Paseando por Waterloo con Jan Hoynck van Papendrecht

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Esta semana – y casi en el alba de un día tan significativo – os traemos una serie de dibujos y acuarelas de lugares del campo de batalla de Waterloo, obra del famoso pintor holandés Jan Hoynck van Papendrecht (del que ya tratamos en su momento en nuestro blog) que se desplazó para visitar el campo de batalla en el año 1896 y regresaría pocos años después a principios del siglo XX.

Jan Hoynck van Papendrecht fue un artista con una vastísima producción, dedicándose al mundo de la ilustración en diferentes publicaciones y ediciones de libros, así como a reproducir con sus pinceles en decenas de óleos y acuarelas escenas de la época napoleónica, con especial atención en las tropas holandesas que sirvieron con y contra Napoleón. Uno de los ejemplos más famosos es el cuadro «El cruce de tropas holandesas a través del Berezina en 1812«, que realizó entre 1910 y 1912.

Waterloo fue, por lo tanto, un tema favorito para Jan Hoynck van Papendrecht. Y que se tomaba su trabajo en serio – y buscaba la perfección – se desprende del hecho de que realizó un viaje de estudios a Waterloo en 1896. Cuando regresó a los Países Bajos, tenía en su maleta un cuaderno de dibujo completamente lleno con representaciones de lugares históricamente importantes en Waterloo. [1] 

Nosotros por nuestra parte hemos tratado de ubicar – con mayor o menor fortuna – con la herramienta en línea de Google MyMaps, una serie de 27 dibujos pintados a la acuarela que realizó el artista entre 1896 y principios del siglo XX, y que se hallan en los fondos digitales del Nationaal Militair Museum de Holanda (https://www.nmm.nl/en/)

ALGUNOS LUGARES DEL RECORRIDO

La Belle Alliance y de Coster en la distancia. El gran granero fue construido después de 1815.
La Haye Sainte vista desde el ala izquierda de los Aliados. Los árboles de Hougoumont en la distancia
La entrada a La Haye Sainte. En la distancia, a la izquierda, La Belle Alliance.
La Belle Alliance y Trimotion vistas desde el monumento de la Legión Alemana.
La esquina sureste del muro de Hougoumont.

Fuentes:

1 – https://hoynck-van-papendrecht.nl/themas/waterloo/

2- https://collectie.nmm.nl/nl/collectie/?q=papendrecht

Imágenes:

a – https://collectie.nmm.nl/nl/collectie/?q=papendrecht

Napoleón entre libertad y tiranía, por Alessandro Barbero (y II)

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Seguimos esta semana con la segunda y última parte de la conferencia Napoleone tra libertà e tiranide, que impartió el reputado historiador italiano Alessandro Barbero el 22 de junio de 2018, en el Teatro Romano de Fiesole, en el marco de las jornadas del 72º festival Estate Fiesolana. Su obra «La battaglia. Storia di Waterloo» publicada en el 2003, está considerada por muchos (me incluyo) uno de los mejores libros escritos sobre aquella mítica jornada, y a su talento como historiador aúna un lenguaje pedagógico y ameno que le ha situado entre los historiadores más reputados y difundidos de su país. Barbero nos seguirá hablando del Napoleón político, de su figura política y nos aportará algunos de los argumentos por los cuales podremos considerarlo (o no) un liberal o un tirano.

NAPOLEÓN ENTRE LIBERTAD Y TIRANÍA (Cont.)

«Todo esto ha estado sucediendo durante mucho tiempo. Napoleón es bueno, en algunos aspectos, para crear consenso, menos en otros; nunca entenderá, por ejemplo, que realmente esto de la paz les importa a los franceses más que cualquier otra cosa. No puede entenderlo. Él representa a los franceses porque su gloria es la de todos, y los franceses, los franceses ya están cansados de la gloire, nunca podrá entenderlo. Pero en otras cosas es bueno creando consenso. ¿Cómo se crea el consenso? El consenso se crea dejando claro a todos aquellos que tienen alguna ambición que se les puede incluir dentro del sistema. Napoleón tiene mucho cuidado en saber qué es lo que importa en el país, como esas famosas solicitudes de información a los prefectos, listas, continuamente listas. Otros regímenes hacen las listas de proscripción de los que serán enviados a los campos de concentración. Napoleón estaba ahora haciendo continuamente las listas de las personas que importan y por lo tanto debemos mimar. Todos aquellos a los que se les puede ofrecer un puesto, un trabajo, una carrera, porque obviamente necesitamos a estas personas, pero al mismo tiempo debemos estar seguros de que todos aquellos que tienen ambiciones estén seguros de que obtendrán algo y, por lo tanto, la riqueza, por supuesto, todos los ricos deben saber que el emperador los ama, los prefiere, los favorece y protege sus riquezas, pero también a los que no son ricos y sin embargo tienen méritos personales, éstos también deben ser gratificados y por lo tanto becas, pensiones, salarios, medallas, cátedras, cargos para los científicos, para los artistas, para los ingenieros, los cartógrafos – tan importantes en la guerra – los pedagogos. Básicamente la legalité ante la ley, pero luego desde el punto de vista político no hay legalidad. Hay notables, hay quienes cuentan más que otros y esto es una cosa reconocida. Se puede reconocer porque los notables son una cosa muy distinta a los nobles del Antiguo Régimen.

No podemos ni queremos basar la notoriedad en el privilegio del nacimiento, esto es cosa del Antiguo Régimen. Pero queremos y podemos basarnos en la propiedad, el mérito y la edad.” Después de eso, los intelectuales de los que hablaba, los artistas, los científicos, todos, gratificados en todos los sentidos, pero luego también está la otra versión del mérito, la más amplia, no todos pueden ser científicos, pero todos pueden oficializarse. El mérito significa una carrera militar y Napoleón lo alimenta incansablemente – ese punto, como dije, esto también está en su contra, pero, no del todo, porque el ejército siempre estará con él – alimenta la idea que la Francia de la Revolución y el Imperio es la tierra del mérito y ese mérito significa que aquellos que tengan el coraje de arriesgar sus vidas luchando bajo la bandera tricolor por el emperador serán recompensados. En parte, un mito alimentado por una propaganda sistemática, los diarios, los boletines oficiales… Alguien que fue niño bajo Napoleón, Alfred de Vigny, célebre poeta romántico, escribirá qué es lo que significaba ser niño bajo el Imperio: «Los maestros no dejaban de leer los Boletines del gran ejército y nuestros gritos de ¡Viva el Emperador! interrumpían a Tácito y a Platón. Nuestras salas de estudio parecían cuarteles, nuestras recreaciones a maniobras y nuestros exámenes a planos”. Toda una generación será, como decirlo, tomada por este mito que luego fue presenciado por uno que era joven en ese momento, Stendhal, recordemos a los jóvenes protagonistas de sus novelas, franceses y no sólo franceses. Fabrizio, Fabrizio del Dongo, de La Cartuja de Parma. Esos jóvenes que tal vez no entienden nada, pero vislumbran una cosa: Napoleón es su héroe.

Y todos los soldados están, como decirlo, embelesados por la propaganda, pero no solo por la propaganda, sino también por los hechos. Propaganda, una frase que habéis oído mil veces: “Todo soldado lleva en la mochila el bastón de mariscal”. Luego, hay millones de soldados, mariscales, solo quince, así que está claro, pero es un gran truco publicitario. Otro lema de Napoleón: “Un líder es un vendedor de esperanza” y, por lo tanto, todo soldado debe creer que en su mochila hay potencialmente un bastón de mariscal. Entonces, a mariscal probablemente no llegará, pero a oficial, sí. En los ejércitos de los países que luchan contra Napoleón no es que no haya un poco de movilidad social porque siempre ha habido un poco de movilidad social, incluso en la Edad Media, incluso bajo el Antiguo Régimen podía pasar que el hijo de campesinos podía llegar a obispo o convertirse en general, pero eran una minoría. En el ejército inglés, el que derrotará a Napoleón en Waterloo, se ha calculado que durante las guerras napoleónicas alrededor del 10 por ciento de los oficiales son soldados que han hecho carrera, promovidos desde las filas. Y un 10 por ciento para un país del Antiguo Régimen, quiere decir que en Europa todavía había mérito social, pero es un 10 por ciento. Bajo Napoleón, las tres cuartas partes de todos los oficiales que sirvieron a sus órdenes, por lo que el 75 por ciento eran simples soldados que hicieron carrera por méritos. Y eso significa una enorme cantidad de personas que entonces se retiran, vuelven a su país, a sus pueblos, estarán todo el día en el café, leyendo el periódico, hablando de las grandes jornadas e interpelando a cualquiera que se atreva a criticar al emperador. Y son, como decir, son cosas que funcionan: los veteranos, simples soldados, enfermos, maltratados, discapacitados, los mantenemos, creamos Les Invalides en París, sobre todo para que todos vean que el emperador está hospedando en un gran palacio a los soldados que le han servido. Hay pensiones de viudedad, para los huérfanos de guerra, es una pequeña asistencia social de la que no hay nada similar en la Europa de ese momento. Y los oficiales, los oficiales están bien pagados, los oficiales son, automáticamente, notables. En el pueblo, el capitán retirado es un hombre que cuenta para algo. Para la jubilación, no sólo, se les reservan muchos trabajos civiles. Hay un montón de pequeños lugares en la provincia para repartir, pequeños trabajos, el correo, el estanco, todos estos están reservados para los oficiales y los oficiales están agradecidos a su emperador.

«Primera distribución des condecoraciones de la Legión de Honor» (1812), por Debret (a)

Y esto es algo que debo decir que hasta se vuelve cómico, eh, porque estos oficiales arriesgan su vida. Muchos mueren, muchos quedan heridos, mutilados, destrozados, entonces vuelven a casa y ¿Cuál es su ideal? Un noble de Saboya, De la Noire, Victor Amadeo De la Noire, antiguo oficial de su majestad de Cerdeña, luego oficial de Napoleón, escribe, entusiasmado: «Pensadlo, se tiene el derecho a compartir casi la mitad de todos los trabajos civiles. Después de un acto de tanta generosidad, cual es el soldado o el oficial que no daría hasta la última gota de su sangre por un soberano magnánimo como nunca ha existido. Mi hermano Amadeo a conseguido un estanco de tabaco en el departamento de Monte Blanco”. Daros cuenta que este es un noble de Saboya, pero estos oficiales, algunos provenientes de la antigua nobleza, todos cargados de la idea de la gloria, todos arriesgaron sus vidas, ¿para qué? Para tener un estanco cuando estén retirados. Pero como reciben el estanco o la oficina de correos, constituyen de hecho una red de fieles seguidores por todas partes. Y cuando caiga Napoleón y vuelvan los Borbones y haya de nuevo un ejército donde los veteranos que vienen de abajo tengan un poco menos de posibilidades de hacer carrera y bien, la gente empezará a murmurar… Y los viejos soldados, los viejos los oficiales, dirán: «Ved lo que habíamos dicho: el pueblo ya no tiene derechos, el rey está de regreso y los hijos del pueblo serán soldados y ya no podrán ser oficiales» Y esto, esto es un panfleto anónimo, de 1820, esos panfletos que circulan en la Francia del rey, que ha vuelto y le advierten que hay descontento. Cuidado, le dicen: en Francia no hay un pueblo donde no haya nacido un general o un coronel, un capitán, todos hijos de campesinos o artesanos, ahora están en el retiro y el pueblo ve lo que le quiso decir el emperador y que, con él, sin embargo, las cosas ya no son así.

Todo esto madura en los primeros años del nuevo siglo, entre Napoleón como cónsul vitalicio y Napoleón que fue coronado emperador en 1804. La coronación del emperador es, obviamente, una etapa extremadamente significativa y también estaba, por decirlo, algo decodificada. Por un lado, es lo que más claramente demuestra a los ojos de muchos que la revolución está realmente muerta, muerta y enterrada. Hemos vuelto a tener un monarca coronado, trono, cetros, uniformes, galones, cortesanos. Napoleón, sin embargo, en realidad, trata de mantener su pie en dos estribos y asegurarse de que su coronación imperial no se perciba como una restauración. Es muy importante que él elija ser emperador, de dónde puede surgir esto, en realidad tiene muchos significados: los franceses, los franceses han cortado la cabeza del rey y ya no querrán otro rey. Tienen la república y son aficionados a la república… Pero están dispuestos a tener un hombre que, en solitario, gobierne la república, este hombre nunca podría decir: ¡Ahora me coronaré rey! Napoleón: “No se puede ser rey de una república, pero se puede ser emperador de una república”. Y la coronación imperial está cuidadosamente preparada. La policía trabaja bien, está Fouché a la cabeza y por lo tanto hay toda una directriz por la cual los prefectos, los notables de los departamentos, reciben esta información: si alguna vez el Primer Cónsul, por ser del interés de Francia, decide asumir el título de emperador de los franceses, por supuesto, porque es un soberano del pueblo, no es el soberano de Francia, sino de los franceses, en todo caso, si el Primer Cónsul se decidiera, ¿Qué pensaría la gente sobre este paso? ¿Qué pensaría la opinión pública? Y poco a poco se nutre la opinión pública, hay toda una serie de cuerpos electos, no con el plebiscito, no votan todos, pero votan muchos, votan regularmente, eligen diputados regionales y provinciales, y todos estos departamentos. Y estas asambleas están invitadas a expresarse y habiendo entendido el movimiento que se impulsa, expresando los votos de que el primer cónsul satisfará el deseo de los franceses de tener a un emperador a su cabeza. Y explican los sagaces periodistas, “Aquí la revolución no está segura, siempre existe el riesgo de que el rey quiera volver. ¿Queréis que vuelva un amo? No, no lo queremos. Si no queréis que vuelva un amo, votad un líder, hereditario, lo habréis elegido vosotros y así estaréis seguros de que el amo no volverá«.

Al principio todavía piensa en César, pero también se le ocurren otras ideas: Carlomagno, por ejemplo, será cierto que hablo de Carlomagno, en realidad. Carlomagno, ciertamente y sería otro que no era emperador, no tenía este título, no existía en absoluto en su tiempo y él se lo creó. Interesante. Napoleón da orden de estudiar cómo se hizo la coronación de Carlomagno y al estudiar la coronación de Carlomagno hace fabricar la espada sobre el modelo de la que se pensaba que tenía Carlomagno, hace una corona como la que tenía Carlomagno y luego venía el punto más doloroso: Carlomagno fue coronado por el Papa… en sí, también estaría bien, porque la Revolución ha terminado. Carlomagno fue a Roma para ser coronado por el Papa. Esto puede ir un poco menos bien, y sobre todo parece que en Roma, en San Pedro, el Papa le puso la corona en la cabeza y ese día Carlomagno, lo dice su biógrafo Eginardo, “salió de San Pedro de un pésimo humor diciendo que si hubiera sabido que eso iba a terminar no hubiera venido a misa” … era Navidad. ¿Por qué sino por qué este hecho de que el Papa te pone la corona en la cabeza, entonces quién es el dueño de esa corona? Es el Papa quien te la da. Por otro lado, sin embargo, tener al Papa es algo hermoso, por lo que haremos pequeños cambios con respecto al protocolo de Carlomagno: el primer pequeño cambio, la coronación se realizará en París. Napoleón no se inquietará en Roma y será el Papa, que vendrá a París, quien se inquietará. Después de eso, el Papa en París lo haremos sentar allí para que todos lo vieran, pero el emperador se pone la corona en la cabeza. Que no queden dudas, que no haya idea de que esa corona será puesta en la cabeza por otra persona. Es suya. Cuando sea coronado también en Italia, lo dirá aún más claro: “Dios me lo dio a mí (no el Papa), ay de aquel que la toque”. Y entonces, ahora los franceses, 1804, tienen un emperador, pero no solo los franceses. Carlomagno no solo gobernó Francia, aunque tampoco existía Francia en su tiempo. Carlomagno gobernaba en Europa, por lo que este nuevo título, por un lado, es muy prometedor, pero, por otro lado, también es un poco inquietante para esa opinión pública que pensaba que las guerras habían terminado. Y en cuanto al hecho de la República, tiene esa buena opinión de que se puede ser emperador de una república.

Hay quienes se quejan, pero ahora se quejan en voz baja. Porque todos entendieron que era mejor adaptarse. Esta es una cita inquietante de uno de los ministros de Napoleón, Molé, que será ministro de Justicia en los últimos años del imperio y que unos años después recuerda esa etapa: «A partir de este momento, para hacer carrera, cada uno fingía no haber entendido o de estar convencido. Se volvió normal que nadie hablara más de acuerdo a su conciencia. Los ateos predicaron una religión falsa, los cristianos fueron pillados siendo filósofos, los republicanos hablaron de monarquía, los partidarios de la autoridad absoluta alardearon de ideas liberales, las víctimas de la revolución profesaron imparcialidad y los asesinos de Luis XVI le daban las virtudes de su víctima.» Ahora la Revolución realmente ha terminado, sí, o tal vez no, pero porque este imperio y cómo decirlo, es un imperio de papel maché, seamos realistas. Se mantiene porque el ejército francés es capaz de conquistar toda Europa, pero de por sí, puedes ver el papel maché, puedes ver que todo está un poco terminado, desde el momento de la coronación. El mismo Napoleón lo sospechaba, otra de sus máximas: “de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso”.

«La Coronación de Napoleón» (1805-1807), por Jacques-Louis David. (b)

Y en la ceremonia del Sacre en Notre Dame se arriesga continuamente a dar ese paso. Imagínense, esta catedral llena de gente, llena de parvenus, son todos los parvenus: mariscales del imperio, príncipes y duques porque Napoleón los ha cubierto de estos títulos nobiliarios, les creó trajes muy suntuosos, penachos, plumas, oro, galones, pero todos estos mariscales son hijos de campesinos, artesanos, pulidores, sargentos de caballería y ahora deambulan como si fueran de la realeza, pero la gente lo sabe. Mirándolos se puede ver que casi se ríe y el primero de los parvenus son los propios Napoleón, sus hermanos, como lo revela el comentario que se le escapa con otro de sus hermanos, José, inmediatamente antes de la ceremonia. Estamos inmediatamente antes de la coronación, están todos vistiendo capas de armiño y Napoleón, hablando con su hermano, se le escapa decir: «si nuestro padre nos viera…» Papa estaba en Córcega, un pequeño noble de provincias y que este imperio está hecho de papel maché también lo demuestra el hecho de que nadie cree que realmente es un imperio hereditario, ahora él está ahí, después ya veremos…

Hay un momento dramático revelador durante la campaña rusa, la conspiración de Malet. Napoleón está lejos y llegan malas noticias de Rusia. En este punto sucede lo siguiente: hay un opositor obstinado con Napoleón, precisamente el general Malet, un viejo jacobino que, en fin, estaba internado en un hospital psiquiátrico porque obviamente uno que sigue obstinado en desafiarlo y estar en su contra… Luego el general Malet se escapa, encuentra un uniforme de general, recorre las prisiones liberando a otros oponentes de Napoleón anunciando que Napoleón está muerto en Rusia. Detiene a algunos soldados, entra en los ministerios, detiene a varios ministros. Finalmente, luego lo detienen y lo fusilan en ese momento. El golpe de Estado del general Malet duró un día, pero durante ese día los ministros que no fueron arrestados huyeron y el prefecto del Sena se preparó, hizo contactos para formar un gobierno de emergencia, republicano, porque la noticia era que Napoleón había muerto. Nadie acudió a la emperatriz María Luisa y al rey de Roma, el hijo pequeño de Napoleón, para decirles: «El emperador ha muerto, larga vida al emperador«. Todos daban por hecho que Napoleón había muerto, que la jugada había terminado y que este imperio no era hereditario. De hecho, debo decir que el propio Napoleón, después de la conspiración de Malet, se le escapará decir: «Pero esto del rey está muerto, viva el rey es una cosa hermosa, era una fuerza de la monarquía«.

Hablábamos de la religión, del Papa que está asistiendo a la coronación en Notre Dame y que está bien porque el Imperio también significa reconciliación con la Iglesia, el Concordato, aunque aquí, tengámoslo claro, quién es Napoleón: aquel bastardo que destruyó la revolución secular y ha puesto a Francia en manos de la religión o el hombre que puso fin a los excesos y restauró la libertad de la Iglesia y la libertad de los católicos. En fin, ambos. Por supuesto que había muchos que estaban en contra, los viejos revolucionarios, muchos soldados para quienes el laicismo era un principio imperativo y que asisten con creciente consternación al hecho de que en cambio, no, se regresa. Ya antes de la coronación, Napoleón se corona en Notre Dame, porque Notre Dame ha sido consagrada otra vez. Durante la revolución había sido asaltada, devastada… Sabed que en la fachada de Notre Dame están todas esas estatuas de reyes, que son los reyes del Antiguo Testamento, pero los revolucionarios no hicieron muchas diferencias, son reyes y que se hace con los reyes: se decapitan, luego derribaron todas las estatuas de Notre Dame, todas decapitadas. Pero en 1802, con el Primer Cónsul, Notre Dame es solemnemente reconsagrada. Los militares se quejan. El general Delmas saliendo de la ceremonia: «Una bella capuchinada, faltaban sólo los 100.000 hombres que murieron tratando de suprimir estas cosas«.

«El encuentro de Napoleón y el Papa en Fontainebleau», por F. Myrbach-Rheinfeld (c)

¿Por qué Napoleón hace volver la religión, hace convenios con la Iglesia católica, restablece el Episcopado y hace un Concordato con el Papa? Según él, porque la religión es una de esas cosas que es mejor no tratar de suprimirlas por la fuerza y mejor si estas cosas se van solas. Él personalmente no se lo cree ni por asomo y cuando lo critican por el Concordato, él lo explica: «No critiquéis. El Concordato es la vacuna para la religión«. Entendedlo, la vacuna es otro de los grandes descubrimientos científicos de la época y para su generación, inocular un poco del veneno cura la enfermedad. Así que: “dejemos que haya un poco de religión la gente se hartará. En cincuenta años, habrá desaparecido de Francia.” Napoleón es un hijo del siglo XVIII, completamente indiferente, no es tampoco un ateo en el estricto sentido ya que está de moda en el siglo XVIII creer vagamente en un Dios creador que, sin embargo, nada tiene que ver con las Iglesia, con el clero, con los ritos, lo que explica por qué Napoleón una vez dijo: «Si fuera a gobernar Egipto, no tendría ningún problema en hacerme mahometano. No creo en las religiones… pero la idea de Dios … ¿Quién creó todo?» Luego, claro, la religión es cómoda: mantiene la paz social, otra cita de Napoleón: “La religión es lo que impide que los pobres maten a los ricos” y luego es algo que la gente quiere y por eso se la damos. A su regreso de Egipto, Napoleón le dijo al Consejo de Estado: “Mi política es gobernar a los hombres como la mayoría quiere ser gobernada: haciéndome católico, gané la guerra en La Vendée (es decir, la insurrección contra los revolucionarios de los departamentos férreamente católicos del oeste de Francia), haciéndome musulmán me establecí en Egipto; si yo gobernara al pueblo judío reconstruiría el templo de Salomón«. Haciéndome musulmán, pues sí, también tenemos la correspondencia de Napoleón durante la campaña de Egipto con las autoridades locales, con las autoridades religiosas locales. Carta de Napoleón al jeque El-Messiri: «Espero que no pase mucho tiempo en el que pueda unir a todos los hombres sabios y educados del país y establecer un régimen basado en los principios del Corán, que son los verdaderos y los únicos que pueden traer la felicidad de los hombres.» Él era un buen político, eh, podía decir cualquier cosa que se quisiera oír, pero esto del Corán, no creo que sea solo una broma, aparte que uno de los generales de Napoleón se convirtió al Islam en Egipto, el general Menou, lo conozco porque después fue gobernador de Piamonte, seguía siendo musulmán… pero incluso en Santa Elena lo seguirá escribiendo Napoleón en una carta: «Las religiones se basan todas sobre los milagros, sobre cosas que no podemos entender como la Trinidad, Jesús dice que es hijo de Dios pero desciende de David. Yo prefiero la religión de Mahoma, es menos ridícula que la nuestra”. Después de eso, una vez reunidas todas estas cosas hermosas, se comprende por qué los párrocos y los obispos se convierten en uno de los pilares del régimen y predican regularmente para explicar al pueblo lo feliz que es bajo este gobierno sabio, ilustrado y cristiano. Napoleón, de hecho, se disculpa un poco, piensa un poco que está bien, en algunas cosas el compromiso es fuerte, porque la laicidad de la escuela, por ejemplo, salta. La escuela primaria está nuevamente en parte en manos de los párrocos, también los párrocos se han puesto de acuerdo para explicar que el emperador es un gran hombre y por tanto está bien que también se enseñen los preceptos de la religión católica, que sirven, precisamente, para evitar que los pobres se desquiten con los ricos.

Entonces, estamos en un buen punto, aunque no sea el final, estamos en un buen punto, pero entended que se vuelve difícil decir lo que realmente fue. Claro que era verdaderamente un desaprensivo extremo, un cínico extremo, pero encarnaba cosas distintas ante los ojos de distintos sectores de la opinión pública. Es precisamente ese Napoleón quien en las últimas cosas que he dicho tiene claro, cómo decir, la restauración, la vuelta atrás con respecto a la Revolución en muchas cosas, el despotismo, pero para sus enemigos sigue encarnando la Revolución y esta es otra bella contradicción. Otoño de 1805, y es la primera gran guerra de Napoleón como emperador, cuando Napoleón invade el imperio de los Habsburgo y cruza Austria con la Grande Armée rumbo a Austerlitz. Una noble alemana escribe en una carta: «Han llegado los tiempos del Apocalipsis: Robespierre a caballo cruza Austria» este hecho del caballo es muy llamativo mientras que para Hegel era el espíritu del mundo a caballo para esta dama que es un poco menos, aquí, es Robespierre y siempre Robespierre, no importa que el reloj retroceda en Francia, para las clases dominantes, para la nobleza de toda Europa, ese hombre allá es Robespierre, es la Revolución… y lo es para su ejército, otra vez allí, el ejército es algo especial. El ejército seguirá siendo revolucionario y va a la batalla contra los austriacos, los prusianos, los rusos, cantando canciones jacobinas, gritando que hay que vencer para imponer la libertad, para romper las cadenas, para liberar el Universo y creen en él… Y también los enemigos de Napoleón lo creen un poco en este punto, por lo que se combatirá ferozmente al hombre, otro de los grandes malentendidos de su tiempo. Los demás soberanos no confían, podrían haber confiado muy bien, Napoleón habría construido un imperio conservador, estable, pero no lo hacen. No lo creen, no lo pueden creer: detrás de la máscara del emperador siempre se ve un guiño a Robespierre y es un hecho que fuera de Francia, las bayonetas de los franceses exportan la Revolución. Hoy exportamos la democracia. Exportan la Revolución, la libertad y legalidad, y la fraternidad… y la civilización.

La civilización es una palabra francesa, por supuesto, la civilización es una invención de la lengua francesa reciente en ese momento y la ideología de Napoleón también implica esto: que, entre las naciones de Europa hay una nación mas grande que las otras, hay una nación que es la nación que invento la civilización, es la nación que hizo la revolución primero, porque es más valiente y generosa que las otras, y la «grande nation«, y ahora la «grande nation» en su generosidad trae a todos los demás pueblos de Europa los beneficios de la revolución. Esto ya lo decía Napoleón sobre en la campaña de Italia, cuando sólo era el general Bonaparte, pero el periódico de la Grande Armée ya proclamaba a los italianos: “Todos los pasos de la grande nation están marcados por los beneficios. Feliz el ciudadano que forma parte de ella y felices también los extranjeros que viendo a los nuestros pueden decir: son mis amigos, mis hermanos” Hermanos menores, por supuesto, porque los otros pueblos deben estar agradecidos a la «grande nation» por todos los dones que ha otorgado. Y entonces Napoleón creará un sistema en el que pone reyes y virreyes en el trono un poco por toda Alemania e Italia, pero cuando algunos de ellos creen que pueden gobernar solos, inmediatamente les hace entender que no es el caso y algunos de ellos objetan que ciertas peticiones de Napoleón son contrarias a los intereses de su pueblo. Luis se convierte en rey de Holanda, José se convierte en rey de Nápoles luego de España, Eugenio de Beauharnais, el hijastro es gobernador de Italia, luego virrey de Italia. Cada uno trata de defender ciertos intereses de sus pueblos que pueden estar en conflicto con la «grande nation», pero Napoleón inmediatamente los llama al orden. A Eugenio, virrey de Italia: “Italia es independiente sólo gracias a Francia. Esta independencia es el precio de su sangre, de sus victorias e Italia no debe abusar de ellas«. Napoleón está convencido, ese es uno de sus errores, de que todo el mundo quiere lo mismo, que todo el mundo quiere apuntar a la igualdad jurídica, el fin de los privilegios nobiliarios, la reducción de las órdenes religiosas, la modernidad, en fin, está convencido de que todo el mundo lo quiere, los españoles, los rusos, los alemanes, parece una obviedad y, como decirlo, es esa simplificación que hace un Ilustrado y lo sigue siendo desde este punto de vista, un Ilustrado. Nunca entenderá que los campesinos rusos o españoles pueden también y sobre todo querer cosas distintas y sobre todo nunca entenderá que incluso los pueblos más parecidos al francés, como los alemanes o los italianos, que están contentos en gran medida, sobre todo los jóvenes, de que hayan llegado los franceses, de que el Antiguo Régimen haya cambiado de aires, que todo haya cambiado, que el mundo está cambiando y que hay nuevos valores, nuevas cosas, nuevas aventuras y nuevos derechos, pero Napoleón nunca entenderá que si estos nuevos derechos implican el hecho de que soldados extranjeros marquen el paso en sus calles, que los soldados extranjeros arresten a la gente, que los funcionarios extranjeros den órdenes y recauden impuestos esto, en Europa, los pueblos de Europa, en su momento, está claro, no lo aceptarán.

El sistema napoleónico de familiares gobernantes, el nepotismo en contra del principio
de meritocracia que se propugnaba en otros ámbitos de la sociedad. (d)

Es algo que da que pensar: Napoleón tenía un sueño europeo, un sueño… le parecía que ser emperador de los franceses no era precisamente suficiente y queriendo ser algo más razonaba en clave europea y lo dice. Fouché nos cuenta que, partiendo para la campaña rusa, Napoleón le dice: “Ahora acabaré con Rusia y entonces finalmente seré libre para cumplir mi destino de completar lo que apenas he esbozado. Necesitamos un código europeo, un tribunal de casación europeo, la misma moneda, los mismos pesos y medidas, las mismas leyes, necesitamos hacer de todos los pueblos de Europa un solo pueblo y de París la capital del mundo”. Y esto, de vez en cuando, también vuelve, en Santa Elena cuando se escribe el Memorial de Santa Elena: «Si yo hubiera seguido estando, Europa habría sido esencialmente un pueblo y cada uno que viajara a cualquier país siempre habría estado dentro de la patria común”. Aquí y hoy nos encontramos redescubriendo con mucha dificultad lo que debería ser obvio y es precisamente que una patria común en la que haya una “grande nation” que cuente más que las demás y que actúe como un hermano mayor está destinada a fallar. Cómo fracasó el proyecto de Napoleón, que se ve con odio en España, Alemania, Rusia, menos en Italia, a pesar de los venecianos de los que hablaba al principio y a pesar de todas las secuelas y sentimientos de resentimiento, la represión, las revueltas campesinas, los fusilamientos, los saqueos de obras de arte y en ese momento también la gran decepción por el hecho de que no hay una sola Italia, permanecen el reino de Italia y el reino de Nápoles y luego ciertos pedazos de Italia que Napoleón los anexiona a Francia. En resumen, sin duda hay mucha decepción en la opinión pública italiana.

Sin embargo, la mayoría de los intelectuales y los jóvenes, a pesar de todo, tragandose sus desengaños, siguen del lado de Napoleón. Ugo Foscolo lo cuenta en Las últimas letras de Jacopo Ortis que se suicida por desilusión después de que Napoleón traicionó Venecia y la cedió a Austria, sin embargo, unos años más tarde, Foscolo se enroló como oficial en la división italiana que se dirige a Francia para participar en la invasión de Inglaterra. Por lo tanto, Napoleón se preparó para la invasión de Inglaterra, que no logró y Foscolo estaba allí, después de todo, y tal vez, a pesar de las numerosas decepciones, hoy recordamos más, que durante unos años hubo un reino de Italia. Ciertamente no era toda la península. Había un reino de Italia con un rey de Italia, que también era emperador, tal como sucedió en la época de Carlomagno, que era rey de los francos pero también de los longobardos y este rey de Italia que reinaba con la moneda del Marengo de oro, con su retrato en la parte superior con la inscripción «Napoleón emperador y rey«, en italiano, y en borde de las monedas escrito «Dios salve a Italia«. Toda la propaganda, sí, tal vez sí, pero la opinión pública italiana, en realidad, se queda en gran parte con Napoleón: en italiano Waterloo significa una derrota y no creo que haya una calle de Waterloo en ninguna ciudad italiana.

En otros lugares, sin embargo, Napoleón es el enemigo de la civilización. El enemigo de la libertad y el enemigo de Europa. El príncipe Metternich, uno de sus archienemigos, cuando se encuentre negociando con él, con Napoleón en 1813, dirá: “En ese momento decisivo me consideré como el representante de toda la sociedad europea”. Es decir, hay una clase dominante en Inglaterra, Austria, Prusia, que está convencida, en Rusia, que está convencida de que Napoleón ya no es nadie, ya no representa nada, está fuera de la ley, en Europa está toda de la otra parte. Este forajido está derrotado. Es derrotado en Rusia en 1812, en Leipzig en 1813, en 1814 por Francia invadida, los aliados entran en París y Napoleón abdica. Lo envían a ser el emperador de la isla de Elba. Como sabéis, se queda allí unos meses, luego logra escapar, regresa a Francia. Es tan inesperado y tan impactante que al principio ni siquiera quiere nadie creerlo. Aquí estará el congreso de Viena en curso porque obviamente dicen que saben que va a volver, estará en Waterloo… para ellos se acaba en el 1814 y por eso han reunido el congreso de Viena para rediseñar el mapa de Europa. Cuando llega la noticia al Congreso de Viena, se comunica la noticia de que Napoleón se ha escapado de la isla de Elba, todos se ríen. Creen que es una broma.

«El regreso de Napoleón de la isla de Elba», en «Memorias militares de la República,
el Consulado y el Imperio» (1833), obra de Hippolyte Bellangé (e)

Y en cambio Napoleón está en Francia y en un momento llega a París y está en el trono. Al enterarse de la noticia de la huida de Napoleón de la isla de Elba, un destacado intelectual liberal, Benjamin Constant, escribe un artículo en el que denuncia como un bandido a Napoleón, que había escapado de Elba. Un mes después, Benjamin Constant tiene la intención de redactar el texto de la nueva constitución que Napoleón pretende someter a plebiscito. Era una constitución maravillosa: mucho más liberal que el sistema anterior. Por decir, en los municipios de hasta 5.000 habitantes existirá el derecho a elegir alcalde, en lugar de tener un alcalde designado por el gobierno. Es una nueva Constitución que divide. Algunos se lo creen. El emperador finalmente ha entendido y esperamos que el verdadero giro liberal, dure. Algunos no se lo creen en absoluto, quizás sobre todo el más cínico, Fouché, que sirvió a Napoleón en todos los asuntos más sucios, cuando Napoleón vuelve en los 100 días, Fouché no se lo cree: “El loco de siempre, déspota y ambicioso de conquistas, como siempre«. Y en todo caso en esos 100 días, Napoleón tiene tiempo de tener redactada la nueva Constitución, de someterla a plebiscito, es de los que no le va tan bien: alrededor del 20 por ciento de los votantes, pocos, pero siempre algo. Abrumadora cantidad de síes, por supuesto.

