolón por parte de los ejércitos revolucionarios fue uno de los primeros hechos de armas que dieron a conocer al joven Bonaparte entre sus superiores y en Paris, gracias también a la confianza depositada por el general Dugommier, su comandante en jefe. Entre las tropas defensoras, en la base naval o en sus fuertes perimetrales, aparte de fuerzas realistas francesas y diversos contingentes extranjeros, también había un fuerte contingente español de unos 6-7.000 hombre, con comandantes como Juan de Lángara o Gravina, y una buena flota de guerra. ¿Nos podrías comentar a grandes rasgos su desempeño durante el asedio y cuál fue la suerte de aquellas tropas una vez abandonada la rada de Tolón?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Lo primero aquí es indicar que esa diversión de Tolón fue perjudicial estratégicamente para las armas españolas en el Rosellón. Me explico. Ricardos perdió, en un momento clave, las tropas de los Regimientos de infantería de Mallorca e Hibernia, los cuales embarcarían en Rosas para esa empresa hacia el puerto francés de Tolón, hablamos de casi 2.000 hombres fogueados y muy capacitados que, como dijo el propio Ricardos, le produjeron un vacío en la fase más crítica de sus operaciones, hacia finales de agosto y principios de septiembre de 1793, creo recordar. Es decir, en el momento de intentar tomar Perpignan, cosa que no se pudo realizar tras la derrota posterior de Peyrestortes. Y la fuerte armada que debía apoyarle por la costa en esos tiempos se malgastó en ese conocido pasaje militar donde el Corso obtuvo sus primeros reconocimientos oficiales. Entiendo que esa revuelta federalista francesa -contrarios a los jacobinos parisienses- y el premio de la flota francesa surta allí era una atracción necesaria para la Royal Navy, sobre todo, pero debimos participar con menos medios, la verdad.

Una vez desembarcados y asegurados en el perímetro defensivo de Tolón, las fuerzas españolas se comportaron con profesionalidad y destreza ante los republicanos franceses. Un ejemplo puede ser la reconquista de la vital posición de Mont Faron por tres columnas aliadas, una con notoria presencia española al mando del gran Gravina, en octubre de 1793, y que contraatacó a los revolucionarios comandadas ese día por un tal Víctor, sí, el futuro mariscal napoleónico que usted bien conoce, por la zona central de aquel disputado monte testigo. Tampoco lo hicieron mal en la salida de finales de noviembre hacia las obras de asedio republicanas en torno al pequeño puerto. En definitiva, el nivel táctico del ejército español a finales del XVIII no estaba ni mucho menos obsoleto, ni atrasado con respecto a las potencias imperantes. Y en ese 1793 demostraron ser superiores en batalla a los entusiastas franceses en repetidas ocasiones.

(El Rincón de Byron): The reconquest of Toulon by the Revolutionary armies was one of the first acts of arms that made the young Bonaparte known among his superiors and in Paris, thanks also to the trust placed by General Dugommier, his commander-in-chief . Among the defending troops, in the naval base or in its perimeter forts, apart from French royalist forces and various foreign contingents, there was also a strong Spanish contingent of about 6-7,000 men, with commanders such as Juan de Lángara or Gravina, and a good war fleet. Could you give us a rough comment on their performance during the siege and what was the fate of those troops once they left the roadstead of Toulon?

(Enrique F. Sicilia Cardona): The first thing here is to indicate that this diversion of Toulon was strategically detrimental to the Spanish arms in Roussillon. I explain. Ricardos lost, at a key moment, the troops of the Majorcan and Hibernian infantry Regiments, which would embark in Rosas for that company towards the French port of Toulon, we are talking about almost 2,000 skilled and highly trained men who, as said Ricardos himself, produced a vacuum in the most critical phase of their operations, towards the end of August and the beginning of September 1793, I think I remember. That is, at the time of trying to take Perpignan, which could not be done after the subsequent defeat of Peyrestortes. And the strong army that had to support him along the coast at that time was wasted in that well-known military passage where the Corso obtained its first official recognitions. I understand that this French federalist revolt – contrary to the Parisian Jacobins – and the prize of the French fleet supplied there was a necessary attraction for the Royal Navy, above all, but we had to participate with less means, really.

Once landed and secured in the defensive perimeter of Toulon, the Spanish forces behaved professionally and skilfully against the French Republicans. An example may be the reconquest of the vital position of Mont Faron by three allied columns, one with a notorious Spanish presence under the command of the great Gravina, in October 1793, and that counterattacked the revolutionaries commanded that day by a certain Victor, yes, the future Napoleonic marshal that you know well, in the central area of ​​that disputed mountain witness. They also did not do badly in the departure at the end of November towards the Republican siege works around the small port. Summing up, the tactical level of the Spanish army at the end of the 18th century was by no means obsolete, nor was it behind the prevailing powers. And in that 1793 they proved to be superior in battle to the French enthusiasts repeatedly.

