El asedio de Tarragona de 1811, por Francesc Murillo (I)

El asedio de Tarragona de 1811 constituye uno de los episodios más evocados de la guerra de la Independencia en Cataluña. La caída de la ciudad en manos de las tropas napoleónicas no solo supuso un duro golpe militar, sino que significó la conquista de la última de las cuatro capitales catalanas en manos patriotas para el bando imperial, y privó al ejército español de la última gran base de operaciones con un puerto en territorio catalán. Como suele suceder, tras el fracaso no tardaron en aparecer las acusaciones cruzadas entre los civiles, autoridades, militares y también entre los aliados británicos, que se extendieron en el curso de los meses siguientes, buscando al chivo expiatorio de tan considerable pérdida que despejaba al victorioso general Louis-Gabriel Suchet su ruta hacia la ciudad de Valencia.

Para acercarnos a este acontecimiento contamos con la colaboración de Francesc Murillo Galimany, historiador y gran conocedor del periodo, autor del libro de referencia sobre la batalla de Valls (la batalla del Pont de Goi), con el que tuvimos la oportunidad de recorrer su campo de batalla y comprender de primera mano la complejidad del terreno y el desarrollo de las operaciones. Francesc Murillo ha colaborado en otras ocasiones con el blog, y su aportación en esta ocasión, investigando en fondos de archivos de España y Francia, vuelve a ofrecernos una mirada rigurosa y cercana sobre este episodio clave del conflicto, el asedio de Tarragona de 18111, que os ofrecemos en la primera de sus dos partes.

Al comienzo de la guerra del Francés, el verano de 1808, con Barcelona bajo el control del ejército napoleónico, Tarragona se convirtió en la principal base del ejército español en Cataluña y en uno de los principales focos de la resistencia contra la invasión napoleónica del Principado. Su puerto, el más importante y mejor protegido que conservaba la Cataluña resistente, se convirtió entre 1808 y 1811, en uno de los principales puntos de entrada de suministros y de toda clase de pertrechos de guerra, que permitieron mantener en acción al ejército regular y a los somatenes a lo largo de aquellos años.

En el año 1808, el núcleo urbano de Tarragona consistía en la actual parte alta de la ciudad, situada encima de una colina coronada por la catedral, que dominaba el mar y que estaba rodeada por montañas de una altura similar, por los flancos este y norte; por el mar por el sur; mientras que por el flanco oeste, las laderas de la colina que eran bastante abruptas por los otros flancos, descendían suavemente en dirección al puerto, donde se encontraba el barrio de la Marina, con sus almacenes y casas de pescadores, y se abrían a la llanura del Campo y al río Francolí. Tarragona estaba protegida por una serie de recintos fortificados levantados en diferentes épocas. El primero rodeaba el núcleo urbano por tres de sus flancos con la muralla romana, reconstruida en diferentes épocas, donde se adosaban los baluartes de San Antonio y de Santa Bárbara, construidos en el siglo XVI para poder emplazar piezas de artillería. En cambio, el límite de la ciudad por el flanco oeste, situado a la espalda de la serie de edificios religiosos que se alzaban en la Rambla Vieja, estaba cerrado por la muralla de San Juan, construida en los siglos XVI y XVII. Esta, que se levantaba entre las actuales calles de Augusto y la Rambla Nueva, consistía en una línea fortificada, de la que sobresalían, desde el mar hacia el interior, los baluartes de Cervantes, Jesús, San Juan (donde se encontraba el portal que conducía al barrio de la Marina) y San Pablo, enlazados por sus cortinas (los paños de muralla que unían a los baluartes entre ellos). La construyeron directamente encima de la roca y, como en el caso del resto del primer recinto, no disponía enfrente de un foso excavado.

El segundo recinto, construido en su mayor parte a comienzos del siglo XVIII a los pies de la muralla romana, protegía tres de los flancos del núcleo urbano con una línea de baluartes con sus cortinas. La formaban, entre otros, los baluartes de San Clemente, de la Merced, de San Magín, de San Diego, del Rosario y de la Senia, situado a los pies del baluarte de San Pablo. Desde el baluarte de la Senia arrancaba una línea fortificada (construida en la primera mitad del siglo XVIII) que llegaba hasta el mar para proteger la parte baja de la ciudad (el puerto y el barrio marítimo). Las fortificaciones de la Marina seguían un trazado que iría aproximadamente desde la Vía del Imperio hasta la plaza de Poniente, abarcaría la Plaza de Toros y continuaría hacia el mar entre las calles del Vapor y Castaños. A lo largo de sus cortinas sobresalían diversos baluartes, entre los que destacaban el de Santo Domingo, el de Orleans y el de San Carlos, donde se abría un portal. Toda la línea disponía de un foso delantero y estaba dominada por el fuerte Real, un cuadrado con pequeños baluartes en los ángulos que fue edificado en el siglo XVII encima del cerro donde encontramos la calle Capuchinos. También había diversas baterías de artillería que protegían el puerto, a las cuales se añadió a la construcción el año 1805 del fuerte de Francolí, cerca de la desembocadura del río, en el espacio donde actualmente encontramos la iglesia de San Pedro del barrio del Serrallo.

Finalmente, el tercer recinto estaba formado por una serie de fortines avanzados, que cubrían a distancia las fortificaciones de la parte alta. Esta línea comenzaba en la punta del Milagro, con el fortín de la Reina, de San Jorge, la Plaza de Armas, de la Cruz, de San Jerónimo, de Starhemberg, de San Pedro y del Rey, este último situado en la altura del actual campo de Marte. Todos ellos databan de comienzos del siglo XVIII.

