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Esta semana os traemos una breve introducción a la simbología heráldica del Primer Imperio napoleónico, una propuesta que llevábamos largo tiempo cavilando y que no hemos podido publicar hasta el día de hoy. Se trata de un tema que, pese a su notable especialización, nos invita a adentrarnos en sus particularidades para comprender el porqué el sistema legislativo napoleónico reinterpretó símbolos y formas provenientes del pasado para dar mayor legitimidad al nuevo orden social y político.
Se trata de una heráldica creada artificialmente alejada de las reglas clásicas tradicionales cuyo objetivo principal era reflejar el estatus de quien la portaba en una sociedad transformada, con una nueva nobleza al gusto de Napoleón: un lenguaje heráldico tan preciso como original, en el que nada era casual: ni los colores, ni los cuarteles, ni la jerarquía de los títulos. Más allá del mero adorno, la heráldica imperial representaba un aspecto social y reglado más del poder napoleónico.
LA GÉNESIS DE LA HERÁLDICA IMPERIAL
La Asamblea Nacional francesa en su sesión de 19 de junio de 1790, promulgó un decreto – certificado por cartas patentes reales del siguiente 22 de junio – que suprimía los escudos de armas de la nobleza, los títulos, las libreas, los estandartes, los palomares1, las órdenes de caballería, las condecoraciones y todos los «signos de feudalismo». Dicha normativa consolidaba la iniciativa promulgada el año anterior, en la noche del 4 de agosto de 1789, cuando la Asamblea Nacional proclamó la abolición, sin derecho a compensación, de todos los derechos feudales, suprimiendo de un plumazo la nobleza hereditaria y todas las calificaciones que de ella se derivaban.