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(El Rincón de Byron): Lazare Carnot fue un personaje significativo durante la época revolucionaria y sobre todo con el gobierno del Directorio. Un matemático y militar a la que sin duda la Revolución francesa le debió su propia existencia en el tiempo, con sus medidas como la “Levée en masse” y la mejora de las condiciones del ejército revolucionario, así como sus tácticas en el campo de batalla. ¿Coincides en que Carnot y sus contribuciones son un ejemplo más de ilustres olvidado por la Historia moderna, ensombrecido -quizás injustamente- por los acontecimientos posteriores o por una figura históricamente más atractiva?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Sin lugar a dudas. Personaje sin el relumbrón histórico debido, pues Él fue el arquitecto de la respuesta masiva en 1793 que salvó a la propia Revolución, algo que el propio Jomini, mi tratadista militar favorito, confirmó. Un personaje excelso, con una gran capacidad para las ciencias matemáticas, la organización metódica y experto, como curiosidad, en abaluartamiento, y que fue fundamental en Francia, al menos, hasta 1795. En táctica marcial también destacó, como nos recuerda Bell, al apostar por la ruptura en masa en el campo de batalla, tal y como hizo en Wattignies. Sin olvidar que el propio Napoleón le debe ese ascenso posterior a la jefatura en Italia y, claro está, el Corso siempre le tuvo un gran respeto, a pesar de su oposición a la elevación personal e imperial en 1804, provocadas por el propio republicanismo pertinaz de Carnot, más los rescoldos de 1797 con el golpe de Fructidor. Para terminar, su decisiva contribución al decreto obligatorio de la Levée en Masse cambió las reglas de la guerra y esto no fue en sí una vuelta a la barbarie, como analizó Fuller, sino la evolución necesaria y racional de una nación en armas hacia la totalidad de sus recursos enfocados al único argumento posible en esos tiempos: la victoria frente a los agresores.

(El Rincón de Byron): Lazare Carnot was a significant figure during the revolutionary era and especially with the government of the Directory. A mathematician and military man to whom the French Revolution undoubtedly owed its own existence in time, with its measures such as the “Levée en masse” and the improvement of the conditions of the revolutionary army, as well as its tactics on the battlefield. . Do you agree that Carnot and his contributions are yet another illustrious example forgotten by modern history, overshadowed – perhaps unfairly – by later events or by a more historically attractive figure?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Without a doubt. Character without the due historical flash, since He was the architect of the massive response in 1793 that saved the Revolution itself, something that Jomini himself, my favorite military writer, confirmed. An exalted character, with a great capacity for mathematical sciences, methodical and expert organization, as a curiosity, in basting, and who was fundamental in France, at least, until 1795. In martial tactics he also highlighted, as Bell reminds us, gambling on the mass breakout on the battlefield, just as you did at Wattignies. Without forgetting that Napoleon himself owes him that subsequent rise to leadership in Italy and, of course, the Corso always had great respect for him, despite his opposition to personal and imperial elevation in 1804, caused by stubborn republicanism from Carnot itself, plus the embers of 1797 with the Fructidor coup. Finally, his decisive contribution to the mandatory decree of the Levée en Masse changed the rules of war and this was not in itself a return to barbarism, as Fuller analyzed, but the necessary and rational evolution of a nation in arms towards totality of its resources focused on the only possible argument in those times: victory against the aggressors.

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(El Rincón de Byron): Algunos han calificado a Napoleón Bonaparte como un “hijo de la Revolución”. No es un punto de vista que compartamos ya que él estuvo alejado algún tiempo de los escenarios bélicos principales en dicho periodo debido a sus estancias en su isla natal de Córcega y sus devaneos políticos a favor y luego en contra del jefe patriota local, Pascale Paoli. ¿Cuánto le debió Napoleón a la Revolución y cuanto le debió ésta a la figura del gran corso?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Con rotundidad, Napoleón a la revolución le debió todo, pues nunca hubiera escalado de una manera tan fulgurante en otro estado socio-político. Es más, en el Antiguo Régimen no hubiera pasado de ser un simple oficial, sin capacidad de decisión, ni mando sobre miles de hombres, pues aunque pertenecía a la nobleza local corsa, le hubiera sido complicado atraerse la atención de Francia como salvador de la patria ante enemigos exteriores. En resumidas cuentas, su evidente meritocracia hubiera tenido muy complicada salida al escenario principal. Las guerras, sin esa Revolución en curso, hubieran seguido siendo convencionales y limitadas, dirigidas por nobles de alta cuna y ante enemigos no tan predispuestos a arriesgarse durante un largo periodo. A luz de este sólido argumento contextual, respondo a la segunda parte. Para mí, como auguró el propio Guibert, Napoleón fue la culminación de la misma Revolución y hoy en día está indisolublemente unida a ella. Son complementarios, no excluyentes, y personifican, como trasunto mutuo, ese periodo clave de la Historia de la Humanidad