Hay una anécdota que define bien el clima de esas horas bajas. Napoleón pasa revista a un regimiento: el 1er regimiento de infantería ligera. Al frente del regimiento se encuentra un joven de 29 años, segundo al mando, el coronel de Cubières, barón del imperio pero nacido marqués Despans-Cubières, por tanto noble del antiguo régimen, pero que hizo toda su carrera bajo Napoleón. Cubières manda el regimiento, Napoleón pasa revista, ya que conoce a todos, inmediatamente se da cuenta de que es el segundo comandante que manda el regimiento. ¿Dónde está el coronel que manda el regimiento? Y de Cubières responde: «Sire, el coronel de Beurnonville, pero está enfermo«. Napoleón comenta de nuevo: «Beurnonville no es uno de nosotros. Sea usted, coronel de Cubières, quien de ahora en adelante mandará el 1º ligero.” Fijaos la modernidad, no es también por la modernidad, ya que esta expresión viene del siglo XX: “No es de los nuestros”. El Napoleón de los 100 días es más que nunca ideológico, o estás con él o estás contra él, pero, sin embargo, no es, no es una dictadura sangrienta, de hecho, hay lugar para muchas cosas. Porque el recién nombrado comandante del regimiento, coronel de Cubières conduce a la tropa al patio de armas para votar por aclamación el plebiscito sobre la Constitución. Frente al regimiento desplegado que debe votar, el coronel de Cubières hace saber que votará en contra porque la Constitución no es lo suficientemente liberal, todavía hay demasiado poder para el emperador dentro de este texto. En consecuencia, él, el coronel de Cubières, a quien Napoleón acaba de nombrar jefe del regimiento, invita a los soldados a votar en contra. El 1er regimiento de infantería ligera es el único regimiento de todo el ejército que votó casi por unanimidad en contra de la nueva Constitución. Digo casi porque hay una excepción en los registros: un capitán que vota a favor argumentando: “Yo quiero al coronel con todo mi corazón, pero en materia de Constituciones no sabe tanto como el emperador. Ya ha hecho tantas…” Este es el único regimiento que vota no en el plebiscito. Los registros de votación de este regimiento se perdieron y, por lo tanto, no se pueden registrar en el total. El coronel de Cubières recibe una carta de amonestación, pero no es destituido, permanece al frente de su regimiento y será herido en Waterloo mientras conduce al 1º ligero al asalto del castillo de Hougoumont.

Y con Waterloo me gustaría acabar. El 18 de junio de 1815 termina la leyenda de Napoleón en Waterloo. Me encontré con testimonios y oficiales que lucharon en esa batalla y que dicen que fue una batalla decisiva por la libertad. Hay oficiales franceses que dicen esto: «En Waterloo, luchamos y perdimos la batalla por la libertad de Europa» y hay oficiales británicos que dicen esto: «En Waterloo, luchamos y ganamos la batalla por la libertad de Europa». Como pueden ver, se puede entender de muchas maneras, pero lo más notable sobre lo que quiero acabar es que varios oficiales británicos en la batalla de Waterloo tenían esencialmente una cosa en mente: «Quién sabe si podré ver a Napoleón«. Sir Hussey Vivian, que comandaba una brigada de húsares y que por tanto siendo brigadier tenía un catalejo, estaba bastante seguro de haberlo visto y luego lo recogerá en una carta: «Realmente creo que lo vi antes de que comenzara el ataque, cabalgaba con un numeroso séquito de oficiales en medio de las columnas que se alineaban frente a nosotros, recibidos con gritos de ¡Vive l’Empereur! y mirando por el catalejo me pareció distinguir al pequeño héroe. En verdad, estoy casi seguro.”

Imagen de la película «Waterloo» (1970), del director ruso S. Bondarchuk, en el que se
distingue a Napoleón a caballo desde las líneas británicas y aliadas. (f)

El pequeño héroe, Napoleón, era de estatura normal, de hecho, para la época incluso un poco más alto que la media, pero las estampas satíricas inglesas lo dibujaban como un enano y obviamente un general inglés como él lo había visto. Otro oficial británico, el capitán Mercer, lo escribe en su diario: “No conseguí verlo, lo había esperado hasta el final. Anhelaba ver a Napoleón, ese poderoso hombre de guerra, ese asombroso genio que había llenado el mundo con su fama.El pequeño héroe, ese genio asombroso. Y estos son sus enemigos, son los que lo querían destruir, pero lo han destruido, convencidos de que Napoleón quería decir esclavitud. Ved como es de difícil dar una visión, cómo decirlo, que no sea contradictoria de Napoleón y entended por qué ciertamente no podría hacerlo esta noche. Gracias. [Aplausos]


Fuentes:

1 – Lezioni di Storia – Napoleone tra libertà e tirannide – Alessandro Barbero – YouTube – Fiesole, 22 Giugno 2019 Lezioni di Storia Laterza al Teatro Romano, Estate Fiesolana

Imágenes:

a – By Jean-Baptiste Debret – Joconde database: entry 000PE004980, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=304369

b – By Jacques-Louis David – art database, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=546742

c – Das Treffen von Napoleon und dem Papst in Fontainebleau… (#617064) (meisterdrucke.com)

d – https://i.pinimg.com/originals/f8/0c/3b/f80c3b0244a55d7bd6635f5b51f586a3.jpg / emersonkent.com

e -https://www.artgallery.nsw.gov.au/media/thumbnails/collection_images/2/296.1990.10%23%23S.jpg.

1400x861_q85.jpg

f – https://www.youtube.com/watch?v=0F5zEHVl3tE&ab_channel=marlbrouk

g – https://www.lungarnofirenze.it/wp-content/uploads/2019/05/Estate-Fiesolana-759×500.jpg (cover)

Napoleón entre libertad y tiranía, por Alessandro Barbero (I)

Tiempo de lectura: 36 minutos

El historiador y escritor italiano Alessandro Barbero (Turín, 1959), ha sido objeto de algunas entradas en nuestro blog en el pasado, y lo recuperamos esta semana gracias a la conferencia Napoleone tra libertà e tiranide, que impartió una noche del 22 de junio de 2018, en el Teatro Romano de Fiesole, en el marco de las jornadas del festival Estate Fiesolana. Su obra «La battaglia. Storia di Waterloo» publicada en el 2003, está considerada por muchos (me incluyo) uno de los mejores libros escritos sobre aquella mítica jornada, y a su talento como historiador aúna un lenguaje pedagógico y ameno que le ha situado entre los historiadores más reputados y difundidos de su país. En esta conferencia que dividimos en dos partes, Barbero nos hablará del Napoleón político, de su figura política y nos aportará algunos de los argumentos por los cuales podremos considerarlo (o no) un liberal o un tirano.

NAPOLEÓN ENTRE LIBERTAD Y TIRANÍA

(Presentador): «Buenas noches. Quería agradecerles de nuevo el estar aquí, gracias a la Estate Fiesolana que nos ha invitado y acogido nuestras lecciones de historia. Como sabrán, el martes 9 de julio estará Emilio Gentile que hablará sobre el carisma a partir de Mussolini; pero no solo nuestras lecciones de historia que están recorriendo Italia y estamos muy felices de que estén aquí en este hermoso lugar. El historiador que han venido a escuchar y que muchos de ustedes conocen, con muchas habilidades, incluida la versatilidad, es un medievalista que ha hablado mucho de las guerras, un historiador militar pero que también ha tratado muchos otros temas: ha tratado a Carlomagno, los bárbaros, se ha ocupado de lo que decían los Papas, su último libro trata sobre Caporetto, por lo que se adelantó en cuanto a su competencia disciplinaria en sentido estricto, porque precisamente tiene una gran curiosidad y esta curiosidad también se traduce en una calidad de escritura que la ha convertido en uno de los más vendidos entre los historiadores italianos, pero también ha sido traducido a muchos idiomas y, digamos, su versatilidad, demostrada en la televisión en la que ha estado presente durante muchos años. Creo que todos estamos muy felices de escuchar hablar sobre Napoleón pero también más a Alessandro Barbero.» [Aplausos]

«Gracias buenas tardes. Ante todo disculparme profundamente, es culpa mía, porque teniendo otros compromisos estaba en un lugar con un tren que llegaba de Florencia a una hora y pensaba que era suficiente para estar aquí, pero se ha comprobado que no es así. Sí, por lo tanto, Napoleón también es otra cosa en realidad. Hoy hablaré esencialmente de Napoleón, pero hablaré solo de un aspecto de Napoleón, no de la cosa más obvia, que es el arte militar de Napoleón, Napoleón general, Napoleón un hombre de guerra; básicamente hablaré de Napoleón como un símbolo político, del Napoleón político, del Napoleón odiado y amado, celebrado como héroe y odiado como criminal, desde su tiempo y desde su tiempo hasta hoy. Partiría de una fecha precisa: el 13 de octubre de 1806. Napoleón está en Jena, en Turingia, Napoleón está en guerra contra Prusia, esta guerra que acaba de empezar. El 13 de octubre de 1806 Napoleón está en Jena, que es una ciudad de provincia alemana, una antigua ciudad universitaria, una plácida ciudad de provincia, pero en ese momento una ciudad en caos y pánico porque las tropas prusianas en retirada frente al avance enemigo acaban de evacuar Jena. Las primeras columnas de la Grande Armée están entrando, con Napoleón al frente, en la ciudad que está ardiendo. Napoleón ese día atraviesa la ciudad de Jena y se dirige al campamento con sus soldados y un poco más allá se encuentra el campo de batalla donde al día siguiente aniquilará al ejército prusiano en la que conocemos como la batalla de Jena. Ese 13 de octubre, la multitud está toda fuera de las casas y ve pasar las columnas francesas y al emperador en medio. Entre toda esa gente asombrada e incluso un poco asustada hay un tipo del que Napoleón nunca ha oído hablar, pero nosotros sí. Su nombre era Georg Wilhelm Friedrich Hegel y tenía 36 años, que es uno menos que Napoleón. En ese momento acababa de terminar de escribir La Fenomenología del Espíritu. Hegel, pues, allí en la calle, mira el paso de los franceses, ve pasar a Napoleón y luego escribe una carta a un amigo, a la que siempre se cita aunque sea de forma un poco imprecisa. Le dice: “Hoy vi el espíritu del mundo a caballo”. En realidad, la cita precisa sería así: «He visto al emperador -esta alma del mundo- saliendo de la ciudad en tareas de reconocimiento. Qué -siempre Hegel- maravillosa sensación ver a este hombre, que, concentrado en este punto concreto y a caballo, se extiende por el mundo y lo domina

El encuentro de Napoleón y Hegel según el Harper’s Magazine de 1895, por Kurtz (a)

Aquí está Hegel, por supuesto, como nos han enseñado en la escuela secundaria, podemos arriesgarnos a verlo como un ideólogo del estado totalitario, como si dijéramos el predecesor de muchas dictaduras o al menos el ideólogo de la monarquía prusiana. Hegel fue también el hombre que, aún siendo anciano, cada 14 de julio brindaba en honor a la toma de la Bastilla y ese día lo que ve pasar a caballo por las calles de Jena es la Revolución, por supuesto, y la Revolución Francesa. Pero también es conocer la historia, como decirlo, que Hegel tiene este deseo de poder ver la realidad de manera unitaria, de manera absoluta, y poder captar un fin unitario de la historia y cree que lo ve en ese hombre a caballo. El mismo hombre que unos años más tarde los compatriotas de Hegel odiarán con un tirano y expulsarán a la fuerza de Alemania.

Desde que apareció en el escenario de la historia hasta hoy, Napoleón nunca ha dejado de despertar pasiones; digo hasta hoy con razón, bueno, 2 de noviembre de 2018; y en noviembre de 2018 casualmente hablaba sobre Napoleón en Padua y unos días antes recibí el siguiente correo electrónico firmado por un grupo de ciudadanos paduanos: «Este día nos enteramos por los periódicos que tratará el tema del tema de Napoleón siempre presentado en la escuela como un héroe y con muy pocos de los males hechos. Por ejemplo, sabrá lo que nos hizo a los venecianos, hijos de la serenísima, nos invadió a traición como a otros. Tenía el poder mundial, siendo masacrados, deportados, segundos solo frente a los judíos. Desaparecieron inmensas obras de arte, únicas en el mundo, y otras tantas destruidas, la única que se salvó de Roma fue el retablo de San Marcos, solo porque siendo ignorante, se fue del lugar creyendo que no era de valor.«

Entonces Napoleón, precisamente Napoleón es odiado y amado, y odiado y amado en realidad, de manera transversal y por razones contradictorias, porque Napoleón, Napoleón, para muchos encarnó la Revolución Francesa y esto quiere decir que, para muchos, encarnó la libertad, la igualdad, el laicismo, la república y muchos lo amaron por esto y muchos lo odiaron por esto, como símbolo del espíritu de la Revolución. Pero Napoleón, para muchos otros, fue el hombre que ahogó la revolución, que la traicionó y muchos lo odiaron por haber puesto fin a la Revolución. Algunos en su época lo apreciaban, por eso, como el hombre de orden, del orden que retorna, pero miremos su biografía para ayudarnos a entender si tenían razón los unos o los otros. Su biografía es la de un hombre que ha pasado por momentos difíciles y que ha tenido una evolución asombrosa a lo largo de su existencia, ni siquiera es por lo que ha vivido, porque fue exiliado y murió, pero lo hizo a tiempo de ser revolucionario y revolucionario en serio. Jacobino del partido de Robespierre y en Termidor, cuando en el 1794 Robespierre fue derribado y asesinado y muchos terminan en la cárcel y la guillotina, Buonaparte, todavía no es llamado para el pueblo Napoleón, todavía es un oficialillo, Buonaparte también acaba en la cárcel como otros jacobinos y corre el riesgo de ser guillotinado también, por ser un extremista, un revolucionario, pero eso no le impedirá diez años después coronarse emperador. Aquí está el hombre que en el 94 tras la caída de Robespierre acaba en la cárcel por peligroso extremista y diez años más tarde se convierte en emperador y se corona en Notre-Dame esto encarna, evidentemente, un camino bastante contradictorio.

Le importaban poco las contradicciones porque era un pragmático, no era un fanático, nunca lo fue, no era un ideólogo de hecho, en el vocabulario de Napoleón, ideólogo es una mala palabra. En el mismo 1806 en Alemania, hablando con un político alemán, le dijo: “Ustedes son otros ideólogos, actúan según sistemas predeterminados; yo soy un hombre práctico: me enfrento a los acontecimientos y los empujo hasta donde pueden llegar«. Probablemente esto se deba también al hecho de que es un hombre de guerra y que al hacer la guerra ha aprendido precisamente esto, que la guerra no se hace con sistemas. Cita: “¡Ay de ese general que está en el campo de batalla armado con un sistema!”. Y además la planificación no se debe exagerar, estar listo para todo, sí, tener todos los elementos, sí, pero hacer planes rígidos no es bueno. Napoleón llegará incluso a decir: «No se puede planear una campaña ni incluso una batalla«. La gente habla de planes de batalla; cuando alguien le pregunta a Napoleón cómo concibe, cómo concebir un plan de batalla, él responde: «Se comienza y luego ya se ve» («Ça commence et puis on vois»).

Entrada del ejército francés en Roma en 1798, por H. Lecomte (b)

Ahora este hombre pragmático atrapa los acontecimientos y comienza a empujarlos en la dirección que él quiere. Cuando, después de la campaña de Italia, cargado de gloria, conocido, famoso en toda Francia, se da cuenta de que los franceses empiezan a estar cansados de la Revolución: no de toda, pero sí del desorden, de las continuas revueltas, de las reyertas de los políticos, de la guillotina. Napoleón piensa en esto y se da cuenta de que la solución que los franceses realmente quieren es el hombre fuerte con un ejército detrás de él y con la gloria de las victorias. Estas cosas Napoleón las medita durante dos o tres años, en la campaña de Italia del 1796 y 1797, luego está Egipto y luego hasta fines del 99 se dará el golpe de Estado que lo llevará al poder. En esos dos o tres años, Napoleón habla, reflexiona a menudo sobre cómo Francia necesita un cambio: «Francia necesita un líder que se haya hecho famoso por la gloria y no por teorías de gobierno, frases, discursos de ideólogos de los que los franceses no entienden nada.» Por unos años madura, pero pocos años y finalmente, el 18 de Brumario de 1799, los hermanos Bonaparte dan el golpe de Estado. Digo los hermanos Bonaparte porque Napoleón no está solo en esa ocasión, junto a él está Luciano, que es el más dotado de sus hermanos, y no es casualidad que sea él quien luego será marginado porque corre el riesgo de eclipsarlo, pero en 1799 van aún hacia adelante: Napoleón, el jovencísimo y famosísimo general y Luciano, el hábil político, presidente del parlamento diríamos del Consejo de los Quinientos. Y juntos, Luciano y Napoleón organizan esa jornada en la que los granaderos entran con las bayonetas caladas en la sala del Consejo de los Quinientos y los dispersan y Napoleón se convierte en Primer Cónsul.

Casi toda la opinión pública está contenta en Francia. No es que quiera renunciar a las conquistas de la Revolución, quiere renunciar a los inconvenientes de la Revolución y la propaganda de Napoleón insiste en que esto es exactamente lo que obtendrán del Primer cónsul. Otra cita de un discurso de un hombre de Napoleón: «Tendremos la república, la libertad y la igualdad, la seguridad y libertad de las personas y de la propiedad, la libertad de imprenta, de comercio y de industria, la reducción de gastos y la reducción de impuestos.» Por si a alguien le sorprende que hace 220 años los políticos prometieran una reducción de impuestos. Pero basta de Revolución, basta de Revolución en la medida en que esa Revolución significa la anarquía y la guillotina, incluso aquí ya durante la campaña italiana, dirigiéndose entonces al congreso Cispadano, a los políticos italianos del momento, los revolucionarios italianos, Napoleón dice: «No, Italia tendrá la libertad, pero sin la revolución y sus crímenes”. Ya en enero del 1797 el comandante de la Armée d’Italie puede decir públicamente: la revolución y sus crímenes. ¿Significa que la Revolución, en última instancia, se equivocó? ¡No! Como Napoleón dijo que sí, pero Napoleón no es de los profundos y no es de los sistemáticos. Precisamente es de los que hablan mucho, los políticos que hablan mucho pasan a decir lo primero que se le pasa por la cabeza. Una vez se encontraba Napoleón paseando por Ermenonville, donde está enterrado en Rousseau y Rousseau es considerado uno de los inspiradores de la Revolución y a Napoleón se le escapa decir frente a la tumba de Rousseau: «Pero, hubiera sido mejor para la tranquilidad de Francia que él nunca hubiera existido: fue el que preparó la Revolución francesa«. Quién está con él, musita, «Pero lo siento, eh, la Revolución Francesa no es algo malo» y Napoleón, Primer Cónsul en ese momento dice: «Pero no sé, tal vez, -en el futuro lo dirá- tal vez para la tranquilidad del mundo hubiera sido mejor si Rousseau nunca hubiera existido y yo tampoco«.

Apunto, es una teoría, así y así, es un destello de conciencia, es lo primero que se le pasa por la cabeza, pero el punto es que siempre existe esta gran ambigüedad, ya no sabemos lo que hubo de bueno y lo que hubo de malo de la Revolución y si prevaleció el bien o si prevaleció el mal y Napoleón es el hombre que debe liderar esta transición. Quiere ser el hombre que encarna la unidad de Francia. Si la Revolución tuvo algo malo es el el hecho de que dividió Francia, la dividió en partidos, con los partidos en el poder quienes guillotinaban a los opositores. Esto ya no es bueno: todas las divisiones deben desaparecer y quién puede encarnar toda Francia es el mismo Napoleón, Bonaparte al principio otra vez, y el mismo Bonaparte porque está cargado de gloria y esta gloria es de todos. Cuando Napoleón, Bonaparte de hecho, cuando Bonaparte vuelva a Italia en el 1797, por lo que estamos antes del golpe de Estado de Brumario, aún gobierna el Directorio, que podría haber decidido de la noche a la mañana hacer cercenar a este joven general si se pone un poco incómodo. Pues ya en ese momento lo dice Talleyrand, uno de los hombres mas astutos de su tiempo: «Todos los franceses han ganado con Bonaparte porque su gloria es propiedad de todos, no hay republicano que no pueda reclamar una parte de ella«.

«Le général Bonaparte au Conseil des Cinq-Cents», por Bouchot (c)

Pero, ¿Cuál es el punto? Los franceses aceptan el golpe de Estado de los hermanos Bonaparte, aceptan a Bonaparte primero cónsul, luego cónsul vitalicio, luego emperador, porque ven en él la garantía de que, el hecho de que lo peor de la revolución ya pasó; sabemos las conquistas pero la anarquía se acabó, las guerras se acabaron, él nos dará la paz. Pero el hombre que debe darles la paz es un general y sus títulos para estar al frente de Francia consisten exclusivamente en la gloria ganada en los campos de batalla. Y él ha sido protagonista, cuidado, pero no de una guerra defensiva, sino de la guerra revolucionaria, de la guerra de Robespierre, de la guerra total para exportar la revolución con las bayonetas, esto ha sido Bonaparte y ahora toma el poder en Francia para enfrentarse a esa opinión pública que lo que más quiere es que terminen las guerras. Lo promete, pero es un militar y su poder se basa en las bayonetas, eso lo dice entonces Napoleón sin ocultarlo y lo seguirá diciendo siempre, lo dice en Italia en el 1797 cuando crea la República Cisalpina, es el soldado que funda las repúblicas y es el soldado que las guarda.

Otras grandes frases de Napoleón, yo hablaré mucho con las palabras de Napoleón y de vez en cuando de aquellos que le conocieron que me sigue pareciendo siempre la mejor forma de intentar darle la vuelta a un personaje, a entender algo sobre el mismo. Otra cita de Napoleón: «La revolución es una idea que ha encontrado las bayonetas«. Y Brumario es un golpe de estado militar, claro, hasta los militares quieren acabar con la anarquía, quieren acabar con la guillotina, sobre todo quieren acabar con un régimen en el que los políticos parlanchines matan a los soldados y luego los políticos deciden sobre las carreras y las vidas de los militares a su gusto. Esto lo vuelve a escribir de nuevo desde Italia en el 1797. No se puede decir que Bonaparte escondiera su línea de actuación y no se puede decir realmente que la hubiera escondido. En el 1797 desde Italia escribía a París: “La época en que viles abogados y miserables chismosos hacían guillotinar a los soldados ha pasado. Y si les obligan, los soldados de Italia llegarán hasta París con su general”. En resumen, Brumario es la marcha sobre París, la realización diferida de la marcha sobre París y obviamente estamos familiarizados y tenemos en la mente otra marcha, pero él no sabía nada de la marcha sobre Roma. Recordó a Julio César pasando el Rubicón y en el Memorial de Santa Elena hará esta comparación. En el Memorial de Santa Elena – Napoleón miente descaradamente en el Memorial, cuando relata los hechos, ¡Hay que creerle! – de vez en cuando deja escapar lo que realmente piensa, y cuando evoca el golpe de estado de Brumario, Napoleón en Santa Elena, parte de César que pasó el Rubicón y luego dice que sí, pero en fin, que César era un político del más alto nivel, pero que: «un simple ciudadano, él, cuyo nombre tres meses antes era desconocido para todos y quien no tuvo de su parte si no algunas victorias, su fama y la conciencia de su genio, se atrevió a planear, a manejar él solo los destinos de 30 millones de hombres para salvarlos allí de desastres externos…» etc., etc., etc., «… sin derramar una gota de sangre…» y Napoleón que está relatando su golpe de estado «…es sin discusión una empresa gigantesca y sublime a la que en vano se buscaría una comparación en las crónicas humanas”. En fin, es el prototipo de todos los golpistas con la idea de dar un golpe a los políticos parlanchines y con la gente que está con él.

Madame de Staël, por Gérard (d)

Aquí decíamos que la opinión pública está con él, la opinión pública expresada en los círculos periodísticos, la burguesía, la gente que cuenta al principio es suficiente, pero, en realidad, luego al final lo que es seguro es que hay un pedazo de el país que está con él sin duda alguna y que permanecerá con él hasta el final: el ejército, los soldados; en el resto, las opiniones difieren. Muchos son los opositores de Napoleón, por supuesto, muchos son los que abandonan Francia cuando comienza su dictadura, pero uno de estos es Madame de Staël, que siempre será una feroz enemiga de Napoleón y que, contando cómo, según ella, era la Francia en la que Napoleón toma el poder, dice Madame de Staël: «Incluso entonces no lo amaban, pero lo preferían. Siempre se ha ofrecido en competencia con otro miedo para hacer que su poder sea aceptado como el mal menor«. Y por lo tanto, el Consulado y luego el Imperio prometen a los franceses salvaguardar las conquistas de la Revolución pero sin las exageraciones que siempre están a la vuelta de la esquina, siempre podrían volver, si no hubiera un hombre fuerte que las garantice. Los franceses están realmente asustados, ya han tenido suficiente, así que está bien, así que el terror ha terminado. No ha terminado, pero es realmente repudiado; algunos ejemplos: Napoleón suprime la fiesta del 21 de enero. El 21 de enero es el aniversario de la ejecución de Luis XVI. Ahora, está bien guillotinar al rey, pero luego, celebrar el aniversario, ya no está tan bien. Napoleón pone fin a las persecuciones contra los nobles del Antiguo Régimen, incluso los recupera, los invita a incorporarse al ejército, en la administración, pone fin a la persecución contra la Iglesia, hace el Concordato, aunque lo vea como un desperdicio, pero naturalmente, basta con las persecuciones contra la Iglesia, el regreso a la religión, las procesiones, las misas, pero la igualdad permanece incluso para los no católicos: la igualdad para los protestantes y la igualdad para los judíos. La igualdad de los ciudadanos permanece ante la ley. Esto Napoleón lo ha prometido y lo mantiene, de hecho, sobre todo, el límite de su régimen es que es una tiranía personal en la que puede hacer lo que quiera, pero frente a nosotros todos somos realmente iguales; ha prometido control de las finanzas públicas, transparencia, y en buena medida lo cumple; prometió y muchos franceses lo escuchan, la defensa absoluta de la propiedad privada y se defiende estrictamente la propiedad privada; se introduce el nuevo código y en el nuevo código los principios básicos son la protección de la propiedad y la igualdad ante la ley.

El Código Napoleón (e)

Por supuesto que los abogados hacen el Código, pero sería un error pensar que Napoleón delegó y no se preocupó demasiado por estas cosas. Está hecha la cuenta: la comisión que ha redactado el Código Napoleón se ha reunido 102 veces. Sobre 102 sesiones, Napoleón ha presidido 57. Casi siempre estaba allí. Y del Código de Napoleón, de sus reformas, salen los tribunales con la ley que es igual para todos y con el jurado popular, pero también una pena mas grave, la pena de muerte mas extendida que antes. La defensa de los bienes confiada a la condena a muerte. He hecho un poco de estadística: normalmente bajo Napoleón se guillotinan a más personas que no bajo el Antiguo Régimen. Y luego, ¿Qué más dio Napoleón, qué más le dio a Francia y a Europa? La centralización administrativa, administración, organización, según Balzac: “organiser est un mot de l’Empire«. El ideal de una pirámide con el vértice que transmite órdenes y un sistema perfecto que envía las órdenes hasta el último pueblo. En su momento el gran descubrimiento científico de moda es la electricidad y esto de la electricidad que se transmite en un momento, así sueña Napoleón con su máquina administrativa. Una máquina administrativa que debe permitir que el gobierno sepa todo. La era de Napoleón, la era del Imperio y también la era de las investigaciones continuas. Todo el aparato de gobierno repartido por el territorio desde el subprefecto del último pueblo hasta los gobernadores de los grandes territorios, deben todos compilar informes continuamente, enviar información, sobre todo. Napoleón dando sus instrucciones a los funcionarios ubicados en el territorio es muy claro: enviar detalles, se deben recopilar muchos detalles, conviene recabar información sobre cualquier cosa: cuantas gallinas hay en su departamento y cuáles son las 100 familias más ricas de su ciudad, cuántos graduados hay con usted, cuántos médicos y así sucesivamente y así sucesivamente. Los prefectos corren, se cansan, sí, se pelean por recopilar información y enviarla al centro y entonces en el centro se empiezan a hacer grandes publicaciones, el atlas administrativo del imperio francés.

Entonces, por supuesto, esto también significa conocer la opinión pública. Nuevamente Napoleón: «La opinión pública es el termómetro que debe consultar el monarca constantemente: tiene que estar en sintonía, tiene que saber lo que piensa la gente.» La gente entonces, cuenta, la gente realmente cuenta, la Revolución Francesa creó la República y creó un lema: «Liberté, égalité fraternité…» Ahora, bueno, dejemos en paz a la fraternidad que no creo que haya conmovido tanto a nadie y de la que nunca se habla, pero liberté y égalité siguen siendo las consignas sobre las que luchamos y replicamos, a su manera se realizan excepto que se han convertido en la misma cosa: libertad e igualdad significan lo mismo en el sentido de que todos los franceses son iguales, los unos a los otros ante el Estado y su poder, existe el estado de derecho, los jueces siguen la ley, ante la ley todos son iguales, hay libertad del abuso, hay libertad de discriminación, los judíos, los protestantes. Ahí termina. La libertad política no existe. No hay partidos, discusión libre, sí, hasta cierto punto, la policía escucha y abre las cartas, libertad de prensa ni hablar de ello, no se puede publicar un artículo sin los papeles del ministerio, rechazo de los periódicos inmediatamente, derecho de huelga, no, naturalmente también porque los empresarios y la burguesía son uno de los pilares del régimen. Y por lo tanto, y por lo tanto, el despotismo. Sí. Pero según Napoleón es también lo que quiere el pueblo y lo que el emperador-soberano debe dar a pueblo, porque la soberanía popular es un principio justo. Napoleón lo dice y lo repite: “La soberanía pertenece al pueblo y el primer deber del príncipe es sin duda hacer lo que el pueblo quiere”, Pero el pueblo casi nunca sabe lo que quiere y en consecuencia el príncipe debe interpretar la voluntad del pueblo.

Grabado de la votación para el Consulado de por vida para Bonaparte. (f)

¿Cómo interpretará el príncipe la voluntad del pueblo? El gran invento de la época de la Revolución y del Imperio y que luego siguió siendo la modalidad dominante durante la mayor parte del siglo XIX: el plebiscito. El plebiscito es una cosa maravillosa, lo conocimos en el momento de la unificación de Italia, por ejemplo, en todas las diversas regiones anexadas cada día al reino de Saboya, habían plebiscitos. Por ejemplo, en Saboya o en Niza cuando en cambio fueron cedidas a la Francia de Napoleón III. El plebiscito es la gran modalidad en que el 1800 mantiene unidas dos cosas: la soberanía es del pueblo. El pueblo debe ser involucrado y hacerlo votar, pero como el pueblo nunca sabe realmente lo que realmente quiere, es necesario que luego se controlen las cosas. El plebiscito funciona para que todos voten, naturalmente, porque los varones adultos lo pueden entender, pero todos, analfabetos hasta los analfabetos, pobres, no importa, todos. Todo hombre nacido y residente en Francia que haya cumplido 21 años es un elector y los plebiscitos sí, la participación no es enorme: cuando sale mal están en el 20 por ciento de los votantes cuando todo va bien se acerca al 50 por ciento y a la gente se le pregunta: ¿Usted quiere que Bonaparte sea Primer Cónsul, quiere que sea Cónsul de por vida, quiere que sea Emperador? Y la gente sabe que su opinión importa. Por supuesto, los plebiscitos se pueden hacer de muchas maneras, pero estos son bastante buenos, se escribe todo, están los registros y se transcriben todos los votos y luego se envían los registros a París, al Ministerio del Interior. Y luego el Ministerio del Interior, después de haber hecho desaparecer los registros en sus sótanos, compila el panorama general final del voto agregando, ya que están, los votos del ejército, cientos de miles de hombres, que votan por aclamación… Y luego el Ministerio de Interior publica los resultados: para el plebiscito de 1800 para el Consulado de por vida – el Ministro del Interior es, nuevamente, Luciano, el «Gran Hermano» – 3.600.000 sí, 8000, no. Como dirá un simpatizante que se cree que estaba bromeando: “Es la democracia, purgada de sus propios inconvenientes

Seguirá en la 2ª parte.


Fuentes:

1 – Lezioni di Storia – Napoleone tra libertà e tirannide – Alessandro Barbero – YouTube – Fiesole, 22 Giugno 2019 Lezioni di Storia Laterza al Teatro Romano, Estate Fiesolana

Imágenes:

a – De Kurtz – The German Struggle for Liberty, Harper’s Weekly, v.91, July 1895, p. 209, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1892261

b – By Hippolyte Lecomte – http://www.histoire-image.org/pleincadre/index.php?v=1798&w=1798&d=1&i=547, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17529908

c – De François Bouchot – http://www.histoire-image.org (direct link), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=304325

d – De François Gérard – Duyckinick, Evert A. Portrait Gallery of Eminent Men and Women in Europe and America. New York: Johnson, Wilson & Company, 1873.University of Texas Libraries, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10459

e – https://assets.catawiki.nl/assets/2018/1/5/1/8/c/18ccd53b-0454-4001-8f53-aa817130b873.jpg

f – https://www.alamy.com/napoleon-bonaparte-1769-1821-military-and-political-leader-of-france-and-emperor-of-the-french-as-napoleon-i-vote-to-confer-the-life-consulate-of-napoleon-bonaparte-colored-engraving-image209612165.html

El 2 de mayo, por Maximilien Foy. Recorrido histórico por la ciudad.

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Maximilien Sébastien Foy, uno de los generales franceses más respetados de la última etapa del Imperio, escribió entre 1816 y 1817 una “Historia de la Guerra de la Península bajo Napoleón”, que fue publicada póstumamente en 1828 por su mujer, Élisabeth Augustine Daniels. Foy recopiló abundantes informaciones, correspondencias, órdenes oficiales, buscó el testimonio de sus antiguos compañeros armas, viajó dos veces a Inglaterra, se entrevistó con los españoles fugitivos en Francia, siempre revisando y tratando escrupulosamente la información que iba encontrando.

Estando destinado en Turquía con el general Sébastiani, Foy se unió al cuerpo de ejército de Junot que invadió Portugal; fue encargado de la inspección de las fortalezas del país en diciembre de 1807 y resultaría herido en agosto del año siguiente en la batalla de Vimeiro.

Foy no vivió directamente los hechos de del 2 de mayo de 1808, pero hemos querido recuperar sus palabras como una visión alternativa de un militar francés de la época que estuvo destinado en Portugal y España y por tanto tanto pudo tener una opinión formada del país, sus gentes y sus costumbres en aquellos convulsos años.