Estas eran las fortificaciones que protegían Tarragona al comenzar la guerra del Francés. Pero, a pesar de que sobre el plano parecía que disponía de un imponente cinturón amurallado, el gasto ingente que generaba el mantenimiento de este conjunto de fortificaciones, difícilmente asumible por el municipio y por la Corona, comportó que el año 1808 el estado de las defensas de la ciudad fuera pésimo. Sobre todo, por lo que se refiere a la parte baja, donde tan solo se conservaban en buen estado algunas baterías y el fuerte del Francolí, que protegían el puerto. Las fortificaciones de la parte alta estaban en mejor estado, ya que las habían restaurado parcialmente desde finales del siglo XVIII, pero muchos baluartes, fuertes y paños de muralla necesitaban importantes reparaciones. En conjunto, las murallas de Tarragona habrían protegido la ciudad en un intento de golpe de mano, pero no habrían podido oponer mucha resistencia ante un asedio en toda regla.

El lamentable estado en que se encontraban las defensas de Tarragona y la importancia que había adquirido la ciudad y su puerto para la Cataluña resistente llevaron como consecuencia realización de grandes esfuerzos económicos. Por parte de la ciudad y del corregimiento de Tarragona para rehacer y mejorar las fortificaciones, para garantizar la protección de la plaza fuerte. Los trabajos de fortificación comenzaron en los últimos días de diciembre de 1808 y se extendieron hasta mayo de 1811, durante el asedio, cuando aún había obras inacabadas donde se estaba trabajando. Cabe decir que estos trabajos fueron intermitentes, ya que la falta de recursos económicos para poder cubrir los elevados gastos que generaba la reparación, mejora y ampliación de un complejo fortificado de las dimensiones del que tenía Tarragona, obligó a paralizar a menudo las obras.

Un grafiado esquemático sobre un mapa de la Tarragona actual de los tres recintos defensivos que nos vienen descritos en el texto de F. Murillo.

Desde los últimos días de 1808, los trabajos consistieron en la reparación del conjunto de fortificaciones de la ciudad. En las mismas fechas también se inició una nueva línea de fuertes avanzados en las colinas que rodean la ciudad por el flanco este, que se convertiría en la primera línea de defensa ante las tropas napoleónicas que procedieran de Barcelona. La formaban el reducto de los Ermitaños y el fortín del Llorito, que estaban pensados como posiciones de apoyo a grandes contingentes de tropas que se desplegarán en aquella zona ante la presencia del enemigo, ya que eran posiciones muy alejadas de Tarragona para que quedarán protegidas por la plaza. Finalmente, la línea quedaba cerrada por el flanco norte con el fuerte del Olivo, que se levantó en la parte superior de la montaña que le da nombre, a unos 800 m de las fortificaciones de la plaza.

El fuerte del Olivo era una construcción de grandes dimensiones, de unos 400 m de frente, que seguía la forma alargada de la cima de la colina, con un foso excavado en la roca que cubría toda la línea del frente del fuerte y su flanco izquierdo, mientras que el flanco derecho se alzaba sobre un acantilado de roca. En el extremo derecho de la parte frontal, el acueducto del Gayá entraba en el fuerte cruzando el foso para continuar su trazado hacia la ciudad. El flanco derecho del fuerte estaba cerrado por un medio baluarte que tenía en su parte posterior un reducto dominado por un caballero (una fortificación más elevada que el resto del fuerte), mientras que el extremo izquierdo también consistía en un medio baluarte, el cual se accedía desde el interior de la fortaleza por un puente levadizo. El frente de gola donde tenía dos puertas de acceso estaba protegido por un muro con una galería con aspilleras. A pesar de que podía equiparse con una sesentena de piezas de artillería durante el asedio de 1811 tan solo tuvo emplazadas 47 tras sus troneras. El fuerte contaba con unas defensas avanzadas, unos reductos levantados encima de los cerros que tenía delante, los cuales dominaban las tierras donde ahora se levanta el barrio de San Pedro y San Pablo.

Plano de Tarragona del año 1809, que muestra el estado de las obras de fortificación de la plaza a finales de aquel año. El plano no recoge las fortificaciones más avanzadas de los Ermitaños, del Llorito, del Olivo y el fuerte de Francolí. (a)

El fuerte del Olivo era una pieza clave en el dispositivo defensivo de Tarragona, ya que por su situación impedía que las fuerzas napoleónicas pudieran acercarse a la ciudad por el flanco norte; cubría con el fuego de su artillería al flanco oeste; y permitía que su guarnición pudiera realizar salidas contra los flancos de las obras de asedio que los franceses estuvieran excavando por los flancos oeste y norte de la plaza de Tarragona. Para facilitar el acceso a este fuerte que estaba muy avanzado respecto al resto de la plaza, se habilitó un camino protegido por reductos, parcialmente enterrado y cubierto con una vuelta que tenía la entrada en el fortín del Rey. Tanto este camino como el propio fuerte aún estaban inacabados a finales de mayo de 1811.

Los trabajos realizados en las defensas de Tarragona durante la guerra no siguieron un proyecto uniforme, sino que fueron fruto de una serie de planes de fortificación que a menudo no acababan de encajar entre ellos ni con las obras preexistentes. Todo ello llevó a la existencia de imperfecciones en el planteamiento de parte de las defensas, unos puntos débiles que los ingenieros napoleónicos supieron aprovechar a la perfección.