(El Rincón de Byron): Some have described Napoleon Bonaparte as a “son of the Revolution”. It is not a point of view that we share since he was away for some time from the main war scenes in that period due to his stays on his native island of Corsica and his political ramblings in favor and later against the local patriot chief, Pascale Paoli . How much did Napoleon owe to the Revolution and how much did it owe to the figure of the great Corsican?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Napoleon absolutely owed everything to the Revolution, for he would never have risen so brilliantly in another socio-political state. Moreover, in the Old Regime he would not have gone from being a simple officer, without decision-making capacity, nor command over thousands of men, because although he belonged to the local Corsican nobility, it would have been difficult for him to attract the attention of France as the savior of the homeland before foreign enemies. In short, his obvious meritocracy would have had a very difficult exit to the main stage. The wars, without that ongoing Revolution, would have remained conventional and limited, led by noblemen of high birth and before enemies not so predisposed to take risks for a long period. In light of this strong contextual argument, I respond to the second part. For me, as Guibert himself predicted, Napoleon was the culmination of the Revolution itself and today he is inextricably linked to it. They are complementary, not exclusive, and personify, as a mutual transcript, that key period in the History of Humanity. 

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(El Rincón de Byron): El escritor francés Stendhal en su biografía de Napoleón contempló básicamente la primera campaña de Italia, donde ensalzaba la figura del Napoleón más “auténtico” que había habido. ¿Crees también que el mejor Bonaparte/Napoleón fue el de las campañas de Italia, o que sus campañas posteriores también dieron una medida de las capacidades de Bonaparte-Napoleón? ¿Crees que Bonaparte hubiera triunfado donde fracasó Napoleón? ¿Cuál crees que fue el verdadero punto de inflexión de su carrera?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Bonaparte, en 1796-1797 raya a un gran nivel. Su estresante, activa e inteligente defensa de atracción en Mantua es una de las mayores gestas de su carrera. Stendhal, que sirvió con él en 1800, lo inmortaliza en su obra como tantos otros, sí, pero las voces de sus compañeros en armas durante esa campaña le hablarían de las grandes heroicidades de Bonaparte en su anterior periodo de condotiero luchando en Italia influenciando, no me cabe duda, su opinión general. No debemos olvidar que en 1796, Alvinczy, un competente oficial general austríaco de origen magiar, estuvo muy cerca de sepultar en el olvido al joven corso, con sus consecutivas victorias en la segunda batalla de Bassano y, sobre todo, en la batalla de Caldiero, hasta su angustiosa victoria de Arcole, donde Bonaparte se lo jugó todo, incluida su propia vida en pos de la victoria. Para mí, no es en las campañas de 1796-1797 donde encontramos al mejor Napoleón. Estaba todavía, como estudió Chandler, en proceso su sistema. Él, realmente, no inventó nada nuevo, pero llevó a la máxima expresión los avances teóricos de la segunda mitad del siglo XVIII y las capacidades personales del combatiente francés salido de la Revolución. Y es en 1805-1806 donde encontramos al mejor Napoleón, con la Gran Táctica en todo su esplendor. En esos años, nadie hubiera podido con él. Ni Suvórov, ni Wellington, por citar otros grandes capitanes de esta época. Hablando del ruso, pregunté al conservador jefe de su museo en San Petersburgo qué hubiera sucedido en una campaña entre el viejo y experto líder enfrentado a la estrella emergente revolucionaria. No me pudo concluir una respuesta definitiva pero, como él, creo que Suvórov hubiera tenido oportunidades de derrotarle puntualmente entre 1796 a 1800. Después, no. Y Wellington mismo hubiera sido barrido en los campos de Europa central entre 1805-06. Los ejércitos rivales no se movían a esa velocidad, ni se concentraban con sus cuerpos independientes tan rápidamente estando en marchas dispersas. A Mack se le sentencia, con razón, por lo de Ulm, pero realmente pocos mandos hubieran escapado de ese magnífico movimiento con su prestigio intacto. Esa entrenada Grande Armée y su ejecutivo bataillon-carré eran una formidable máquina militar, con una de las mejores mentes en acción dirigiéndola en esos momentos. Además, algunos de sus subordinados en puestos relevantes eran brillantes en la táctica, véase Davout o Lannes. La minusvaloración del enemigo, la soberbia personal y la apatía posterior todavía no residían en él, y sus rivales aún tenían que amoldarse a su nuevo sistema marcial. Desde su triunfo en persecución en Alemania tras Jena, vino la vigorizada y cruda realidad rusa con Bennigsen (otro mando que debería enjuiciarse mejor) en Polonia, la úlcera española, el Desastre de 1812 y la batalla de las Naciones en 1813. Solo en 1814 volvió a ser, de nuevo, enérgico, rápido y contundente, pero sin medios humanos y equinos suficientes. Y en 1815, es posible que ese joven Bonaparte hubiera vencido la primera parte de la campaña llegando hasta Bruselas pues, o bien hubiera perseguido con más ahínco a Blücher tras Ligny y, si no, hubiera atacado antes a Wellington el mismo día 17 o, por qué no, el ilustre 18 en Waterloo. En definitiva, su habitual exposición y energía de 1796-1797, claves en su estilo de mando, le hubiera dado mayores probabilidades de victoria, en esos posibles nuevos escenarios de esa campaña final. En definitiva, creo que no hubiera delegado tanto en los detalles, ni hubiera dejado alguno de esos hechos sin la definición requerida.