Un aguafuerte publicado en 1790, haciéndose eco del nuevo decreto: «Sesión del 19 de junio de 1790: La Asamblea Nacional decreta que la nobleza hereditaria queda abolida para siempre y que, en consecuencia, los títulos de príncipe, duque, conde, marqués, vizconde, vidame2, barón, caballero, señor, escudero, noble y todos los demás títulos similares no serán asumidos por nadie ni otorgados a nadie, y que todos los ciudadanos solo podrán adoptar el verdadero nombre de su familia, que ninguna persona podrá llevar ni hacer llevar librea, ni tener escudos de armas, que el incienso no será encendido en los templos más que honrar la divinidad y no se ofrecerá a nadie. Que los títulos de Monseñor y de mis señores no se otorgarán a ningún individuo ni a ningún cuerpo, así como los títulos de Excelencia, Alteza, Grandeza, Eminencia e incluso el de Abad. » (a)
No eran tiempos para ligerezas ya que cualquier mínima denuncia podía implicar el ingreso directo en prisión o en casos más graves el perder la cabeza – en el más estricto sentido del término – por lo que suponemos que el decreto fue observado a pies juntillas, aunque con el paso del tiempo muchas prohibiciones legislativas suelen suavizarse y como apunta Jean Tulard (véase Fuentes), en tiempos del Consulado volvió a hacerse visible una imagen característica del Antiguo Régimen: por las calles de las ciudades se podían ver a los criados con librea sentados detrás de los carruajes de sus amos.
Ya con el recién instaurado Primer Imperio, Napoleón promulgó el 30 de marzo de 1806 una serie de decretos que allanaban el camino a la futura creación de un nuevo código heráldico: se crearon toda una serie de reinos, principados y ducados, preferentemente en los territorios italianos y, de paso, se instituía a algún familiar como José Napoleón como rey de Nápoles y de Sicilia (el futuro José I de España). Topónimos como Dalmacia, Istria, Belluno, Conegliano, Friuli, etc. se unirían en el futuro en forma de título nobiliario – por servicios rendidos al Estado francés – a los nombres de algunos de los mariscales y principales napoleónicos. Los titulares de dichos territorios (que en algún caso, como el mariscal Soult nuevo duque de Dalmacia, ni la había pisado) necesitarían de unos signos externos que mostrasen en sociedad la nueva dignidad y estatus adquiridos en el Imperio.
Tan solo dos años después se promulgaron el Primer y Segundo Estatutos del 1 de marzo de 1808, confirmando la creación de títulos imperiales, que restablecieron explícitamente el derecho a poseer los escudos de armas y a la transmisión de los títulos, solo a la descendencia directa y legítima. Ya en su artículo 1º – toda una declaración de principios – se decretaba que los titulares de las grandes dignidades del imperio llevarían el título de Príncipe y de Alteza serenísima3. Por otra parte, el recién creado Conseil du Sceau (Consejo del Sello) era responsable de su examen y reglamentación y nadie tenía derecho a llevar un escudo de armas sin el dictamen favorable del Consejo, que expedía las letras patentes (PE Art. 14).
«Varias deliberaciones del Consejo de Estado determinaron las piezas heráldicas de los barones del Consejo de Estado (3 de octubre de 1808), de los condes ministros (6 de enero de 1809), de los barones de los órganos administrativos (23 de enero de 1809), de los miembros de la casa del Emperador (20 de febrero de 1809) y de las ciudades (29 de marzo de 1809) […]. Detrás de esta heráldica, un hombre: Cambacérès. Preside el Consejo del Sello de los Títulos. Según Philippe Lamarque, su papel habría sido determinante. Para Michel Pastoureau, fue Portalis hijo, hasta su caída en desgracia en 1811, quien influyó en las elecciones y decisiones. Fue el propio Napoleón quien, tras muchas dudas, eligió el águila romana antigua y las abejas. Llevaba un águila dorada sobre fondo azul, posada sobre un rayo del mismo color.» [1]
El decreto del 3 de marzo de 1810 disponía que las armas concedidas por las patentes pasarían con el nombre del padre a los hijos, a excepción del signo del título, que solo el poseedor del mayorazgo (institución que permite conservar los bienes y derechos de una familia) tenía derecho a llevar.
A diferencia de la nobleza tradicional, la maquinaria legislativa de Napoleón creaba una nobleza “de mérito” estrictamente organizada y con reglamentos oficiales: cada rango, función o mérito tenía unos signos heráldicos obligatorios y estandarizados. La nueva heráldica era un exponente más de la propaganda del nuevo régimen y de sus valores: exaltar el mérito civil y militar recompensado por el gobernante, mostrar la jerarquía estricta del Imperio a todos los niveles, reemplazar simbólicamente a la antigua nobleza hereditaria (se rompe con el pasado pero con elementos con ecos del propio pasado) y la construcción de un mensaje más del poder napoleónico.
BREVE ESBOZO DE LA NUEVA SIMBOLOGÍA HERALDICA
Imitando la heráldica tradicional se instauran toda una serie de nuevas reglas, elementos y colores: se busca en todo momento la simetría y la corrección geométrica, la riqueza en mantos, tocas, penachos, abejas, águilas y elementos militares. Ciertos elementos indican el rango del titular, mientras que el resto del escudo podía ser determinado por el propio portador, con una fuerte presencia de colores (esmaltes) como el azul (azur) y el rojo (gules) y de metales como el oro y la plata.
Los coronamientos varían según la importancia de los títulos en cuanto a las tocas, cantidad de plumas, mantos, así como el número de lambrequines presentes. Napoleón emplea los cantones heráldicos como elemento distintivo del empleo o dignidad del titular: para condes y condesas, un cantón de oro en campo de azur, colocado en el jefe siniestro del escudo; para barones y baronesas, un cantón de plata en campo de gules, situado en el flanco diestro. En cuanto a los motivos o distintivos, por poner algún ejemplo, para los nobles procedentes del ejército, una espada erguida, con hoja y empuñadura; para los nobles ministros, una cabeza de león arrancada; para los barones obispos, una cruz alisada; para los nobles primeros presidentes y procuradores generales del Tribunal de Casación, una balanza; para los nobles presidentes y procuradores generales de las cortes imperiales, una toca de terciopelo negro forrada de armiño; para los nobles presidentes de los colegios electorales, tres haces de plata; para los nobles alcaldes, un muro almenado; para los nobles miembros de los colegios electorales, una rama de roble; para los nobles procedentes de los cuerpos científicos, una palma.
«Napoleón nunca quiso admitir», revela Pasquier en sus Memorias, «que, siguiendo la costumbre generalmente aceptada en Europa, los escudos estuvieran rematados por coronas variadas, según el nombre del título. Le pareció ver una usurpación de sus derechos en la posesión y uso de esta insignia. Su susceptibilidad en este punto nunca pudo ser superada, y para reemplazar la corona, hubo que imaginar plumas variadas en número, de una a siete, dependiendo de la elevación del título. Esto no fue muy agradable para el Archicanciller, quien pensó que una corona habría quedado más apropiadamente en los paneles de su carruaje.» [1]
La elección de los colores o esmaltes y los metales también seguirá su proceso: el oro y el azul (azur) representan cargos más honoríficos que la plata y el rojo (gules). En un reflejo del Imperio, uno de cuyos claros sostenes es el ejército, las figuras de inspiración militar son más mucho numerosas que antes del estallido de la Revolución: caballos, granadas, sables, cornetas, estrellas, muros…