A lo largo de 1810 se ampliaron las fortificaciones con la construcción del baluarte de San Francisco delante del portal mismo nombre, entre los baluartes del Rosario y de la Senia. Pero la principal ampliación iniciada aquel año tuvo lugar en la parte baja, donde se levantaron nuevas posiciones avanzadas delante del baluarte de San Carlos para proteger el fuerte del Francolí, entre las que destacaban la luneta del Rey y la luneta del Príncipe, con sus respectivos fosos. La luneta del Príncipe encarada al fuerte del Francolí, al cual quedaba unida por una cortina, no estaba perfectamente orientada, mientras que muchos de estas obras se levantaron con materiales de poca calidad, hecho que perjudicaba la resistencia a un bombardeo prolongado. Además, adaptaron el fuerte del Francolí para poder proteger la desembocadura del río Francolí y las tierras que lo rodeaban, y le excavaron un doble foso, que era el único de la plaza que tenía agua, captándola del río. Por último, a finales de 1810 iniciaron la construcción del fuerte de las Horcas, encima de un cerro situado entre el fortín de la Reina y la playa de la Rabassada. Esta posición avanzada, que durante el asedio estaba a medio, habría de proteger el tramo de línea que formaban los fuertes de la Reina, de San Jorge, la Plaza de Armas y el fuerte de la Cruz.3

La protección que le conferían a las murallas y la presencia de la flota británica que controlaba la costa, convirtió Tarragona en un punto de atracción para oleadas de refugiados cada vez que el ejército napoleónico sea acercaba al campo de Tarragona. Este hecho provocó que el número de habitantes de la ciudad pasara de cerca de 10.000 que tenía el año 1808 a unos 22.000 durante el primer trimestre en 1809, mientras que hasta mayo de 1811, a menudo se superó la cifra de 20.000 habitantes. Tarragona, convertida en cuartel general del Ejército, también fue la ciudad donde a partir del 1810 se instalaron las principales instituciones de Cataluña, estableciéndose a menudo el órgano de gobierno de Cataluña, la Junta Superior del Principado.4

El 2 de enero de 1811, la ciudad de Tortosa capitulaba ante el 3.er Ejército, el ejército francés de Aragón, mandado por el general de división Luis Gabriel Suchet, después de haber resistido un asedio de dos semanas y de tener tres brechas abiertas en las murallas. Tortosa se añadía a las plazas fuertes de Lérida. Mequinenza y Morella, conquistadas sucesivamente por Suchet a lo largo de la brillante campaña de asedios que estaba llevando a cabo desde mayo de 1810, preparándose para su principal objetivo, la conquista de Valencia. Con tal de asegurar el control de las tierras del Ebro y protegerse del ejército español de Cataluña, el 1.er Ejército, el 8 de enero, también capturaba el pequeño fuerte de San Felipe, que dominaba el collado de Balaguer, la entrada al Campo de Tarragona desde las tierras del Ebro, siguiendo la carretera de la costa.

Pero antes de iniciar el acercamiento a Valencia, era necesario que el ejército francés de Cataluña, mandado por el mariscal Étienne Jacques Joseph Macdonald conquistara Tarragona, cumpliendo la orden que le había encargado Napoleón en el año 1810. Así, la captura de la principal base de operaciones del ejército español de Cataluña aseguraría la retaguardia napoleónica y a continuación Suchet podría comenzar las operaciones del asedio de Valencia. Pero Macdonald era incapaz de conquistar Tarragona sin ningún otro apoyo, tal como había comprobado cada vez que se acercaba la ciudad donde siempre se encontraba esperándolo el grueso del ejército español en un territorio empobrecido por la guerra e incapaz de alimentar durante un asedio al ejército napoleónico de Cataluña. En cambio, Suchet contaba con la gran ventaja de su control de Aragón, hasta el punto de que su administración y gobierno había conseguido recuperar la economía, convirtiéndolo en el granero que permitió a su ejército poder llevar a cabo asedios en unas regiones prácticamente devastadas por la guerra.

Para apoyar a MacDonald en el asedio que había de emprender contra Tarragona, Suchet comenzó a reunir cereales en Lérida y Mora, mientras que en Tortosa concentraba la artillería y todo el material que necesitaba el cuerpo de ingenieros para poder realizar los trabajos de asedio a Tarragona. Todas estas provisiones y el material para el asedio se enviarían al ejército de Macdonald, juntamente con el grueso de las unidades de zapadores y de artillería del 3.er Ejército cuando se iniciara las operaciones contra Tarragona.5

La capitulación de Tortosa después de un asedio relativamente rápido hizo que muchos catalanes consideran que su pérdida había sido provocada por una traición. La situación de descontento llevó a la proclamación tumultuaria del mariscal de campo Luis González Aguilar y Torres de Navarra, marqués de Campoverde como nuevo capitán general de Cataluña en los primeros días de enero. Este militar había sido un buen coronel de caballería y más adelante un buen general de división que habían tenido diversas victorias a lo largo de los últimos meses de 1810 que le otorgaron cierto renombre.6

El primer intento de tomar Tarragona después de la caída de Tortosa correspondió a una iniciativa del mariscal Macdonald. Este, que había colaborado en las operaciones de asedio de Tortosa, entró en el Campo de Tarragona en la primera quincena de enero con unos 11.600 hombres, con la intención de aprovechar el estado de agitación en que se encontraba Tarragona después de la caída de Tortosa, para comprobar si era posible capturar la ciudad con un golpe de mano. Pero Macdonald no recibió un soporte efectivo por parte de Suchet, que no veía factible intentar sitiar Tarragona en aquel momento. Mientras que una vez más, el grueso de las tropas del 1.er Ejército (unos 20.000 hombres) se concentraron alrededor de Tarragona. Después de darse cuenta de la imposibilidad de conseguir su objetivo con las fuerzas de que disponía y de que su vanguardia había sufrido una derrota el 15 de enero frente a Figuerola, Macdonald optó por retirarse hacia Lérida.7

Los intentos fallidos de Macdonald llevaron a Napoleón a encargar la captura de Tarragona a Suchet, que recibió la orden el 19 de marzo. Al mismo tiempo, el emperador ampliaba los territorios que estaban bajo su gobierno con la incorporación de Tortosa, Lérida, Tarragona y el resto de las comarcas catalanas hasta la ribera del Llobregat y le cedió una parte del ejército de Macdonald. Concretamente pasaron a formar parte de la Armée d’Aragon (el 3.er Ejército adoptó este nombre a partir de aquellas fechas), unos 17.400 hombres, hecho que permitió aumentar el ejército de Suchet hasta unos 43.400 hombres en condiciones de combatir, un número suficiente para poder acceder a Tarragona sin dejar desguarnecidos Aragón, Lérida y la frontera con Valencia.