Es complicado discernir cuál fue el comienzo del fin en Napoleón, su curva descendente, pues tuvo muchos comienzos y finales en su increíble vida. Pero si tengo que escoger uno diría que su errónea gestión de la paz. Me explico. En sus años terminales del imperio (1812-1815) tuvo oportunidades hacia la pacificación general que él desaprovechó conscientemente, imagino que por vanidad, posición conseguida y falso convencimiento en su fortaleza. Por ejemplo, en 1813, una vez ganadas las dos costosas batallas de Lützen y Bautzen vino el armisticio de Pläswitz, a la larga un error estratégico del corso pero que, bien llevado, pudo haberle ahorrado el sufrimiento posterior. Su negación en Praga a conseguir una paz duradera en esos momentos, como otro episodio similar de 1814, tras las victorias de la maravillosa campaña de los Seis Días, han pasado algo desapercibidos por la historiografía y creo que ahí reside el inicio de su caída definitiva, ya que tras Leipzig fue siempre en contramarcha a los acontecimientos políticos y en defensiva general, no dictando ya las condiciones del escenario europeo.

(El Rincón de Byron): The French writer Stendhal in his biography of Napoleon basically contemplated the first campaign in Italy, where he praised the figure of the most “authentic” Napoleon there had ever been. Do you also think that the best Bonaparte Napoleon was the one from the Italian campaigns, or that his later campaigns also gave a measure of the Bonaparte-Napoleon capabilities? Do you think Bonaparte would have succeeded where Napoleon failed? What do you think was the true turning point of his career?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Bonaparte, in 1796-1797, strikes a great level. His stressful, active and intelligent defense of attraction in Mantua is one of the greatest feats of his career. Stendhal, who served with him in 1800, immortalizes him in his work like so many others, yes, but the voices of his comrades in arms during that campaign would tell him of the great heroics of Bonaparte in his previous period as a condottier fighting in Italy influencing, I have no doubt, your general opinion. We must not forget that in 1796, Alvinczy, a competent Austrian general officer of Magyar origin, came very close to burying the young Corsican in oblivion, with his consecutive victories in the second battle of Bassano and, above all, in the battle of Caldiero. , until his harrowing victory at Arcole, where Bonaparte risked everything, including his own life, in pursuit of victory. For me, it is not in the campaigns of 1796-1797 that we find the best Napoleon. He was still, as Chandler studied, his system in the works. He did not really invent anything new, but he brought to the maximum expression the theoretical advances of the second half of the 18th century and the personal capabilities of the French fighter who came out of the Revolution. And it is in 1805-1806 where we find the best Napoleon, with the Great Tactic in all its splendor. In those years, no one could have beaten him. Not Suvorov, not Wellington, to name other great captains of this time. Speaking of Russian, I asked the chief curator of his museum in St. Petersburg what would have happened in a campaign between the old expert leader confronted the revolutionary rising star. He could not conclude a definitive answer for me, but, like him, I believe that Suvorov would have had opportunities to defeat him punctually between 1796 and 1800. Later, no. And Wellington itself would have been swept into the fields of central Europe between 1805-06. The rival armies did not move at that speed, nor did they concentrate with their independent corps as quickly while in scattered marches. Mack is rightly sentenced for Ulm, but few really would have escaped that magnificent move with their prestige intact. That trained Grande Armée and her bataillon-carré executive were a formidable military machine, with one of the best minds in action directing her at the time. Also, some of his subordinates in relevant positions were brilliant at tactics, see Davout or Lannes. The enemy’s underestimation, personal pride, and subsequent apathy did not yet reside in him, and his rivals had yet to adjust to his new martial system. From its triumph in persecution in Germany after Jena, came the invigorated and stark Russian reality with Bennigsen (another command that should be better prosecuted) in Poland, the Spanish ulcer, the Disaster of 1812 and the Battle of the Nations in 1813. Only in 1814 he was once again energetic, fast and forceful, but without sufficient human and equine resources. And in 1815, it is possible that this young Bonaparte had won the first part of the campaign, reaching Brussels, then, or else he would have pursued Blücher more hard after Ligny and, if not, he would have attacked Wellington earlier on the same day the 17th or, why not, the illustrious 18 at Waterloo. In short, his usual exposure and energy from 1796-1797, key to his style of command, would have given him a better chance of victory, in those possible new scenarios of that final campaign. In short, I believe that I would not have delegated so much in the details, nor would I have left any of those facts without the required definition.