Una esfinge, una pirámide o un obelisco recuerdan asimismo la campaña de Egipto. La flor de lis, un incómodo reclamo del pasado, quedará definitivamente prohibida entre los motivos establecidos.
«La anarquía del Antiguo Régimen fue sustituida por una heráldica legible que obedecía a reglas fijas y que permitía situar al individuo en el orden social. ¿Deberíamos ir más allá? Philippe Lamarque, en su Heráldica napoleónica, ve una yuxtaposición entre cristianismo y masonería, «el sincretismo de una mezcla de religiones». Y añadir: «La heráldica imaginaria de la Mesa Redonda abre una puerta en la que parece colarse la heráldica napoleónica. Inesperado después del borrón y cuenta nueva revolucionario, el renacimiento de los escudos de armas subraya que en casi todas las circunstancias constituyen para el historiador de las mentalidades un fiel espejo de la imaginación.» [1]
Fiel reflejo de su creador, este nuevo arte heráldico rompió con las tradiciones del Antiguo Régimen, con unas reglas totalmente jerarquizadas: donde la fantasía y tradición heredadas del Medioevo eran sustituidas por una estética más simbólica y reglamentada y el linaje histórico familiar era sustituido por la carrera y los méritos del titular. Como sucedió con la gran mayoría de creaciones napoleónicas, tan pronto como cayó el Imperio (con el breve paréntesis de los Cien días), los que portaban escudos de armas abandonaron sus sombreros e insignias de cargo para volver a las antiguas reglas de los escudos de armas.

ESQUEMAS GRÁFICOS SEGÚN LA DIGNIDAD O EL RANGO
ORNAMENTOS EXTERIORES


Los grandes dignatarios portaban una toca de terciopelo negro con vuelta de veros, un porta-penacho de oro y un manto azur con abejas de oro, forrado de armiño, con los símbolos de las abejas o el águila imperial y seis lambrequines de oro. Los duques llevaban una toca de terciopelo con vuelta de armiño, un penacho con siete plumas y seis lambrequines de oro y manto azur, forrado de veros.




Los condes llevaban una toca de terciopelo negro, vuelta de contra-armiño, un penacho de cinco plumas, un porta-penacho de oro y plata y cuatro lambrequines: dos de oro y dos de plata. Los caballeros con la Legión de Honor una toca de terciopelo negro con vuelta de sinople, penacho de plata, y el escudo terciado de gules en todas direcciones, dando preferencia al centro. Como insignia el símbolo de la Legión de Honor, de plata, y los caballeros no legionarios una pieza honorable (Mon), un anillo también de plata. Posteriomente, por decreto de 18 de octubre de 1811, en un momento donde el imperio francés alcanzó su máxima extensión, se intauró la orden imperial de la Reunión4, que añadiría su símbolo, una estrella con 12 ramificaciones, pero en campo de azur.


Los barones llevaban un toca de terciopelo negro con vuelta de contra-veros, un penacho con tres plumas y dos lambrequines de plata.