Mientras Suchet preparaba la Armée d’Aragon para avanzar hacia Tarragona, Campoverde aprovechó la oportunidad de tomar por sorpresa la noche del 9 al 10 de abril el castillo de San Fernando de Figueras, la gran fortaleza de la frontera catalana. La captura de San Fernando fue un verdadero golpe de efecto, muy celebrado por los catalanes, mientras Macdonald destinaba los pocos recursos de que disponía para intentar formalizar el bloqueo de aquella fortaleza. El mariscal pidió ayuda a Suchet, a quien solicitó que pospusiera el proyecto de asediar Tarragona y le enviara tropas para ayudarlo a recuperar San Fernando. Posiblemente este era uno de los objetivos de Campoverde y de su Estado Mayor, que pensaban que Suchet daría apoyo a McDonald enviándole parte de su ejército, hecho que paralizaría por unos meses los preparativos del asedio de Tarragona. Pero Suchet acertó suponiendo que Napoleón destinaría al bloqueo de Figueras, un buen número de tropas procedentes del sur de Francia, y que si ponía asedio a Tarragona obligaría a Campoverde a abandonar el Ampurdán para ir a auxiliar la principal base del 1.er Ejército. Ante esta situación, a pesar de que aún no tenía finalizados los preparativos para poder llevar a término al asedio, Suchet concentró el grueso de su ejército en Lérida. El 28 de abril se puso en camino hacia Tarragona y al día siguiente llegaba a Montblanc.8

Louis-Gabriel Suchet (b)
Boton de las Milicias Urbanas de Tarragona (c)
Sir Edward Codrington (d)

El 25 de abril, el Estado Mayor de la plaza de Tarragona recibió noticias de la puesta en marcha de la Armée d’Aragon, cuando hacía unos días que Campoverde, con el grueso del ejército de campaña, se encontraba en el Ampurdán con el objetivo de romper el bloqueo que sufría el castillo de San Fernando e introducir suficientes refuerzos y provisiones para que sus defensores pudieran soportar un asedio prolongado. No existía ningún otro contingente del ejército regular que pudiera detener la marcha de Suchet. Solo se opusieron los somatenes que le provocaron algunas bajas. Por tanto, el comandante en jefe de la plaza de Tarragona, el general Juan Caro, tan solo podía disponer de las tropas que había en la ciudad, e inmediatamente se puso a organizar la defensa de la plaza.9

Para proteger Tarragona, Caro contaba con unas 300 piezas de artillería y una organización de tropas regulares de infantería, artillería y del cuerpo de ingenieros de unos 7.300 hombres en condiciones de combatir. A estos se añadieron diversas partidas sueltas o destacamentos de otros regimientos que no formaban parte de la guarnición, pero que en aquellas fechas se encontraba en la ciudad y que inicialmente agruparon en una unidad de infantería improvisada, mientras que con los 200 caballos que pudieron reunir crearon una unidad provisional con los destacamentos de caballería que se encontraba en la ciudad. Con estas incorporaciones el número de soldados regulares aumentó hasta unos 8.000 hombres, todos ellos pertenecientes a regimientos veteranos que llevaban diversos años combatiendo en Cataluña. Además, también contaba con la milicia urbana de Tarragona, creada a mediados de 1810 para destinarla a la protección de la ciudad. Después de una última reestructuración efectuada en los primeros meses de 1811, consistía en un regimiento de dos batallones con unos efectivos teóricos de 2.000 hombres. Lo formaban vecinos de Tarragona, y en menor medida, de otros municipios del corregimiento y del resto de Cataluña, que huyendo de la guerra se establecieron en Tarragona. También se han de añadir, las dos compañías de tiradores del corregimiento de Tarragona y unos 200 marineros tarraconenses y de los pueblos del litoral del corregimiento, que reforzaron los efectivos de artillería. En conjunto, los milicianos, tiradores y marineros sumaban unos 2.400 hombres al comienzo del asedio.10

En total, la guarnición alineaba unos 10.400 hombres entre tropa regular y milicia, un número de efectivos muy reducido para poder defender el complejo de fortificaciones de la plaza. Por tanto, Caro optó por abandonar las posiciones exteriores más expuestas del Llorito y los Ermitaños, y concentró sus fuerzas en la defensa de los recintos de la plaza y del fuerte del Olivo (donde dejó una guarnición de 2.000 hombres), que había de impedir la aproximación de los napoleónicos a los muros de la plaza.