It is difficult to discern what was the beginning of the end in Napoleon, his downward curve, as he had many beginnings and ends in his incredible life. But if I have to choose one, I would say its wrong management of peace. I explain. In his terminal years of the empire (1812-1815) he had opportunities towards general pacification that he consciously missed, I imagine that by vanity, position achieved and false conviction in his strength. For example, in 1813, once the two costly battles of Lützen and Bautzen had been won, the Pläswitz armistice came, in the long run a strategic error by the Corsican but which, well managed, could have saved him the subsequent suffering. His refusal in Prague to achieve lasting peace at that time, like another similar episode in 1814, after the victories of the wonderful Six Days campaign, has gone somewhat unnoticed by historiography and I believe that this is the beginning of his definitive downfall. , since after Leipzig it was always in counter-march to political events and in general defensive, no longer dictating the conditions of the European scene.

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(El Rincón de Byron): A menudo hablamos de las campañas de Italia desde el punto de vista militar, pero no hay que olvidar que, tras las victorias en los campos de batalla, el gobierno revolucionario francés (o Napoleón) reorganizaba a su antojo los territorios ocupados (las llamadas Repúblicas Hermanas) creando territorios satélites artificiales bajo la influencia francesa. ¿Crees que esta práctica de fragmentación territorial, a la larga, fue beneficiosa para la República, o lo sería posteriormente en el Imperio, o lo único que hizo fue procurarles más enemigos, atemorizados por dichas expansiones?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Creo que fue una medida inteligente la de fragmentar en pequeños estados satélites sus conquistas. Primero, porque así le conferían una mixtura de independencia-dependencia al territorio conquistado, más nominal que real vale, pero eficiente para mantener su idiosincrasia cultural, en la propia conciencia de los lugareños. Segundo, porque a las restantes potencias no le preocuparían tanto esos territorios, al no estar unidos territorialmente a Francia, aunque sí que habría un aprovechamiento humano y comercial significativo, por ejemplo con la Confederación del Rhin o el Gran Ducado de Varsovia. Si anexionas un territorio a tu estado, lo consideras como parte integrante del mismo y la ocupación tiene entonces aspiraciones de perpetuarse, mientras que a los estados satélites, los mantienes dentro de tu órbita de influencia, ya que no los consideras indivisibles a tus fronteras e internacionalmente mantienen una cierta identidad propia alejada del estado o entidad política que las tutela. El temor de las otras potencias hacia Francia fue cambiando con el tiempo, pues no es lo mismo el cordón sanitario de los primeros años revolucionarios y la intervención antirrevolucionaria, que las últimas coaliciones anti napoleónicas enfocadas en derribar al Ogro, sobre todo, con la habitual perseverancia y el poder financiero de Gran Bretaña.

(El Rincón de Byron): We often speak of Italy’s campaigns from a military point of view, but we must not forget that, after victories on the battlefields, the French revolutionary government (or Napoleon) reorganized the occupied territories at will ( the so-called Sister Republics) creating artificial satellite territories under French influence. Do you think that this practice of territorial fragmentation, in the long run, was beneficial for the Republic, or would it be later in the Empire, or all it did was to procure more enemies, frightened by these expansions?

(Enrique F. Sicilia Cardona): I think it was an intelligent measure to fragment their conquests into small satellite states. First, because in this way they conferred a mixture of independence-dependence on the conquered territory, more nominal than real, but efficient to maintain its cultural idiosyncrasy, in the consciousness of the locals. Second, because the other powers would not be so concerned with these territories, as they are not territorially linked to France, although there would be significant human and commercial use, for example with the Confederation of the Rhine or the Grand Duchy of Warsaw. If you annex a territory to your state, you consider it as an integral part of it and the occupation then has aspirations to perpetuate itself, while you keep satellite states within your orbit of influence, since you do not consider them indivisible to your borders and internationally they maintain a certain identity of their own away from the state or political entity that protects them. The fear of the other powers towards France was changing over time, since the sanitary cordon of the first revolutionary years and the antirevolutionary intervention is not the same as the last anti-Napoleonic coalitions focused on overthrowing the Ogre, above all, with the usual perseverance and the financial might of Great Britain.

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(El Rincón de Byron): ¿Podrías elegir, de entre las figuras históricas de la Revolución y el Consulado, tus cinco figuras más importantes (civiles o militares) y decirnos el porqué de tu elección?
(Enrique F. Sicilia Cardona): Sí, encantado, aunque es un número corto para la elección. Son los siguientes:
•  LUIS XVI: Fue el predestinado ojo de todo el huracán revolucionario. Todo giraba en esos primeros años en torno a él. Su caída y decapitación propiciaron el cambio de régimen y provocaron acostumbrarse a la guerra durante un largo periodo dentro de la Edad Contemporánea. Siempre me he preguntado qué hubiera sucedido con otro personaje real más capacitado y firme.
• CARNOT: El organizador de la victoria y salvador de Francia hasta 1795.
• ROBESPIERRE: Epítome del político revolucionario, exaltado, controvertido, ambicioso e ideologizado. Una figura capital de esos intensos años, elevada al imaginario popular.
•  MOREAU: El otro rival en el generalato revolucionario de Bonaparte, una vez muerto Hoche. Y, de hecho, consiguió el mejor triunfo de todo el periodo marcial hasta 1802, con la batalla de Hohenlinden, en pleno consulado napoleónico. Su excesiva integridad y amor a los ideales republicanos, amén de su poca ambición política, le encaminaron hacia el exilio. Si llega a morir el Corso en aquellos años, un general capaz de llevar las riendas en el campo de batalla, por experiencia, prestigio y dotes de mando. Un maestro de la táctica del contraataque.
• NAPOLEÓN: Sobran las explicaciones. El Gran Hombre.
(El Rincón de Byron): Could you choose, from among the historical figures of the Revolution and the Consulate, your five most important figures (civil or military) and tell us the reason for your choice?(Enrique F. Sicilia Cardona): Yes, delighted, although it is a short number for the election. They are as follows:

• LUIS XVI: It was the predestined eye of the entire revolutionary hurricane. Everything revolved around him in those early years. His fall and beheading led to regime change and led to getting used to war for a long period within the Contemporary Age. I’ve always wondered what would have happened to a more capable and assertive real character.

• CARNOT: The organizer of victory and savior of France until 1795.• ROBESPIERRE: Epitome of the revolutionary politician, exalted, controversial, ambitious and ideologized. A capital figure of those intense years, elevated to the popular imagination.• MOREAU: the other rival in the revolutionary generalate of Bonaparte, after Hoche died. And, in fact, he achieved the best triumph of the entire martial period until 1802, with the Battle of Hohenlinden, in the middle of the Napoleonic consulate. His excessive integrity and love for republican ideals, in addition to his low political ambition, led him into exile. If the Corso dies in those years, a general capable of taking the reins on the battlefield, by experience, prestige and command skills. A master of counterattack tactics.

• NAPOLEON: Not words. The great man.

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(El Rincón de Byron): Vemos que en tu bibliografía tienes títulos que nos hablan de conflictos en lugares tan dispares como Nieuport, en la actual Bélgica, o Sekigahara, en el Japón. ¿Te atrajeron de alguna manera en particular estas batallas o podrías haber elegido cualquier otra batalla de los siglos XVII-XVIII? ¿Crees que se podría establecer alguna analogía en las tácticas empleadas en Occidente con las empleadas en el Japón del 1600, en especial con el uso de las armas de fuego?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Sí, la batalla de Nieuport es la primera derrota seria campal de los temibles Tercios Viejos de Flandes, las mejores tropas de aquellos tiempos. Me atrajo el discernir por qué se produjo y cómo pudieron perder ese día aquellas tropas tan temidas, tan acostumbradas a vencer, pues en castellano había poca investigación sobre la misma y nada en una monografía como la que hice. Se dice que las victorias suelen tener muchos padres, mientras que las derrotas no. Eso es lo que buscaba, material histórico sin excesiva investigación y, en pleno siglo XXI, es ahí donde debemos incidir, en lo no contado. Sekigahara tenía la particularidad de desarrollarse en el mismo 1600, pero en el confín de Asia, y con una cultura marcial, la samurái, muy diferenciada a la europea. Deseaba comparar aquellos dos sistemas marciales exitosos y tan diametralmente opuestos, sí. Una vez inmerso en ello, las sorpresas fueron considerables, pues pude comprobar el alto grado de aceleración tecnológica que habían tenido los daimios (clanes dirigidos por un señor) de esa periodo Sengoku (1467-1615), tras la llegada inesperadas de los arcabuces portugueses (con influencias técnicas de la India) a la isla de Tanegashima en 1543. Ellos crearon el llamado teppo o arcabuz japonés, un arma de antecarga más liviana que el europeo, que se disparaba con una caja menor apoyada en el carrillo, y con un grado de precisión en el disparo sensiblemente mayor. Asimismo, esa arma letal fue distribuida a unidades de infantería de origen rural llamadas ashigarus, los cuales con su entrenamiento y, sobre todo, mayor número suplantaron en el campo de batalla a la élite samurái como los principales causantes de las muertes en combate. Sus tácticas, influenciadas por las chinas, eran muy elaboradas en los despliegues para combatir y contaban con tropas uniformadas de caballería protegida samurái e infantería con largas lanzas (denominadas yaris, similares a nuestras picas), arqueros, más los decisivos teppos y una, eso sí, testimonial artillería. Con esas características en mente, voy a darle ahora un dato comparativo. Los hispánicos que lucharon en Nieuport no llegarían ni a 10.000 hombres. Bien, en Sekigahara cada ejército enemigo (alianza del Este con Tokugawa y del Oeste con Ishida) rondaría un mínimo de 60.000 a 70.000 hombres y es muy posible que fueran incluso más. Este dato numérico, apabullante, nos indica que en una confrontación entre las tropas de la Monarquía Hispánica presentes en Nieuport y las japonesas de esa misma época en Sekigahara, hubiera sido muy difícil el mantenimiento del terreno disputado por las tropas hispánicas. En los famosos combates de Cagayán (Filipinas), los españoles derrotaron contundentemente a una fuerte agrupación del wako japonés, piratería. No dudo en la alta destreza y determinación de las tropas españolas en aquellos tiempos, y en igualdad o con manejables números inferiores, no tenían rival. Ahora bien, estamos hablando de una diferencia de 50.000 a 70.000 hombres entre Nieuport y Sekigahara, a favor de los japoneses. Nuestro asentado etnocentrismo nos hace ver la Historia sólo desde nuestra óptica. Otro ejemplo atrayente y nada estudiado, Roma y sus legiones vencedoras de Aníbal en Zama. En ese mismo año, los Han de China movilizaban ejércitos de 200.000 a 300.000 hombres…