El escudo de armas de una condesa del Imperio eran dos ramas de palmera doradas, unidas por una cinta azul celeste, enrolladas alrededor del escudo y en el caso de una baronesa del Imperio, dos ramas de palmera plateadas, unidas con una cinta roja y enrolladas alrededor del escudo.
LAS CIUDADES Y VILLAS DEL IMPERIO
Tras la autorización para llevar escudos de armas a los titulares Napoleón restableció los escudos de armas en favor de las ciudades, municipios y corporaciones (decreto del 17 de mayo de 1809). El decreto especifica que las ciudades, municipios y corporaciones que desearan obtener cartas patentes para la concesión de escudos de armas podían solicitarlo directamente al presidente del Consejo del Sello de los Títulos (Jean Jacques Régis de Cambacérès)5. Las “buenas ciudades” o de 1.er Orden (cuyo alcalde tenía derecho a asistir a la coronación del Emperador) reciben un jefe de gules cargado con tres abejas de oro, mientras que las ciudades de 2º y 3.er Orden ostentan en sus cuarteles la N napolónica coronada por una estrella.




Como muestra, os relacionamos toda una serie de ciudades que ostentaron la máxima dignidad, la mayoría en Francia y Holanda, a saber: Aix-la-Chapelle, Ámsterdam, Amberes, Besançon, Bruselas, Caen, Gante, Génova, La Haya, Lille, Lyon, Marsella, Mainz, Niza, Piacenza, Rotterdam, Toulouse, Tours y Turín.
SIGNOS INTERIORES
– PRÍNCIPES Y DUQUES –



SIGNOS INTERIORES
– CONDES Y CONDESAS –

De izquierda a derecha: Ministros, Consejeros de Estado, Presidente de Cuerpo Legislativo, Oficiales de la Casa del Emperador.

De izquierda a derecha: Alcaldes, Presidente de Colegio Electoral, Miembro de Colegio Electoral, Propietarios.

De izquierda a derecha: Senadores, Arzobispos, Militares, Oficiales de las Casas de los Príncipes de la Familia Imperial.
– BARONES Y BARONESAS –

De izquierda a derecha: Ministros empleados en el exterior, Librados del Consejo de Estado, Oficiales de las Casas de los Príncipes de la Familia Imperial, Oficiales de la Casa del Emperador.

De izquierda a derecha: Prefectos, Alcaldes, Subprefectos, Presidentes y Procuradores Generales de la Corte de Casación.

De izquierda a derecha: Presidentes y Procuradores Generales de la Corte Imperial, Oficiales de Sanidad adscritos a los Ejércitos, Presidente de Colegio Electoral, Librados de los Cuerpos de Sabios.
LOS MARISCALES NAPOLEÓNICOS EN ESPAÑA
Fueron unos diecisiete los militares franceses que ostentaron la dignidad de mariscal del Imperio y que estuvieron presentes en algún momento u otro en España durante la guerra de Independencia. Fueron ennoblecidos en diferentes periodos del Imperio como duques, condes, príncipes e incluso uno como rey. Os los pasamos a relacionar, junto con su año de nombramiento:
Louis-Alexandre Berthier (1804), duque de Valangin, príncipe de Neuchâtel;
Jean-Baptiste Bessières (1804), duque de Istria;
Emmanuel de Grouchy (1815), conde del Imperio;
Jean-Baptiste Jourdan (1804), conde del Imperio;
Jean Lannes (1804), duque de Montebello;
François-Joseph Lefebvre (1804), duque de Danzig;
Étienne Jacques Joseph Alexandre Macdonald (1809), duque de Tarento;
Auguste-Frédéric-Louis Viesse de Marmont (1809), duque de Ragusa;
André Masséna (1804), príncipe de Essling y duque de Rivoli;
Bon-Adrien Jeannot de Moncey (1804), duque de Conegliano;
Édouard Mortier (1804), duque de Treviso;
Joachim Murat (1804), gran duque de Clèves y de Berg y rey de Nápoles;
Michel Ney (1804), duque de Elchingen y príncipe de la Moskowa;
Laurent de Gouvion-Saint-Cyr (1812), conde del Imperio;
Jean-de-Dieu Soult (1804), duque de Dalmacia;
Louis-Gabriel Suchet (1811), duque de la Albufera;
Claude-Victor Perrin (1807), duque de Belluno;
La mayoría de los blasones de los mariscales muestran su Jefe superior identificando a sus titulares como duques del Imperio. Son varios los casos, como no podía ser de otra manera, en que se muestran motivos militares como espadas y sables, o brazos enarbolándolos. El gráfico siguiente solo pretende ser una muestra de los mismos. Pueden haber erratas, por lo que en cualquier caso os emplazamos a la bibliografía que os relacionamos en el apartado Para saber más… cuyos autores habrán podido profundizar más y con mejor criterio que no nosotros.