La guarnición tenía el apoyo de una escuadra de la flota británica mandada por el comodoro Edward Codrington, formada por tres navíos, dos fragatas y otras embarcaciones menores. Además de barcos británicos, también había españoles, en especial lanchas cañoneras (con una pieza de artillería) y diversas fragatas. Pero hay que tener presente que durante el asedio, aparte de las últimas semanas de junio, tan solo una parte de estos barcos se encontraban habitualmente anclados ante Tarragona. A menudo algunos de estos navíos y fragatas se alejaron de Tarragona para proteger los barcos que llevaban los refuerzos que se dirigían a la ciudad en diferentes momentos del asedio. En este sentido, hay que borrar la leyenda negra que rodea la actuación de los británicos en Tarragona. Tanto Codrington como el general Charles Doyle, hicieron todo lo posible para dar apoyo a la guarnición tarraconense hasta el último momento completamente entregados a la causa de los defensores, tanto con el fuego que abrían sus barcos, como las gestiones para conseguir refuerzos y su traslado y la evacuación de civiles.

El control de la costa por parte de la flota británica y española mantendrá abierto el puerto de Tarragona y garantizará la llegada de refuerzos, municiones y provisiones, hecho que será fundamental para mantener su defensa. De hecho, mientras el puerto estuvo activo se dirigieron numerosos barcos mercantes con intención de vender provisiones de todas clases, mientras que hasta prácticamente el último día del asedio, los defensores pudieron evacuar por barco un elevado número de heridos hacia los hospitales de Mallorca, Vilanova y Mataró. A diferencia de los otros asedios que había llevado a cabo en Cataluña, Suchet se encontraba con la imposibilidad de poder rodear completamente Tarragona y de cortar su comunicación con el exterior por vía marítima.11

Evoluciones de los dos ejércitos hasta finales del mes de mayo.

La vanguardia del ejército del general Suchet cruzó el estrecho de la Riba el 1 de mayo. Previamente dejó un destacamento fortificado en Montblanc, no tanto con el objetivo de proteger la comunicación con Lérida, ya que esta quedó cerrada por los somatenes inmediatamente después que hubo pasado la Armée d’Aragon sino para cubrir a distancia el camino de Mora a Reus. Suchet hará servir el Ebro como principal vía de suministros hasta Mora (donde también tenía una guarnición), donde desembarcaban las provisiones que seguirán el camino hacia Falset y Reus, la ruta por donde llegaban las provisiones al ejército sitiador. En cambio, la artillería y la munición salían de Tortosa por el camino del collado de Balaguer hacia Cambrils y la Canonja, estableciendo diversas posiciones artilladas en esta ruta costera para hacer frente a la amenaza británica.

El mismo día, la división Habert llegaba a Cambrils procedente de Tortosa, mientras que el día siguiente Suchet establecía su cuartel general en Reus. Con las divisiones Harispe y Frère y la cabellera general Boussard (con sus escuadrones distribuidos entre las otras divisiones). Inicialmente contaba con una artillería poco numerosa, reducido a unas pocas compañías con piezas de artillería de campaña bajo las órdenes del general Valée. En cambio, la mayoría de las compañías del cuerpo de ingenieros de la Armée d’Aragon se concentraron delante de Tarragona desde un primer momento, bajo las órdenes del general Rogniat. En conjunto a primeros de mayo, la Armée d’Aragon reunía poco más de 17.000 hombres ante Tarragona, que irán aumentando hasta unos 20.000, cifra que se mantendría a medida que avanzaba el asedio y Suchet fuera dirigiendo otros regimientos, así como el grueso de su artillería. El material de la artillería y del cuerpo de ingenieros se concentró en el pueblo de la Canonja, convertido en el almacén principal de este material. En cambio, los almacenes de alimentos y los principales hospitales militares se establecieron en Reus, protegidos por un destacamento de tropas.12

El día 4, el general Suchet, que trasladó el cuartel general a Constantí para poder dirigir el asedio desde una posición más cercana y céntrica, llevó a término el cerco de Tarragona. La división Harispe cruzó el Francolí frente a Constantí y avanzó por detrás de las colinas que había situadas delante del fuerte del Olivo, con el objetivo de llegar al mar y rodear la plaza por el flanco norte y este, mientras la brigada francesa Salme tomaba posiciones de los reductos avanzados del fuerte del Olivo, las brigadas italianas Palombini y Balathier ocupaban los fuertes abandonados del Llorito y de los Ermitaños y llegaban hasta la línea de la costa, cortando así la carretera de Barcelona. La división franco-polaca Frère desplegaba sus batallones en las dos orillas del Francolí, a la derecha de la brigada Salme, a pesar de que dejaba media división cerca de Constantí, para hacer la función de una reserva que podía ser empleada tanto en el asedio como para hacer frente a cualquier intento de liberar la plaza por parte del 1.er Ejército. Mientras que la división francesa Habert avanzó desde Cambrils y la Canonja hasta tomar posiciones cerca del río, en su orilla derecha, entre la división Frère y el mar. A pesar de la oposición del fuego realizado a larga distancia por la artillería de la plaza y del fuerte del Olivo y por los fusiles de los defensores de los reductos avanzados de este último, las tropas napoleónicas completaron el cerco por tierra de Tarragona. Aquella noche, los hombres de Suchet establecieron sus campamentos detrás de las posiciones que ocupaban, mientras que a la mañana siguiente cortaron el acueducto del Gayá.

Una vez cercada Tarragona, y observando las fortificaciones de la plaza, Suchet se dio cuenta que los planos que llevaba no le mostraban el estado real de las defensas de la ciudad, ya que no incluían las mejoras hechas durante la guerra, como era el caso de la ampliación de las fortificaciones de la parte baja hasta el fuerte del Francolí. Pero la sorpresa más desagradable fue la existencia del fuerte del Olivo que le podía plantear problemas para acercarse a la plaza. Entonces encomendó a los generales Rogniat y Valée que estudiaran a fondo las fortificaciones con tal de proponer un plan de ataque a Tarragona. Estos generales consideraron muy difíciles de atacar los frentes norte, este y sur de la ciudad y plantearon que el ataque tuviera lugar por el flanco oeste contra la parte baja y el puerto, donde el terreno cercano al Francolí era fácil de excavar para hacer las trincheras de los trabajos de asedio. Concretamente el ataque se había de dirigir contra el fuerte del Francolí por el hecho de tratarse de un extremo de las defensas situadas en una posición que no podía recibir el apoyo efectivo de la mayoría de las fortificaciones de ciudad. Desde el fuerte del Francolí, los napoleónicos irán avanzando hasta tomar la parte baja y finalmente la parte alta.