Maximilien Sébastien Foy, l’un des généraux français les plus respectés de la dernière étape de l’Empire, écrivit entre 1816 et 1817 une «Histoire de la guerre de la Péninsule sous Napoléon», publiée à titre posthume en 1828 par son épouse, Élisabeth Augustine Daniels. Foy a recueilli d’abondantes informations, correspondances, ordres officiels, recherché le témoignage de ses anciens compagnons d’armes, s’est rendu deux fois en Angleterre, a interrogé les Espagnols fugitifs en France, passant toujours en revue et traitant scrupuleusement les informations qu’il a trouvées.

Alors qu’il était en poste en Turquie avec le général Sébastiani, Foy rejoignit le corps d’armée de Junot qui envahit le Portugal; il est chargé d’inspecter les forts du pays en décembre 1807 et sera blessé en août de l’année suivante à la bataille de Vimeiro.

Foy n’a pas vécu directement les événements du 2 mai 1808, mais nous avons voulu récupérer ses propos comme une vision alternative d’un militaire français de l’époque qui était en poste au Portugal et en Espagne et aurait donc pu se faire une opinion du pays, son peuple et ses coutumes en ces années convulsives.

El Palacio Real de Madrid
Le Palais Royal de Madrid
El Palacio Grimaldi, llamado de Godoy, casi enfrente del Palacio Real, ocupado por Murat como su residencia en Madrid. Le palais Grimaldi, appelé Godoy, presque en face du Palais Royal, occupé par Murat comme sa résidence à Madrid.

LOS SUCESOS DEL 2 DE MAYO DE 1808

El 2 de mayo fue el día fijado para la partida de la Reina de EtruriaI, sus hijos y su hermano, don Francisco de PaulaII. Los dos últimos correos de Bayona habían fallado y la ansiedad había aumentado. Desde la mañana, la plaza frente al palacio se llenó de gente, y en especial de mujeres que contemplaban con tristeza los preparativos del viaje. A las nueve en punto, la Reina partió, llevándose a su hijo e hija con ella. Todavía había dos carruajes que estaban siendo cargados apresuradamente. Alguien dice que uno de ellos era para el Infante Don AntonioIII. Entonces todos se van. En una hora, la capital quedará viuda de toda la familia de sus reyes. Personas adscritas al servicio de la corte informan que don Francisco no quiere irse, y que derrama lágrimas a raudales. Ante esta historia, las mujeres lloran, los hombres se desesperan.

Entonces sale del palacio un oficial francés, Auguste LagrangeIV. Su pelliza blanca y su pantalón gamuzaV identifican a un edecán de Murat. “Aquí está, ha venido a llevarse a nuestro infante”. Estas palabras circulan rápidamente. El oficial francés es rodeado, insultado, empujado. Se defiende por un tiempo. Estaba a punto de morir, cuando pasó una patrulla de la Guardia Imperial, diez granaderos calaron la bayoneta y lo liberaron.

LES ÉVÉNEMENTS DU 2 MAI 1808

Le 2 mai était le jour fixé pour le départ de la reine d’ÉtrurieI, de ses enfants et de son frère, don Francisco de PaulaII. Les deux derniers courriers de Bayonne avaient manqué, et l’inquiétude en était devenue plus grande. Dès le matin, la place devant le palais fut couverte de peuple, et surtout de femmes qui considéraient tristement les apprêts du voyage. A neuf heures, la Reine partit, emmenant son fils et sa fille. Restaient encore deux voitures qu’on chargeait avec précipitation. Quelqu’un dit que l’une d’elles est pour l’infant don AntonioIII. Ainsi ils s’en vont tous. Dans une heure, la capitale sera veuve de la famille entière de ses rois. Des personnes attachées au service de la cour rapportent que don Francisco ne veut pas partir, et qu’il verse des larmes en abondance. A ce récit, les femmes pleurent, les hommes se désespèrent.

Alors sort du palais un officier français, Auguste Lagrange. Sa pelisse blanche et son pantalon cramoisiV font reconnaître un aide-de-camp de Murât. «Le voilà, il est venu pour enlever notre infant.» Ces paroles circulent rapidement. L’officier français est entouré, insulté, pressé. Il se défend quelque temps. Il allait périr, lorsqu’une patrouille de la garde impériale venant à passer, dix grenadiers croisent la baïonnette et le délivrent.

Grabado de Tomás López Enguídanos (1814) sobre los disturbios en el Palacio Real el 2 de mayo. (a) Gravure de Tomás López Enguídanos (1814) du combat autour du Palais Royal le 2 mai. (a)

El Gran Duque se alojaba en el hotel del Príncipe de la Paz, cien toesasVI detrás del palacio. Su batallón de piquete se apresuró con dos piezas de cañón para disolver la muchedumbre. Pero ya se había extendido un movimiento eléctrico de un extremo al otro de la villa. La Plaza Mayor y la calle de Alcalá se llenan en un instante. Sólo se escuchan vociferaciones mezcladas con el redoble del tambor y el sonido de la trompeta llamando a las tropas a sus puestos de armas. Los españoles están persuadidos de que los franceses han jurado su ruina; ningún francés duda de que hay un vasto complot tramado para masacrar al ejército. Los habitantes se apoderan de escopetas de caza, espadas antiguas y, a falta de armas, toman palos. Los soldados sorprendidos solos en las casas y en la calle son asesinados o desarmados.

Los oficiales de estado mayor y los portadores de órdenes de caballería son derribados de sus caballos. Se lanzan piedras y se disparan disparos a través de las ventanas. Algunas mujeres enojadas vierten agua hirviendo desde los balcones. Cincuenta combates singulares se traban a la vez. Los españoles son particularmente inexorables con algunos mamelucos de la Guardia que caen en sus manos, felices de golpear al mismo tiempo a un francés y a un musulmán!2

Le grand-duc était logé dans l’hôtel du prince de la Paix, à cent toisesVI derrière le palais. Son bataillon de piquet accourt avec deux pièces de canon pour dissoudre le rassemblement. Mais déjà un mouvement électrique s’était communiqué d’un bout à l’autre de la ville. La Plaza-Mayor et la rue d’Alcala se remplissent en un instant. On n’entend que vociférations mêlées au roulement du tambour et au son de la trompette qui appellent les troupes à leurs places d’armes. Les Espagnols sont persuadés que les Français ont juré leur ruine ; pas un Français ne doute qu’il n’y ait un vaste complot ourdi pour égorger l’armée. Les habitants se saisissent de fusils de chasse, de vieilles épées, et, au défaut d’armes, ils prennent des bâtons. Les soldats surpris isolément dans les maisons et dans la rue sont assassinés ou désarmés.

Des officiers d’état-major et des cavaliers porteurs d’ordre sont renversés de cheval. On jette des pierres et on tire des coups de fusil par les fenêtres. Quelques femmes furieuses versent de l’eau bouillante de dessus les balcons. Cinquante combats singuliers s’engagent à la fois. Les Espagnols sont particulièrement inexorables envers quelques mameloucks de la garde qui tombent entre leurs mains, heureux de frapper du même coup un Français et un Musulman!2

Nuestro recorrido de las calles del Madrid de 1808, con las descripciones e imágenes de los lugares. El polígono con línea negra delimita los límites aproximados de la ciudad a finales de 1820. También situamos a las unidades imperiales acantonadas alrededor de la ciudad. // Notre tour des rues de Madrid en 1808, avec des descriptions et des images des lieux. Le polygone ligné noir décrit les limites approximatives de la ville à la fin des années 1820. Nous avons également placé les unités impériales stationnées autour de la ville.

Las tropas han tomado las armas, el escenario va a cambiar. Los oficiales generales mandan destacamentos de infantería para derribar las puertas de las casas desde donde se realizan los disparos y para vengarse de los agresores. Tres o cuatro tiros de metralla arrasaron con esta hermosa calle de Alcalá, que por su anchura y su trazado daba tanto campo al fuego de la artillería. El jefe de escuadrón DaumesnilVII, al frente de la caballería de la Guardia Imperial, carga contra la multitud. Los lanceros polacos infunden entonces en el alma de los españoles las primeras impresiones de un terror que se hará mayor a medida que sean más conocidos.

Les troupes ont pris les armes, la scène va changer. Les officiers-généraux commandent des détachements d’infanterie pour enforcer les portes des maisons d’où partent les coups de fusil et pour tirer vengeance des agresseurs. Trois ou quatre coups de canon à mitraille balayent cette belle rue d’Alcala, qui par sa largeur et son alignement offre tant de prise au feu de l’artillerie. Le chef d’escadron DaumesnilVII, à la tête de la cavalerie de la garde impériale, charge sur la multitude. Les lanciers polonais jettent alors dans l’âme des Espagnols les premières impressions d’une terreur qui deviendra plus grande à mesure qu’on les connaîtra davantage.

La calle de Alcalá desde la Plaza del Sol.
La Rue Alcalá depuis la Plaza del Sol.
La misma calle con la Iglesia del Buen Suceso, hoy desaparecida (b). La même rue avec l’Église du Bon Succès, aujourd’hui disparue. (b)
Uno de los grabados de la serie del 2 de mayo, con la Iglesia del Buen Suceso al fondo y parte de la fachada de la Real Casa de Correos en el margen derecho.
Une des gravures de la série du 2 mai, avec l’Iglesia del Buen Suceso en arrière-plan et une partie de la façade de la Real Casa de Correos sur la marge droite.
La Real Casa de Correos (1768) sirvió de presidio improvisado a las tropas francesas.  La Real Casa de Correos (1768) servait de prison improvisée aux troupes françaises.
Placa conmemorativa, aunque los primeros combates se dieron en el Palacio Real. Plaque commémorative, bien que les premiers combats aient eu lieu au Palais Royal.

La guarnición española permaneció encerrada en sus cuarteles, esperando que le dieran órdenes de actuar. Había un parque de artilleríaVIII situado junto a la puerta de Fuencarral, diez mil fusiles en cajas y veintiséis cañones montados sobre afustes. La gente quería apoderarse de ellos. Los artilleros que custodiaban el parque se opusieron al principio, pero al escuchar que sus compañeros de infantería fueron asaltados en los cuarteles, y viendo llegar hacia ellos una columna francesa que marchaba a la carga, se unieron a los insurgentes.

La garnison espagnole resta enfermée dans ses quartiers, attendant qu’on lui donnât des ordres pour agir. Il y avait au parc d’artillerieVIII situé près de la porte de Fuencarral, dix mille fusils encaissés et vingt-six pièces de canon montées sur affuts. Le peuple voulut s’en emparer. Les canonniers qui gardaient le parc s’y opposèrent d’abord, mais entendant dire que leurs camarades de l’infanterie étaient attaqués dans les casernes, et voyant arriver à eux une colonne française qui marchait au pas de charge, ils se joignirent aux insurgés.

Dibujo para abanico inglés para la exportación con temas de la Guerra de Independencia (1813) (c) Dessin pour éventail anglais destiné à l’exportation avec des thèmes de la guerre d’Espagne (1813) (c)

Comandados por dos valientes oficiales de su cuerpo, don Luis Daoiz y don Pedro VelardeIX, y ayudados por sus compatriotas que se encargaron ellos mismos de los cañones, pusieron tres piezas en batería, y comenzó a disparar metralla. La columna francesa estaba formada por el quinto regimiento de infantería provisional, procedente del convento de San BernardinoX, muy cerca de allí. El general de brigada LefrancXI, que lo comandaba, sólo dio tiempo a los españoles para disparar doce o trece descargas de sus cañones. Se apoderó del parque a la bayoneta y recuperó las armas, cuyas cajas los insurgentes comenzaban a destrozar. Este fue el episodio más sangriento del día 2 de mayo. Allí perecieron Daoiz y Velarde. La historia conservará sus nombres, como los primeros mártires por la causa de la independencia de su país.

Commandés par deux braves officiers de leur corps, don Luiz Daoiz et don Pedro VelardeIX, et aidés par leurs compatriotes qui s’attelèrent eux-mêmes aux canons, ils mirent trois pièces en batterie, et commencèrent à tirer à mitraille. La colonne française était formée du cinquième régiment d’infanterie provisoire, venu du couvent de San-BernardinoX, tout près de-là. Le général de brigade LefrancXI qui la commandait, ne donna aux Espagnols que le temps nécessaire pour faire douze ou treize décharges de leurs bouches à feu. Il enleva le parc à la baïonnette et reprit les fusils dont les insurgés commençaient à briser les caisses. Ce fut là l’épisode le plus sanglant de la journée du 2 mai. Là périrent Daoiz et Velarde. L’histoire conservera leurs noms, comme des premiers martyrs pour la cause de l’indépendance de leur pays.

En el centro de la plaza del Dos de Mayo se conserva el arco monumental que daba entrada al cuartel de artillería de Monteleón. La placa conmemorativa se ubica en uno de los edificios con fachada a la plaza. Au centre de la Plaza del Dos de Mayo est conservée l’arc monumental qui donnait accès à la caserne d’artillerie de Monteleón. La plaque commémorative est située dans l’un des bâtiments avec une façade à la place.

A los primeros disparos, el Gran Duque de Berg, el Mariscal Moncey y los oficiales generales que no estaban al mando de las tropas, se habían trasladado a la cima de la colina de San VicenteXII, en una posición que domina la parte occidental de la ciudad. El regimiento de fusileros de la Guardia Imperial se había reunido en este punto. Varios miembros de la Junta acudieron allí y suplicaron al Gran Duque que detuviera el derramamiento de sangre. El secretario de Guerra O’FarrilXIII y el ministro de Hacienda AzanzaXIV recorrieron las calles a caballo, agitando pañuelos blancos en el aire en señal de reconciliación. Salvaron la vida de muchos de sus conciudadanos. Invitados por ellos, los miembros de los cabildos se distribuyeron entre los diferentes barrios para proclamar allí una amnistía general. Varios oficiales de ambas naciones se sumaron a esta misión de paz. El motín había comenzado a las diez de la mañana, a las dos de la tarde todo estaba acabado. Las tropas y la artillería apostadas a cierta distancia de Madrid habían partido, pero no entraron en la ciudad. En todo este tumulto, la pérdida de los franceses no ascendió a trescientos hombres muertos o heridosXV; la pérdida de los españoles fue menos considerable.

Aux premiers coups de fusil, le grand-duc de Berg, le maréchal Moncey et les officiers généraux qui ne commandaient pas de troupes, s’étaient portés en haut de la côte de Saint-VincentXII, dans une position qui domine la partie ouest de la ville. On avait réuni sur ce point le régiment de fusiliers de la garde impériale. Plusieurs membres de la Junte y accoururent et supplièrent le grand-duc de faire cesser l’effusion du sang. Le ministre de la guerre O’FarrilXIII et le ministre des finances AzanzaXIV parcoururent les rues à cheval, en agitant en l’air des mouchoirs blancs en signe de réconciliation. Ils sauvèrent la vie à un grand nombre de leurs concitoyens. Sur leur invitation, les membres des conseils se distribuèrent les différens quartiers pour y proclamer l’amnistie générale. Plusieurs officiers des deux nations s’adjoignirent à cette mission de paix. L’émeute avait commencé à dix heures du matin, à deux heures après midi tout était fini. Les troupes et l’artillerie cantonnées à quelque distance de Madrid s’étaient ébranlées, mais elles n’entrèrent pas dans la ville. Dans tout ce tumulte, la perte des Français n’alla pas à trois cents hommes tués ou blessésXV; la perte des Espagnols fut moins considérable.

La Puerta de Toledo, antigua puerta sur de Madrid. Los madrileños intentaron cerrar el acceso a la ciudad, pero la caballería pesada imperial lo impidió. 
La Puerta de Toledo, l’ancienne porte sud de Madrid. Les Madrilènes tentèrent de fermer l’accès à la ville, mais la cavalerie lourde impériale l’en empêcha. 

La lucha había cesado, pero la paz no se había hecho. Poco importa a los soldados si el amor a la patria y el odio a la opresión han puesto las armas en manos de sus adversarios; las únicas guerras que son justas a sus ojos son las guerras honestas, las declaradas de antemano, donde la querella se dirime a cielo abierto, y donde nos abrazamos después. Los madrileños acababan de sorprenderlos uno a uno, desarmados, inofensivos, y los habían masacrado a puerta cerrada. Sin embargo, cuando los franceses recobraron sus fuerzas reuniéndose, las usaron moderadamente, pues pocos enemigos habían caído bajo sus golpes, y se contentaron con tener prisioneros a varios hombres presos con las armas en la mano. El Gran Duque juzgó que esto no era suficiente para garantizar el orden público y que la autoridad debía recuperar sus derechos. El movimiento del 2 de mayo, premeditado o no, fue una verdadera agresión por parte de los españoles. En la tarde del mismo día y del día siguiente, algunos de los prisioneros tomados durante el tumulto, y otros que las patrullas encontraron armados, comparecieron ante una comisión militar. Fueron condenados a muerte, como cabecillas o cómplices de la revuelta, y fueron fusilados presididos por el paseo del Prado.

Le combat avait cessé, mais la paix n’était pas faite. Peu importe aux soldats si l’amour de la patrie et la haine de l’oppression ont mis les armes à la main de leurs adversaires ; il n’y a de guerres justes à leurs yeux que les guerres loyales, celles déclarées à l’avance, où la querelle se vide à ciel ouvert, et où l’on s’embrasse après. Les habitants de Madrid venaient de les surprendre un à un, désarmés, inoffensifs, et les avaient massacrés à huis-clos. Cependant, quand les Français eurent retrouvé leur force en se réunissant, ils en avaient fait un usage modéré, car peu d’ennemis étaient tombés sous leurs coups, et ils s’étaient contentés de retenir prisonniers plusieurs hommes arrêtés les armes à la main. Le grand-duc jugea que ce n’était pas assez pour la garantie de l’ordre public, et que l’autorité devait reprendre ses droits. Le mouvement du 2 mai, prémédité ou non, était une véritable agression de la part des Espagnols. Dans la soirée du même jour et le lendemain, quelques-uns des prisonniers faits pendant le tumulte, et d’autres que les patrouilles rencontrèrent armés, comparurent devant une commission militaire. On les condamna à mort, comme chefs ou complices de révolte, et on les fusilla préside la promenade du Prado.

«Fusilamiento de patriotas en el Buen Suceso» (1866), José Marcelo Contreras, óleo sobre lienzo
«Exécution de patriotes dans le Buen Suceso» (1866), José Marcelo Contreras, huile sur toile

Entre los condenados había hombres que no habían luchado y cuyo único delito era portar un cuchillo grande u otros instrumentos afiladosXVI. Fueron ejecutados sin concederles la asistencia de un sacerdote que los consolara en su último momento, y esta circunstancia ulceró aún más a un pueblo religiosoXVII. El dolor y el odio han exagerado el número de víctimas; no pasó de cincuenta personas.3 Sea como fuere, de ella salieron calamidades sin fin. Nunca perdonarán los españoles a los franceses ejecuciones tan rápidas e inesperadas. El nombre de Murat será transmitido por ellos a la posteridad, cargado de invectivas.

Il se trouva parmi les condamnés des hommes qui n’avaient pas combattu, et dont- le seule rime fut d’être porteurs d’un grand couteau ou d’autres instruments tranchantsXVI. On les fit périr sans leur accorder l’assistance d’un prêtre qui les consolât à leur dernier moment, et cette circonstance ulcéra encore davantage un peuple religieuxXVII. La douleur et la haine ont exagéré le nombre des victimes ; il n’a pas dépassé cinquante personnes3 Quoi ‘il en soit, des calamités infinies sont sorties de là. Jamais les Espagnols ne pardonneront aux Français des exécutions si promptes et si inattendues. Le nom de Murat sera transmis par eux à la postérité, chargé d’invectives.

«El 3 de mayo de 1808 en Madrid», o “Las ejecuciones» (1814), de Francisco de Goya (d)
«3 mai 1808 à Madrid» ou «Les exécutions» (1814), pour Francisco de Goya (d)

Se han emitido juicios muy opuestos sobre las causas del levantamiento de Madrid. Unos, impresionados por el avance indeciso y tortuoso de la Junta de Gobierno, han pretendido un plan de vísperas sicilianas; decían que la ciudad se llenó repentinamente de extranjeros de diferentes partes del reino, que la conspiración iba a estallar durante la noche, y que todos los franceses habrían sido atacados en los cuarteles y degollados en sus alojamientos. Los demás pensaron que un general de carácter moderado y espíritu conciliador habría perdonado a los vencidos de los males que luego cayeron sobre los vencedores; llegaron a acusar al Gran Duque de Berg de haber causado los problemas, para colocar más rápidamente una corona real en su cabeza, demostrando a Napoleón cuán necesario era un rey soldado para domar a los castellanos. Estas dos opiniones también nos parecen carentes de plausibilidad. Nada, en el movimiento, revela el menor rastro de premeditación. Murat estaba lejos de tener un alma atroz, y sabía que la elección del Emperador relativa al trono de España estaba hecha. Para explicar lo sucedido se conocen bastantes disposiciones del pueblo español y del ejército francés.

On a porté des jugements tout opposés sur les causes du soulèvement de Madrid. Les uns, frappés de la marche indécise et tortueuse de la Junte de gouvernement, lui ont prêté un projet de vêpres siciliennes ; ils ont dit que la ville s’était remplie tout-à-coup d’étrangers venus des différentes parties du royaume, que la conjuration devait éclater pendant la nuit, et que tous les Français auraient été assaillis dans les casernes et égorgés dans leurs logements. Les autres ont pensé qu’un général d’un caractère modéré et d’un esprit conciliant aurait épargné aux vaincus des maux qui plus tard sont retombés sur les vainqueurs; ils ont été jusqu’à accuser le grand-duc de Berg d’avoir provoqué des troubles, afin de mettre plus vite une couronne royale sur sa tête, en démontrant à Napoléon combien un roi soldat était nécessaire pour dompter les Castillans. Ces deux opinions nous paraissent également dépourvues de vraisemblance. Rien, dans le mouvement, ne décèle la moindre trace de préméditation. Murât était loin d’avoir l’âme atroce, et il savait que le choix de l’Empereur relativement au trône d’Espagne était arrêté. Pour expliquer ce qui est arrivé, il y a bien assez des dispositions connues du peuple espagnol et de l’armée française.

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Gazette Nacionale ou Moniteur Universel del 16 de mayo de 1808, nº 137 (pp. 2) (e)

El Moniteur de 16 de mayo de 1808, recoge la copia de la servil circular dirigida por el Consejo de la Suprema y General Inquisición a todos los tribunales del Reino, «Las lamentables consecuencias que tuvo en esta residencia el escandaloso motín del pueblo contra las tropas del EMPERADOR FRANCÉS, el día 2 del corriente mes, hizo necesaria la más activa vigilancia de todas las autoridades…», así como las noticias de Bayona fechadas el 11 de mayo, que informaba, entre otros, de la partida del príncipe de Asturias y los infantes Carlos y Antonio hacia Valençay, de los españoles desplazados a Bayona para la convocatoria de Cortes y la nota acababa con un premonitorio: «Todo está perfectamente tranquilo en España, y las cosas están en las mejores condiciones allí.»

Le Moniteur du 16 mai 1808, recueille la copie de la circulaire servile adressée par le Conseil de l’Inquisition Suprême et Générale à toutes les cours du Royaume, «Les suites facheuses qu’a eues dans cette residence, le 2 du mois courant, l’emeute scandaleuse du bas peuple contre les troupes de l’EMPEREUR FRANÇAIS, a rendu necessaire la plus active vigilance de toutes les autorités…», ainsi que la nouvelle de Bayonne en date du 11 mai, qui signale, entre autres, le départ du Prince des Asturies et les infants Carlos et Antonio vers Valençay, des Espagnols déplacés à Bayonne pour la convocation de Cortes et la note se terminait par un prémonitoire: «Tout est parfaitement tranquille en Espagne, et les choses y sont sur le meilleur pied»

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El efecto inmediato del cañonazo del 2 de mayo y de los fusilamientos del Prado fue aterrorizar a los habitantes de Madrid. Los que ejercían alguna influencia en la ciudad sólo pensaban en implorar clemencia. El Consejo Supremo de la Inquisición fue en su sumisión más allá que la otras autoridades; su celo lo llevó a apelar a los ministros de religión, para dirigir la animadversión del pueblo contra los instigadores de excesos similares al escandaloso motín del 2 mayo4. La actitud de los franceses fue nada menos que tranquilizante; sus órdenes del día y sus proclamas, prometiendo el olvido del pasado, amenazaban con castigos más fuertes en caso de reincidencia. El Infante Don Francisco partió para Bayona, y fue seguido, con un intervalo de veinticuatro horas, por el Infante Don Antonio. Este mismo príncipe pidió unirse al rey, su sobrino, para escapar así de obligaciones que alguien más hábil que él no habría cumplido mejor. Entonces se desvaneció la consideración que su rango reflejaba en los demás miembros del cuerpo del que era presidente. Habiendo expresado el Gran Duque de Berg su deseo de asociarse a las deliberaciones del gobierno, la Junta aventuró algunas reflexiones y terminó por ceder. Pocos días después, la presidencia fue adquirida por el Gran Duque, con apariencia de legalidad, por un decreto de Carlos IV, que le instituyó Teniente General del reino.

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Nota: Las notas en números romanos se han añadido para esta entrada. Las notas originales permaneces con su numeración.

1Se denominan tropas de piquete a las que están reunidas en armas y listas para actuar cuando y donde se necesiten sus servicios.

2Ha quedado en los habitantes de la Península, desde la invasión de los moros, un profundo horror por la vestimenta de los musulmanes.

3El manifiesto justificativo del consejo de Castilla, redactado y publicado en Madrid en el mes de agosto de 1808, después de que el ejército francés hubo evacuado esta capital, eleva la pérdida de los españoles, en el motín del 2 de mayo, a ciento cuatro hombres muertos, cincuenta y cuatro heridos y treinta y cinco perdidos (extraviados). El manifiesto utiliza la expresión unos pocos (algunos pocos) cuando habla de los fusilados ese día y los siguientes.

El Gran Duque de Berg sabía, antes del 2 de mayo, que la corona de España estaba reservada para alguien distinto a él. La falta de éxito de su misión debe atribuirse a su celo más ardiente que ilustrado por el servicio del Emperador, y a la manía bastante común entonces de juzgar a los castellanos a quienes nadie entendía, por los italianos a quienes había tratado durante mucho tiempo. «El día de ayer entrega España al Emperador«. Así lo expresó Murat, en la mañana del 3 de mayo, en un estallido de presuntuosa confianza. «Di más bien que se lo quita para siempre«, respondió el secretario de Guerra O’Farril. Ignoraba entonces este leal español que furiosos consejos lo habían presentado a él y al capitán general de Castilla la Nueva, don Francisco-Xavier de Negrete, como agentes de Inglaterra y cabecillas de un complot, que se había hablado en los salones del Gran Duque para someterlos a juicio a ambos, y que esta absurda idea había sido rechazada por la enérgica intercesión del Mariscal Moncey, cuyo corazón sangraba al ver la injusticia.

4Véase en el Moniteur de 16 de mayo de 1808 la carta escrita el 6 del mismo mes por el Consejo Real de la Inquisición a los tribunales del Santo Oficio de Madrid y del Reino.

IMaría Luisa Josefina de Borbón (1782-1824). Sexta hija de Carlos IV y de María Luisa de Borbón-Parma. Reina consorte de Etruria, por su matrimonio con Luis de Etruria. Tataranieta de Luis XV de Francia.

IIFrancisco de Paula Antonio María de Borbón y Borbón-Parma (1794-1865). Hijo de Ca rlos IV y de María Luisa de Borbón-Parma. Tataranieto de Luis XV de Francia.

IIIÍdem anterior.

IVEl Jefe de escuadrón (futuro coronel) Auguste Lagrange, edecán de Murat. En 1811 desembarcó en Gravelinas junto con Exelmans (fugado de Inglaterra) para unirse a Murat que era rey de Nápoles. El 2 de mayo había sido enviado para revisar la situación en palacio, y al parecer fue protegido del populacho en primera instancia por un oficial de las Guardias walonas, Miguel Desmaissières y Flores [6] que se interpuso entre él y la muchedumbre, antes de la llegada de la patrulla que los salvó a los dos.

VLos príncipes al mando de un cuerpo de ejército podían asignar un color particular al uniforme «a la húsar» de sus edecanes. Los de S.A.I. el Gran Duque de Berg visten el color amaranto con el color gamuza distintivo y las trenzas en dorado. Fue el propio Murat quien, mediante una nota de abril de 1807, reguló el uniforme de sus edecanes. [12]

VIAntigua medida francesa de longitud, equivalente a 1,946 m.

VIIEl futuro general Pierre Daumesnil (1776-1832), el famoso defensor de Vincennes en 1814. El 2 de mayo cuando sonó la alarma, Daumesnil ordenó a su escuadrón de cazadores de la Guardia que ensillaran y los condujo a través de la ciudad hasta donde se encontraba Murat. En el camino fueron asaltados con agua hirviendo, ladrillos y fuego de mosquetes que evitaron lo mejor que pudieron. Daumesnil pidió permiso para tomar represalias, pero Murat le ordenó que dirigiera a los cazadores y mamelucos para escoltar a su ayudante con órdenes para el general Gobert. Daumesnil condujo a 300 jinetes al galope, pero se encontraron con insurgentes armados que intentaban matarlos. Abriéndose paso, avanzaron bien, pero luego el caballo de Daumesnil murió de un disparo y él resultó herido en el muslo. Mientras la multitud lo rodeaba, Daumesnil casi fue muerto hasta que un lugarteniente de los mamelucos lo rescató. [7]

VIIIEl parque de artillería de Monteleón.

IXLos capitanes Luis Daoíz y Torres (1767-1808) y Pedro Velarde y Santillán (1779-1808). Militares pertenecientes al arma de artillería, fueron los únicos militares de graduación, junto al teniente de infantería Jacinto Ruiz Mendoza, que se sumaron a la revuelta contra los franceses.

XEl antiguo convento de San Bernardino, fundado en 1572, estaba situado sobre las huertas de Leganitos, a la derecha del camino del Pardo, en el mismo lugar que años mas tarde acogería el asilo de San Bernardino, inaugurado en 1834 y que fue derribado después de la Guerra Civil. [10]

XIEl general de brigada Jacques Lefranc (1750-1809). El 21 de enero de 1807 es destinado al Corps d’observation des Côtes de l’Océan, El 14 de diciembre se hace cargo de la 1ª brigada de la división Gobert, y el 2 de mayo de 1808 se apodera del Cuartel de Monteleón. [4]

XIIAntiguamente se pretendía equiparar la topografía del viejo Madrid con la de Roma, haciendo alusión aunque de manera imprecisa a la presencia de «siete colinas» en la capital española. No hemos localizado la tal colina de San Vicente, que probablemente fuera la cuesta de San Vicente, ubicada cerca del Templo de Debod y el Palacio Real.

XIIIGonzalo O’Farrill y Herrera (1754-1831). Cuando Fernando se vio obligado a marchar hacia Bayona, reclamado por Napoleón, quiso que O’Farrill formara parte de la Junta Suprema que dejó en Madrid para resolver las materias gubernativas más urgentes. Tras los sucesos de Bayona, juró fidelidad a José Bonaparte y aceptó seguir ejerciendo el Ministerio de Guerra con el nuevo Rey

XIVMiguel José Azanza de Alegría (1746-1826). Fue nombrado responsable de Hacienda de la Junta Suprema de Gobierno presidida por el infante Antonio, antes de la salida de Carlos IV de Madrid. Tras la partida de los miembros de la familia real, Azanza mantuvo la opinión contraria a otros miembros de la Junta que pretendían organizar una resistencia a ultranza. Debido a la posición que adoptó la Junta, durante el 2 de mayo, la Junta encomendó a Azanza y al general O’Farril negociar la paz con el Gran Duque de Berg, éste accedió y los comisionados recorrieron las calles de Madrid para calmar los ánimos.

XVJosé Manuel Guerrero Acosta, a pesar de la manida controversia de las cifras de bajas, citando a varios autores (Gómez de Arteche, Grandmaison, Titeux entre otros) y los datos encontrados en los «Archives de la Guerre» de Vincennes y el Archivo Histórico Nacional, cifra las bajas francesas en treinta y ocho (dos oficiales) muertos y ciento cincuenta y nueve (trece o más oficiales) heridos. [2]

XVISegún Antonio Fernández García, «Que se considerara delito la posesión de un arma blanca incriminaba a buena parte de los habitantes, en una sociedad donde casi todos los varones usaban navaja. Una de las primeras víctimas, el cirujano Ángel de Rivocaba, fue fusilado en el acto al ser sorprendido con el instrumental que portaba para una operación. Fue asaltado y cercado por una guardia el Hospital General, presumiblemente para localizar a los heridos en los enfrentamientos. Y ha quedado constancia documental de nombres de lavanderas, chisperos, tejedores, fusilados en los aledaños de la Puerta del Sol, en la plazuela de los Pájaros (actual Pontejos), cuando todavía la Comisión encabezada por Grouchy, a pocos metros, estudiaba las medidas represivas» [3]

XVIIEl mismo Fernández García, «A uno de los viajeros que nos ha dejado un relato más detallado de la ciudad, Bourgoing (Barón de), le asombró el número de iglesias, ciento treinta y tres conventos, setenta, según sus noticias, pero más todavía le sorprendía el trato reverencial a los religiosos, a quienes se les cedía el paso o se les invitaba a las casas, y la imagen del viático en procesión entre hombres descubiertos o arrodillados. Al toque de las campanas del Angelus cesaban ruidos y movimientos; hombres y mujeres se ponían de rodillas en hogares, plazas y hasta en medio de la calle.» [3]

L’effet immédiat du canon du 2 mai et de la fusillade du Prado fut d’attirer les habitants de Madrid. Ceux qui exerçaient quelque influence dans la ville ne pensèrent qu’à implorer merci. Le conseil suprême de l’inquisition alla dans sa soumission plus loin que les autres autorités; son zèle le porta à faire un appel aux ministres de la religion, pour diriger l’animadversion du peuple contre les instigateurs d’excès pareils à l’émeute scandaleuse du 2 mai4. L’attitude des Français n’était rien moins que tranquillisante; leurs ordres du jour et leurs proclamations, en promettant l’oubli du passé, menaçaient de punitions lus fortes en cas de récidive. L’infant don Francisco partit pour Bayonne, et fut suivi, à vingt-quatre heures d’intervalle, par l’infant don Antonio. Ce prince demanda lui-même à rejoindre le Roi son neveu, afin d’échapper de cette manière à des obligations qu’un plus habile que lui n’aurait pas mieux remplies. Alors s’évanouit la considération que son rang reflétait sur les autres membres du corps dont il était le président. Le grand-duc de Berg ayant témoigné le désir d’être associé aux délibérations du gouvernement, la Junte hasarda quelques réflexions, et finit par céder. Peu de jours après, la présidence fut acquise au grand-duc, avec l’apparence de la légalité, par un décret de Charles IV, qui l’instituait lieutenant-général du royaume.

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Remarque : Des notes en chiffres romains ont été ajoutées pour cette entrée. Les notes originales restent avec leur numérotation.

1On appelle troupes de piquet celles réunies en armes et prêtes à agir quand et où on a besoin de leurs services.

2Il est resté aux habitants de la Péninsule , depuis l’invasion des Maures, une horreur profonde pour l’habit des Musulmans.