BREVE RELACIÓN DE TÉRMINOS HERÁLDICOS FRANCÉS -ESPAÑOL
- Abeille → Abeja (Símbolo principal del Imperio, que sustituye a la flor de lis)
- Aigrette → Penacho. Su número distingue el rango: 7 plumas, duques; 5 plumas, condes; 3 plumas, barones; 1 pluma, caballeros.
- Aiglette → Porta-penacho. Pequeña pieza metálica (oro o plata) situada en la parte frontal de la toca, de la que surge el penacho de plumas.
- Alésé / Croix alésée → Alisado / Cruz alisada
- Armoiries → Armas (heráldicas)
- Armoiries impériales → Armas imperiales
- Balance → Balanza
- Baron / Baronnie → Barón / Baronía
- Bonnet d’honneur → Bonete de honor. Pequeño bonete de forma «electoral» colocado sobre el manto en los grandes dignatarios.
- Brasé(e) → Forrado (especialmente en tocas, “toque brasée d’hermine”)
- Calotte → Calota (parte superior del bonete)
- Chef → Jefe (pieza honorable superior del escudo)
- Chevalier → Caballero
- Contre-hermine → Contra-armiño. Variante del armiño en la que los colores se invierten.
- Contre-vair / Contre-verre → Contra-veros. Versión invertida de los veros (colores invertidos).
- Couronnement → Coronamiento (conjunto de ornamentos superiores del escudo)
- Croix → Cruz. Sus brazos terminan en forma de punta cuadrada.
- Dignitaire → Dignatario
- Duc → Duque
- D’azur → De azur (azul)
- De gueules → De gules (rojo)
- D’or / d’argent → De oro / de plata
- Écu → Escudo
- Épée → Espada (símbolo de barones militares)
- Évêque → Obispo
- Fleurette → Flor pequeña heráldica (menos frecuente en el Imperio)
- Fusées / Fusées d’argent → Fusos / Fusos de plata. Piezas romboidales alargadas.
- Hermine → Armiño. Piel blanca con motas negras, símbolo de pureza y dignidad.
- Honneurs → Honores (a veces “pièce honorable”: pieza honorable)
- Lambrequins → Lambrequines. Adornos colgantes a cada lado del escudo, originalmente representando tejidos recortados.
- Légion d’honneur → Legión de Honor
- Lion arraché → León arrancado
- Manteau → Manto. Capa ornamental que rodea el escudo y expresa rango.
- Maçonne / Mur maçonné → Muro almenado o mazonado
- Membre des corps savants → Miembro de los cuerpos científicos
- Ministre → Ministro
- Palme → Palma (símbolo de cuerpos científicos)
- Plumes → Plumas (del penacho, número reglamentario)
- Porteglette / Porte-aigrette → Porta-penacho
- Quartier → Cuartel
- Quartier senestre → Cuartel siniestro (arriba izquierda desde el punto de vista del portador)
- Retroussé(e) → Vuelto (forro visible en el borde de la toca o el manto)
- Semé de… → Sembrado de… (patrón repetido, ej. “semé d’abeilles”)
- Sinople → Sinople (verde)
- Soutenu(e) → Sostenido
- Tiare → Tiara (más usada en armas papales, ocasional en comparaciones)
- Toque (heráldique) → Toca. Gorro de terciopelo que sustituye a las coronas tradicionales.
- Vair → Veros
- Velours → Terciopelo
PARA SABER MÁS SOBRE LA HERÁLDICA DEL PRIMER IMPERIO:

Publicado con motivo del bicentenario de la codificación heráldica de 1808, este libro del doctor en derecho Philippe Lamarque, expone los fundamentos jurídicos de la heráldica napoleónica y elabora un catálogo de los principales blasones. Contiene 4.100 escudos de armas, todos ellos representados en color. Un amplio capítulo ilustrado presenta los elementos para que aquellos que deseen descubrir la heráldica en imágenes del Primer Imperio puedan familiarizarse con esta ciencia.