Siguiendo el parecer de sus generales, Suchet decidió a atacar Tarragona por la parte baja. Pero para poder acercar los trabajos de asedio a aquella zona había de alejar la flota de las proximidades de la desembocadura del Francolí y también había de tomar el fuerte del Olivo, desde los defensores podían abrir fuego contra el flanco izquierdo de las obras de asedio, o bien atacarlas mediante salidas realizadas por una parte de la guarnición del fuerte. Para alcanzar el objetivo de alejar la flota, la noche del 7 al 8 de mayo, los franceses comenzaron en silencio los trabajos de asedio, con el inicio de la construcción de un reducto para la artillería en la línea de costa, a unos 1.200 m del fuerte del Francolí. Estos trabajos se ralentizaban durante el día, al convertirse en el objetivo de fuego de las lanchas cañoneras (se reunieron una quincena) y los otros barcos de guerra, mientras los trabajadores se refugiaban en las trincheras, y se aceleraban por la noche cuando se reconstruían los destrozos provocados por los barcos.13

Plano francés del asedio de Tarragona de 1811. Vemos el estado que presentaban las fortificaciones tarraconenses en aquellas fechas y los trabajos de asedio napoleónicos llevados a cabo en la línea de la costa y contra el fuerte del Olivo, las defensas de la Marina y la parte alta de la ciudad. (e)

Para hostilizar y molestar en la medida posible a las tropas de Suchet, desde los primeros días del asedio, la guarnición realizó salidas diarias con algunas compañías de infantería, que se tirotearon con las avanzadas napoleónicas. Los sitiadores también sufrieron el fuego que les hacían de lejos los cañones de la plaza y de los barcos, en especial de las lanchas cañoneras, cuando se acercaban a la línea de costa. A lo largo de aquellos primeros días, el general Caro sufrió una fuerte presión por parte de la ciudadanía y de la clase política, para que realizara salidas importantes con el grueso de la guarnición para deshacer las primeras obras de asedio, impedir que los napoleónicos se consolidarán con las posiciones que habían ocupado. Pero Caro, se negó, alegando que no disponía de suficientes hombres para poder hacer salidas de aquellas características sin correr el peligro de que, en caso de una derrota, las tropas de Suchet no lo aprovecharan para conquistar rápidamente Tarragona. De hecho, los propios franceses dieron la razón a Caro cuando en un informe elaborado a los pocos días de acabar el asedio en el que valoraban las fortificaciones tarraconenses, llegaron a la conclusión de que necesitaban un número mínimo de tropas regulares para defender la plaza y el fuerte del Olivo, similar al que tenía Caro.14

A primeros de mayo, el marqués de Campoverde se encontraba en el Ampurdán con el grueso del ejército de campaña, unos 9.500 hombres. El 3 de mayo intentó romper el bloqueo del castillo de San Fernando para poder entrar con un convoy de provisiones y municiones. Pero fue derrotado y sufrió unas 1.500 bajas, mientras que 1.400 hombres entraron en el castillo donde quedaron encerrados con la guarnición. Después de esta derrota y teniendo noticia de la llegada de Suchet delante de Tarragona, Campoverde se dirigió rápidamente por mar hacia la plaza asediada con 3.000 hombres. Al mismo tiempo, dio orden al general Pedro Sarsfield de ponerse en camino hacia la Cuenca del Barberá con el resto del ejército de campaña para atacar la retaguardia napoleónica y cortar sus comunicaciones.15

El capitán general desembarcó en Tarragona el 10 de mayo. Y se hizo cargo del mando de la defensa de la plaza con los refuerzos que llevó. La guarnición aumentaba hasta los 13.400 hombres, un número de efectivos suficiente para poder hacer salidas importantes contra los trabajos de asedio. Mientras tanto, los franceses avanzaban las obras del reducto de la línea de costa y comenzaban a construir 3 baterías de artillería entre este y el río Francolí, protegidas por trincheras que las enlazaban con otras trincheras que estaban excavando paralelas al río. Con los trabajos de la orilla derecha del Francolí bastante avanzados, la noche del 13 al 14 de mayo, Suchet inició las operaciones previas para tomar el fuerte del Olivo con la captura de sus reductos avanzados a manos de la Brigada Salme.

El 14 de mayo, el marqués de Campoverde inició una serie de salidas importantes dirigidas principalmente contra los trabajos franceses de la orilla derecha del Francolí. Así, aquel día, 1.600 hombres y dos piezas de artillería cruzaron el río para reconocer a distancia las obras de asedio que hacían los franceses con el apoyo del fuego de artillería de los barcos y de la plaza. Además, aquel mismo día, 800 hombres intentaron recuperar sin éxito los reductos avanzados del fuerte del Olivo. El 15 volvía a cruzar el Francolí una columna de 250 hombres con dos obuses que bombardearon el reducto, pero la salida más importante fue la del 18 de mayo, cuando 3.000 soldados de la guarnición, con dos piezas de artillería, atacó las trincheras que estaban excavando los franceses en la orilla derecha del Francolí. Los soldados españoles tomaron la primera trinchera haciendo uso de las bayonetas y a continuación la comenzaron a derribar, pero no pudieron llevar a cabo la destrucción porque la llegada de refuerzos napoleónicos los obligó a retirarse. Los pobres resultados de esta importante salida venían en buena parte explicados por las disposiciones que tomó Suchet el día 16 para mejorar la protección de las tropas que tenía en las trincheras del Francolí acercando las reservas que tenía situadas en retaguardia para poder rechazar los ataques de la guarnición tarraconense si conseguían cruzar el río. Con todo, los defensores aún volverían a hacer salidas importantes el día 20, cuando desplegaron dos obuses con el apoyo de infantería para abrir fuego contra las trincheras de la orilla derecha del Francolí, mientras que aquel mismo día salieron unos 800 hombres contra las posiciones italianas del Llorito y de los Ermitaños.16