3Le manifeste justificatif du conseil de Castille, composé et publié à Madrid dans le mois d’août 1808, après que l’armée française avait évacué cette capitale, porte la perte des Espagnols, dans l’émeute du 2 mai, à cent quatre hommes tués, cinquante-quatre blessés et trentecinq égarés (extraviados). Le manifeste emploie l’expression quelques-uns (algunos pocos) en parlant de ceux qui ont été fusillés le jour même et les jours suivans.

Le grand-duc de Berg savait, avant le 2 mai, que la couronne d’Espagne était en réserve pour un autre que pour lui. Il faut attribuer le peu de succès de sa mission à son zèle plus ardent qu’éclairé pour le service de l’Empereur, et à la manie assez commune alors de juger des Castillans que personne n’entendait, par les Italiens qu’on avait long-temps pratiqués. «La journée d’hier donne l’Espagne à l’Empereur». Ainsi s’exprimait Murât, le 3 mai au matin, dans un accès de confiance présomptueuse. «Dites plutôt qu’elle la lui enlève pour toujours», répondit le ministre de la guerre O’Farril. Ce loyal Espagnol ignorait alors que des conseils furieux l’avaient présenté lui et le capitaine-général de la Nouvelle-Castille don Francisco-Xavier de Negrète, comme des agens de l’Angleterre et des chefs de complot, qu’il avait été question dans les salons du grand-duc de faire le procès à tous deux, et que cette idée absurde avait été rejetée par l’intercession énergique du maréchal Moncey, dont le coeur saignait à la vue de l’injustice.

4Voyez dans le Moniteur du 16 mai 1808 la lettre écrite le 6 du même mois par le conseil royal de l’inquisition aux tribunaux du saint-office de Madrid et du royaume.

IMaria Luisa Josefina de Bourbon (1782-1824). Sixième fille de Carlos IV et María Luisa de Borbón-Parme. Reine consort d’Étrurie, pour son mariage avec Luis de Etruria. Arrière-arrière-petite-fille de Louis XV de France.

IIFrancisco de Paula Antonio María de Borbón y Borbón-Parme (1794-1865). Fils de Carlos IV et María Luisa de Borbón-Parme. Arrière-arrière-petit-fils de Louis XV de France.

IIIIdem ci-dessus.

IVLe chef d’escadron (futur colonel) Auguste Lagrange, aide de camp de Murat. En 1811, il débarque à Gravelines avec Exelmans (évadé d’Angleterre) pour rejoindre Murat, roi de Naples. Le 2 mai, il avait été envoyé pour examiner la situation dans le palais et le départ des membres royaux, et était apparemment protégé de la foule en premier lieu par un officier des Gardes wallons, Miguel Desmaissières y Flores [6] qui s’est interposé entre lui et la foule, avant l’arrivée de la patrouille qui les a sauvés tous les deux.

VLes Princes commandant un corps d’Armée peuvent affecter une couleur particulière pour l’habit à la hussarde de leurs aides de camp. Ceux de S.A.I. le Grand Duc de Berg portent le couleur amarente avec le couleur distinctive chamois et les tresses en or. C’est Murat lui-même qui par une note d’avril de 1807 règle l’uniforme de ses aides de camp. [12]

VIAncienne mesure française de longueur, équivalente à 1,946 m.

VIILe futur général Pierre Daumesnil (1776-1832), célèbre défenseur de Vincennes en 1814. Le 2 mai, lorsque l’alerte retentit, Daumesnil ordonne à son escadron de chasseurs de la Garde de se mettre en selle et les conduit à travers la ville jusqu’à l’endroit où se trouve Murat. En cours de route, ils ont été assaillis d’eau bouillante, de briques et de tirs de mousquet qu’ils ont évités du mieux qu’ils pouvaient. Daumesnil a demandé la permission de riposter, mais a reçu l’ordre de Murat de conduire les chasseurs et les mamelouks pour escorter son aide avec des ordres pour le général Gobert. Daumesnil a conduit 300 cavaliers au galop, mais a été accueilli par des insurgés armés essayant de les tuer. En perçant, ils ont bien progressé, mais le cheval de Daumesnil a été abattu et il a été blessé à la cuisse. Alors que la foule l’entourait, Daumesnil a failli être tué jusqu’à ce qu’un lieutenant mamelouk le sauve. [7]

VIIILe caserne de Monteleón.

IXCapitaines Luis Daoíz y Torres (1767-1808) et Pedro Velarde y Santillán (1779-1808). Les soldats appartenant à l’arme d’artillerie, étaient les seuls officiers, avec le lieutenant d’infanterie Jacinto Ruiz Mendoza, qui a rejoint la révolte contre les Français.

XL’ancien couvent de San Bernardino, fondé en 1572, était situé dans les vergers de Leganitos, à droite du Camino del Pardo, au même endroit qui, des années plus tard, abriterait l’asile de San Bernardino, inauguré en 1834 et qui a ensuite été démoli de la guerre civile espagnole. [10]

XIGénéral de brigade Jacques Lefranc (1750-1809). Le 21 janvier 1807, il est affecté au Corps d’observation des Côtes de l’Océan. Le 14 décembre, il prend la tête de la 1ère brigade de la division Gobert, et le 2 mai 1808, il s’empare de la caserne de Monteleón. [4]

XIIAutrefois, il était prévu d’assimiler la topographie du vieux Madrid à celle de Rome, faisant allusion, bien qu’imprécisément, à la présence de «sept collines» dans la capitale espagnole. Nous n’avons pas localisé la colline de San Vicente, qui était probablement la pente de San Vicente, située près du Temple de Debod et du Palais Royal.

XIIIGonzalo O’Farrill et Herrera (1754-1831). Lorsque Fernando a été contraint de marcher sur Bayonne, exigé par Napoléon, il a voulu que O’Farrill fasse partie du Conseil suprême qu’il a laissé à Madrid pour résoudre les questions gouvernementales les plus urgentes. Après les événements de Bayonne, il jure allégeance à José Bonaparte et accepte de continuer à exercer le ministère de la Guerre auprès du nouveau Roi.

XIVMiguel José Azanza de Alegría (1746-1826). Il a été nommé chef du Trésor du Conseil suprême du gouvernement présidé par l’infant Antonio, avant le départ de Carlos IV de Madrid. Après le départ des membres de la famille royale, Azanza a maintenu l’opinion contraire aux autres membres du Conseil qui entendaient organiser une résistance implacable. En raison de la position adoptée par le Conseil, le 2 mai, le Conseil a chargé Azanza et le général O’Farril de négocier la paix avec le grand-duc de Berg, qui a accepté et les commissaires ont fait le tour des rues de Madrid pour calmer les esprits.

XVJosé Manuel Guerrero Acosta, malgré la polémique éculée sur les chiffres des victimes, citant divers auteurs (Gómez de Arteche, Grandmaison, Titeux, entre autres) et les données trouvées dans les «Archives de la Guerre» de Vincennes et les Archives Historiques Nationales de Madrid, met les pertes françaises à trente-huit (deux officiers) tués et cent cinquante-neuf (treize officiers ou plus) blessés. [10]

XVISelon Antonio Fernández García, «Le fait que la possession d’un couteau soit considérée comme un crime a incriminé une bonne partie des habitants, dans une société où presque tous les hommes utilisaient un couteau. L’une des premières victimes, le chirurgien Ángel de Rivocaba, a été abattu sur le fait lorsqu’il a été surpris avec les instruments qu’il transportait pour une opération. L’hôpital général a été agressé et encerclé par un garde, vraisemblablement pour localiser les blessés dans les affrontements. Et il existe des preuves documentaires des noms des blanchisseuses, des prolos, tisserands, fusillés aux abords de la Puerta del Sol, dans la Plazuela de los Pajaros (aujourd’hui Pontejos), alors que la Commission dirigée par Grouchy, à quelques mètres de là, étudiait les mesures répressives» [3]

XVIIFernández García lui-même, «L’un des voyageurs qui nous a laissé un récit plus détaillé de la ville, Bourgoing (Baron de), a été étonné par le nombre d’églises, cent trente-trois couvents, soixante-dix, selon ses nouvelles, mais plus encore il était surpris par le traitement révérencieux des religieux, qui étaient cédés ou invités dans les maisons, et l’image du viatique en procession entre hommes découverts ou agenouillés, hommes et femmes s’agenouillaient dans les maisons, sur les places et même au milieu de la rue.» [3]


Fuentes:

1 – «Histoire de la guerre de la Péninsule sous Napoléon: précédée d’un tableau politique et militaire des puissances […]». Tome III. 3eme edition. – Maximilien Foy, Baudouin Frères Ed., Paris, 1828

2 – «Los franceses en Madrid.1808» – VV.AA, Revista de Historia Militar, Núm. Extraordinario, Ministerio de Defensa, 2004

3 – «MADRID, revista de arte, geografía e historia«. Núm. 9 – VV.AA., Comunidad de Madrid, 2007

4 – «Dictionnaire biographique des généraux et amiraux français de la Révolution et de l’Empire : 1792-1814«. Tome 2 – Georges Syx, Georges Saffory, Ed., Paris, 1934

5 – «Nouvelle biographie générale depuis les temps les plus reculés«. Tome Seizième. – Firmin Didot Frères Ed., 1851

6 – «The Foreign monthly review and continental literary journal«, London, 1839

7 – https://www.frenchempire.net/biographies/daumesnil/

8 – Gazette Nationale ou le Moniteur Universel del 16 de mayo de 1808, nº 137

9 – https://dbe.rah.es/biografias/

10 – http://www.madridhistorico.com/seccion5_historia/nivel2_informacion.php?idmapa=11&idinformacion=635&pag=1

11 – AudioguidesApp Android – Ruta del Levantamiento del 2 de mayo de Madrid

12 – «Les Uniformes du 1er Empire / Etat-Major et Service de Santé«. Tome 7 – Cdt. E.L. Bucquoy, Jacques Granchier Ed., Paris, 1982

13 – https://elfarodeceuta.es/la-derrota-de-francia-por-espana-en-1808-ii/

Imágenes:

a – https://palauantiguitats.com/wp-content/uploads/2017/03/G00935.jpg

b – De Luis Paret – [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10548455

c – https://palauantiguitats.com/wp-content/uploads/2017/03/G00939.jpg

d – «The 3rd of May 1808 in Madrid«, or “The Executions” – Goya y Lucientes, Francisco de, Copyright ©Museo Nacional del Prado

e – Gazette Nacionale ou Moniteur Universel del 16 de mayo de 1808, nº 137 – Ayuntamiento de Madrid. Hemeroteca Municipal

Menorca en la Guerra de Independencia

Tiempo de lectura: 20 minutos.

Las noticias de los sucesos del 2 de mayo en Madrid llegaron a la isla de Menorca1 entre los días 13 y 15 de mayo, fruto de las distancias y la lentitud de las comunicaciones en aquella época, aunque ya para entonces la calma había vuelto a la capital. El gobernador de la isla quiso jurar lealtad a José Bonaparte hasta finales del mismo mes, cuando por diversos conductos llegaron noticias de la adhesión de muchas ciudades en la península a la causa de Fernando VII. Otros personajes, como el coronel del regimiento de Soria acuartelado en la isla, también quisieron reconocer como rey al hermano de Napoleón, pero finalmente el 1 de junio los regimientos estacionados en la isla2, los zapadores, artilleros y húsares de la guarnición reconocieron a Fernando VII como rey, en una ceremonia que se repetiría de manera más multitudinaria para el gran público el 24 de junio, con servicios religiosos y desfiles incluidos. Con posterioridad se sucedieron las detenciones de simpatizantes o sospechosos de pro-bonapartistas, algunas expulsiones como la del cónsul de Francia en la isla, y se nombró a Mariano Domingo Traggia y Uribarri, el marqués de Palacio, como nuevo gobernador de Menorca.

Iglesia del Carmen, a la derecha, en Mahón. De estilo neoclásico, fue iniciada por
los Padres Carmelitas en 1750 y su construcción duró más de 70 años.
Sargento del regimiento Borbón, una de las unidades acuarteladas en Menorca.

Otra de las disposiciones que se tomaron por parte de los mandos militares de la isla -quizá influenciadas por parte de la tropa- fue la de desplazar a la península a los regimientos que se encontraban en ella, por lo que las compañías de los Voluntarios de Aragón y 90 artilleros partieron para Tortosa, el 13 de julio; el batallón 2º de Barcelona se hizo a la vela el 18 de julio hacia San Feliu de Guíxols, en socorro de la ciudad de Gerona y el resto de la guarnición salió el día 20 para Tarragona, donde desembarcó el 22 de julio. En total unos 4.360 hombres y 37 piezas de artillería. [10]

Pero durante la Guerra de Independencia, al igual que en conflictos anteriores, la verdadera importancia de la isla de Menorca radicaría en su situación estratégica en el Mediterráneo y el poder contar con la presencia en sus puertos de los barcos de la Real marina británica como aliada.

La flota británica ya contaba con una destacada presencia en el Mediterráneo, y desde la alianza de España con Francia los puertos españoles estaban siendo bloqueados sistemáticamente por los barcos británicos (principalmente los puertos de Cádiz y Cartagena), cuando no, siendo el objetivo de proyectadas incursiones militares. A mediados de abril de 1808, con el cambio de la política inglesa para controlar los enclaves en Sudamérica y librarlos de la influencia francesa, se ordenó al general Brent Spencer atacar la escuadra española que tenía base en Mahón, pero para el tiempo en que se pudo concretar la operación, la situación en España había cambiado radicalmente y Spencer, hábilmente, la ignoró.

Vista del puerto de Mahón desde el casco antiguo de la ciudad.

En junio de 1808, a raíz de la insurrección española contra Napoleón, el almirante Collingwood ordenó el cese de las hostilidades contra España y abrió vías de comunicación con la Junta de Sevilla y con el capitán general de Mallorca, Juan Miguel de Vives. Este había pedido un oficial de enlace, y el vicealmirante Edward Thornbough le envió el capitán Thomas Staines, que ya había participado en la conquista de Menorca por los británicos en 1798. Después de un tiempo de negociaciones, Vives abrió Mahón a la flota británica, donde también se establecería una parte de la escuadra española. Los británicos tomaron las Baleares bajo su protección. [2]

Las ventajas eran incuestionables para españoles y británicos:

– La isla quedaba protegida por la flota británica con lo que una invasión francesa quedaba prácticamente descartada.

– Su situación geográfica garantizaba una estrecha vigilancia de las costas españolas y francesas, e incluso de las islas italianas.

– La flota británica pudo tener su base principal en el denominado Port Mahon y no dividirse en dos escuadrones entre Sicilia y el estrecho como había hecho hasta entonces. [2]

– El aprovisionamiento por mar de las tropas imperiales en Cataluña prácticamente había cesado a partir de 1810, entre otros por la acción de la flota británica con base en Mahón, aunque se seguirían las acciones aisladas de barcos corsarios franceses, principalmente con base en Marsella, para atacar el comercio costero en las costas catalanas.

– El puerto de Mahón podía al mismo tiempo dedicarse a las reparaciones de los buques de guerra averiados, servir de escala a los mercantes de largo recorrido y de refugio a la flota británica durante los meses de tormentas en invierno. [2]

El puerto de Mahón, recogido en el Atlas Marítimo de España, de Vicente Tofiño de 1789 (b)

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LOS INTENTOS FRANCESES POR AVITUALLAR LAS TROPAS IMPERIALES EN ESPAÑA POR MAR 1808-1810

A pesar de ser países fronterizos, los Pirineos y las acciones de las guerrillas presentaban un serio obstáculo para los trenes de suministros de las tropas imperiales en suelo español.

Tan pronto como Barcelona estuvo en poder de las tropas francesas e italianas, Napoleón planeó utilizar este puerto para recibir cargamentos de vituallas desde el puerto de Marsella. Durante un tiempo, Napoleón incluso contempló enviar provisiones a Junot en Portugal utilizando barcos más pequeños, que pudieran navegar de cabotaje por las aguas costeras poco profundas y, por lo tanto, evadir la persecución de los navíos británicos.

La situación de Menorca y sus puertos, permitía que en un día, con vientos moderados, se pudiera llegar a las costas españolas, francesas o a las islas italianas.

Tras la organización de algunos convoyes desde Marsella y Tolón entre 1808 y 1809, los esfuerzos de Napoleón y sus fuerzas navales para reabastecer a su ejército en España por mar habían tenido un variado y pérdidas significativas.

Mientras Napoleón pensaba en intentar otro envío a finales de 1810, advirtió a Decrès que «sobre todo, no quiero arriesgar ninguno de mis barcos de línea, quiero usar solo fragatas«. Incluso consideró el hecho de que pudiera pasar o no una cantidad suficiente de suministros, incluso si solo un tercio de los barcos llegaba a su destino. Finalmente, Napoleón abandonó todos los planes para enviar suministros a España, prefiriendo intentar que la campaña siguiera su curso y al mismo tiempo fuera rentable, pero esta vez sostenida por las contribuciones forzosas exigidas al pueblo español. [3]

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Pero las incontestables ventajas también dejaban entrever algunas situaciones embarazosas, cuando no de cierto riesgo. Como hemos comentado anteriormente la gran parte de la guarnición militar de las islas acudió principalmente a Cataluña para apoyar la resistencia contra las tropas francesas, dejando su protección al cuidado de algunos centenares de voluntarios y la presencia de la propia flota inglesa. El peligro de que los franceses lo aprovecharan para dar un golpe de mano se antojaba real para los británicos, sobre todo si tenemos en cuenta que en Cabrera, Menorca y Mallorca se amontonaban miles de prisioneros franceses con sus oficiales. Algunos mandos británicos (Hallowell y Codrington) insinuaron la posibilidad de que los prisioneros fueran enviados a Malta o a Sicilia. Desde finales de 1811, las islas se convirtieron en centro de reclutamiento y adiestramiento de tropas a cargo del general Samuel Ford Whittingham, y la seguridad mejoró. [2]

El puerto de Ciutadella, al oeste de la isla, fue el puerto principal de Menorca hasta el s. XVIII.

La isla también gozaba de una red de torres de vigilancia y defensa (Martello) diseminadas por el perímetro de la isla, que habían sido construidas a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

La torre Martello (1799) de Cala Mesquida.

Otro punto a tener en cuenta eran las relaciones entre los mandos navales británicos y españoles. Las relaciones no dejaban de tener cierta tirantez, por cuanto era complicado obviar de la noche al día hechos recientes como la derrota en Trafalgar o que la propia isla de Menorca hubiera estado en manos extranjeras por más de 70 años durante el siglo anterior. Dicha pertenencia en el pasado dejaría una gran influencia en sus gentes en forma de amistosa relación con los marinos y militares británicos durante aquellos años, así como una fuerte impronta en su vocabulario3, pero no conseguiría tampoco que los años de ocupación hubieran fructificado en una simbiosis perenne4.

Con el transcurso de los meses, la isla acogió a multitud de refugiados, principalmente de Cataluña, que huían de las miserias y violencia de la guerra. Esto provocó que Mahón principalmente sufriera un rápido engrandecimiento, improvisándose la barriada sobre el terreno conocido por las Tancas del Carme. Las Tancas del Carme eran unos terrenos cercados que los Padres Carmelitas poseían sobre los peñascos que dominan el puerto de Mahón. Como suele suceder en tales ocasiones y como reflejan las crónicas de la época [1], los alquileres sufrieron un aumento vertiginoso por parte de los propietarios.

Entre los refugiados de mayor o menor prestigio social se encontraba la duquesa de Orleans, una noble emigré que huyó de la Francia Revolucionaria y que llegó con su familia a la isla el 1 de enero de 1809, huyendo desde Palamós. Posteriormente se trasladaría a la población italiana de Palermo. Otra de las personas que llegarían a la isla, según Juan Gutiérrez (ver Fuentes), fue Teresa Prats y Vilanova, que llevaba consigo a su hijo, un niño de pecho llamado Juan Prim y Prats, futuro general, Marqués de los Castillejos y presidente del gobierno5. [1]

Como hecho anecdótico el comentar la renuencia que tenían los isleños a las levas para el ejército (no así para la marina) y el esfuerzo de guerra, amparándose en antiguos privilegios6, por lo que el 1 de marzo de 1810 hubo algunos conatos de sublevación, que se produjeron con mayor virulencia en las poblaciones de Mahón y Alayor, al ordenarse nuevamente una leva. Los procesos judiciales que se incoaron por parte de las autoridades duraron hasta 1815 cuando se resolvió la imposición de sendas multas a los pueblos de Mahón y Alayor por valor de 50.000 duros, los cuales se rebajaron finalmente a 26.000, y que los vecinos acabarían de pagar mediante contribuciones hasta después de la muerte de Fernando VII.

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1Menorca había sido conquistada por segunda vez por los británicos a finales del siglo XVIII, concretamente en una expedición comandada por el general Stuart en noviembre de 1798. Los británicos ocuparían la isla durante cuatro años, hasta 1802, cuando fue devuelta a España por el tratado de Amiens. Como señala Irénée Lameire (ver Fuentes), «Lo que es más singular es que la isla de Menorca no se nombra individualmente entre las conquistas hechas en España y restituidas. Estas restituciones se hacen in globo. Solo La Trinidad le queda a Gran Bretaña, es en virtud de un argumento a contrario que Menorca vuelve bajo el dominio español. Es bastante extraño que un desplazamiento tan intenso de la soberanía, que logró modificar por completo la constitución de la isla, no dejó rastro en el tratado, ni siquiera para especificar la restitución. El art. 11 del Tratado de Amiens alude a las evacuaciones de islas mediterráneas, que no se nombran, pero el contexto muestra que se trata de las islas italianas.»

2La guarnición de Menorca constaba de los regimientos infantería de Soria y Granada, un batallón del Borbón, el de tropa ligera 2º de Barcelona, 3 compañías de voluntarios de Aragón, 10 oficiales del Real Cuerpo de Artillería y 190 artilleros, 6 oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros, 90 zapadores y un destacamento de Húsares Españoles, compuesto de 8 oficiales y 70 soldados. [10]

3Muchas palabras del menorquín derivan de la lengua inglesa: botella: bòtil (bottle), diablo: dèvils (devil), mochila: hevresac (haversack), Juan: Jan (John), hombre: men (man), ron: rum (rum), beber: trinc (drink) y un largo etcétera. David Whamond (ver Fuentes) identifica cerca de unas 120 palabras de procedencia inglesa.  

4Como señala Rory Muir (ver Fuentes), ante el argumento de que Inglaterra no previó diversificar los cultivos de la isla, ni aumentar sus relaciones comerciales o mejorar la calidad de su flota interna, hay que comprender que las colonias inglesas no tenían otro cometido en el siglo XVIII que el de ser todo lo beneficiosas que pudieran para la metrópoli con la mínima inversión posible (básicamente militar en el caso de Menorca) y tampoco la isla tenía las ventajas materiales que ofrecían las colonias de Norte América, las Indias Orientales o incluso los gélidos territorios del Canadá.

5Caso de ser cierta la anécdota, tuvo que ser a finales de 1814 o principios de 1815, ya que Juan Prim nació el 6 de diciembre de 1814 en Reus.

6El antiguo reino de Mallorca tuvo un sistema jurídico propio desde los tiempos de la conquista por Jaime I. Los estamentos eran representados por seis jurados (“Jurats”), que entre otras cuestiones velaban por la defensa del orden institucional, convocaban los Consejos Insulares y tenían la clave de la defensa armada, auxiliando al Gobernador o Virrey de turno. Los Decretos de Nueva Planta de 1715, introdujeron reformas en materia de derecho público, aunque “… Mallorca pudo conservar su derecho civil, penal, procesal y mercantil” [7]. La recién formada Junta Suprema de Mallorca formada el 30 de mayo de 1808, fue sustituida por la Junta Superior de Observancia y Defensa del Reino de Mallorca como órgano de gobierno en las islas.


Fuentes:

1 – “Significación de Menorca en la Guerra de la Independencia” – Juan Gutiérrez, Pbro, Revista de Menorca, 1943

2 – “La política mediterránea de Gran Bretaña durante la Guerra Peninsular” – Maties Ramisa, Universitat de Vic, Rúbrica Contemporánea, vol. IX , n. 17, 2020 – http://revistes.uab.cat/rubrica

3  – “The Peninsular War: Napoleon’s Maritime War” –  Kenneth G. Johnson,  Air Command and Staff College, 2012

4 – “The British government and the Peninsular War, 1808 to june 1811” – Roderick J.B. Muir, Tesis doctoral, Departamento de Historia, Universidad de Adelaida, 1988

5 – “Britain and Menorca in the eighteenth century” – David Whamond Donaldson MA ©1994, PhD thesis, The Open University, August 1994

6  – https://www.barcelonaenhorasdeoficina.com/historia-de-una-duquesa-que-dio-nombre/

7 – “El derecho del antiguo reino de Mallorca ante la codificación liberal” – Antonio Planas Rosselló . AHDE, tomo LXXXII, 2012

8 – “Mallorca 1715. Del desguace de las instituciones a la agonía de la inquisición” – Román Piña Homs, Universitat de les Illes Balears, MRAMEGH, 26 (2016), 91-106

9 – «Théorie et pratique de la conquête dans l’ancien droit: étude de droit international ancien. Les occupations militaires de l’ile de Minorque» – Irénée Lameire, Arthur Rousseau Ed., Paris, 1908

10 – “Historia de la Guerra de la Independencia en el antiguo principado” – Adolfo Blanch, Barcelona, Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs, 1861

11 – «Introducción a la Geografía Física de Menorca» – V. M. Rosselló, J. J. Fornós y L. Gómez-Pujol (editores) © 2003 AGE – Universitat de València – Universitat de les Illes Balears – Societat d’Història Natural de les Balears

Imágenes:

a – HMS Caledonia in Port Mahon, por Anton Schranz. (https://www.rountreetryon.com/artists/332-anton-schranz/works/10763-anton-schranz-hms-caledonia-in-port-mahon/)

b – Atlas Marítimo de España [Material cartográfico] / [Vicente Tofiño de San Miguel] ; Inventado y dibuxado por D. Rafael Mengs, Capitán en el Real Cuerpo de Ingenieros ; Grabado por D. Manuel Salvador Carmona, Grabador de Camara de S.M. y del Rey de Francia, y Director en la Real Academia de S. Ferndo.  (Fuente: Biblioteca Nacional de España, GMG/122/12).

c – https://i.pinimg.com/564x/80/a4/dc/80a4dca456735cdb6430cbf697b89cc3.jpg

1808 y la Guerra de la Independencia – Documentos RNE

Tiempo de lectura: 60 minutos

Televisión Española (TVE) ofrece en su página web una extensa serie de podcast descargables de muy variadas temáticas relacionadas con la Historia. Bajo la denominación de Documentos RNE (http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/), el 5 de mayo de 2008 ofreció uno de estos podcasts bajo el título de «1808 y la Guerra de la Independencia», nos traza la génesis y el desarrollo de este conflicto que marcó nuestra Historia moderna hasta prácticamente la actualidad, con comentarios de historiadores y especialistas como Miguel Artola, Miguel Alonso y Juan Velarde entre otros.

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(Narrador): Los acontecimientos políticos y militares que tienen lugar en España a partir de 1808 abrirán una nueva etapa en su historia. Europa está en guerra. Napoleón Bonaparte emperador de Francia, trata de imponer un nuevo orden en Europa. El bloqueo continental contra Inglaterra cuando un están abiertas las heridas tras el fracaso hispano-francés en Trafalgar es una de las prioridades del emperador. Portugal, aliado de Inglaterra, por cuyos puertos los ingleses tienen posibilidad de evitar el bloqueo es el objetivo inmediato de Bonaparte. La alianza con España se hace indispensable pero los objetivos finales del emperador están aún por ver.

(Emilio de Diego): «Después de noviembre de 1806 Napoleón, como testimonia Metternich en sus memorias, por entonces embajador del imperio austríaco en París había decidido desalojar de la corona de España a los Borbones. En ese momento, recordemos, que se produjo un intento de acercamiento de Godoy a Inglaterra tanteando un posible equilibrio ante la asfixiante presión francesa. El momento no pudo ser más desafortunado porque coincidió con el apogeo de Napoleón. Desde ese instante, Napoleón tiene decidido instalar en la corte española un monarca Bonaparte. Ahora bien, eso no significa que Napoleón pensara que iba a haber guerra. Él estaba convencido de que su proyecto político, las simpatías que generaba en un sector de la élite intelectual española, la connivencia con algún sector de la Iglesia, los propios contactos y maniobras dentro de la corte, la desarticulación del ejército español, el que se encontraran sus mejores unidades ya integradas en el ejército imperial combatiendo en Europa a las órdenes de los proyectos franceses, todo ello llevaría, a lo sumo, a que pudiera producirse algún tipo de insurrección, popular, bueno, parecido a lo que fue el 2 de mayo pero que una vez yugulado esto se habría terminado y España no estaría en condiciones de resistir y ese va a ser el enorme error de Napoleón.«

(Narrador): Desde julio de 1807 y tras haber vencido a los ejércitos austriacos y rusos y prusianos ni el emperador de Viena ni el rey de Prusia ni el zar de Rusia están en guerra con Francia. Napoleón tiene sus hermanos en distintos tronos europeos: José en Nápoles, Luis en Holanda y Jerónimo en Westfalia. Inglaterra y Portugal forman un bloque aparte frente al poder del emperador. España no puede quedarse al margen.

(Emilio de Diego): «La invasión solapada que se produce desde octubre de 1807 y en especial ya desde los primeros compases de 1808, se hace al amparo del tratado de Fontainebleau que se había firmado en octubre del año siete. No es seguramente un engaño en la medida en que la corte española puede mostrar desde un principio algún recelo; otra cosa es de cara a la opinión pública como debe de manifestarse por qué en síntesis lo que sucede a partir de la primavera de 1808 no es más que el punto de llegada de una situación que se viene tratando de evitar desde mil 1795. España se halla inmersa en un conflicto de dos grandes potencias que afecta a su doble dimensión como monarquía: a la parte europea con Francia y a la parte americana con Inglaterra. Eso le lleva a una neutralidad imposible y a pesar de todos los esfuerzos y de haberse unido al carro francés, va a acabar siendo víctima de esas circunstancias. No es tanto ni la connivencia de los gobernantes ni su mala gestión que también habría bastante, ni siquiera la tremenda crisis dentro del seno de la familia reinante en el que Fernando VII o en la que Fernando VII acaba defenestrando a su padre y poniendo en manos de Napoleón los destinos de la corona española, sino también el papel que España ya como potencia importante, pero de segundo orden tiene que jugar en un conflicto al que no puede sustraerse.«

(Narrador): España se halla inmersa en una crisis dinástica que desembocará en los sucesos de El Escorial y Aranjuez. Los recelos entre el rey borbón Carlos IV, apoyado en su valido el general Godoy, y el príncipe Fernando VII, testigo de cómo más de un trono pasaba de manos de reyes a generales, crearon una situación de intrigas y conspiraciones que debilitó el poder en España.

(Miguel Artola): «El problema es un conflicto dinástico. Un conflicto dinástico que va a enfrentar al príncipe de Asturias con el rey y que va a crear, va a conducir a un conflicto político que va a llegar hasta a Francia con el emperador. El problema, el origen de ese conflicto se produce o tiene lugar como consecuencia de la situación, de las diferencias, del odio que existe entre Godoy y el príncipe de Asturias. Es decir, los dos están en una situación de temor y miedo, porque puede pasar cualquier cosa, es decir eliminar una persona… esto… No hay ningún dato que pueda justificar esto qué estoy diciendo, pero el temor a ser eliminado, eso es libre, eso es una cosa que puede pasar por la mente de cualquiera.«

La firma del Tratado de Fontainebleau (27/10/1807) en un grabado de 1851. (a)

(Narrador): La firma del tratado de Fontainebleau con los franceses nos posiciona definitivamente y marca el rumbo de los acontecimientos futuros en Europa. Mientras tanto, los acontecimientos políticos en España no dejan de agravarse.

(Emilio de Diego): «En Fontainebleau se pactó todo el reparto de Portugal tras una invasión hispano-francesa. El cuerpo de ejército que mandaba el mariscal Junot debería de ser auxiliado como así fue además por tres contingentes españoles, uno por el norte, otro por el centro y otro por el sur, de manera que Lisboa cae en manos francesas el 30 de noviembre de 1807. Oporto y la zona norte de Portugal ha caído en manos de tropas españolas y lo mismo ocurre con otras zonas del país vecino. Ahora bien el objetivo además de repartirse Portugal era o se venía justificando por la necesidad de cerrar los puertos portugueses al comercio y a la actividad en general británica: después de la declaración del bloqueo continental no tendría sentido el pretender que los géneros ingleses no llegaran a Europa sino se cerraba Lisboa y Oporto fundamentalmente y en la misma medida el otro objetivo que no se dice a propósito de Fontainebleau pero que también estaba en el mismo horizonte, Gibraltar, que seguía siendo la puerta de los británicos para Europa.«

(Miguel Artola): «El mismo día que se había firmado el tratado Fontainebleau fue detenido en El Escorial el príncipe de Asturias. Fue detenido por dos motivos, digamos, por dos motivos, que no son fáciles de valorar su peso en el suceso. Por una parte, Fernando, que está viudo desde hace unos cuantos meses, decide solicitar una princesa de la familia imperial como esposa. Y lo hace directamente, es decir no por la vía diplomática ordinaria, sin contar, sin comunicárselo al rey, lo cual es formalmente un delito tipificado, es un contacto con una potencia extranjera. Pero, por otra parte, por otra parte, en esos días, a dos o tres días de la detención se publica un manifiesto, vamos, se publica un decreto, pero que en realidad es un manifiesto, una información en la cual se hace saber a los españoles que se ha descubierto una conspiración para derrocar al rey.» 

(Narrador): 17 de marzo de 1808, Aranjuez. Las tropas francesas avanzan hacia Madrid. El traslado de la corte parece la solución para el rey Carlos IV y para su valido Godoy.

(Emilio de Diego): «El motín de Aranjuez fue el segundo tiempo de un golpe de estado cuyo primer episodio se había abortado en El Escorial en octubre de 1807. Entonces fracasa porque se descubre la conspiración. El príncipe de Asturias, Fernando, es detenido, incluso parece que está en peligro de que se le abra un proceso por alta traición. Pero todo queda en nada cuando se descubren otros papeles que se le han encontrado unas relaciones con Nápoles. Esto atemoriza a la corte española y el príncipe va a salvarse sin el menor contratiempo. Claro, al no indagar, al no desarticular la trama por completo esta tiene un segundo tiempo, esta vez en Aranjuez entre el 17 y el 19 de marzo de 1808, con el triunfo de los partidarios del príncipe de Asturias que obligan a Carlos IV a cederle la corona al nuevo monarca, Fernando VII. Este es el verdadero y el primero de los hechos revolucionarios en la historia política de ese momento.«

(Miguel Artola): «Godoy considera a los franceses como hostiles, entonces toma los mismos pasos que tomó la familia de los Braganza de Portugal para irse, se aleja de la corte porque las tropas francesas están avanzando hacia la corte. Y en ese momento, que quiere llevarse a la corte a Andalucía y tal vez a América se produce el motín de Aranjuez. El Motín de Aranjuez es una conspiración organizada por el séquito, por el cuarto del príncipe y con la utilización de la Guardia Real. Aranjuez es un sitio real, donde lo que hay es criados y por otra parte la Guardia Real. Cuando Godoy cae en manos de los amotinados, en ese momento los reyes están en el trono pero hay una situación de inseguridad tremenda, en ese momento da la impresión de que Godoy queda en manos de los amotinados y que el rey no se encuentra en condiciones de dar órdenes para restablecer la tranquilidad en Aranjuez. El rey no las da y el príncipe de Asturias no es nadie para hacer eso.«

(Narrador): Tras la renuncia de Carlos IV el nuevo rey Fernando VII confirma los órganos fundamentales del poder y refuerza el Consejo de Castilla y el duque del Infantado, pero la situación estaba lejos de estar resuelta.