(El Rincón de Byron): We see that in your bibliography you have titles that tell us about conflicts in places as diverse as Nieuport, in present-day Belgium, or Sekigahara, in Japan. Were you attracted in any particular way to these battles or could you have chosen any other 17th-18th century battle? Do you think any analogy could be made in the tactics used in the West with those used in Japan in the 1600s, especially with the use of firearms?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Yes, the Battle of Nieuport is the first serious pitched defeat of the fearsome Old Tercios of Flanders, the best troops of those times. I was attracted to discerning why it occurred and how those troops so feared, so accustomed to winning, could lose that day, because in Spanish there was little research on it and nothing in a monograph like the one I did. It is said that victories tend to have many parents, while defeats do not. That is what I was looking for, historical material without excessive research and, in the XXI century, that is where we must influence, in the untold. Sekigahara had the peculiarity of developing in the same 1600, but in the confines of Asia, and with a martial culture, the samurai, very different from the European one. He wanted to compare those two successful and diametrically opposed martial systems, yes. Once immersed in it, the surprises were considerable, as I was able to verify the high degree of technological acceleration that the daimyo (clans led by a lord) of that Sengoku period (1467-1615) had had, after the unexpected arrival of the Portuguese arquebuses. (with technical influences from India) to the island of Tanegashima in 1543. They created the so-called teppo or Japanese arquebus, a lighter foreload weapon than the European one, which was fired with a smaller box resting on the cheek, and with a significantly higher degree of shooting precision. Likewise, this lethal weapon was distributed to infantry units of rural origin called ashigarus, which with their training and, above all, a greater number supplanted the samurai elite on the battlefield as the main causes of deaths in combat. Their tactics, influenced by the Chinese, were very elaborate in combat deployments and had uniformed troops of protected samurai cavalry and infantry with long lances (called yaris, similar to our pikes), archers, plus the decisive teppos and one, that yes, testimonial artillery. With those characteristics in mind, I am now going to give you a comparative data. The Hispanics who fought in Nieuport would not even reach 10,000 men. Well, in Sekigahara each enemy army (East alliance with Tokugawa and West with Ishida) would be around a minimum of 60,000 to 70,000 men and it is very possible that there were even more. This overwhelming numerical data indicates that in a confrontation between the troops of the Hispanic Monarchy present in Nieuport and the Japanese of that same period in Sekigahara, it would have been very difficult to maintain the land disputed by the Hispanic troops. In the famous fighting in Cagayán (Philippines), the Spanish forcefully defeated a strong group of Japanese wako, piracy. I do not doubt in the high skill and determination of the Spanish troops in those times, and in equality or with manageable inferior numbers, they were unrivaled. Now, we are talking about a difference of 50,000 to 70,000 men between Nieuport and Sekigahara, in favor of the Japanese. Our established ethnocentrism makes us see History only from our perspective. Another attractive and unstudied example, Rome and her victorious legions of Hannibal in Zama. In that same year, the Han of China mobilized armies of 200,000 to 300,000 men

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(El Rincón de Byron): Aparte de tus actividades como historiador ejerces también labores de docencia en un colegio de tu comunidad. ¿Se explica correctamente la Historia a nuestros jóvenes estudiantes en los libros de texto? ¿No crees que hay un cierto riesgo en que algunas interpretaciones historiográficas actuales distorsionen una visión del pasado por querer explicarlo solo con valores y doctrinas modernas?

(Enrique F. Sicilia Cardona): Lo fundamental aquí no es el libro de texto. Es el propio profesor, protagonista principal de la impartición y garante de una esperada calidad que depende de su propia profesionalidad. Él o ella deben conducir al alumnado hacia un conocimiento adecuado de la Historia, que es lo fundamental, nada de bondades, búsqueda de la felicidad, miradas actuales o emociones sobredimensionadas en el Colegio. La exigencia debe estar siempre presente y la rigurosidad en lo que se plantea también. Cuando veo algo que no me convence en los temarios siempre lo indico a mi alumnado. Deben poseer ese espíritu crítico pero, para ello, antes deben formarse y estudiar unos hechos, con estructuración, constancia y motivación, si es posible. Las interpretaciones partidistas o distorsionadas con algún fin, hacen un daño estructural y mental a la primera industria de un país, la Educación. Eso es innegable y la Historia no debería servir nunca como un vehículo de adoctrinamiento o de perpetua revisión con “novedosos” mecanismos pedagógicos.