Las salidas de la guarnición no consiguieron frenar la excavación de trincheras y baterías en la orilla derecha del Francolí, mientras que la llegada desde Tortosa, a lo largo de los primeros días de la segunda quincena de mayo, de las 66 piezas de artillería de asedio de Suchet, permitió que la noche del 22 al 23 de mayo, el gran reducto fuera equipado con dos cañones de 24 libras. En los dos días siguientes también emplazaron otras piezas de artillería en las tres baterías que levantaron a lo largo de la costa. Esas posiciones de artillería, parcialmente enterradas y con unos reductos de seis metros de grosor, gozaban de una notable protección que les daba ventaja ante los barcos que se pusieran al alcance de sus cañones. Este hecho provocó que, con los primeros disparos de las baterías, la flota se alejara de la desembocadura del río y anclara, primero en el puerto y posteriormente delante de la playa del Milagro. Así Suchet conseguía su primer objetivo previo al ataque en la parte baja de Tarragona. A partir de entonces se concentraría en el fuerte del Olivo.17

En Tarragona, desde los primeros días del asedio, la Junta Superior de Cataluña había intentado obtener constantemente recursos para mantener la defensa de la ciudad. Pidiendo refuerzos, armas, municiones y provisiones a la Regencia y a las Juntas de Mallorca, Valencia y Murcia. A pesar de que el 18 de mayo la Junta marchó de Tarragona para establecerse en Montserrat, dejó unos comisionados en la ciudad y continuó trabajando activamente para socorrer Tarragona. A las peticiones de la Junta se añadieron en el mismo sentido las que hicieron, por una parte, el marqués de Campoverde a partir de su llegada a Tarragona y las que efectuaron Codrington y Doyle, estos últimos, sobre todo cerca del capitán general de Valencia, el general Carlos O’Donnell.

De hecho, O’Donnell intentó dar apoyo a los defensores de Tarragona desde los primeros días del asedio, ya que era bien consciente que su pérdida acarrearía como consecuencia que Suchet se dirigiera hacia Valencia. Para impedirlo, las tropas del ejército de Valencia, el 2º Ejército, realizaron algunas acciones contra las tropas de francesas en la zona de Amposta y de San Carlos de la Rápita, para intentar atraer otras procedentes del asedio de Tarragona, pero fracasaron en su objetivo. El principal apoyo que dio el 2º Ejército a Tarragona fue el envío de refuerzos en esta ciudad, así como a finales de mayo se enviaron por mar unos 1.600 soldados de infantería y 100 artilleros. Los refuerzos recibidos por la guarnición tarraconense en aquellos días se completarían con unos 400 quintos desarmados procedentes de Mallorca. Por su parte, Suchet también recibía refuerzos, concretamente 1.600 soldados franceses de infantería.18

A lo largo del mes de mayo comenzaron a producirse ataques de los somatenes y de las compañías de tiradores de los corregimientos para cortar las comunicaciones de la Armée d’Aragon o bien atacar su retaguardia. A estas fuerzas se añadió el general Sarsfield con unos 1.200 soldados regulares, un número insuficiente para intentar lanzar un ataque serio. Los hombres de Sarsfield tomaron posición en las montañas que dominan Alcover de donde fueron desalojados el 20 de mayo por una columna de tropas mandada por el General Boussard. Con todo, es necesario remarcar que la presencia de Sarsfield y sus hombres en Alcover provocó que Suchet retrasara el inicio de las operaciones para atacar el fuerte del Olivo, previstas para la noche del 20 al 21, que detuvo esperando noticias de los movimientos de Sarsfield. A los pocos días ante la presencia de estas tropas españolas y la creciente actividad de los somatenes, Suchet dio la orden de abandonar la posición de Montblanc, demasiado alejada y amenazada.19