(Miguel Artola): «La renuncia de Carlos IV va al Consejo de Castilla y se va a publicar. Se va a publicar, el rey ha abdicado, Fernando VII ha tomado el poder, etc. El consejo de Castilla dice, ordena a todas las autoridades que cumplan las órdenes. Fernando VII adopta clarísimamente una postura pro francesa, es decir, manifiesta claramente a los franceses su decisión de apoyar, acercarse, colaborar… El problema que, el mismo día en que Fernando VII ya es rey, ya es séptimo, entra por otro lado Murat en Madrid. Murat que viene con todas las divisiones que estaban ocupando no ya el camino de Madrid sino que estaban entrando hacia el interior. Un ejército francés que acampa en las afueras de Madrid.«

¡Nunca habéis librado una campaña tan fácil, soldados! ¡El vulgo os recibirá con flores y besos en las calles de Madrid! ¡El español está ansioso por romper sus cadenas y convertirse en un hombre libre!

(Narrador): La España de 1808 es un país económicamente medio. Ha perdido prácticamente su comercio con las Indias, su poderío marítimo y está en claro retroceso frente a imperios emergentes.

(Juan Velarde): «La economía española entonces, es una economía que, de pronto, observaba que el enemigo que había tenido a lo largo del siglo XVIII, que era Gran Bretaña, estaba acertando con la revolución industrial. Estaba el ámbito español, culto, interesado, estaba verdaderamente sobrecogido, porque era Inglaterra la que estaba acertando. Hay que ver las cosas, Jovellanos cuando habla de cuestiones relacionadas con esa novedad que era la revolución industrial o cuando se observa y el cambio de instituciones que se están produciendo como consecuencia de esto, etc., porque no se atina aquí a entrar en la revolución industrial. Inglaterra sí ha entrado, y el resto del continente no ha entrado, pero España pues menos todavía.  Por otro lado, había para España siempre un recurso, que es el que pierde a Napoleón que era la plata americana. La llegada de plata americana que era muy fuerte, la que venía de México y la que venía de Perú, bueno, ahora es Bolivia, Alto Perú, pero era el virreinato del Perú. Esas dos llegadas de plata, esas flotas de plata y eso de pronto se corta, porque Inglaterra en esa especie de batalla mundial, de guerra mundial continua que Francia y España tenían en todos los mares y todos los terrenos con Gran Bretaña y que había llevado a la independencia de Estados Unidos, porque fue una de las piezas para machacar a Inglaterra, pues quitarle del ámbito norteamericano, etcétera, bueno pues de pronto la batalla del cabo San Vicente y se cortan las comunicaciones normales con América y la llegada de la plata. Y todo esto crea una situación en la conjunción de todo esto hay una situación de crisis previa a la Guerra de la Independencia evidentemente muy clara.»

«La batalla del Cabo San Vicente» (1881), por Richard Brydges Beechey (b)

(Presentador): Políticamente, las cosas se van complicando en España. Murat consigue que le devuelvan a Godoy y le manda a Bayona a presentarse ante el emperador. Progresivamente irán saliendo los distintos miembros de la familia real.

(Miguel Artola): «Murat consigue, empujando, primero detrás de Godoy manda a Fernando VII, después manda a los reyes padres y él se queda aquí gobernando el país porque controla a la junta de gobierno que había dejado Fernando VII la controla, después le nombrará Carlos IV desde Bayona le nombrará lugarteniente suyo del reino, habrá una restauración y mientras tanto se producen las abdicaciones, el juego de las abdicaciones que se producen en Bayona. Fernando no se niega a abdicar, a renunciar en Napoleón, pero abdica en su padre, su padre abdica en Napoleón, Napoleón abdica en José.» 

(Narrador): Las columnas francesas acompañadas por divisiones españolas van camino de Portugal. El tratado de Fontainebleau se está llevando a cabo y así trata de hacérsele ver a los españoles, pero una serie de acontecimientos hacen que el pueblo de Madrid no tenga las cosas tan claras.

(Miguel Alonso): «Lo que percibe la ciudad de Madrid es que esas tropas del cuñado de Napoleón, que es Murat, ya están en la capital de España y no entienden por qué. Qué tiene que ver el ocupar varios acuartelamientos y las calles de Madrid con una tropa francesa cuando lo que había era un acuerdo político de que unas divisiones españolas acompañaran a los franceses para invadir Portugal. Esto es lo que verdaderamente hay que reflejar como previo al 2 de mayo. Lo que ocurre también inmediatamente antes es que toda la familia real española, tanto Carlos IV como Fernando VII, incluso sus hijos más pequeños se van desplazando desde Madrid y dejan desasistida a la ciudad. Entonces en aquel momento el descontento es impresionante. Pero no se sabe todavía en Madrid y tardará en saberse, cuál es la intención de Napoleón, es decir todavía el 2 de mayo no ha abdicado Carlos IV, ni ha abdicado Fernando VII, ni Napoleón ha dicho que el rey de España va a ser su hermano José.»

(Miguel Artola): «Ha pasado como aliado hacia Portugal, pero nada más, ha dejado ocupadas todas las plazas intermedias, es decir, es un ejército aliado en tránsito, pero a partir de cierto momento a empezado a ocupar, ha ocupado Barcelona y ha ocupado Pamplona, y desde este momento está tomando posiciones posiblemente con la idea de quedarse todo el territorio al norte del Ebro. Pero cuando se encuentra con las noticias de Aranjuez entonces ya decide: “yo no puedo reconocer a uno, no puedo obligar al otro a que tal, no puedo dejar que los ingleses ocupen el país y por lo tanto no me queda más remedio que…”

(Narrador): Madrid, 2 de mayo de 1808.

(Emilio de Diego): «El 2 de mayo en Madrid significa ni más ni menos que el paso de la confrontación entre el ciudadano agredido y la vindicación política, porque en Madrid se va hablar de “Mueran los franceses”, como en otros episodios anteriores, pero se va hablar también de “Viva España, viva la independencia, viva la libertad”, es otra categoría política, ese es el gran salto cualitativo del 2 de mayo. Después del 2 de mayo ya no hay vuelta atrás. Aparte por la misma dimensión cuantitativa: el centrar el debate, si fue un hecho espontáneo, no pudo ser un hecho espontáneo absolutamente en el sentido que de que cientos o algunos miles de personas no se acaban movilizando a un día y a una hora. Que el día anterior y los anteriores ha habido ya tensión, que se ha reunido en Madrid una gente que viene de algunos pueblos próximos, de los Reales Sitios, que son servidores de casas nobles vinculadas al entorno fernandino, etc., etc., etc., y que existen tramas previas de carácter civil y militar que van a confluir en el 2 de mayo, esto es evidente.

El que se produzca en tan distintos puntos de la ciudad, se concentre un número de gente relativamente importante en Palacio, pero también en la Puerta de Toledo, también en otros lugares mucho más alejados, se dirijan al Parque de Monteleón, el propio comportamiento de Velarde, que va pidiendo armas y que se cumpla la palabra dada de la sublevación a sus superiores. Nadie le arresta, no se atreven a dar el paso, pero le acaban cediendo unos soldados del cuartel de Voluntarios del Estado, etc., etc. Bueno, todo esto indica que hay una conversación, o algo más que conversación anterior, que hay unas maniobras interiores, probablemente el buen sentido, la indecisión, lo que se quiera de las autoridades de más rango, con el capitán general Negrete a la cabeza: “Bueno, donde vamos con una guarnición muy inferior a las tropas francesas en todos los órdenes, qué vamos… ¿a un auténtico baño de sangre?… Pues se acabó. Esto hay que frenarlo como sea”. Pero el hecho de que se frene o sea la gente la que vaya tomando esa iniciativa no es ajeno a la trama anterior.»

Grabado describiendo alguno de los hechos del 2 de mayo en la Puerta del Sol.

(Narrador): En la ciudad de Madrid se ha producido un levantamiento popular que no era previsible en los planes del emperador Bonaparte, menos aún que este se extendiese y que fuera el germen de una guerra con España.

(Miguel Artola): «Esperaba que hicieran algunos alborotos, pero él dice “bueno, no pasará nada, pero si pasase algo bastará que mande unas columnas que castiguen y se restablezca la paz”. Él no se plantea en absoluto la posibilidad de una guerra, porque la desproporción entre sus medios y los medios del ejército español no solamente la numérica, la diferencia en la efectividad en combate, la calidad de sus mandos, de sus mandos militares frente a los españoles, en fin, el francés era un ejército imbatible.»

(Narrador): El pueblo se ha levantado contra un ejército invasor muy numeroso. Las posibilidades de éxito de la revuelta son escasas algo que conocen los propios militares españoles. Serán pocos los que se sumen a la iniciativa con el tiempo serán elevados a la categoría de héroes.

(Miguel Alonso): «Ese descontento adquiere un grado enorme, pero lo adquiere en la gente sencilla, en la población civil de la capital de España ni siquiera en las demás ciudades españolas que no tienen esa presencia un poco opresiva de las columnas francesas. Entonces, claro, el verdadero problema está en que los mandos millares de cierta graduación, los mandos de los Guardia Reales, los mandos de los regimientos de infantería, de caballería, o de artillería, lo que son incluso las fuerzas vivas de la población civil, es decir voy a poner un ejemplo extremo, los párrocos y los obispos que puedan estar viviendo en Madrid lo están pasando muy mal pero no hacen absolutamente nada. Y entonces la irritación del pueblo va a más y como no tienen armas piden armas y en una unidad de Madrid que es el cuartel de Monteleón, allí dos capitanes de artillería, Daoíz y Velarde se ofrecen a armar al pueblo y a realizar en las calles de Madrid una importante protesta. Ese es el 2 de mayo: hay un teniente de infantería, nada más, el teniente Ruiz, Jacinto Ruiz, y lo que va a ocurrir es muy triste desde el punto de vista de la efectividad inmediata, la efectividad inmediata es que Murat tiene suficientes efectivos franceses por las unidades procedentes de Egipto que son los mamelucos para aplastar el levantamiento.

Tanto Daoíz como Velarde y en segundo plano el teniente Ruiz, son dos oficiales del cuerpo de artillería muy cultos, muy ilustrados, entonces son personas que tienen una buena formación técnica y están en un regimiento y en un cuartel en el que hay bastante armamento y munición. Por lo tanto, son personas cultas y conocidas por la ciudad de Madrid, pero desde el punto de vista de su ideología son bastante liberales, es decir son personas que están formadas para que haya un cambio político y que el cambio político sea la mayor participación de la burguesía en la toma de decisiones. Entonces, ¿esto qué es lo que hace? Que cuando ellos salen del cuartel y encabezan el movimiento de todo el que se le suma, que es pueblo, pretendidamente su muerte heroica, que es en la misma jornada, pues les va a mitificar, ¿no? entonces ellos quedan en una posición muy privilegiada para los sentimientos del pueblo español, son los únicos militares de carrera de la ciudad de Madrid que se han sumado al sentimiento del pueblo.

(Miguel Artola): «La crisis del poder central en España produce la emergencia del poder revolucionario. Poder revolucionario que es el poder de la calle, es decir, son los manifestantes que están en la calle que se presentan ante el capitán general y de las provincias y para pedirles que declaren la guerra a los franceses. Que declaren la guerra a Francia y que movilicen. Claro, estos señores no quieren ni oír hablar de semejante idea. Es decir, objetivamente eso era una locura.»

(Narrador): El levantamiento ha fracasado como tal y las represalias se materializan con los fusilamientos de la Moncloa. No ha prosperado la revuelta, pero ha prendido la llama de la sublevación contra el invasor francés.

(Miguel Alonso): «Posteriormente al 2 de mayo la reacción de Napoleón en Bayona es la que todavía va a irritar más, porque la noticia que llega a Madrid es que va a haber una nueva dinastía, es decir que los Bonaparte van a sustituir a los Borbones, y entonces se da un fenómeno que va a dar pie a la verdadera guerra de Independencia que es que a lo largo de todo el mes de mayo todas las guarniciones periféricas, todos los buques de guerra, todos los puertos de mar que tienen unidades de la armada o unidades del ejército perciben que para ellos el problema es espantoso, porque o aceptan al nuevo rey o no lo aceptan, no se pueden quedar en la zona de nadie, y qué día es en el que esto está absolutamente claro, pues el día de San Fernando, porque el rey se llama Fernando. Si el rey se llama Fernando entonces poner unas salvas de ordenanza en el toque de diana y celebrar con festejos el santo del rey era importantísimo. Donde se realiza es que allí el sentimiento popular se impone a las autoridades más o menos medrosas y logran un levantamiento armado, un alzamiento de gentes. En los lugares donde las tropas francesas están demasiado cerca porque están circulando en tránsito varias divisiones incluso por distintos itinerarios, las más importantes son las de general Junot que van hasta Lisboa y penetran en Lisboa, entonces los sitios donde la presencia francesa es notable entonces allí ese alzamiento no se hace, o fracasa inmediatamente.»

(Emilio de Diego): «En todos los lugares donde no hay guarniciones francesas que puedan impedirlo inmediatamente en los días que siguen al 2 de mayo se va conociendo lo sucedido la capital no solo por el bando del alcalde de Móstoles y su difusión que también en una parte del sur y sudeste de España tiene su influencia va llevando la noticia sino porque de Madrid escapa mucha gente que ha participado o que teme la represión. Bueno, entre ellos el propio por entonces vizconde de Matarrosa, luego conde de Toreno, que está en Madrid y marcha a Asturias, bueno, por el camino lo que se va es difundiendo lo que ha pasado en Madrid, cuando se llega a Asturias exactamente igual y de allí a otras zonas y de Madrid a Segovia fíjese usted lo que se tarda y de allí a Toledo que lleguen las noticias, pues muy poco tiempo, y esto hace que a partir del 24 de mayo prenda la insurrección que podríamos llamar casi general entre 24 de mayo y el 6 de junio, en apenas dos semanas, la inmensa mayoría de España se ha levantado, se ha pronunciado contra los franceses y es más, ha declarado la guerra a los franceses.»

(Narrador): La idea de una guerra contra el ejército francés era visto por los capitanes generales como una locura: la situación militar de España y Francia no eran comparables pues entre otras cosas el ejército español se encontraba disperso.

(Miguel Alonso): «Ese famoso tratado de Fontainebleau había comprometido a todos el ejército español y a la marina de guerra, entendamos que las marinas de guerra de España y de Francia están en decadencia, han perdido la batalla de Trafalgar, por lo tanto, hablemos solo del ejército de tierra. Entonces Napoleón de una manera muy insidiosa ha logrado del gobierno de Godoy cosas muy desfavorables para el ejército de tierra español. Ha llevado varias divisiones con el marqués de La Romana a Dinamarca, ha sacado tropas españolas que estaban en la Toscana en Italia y también las ha llevado a Dinamarca, ha introducido en Portugal dos a tres divisiones más y además tiene en guerra contra Inglaterra algunos efectivos importantes con el general Castaños en lo que llamamos el campo de Gibraltar. ¿Qué quiere esto decir? Que la capacidad de tener reunido al ejército español para oponerse al ejército francés es mínima. Una capacidad absolutamente minusvalorada porque no hay manera de ponerla en orden. Es más, si hay una fuerza que había sido bastante cuidada, sobre todo por Carlos III y luego también por Carlos IV eran las Guardias Reales, pero las Guardias Reales son las que tienen el problema más espantoso porque les han cambiado al rey, las lealtades y las fidelidades son las más difíciles de todas.»

(Narrador): El ejército francés se ha ido posicionando en España de forma estratégica, ocupando las ciudades que se encuentran en el camino de Bayona hacia Madrid para llevar a cabo la pacificación necesita tener el centro, Valencia, Andalucía principalmente Cádiz, Zaragoza y Barcelona.

(Miguel Alonso): «Ese ejército francés que está recorriendo, son varios cuerpos de ejército la península ibérica inicialmente van a Portugal. pero cuando ya han pasado por Fuenterrabía se van a por las plazas fuertes del Pirineo, van a por Jaca, van a por Pamplona, van a por Gerona, van a por Lérida, van a por Monzón, o sea van a garantizar que España nunca protestará y siempre será viable el tránsito de tropas francesas. Ahora ese ejército francés, ¿Qué es? Es un ejército muy avezado, el ejército francés desde que Napoleón es primer Cónsul es un ejército que ha utilizado lo que llamamos la nación en armas y ha retenido en filas a miles de soldados y estos miles de soldados no han dejado de operar, por tanto el ejército no es el ejército de la batalla de Valmy, del voluntariado jacobino que ha salido de las ciudades, es un ejército que lleva ocho o diez años participando en grandes batallas contra las potencias más importantes de Europa Central, por tanto el grado de instrucción y de obediencia y de disciplina del ejército francés es impresionante.

Mapa de la Península Ibérica, describiendo las principales acciones entre junio y agosto de 1808 (c)

Derrotar en campo abierto al ejército francés con lo que queda en la península ibérica del ejército español era un imposible, entonces los dos primeros años, el año ocho y el año nueve, con la excepción de la batalla de Bailén, que tiene unas circunstancias muy peculiares, el ejército regular español no logra éxitos, se reorganiza, se pone detrás de la Junta suprema y central, cuando llega Napoleón le da cara, pero es sistemáticamente derrotado. ¿La salida cuál tenía que ser? Pues la única que en esas circunstancias es viable, buscar un aliado exterior. Invertir la alianza, colocarse al lado de Portugal y exigir que Inglaterra no sólo ocupe y defienda Portugal, sino que también penetre en la península ibérica para derrotar a José Bonaparte cuando por fin llegue José Bonaparte, porque a José Bonaparte no lo vamos a tener en Madrid hasta el mes de julio.

(Narrador): La guerra está en marcha. En el mes de julio de ese año 1808 tiene lugar una batalla importante en el futuro desarrollo de los acontecimientos: Bailén. Con tres divisiones de seis u ocho mil hombres cada una el general francés Dupont sale camino de Cádiz con una difícil misión que cumplir.

(Miguel Alonso): «Lo que ocurre en Bailén es absolutamente sorprendente para todos. Cuando José Bonaparte ya ha entrado en Madrid, ya digo que es después del mes de julio o en pleno mes de julio, entonces tiene la obsesión de ser rey de España, sólo se puede ser rey de España en el palacio de Oriente de Madrid sí también se manda en Sevilla, sí también se manda en Zaragoza, sí también se manda en Valencia y si también se manda en Barcelona. Entonces lo que hace es remitir al general Dupont para una operación sentimental porque la operación de Dupont es sentimental: todos los marinos franceses que han perdido la batalla de Trafalgar y que no han sido repatriados estaban en Cádiz, en la bahía de Cádiz, en san Fernando y el puerto de Santa María. Cuando se produce un incidente muy grave en Cádiz y en Cádiz triunfan los rebeldes, los que no aceptan a José Bonaparte como rey de los españoles a todos esos soldados franceses o marinos, tropas embarcadas, marina que sucumbe en la batalla de Trafalgar los encierran en la carraca, es decir, hay una situación de ofensa desde el punto de vista de su libertad, de alguien que había figurado como aliado de España que se ha convertido en enemigo. Entonces Dupont lo que tiene que hacer con un cuerpo de tres divisiones es salir por el camino de Andalucía y llegar hasta Cádiz, liberar a los presos franceses y explicarles a los españoles que hay un nuevo rey.»

(Narrador): Los mandos militares franceses han quedado en libertad. El propio Dupont viaja a Francia y explica Napoleón lo sucedido. Las consecuencias de la derrota francesa, recibido como un duro golpe, son inmediatas

(Miguel Artola): «Es una pérdida de prestigio. Napoleón decía: “Tengo una mancha, me la tengo que quitar”. Las manchas no se quitan, pero él organiza, él quiere una victoria absolutamente radical y entonces empieza a movilizar a la Grande Armée, se trae a un buen número de sus mariscales y organiza y prepara una gran batalla de liquidamiento.»

(Narrador): En España el triunfo sobre las tropas napoleónicas en Bailén había creado falsas expectativas de un triunfo rápido sobre el invasor.

(Miguel Alonso): «La interpretación de los españoles es espléndida: sí hemos vencido un cuerpo de ejército francés, tanto es así que José Bonaparte abandona Madrid y se va por donde ha venido, se va hasta Vitoria. Entonces cuando Napoleón le dice: “Esto no te lo perdono, tú tienes que volver a Madrid y además aquí estoy yo con tres o cuatro cuerpos de ejército más” y eso ocurre ya en el mes de octubre-noviembre de 1808. Entonces Napoleón hace las dos operaciones militares más brillantes, una de ellas es en Gamonal, en las puertas de Burgos, otra es en el puerto de Somosierra con la carga de los jinetes polacos y le devuelve en Chamartín de la Rosa que es donde se aloja Napoleón el palacio real a su hermano José. Y eso sucede el día 2 de diciembre, la entrada de Napoleón en Madrid».

(Narrador): La guerra de la independencia será un freno a las economías española y francesa frente a los avances de la revolución industrial que ya está teniendo lugar en Inglaterra. Las consecuencias de la dura contienda debilitarán los intereses de ambas potencias que van perdiendo su lugar como tales.

(Juan Velarde): «Parte de la España agraria logra vivir por encima de todo y las zonas periféricas logran tener la alianza con Inglaterra y a través del dominio del mar pueden tener contacto con el comercio internacional, cosa que Francia pues no tenía y eso hace que zonas de la periferia como puedan ser Asturias, como puede ser Galicia, como pueda ser sobre todo el caso de Cádiz, que bueno, pues, ¿hay alguna escasez?, no. No hay escasez, le llega por mar y los ingleses se las arreglan para que lleguen bien los suministros, la comida, las cosas. Progreso, no lo hay, la mayor parte de España pues es un caos, hay a veces situaciones de hambre feroces, tremendas, pero claro, el ejército de ocupación y no había ferrocarril entonces, la revolución industrial no había llegado a Francia, tampoco tenían la revolución industrial y como consecuencia de esto cómo llegaban los suministros: andando, y desde Francia, etc. Pues el ejército francés con una carga, la guerra de España, económica, verdaderamente monstruosa. Como además había una actividad guerrillera feroz encarecía mucho más los transportes, son continuamente eran por carretera y por malas carreteras porque la red radial de carreteras que había empezado Fernando VI y luego Carlos III pues casi ni se había empezado, ni había culminado, ni muchísimo menos y claro, el resultado era un esfuerzo económico, porque vivir sobre el terreno de ninguna manera: una economía hundida, que el sobre el terreno los habitantes que sabían cómo tener algo de aquello pues lograban sobrevivir. El ejército invasor en absoluto y fue una carga terrible en lo económico para Francia, una carga verdaderamente espantosa.»

(Narrador): El gobierno ingles ha anunciado en junio de 1808 su alianza con España. Por delante seis años de guerra, en los que diferentes acciones y estrategias, unido a los acontecimientos en Europa, irán debilitando el poder del ejército francés en territorio español. Tras la derrota en Vitoria, hay que volver a organizarse.

(Miguel Artola): «¿Qué es lo que ha pasado con los españoles? En este momento la guerrilla adquiere un volumen, se manifiesta en todas partes, empieza a ser un nuevo fenómeno, la guerrilla es una nueva forma de guerra, es una estrategia distinta. La guerrilla es la guerra del débil, había habido partidas aquí y allá, pero nunca un sistema tan organizado como el que se dio en España. Pero no solamente era organizado porque se formaron multitud de partidas, sino organizado por el poder. El poder político que desde septiembre era la Junta central, era una reunión de las juntas, los diputados de las juntas habían formado una Junta central. La Junta central asume políticamente la guerra de guerrillas.»

(Narrador): Uno de los tres pilares de la lucha contra el invasor junto al ejército regular español y su alianza con Inglaterra, la resistencia de los asedios, fue la guerra de guerrillas, el movimiento guerrillero que ha crecido entre 1810 y 1811 y que se constituye en ejército regular. Los eficaces guerrilleros quieren empleos militares y lo obtienen a través de los regentes del reino en las cortes de Cádiz.

(Miguel Alonso): «En el año 1808 es muy difícil encontrar guerrillas, es decir, ya hay algunas partidas que se acercan al general castaños en la batalla de Bailén, que son garrochistas, jinetes que vienen de ganaderías de reses bravas, y que son buenos jinetes, que han hecho la guerra, la campaña del Rosellón, y entonces van apareciendo en los puntos de paso obligado de las unidades francesas y en su retaguardia movimientos guerrilleros que les hacen asaltos. ¿En dónde? Esencialmente en tres tramos: en todo lo que entra desde Irún-Fuenterrabía y llega hasta Burgos en ese tramo Espoz y Mina, Mina el Mozo, en el otro tramo que va desde Burgos por Somosierra a Madrid, la Alcarria, donde está El Empecinado, yo le seguiría diciendo nombres, y luego hay otro tramo menos estudiado y que para mí es decisivo, que es el tramo que va a Despeñaperros, el que busca el camino de Andalucía.

Este fenómeno general los diputados de las cortes de Cádiz y antes de ellos la junta suprema central lo regula, es decir da unas disposiciones, y lo paga, en la medida en que pueda atenderlo, y les da un cierto apoyo. Inglaterra está detrás, claro, porque Inglaterra está muy interesada en que haya una sublevación en la península ibérica. Ahora, el guerrillero de por sí puede ser por lo menos estas tres cosas.«

(Narrador): El tiempo avanza. Napoleón tiene tres campos abiertos: en mayo de 1808 ha fracasado el ejército francés contra el ejército de Portugal e Inglaterra; en España, José Bonaparte no se ha consolidado como rey y la campaña de Rusia, tras la ruptura del pacto con el zar, que influye en el desarrollo de la guerra en nuestro país, debilita aún más su poder. Wellington aprovecha esta circunstancia para ganar una batalla claves la batalla de Los Arapiles.

(Miguel Artola): «Francia va a tener, Napoleón va a tener que aumentar sus hombres, va a tener en el momento de mayor presencia francesa llegará a tener como trescientos cincuenta mil hombres en España. Hay ahí una cifra, la cifra exacta, unos trescientos cincuenta mil hombres, sus posibilidades de acción van a disminuir como consecuencia de tener aquí, inútilmente, porque tener trescientos cincuenta mil hombres quiere decir estar sustituyendo las bajas que se están produciendo constantemente, es decir, de los soldados vencidos, asesinados, ejecutados y tal, enfermos, entonces esa es la situación de la guerra y así va estar la guerra. Hay un tercer protagonista que es Wellington.»

(Narrador): A lo largo de la guerra de la Independencia desde un punto de vista político España vive una situación política variada y compleja. José Bonaparte trata de reinar en España.

José I frente a Cádiz, cuadro titulado «Paz en la guerra», por Augusto Ferrer Dalmau. (d)

(Emilio de Diego): «José Bonaparte había sido rey de Nápoles, era un personaje, eh, bueno, yo creo que de perfiles bastante positivos para el ejercicio del destino al que al que su hermano le quería conducir o le condujo. Un hombre que tenía estudios de derecho, un hombre de cierta cultura, bueno dentro del panorama de los monarcas de entonces pues no era precisamente un zote. Todo lo que luego la propaganda española lanzó en contra suyo como enemigo al que había que denigrar, si era borracho, jugador, etc., etc., etc., pues todo eso es radicalmente falso. Él pretendió ser rey de los españoles al dictado de su hermano y eso le resultó imposible. Cuando quiso afirmarse siempre aparecía la sombra de Napoleón, eso le coartaba cualquier iniciativa de verdad personal, tuvo conciencia muy pronto de que le sería prácticamente imposible ganarse a los españoles sino contaba con más recursos y una, diríamos, capacidad de actuación que el emperador no le llegó a otorgar nunca.»

(Narrador): El rechazo por parte de la mayoría de los españoles fue radical, incluso de aquellos simpatizantes con las ideas de reforma pero que los querían desarrollar con los valores propios de la España del momento. Aun así, trató de llevar a cabo una serie de medidas.

(Juan Velarde): «Napoleón y José lo que intentaron fue racionalizar muchos aspectos de la vida económica española. Por ejemplo, poner en marcha el presupuesto, el presupuesto no, entraba dinero y salía… No, no, que el conjunto del poder legislativo apruebe periódicamente qué tipo de ingresos que tipo de gastos debe hacer el ejecutivo. Eso empieza en Bayona, luego lo coge Cádiz, etc., pero eso sí, es José Bonaparte y es en la administración francesa trató de poner orden en la economía, lo que pasa que, claro, poner orden en la economía donde, bueno, pues pagar los impuestos normalmente pues no se pagaban o con consecuencias como el banco de San Carlos. Hay dos bancos de San Carlos: el banco de San Carlos que trabaja con los franceses y que tratar de poner orden ahí y al banco de San Carlos que ha pasado a Sevilla, Cádiz y que está con los patriotas.»

(Miguel Alonso): «La derrota definitiva de Napoleón procede primero de la ambición excesiva de sus planes. Y, en esa derrota tiene mucha importancia lo que llamamos la campaña de la guerra peninsular, de la guerra de Independencia, porque se ha metido en un avispero, los libros, hay un libro que se titula así “El avispero español”. Por qué no es lo mismo derrotar al ejército español en una batalla, como ganó el combate de Gamonal o la batalla de Somosierra que estar ocupando permanentemente a un pueblo que no le quiere obedecer y ese drama es el que sufre esencialmente José Bonaparte: se queda con varios mariscales de Napoleón, por otra parte tiene al mariscal Jourdan con él siempre en Sevilla coloca al mariscal Soult, Bessières lo tiene en Valladolid, a Suchet lo sitúa y gobierna con bastante efectividad en Zaragoza, llega a conquistar Valencia o sea que la situación no es desesperada para José Bonaparte. pero nunca grata. Pero a partir de 1812, la campaña de Rusia, el apoyo de José Bonaparte que podrá recibir de su hermano se va a cero.»

(Narrador): Paralelamente a los acontecimientos bélicos en Cádiz donde se encuentran las cortes españolas se ha desarrollado una obra que culmina en un nuevo marco jurídico-político consagrado en la Constitución de 1812. En ella se recogían los principios del liberalismo. España aceptada de forma irregular por la contienda sueña con desarrollar un nuevo orden político mientras continúan las operaciones militares.

(Miguel Artola): «Durante la guerra lo que pasa es que se ha producido la revolución. Los españoles, la Junta central ha organizado un proceso de cambio político. La Junta central ha decidido convocar Cortes, pero unas Cortes especiales, no unas Cortes ordinarias, por eso las cortes se llaman generales, las llaman generales porque están todos los territorios representados, no están solamente las ciudades de voto en Cortes como era tradicional, y extraordinarias, porque son unas Cortes que van a ejercer un poder constituyente, van a hacer una constitución. Y esa constitución es la Constitución de Cádiz. Entonces en Cádiz se ha producido una revolución política. Tenemos una constitución en un país cuyas ciudades están ocupadas, pero en las que la guerra está evolucionando favorablemente.»

(Narrador): Seis años que irán conformando un mapa de nombres, fechas y lugares marcados por la resistencia, el asedio o la batalla.

(Emilio de Diego): «Fue una guerra muy cruel, porque al ser una guerra regular e irregular a la vez, este conflicto irregular protagonizado por las guerrillas, principalmente, daría origen a un tipo de crueldad no habitual en las confrontaciones de ejércitos regulares. Y por una espiral de acción-reacción, si se había matado a unos soldados franceses, digamos en condiciones no habituales, pues la respuesta venía a ser de la misma categoría, pero incluso queriendo ejemplificar con el terror lo que era el castigo. En consecuencia, como digo, fue una guerra más cruel, la más cruel de cuantas se habían conocido hasta entonces.»

(Narrador): El 20 de marzo de 1813 José Bonaparte sale de Madrid con destino marcado por Napoleón: Valladolid. Los continuos avances hispano-ingleses hacen que se retire hacia el norte. La decisiva batalla de Vitoria en la que es vencido el ejército francés, hace que José Bonaparte salga definitivamente de España. El 5 de abril de 1814 el emperador abdica en Fontainebleau y es deportado a la isla de Elba. El 7 de marzo de ese año ha sido liberado el rey Fernando VII. En Madrid le esperan los diputados de las Cortes llegados desde Cádiz. España tiene delante un nuevo reto político.

(Emilio de Diego): «La guerra de Independencia fue el choque de dos cosmovisiones: una heredera de la Ilustración, racionalista, que encarnaba el proyecto napoleónico con las desviaciones que luego había tenido esa propia herencia revolucionaria y la otra, romántica, que no renegaba de las reformas en su sector, liberal, pero que pretendía hacerlas como le digo desde la tradición española, desde la independencia, desde la libertad, y es la que al final se impuso, al menos hasta 1812.»

(Miguel Alonso): «Para la historia de España y para el futuro el generalato español de la guerra de Independencia, no termina la guerra de Independencia en una posición de prestigio. Termina siendo muy criticado. Hay algunos valiosos. El general Eguía, el general Elío, el general Gabriel Mendizábal están allí, y es muy meritorio lo que hacen, pero Fernando VII no se lo reconoce tampoco. Es decir, cuando vuelve Fernando VII, apela mucho más a los que van a defender el régimen antiguo y por lo tanto todos estos que han luchado en la Guerra de Independencia, que han sido obedientes a las Cortes de Cádiz, pues tampoco están bien colocados con respecto a Fernando VII. Y entonces es una pequeña tragedia, o sea, la tragedia es que el ejército español al final de la guerra de Independencia queda sin haber logrado lo que habitualmente se logra en cualquier guerra victoriosa: un cuadro de mandos de generales victoriosos.»

(Narrador): La guerra de la Independencia ha terminado. Las consecuencias son múltiples tanto en el plano estratégico, político-social y de progreso como para la nueva etapa de la historia de España.

(Juan Velarde): «Lo que supone la guerra de España, la guerra de Independencia es, se archiva la situación anterior y viene una situación radicalmente nueva, porque está ahí la revolución liberal, la revolución industrial, viene el romanticismo, viene simultáneamente con esto el que exista una revolución científica y tecnológica – aparte de la revolución industrial – una revolución científica, hay que actuar y reaccionar de otra manera.»