(El Rincón de Byron): Apart from your activities as a historian, you also work as a teacher at a school in your community. Is History correctly explained to our young students in textbooks? Don’t you think that there is a certain risk that some current historiographic interpretations distort a vision of the past by wanting to explain it only with modern values ​​and doctrines?

(Enrique F. Sicilia Cardona): The bottom line here is not the textbook. He is the teacher himself, the main protagonist of the teaching and the guarantor of an expected quality that depends on his own professionalism. He or she must lead the students towards an adequate knowledge of History, which is the fundamental thing, nothing of kindness, pursuit of happiness, current looks or over-dimensioned emotions in the School. The requirement must always be present and the rigor in what is raised also. When I see something that does not convince me in the syllabi, I always indicate it to my students. They must have that critical spirit but, for this, they must first train and study some facts, with structure, perseverance and motivation, if possible. Partisan or distorted interpretations for any purpose do structural and mental damage to the first industry of a country, Education. This is undeniable and history should never serve as a vehicle for indoctrination or perpetual revision with “new” pedagogical mechanisms.

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(El Rincón de Byron): ¿Nos podrías hacer partícipes de tus proyectos futuros, o si ya estás trabajando en estos momentos en alguna publicación que verá la luz próximamente? 

(Enrique F. Sicilia Cardona): Por supuesto. En pocos meses verá la luz mi quinto proyecto, siempre dentro de mi querida marcialidad del pasado, sobre la Guerra de Portugal (1640-1668) con la Editorial Actas, un conflicto determinante para la Península ibérica y que tampoco se ha analizado demasiado desde el punto de vista de las operaciones militares. Es un ensayo generalista que discurrirá por los hechos principales de aquel conflicto fronterizo. Vuelvo a los queridos Tercios y al siglo XVII, de nuevo. Y, una vez terminado, en el futuro es posible que acometa diversos artículos y profundizar en algún episodio o periodo no muy trabajado en español. Esto siempre es fundamental para mí. Huir de la ya estudiado o publicado. En la época napoleónica, ya que estamos, me interesaría algo de 1804 a 1815 ajeno al foco principal que todos sabemos. Hubo luchas en otros teatros secundarios, pero enormemente atractivos para un servidor. Hablo de campañas en Italia, Egipto, Finlandia, Tirol, Turquía, Persia, y de luchas navales, desembarcos, asedios a fortalezas y hechos no tan conocidos dentro de esta época, una de mis predilectas.

 Un placer sincero esta entrevista y mi rotunda enhorabuena por su blog. En esta temática, es muy recomendable.

 (El Rincón de Byron): Could you tell us about your future projects, or if you are already working on a publication that will be published soon? 

(Enrique F. Sicilia Cardona): Of course. In a few months my fifth project will be released, always within my beloved martiality of the past, on the Portuguese War (1640-1668) with the Editorial Actas, a decisive conflict for the Iberian Peninsula and that has not been analyzed too much since the point of view of military operations. It is a general essay that will run through the main events of that border conflict. I go back to the dear Thirds and to the seventeenth century, again. And, once finished, in the future it is possible that I will undertake various articles and delve into an episode or period not very worked on in Spanish. This is always critical to me. Run away from the already studied or published. In the Napoleonic era, as we are, I would be interested in something from 1804 to 1815 unrelated to the main focus that we all know. There were fights in other secondary theaters , but enormously attractive for a server. I speak of campaigns in Italy, Egypt, Finland, Tyrol, Turkey, Persia, and of naval struggles, landings, sieges of fortresses and events not so well known within this time, one of my favorites.

A sincere pleasure this interview and my congratulations for your blog. On this subject, it is highly recommended.

ENRIQUE F. SICILIA CARDONA © JULIO 2021.
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Agradecer muy especialmente a Enrique F. Sicilia Cardona sus palabras y que nos haya atendido para la elaboración de esta entrada para el “El Rincón de Byron”.
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Enrique F. Sicilia Cardona nació en 1973. Obtuvo la Licenciatura en Geografía e Historia (UNED) y en Ciencias de la Información-Periodismo (UCM). Es vocal de la Junta Directiva de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI, socio nº 82), y conferenciante de temas histórico-militares. Ha publicado artículos en revistas de ámbito nacional como “Historia National Geographic”, “Historia y Vida”, “Desperta Ferro Moderna”, “Muy Historia”. “Ares Enyalius”, “Revista Medieval”, “Revista Española de Historia Militar” y “Revista de Aeronáutica”.
Es autor a título individual de los siguientes libros: “La batalla de Nieuport 1600” (Editorial Almena), “La batalla de Sekigahara 1600” (HRM Ediciones), “Napoleón y Revolución. Las Guerras Revolucionarias” (Ediciones Nowtilus) y a titulo conjunto de “La Guerra del Rosellón (1793-1795)” (HRM Ediciones).

Blog personal: http://www.esicilia.hol.es/blog/   /   FB: https://www.facebook.com/Tucididiano

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Categorías:Entrevistas

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