Obra del experto Jean-Claude Colrat, este trabajo es fruto de casi diez años de investigación en los archivos del Consejo del Sello de los Títulos, la Legión de Honor y otros documentos oficiales, esta obra de gran rigor científico es una de las más exhaustivas y completas publicada hasta la fecha sobre la heráldica imperial en Francia, con más de 3.700 entradas. Además de los escudos de armas, cuyas descripciones y dibujos son estrictamente idénticos a los decretos y cartas patentes emitidas durante el Primer Imperio y los Cien Días, cada personaje cuenta con una breve nota biográfica que incluye su estado civil, sus posibles títulos, sus funciones y sus condecoraciones. [2]

Hubert Lamant recopiló en esta obra con varias decenas de tomos el armorial francés o repertorio alfabético de todos los escudos y reseñas de las familias nobles, patricias y burguesas de Francia, ordenadas por apellido. Autor prolífico con varias obras y colaboraciones sobre el tema de la heráldica y los apellidos, y con contenidos tan diferentes como el Diccionario de los Francmasones europeos (como coautor) o el Armorial del País Vasco.

El vizconde Albert Révérend fue autor de varias obras sobre los nombramientos nobiliarios en el siglo XIX, en especial este Armorial du Premier Empire, en cuatro tomos, un compendio de los escudos concedidos por cartas patentes durante el reinado de Napoleón I, 1808-1815, con 117 láminas, 3.504 escudos, precedidos por los escudos del Emperador, los grandes dignatarios y los altos oficiales del Imperio, con tablas clasificando los símbolos externos e internos de los escudos imperiales [4]. Un clásico decimonónico muy citado y que está digitalizado en varias bibliotecas y archivos.

El «Nouveau manuel complet du blason ou Code héraldique, archéologique et historique…», de J. F. Jules Pautet du Parois, subprefecto de los Alpes-Bajos, en la colección Manuels-Roret publicado en 1854, es otro clásico compendio que también se adentra en las particularidades de la heráldica napoleónica y la nobleza del Imperio. Reeditado con 360 páginas en el año 2012 por Hachette Livre y la BNF.