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  • Miguel Artola Gallego, historiador, académico de la Historia, especialista en los orígenes del la época contemporánea española y autor de “La España de Fernando VII: la guerra de la Independencia y los orígenes del régimen constitucional”
  • Emilio de Diego García, historiador, profesor de historia en la Universidad Complutense de Madrid.
  • Juan Velarde Fuertes, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
  • Miguel Alonso Baquer, general de brigada, doctor en Historia.
  • Miguel Ferran, narrador

Fuentes:

1 – «1808 y la Guerra de la Independencia» – Documentos Radio Nacional de España, un programa de Ignacio Elguero con narración de Miguel Ferran, 05/05/2008

Imágenes:

a – https://i.pinimg.com/originals/2c/05/67/2c0567bcdbaa5cf768b8a487d0e7a863.png

b – By Richard Brydges Beechey (1808-1895) – 1. Transferred from en.wikipedia to Commons by Kurpfalzbilder.de using CommonsHelper., Original uploader was Tiago Nóbrega Vasconcelos at en.wikipedia2. Sotheby’s New York, 30 November 2006, lot 5, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6866871

c – https://www.westpoint.edu/sites/default/files/inline-images/academics/academic_departments/history/Napoleonic%20wars/Nap36.pdf

d -https://augustoferrerdalmau.com/137-atmn_large/ii-tercio-de-asturias-1690.jpg

Con Wellington por España (XXVII). Mujeres acompañando a los ejércitos

Tiempo de lectura: 35 minutos

Ya desde la antigüedad el rastro de los ejércitos ha sido seguido por muchedumbres más o menos numerosas de mujeres o compañeras de soldados, prostitutas y toda clase de personajes con los oficios más dispares pero algunos necesarios en el esfuerzo de guerra. Estos ejércitos «paralelos» han sido tratados en pocas ocasiones o con poco detalle por ser un aspecto poco «llamativo» en la historia de las campañas militares, pero muy real desde el punto de vista humano.

Se calcula de una manera muy conservativa que unas 1.500 esposas de soldados fueron transportadas a Portugal en 1808 por cuenta del gobierno inglés, aparte de un pequeño contingente con las mujeres de oficiales, sargentos y cabos que pudieron llegar a pagarse su pasaje [2]. De la mano de Nick Lipscombe veremos las peculiaridades de la relación del ejército británico en la Península con aquellas mujeres, lo fueran de oficiales, soldados o simplemente compañeras de viaje de los mismos, pero que compartían en todas las ocasiones todos los rigores, privaciones y evidentemente los peligros de la campaña militar, tanto en en tierras portuguesas primero como luego en suelo español.

MUJERES Y ESPOSAS ACOMPAÑANDO A LOS EJÉRCITOS EN LA PENÍNSULA

«Royal Artillery camp followers» (1810). (a)

Llegamos a un tema que en lo que a mí respecta, es realmente un área que creo que muchos otros, digamos, directores o historiadores no cubren con suficiente detalle, y ese es el asunto de las esposas y los acompañantes de los ejércitos. Es un área donde no hay absolutamente ninguna duda, muchos historiadores y yo escucho con bastante frecuencia documentales de televisión donde la gente habla de que las esposas son acompañantes de los ejércitos, y siguen el drama y todo ese tipo de cosas.

Bueno, sí y no. Y si tomamos la terminología estricta de los civiles acompañando a los ejércitos, las esposas no eran acompañantes de los ejércitos como tales y quiero explicar porqué ese es el caso. Ahora, el regimiento que tenía que prestar algún tipo de servicio en el exterior o en expediciones, se le permitía tomar una proporción de las esposas de los soldados a una escala de entre cuatro y seis por compañía. Asumiendo que si el batallón tiene alrededor de unos mil efectivos como hemos dicho, con diez compañías de cien soldados, yo diría que en expediciones ciertamente en el período en que estaban llegando a tiempo para la Península, donde estaban reclutando a muchos jóvenes y no hay duda cuando llegas a una época cuando la nación está en guerra las filas del ejército se llenan de nuevos reclutas. Entonces, la cantidad de soldados y tomamos en cuenta a los soldados y no a los oficiales, las esposas de los oficiales acampaban donde querían, así que ese es un tema aparte, y volveremos al mismo en un momento.

El número de soldados que se habrían casado calculo que no eran más del 35%. Así que probablemente estaremos hablando de trescientos cincuenta hombres que tenían esposas que podían o no acampar en las expediciones. Entonces, si calculamos de cuatro a seis por compañía, diez compañías, sesenta de ellas podrían acampar, eso es algo menos del 20%, sesenta de los casados; el personal, las esposas que podían o no podían unirse a ellos en las expediciones. Ahora bien, muy a menudo la decisión de quién iría se dejaba hasta los últimos minutos. A veces una gran cantidad de chicas que seguían a sus maridos hasta el puerto de embarque y luego muchas se retiraban la noche antes de que el barco zarpara, y las que sacaban la paja más larga se unían a sus maridos en las listas del regimiento (“muster roll”) y esa es la clave: una vez que se acordaba incluirlas en los efectivos del regimiento, sabían que estaban en las listas del batallón del regimiento y eso significaba que el gobierno tenía la responsabilidad de moverlas, alimentarlas, protegerlas, brindarles otros elementos rudimentarios de apoyo, ahora, por supuesto, había muchas situaciones diferentes, volveremos a los roles de esposas que ingresaban en las listas del regimiento en un segundo, pero eso significaba que todas esas chicas que no eran llevadas al extranjero en la expedición, serían en un batallón del orden de doscientas cincuenta a trescientas, realmente tenían tres opciones: regresar con sus madres o sus familias, juntarse en grupos y tratar de trabajar para mantenerse en torno al área de reclutamiento del regimiento o en las aldeas en las que vivían o los pueblos, o literalmente no tenían otra opción que ponerse en las calles.

Y eso era en realidad bastante frecuente, no había medios para un soldado, si estaba en servicio en el extranjero, de enviar dinero para mantener a su esposa y a toda la familia, no había transferencias bancarias ni nada por el estilo, no había ningún sistema del regimiento de la manera que algunos de ustedes pueden entender el sistema de un regimiento y, de hecho, es justo decir que el sistema de regimiento probablemente haya cerrado el círculo, desde el período que cubrieron las reformas en las que todo se basaba en el regimiento, el regimiento lo era todo, se ocupaba en el lugar y del tiempo de todas las familias siempre que su batallón o batallones del regimiento estuvieran en expediciones. Creo que ahora también se cierra el círculo, por ejemplo, en tiempos de mi padre en el ejército, cuando los oficiales se desplegaban en las operaciones en el exterior, alguien iba a la casa del oficial y se ocupaba de cortar el césped, mantener los tratamientos del jardín, etc., etc., eso ya estaba llegando a su fin durante mi carrera, ya no sucedió más. Hubo mucha gente que decía, bueno, saben por qué alguien debería ir a cortarles el césped, hacer esto, hacer aquello, y esa es, por supuesto, una de las principales razones por las que todo el asunto llegó a su fin, pero el cortar el césped eran los sesgos de la paja que rompió el lomo del camello, fue lo que terminó con el asunto, porque era mucho más que cortar el césped, era cuidar lo que quería tu esposo ausente y, por supuesto, cuando digo esposo, pero quiero decir que podría ser que la mujer estuviera lista, que ella esté sirviendo y el esposo tal vez en casa cuidando a los niños, así que de otra manera en estos días.

Ahora, volviendo a las sesenta o más esposas que estaban allí, realmente se convirtieron en un gran problema, aunque no solo para el regimiento sino también para el propio Wellington y sus colaboradores del Estado Mayor. Un oficial del 34º regimiento describió a un grupo de esposas siguiendo a su batallón:

“Como las esposas de los soldados subalternos se amontonan en el batallón descomponiéndolo, pero contrario a toda la disciplina militar, no estaban bajo control, bloqueaban las estrechas masas y condicionaban los avances del ejército con sus burros”.

«Serro de Estrello on De Neve. The March of Baggage following the Army – May 16th 1811» (1812). (b)

Pero estas mujeres fueron en algunos casos bastante notables, eran duras como clavos, saqueadoras expertas, con una furiosa parte de sentido común y la excelencia de su propio batallón, por supuesto, llegando a luchar entre ellas, de hecho con otras esposas de oficiales o con esposas de soldados, no oficiales, absolutamente no, con otros soldados o esposas de soldados, muchas de ellas habiendo enviudado por dos o tres veces. Porque cuando un hombre resultaba muerto, otro miembro del regimiento se proponía rápidamente a su esposa y eso puede sonar extraño, pero dado que en los viejos tiempos tendría un largo y arduo viaje de regreso a Inglaterra o Irlanda, la mayoría decidía quedarse con el nuevo cónyuge y tomar un nuevo nombre y, a medida que avanzaba la campaña, muchos soldados y algunos oficiales ofrecieron a sus esposas españolas o portuguesas que se unieran a ellos en las listas del regimiento, etc. Pero, por supuesto, había muchas otras chicas que se incluyeron como esposas de hecho, que no estaban en la lista del regimiento y, por lo tanto, eran acompañantes del ejército, en esto hay una clara distinción.

Ahora hay un relato de un testigo presencial muy interesante aquí de Benjamin Harris, que era fusilero con los el 95º regimiento, los Rifles, en el primer enfrentamiento de toda la campaña, en Roliça, el 17 de agosto de 1808:

“Cuando se pasó lista después de la batalla, las mujeres que extrañaron a sus maridos se acercaron al frente de la fila para preguntarles a los supervivientes si sabían algo sobre ellos. Entre otros nombres escuché el de Cochan, nombrado con voz de mujer, sin que le respondieran. El nombre me llamó la atención, y observé a la pobre mujer que lo había llamado, mientras lloraba frente a nosotros, y aparentemente temerosa de hacer más preguntas sobre su esposo. Ningún hombre había respondido a su nombre, ni tenía nada que dar cuenta de su destino. Yo mismo lo había visto caer, como se dijo antes, mientras bebía de su cantimplora; pero cuando miré a la pobre criatura que sollozaba ante mí, me sentí incapaz de contarle su muerte. Finalmente, el capitán Leech la observó y llamó a la compañía:

«¿Algún hombre aquí sabe lo que le ha pasado a Cochan? Si es así, que hable de inmediato».

A esta orden, inmediatamente conté lo que había visto y conté la forma de su muerte. Después de un tiempo, la Sra. Cochan parecía ansiosa por buscar el lugar donde cayó su esposo y, con la esperanza de encontrarlo aún con vida, me pidió que la acompañara por el campo. Ella confiaba, a pesar de lo que le había dicho, en encontrarlo aún con vida.

«¿Crees que podrías encontrarlo?» dijo el Capitán Leech, al ser referido.

Le dije que estaba seguro de que podía, ya que había observado muchos objetos mientras buscaba refugio durante la escaramuza.

«Ve entonces», dijo el capitán, «y muéstrale el lugar a la pobre mujer, ya que parece tan deseosa de encontrar el cuerpo».

En consecuencia, me abrí paso por el terreno en el que habíamos luchado, ella me seguía y sollozaba detrás de mí, y, llegando rápidamente a la lugar donde yacía el cuerpo de su esposo, se lo señaló.

Pronto descubrió que todas sus esperanzas eran en vano; abrazó un cadáver rígido, y después de levantarse y contemplar su rostro desfigurado durante algunos minutos, con las manos entrelazadas y las lágrimas rodando por sus mejillas, sacó un libro de oraciones de su bolsillo y, arrodillándose, repitió el servicio por los muertos sobre el cuerpo. Cuando hubo terminado pareció bastante consolada, y aproveché para hacerle señas a un ingeniero que vi cerca con otros hombres, y juntos cavamos un hoyo, y rápidamente enterramos el cuerpo. La Sra. Cochan luego volvió conmigo a la compañía a la que se había unido su esposo, y se acostó en el páramo cerca de nosotros. Yacía entre otras mujeres, que estaban en las mismas circunstancias angustiosas que ella, con el cielo como dosel y un césped como almohada, porque no teníamos tiendas con nosotros. ¡Pobre mujer! La compadecí mucho; pero no hubo remedio. Si hubiera sido duquesa, le habría sucedido lo mismo. Era una mujer hermosa, recuerdo, y la circunstancia de haber visto caer a su marido y haberla acompañado a encontrar su cuerpo, engendró una especie de intimidad entre nosotros. La compañía a la que había pertenecido Cochan, acongojada como estaba, ahora era su hogar…”

No hay constancia de si la Sra. Cochan se volvió a casar o no con alguien del 95.º de Rifles y permaneció en el batallón, pero creo que las posibilidades son extremadamente altas. El informe sobre las mujeres británicas con la 4ª división en noviembre de 1813 muestra que el 7º regimiento de infantería tenía solo 17, bueno, el 20º regimiento de infantería tenía 42, el 23º regimiento de infantería tenía 29, el 27º regimiento de infantería, 54 y el 40º regimiento de infantería, 55. Hay unas pocas bajas registradas por acción enemiga de todos modos, pero al menos setenta murieron de esta manera durante la retirada de Burgos en 1812, la esposa del sargento Maybe fue alcanzada por una bala de cañón, muerta instantáneamente. Hay una serie de escapadas por los pelos. Lady Woolgrave, la esposa de John E. Woolgrave, un comandante en el 15º de dragones ligeros, a menudo cabalgaba con su esposo y en una ocasión estuvo a punto de ser hecha prisionera. Audazmente presentó su bolsillo de este lado (a la vista) del jinete francés y la dejó escapar.

Quizá las hazañas más valientes sean las de la mujer del sargento Reston (Agnes Reston) en Cádiz en 1810. Reston se encontraba en el fuerte de Matagordo que estaba siendo bombardeado por los cañones franceses al cruzar la bahía. Agnes ayudaba al cirujano a vendar las heridas de los soldados, recogía agua del pozo en el centro del fuerte, cargaba sacos de arena y ayudó a reparar muchos de los puentes volados por los cañones franceses. Y lo que me lleva muy adecuadamente a los roles de estas esposas que no estaban simplemente allí para ser la esposa del sargento Reston: tenían muchas responsabilidades, eran madres de estos jóvenes soldados, eran enfermeras y médicos. Llevaban agua, se les conocía como cantineras («cantinière»), existían mujeres en el ejército francés para llevar agua a los hombres. Y el agua era un componente vital para mantener al soldado y su capacidad de lucha en el campo de batalla y también durante las largas marchas.

Agnes Reston en el fuerte de Matagordo. (c)

En la batalla, como todos sabemos, cuando nos ponemos ansiosos, con las manos sudorosas operando bajo el sol aquí, en Iberia, un entorno y clima muy extraños para muchos de estos hombres. Además ellos han de llevar a cabo lo que se llama morder la bala («biting the bullet»), es decir los cartuchos que vienen con esa bala de mosquete enrollada con la pólvora en un pequeño sobre de papel. Lo que hacían cuando cargaban sus mosquetes es que mordían la bala, la sostenían en la boca y luego volcaban parte de la pólvora del envoltorio en la cacerola del mosquete.

Veremos algunos mosquetes en algunos de los museos a los que vamos, en un par de museos, y todo lo que se necesita saber sobre el procedimiento para cargar el mosquete. Era bastante laborioso, pero teníamos la cacerola y con la chispa del pedernal, lo que inicia, por supuesto, la ignición del propulsor en el cañón. Pero para todos nosotros recordar el baile de los grifos de la ducha cuando éramos niños que caía todo el chorro en la boca y eso era exactamente lo mismo con la pólvora negra que llevaba mucha sal y otros productos químicos. La sal que secaba las bocas de los soldados, que la sostenían en la boca, luego, por supuesto, los elementos de la pólvora que se deslizaban también por la boca. Por lo tanto, el agua era un tema absolutamente vital, llevarla a los soldados en el fragor de la batalla era un asunto extremadamente peligroso y hay muchos relatos aquí en Salamanca. En ese caso los soldados llevaban el agua pero también muchas de las muchachas se dedicaban a llevarle agua a los hombres para que pudieran seguir combatiendo.

Quizás la más famosa de todas las historias de una esposa que acompañaba a su esposo y sus hazañas durante la Guerra de la Independencia fue la de la señora Petty Skiddy, la esposa del cabo Dan Skiddy del 34º de infantería durante la angustiosa retirada de Burgos en 1812, llevó a su esposo durante ciento veinte millas (unos 195 kilómetros). Dan Skinner simplemente se sentó en un lado de la carretera y le dijo: «Me siento, estoy agotado y si haces eso, y los franceses te capturan, es probable que te persigan, pero en realidad sería raro igualmente ser hecho prisionero. Es demasiado difícil considerarlo, o puedes adivinar tu suerte”. Bueno, entonces ella cogió a su esposo sobre su hombro y luego lo llevó más de cien millas de regreso y lo puso a salvo. Ambos sobrevivieron para contarlo, y en adelante Petty Skiddy fue famosa en todo el batallón. Y había un par de maniquíes bastante encantadores reunidos en el Museo del Ejército Nacional que lo representaban igual pero desafortunadamente estuvimos hablando de ello en la cena de anoche, pero el Museo del Ejército Nacional («National Army Museum») se ha vuelto un poco minimalista en vez del Museo Imperial de la Guerra («Imperial War Museum»), por lo que todas esas exhibiciones bastante ad-hoc ahora se están desechando.

Ahora también hablaremos sobre las esposas de los oficiales en ese período y mencioné a la esposa de John Woolgrave. Una de las esposas más conocidas fue la del Capitán Kerry. La esposa del capitán Kerry, Jill, siendo este el principal edecán del general Hill. Preparaba el té para el personal de la 2ª división y montaba una pequeña recepción cuando la división se instalaba en un lugar por unos días.

El mismo Wellington se vio inmerso en el matrimonio más desafortunado que conocemos, con Kitty Pakenham. Tenía unas fuertes objeciones a tener demasiadas mujeres en el frente, le gustaba bastante tener una o dos, pero de hecho en esa personalidad y sospecho que en esa crianza se casó con Wellington, pero eran una distracción, sintió que eran una indudable distracción y se extendía a los hijos, es decir estos acompañantes del ejército trazaban el camino en el asunto de la guerra. Un prisionero francés describió una vez a una familia inglesa de un militar que pasó cerca de él en la ciudad amurallada de Elvas, en la cual pasaremos esta noche. Este es el Capitán Lejeune:

«El capitán», este es él describiendo a este capitán, militar inglés «montaba el primero en un muy buen caballo resguardándose del sol con la sombrilla. Luego venía su esposa, muy lindamente vestida con el sombrerito de paja, montada en una mula y cargando, no solo un parasol, sino un perrito negro en sus rodillas con un recipiente para poder darle leche. Al lado de señora, una niñera irlandesa cargando a un bebé tan embelesado para la esperanza de la familia. Un granadero, un sirviente del capitán, venía detrás y, de vez en cuando, levantaba el largo vestido de su ama con su larga palo. El último en la procesión venía un burro, cargado con un abundante y diverso equipaje que incluía una tetera, una jaula de canarios y estaba custodiado por un sirviente inglés en librea montado y llevando un largo látigo de posta con el que ocasionalmente hacía caminar al burro por su lugar.”

Tropas británicas en marcha (1810) (d)

Me encanta esa descripción. Pregúntense por Wellington para con estos y entiendan por qué se opuso tan fuertemente a las mujeres en el frente. Masséna, un hombre del que vamos a escuchar mucho, un personaje muy interesante, el mariscal Masséna, fue simplemente brillante durante las segunda campaña en Italianas, allá por el siglo XVIII. En el momento en que llegó a comandar el ejército en Portugal, en 1810, cuando apareció tenía no menos de catorce edecanes; si se considera que Wellington tenía el mismo número en la batalla de Waterloo y considerando que Masséna probablemente estaba envejeciendo, francamente no quería el trabajo. De hecho fue invitado a tomar el té en el Palacio de Malmaison y la historia cuenta que después de haber rechazado tres veces la propuesta fue convocado a tomar el té en la residencia del Emperador en Malmaison, donde le dijeron – enfáticamente – que iría a España y tomaría el mando de este nuevo Ejército de Portugal. Ahora, uno de estos edecanes era un gentil capitán Denis, cuya hermana Henrietta estaba con Masséna, tenía que ser la amante de Masséna para esta aventura en España y se hizo conocida como Madame X1. Y hablaremos bastante sobre Madame X y no voy a mostrar todos mis argumentos esta etapa, solo darles unas pinceladas para las conversaciones que vendrán más tarde.

Pasemos a los acompañantes del ejército y quiénes serían acompañantes del ejército y ellas eran las esposas, pero la historia de cualquier ejército era extensa y notarían que los acompañantes del ejército consistían también en los carros del comisariado, que transportaban los suministros, los intendentes, los carros que transportaban las provisiones del ejército, enseres de los oficiales, los equipos para los campamentos, dinero, dinero, la caja de pagos, etc. Las vacas, caballos y mulas que transportaban el equipaje privado de los oficiales estaban incluidos en este grupo y el personal en el grupo incluía a los sirvientes de todos esos oficiales, los conductores y la intendencia, los policías, los sastres, y justo al fondo, las prostitutas.

También incluía a las esposas de hecho («common-law wives») porque no estarían en las listas del regimiento como he dicho. Una caravana de acompañantes en la Península con un ejército con las costumbres del siglo XVIII y en parte debido también al carácter de las naciones anfitrionas como aquí que nada era obtenido con la facilidad y el resultado neto es que estos grandes y extensas caravanas se hicieron más grandes y más extensas a medida que la campaña se desarrollaba.

La multitud de mulas y caballos presuponía que los conductores locales en la intendencia serían capaces de manejar esto y este no fue el caso en absoluto y, de hecho, muchos de estos propietarios de estas mulas, estas recuas de mulas o las recuas de bueyes, como se les conocía, tenían una reputación bastante mala y muchos se quedaron después de unos días con una gran cantidad de equipaje que se les había encomendado mover, particularmente aquellos que dijeron que trasladarían el «equipo» de los oficiales y que seguramente desaparecerían en la noche con todo el equipo de los oficiales para no ser vistos nunca más. Y, por supuesto, muchas de las personas en este grupo, pero debo decir que algunas de las esposas también fueron unas saqueadoras despiadadas y despojadoras de heridos y volveremos a ello hoy más tarde.

Roderick Merchant, del 36º de infantería, recordaba a una voluntaria portuguesa bastante seguro de quien era cuando escribió: “Desdobló ante mí y los demás un gran trozo de papel marrón en el que cuidadosamente había doblado, como un sándwich, varios pares de orejas de franceses».

Ahora bien, las mujeres de hecho o concubinas en campaña no tenían estatus oficial como dije ni apoyo: no tenían derecho a acompañar al ejército y no tenían derecho a ser repatriadas con su pareja y todo el resto del ejército al terminar la guerra. Por el año 1814, en Francia principalmente en Bayona y Burdeos, muchas de estas chicas se quedaron abandonadas en tierra. William Brass recuerda:

“Aquellas que habían seguido a los hombres a lo largo de los campos de batalla, curando sus heridas y compartiendo todos los rigores de la campaña con fidelidad y heroísmo ahora se quedaron en las playas mirando a los barcos que desaparecían y que se alejaban con sus compañeros y único medio de sustento. Seguro que no hubo escenas más conmovedoras en ningún momento que durante el período. Y hubo muchos lloros y lamentos de las Señoras.”

Y ese es un punto interesante porque muchos se unieron con chicas españolas y portuguesas, muchos de los soldados británicos encontraron particularmente a las señoritas españolas muy atractivas por razones obvias y tenemos una historia encantadora con la que terminamos hoy sobre un oficial del ejército británico que rescató a una niña española2 y la historia es interesante y termina en Sudáfrica, y que algunos de ustedes ya juzgarán de qué se trata.

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Ediciones Osprey trata también en de las acompañantes de los ejércitos en este caso en el ejército francés. (e)

ACOMPAÑANTES EN EL EJÉRCITO FRANCÉS: Los soldados del ejército francés podían casarse pero solo si demostraban que la unión tendría algún beneficio para el regimiento, ya que la mujer poseía un oficio útil como lavandera o costurera, de modo que podía mantenerse sin ser una carga para el regimiento. Esto significaba que el matrimonio era una empresa rentable para la pareja, especialmente cuando al soldado se le concedía permiso para servir como proveedor del batallón, y el reglamento controlaba el número de mujeres adscritas oficialmente al regimiento.

El ejército francés emitió numerosas regulaciones durante el período para controlar el número de mujeres que seguían a los ejércitos, estipulando el número que podía incorporarse oficialmente al regimiento. Estas mujeres desempeñaban su cometido en el suministro de alimentos, bebidas, tabaco, pipas de arcilla e incluso papel para escribir a las tropas. También había otros tipos de seguidores del campamento; los que no pertenecían a ningún regimiento pero podían seguir a los ejércitos y montar restaurantes y cafés en las principales zonas de los países conquistados. Además, estaban las blanchiseuses o lavanderas, que eran las esposas de los soldados a las que se pagaba para lavar la ropa del regimiento, con detalles interesantes sobre cómo se realizaba el lavado de la ropa. [4]

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1Masséna, visto el resultado de la campaña, se arrepentiría con el tiempo de haberla llevado consigo.

2Juana María de los Dolores de León Smith se había quedado huérfana con su hermana en Badajoz. Durante el sangriento y controvertido último asedio de la ciudad, las hermanas buscaron protección del caos del asedio y se encontraron con algunos oficiales británicos que encontraron acampando fuera de las murallas de la ciudad. Uno de ellos era el oficial Harry Smith, del 95.º Regimiento de Rifles, con quien se casó unos días después. Juana se haría popular entre los soldados y compartió el destino de su marido en España y posteriormente en Sudáfrica. Conocida como Lady Smith en sus últimos años, Juana Smith se conmemora directamente con el nombre de Ladysmith en Sudáfrica, en Canadá y en Whittlesey (Inglaterra), en la ciudad natal de su marido.


Nick Lipscombe MSc, FRHistS, es un historiador especializado en las Guerras Napoleónicas y, en particular, en la Guerra de Independencia. Ha escrito numerosos libros y artículos sobre asuntos relacionados con las guerras napoleónicas. Su primer libro, »An Atlas and Concise Military History of the Peninsular War» («Un Atlas y concisa historia militar de la guerra peninsular») se publicó en 2010 y fue seleccionado como el Libro del Año por el Daily Telegraph (Historia). Está reconocido como una autoridad mundial en las batallas y campos de batalla de la Península Ibérica y el sur de Francia. Su última obra es «The English Civil War: An Atlas and Concise History of the Wars of the Three Kingdoms 1639–51″, esta vez versando sobre los campos de batalla de la Guerra civil Inglesa.

Nick nació en 1958 en Angers (Francia) y sirvió durante treinta y cuatro años en el ejército británico, donde vivió un considerable servicio operacional. Fue condecorado con la estrella de bronce de Estados Unidos en 2006 (http://nick-lipscombe.net/).


Fuentes:

1 – «Wellington in Spain. A Classic Peninsular War Tour«. 12 a 19/09/2018 – Nick Lipscombe©, para «The Cultural Experience».

2 – «Following the drum: British women in the Peninsular War» – Sheila Simonson, Dissertations and Theses. Paper 3137, Portland State University, 1981. (https://doi.org/10.15760/etd.3129)

3 – https://en.wikipedia.org/wiki/Juana_Mar%C3%ADa_de_los_Dolores_de_Le%C3%B3n_Smith

4 – https://www.napoleon-series.org/book-reviews/books-on-military-subjects/napoleons-women-camp-followers/, por Paul chamberlain

Imágenes:

a – Westall, Richard, «Royal Artillery camp followers» (1810). Prints, Drawings and Watercolors from the Anne S.K. Brown Military Collection. Brown Digital Repository. Brown University Library.

b – St. Clair, Thomas Staunton, «Serro de Estrello on De Neve. The March of Baggage following the Army – May 16th 1811» (1812). Prints, Drawings and Watercolors from the Anne S.K. Brown Military Collection. Brown Digital Repository. Brown University Library.

c – https://www.alamy.es/foto-agnes-reston-la-heroina-de-matagorda-siege-de-cadiz-1810-164513569.html – [Alamy.com ID: KFJ6MH]

d – «British troops on the march» (1810). Prints, Drawings and Watercolors from the Anne S.K. Brown Military Collection. Brown Digital Repository. Brown University Library.

e – https://ospreypublishing.com/store/military-history/series-books/men-at-arms/napoleon-039-s-women-camp-followers

Recorrido por el Toledo napoleónico

Tiempo de lectura: 20 minutos

Esta semana recorreremos las calles de la ciudad de Toledo, que el historiador romano Tito Livio ya describió como «una pequeña ciudad, pero fortificada por su enclave» y cuyo centro histórico fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1986. Veremos algunos de sus antiguos edificios que nos recuerdan algunos de los aspectos de la ocupación francesa que tuvo la ciudad durante el periodo que abarca desde finales de 1808 hasta 1813, de la mano de algunos de los textos del que fuera Cronista Oficial de la provincia de Toledo, Fernando Jiménez de Gregorio, que subrayaba la importancia de los eventos acaecidos:

«El hecho que comentamos ha sido uno de los más trascendentales de los doscientos últimos años, sólo comparable con la última contienda civil. Por ello su estudio se hace imprescindible para conocer y explicar nuestra más reciente historia y poner, en lo posible, remedio a sus errores y despropósitos.»  

El puente de Alcántara, que sigue siendo una de las puertas de entrada a la ciudad. El 24 de mayo de 1809 José Bonaparte haría entrada en Toledo por este punto y saldría por la Puerta de Bisagra en dirección a Madrid. Según el cronista, no hubo entusiasmo ciudadano, «por falta de afecto que le tenían». [1]

LUGARES DEL TOLEDO NAPOLEÓNICO

Toledo, la Toletum de los romanos, que a través de los tiempos se convertiría en capital del reino visigodo, para convertirse en un importante enclave mozárabe y algunos siglos más tarde el centro de poder del emperador Carlos I, como la “Imperial Toledo”, fue uno más de los escenarios de los diversos vaivenes del conflicto armado de la Guerra de Independencia a partir de 1808, con una especial relevancia por su situación central en la Península, que la convertía en lugar de paso para las rutas hacia Portugal, Levante o el sur de la Península, y por su proximidad con la capital Madrid.

A finales de abril de 1808 la frecuencia cada mayor de presencia de tropas francesas provocaba recelos entre la población, acrecentados por la falta de estabilidad en la jefatura del reino por los hechos del Motín de Aranjuez. Siguiendo órdenes de Murat, el contingente de la división de Dupont en ruta hacia Andalucía (el mismo que sería derrotado en Bailén) tenía dispuesto alojarse en Toledo. Como era costumbre, se procedería al reparto de boletos para el alojamiento de las tropas imperiales en las casas de la ciudad: entre el 20 y 21 de abril corrió el rumor que Fernando VII denegaba el alojamiento a las tropas francesas, lo que provocó que, pese al inicial desmentido del corregidor Joaquín Santamaría, no se calmaran los ánimos de los exaltados habitantes y se originó un motín popular que al día siguiente se cebó en las casas del corregidor y diversos regidores, saqueando, robando sus enseres y muebles, que serían quemados en una gran hoguera en la Plaza de Zocodover.

Plaza de Zocodover
Proclama dirigida a los habitantes de Toledo, por el marqués de Coupigny. (a)

Tras la sonora victoria de Bailén uno de sus protagonistas, Antoine de Malet, marqués de Coupigny llegó con sus tropas de la 2ª División del ejército de Andalucía a la ciudad, entrando el 22 de agosto de 18081. Pero tras la retirada de las tropas francesas por encima de la línea del Ebro, se produjo la fulgurante entrada de Napoleón al frente de sus tropas por el norte del país para restablecer el ultrajado honor imperial y su dominio en la Península.

Una vez conseguido otra vez el dominio de la mayoría del territorio español – aunque con varias bolsas de resistencia patriota, en forma de maltrechos ejércitos regulares y partidas de guerrilleros – la imperial Toledo fue ocupada militarmente. El 13 de diciembre 1808, las tropas del mariscal Víctor, duque de Bellune, entraron en la ciudad y durante dos días la soldadesca dio rienda suelta a sus instintos, principalmente atentando contra edificios religiosos2. Casi un año después, se suprimieron las órdenes religiosas, con incautación de sus propiedades y el día 15 de septiembre de 1809 recibieron la orden de abandonar sus monasterios y conventos.

Plano de nuestro itinerario por Toledo. El recorrido es de aproximadamente unos 5 km.
Edificio del Alcázar de Toledo.  El 31 de enero de 1810 sufrió un incendio cuando los franceses mantenían un gran contingente de hombres y artillería en el Alcázar quedando en pie solamente la estructura principal del edificio. [6]
La Catedral Primada de Toledo (s. XIII), de estilo gótico de influencia francesa, construida sobre los cimientos de la antigua catedral visigótica. Con la ocupación francesa vería como se requisaban sus caudales en monedas y objetos de plata, convenientemente inventariados.
El Palacio Arzobispal, sede del gobierno francés en Toledo. Como exigencia de los ocupantes, los gastos del mismo correrían por cuenta del Ayuntamiento, circunstancia inusual hasta la fecha.
Ayuntamiento de Toledo. Al igual que en el resto de España, se sucedieron diversas etapas en las instituciones administrativas, desde el Antiguo Régimen borbónico, seguido por la administración impuesta por los invasores, que precedió a una breve etapa de acuerdo con la Constitución de 1812, para volver a las estructuras absolutistas con el regreso de Fernando VII.
Monasterio de San Juan de los Reyes, incendiado durante la ocupación francesa.

La cercanía de Toledo a Madrid (unos 70 km) también hizo que la ciudad se convirtiera, en varias ocasiones, en un lugar de paso de los viajes del impuesto nuevo monarca, José Bonaparte, entre los meses de abril de 1809 y enero de 1810, fuera por motivos propagandísticos3 o por necesidades militares, como sucedió durante la campaña de Talavera.

A nivel administrativo, el nuevo sistema josefino estableció la división francesa basada en prefecturas, y en 1810 la nueva Prefectura de Toledo se dividía a su vez en en tres subprefecturas, Toledo, Ocaña y Casarrubios del Monte. [1]

El palacio Lorenzana, que albergaría la Universidad de Toledo hasta 1845. Su fachada principal de orden jónico con la escalera de doble tramo y dos esculturas de Mariano de Salvatierra que representan la Ciencia y la Fama. La Universidad sería escenario de la creación del Batallón de Voluntarios de Honor (4/11/1808), integrado por profesores, alumnos, empleados y otros voluntarios ajenos a la institución universitaria4. El batallón se extinguió en 1810, siendo agregados sus restantes miembros en otros cuerpos como Distinguidos o como guardia de honor de la Junta Central tras los muros de Cádiz ese mismo año.
El guerrillero Juan Palarea (b)

Ya desde el mismo 1810 por exigencia de las autoridades y administración francesas se sucedieron las demandas en forma de contribuciones extraordinarias de varias decenas de millones de reales, tanto a la ciudad como los territorios limítrofes, que se repetirán en los años 1811 y 1812, aparte de las cuotas cotidianas por enseres y bebidas. Además de las contribuciones mencionadas se hacían frecuentemente derramas para el acopio de diversos cereales como trigo, cebada y paja [1] para soldados y caballerías.

Con los avatares de la guerra, también llegaron en su momento a Toledo las tropas inglesas de Wellington y las españolas aliadas de su ejército, así como algunas partidas guerrilleras como las de Juan Palarea «El médico» que el 20 de agosto de 1812 entró en la ciudad y se hizo cargo de la comandancia militar; las necesidades de avituallamiento de las tropas españolas en forma de requisas y contribuciones también chocaron con los intereses locales y al igual que con los ocupantes imperiales, se repitieron las maneras expeditivas de los militares para obtenerlas. Tras un breve paréntesis de desocupación francesa, el mariscal Soult se presentó en Toledo y volvió a exigir el pago de contribuciones, no solo en Toledo sino en Talavera y poblaciones vecinas a lo largo de 1812, que unido a las malas cosechas que se padecieron ese año incrementó las escaseces y la hambruna entre la población.  

Panorámica de la parte norte de la ciudad desde la bajada de la calle Real del Arrabal.
Las estrechas calles del casco antiguo…
…un reclamo a tiempos pasados.