  1. El texto pertenece la conferencia «El setge de Tarragona de 1811» dentro de un ciclo de conferencias realizadas entre los años 2012 y 2013 por la Associació Setge de Tarragona 1811 y editada por la Fundació Privada Mútua Catalana en el año 2014. ↩︎
  2. Hemos respetado la denominación del conflicto del texto original, que de una manera generalizada desde finales del siglo pasado se denomina como guerra del Francés (del Francès) en Cataluña. Otros como Antonio Moliner señalan dicha denominación ya a finales del s. XIX. ↩︎
  3. AHN (Archivo Histórico Nacional). Fondo Diversos-Colecciones, 93, N.6; RECASENS COMES, J.M. (1958): El Corregimiento de Tarragona y su Junta en la Guerra de la Independencia (1808-1811). Tarragona: Diputación de Tarragona. Pág.: 89-94; SALAS, J. (1911): El sitio de Tarragona por los franceses en 1811. 2ª Ed., Barcelona: Tipografia Castillo. Pág.: 10-12. MURILLO GALIMANY, F. (2011): «La defensa del fort de l’Oliva, maig del 1811». A Carn! Publicación electrónica de historia militar catalana, Nº 16. Pág.: 18-27 y 29; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Tarragona durant la Guerra del Francès, 1808-1814. Tarragona: Centre d’Estudis Marítims i Activitats del Port de Tarragona i Arola Edicions. Pág.: 11-12 ↩︎
  4. MOLINER PRADA, A. (2011): Tarragona (mayo-junio 1811). Una ciudad sitiada durante la Guerra del Francés. Madrid: CSIC i Doce Calles. Pág.: 114-115 y 129-137 ↩︎
  5. SUCHET, L.G. (1834): Mémoires du Maréchal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-mème. I Vol., 2ª Ed. Paris:Anselin, Paris. Pág.: 219-313; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pàg.: 9. ↩︎
  6. MOLINER PRADA, A. (2011): Tarragona (mayo-junio 1811). Una ciudad sitiada durante la Guerra del Francés. Op. cit. Pág.: 90-102 ↩︎
  7. SHD (Service Historique de la Défense). Fondo de l’Armée de Terre. Ref. 8C 63 ↩︎
  8. SUCHET, L.G. (1834): Mémoires du Maréchal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-mème. II Vol., Op. cit. Pág.: 3-8 y 13-20; SHD Fondo de l’Armée de Terre. Ref. 8C 357; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 10. ↩︎
  9. AGMM (Archivo General Militar de Madrid), Fondo Guerra de la Independencia, Legajo 2, Carp., 36 y 37 ↩︎
  10. AHN. Fondo Diversos-Colecciones, 80, N.2 y 145, N.1; ALEGRET, A. (1911) História del sitio, defensa, asalto y evacuación de Tarragona en la Guerra de la Independencia. Barcelona: Imprenta Vicente Martínez. Pág.: 45-63. ↩︎
  11. Lady BOURCHIER (1873): Memoir of the Life of Admiral Sir Edward Codrington. I Vol, Londres: Longmans, Green and Co. Pág. : 209-235 y 479-485; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 13-14. ↩︎
  12. SHD. Fondo de l’Armée de Terre. Ref. 8C 357; SUCHET, L.G. (1834): Mémoires du Maréchal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-mème. II., Vol.,Op. cit. Pág.: 410-411; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 14 ↩︎
  13. MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 15 ↩︎
  14. SHD. Fondo de l’Armée de Terre. Ref. GR 8 C 74; ↩︎
  15. SUCHET, L.G. (1834): Mémoires du Maréchal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-mème. II Vol., Op. cit. Pág.: 21-40; PRIEGO LÓPEZ, J. (1992): Guerra de la Independencia (1808-1814). Vol. VI. Madrid: Editorial San Martín. Pág.: 233-248 ↩︎
  16. AGMM. Fondo Guerra de la Independencia, Legajo 2, Carp., 37; AHN. Fondo Diversos-Colecciones, 85, N.18; AN (Archives Nationales). Fondo de Archivos Privados, Fondo Suchet d’Albufera, 384 AP 59; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 15-16 ↩︎
  17. SUCHET, L.G. (1834): Mémoires du Maréchal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-mème. II Vol., Op. cit. Pág.: 40-41; ALEGRET, A. (1911) História del sitio, defensa, asalto y evacuación de Tarragona en la Guerra de la Independencia. Op. cit. Pág.: 103 ↩︎
  18. PRIEGO LÓPEZ, J. (1992): Guerra de la Independencia (1808-1814). Vol. VI. Op. cit. Pág.: 252; AGMM. Duque de Bailén, Legajo 11; SHD. Fondo de l’Armée de Terre. Ref. SC 357; MURILLO GALIMANY, F. (2011): «El setge de Tarragona del 1811». Op.cit. Pág.: 16 ↩︎
  19. AN. Fondo de Archivos Privados, Fondo Suchet d’Albufera, 384 AP 59. ↩︎

Fuentes:

1 – «El setge de Tarragona de 1811«, por Francesc Murillo Galimany, dentro de un ciclo de conferencias organizadas por la Associació Setge de Tarragona 1811 y editadas por la Fundació Privada Mútua Catalana en junio del año 2014.

Imágenes:

a – Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico. Cartoteca del Centro Geográfico del Ejército: SG. Ar. F-T. 8-C.2-281
b – By After Jean-Baptiste Paulin Guérin – photo.rmn.fr, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15418961
c – Cortesía de Paco Tovar.
d – npg.org.uk/collections/search/portrait/mw35061/Sir-Edward-Codrington
e – Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico. Cartoteca del Centro Geográfico del Ejército: SG. Ar. F-T. 8-C.2-286
f – Imágenes por cortesía de Francesc Murillo Galimany
g- Imágenes El Rincón de Byron

2 comentarios sobre “El asedio de Tarragona de 1811, por Francesc Murillo (I)

  1. Estupenda crónica. La guerra es tan inabarcable que los que andamos por aquí en el occidente del país no solemos, en general ocuparnos mucho, de la enorme actividad que se desarrolló en otras partes de España, el noreste, por ejemplo, a no ser que por cualquier razón los migueletes u otros catalanes se desplazaran para acá y combatieran en estas bandas.

    1. Buenos días Jose Mª,
      Francesc Murillo es un buen historiador y ha tenido la deferencia, en varias ocasiones, en compartir su conocimiento en el blog, circunstancia que no siempre sucede. En efecto, la historia del conflicto es casi inacabable, fue una guerra larga en un país con un territorio muy grande, y también comportó, como señalas, que varias unidades lucharan en regiones muy alejadas de sus hogares: tropas catalanas luchando en el sur de la península o tropas andaluzas luchando en Cataluña, etc.

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