El «Armorial Général de l’Empire, contenant les armes de Sa Majesté l’Empereur et Roi, des Princes de sa famille, des grands dignitaires, princes, ducs, barons, chevaliers, et celles des villes…» (1812), del autor Henry Simon, fue uno de las precursores del estudio de la heráldica del Primer Imperio. Las 70 láminas del primer y único volumen (al parecer la obra debía constar de otros tres que no vieron la luz) representan alrededor de 750 escudos de armas procedentes del nuevo código heráldico grabados en huecograbado, entre los que se encuentran los de la familia imperial y todos los principales dignatarios. Sus ejemplares originales suelen estar muy valorados en las subastas de objetos relacionados con la época napoleónica.
- Antes de la Revolución, la cría de palomas estaba reservada solo a la nobleza y a las abadías eclesiásticas, por lo que un palomar (en forma de torre, construido cerca de un edificio principal) se convirtió en un privilegio de la alta nobleza y la iglesia, en definitiva un símbolo de prestigio y riqueza económica. ↩︎
- El vidame era un título feudal originado en Francia y en origen era un funcionario secular elegido por el obispo de la diócesis — con el consentimiento del conde — para realizar funciones en nombre de los intereses terrenales de la iglesia que eran religiosamente inapropiados, incluyendo el uso de la violencia y actuando como un protector. ↩︎
- A fecha de los Decretos, estas dignidades eran las siguientes:
1º Gran Elector (José-Napoleón, rey de las Españas).
2º Vice-gran Elector (Talleyrand, prínipe de Benevento).
3º Archicanciller del Imperio (Cambacérés, duque de Parma).
4º Archicanciller del Estado (el príncipe Eugenio-Napoleón, virrey de Italia).
5º Architesorero (Lebrun, duque de Piacenza).
6º Condestable (el príncipe Luis-Napoleón, rey de Holanda).
7º Vice-condestable (Berthier, prince y duque de Neuchatel).
8º Gran almirante (Murat, grand duque de Cleves y de Berg).
9º Gobernador de los departamentos más allá de los Alpes (príncipe Borghese).
10º Gobernador de los departamentos de Holanda (Lebrun, duque de Piacenza). ↩︎ - La Orden de la Reunión fue inicialmente una extensión de la Orden de la Unión creada por Luis Bonaparte, rey de Holanda hasta 1810, año de la anexión del reino de Holanda al Imperio. Posteriormente, integró las órdenes creadas antes de su anexión en diferentes estados satélites del Imperio francés. ↩︎
- El procedimiento completo, en vigor durante el Imperio, se basa en la circular a los prefectos del 4 de julio de 1809. La ciudad delibera para que se le conceda un escudo de armas. El prefecto remite el asunto al consejero de Estado, director general de contabilidad de los municipios y hospicios del Ministerio del Interior, que emite un dictamen y permite a la ciudad continuar con la solicitud ante el Consejo del Sello. En una de sus sesiones, el Consejo del Sello examina la solicitud y formula conclusiones que, si son favorables, conceden a la ciudad el escudo solicitado, una vez justificado el pago de los gastos de envío de las cartas patentes, según la tarifa fijada para las ciudades en función de su clase. A continuación, el prefecto dicta una ordenanza para aprobar la deliberación municipal y autorizar a la ciudad o al municipio a solicitar las cartas patentes al Consejo del Sello de los Títulos. [13] ↩︎
Fuentes:
1 – «Napoléon et la noblesse d’Empire» – Jean Tulard, Éd. Tallandier, 2016
2 – «Armorial du Premier Empire. Titres, majoràts et armoiries concédés par Napoléon Ier«. Tome Premier – Vte A. Révérend, Chez Alphonse Picard et Fils, Éditeurs, Paris, 1894
4 – http://www.docelinajes.es/2014/03/armorial-del-primer-imperio/
5 – http://www.francearchives.gouv.fr/fr/findingaid/dccec8689932f398f12cd19ee6f20a4a6f8e7e7f
6 – http://www.osenat.com/lot/26245/6170667-simon-henry-armorial-general-dsearch=&
7 – «Napoleonische Heraldik» – Peter Schuchhardt, Gütersloh, 2009
8 – https://archive.org/details/Evenement-19-Juin-1790
9 – http://www.academia-lab.com/enciclopedia/vidame/
10 – http://www.colonnadistria.net/RegArmoiries/Element_Droit_Heraldique_Francais.htm#:
12 – http://www.fr.wikipedia.org/wiki/Ordre_de_la_R%C3%A9union
13 – http://www.archivesportaleurope.net/advanced-search/search-in-archives/results-(archives)/?repositoryCode=FR
14 – «Taller de Heráldica. Cómo diseñar un escudo» – José Antonio Vivar del Riego. http://www.webs.ucm.es/centros/cont/descargas/documento36925.pdf.
Imágenes:
a – Gallica.bnf.fr/ Bibliothèque nationale de France, département Estampes et photographie, RESERVE QB-370 (21)-FT 4 [De Vinck, 3614]
b – Originales modificados a partir del «Armorial général de l’Empire Français» – Simon, Henry, Paris, 1812 – ETH-Bibliothek Zürich (www.dx.doi.org/10.3931/e-rara-49046)
c- Escudo de armas de la Ciudad de París: Imperio (Napoleón I) – Carta patente fechada el 29 de enero de 1811 – en «Armorial National de France», por H. Traversier, París (www.meisterdrucke.es/impresion-art%C3%ADstica/French-School/952274/Escudo-de-armas-de-la-Ciudad-de-Par%C3%ADs:-Imperio-%28Napole%C3%B3n-I%29—Carta-patente-fechada-el-29-de-enero-de-1811—en-%22Armorial-National-de-France%22,-por-H.-Traversier,-Par%C3%ADs.html)