Las consecuencias de la guerra fueron, al igual que en casi todo el resto de España, catastróficas a todos los niveles: Toledo se resintió durante muchas décadas de la pobreza en que le dejó la reiterada ocupación, la sociedad se ruralizó al perder su incipiente industria local y artesanal, se empobrecieron sus conjuntos urbanos por la destrucción de sus palacios y casas de religiosos, junto con la irreparable desaparición de obras de arte y archivos tanto parroquiales y municipales y la sociedad en su conjunto padeció la miseria y privaciones por todas las villas de la provincia. [1]

Fachada exterior de la Puerta Nueva de Bisagra, con la conocida águila bicéfala imperial .

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1”PROCLAMA DEL MARQUES DE COUPIGNY, COMANDANTE GENERAL DE LA SEGUNDA DIVISIÓN DEL EXERCITO DE ANDALUCÍA, A LOS HAVITANTES DE TOLEDO, CON MOTIVO DE LA ENTRADA DE LAS TROPAS DE SU MANDO EN ESTA CAPITAL

HABITANTES DE TOLEDO.

Hoy empezará a entrar en esta Ciudad la Segunda División del Exercito glorioso de Andalucia: la obediencia, y disciplina que sus Soldados han observado, y la justa confianza en los Gefes militares que los dirigen, han proporcionado sin duda unas Victorias, que harán inmortal nuestra Nacion, y afirmará la grata independiencia á que aspiramos. Por lo que os he merecido al llegar á esta Ciudad, (cuya gratitud será eterna en mi Corazon,) no dudo un momento del agasajo, y alegria, con que recibireis á mis valerosas Tropas, y de la intima amistad, y armonía que reynará entre ellas y vosotros. Todo desorden, toda confusion, y todo alvoroto popular en las actuales circunstancias, será un inconveniente, será un grande obstaculo para nuestra organizacion, y ulteriores convinaciones. Semejante sistema, cooperaria á los perfidos designios del Enemigo. La observancia de las Leyes, la tranquilidad, y subordinacion á los Magistrados en los Moradores de las Andalucias, han sido el ante muro, y principal movil de nuestros triunfos.

Salgo garante de la regularidad, y conducta de mis Soldados; y el que falte á los precisos deveres que lo constituyen; sufrirá inmediatamente el justo castigo.

Toledanos: me prometo que dareis exemplo de quietud, seguridad, y respeto á las Autoridades que os rigen: descansad en sus disposiciones; para que nuestras glorias no terminen, y tenga infaliblemente efecto el noble, y glorioso fin de nuestros afanes, y sacrificios. Quartel General de Toledo á veinte y dos de Agosto de mil ochocientos ocho. = Coupigny.”

2«Prendieron fuego al monasterio de San Juan de los Reyes, al de la Sisla, a la casa del arcediano de Talavera y a los conventos de Mínimos, Agustinos calzados, Mercedarios y Trinitarios descalzos. Incendiaron también el Carmen, Santísima Trinidad Calzada, Franciscanos descalzos, San Pedro Mártir e igual suerte cupo al colegio de Santa Catalina. Destruyen las ermitas de Santa Bárbara, la Guía, la Virgen del Valle, la Bastida, Nuestra Señora de la Cabeza y San Roque. Saquean la casa de la Dignidad titulada de Hurraca y la secretaría del Consejo de la Gobernación. Se llevan de la Obra y Fábrica de la Catedral setenta mil reales en metálico y hacen un inventario de la plata, que terminan llevándose también.» [1]

3La primera visita tuvo lugar el 24 de abril del 1809 y abandona nuestra ciudad al día siguiente para Madrid, vía Illescas. Acompañan al Regenerador, como burlonamente le motejan, algunos ministros. Visita la Catedral, la Universidad y el Alcázar. Se muestra sencillo de atuendo y de trato, tanto que las gentes no saben quién es el rey. Entrega valiosos regalos, entre ellos al oficiante de la misa que oye en la capilla de la Virgen del Sagrario. A petición del clero regular recibe a una comisión de cuatro prelados y después de tenerlos en pie durante los quince minutos que dura la audiencia, les acusó de ser los culpables de la situación de rebeldía del pueblo y les amenaza con deportarles. Salieron, dice el confidente, «hechos unos monos». [1]

4«Durante el mes de noviembre se recibieron 400 jóvenes de los 600 previstos, se encuadraron, y aunque sin apenas armamento se inició la instrucción, a la vez que se nombraron los distintos empleos de oficiales entre las distintas clases del profesorado, incluyendo 1 capitán, 4 tenientes primeros, 3 tenientes segundos, y 4 subtenientes, así como los oficiales superiores. Se definió también el uniforme que se vestiría: casaca larga de color natural de la lana, con vueltas, collarín y solapa de terciopelo carmesí, vivos y forro blancos, ojal y botón plateados, calzón y chaleco blancos y botín negros, y se eligió como bandera de la unidad, una blanca en la cual campeaba el escudo de la universidad toledana con la rueda del martirio de santa Catalina.» [2]


Fuentes:

1 – “Toledo y su provincia en la Guerra por la Independencia de 1808” – Fernando Jiménez de Gregorio, Temas Toledanos Serie VI, Toledo, 1980

2 – “Guía de la Guerra de la Independencia en la Provincia de Toledo” – VV.AA.,  Diputación Provincial de Toledo, 2008

3 – https://www.europeana.eu/en/item/110/_pandora_0000008933

4 -«El general Palarea. Un médico murciano en la Guerra de la Independencia» – Juan Torres Fontes, PDF Universidad de Murcia, 2009

5 – https://www.britannica.com/place/Toledo-Spain

6 – https://es.wikipedia.org/wiki/Alc%C3%A1zar_de_Toledo

7 – https://www.defensa.gob.es/portaldecultura/cultural/fortificaciones/castillaLaMancha/

fortificacion_45.html

Imágenes:

a – https://www.europeana.eu/en/item/110/_pandora_0000008933

b – «El general Palarea. Un médico murciano en la Guerra de la Independencia» – Juan Torres Fontes, PDF Universidad de Murcia, 2009

c – Fotos del autor.

Napoleón y el Nautilus de R. Fulton

Tiempo de lectura: 30 minutos

El ser humano desde la Antigüedad siempre ha tenido el anhelo de colonizar las profundidades marinas. En la época moderna, en 1776 en los Estados Unidos, el estadounidense David Bushnell imaginó su «tortuga» submarina operada por una especie de remo con manivela y pedales. En 1780, S. de Valmer propuso construir un submarino en forma de barril, con conos en los extremos y remos a los lados. Por su parte Armand Maizière presentó al Comité de Seguridad Pública en Francia, en 1795, el plan de su prototipo de submarino a vapor. A finales del año 1797, el joven estadounidense Robert Fulton escribiría a las autoridades francesas sobre su proyecto de nave submarina, que finalmente no sería considerado seriamente hasta la llegada al poder del militar más en boga del momento, Napoleón Bonaparte.

Reconstrucción del Nautilus de R. Fulton en la Cité de la Mer, en Cherburgo (a)

Fulton y el proyecto de sumergible Nautilus

«La idea que nace en la mente de un hombre le pertenece tan incontestablemente como el árbol que brota en el campo»

Robert Fulton

La guerra de la 1ª Coalición había estallado el 20 de abril de 1792: la Francia Revolucionaria comenzó una guerra decidida contra varias monarquías europeas, un conflicto con trasfondo ideológico mezclado con disputas territoriales que se desarrollaría en el transcurso de poco más de unos cinco años. Tras las primeras declaraciones de guerra contra Austria y Prusia, Francia hizo lo propio contra Inglaterra y Holanda el 1 de febrero de 1793.

El joven Robert Fulton se había dedicado en su juventud a la pintura y había salido de Estados Unidos hacia Inglaterra donde llegó en 1786, con el propósito de perfeccionar sus estudios de arte. Pocos años después empezó a cosechar cierto éxito con algunos de sus lienzos y en 1791 algunas de sus obras fueron adquiridas para una exhibición de la Royal Society of British Artists y dos lienzos por la Royal Academy de Londres. Ya en su niñez había tenido interés por las máquinas propulsadas a vapor y tuvo la fortuna de conocer a Robert Owen, que regentaba el primer molino propulsado a vapor en Manchester. Del interés se pasaría a la amistad y en 1794 se asociaron con una empresa para excavar canales con un sistema de planos inclinados que había desarrollado Fulton, para poder evitar así el uso de los tradicionales y complicados sistemas de esclusas. En el año 1796, publicó su primer libro, «A Treatise on the Improvement of Canal Navigation«, del cual envió copias a varios gobernantes como George Washington y Napoleón Bonaparte, entre otros. También trató de influenciar la opinión pública inglesa publicando algunos ensayos sobre el canal de navegación en el periódico londinense Morning Star.

Durante el año 1797, ya en el cuarto año de guerra entre los dos países, Fulton vió como las autoridades francesas aceptaban su proyecto para construir un canal de París a Dieppe y Cambrai, por lo que se trasladó de Inglaterra a Francia (que ya había visitado años antes para estudiar arte). Aprovechando su estancia en suelo francés para estudiar el idioma, aparte de aprender el italiano y el alemán, Fulton trabaría amistad con Joel Barlow, embajador estadounidense en Argelia, que gracias a sus relaciones pronto le pondría en contacto con algunas de las autoridades francesas. En agosto de 1797, Fulton y otros personajes establecerían una «Société d’exploitation de la mer«, que contaba con Pierre Beaumarchais entre sus miembros, y que tenía como objetivo principal destruir las flotas navales de la coalición contra Francia.

En otoño de 1797, escribió un ensayo titulado «Reflexiones sobre el libre comercio«, donde propugnaba que las rutas de los océanos debían ser puestas a salvo para que todas las naciones del mundo pudieran vivir en paz sin temor las unas de las otras. Para garantizar la paz, Fulton pensó en una máquina de guerra tan mortifera que ninguna nación se atrevería a entrar en una batalla en los mares: un «torpedo«, cuyo nombre «Torpaedo o pescado calambre«, se inspiró en la lectura de los viajes de Sir Thomas Herbert. El porqué una invención para la guerra habría de traer la paz no dejaba de ser una curiosa idea del joven Fulton, aunque extraña y curiosamente precursora de la estrategia «disuasoria» basada en las armas nucleares en el siglo XX. El 12 de diciembre de 1797, Robert Fulton escribió al Directorio (en inglés), proponiendo correr él con los gastos para construir :

«Una máquina que ejercerá presión, primero, sobre la flota británica, con la condición, sin embargo, de que se paguen 4.000 francos por cañón de barco destruido, para cualquier buque de menos de 40 cañones y 2.600 francos por cañón de barco por encima de esta fuerza; pagos que se realizarán seis meses después de que se haya constatado dicha destrucción»

Además, cualquier barco que la máquina pudiera capturar, junto con sus cargamentos, seguiría siendo propiedad de la empresa de Fulton y sus socios. En enero de 1798, Loréveillière-Lépraux, miembro del Directorio, obligó al ministro de Marina, Georges René Le Peley de Pléville, a que aceptara varias de las propuestas hechas por el inventor con la condición, sin embargo, de reducir los precios a 2.000 francos por cañón de barco con un armamento por debajo de 40 piezas y a 1.000 francos por cualquier cañón de un buque más armado.

Habiendo dejado Georges Pléville el ministerio en abril de 1798, la recién creada Sociedad tuvo que entablar nuevas conversaciones con su sucesor, Étienne Bruix1, quien el 31 de julio nombró una Comisión2 para examinar los planos y el barco: la comisión se reunió el 2 de agosto, a las cuatro de la mañana, en secreto, en la casa del propio Fulton. Sobre un modelo reducido a escala 1:6 y maniobrando en una dársena, Fulton se dedicó a los experimentos y el 5 de septiembre la comisión redactó su informe favorable, aunque recomendando más ensayos en el más estricto secreto3. Los miembros de la Comisión militar que aconsejaban al Directorio como Alexandre, Michaud y d’Arçon también recomendaron positivamente el proyecto para el visto bueno del ministro de Marina, aunque este no le dio ninguna respuesta. Obstinado, Fulton escribió al Secretario de Estado en octubre de 1799. Abandonado por los inversores, el ingeniero pidió el adelanto de unos 500.000 francos para su obra, cuando Francia se encontraba en una debacle económica en el interior y sin poder obtener ningún crédito en el exterior.

El «Nautilus» de Fulton de 1798, con la vela para la navegación de superficie. (b)

Pero un golpe del destino favorecería a Fulton: Bonaparte tomó las riendas del gobierno por el golpe de 18 de Brumario. Fulton logró que los sabios Monge y Laplace le concertaran una cita con Napoleón y el encuentro fue en extremo positivo para el inventor: obtuvo la autorización para contruir su embarcación llamada Nautilus4 y una promesa de crédito de 60.000 francos. Napoleón nombraría asimismo otra Comisión para el seguimiento de los trabajos de Fulton, esta vez formada por los mismos Monge, Laplace, junto con Carnot, Prony y Barthélemy. A pesar de no tener un contrato en firme con la República Francesa, a principios del año 1800 Fulton entregó en Ruan a los hermanos Périer, constructores navales e ingenieros (creadores de la bomba contra incendios de Chaillot) los planos de su embarcación submarina, que los Périer completarían en julio de ese año. Fulton comenzó sus ensayos el día 29 al mediodía. Con dos ayudantes, se introdujo en el interior de la nave, conduciendo el submarino en medio del rio Sena, entre Bapeaume y los astilleros de Thibault, sobre un fondo de unos 8 metros de profundidad. El Nautilus se iluminaba por dentro con una sola vela. Realizó dos inmersiones durante las tres horas que duró el intento: la primera duró 8 minutos, la segunda unos 17 minutos. Pero la corriente rápida del rio dificultaba las maniobras a derecha e izquierda bajo el agua; sin embargo, la hélice y los dos timones actuaron bien, según los cálculos presentados a la Comisión.

Fulton decidió llevar su submarino al puerto de Le Havre ya que le daba la opción de poder actuar contra algún barco inglés, y Quesnel, el comisario de la Marina en Ruan, le concedió dos barcazas como escolta. Los tres navíos partieron el día 31 a las seis de la mañana, con la marea alta. El 4 de agosto, la flotilla entró en el puerto de Le Havre y Fulton prosiguió con los ensayos, con un relativo éxito6. Con la excusa de comprobar la estabilidad y navegabilidad del Nautilus (algunos murmuraron para eludir la vigilancia de los comisarios), el ingeniero salió del puerto de Le Havre el 12 de septiembre de 1800, navegando a vela hacia el sur; con vientos flojos, el submarino mantenía un buen equilibrio y recorrió una distancia de legua y media por hora. El día 15 de agosto hizo escala en el pequeño puerto de Growan, cerca de Isigny, a unos 14 km de distancia y a la vista de las islas Marcouf, detrás de las cuales se apostaban a menudo los barcos ingleses. El 29, en un mar bastante agitado, el Nautilus avanzó, con la hélice, hacia dos bergantines que surcaron hacia alta mar al ver el submarino que se aproximaba. Una repentina tormenta hizo que el Nautilus permaneciera sumergido a una profundidad media, tomando el aire a través de un tubo conectado al casco. A mediados de noviembre de 1800, Fulton volvió a escribir a Monge y Laplace en el convencimiento que ya tenía una forma segura de poder destruir la flota inglesa: necesitaba construir otro Nautilus, de unos 9,7 m de largo y 1,95 m de diámetro, y requería de unos 57.000 francos adicionales, para los gastos del viaje a Le Havre, los salarios de dos marineros y la construcción de unos 20 torpedos. Los dos sabios llevaron la carta a Bonaparte y este se la remitió al ministro de Marina con una nota al margen para que aclarase en qué punto se encontraba el proyecto de Fulton. Fulton pasó el resto del mes de noviembre en Growan. Ya se entraba en el invierno y ya no apareciendo más barcos ingleses en la costa, puso al Nautilus en un cobertizo y regresó a París para someter al gobierno francés los resultados de sus experimentos.

R. Fulton (c)

Robert Fulton nació el 14 de noviembre de 1765, en Little Britain (Pensilvania). En 1786 partió a Inglaterra para poder perfeccionar su arte y su destreza como pintor. En 1791 el conde de Devon, Lord Courtenay, le invitó a sus posesiones con la excusa de pintar su retrato. Allí le introdujo a alguna de sus amistades y entró en contacto con algunos contructores de canales, que rápidamente le llevaron a idear un diseño propio de plataformas para dichas obras civiles.

Visitando Paris por la aceptación de un proyecto para un canal en Francia, para ganar dinero y gracias al diplomático Joel Barlow, pintó varios retratos y conoció a algunos artistas como Vanderlyn y el escultor Houdon, que talló su busto en marmol. Ideó para Paris un panorama (pintura circular de 360º) basado en el que Robert Barker había plasmado en 1789 en Londres. El panorama de Fulton era el doble de grande y llevaba por título (premonitorio) «La destrucción de Moscú» con escenas de pillaje y devastación, teniendo un clamoroso éxito, quizás por el ambiente de guerra de la época. Ya a sus treinta años como pintor, relojero, empresario y mecánico, presentó a George Washington un proyecto de barco submarino, pero este lo rechazó. Durante la guerra de la 1ª Coalición trató de vender sus proyectos de sumergible y de torpedos primero a la República Francesa y posteriormente a Gran Bretaña, aunque finalmente no logró sus objetivos en ambos casos. Volvería a su patria y lograría construir el primer barco a vapor que sería viable como empresa comercial. En 1809 patentaría su invento, construyó más barcos y obtuvo el monopolio de la actividad. Años después la competencia pronto litigó con Fulton, le ganó el pleito y al no poder competir con precios más bajo, acabó en la bancarrota. Murió el 24 de febrero de 1815 en Nueva York.

«Fulton explica su submarino a Napoleón» (c. 1925) por Arthur Percy Dixon (d)

Fulton tuvo una entrevista personal con Napoleón y trató de convencerlo de que adoptara el nuevo plan, pero no obtuvo una respuesta inmediata. Finalmente, después de una larga espera, cartas diferidas y repetidas y visitas a la embajada, Fulton recibió una carta del ministro de la Marina conforme Napoleón había aceptado la propuesta de Fulton: se le había concedido un crédito de 10.000 para reparar el Nautilus, construir piezas auxiliares y transportar sus embarcaciones, a sus propias expensas, hacia Brest, donde podría participar en la guerra contra el enemigo. Desde ese momento, el 28 de marzo de 1801, hasta mayo, Fulton estuvo ocupado con la nueva empresa. El Nautilus fue revisado y transportado a Brest, montado en un largo carro tirado por caballos y finalmente llegó al astillero de Brest. Después de dos meses de instalación, Fulton estaba listo para intentar un ataque al enemigo. El 5 de julio de 1801, Fulton se estableció en Le Conquet, en la Bretaña francesa. En Brest, el puerto más cercano, el mismo julio hizo estallar con sus torpedos una antigua balandra con una carga de 9 kilogramos. Según el Prefecto marítimo del lugar, «El Chaloupe saltó por los aires y descendió en mil pedazos«. Animado, Fulton pidió seis pinazas para poder lanzar sus torpedos y que le cubrieran su retirada, contra una escuadra inglesa que había aparecido frente a la costa, a dos leguas de Pointe Saint-Mathieu. Esta vez las autoridades y el almirante se negaron sobre la base de que cualquier persona capturada en tal empresa era seguro que sería colgada y ello “no era muerte para un militar”. Al no poder desarrollar sus proyectos en Brest, Fulton decidió dirigirse otra vez personalmente al Primer Cónsul:

«Con tres de estos dispositivos, Inglaterra se vería obligada a someterse, cada embarcación lleva 20 o 30 carcasas (torpedos) y uno solo tiene que llevarlas a los accesos de las bases navales en Inglaterra y dejarlas a la deriva con la corriente o anclarlas en las entradas a Porstmouth, Plimouth o Torbay o en la desembocadura del Támesis. Tengo dos tipos de carcasas, la primera tiene un mecanismo, como el de un reloj, que se puede configurar para que funcione entre 4 minutos y 4 horas después. La otra se puede fijar con garfios al fondo del barco, cuatro o cinco pies por debajo de la línea de flotación. Ningún navegante podría evitar estos peligros secretos y, a bajo costo, se podrían bloquear los puertos enemigos. La interrupción del comercio en el Támesis sería suficiente para hundir a Inglaterra, porque detendría el comercio que es el nervio y el alma del gobierno de St. James.» [4]

Pero durante varios meses, se habían entablado negociaciones de paz con Inglaterra, que cristalizaron en el tratado de Paz de Amiens en 1802, rubricado por Lord Cornwallis por parte británica y José Bonaparte por la francesa. El efecto inmediato fue que Fulton se dio cuenta de que las naciones ya no tenían necesidad de sus armas de destrucción naval. Su trabajo resultaba inútil y en el séquito de Bonaparte se difundía la idea de que «el Primer Cónsul considera bárbara esta forma de hacer la guerra bajo el agua» junto con las objeciones de otros notables como Caffarelli. Fulton debía, a la fuerza, abandonar su plan para destruir las flotas.

«Robert Fulton presenta su prototipo a
à Napoléon Bonaparte». Grabado de
Holzstich a partir de H.Merte (e)

Queriendo dedicarse a otras tareas como inventor, se dedicó a un proyecto más ambicioso, una embarcación a vapor, de la que realizó varios esbozos de motores, paletas y naves, algunos ya datados de junio de 1802. Fulton contactó con la firma inglesa Boulton y Watt para que les cediera una máquina de vapor, pero estos se negaron. Lejos de desanimarse, Fulton y dos constructores franceses trabajaron en la nueva embarcación durante el invierno y la primavera de 1803 y fue acabada en el mes de mayo. Fulton amarró el bote al Sena, preparando una demostración pública. Inexplicablemente, la nave se hundió estando amarrada, pero Fulton pudo salvar la maquinaria y finalmente, el 9 de agosto de 1803 pudo hacer navegar su nueva embarcación a vapor por el Sena en medio de una gran concurrencia. La embarcación, de veinte metros de eslora, avanzaba gracias a dos ruedas de paletas con una máquina de ocho caballos de fuerza que se colocó esta vez a lo largo de toda la eslora del barco. El buque de Périer-Fulton se matuvo estable y completó fácilmente los cuatro viajes de ida y vuelta impuestos a su debido tiempo a una velocidad de 4,5 km/h., remolcando dos embarcaciones en las que viajaban ciudadanos importantes y algunos oficiales del gobierno. Lazare Carnot, el agrimensor Bossut, el ingeniero hidráulico Prony, el filósofo Volney, el botánico y explorador Michaux observaron, comentaron y validaron el invento. La prensa parisina se hizo eco de la demostración, calificada por un periódico como un «completo y brillante éxito«. A pesar de ello, Napoleón rechazó por visionaria la idea de Fulton de construir una flota de embarcaciones propulsadas a vapor que pudieran transportar sus tropas por el Canal e invadir Inglaterra y le denegó cualquier apoyo.

Diseño de submarino de Robert Fulton datado en 1806 para el gobierno de Estados Unidos. (f)

Los británicos a su vez, interesados en el arma submarina de Robert Fulton, contactaron con él y finalmente en marzo de 1804 se llegó a un acuerdo para que el inventor norteamericano regresara a Inglaterra. El Primer Lord del Almirantazgo, Lord St. Vincent era de la opinión de que: “Estas formas de hacer la guerra son inútiles para aquellos que ya poseen el dominio de los mares, y si son exitosas, los privaran a ellos de su supremacía7. Otro famoso evento, esta vez bélico, la batalla de Trafalgar hizo que el el Almirantazgo británico perdiera interés en los submarinos, ya que Francia ya no representaba una amenaza para su armada.

Fulton volvió a América y en 1807 estaba operando un barco de vapor entre Nueva York y Albany en el Hudson, aunque su interés en los submarinos aun no se había olvidado por las experiencias anteriores de oficial indiferencia en Europa. Tuvo éxito en lograr el apoyo del Congreso para una nave submarina más ambiciosa. Este nuevo proyecto de submarino estaba destinado a llevar una tripulación de 100 hombres y sería propulsado a vapor. Fulton murió en 1815 antes que su nueva diseño estuviera terminado, nunca fue acabado y se dejó pudrir, finalmente hundiendose en sus amarres. Pero las ideas e invenciones de Fulton serían desarrolladas en el futuro hasta límites que su creador nunca sospecharía.

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1El almirante Étienne Eustache Bruix estuvo a cargo de la flotilla de invasión de Boulogne. Tomó el cargo con gran firmeza, llegándose a enfrentar al propio Napoleón en una ocasión por querer hacer una maniobras navales con mal tiempo, lo que costaría algunos centenares de vidas por la testarudez del por entonces Primer Cónsul. Posteriomente al incidente, Bruix enfermó y volvió a Paris, donde moriría de tuberculosis a los 45 años.

2Comisión formada por P.-B. Adet, encargado de examinar la parte química; Prony, a cargo de la hidrostática; el vicealmirante Rosily, Cochin, Forfait, Gautier, Ed. Burgues y Missiessy.

3Bruix recibiría la propuesta del inventor: «Le citoyen Fulton offrait au Directoire de la République française de faire exécuter la première machine il ne demandait même pas l’avance des frais au gouvernement, s’il ne jugeait pas à propos de les faire; il ne demandait que la permission de faire construire à Paris cette machine et d’en faire l’essai contre quelque division anglaise bloquant nos ports.» [1]

4La palabra Nautilus proviene del latín, derivado a su vez del griego nautilos, nautēs “navegante”. También designa a ciertos moluscos cefalópodos originarios de los mares tropicales.

5Quesnel comunicó el 18 de julio de 1800: «Le Nautilus ou le bateau du citoyen Fulton est à peu près fini; il a ajouté sur cette machine une espèce de bateau qui forme un pont de six pieds de large sur vingt de long, de sorte que quand ce Nautilus sera sur l’eau, il aura l’air d’un bateau ordinaire.» [1]

6Levacher, comisionado principal de la marina, encargado de cumplir las funciones de prefecto del distrito II, escribió personalmente al ingeniero Pierre Forfait: “El 6 de Fructidor, Fulton se sumergió en la dársena de Le Havre, a una profundidad de 15 pies; lleva consigo dos hombres y una vela encendida; durante una hora, la embarcación permaneció bajo el agua sin que quienes la montaban sintieran la menor molestia. El juego de remos, probado en cubierta, da una velocidad de 90 brazas en 7 minutos; por el contrario, el juego de la hélice permite cruzar la misma velocidad en 4 minutos. El día 9, Fulton hizo medio llenar un tonel de agua, que estaba anclado en la rada, a 350 metros del muelle. El ingeniero, a bordo de una barca corriente, llega a 150 metros del tonel y sumerge un torpedo cargado con 30 libras de pólvora, que, arrastrado por la corriente, no dio en el blanco; fue pescado, lanzado de nuevo, llegó a su objetivo, que se hizo añicos y se perdió en una columna de agua de 10 pies de diámetro, que se elevó en el aire hasta la altura de 60 pies.» Sin embargo, Fulton no se atrevió a realizar la prueba directamente con el Nautilus, por el riesgo de manipular el explosivo junto a la nave. [1]

7Sin embargo, esto no le impidió autorizar más experimentos a cargo del gobierno y Fulton desarrolló una nave explosiva no tripulada, totalmente sumergible. En 1805, su embarcación hundió el bergantín HMS Dorothy en una prueba. Luego, el barco se utilizó en una incursión contra la flotilla de invasión en Boulogne el 2 de octubre y logró hundir una pinaza francesa. Sin embargo, ninguna noticia de su éxito llegó a Inglaterra. Posteriomente se proyectaron algunos ataques más en Boulogne, pero con escaso éxito.


Fuentes:

1 – «Le Premier Sous-Marin Français» – Edouard Gachot, Le Figaro Supplérment Littéraire, 22/01/1912

2 – «Robert Fulton. Innovator with Steam Power» – Peggy J. Parks, Blackbirch Press, September 1, 2003

3 – «Robert Fulton» – Alice C. Sutcliffe, The MacMillan Co., New York, 1915

4 – «Robert Fulton’s Submarines» – by Jonty, First Empire Magazine #17, June/July 1994

5 – https://weaponsandwarfare.com/2015/11/20/nautilus-1800-part-ii/

6 – «Agence républicaine d’informations politiques, financières, économiques». Serie B, nº 76 – 08/06/1917

7 – «Floréal : l’hebdomadaire illustré du monde du travail» – nº 37, Année 2e – 10 Septembre 1921

8 – https://www.usinenouvelle.com/article/industry-story-la-promesse-de-l-aube-napoleon-va-t-il-passer-a-cote-du-bateau-a-vapeur.N980036

Imágenes:

a – By Ji-Elle – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3939797 //

b – Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=397966

c – Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=108764

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e -Dominiu públicu, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=426723

f – https://64.media.tumblr.com/258991bdf9a83614c763ff1c03dc0c2b/tumblr_nvecrkP0BF1s6mxo0o1

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Del manuscrito al Memorial de Santa Elena, por Thierry Lentz.

Tiempo de lectura: 52 minutos.

Napoléon I terminó su excepcional destino desterrado en la remota isla de Santa Elena, donde moriría de enfermedad tras un corto cautiverio. Pero como bien apuntaba un escritor nada sospechoso de ser pro-bonapartista como Adam Zamoyski: «e incluso los poetas británicos como Shelley, todos estaban consternados por su caída de alguna manera, al menos emocionalmente, y así se convirtió en una especie de símbolo y que él, por supuesto, entonces él tiene su gran momento de grandeza que es cuando está en Santa Elena, donde finalmente gana su batalla contra los británicos, donde los convierte en el epítome absoluto de la maldad mezquina y consigo mismo en una especie de mártir semejante a Cristo.«1

El historiador Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón (del que ya recogimos en nuestro blog su conferencia sobre José Bonaparte, Estratega de la guerra) departía en septiembre del año 2017 con el periodista especializado Richard Fremder sobre las singulares aventuras y anécdotas que acompañaron la redacción del Memorial de Santa Elena de Las Cases y sobre el inesperado redescubrimiento de una copia del manuscrito original en una biblioteca inglesa, que fue posteriormente reimpreso en colaboración con la propia Fundación Napòleón en el año 2018, y nuevamente revisado y aumentado en este ya pasado año 2021.

«Santa Elena 1816: Napoleón dictando al conde de Las Cases
el relato de sus campañas», por Sir Willliam Quiller Orchardson.

DEL MANUSCRITO AL MEMORIAL…

(Richard Fremder): «Buenos días, Thierry Lentz, usted es historiador y director de la Fundación Napoleón, en la que nos encontramos ahora, y es por supuesto un especialista en el periodo napoleónico. Nuestro encuentro se desarrolla bajo unas circunstancias particulares porque usted ha publicado el famoso manuscrito del Memorial de Santa Elena, escrito por Las Cases y encontrado por la Fundación y por usted mismo en circunstancias que nos contará en un momento, aunque no todo el mundo está necesariamente familiarizado con esta historia, vamos a resumir rápidamente los episodios anteriores, si se me permite decirlo, así que es en la batalla de Waterloo en junio de 1815, que Napoleón es vencido; un mes más tarde en la isla de Aix se rinde a los ingleses y ellos piensan que podran desembarcar en Inglaterra. No es el caso y es enviado a Santa Elena. Como todo el mundo sabe no viaja solo, ya que entre sus compañeros estará el gran mariscal de palacio Bertrand, el general Gourgaud, obviamente Las Cases, el general Montholon y su mujer, Louis-Etienne Saint-Denis que se llamaba Ali, el famoso mameluco, y su ayuda de cámara, Marchand. Es en esta famosa roca a miles de kilómetros de Francia, no siempre lo sabemos que estamos frente a la costa de África en medio del Océano Atlántico, donde dictará sus memorias, o en todo caso donde contará su visión de los acontecimientos pasados y donde algunos justamente tomarán notas. Es aquí donde interviene el Conde de las Cases, uno de los cuatro evangelistas, como se llama siempre a Montholon, Gourgaud y Bertrand serán los otros tres ¿pueden ya decirnos las circunstancias de estas famosas confidencias imperiales?»

Richard Fremder

(Thierry Lentz): «Digamos que cuando Napoleón se rinde a los británicos, acababa de pasar unos meses un poco estresantes, por no decir otra cosa, y cuando el barco estaba a punto de partir hacia Santa Elena, le confió a uno de sus compañeros, Emmanuel de Las Cases, diciéndole: «¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Nos vamos a aburrir». Y Las Cases le dice, pero no, que «no nos vamos a aburrir porque usted va a dictar sus memorias», y efectivamente, desde el principio del viaje en el barco, Napoleón tendrá conversaciones con Emmanuel de Las Cases, que es un antiguo consejero de Estado y chambelán del emperador, y que podrá hacerle un poco de secretario. De todo esto saldrán dos categorías de libros si uno quiere: la primera son las memorias, propiamente llamadas de Napoleón, que no son muy conocidas, pero Napoleón realmente dictó sus memorias, es decir, su visión de una serie de acontecimientos de su vida. No llegó obviamente hasta el final, pero dictó la campaña de Italia, la campaña de Egipto, el sitio de Tolón, la batalla de Waterloo, los 100 días, y junto a eso, están todos los diarios, todos los memoriales, llamémoslos así, de sus compañeros en el exilio, que obviamente toman notas, que es la moda de la época, toman notas, y luego los escriben. Entre ellos, el que más se ocupó fue el famoso consejero de Estado, Emmanuel de Las Cases, que por no ser militar, todos los demás eran militares para Napoleón, los demás estaban bajo sus órdenes en cierto modo, Las Cases se convertirá realmente en un compañero, un amigo por supuesto, pero un compañero de viaje y un compañero de exilio al que Napoleón le hará su confidente. Y Las Cases toma notas, que hará copiar a su hijo que le acompañaba a Santa Elena, cada noche, y desde el principio piensa publicar el relato de sus notas que llama originalmente el Memorial de Santa Elena. La palabra Memorial era una palabra de moda en ese momento, por lo que inmediatamente eligió este título y cada día escribía las notas que había tomado, pero también dictaba sus recuerdos a su hijo, de modo que cuando se vio obligado a abandonar Santa Elena disponía de unas 900 páginas de documentación a su disposición. Así que las circunstancias de la salida de Las Cases son un poco peculiares: Las Cases fue expulsado por el gobernador inglés de Santa Elena a finales de 1816, por lo que fue un periodo de tiempo bastante corto, 900 páginas, y podemos imaginar que si se hubiera quedado 50 años, habría tenido 2.000 o 3.000 páginas, pero eso no es lo importante: lo es que Las Cases intentó básicamente hacerse expulsar de Santa Elena, quizás con la complicidad de Napoleón, pero no estamos del todo seguros, pero las circunstancias de su expulsión son muy particulares: se dice que intentó enviar correspondencia secreta a Europa, en realidad sabemos muy bien que estas pocas palabras en un trapo que le incautaron a uno de sus criados…»

Thierry Lentz

(R.F.): «Porque hay que explicar que estaban muy vigilados por los ingleses, que no podían escribir cualquier cosa, especialmente Bertrand, que escribía en clave cifrada…»

(T.L.): «Sí, es el gran mariscal Bertrand, así que los franceses se instalaron en una casa muy pequeña llamada la casa de Longwood que se encuentra en esta meseta, donde eran bastante libres dentro de un perímetro que no era digamos muy amplio, y en cuanto querían salir de este perímetro tenían que ir acompañados por oficiales ingleses. Dentro de la vigilancia que se ejerce sabemos que hay espías dentro de Longwood porque hay sirvientes asignados por los ingleses, así que obviamente tienen que saber lo que pasa allí, lo que dice Napoleón, etc., así que Las Cases va a aprovecharse de este carácter un poco quisquilloso de la administración inglesa que está representada por un inglés, el detestado teniente general Hudson Lowe que es el gobernador de Santa Elena y así se apoderan de esta correspondencia falsa y el gobernador decide expulsar a Las Cases. Las Cases se alegró bastante de ser expulsado porque tenía material para publicar un libro en esa época, salvo que los ingleses eran mucho menos estúpidos de lo que pensaban y decidieron incautar los papeles de Las Cases antes de expulsarlo, lo que supuso que el manuscrito que había preparado Las Cases fuera confiscado por los ingleses y sólo fue devuelto a Las Cases tras la muerte de Napoleón. Napoleón murió en mayo de 1821 y los ingleses no le devolvieron el manuscrito hasta octubre de 1821.«

(R.F.): «Estamos de acuerdo en que los británicos han hecho una copia de estas notas, de este famoso manuscrito…»

(T.L.): «Por supuesto, Las Cases recuperará estos documentos y luego publicará, en fin, pensamos durante mucho tiempo que publicará lo que había recuperado y publicará digamos este monumento histórico literario, no sabemos realmente qué tipo de género tomará, que se llama el Memorial de Santa Elena, que se publicó en 1823 y que se convertirá, diremos, en la biblia del napoleonismo pero también de los bonapartistas porque tendrá un impacto político muy, muy importante…«

(R.F.): «Es el mayor bestseller del siglo XIX…»

(T.L.): «Eso es lo que se dice a veces, es lo que se dice, no es exacto porque evidentemente tenemos un estudio que se hizo hace unos treinta años que demuestra que el verdadero bestseller del siglo XIX que es el mismo durante el XVIII y probablemente en el XX, que son las fábulas de La Fontaine y el Memorial llega, digamos, a la lista de los más vendidos durante cinco años entre 1825 y 1830…»

(R.F.): «Que ya es enorme…»

(T.L.): «Es enorme, seguramente, el hijo de Las Cases escribió en 1844 que habían vendido 44.000 ejemplares, así que 44.000 ejemplares es enorme para el siglo XIX, sobre todo porque el Memorial tiene ocho volúmenes, así que son muchos volúmenes vendidos, y eran relativamente caros. Y la publicación del Memorial, que es una especie de gran conversación con Napoleón a lo largo de miles de páginas y que servirá, como decía, políticamente para los bonapartistas e historiográficamente para los historiadores, ya que aportará toda una serie de expresiones napoleónicas, de los sentimientos y juicios de Napoleón, y esto es lo que hay que saber, lo principal es que en el Memorial, Napoleón se da a sí mismo la personalidad de un liberal, de un hombre que quería traer la igualdad y la libertad, y que era efectivamente el mesías de la Revolución, como se le hizo decir, etc., y por eso tuvo este impacto político, diciendo que Napoleón era obviamente algo distinto al régimen de la Restauración, incluso después de la Monarquía de Julio, todo eso era demasiado burgués, demasiado girondino para los bonapartistas y, por lo tanto, dibujamos en el Memorial de Santa Elena todo este material del liberal Napoleón como hijo de la revolución.»

(R.F.): «Lo que es muy interesante es que la opinión está cambiando, como se puede ver, las ideas cambian, por ejemplo, con Stendhal, que no es un ferviente creyente napoleónico, ni mucho menos…»

(T.L.): «Como mínimo era un funcionario bajo el Consulado y el Imperio…»

(R.F.): «No era un ferviente partidario, diremos, pero cuando lee Mémorial las cosas cambian, tiene un impacto muy importante, incluso quizás para el Duque de Reichstadt, y también podemos decir que Las Cases trabaja un poco para el Duque de Reichstadt.»

(T.L.): «Sí, en primer lugar, Las Cases trabajaba para él, hay que decirlo, Las Cases era un hombre de negocios, porque publicó los dos primeros volúmenes y vio que le iban muy bien, así que publicó el resto con la esperanza de obtener ingresos y rentas porque necesitaba eso para vivir, obviamente, y luego lo publicó todo a cuenta de autor, lo que significa que recuperaron todos los beneficios, organizó la distribución y la venta, primero en París y luego en provincias, y supervisó todo lo que se hacía con su Memorial en una época donde los derechos de autor estaban en pañales y no se sabía muy bien cómo remunerar a un autor, por lo que se hacían muchas copias piratas. Las Cases siempre intervendrá, finalmente él y sus hijos, para dominar el tema Memorial. Además en el inventario después de la muerte de Las Cases que muere en 1842, le deja claro a su hijo que le deja los «derechos del Memorial» que si es inteligente puede tener unos ingresos de 3.000 francos al año en tal o cual edición, quizás un poco más en otra edición. Así las cosas, el Memorial es una bomba que estalla en un cielo político más bien apagado, Lamartine decía que «Francia se aburre» y por eso, obviamente, va a remontar tanto la imagen de Napoleón, bastante degradada hasta entonces, como el aura del liberal, del hijo de la Revolución enfrentado a Carlos X, que llegó al poder más o menos en la misma época, y que y como se podría decir, deja al Antiguo Régimen en pantalones.»

(R.F.): «En cualquier caso, se puede hablar de propaganda…»

El nuevo ejemplar del memorial (versión 2021).

(T.L.): «Así que hay dos maneras de tomar el Memorial: hay la manera, diremos visión de conjunto, es decir que este libro tiene una importante importancia política, lo cual es cierto, pero también es para leerlo y cuando lo lees te das cuenta de que lo que publicó Las Cases traza una fina línea en la arena, tiene descripciones de paisajes, tiene paseos interminables, tiene declaraciones de Napoleón y desde el principio todo el mundo se dio cuenta de que las declaraciones que Las Cases hacía a Napoleón eran muy largas, a veces declaraciones que duraban 10 o 15 páginas, Las Cases se reduce en este caso a tener una memoria fenomenal para encontrar todo eso, así que es tanto lo que dice Napoleón, seguimos hablando de lo que se imprimió, lo que dice Napoleón con, diremos, la extensión, la explicación, la confirmación que da Las Cases. Si uno lee con atención el Memorial impreso, se da cuenta de que Las Cases, sí, incluso en ciertos momentos, señala que es difícil ir dia a día, dice, desde mi regreso a Francia he aprendido eso, y de repente dices esa página y luego a veces aquí en las memorias los otros dos dicen, sí, el general Marchand dice en sus memorias que bueno… Si se quiere, todo esto creó en torno al Memorial, sin quitarle nada de su importancia política, una especie de desconfianza, diciendo, básicamente, ¿es Napoleón o es Las Cases quien habla? Desde el principio, hubo artículos de prensa cuando salió el Memorial, en los que se decía, bueno, son principalmente las memorias de Monsieur de Las Cases más que las memorias de Napoleón, pero bueno, así es como funcionó, y después de haber jugado este importante papel político, el Memorial, todavía el Memorial impreso, se convirtió prácticamente en una fuente primaria de la historia. No hay historiador de Napoleón que escriba sobre la época sin ir a ver lo que dice Napoleón en el Memorial de Santa Elena sobre tal o cual personaje, y así el Memorial adquirió la categoría de fuente primaria, como si estuviéramos cara a cara con Napoleón y nos pusiéramos a discutir con él, y él nos diera todas las respuestas a las preguntas que le formularamos. Aquí es donde estábamos, todo el mundo ha criticado el Memorial, sobre todo los grandes historiadores de principios del siglo XX, pero siempre se decía, bueno, no podemos decidirnos porque no tenemos el manuscrito original, es decir…»    

(R.F.): «Aquellos para los que el manuscrito original no está disponible…

(T.L.): «No lo teníamos porque Las Cases nunca lo reveló en el fondo. Ahora sabemos, ya que tenemos esta copia, que muy probablemente Las Cases utilizaba, intercalaba las hojas del manuscrito original luego para añadir, así que se disparaba en el momento de la impresión. Todo el mundo los buscó los documentos originales por supuesto en los archivos, pero también la familia Las Cases que es numerosa que hay ramas femeninas que hay que ir a buscar, todo el mundo las pedía. El manuscrito no estaba, se le preguntaba a la gente, no lo tenía nadie al parecer, bueno al menos lo que contactamos y luego encontramos en la British Library una copia de este manuscrito, porque después de confiscar el manuscrito de Las Cases, los ingleses lo copiaron porque lo tuvieron en sus manos durante cinco años y tuvieron tiempo de copiarlo y lo copiaron en primer lugar para seguir poseyendo una copia, pero muy probablemente también para tener un arma contra Las Cases, porque sospechaban que cuando se vieran obligado a devolverle sus papeles Las Cases podría publicar lo que quisiera y los ingleses se dijeron: «Si nos quedamos con la copia podremos al menos impugnar la versión y en particular el comportamiento del gobernador de Santa Elena…» que está muy desarrollado en el Memorial, y por lo tanto podrán contrarrestar a Las Cases. Hacen lo mismo vis-à-vis con el doctor O’Meara que es el doctor de Napoleón en Santa Elena donde lo revisa y le vemos responder a cada una de estas declaraciones y luego finalmente, no habrá nada que hacer porque en el fondo el Memorial habla del gobernador Hudson Lowe pero en Inglaterra también digamos de Hudson Lowe este nombre en ese momento para que todo fluya y la copia que le fue entregada al Ministro de Guerra y Colonias, Lord Bathurst, permanecerá en los papeles de Bathurst y en Inglaterra no hay obligación de depositar sus archivos en los archivos públicos y permanecerá en el castillo de Bathurst hasta los años 70. Así que esa copia existía, básicamente hasta los años 20 nadie lo supo. A partir del año 1920 si nuestros colegas del pasado hubieran sido un poco más imaginativos, podrían haber sabido que este manuscrito existía, porque Inglaterra publicaba los inventarios de los papeles privados de todas las grandes familias, y así se publicó en 1926, y el manuscrito figura realmente con gran detalle y con una gran descripción, por lo que sabíamos que en algún lugar había una copia de este manuscrito.

Pero tal vez no prestamos atención, quiero decir, esta es la verdad, por ejemplo, el gran historiador Marcel Dunant, que publicó la edición más completa del Memorial de Santa Elena con todas sus variantes, con todas las notas que eran necesarias, había enviado a un joven historiador inglés a los archivos británicos para tratar de averiguar si tenían un pequeño trozo del Memorial allí y el famoso, el famoso historiador sacó unos legajos y encontró pequeños pasajes que habían sido pequeñas anotaciones tomadas a diestro y siniestro, pero cuando los miró, dijo, bueno, eso coincide exactamente con los textos que tenemos, pero a este historiador se le olvidó ir a mirar en los inventarios, y si hubiera ido a mirar en los inventarios, habría encontrado este manuscrito, por lo que no se menciona en ninguna parte… Hubo un historiador francés en la década de 2000 que señaló su existencia pero no fue a verlo, y luego mi colega Peter Hicks, que fue a la British Library para otro trabajo, estaba haciendo una pequeña biografía de Hudson Lowe para una obra colectiva, y dijo, bueno, voy a ir a buscar en los papeles de Bathurst para ver qué pasa, y entonces me encontré con él.»

(R.F.): «Le dió la pista para que cayera en él…»

(T.L.): «Porque los Bathursts en un momento dado ya no quisieron pagar la conservación de sus archivos, y los depositaron en los archivos públicos, pero con la autorización previa para consultarlos, esto es frecuente también en Francia, también en los archivos privados, es lo mismo, y así Peter en los inventarios, pide consultarlos, y hay que pedir autorización a Lord Bathurst, el 8º, que estaba vivo en esa época. Alguien le escribe, el famoso Lord Bathurst nos contenta muy amablemente, incluso nos envió algunas cartas de Napoleón que tenía en sus colecciones para que las publicáramos en la correspondencia y nos dijo: «Escuchen, les doy permiso para consultar». Entonces Peter estaba haciendo algunas pequeñas consultas, pero pensamos esto es diferente, hay muchas más cosas en el manuscrito. Así que organizamos una misión más consecuente allí, y entonces empezamos a hojear, hay cuatro volúmenes, y empezamos a hojear nuestro propio volumen para comparar, y nos dimos cuenta de que estábamos viendo un texto totalmente diferente…»

Ejemplar del 5º tomo del Memorial en
una edición de 1823

(R.F.): «Entonces, ¿cuáles son exactamente los cambios que hay en estos conflictos observados entre el manuscrito y el Memorial? ¿Son nombres que cambian, son eventos que son diferentes…?»

(T.L.): «Hay mucho, en primer lugar, el volumen, el volumen de Las Cases, 900 páginas, pero este volumen representa más o menos un tercio de lo que publica después en el Memorial, o sea que hay dos tercios de nueve, porque Las Cases publica primero dos volúmenes en enero de 1823 y se da cuenta de que funciona y ahí decide publicar la continuación y aumentar la continuación, porque evidentemente si hubiera publicado sólo su manuscrito habría tenido suficiente para cuatro volúmenes y está terminado. Ahí consigue imprimir hasta ocho, así que estos dos tercios de nueve, la cuestión es si es verdad o no, si Las Cases se lo inventó, y sinceramente, no podemos estar muy seguros. Tal vez Las Cases tuviera memoria de elefante, es posible, pero se puede dudar, dada la extensión de los añadidos; tal vez entre 1816, su expulsión, y 1821, tuvo reminiscencias, con su hijo, las discusiones, y empezaron a tomar notas, lo que es bastante probable. Siendo así, si se quisiera poner una escala de autenticidad, se está mucho más cerca de la boca del caballo, en este caso de Napoleón, con el manuscrito original que con el Memorial publicado. Eso es lo que podemos decir al ver las diferencias: en primer lugar, está todo lo que Las Cases añadió para que fuera un solo volumen en lugar de cuatro, lo que es bastante normal, dado que todos los autores hacen lo mismo en todas las memorias de la época: de vez en cuando hay una descripción de una batalla en la que el tipo no estuvo realmente allí, pero te la cuenta de todos modos.

Lo que por otro lado es más embarazoso son los partidos políticos, lo que añade Las Cases y sus partidos políticos son muy importantes porque fueron muy utilizados tanto por los bonapartistas del siglo XIX como luego por los historiadores del siglo XX y ahí nos encontramos con cientos de páginas añadidas. Es decir, que Napoleón, por ejemplo, dará una opinión sobre algo y luego Las Cases hará que esta opinión, que tiene quizás tres líneas en el manuscrito, dure 10, 15 páginas a veces 25 páginas en la versión impresa. Así que aquí sí que podemos preguntarnos si es Napoleón el que habla o si es Las Cases: así que cuando leemos la letra con atención también lo podemos detectar a veces, es decir, que a veces Las Cases hace hablar a Napoleón, «él» tiene comillas y de repente «él» tiene diez páginas más sin comillas así que francamente si leemos con atención nos damos cuenta de que está añadido, pero a veces también deja las comillas por todas partes, mientras que el manuscrito muestra que él no lo dijo.

Evidentemente, puedo contar una anécdota divertida: hace unos meses, Le Figaro se enteró de este descubrimiento, y tuvimos muchas discusiones con ellos, y escribieron dos páginas, dos páginas enteras, en el periódico para hablar de este descubrimiento de las futuras publicaciones, etc. Así que, por supuesto, estábamos muy orgullosos de nosotros mismos, nuestro trabajo de historiadores reconocido y entonces recibimos una docena de correos electrónicos con mensajes bastante desagradables. Nos decían que estábamos siendo patrocinados por el gobierno británico para acabar con la leyenda napoleónica, que estábamos contra el movimiento napoleónico, que era una mala publicidad para los historiadores. Esto nos sorprendió mucho, pero al mismo tiempo nos hizo pensar en cómo sería recibido el trabajo que hicimos, ya que, por supuesto, publicaremos el manuscrito casi original, y esto tranquilizará a los napoleónicos. Lo primero es que el papel histórico del Memorial se ha completado, es decir, que el Memorial impreso por Las Cases ha tenido su papel histórico y que nunca podremos hacer nada al respecto, aunque sea totalmente falso, tuvo la importancia de crear una doctrina de partido bonapartista para ayudar a Luis Napoleón a tomar el poder, etc., etc., así que si usted quiere, no hay nada que hacer al respecto.

Nuestro trabajo de historiadores es dar al público y a nuestros colegas el manuscrito original, o al menos lo que más se parece al manuscrito original hoy en día, es decir, esta copia hecha por los ingleses, para simplemente trabajar, quiero decir que no es perjudicial para la imagen de Napoleón trabajar en la historia, que incluso en las historias generales de Napoleón en las que hemos podido trabajar, tenemos el derecho, el deber, de trabajar con Napoleón a condición de que podamos contar con documentación, etc.»

(R.F.): «La historia es una ciencia, es una ciencia viva y por lo tanto hay que poner en práctica constantemente este consejo…»

(T.L.): «Ahí tienes, no hay nada mejor que el documento en la historia, así que puedes tener sentimientos, puedes tener intuiciones, puedes tener todo lo que quieras, pero mientras tengas un documento que te diga lo contrario, tienes que acatar los documentos…»

(R.F.): «Y ser historiadores significa ser investigadores, después de todo, en griego…»

(T.L.): «Sí, entonces ahora por supuesto en este manuscrito el trasfondo es diferente, es decir, ¿Las Cases se inventó a Napoleón como liberal? Pues no, porque el tono de las conversaciones de Las Cases con Napoleón es efectivamente este y ahí es Napoleón el que decide, es decir que Napoleón entendía muy bien que obviamente se le iba a reprochar el régimen autoritario, se le iba a reprochar una serie de medidas, sobre todo las que se tomaron después de 1810, y se le iban a reprochar sus errores, la campaña de Rusia, la vuelta de los 100 días que es también una catástrofe para Francia y así lo sintió bien y así inmediatamente, pero como hacen todos los redactores de memorias: todos los que hablan de su pasado van a embellecerlo, no les hablaré de mis errores, les hablaré de mis éxitos y bien Napoleón -no me comparo a él evidentemente-, Napoleón hace exactamente lo mismo y se siente este toque de: «Yo soy el liberal, yo soy esto, yo soy aquello», pero no está en el manuscrito, es decir que básicamente el verdadero tema del manuscrito original era: «Yo pasé un año y medio con Napoleón y nos fuimos a dar un largo paseo». Así que Las Cases nos cuenta la vida cotidiana en Longwood, que es muy interesante, hay detalles adicionales que no conocíamos y luego de vez en cuando Napoleón le habla y Napoleón dice: «Ah, sí, cuando hice esto, pero fue porque al día siguiente le habría dado la libertad…». Entonces Les Cases lo anota, pero básicamente es una frase muy pequeña para pasear o un párrafo para pasear y Las Cases lo hace prosperar podemos decir, de hecho perdóneme la expresión, hace toneladas…»

(R.F.): «Este es el talento de Las Cases.»

(T.L.): «Este es el talento de Las Cases es al mismo tiempo un muy buen escritor, es coherente en relación a las pistas que le da Napoleón, pero no es Napoleón quien lo dice.»

«C’est fini…» – Oscar Rex (1857-1929), óleo sobre panel, hacia 1900

(R.F.): ¿Podemos imaginar errores en la transcripción del manuscrito por parte de los ingleses?

(T.L.): «Esta es, por supuesto, la pregunta que nos van a hacer, la respuesta que puedo dar es que no lo sé. Simplemente hacemos un análisis externo de un poquito del documento que teníamos entre manos. En primer lugar, estamos seguros de que la copia se hizo en Inglaterra, la marca de agua del papel, todo eso. En segundo lugar, la copia fue realizada por británicos, un británico que hablaba muy bien el francés, no cometió casi ningún error en francés, bueno, copió el francés, obviamente, pero lo copió absolutamente sin errores, la caligrafía era completamente honesta y visible, por lo que afortunadamente llegó a trasladar las anotaciones que se habían puesto en el original, incluyendo las propias anotaciones de Napoleón, por lo que quiere decir que Las Cases le estaba mostrando a Napoleón su trabajo, y además insertó en el manuscrito pequeños archivos que habían sido creados por otro inglés, que también insertó en el manuscrito pequeños ficheros que fueron creadas por otro inglés, que fue a buscar todas aquellas piezas que pudieran ser utilizadas por el gobierno británico para defenderse, por ejemplo, un pequeño fichero sobre los encuentros entre el gobernador y Napoleón, fueron a buscar en el manuscrito todo lo que concernía al gobernador y volvieron a copiarlo. Así que tenemos la fuerte intuición, si no la certeza, de que el texto fue respetado, porque no había razón para ir a copiar el manuscrito y escribir tonterías porque se pretendía utilizarlo para contrarrestar las declaraciones de Las Cases.»

(R.F.): «Pero lo que también podrían haberse eliminado todas las descripciones demasiado largas…»

(T.L.): «No, entonces probablemente no porque el manuscrito que tenemos, que es una copia del manuscrito de Las Cases, se presenta exactamente como debería haberse publicado, es lo que llama la atención, es que de hecho Las Cases, si hubiera podido llevarse su manuscrito, inmediatamente lo hubiera dado a una imprenta y se hubiera podido publicar tal cual, tiene la portada, tiene el plano, tiene la separación de un pequeño capítulo por día, es decir, la forma en que hoy se publica el Memorial, que siempre empieza con la fecha del día, ya está prevista en él, tiene tablas, tiene notas a pie de página, ya de Las Cases y demás. Si Las Cases hubiera partido con su manuscrito el Memorial de Santa Elena hubiera sido así, es decir, algo no muy interesante al final, políticamente hablando, en cuanto a la historia de Napoleón en Santa Elena, está realmente bien hecho, porque se describe la más mínima enfermedad, el más mínimo malestar de Napoleón, etc, Está muy bien hecho porque la más mínima enfermedad, el más mínimo malestar de Napoleón, etc., está descrita, catalogada, las visitas del gobernador, todos los problemas que tienen los ingleses, bueno, todo eso, ya hay un pequeño ajuste de cuentas con el gobernador, Hudson Lowe, que todavía se incrementa en la versión impresa porque Las Cases debió decirse: «Aquí no he sido lo suficientemente malo, añado dos páginas más porque, efectivamente, el personaje no va a ser muy simpático con los franceses».

(R.F.): «También hay que recordar que Las Cases no llegó inmediatamente a Francia, porque Luis XVIII le persiguió, después de pasar por África del Sur la cuarentena, etc., etc…»

(T.L.): «Vagó por Alemania, en Bélgica, escribió una parte en un castillo belga, que los belgas nos han señalado recientemente, no hay que olvidarse, y luego compró una casa en Pacy, que era un suburbio de París en ese momento, un poco rural, y allí es donde empezó a trabajar. Y no trabajaba solo: si Las Cases hubiera utilizado material suyo solamente, no habría pedido a antiguos compañeros de Santa Elena que vinieran a ayudarle, a los generales que vinieran a comprobar un cierto número de cosas, etc. Había un pequeño taller que se puso en marcha.»

(R.F.): «Por supuesto, antes hablaba de los cuatro evangelistas, por eso los llamamos así, para poder comparar e intentar averiguar qué es verdadero y qué es falso.»

(T.L.): «Así que este es un juego que siempre divierte a los napoleónicos que se interesan por Santa Elena, porque nos gusta porque todo tiene una fecha, y han hecho un poco como Las Cases, de hecho han copiado a Las Cases separando la fecha, de hecho el propio Las Cases copia a O’Meara, que publicó antes que él, pero no importa, todo ello tiene una fecha. Así que evidentemente el juego consiste en decir, no sé, el material de 21 de julio de 1816, que todos cuentan lo mismo y pues no, no todos cuentan lo mismo, primero porque también se debe a que todos fueron escritos sobre la marcha, no sabemos nada de uno de los evangelistas y de Montholon, estamos seguros de que no lo fueron, porque Montholon copió tanto a los otros que aparecieron antes que él, que compuso todo esto para ganar un poco de dinero en la década de 1840. Por otro lado, para los que creemos que están bastante cerca, es decir, Gourgaud, probablemente Marchand, un poco el mameluco Alí, que también escribió memorias, nos damos cuenta de que los autores no van a poder resolver este enigma, así que hubo este enigma relativo a Las Cases, que se resolvió un poco, porque Las Cases cometió un error de un día en su manuscrito,estaba todo fuera de lugar, obviamente, cambió todo el asunto del martes 6 al miércoles x + 2, y entonces, aquí estamos, y así todas las fechas fueron cambiadas desde entonces.

Así que, a grandes rasgos, todos contarán la misma historia en esencia, pero ahí también podemos preguntarnos siempre cuál es la fuente de todo esto, así que aquí nos hemos complicado un poco, pero básicamente O’Meara y Las Cases publican los primeros; bien, los demás publicarán después. La tendencia natural es ir a ver lo que decían los dos anteriores y lo tenemos un poco complicado, ya que Las Cases lo ha hecho con O’Meara. Hay una historia muy conocida de los napoleónicos que tratan de las conversaciones, estos pequeños contactos que Napoleón tenía con un esclavo en Santa Elena llamado Toby, que es obviamente una de las pruebas que en el restablecimiento de la esclavitud por parte de Bonaparte no hay racismo, de hecho a Napoleón le da igual que el cónyuge sea blanco o negro, etc. Así que va y habla con este Toby y le da dinero y siempre se toma como fuente el Memorial de Santa Elena, diciendo, bueno, sí, la historia de Toby está en el Memorial de Santa Elena, pero en el manuscrito no está, es decir, no hay ningún Toby en el manuscrito, así que ¿se inventó Toby? Así que no lo inventó porque el cónsul francés, director de los dominios nacionales de Santa Elena, encontró el rastro del episodio en los archivos ingleses, es decir, que Napoleón fue a discutir con un esclavo llamado Toby y le dio 20 napoleones que los ingleses pensaron luego que se los había robado y querían que los devolviera, por lo que el episodio de Toby es correcto, pero no está en el manuscrito. Entonces, cómo lo encuentra Las Cases, tal vez de memoria, pero sin duda porque leyó las memorias de O’Meara que se publicaron antes que él y O’Meara habló de Toby y así Las Casese debió pensar: «Sí, bueno, sí, es verdad, había olvidado por completo este episodio de Toby», especialmente porque Las Cases estaban allí en el momento de las reuniones, estaba sucediendo lo que llamamos el Pabellón de Les Briars, la primera casa de Napoleón en Santa Elena y todavía está el árbol bajo el que Toby y Napoleón se sentaron a discutir. Así que ya ves, que hay que ser lo suficientemente preciso para comprobar muchas cosas. Por ejemplo, podríamos haber dicho que no está en el manuscrito, por lo que Toby no existía, pero en realidad si existía, Las Cases lo añadió después porque probablemente lo recordaba.»

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: El general Henri Gatien, conde Bertrand; el general Gaspar Gorgaud; Charles Tristan, marqués de Montholon y el conde Las Cases

(R.F.): «Ya que incluso el manuscrito tiene que ser tomado con todo el cuidado necesario, por supuesto, y uno siempre debe cuestionar sus conocimientos.»

(T.L.): «Por supuesto, por ejemplo, por otra razón estamos tratando de trabajar en la forma en que se anunció la muerte de Napoleón en Europa. Para ello, empiezo por mirar los primeros boletines de información que se dieron en Santa Elena en el momento de su muerte, mirando las memorias de todos, incluidos los informes ingleses, Hay que conocer la época, el ambiente de la época para saber qué acto naturalmente había que hacer primero, bueno, es prevenir al gobernador, obviamente, por supuesto, y así hay que sopesar todo y sobre todo cuando te metes en política, me gustaría darte un ejemplo de cosas en las que yo mismo soy culpable, todos somos culpables ya que sólo teníamos el Memorial de Santa Elena. Existe en el Memorial impreso en las versiones actuales, una pequeña media docena de páginas en las que, según Las Cases, Napoleón pasa revista a sus ministros y luego le da a cada uno el tribunal de Santa Elena. Así que este era así, este era asá, y aquel era un idiota y así sucesivamente, y todos usamos eso, todos lo hemos citado, seguro, hice un estudio sobre los ministros de Napoleón, y estás pensando que es como la miel, ya está, y entonces encuentras que no está en el manuscrito. Así que parecía que estaba bien…»

(R.F.): «Porque es la opinión de Las Cases…»

(T.L.): «Es la opinión de Las Cases, porque Las Cases conoce Francia, cuando Las Cases entra en Europa es una especie de héroe, es el compañero de Napoleón que vuelve. Todo el mundo quiere verle, él ve a todo el mundo, además la familia imperial se pone en contacto con él, etcétera, José Bonaparte le reembolsa la cantidad que le había prestado a Napoleón, bueno, y ahí lo tienes, no lo sabemos, realmente. Además, como hay contradicciones en lo que Las Cases hace decir a Napoleón y la realidad de la colaboración que tuvo Napoleón con algunos de los ministros, podemos pensar que fue Las Cases quien añadió y luego también hay cosas que harán llorar lágrimas de sangre a los napoleónicos, es que él – tiene las grandes frases del Memorial- «¡Qué novela, mi vida!», no está en el manuscrito, ha sido añadida, es más, toda la conversación en la que Napoleón dice «¡Qué novela, mi vida!» ha sido añadida, pero «¡Qué novela, mi vida!», todos la usamos, obviamente, hasta para hacer capítulos, finalmente, así que antes decíamos que Napoleón decía que «¡Qué novela, mi vida!» y ahora tenemos que decir según Las Cases Napoleón habría dicho «¡Qué novela, mi vida!». Hay otros, «Soy el mesías de la Revolución», «Yo destruiré la Revolución», una frase que también se cita siempre sobre el mariscal Lannes «Le conocí como pigmeo, lo perdí como un gigante» no aparece en el manuscrito etc. etc, hay una cantidad importante. ¿Es que Las Cases se despertó una noche y se dijo: «Napoleón me dijo: ¡Qué novela, mi vida!» y lo escribió? Pues no lo sé, pero a partir de ahora voy a utilizar el condicional siempre que diga que Napoleón habría dicho: «¡Qué novela, mi vida!»

(R.F.): «Finalmente para conocer y entender a Napoleón lo mejor posible, habría que leer sus novelas porque lo hemos olvidado, él escribió novelas no del todo extraordinarias, es cierto, tendremos que leer su correspondencia, sus notas en campo militar, etc.»

(T.L.): «La correspondencia es, por supuesto, importante, incluso los dictados, si se quiere, a menudo nos equivocamos, así que aquí vamos un poco más allá, pensamos que el Napoleón del 16 de agosto de 1769 y Napoleón del 5 de mayo de 1821 son el mismo. No, es como tú y como yo, evidentemente tiene un fondo de genio, de superioridad, no hay que olvidar nunca que en la historia de la humanidad no hay cincuenta Napoleones. Hay tres, cuatro, cinco personalidades que, por así decirlo, están en el nivel de la historia de la humanidad, son parte de ella. Dicho esto, también es un poco hombre, por lo que hay una evolución del pensamiento, del estilo, del carácter, el Napoleón del principio del Consulado no es ciertamente el Napoleón del apogeo del Imperio; el Napoleón del Consulado probablemente no habría invadido Rusia en 1812, pero también hubo circunstancias que lo moldearon, un sentimiento de ser infalible, invencible, de poder seguir adelante con los proyectos que él mismo no pudo definir del todo, así que ese es el ensayo, ese es el Napoleón que evoluciona.»

(R.F.): «Para terminar, ¿por qué, el duque de Reichstadt no aprovechó finalmente el Memorial y por qué Francia en ese momento no fue a buscarlo?«

(T.L.): «En primer lugar, porque era joven, nació en 1811, tenía diez años cuando murió su padre, y tenía 21 años cuando murió, así que hubiera dicho que mi nacimiento y mi muerte eran toda mi historia, lo cual no es del todo totalmente falso. Así que hay mucha gente cuando, al estudiar al duque de Reichstadt, imaginamos que sacudió su cadenas y luego trató de sacudir los barrotes de su casa sin parar. Pues los estudios más recientes y serios demuestran que tomó conciencia muy tarde de quién era, probablemente un año, dos años antes de su muerte, el resto del tiempo fue criado. Fue criado como un príncipe austriaco desde pequeño y lo siguió siendo prácticamente hasta el final de su vida, y luego, de repente, hacia el final de su vida, se interesó por su padre, y ya saben que Napoleón le había legado muchas cosas en Santa Elena, cosas que nunca recibió. Metternich impidió que las recibiera. Así que yo diría que para la época que hubiera sido posible, él ya estaba muerto.»

(R.F.): «Al final, es Napoleón III quien recuperará todo eso»

(T.L.): «Va a recuperar todo eso, va a recuperar la leyenda, va a recuperar el socialismo, va a recuperar el hecho de que, él es efectivamente, en el momento en que va a ser presidente de la República, es efectivamente el heredero de Bonaparte, antes de que él, no es él, está José y primero de todo su hermano mayor, pero bueno, que muere oportunamente en la década de 1830, pero José Bonaparte que es hasta 1844 a su muerte, que es el emperador, si quieres, así que aquí está Luis Napoleón que tiene una inteligencia diferente a la de su tío, mucho más en la combinación…»

(R.F.): «Hay que buscar en la historia. Perfecto, muchas gracias Thierry Lentz nos acogió aquí, como siempre estuviste perfecto. Grracias a ti y deseamos a tu libro todo el éxito del Memorial, por supuesto.»

– – – – – – o – – – – – –

1https://elrincondebyron.com/2021/05/05/napoleon-el-hombre-detras-del-mito-por-andrew-roberts-y-adam-zamoyski/


Fuentes:

1 – https://www.herodote.net/histoire/synthese.php?ID=2264&ID_dossier=109&resume=1

2 – https://www.youtube.com/watch?v=ZPWiysvR5Fo&ab_channel=HerodoteVideos

Imágenes:

a – https://www.youtube.com/watch?v=ZPWiysvR5Fo&ab_channel=HerodoteVideos

b – By Michel Dancoisne-Martineau – Michel Dancoisne-Martineau, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=14670284

c – https://www.amazon.es/m%C3%A9morial-Sainte-H%C3%A9l%C3%A8ne-manuscrit-biblioth%C3%A8que-Saint-H%C3%A9l%C3%A8ne/dp/226207495X?asin=B0921KHQZM&revisionId=e5ea1acc&format=1&depth=1

d – By Paul Delaroche – Château de Versailles, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=77337546

e – Par Auteur inconnu — Musée de l’Île d’Aix, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19832781

f – By Édouard Pingret – https://www.photo.rmn.fr/archive/06-501157-2C6NU0BFB1MT.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19567646

g – By Scheffer, Ary – musée beaux-arts (Angers), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=83069630

h – By Sir William Quiller Orchardson – http://www.kunst-fuer-alle.de/english/art/artist/image/sir-william-quiller-orchardson/8555/3/75209/st–helena-1816:-napoleon-dictating-to-count-las-cases-the-account-of-his-campaigns/index.htm, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6021584

i – «Mémorial de Sainte-Hélène, ou Journal où se trouve consigné, jour par jour, ce qu’a dit et fait Napoléon durant dix-huit […]» – Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France

j – Fotos del autor