Película. Guerra y Paz (1967), de Sergei Bondarchuk (I)

Hoy iniciamos la primera de las dos partes que dedicamos a una de las obras cumbre de la cinematografía soviética, Guerra y Paz (Voina i Mir), basada en la no menos famosa obra del mismo titulo, obra del escritor ruso León Tolstoi
La película se estructura en cuatro partes, Austerlitz, Natasha, La Batalla de Borodinó y El incendio de Moscú, a lo largo de unos nada despreciables 403 minutos de metraje en la versión que contemplamos. No sólo el metraje alcanza una dimensión considerable en esta película. El film se realizó con la plena cooperación del gobierno soviético de entonces, el Ejército Rojo y los ciudadanos de Moscú. La batalla de Borodinó necesitó dos años de filmación y un año de postproducción, con más de 300 actores y 12.000 mil extras involucrados. Se filmaron alrededor de 200 cañones en acción en la batalla y alrededor de unos 10.000 mil rifles fueron utilizados por los extras y especialistas. En 1965, durante el rodaje de la misma, el director Sergei Bondarchuk tuvo un ataque al corazón. Para filmar el incendio de Moscú se construyó una réplica del centro de Moscú en Volokolamsk que luego se quemó por completo como parte de la filmación. A pesar de las complicaciones de tan vasto rodaje, el director repetiría en 1970 con otra cinta de similar factura, Waterloo.

Aparte de las cuestiones logísticas, el director Bondarchuk eligió a actores rusos que anteriormente habían sido censurados por Stalin, y que permanecían subempleados en la industria cinematográfica soviética. Así, Bondarchuk arregló el regreso de varias estrellas de la década de 1930 e incluso de la época del cine mudo.
Cuando uno se enfrenta al visionado de una adaptación cinematográfica de una novela, siempre surgen las lógicas reservas por ver si el resultado final alcanza la altura de la obra literaria. En nuestro caso no existe este problema ya que no hemos leído por entero la obra de Tolstoi, pero no dudamos, una vez vista la película, que nos encontramos sin duda ante una producción de mucha altura, y que consiguió en 1968 el Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa. La historia de los miembros de dos familias nobles, los Rostov y los Bolkonski se entrecruza entre los sucesos acaecidos en Europa y Rusia entre 1805 y 1812, años de conquistas napoleónicas aunque el conflicto no deje de ser un telón de fondo que utiliza con mucho conocimiento el autor para hablarnos, entre otros, del amor, la amistad, la nobleza, la insensatez, la locura o la generosidad entre otros, en las relaciones humanas.

Según su director, Sergei Bondarchuk:

\”Nuestro deber es presentar al futuro espectador los orígenes del arte sublime, hacer que los misterios más íntimos de la novela, Guerra y paz, sean visualmente tangibles, para informar un sentimiento de plenitud de vida, de la alegría de la experiencia humana\”.[1]

-¡Hermosa muerte!… – exclamó Napoleón contemplando a Bolkonsky. . . (a)

EL ARGUMENTO

 

En San Petersburgo se celebra una fiesta en sociedad dada por la dama de honor de la emperatriz, Anna Pavlovna. Uno de los asistentes es Pierre Bezukhov (Sergei Bondarchuk, el director), el hijo ilegítimo de un conde rico. Educado en el extranjero, Pierre es una persona de buenos sentimientos, pero que no encaja en la estirada alta sociedad de la ciudad. 
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\”Pierre miró a su auditorio por encima de los lentes con aire de triunfo y continuó:  
– Los Borbones han dado la espalda a la revolución y han dejado al pueblo en la anarquía. Sólo Napoleón ha comprendido la revolución y la ha vencido. Por eso ha sacrificado la vida de un hombre al bien común.

– ¿Quiere usted pasar a esta mesa? – le preguntó Ana Paulovna.
 
Pierre prosiguió sin responder:

– No -dijo con mayor animación-; la grandeza de Napoleón estriba en que se ha impuesto a la revolución, ha reprimido los abusos y ha conservado cuanto tenía de bueno: la libertad de los ciudadanos, la libertad de prensa y de palabra; solo por eso se ha adueñado del poder.
 
– Todo el mundo lo hubiera reconocido como un gran hombre, si lo hubiese conquistado sin valerse del asesinato y lo hubiera devuelto al rey legitimo – replicó el vizconde.

– Eso era imposible. El pueblo le confió el poder para que lo librara de los Barbones y porque veía en él a un gran hombre. La revolución ha sido una empresa grande – continuó
Pierre, manifestando su extremada juventud en esta afirmación provocativa y audaz.
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También asiste a la cita el príncipe Andrei Bolkonski (Vlacheslav Tikhonov), un noble desilusionado con la sociedad de San Petersburgo, casado pero que encuentra a su esposa vacía y superficial, expresando sus puntos de vista claramente misóginos a Pierre cuando los dos están solos y este se siente especialmente incómodo al presenciar la discordia matrimonial. Pero Pierre tiene su particular desahogo asistiendo a las fiestas alocadas de sus amigos de sociedad, militares y nobles, en las que se rivaliza en desenfreno, alcoholismo y provocando tumultos en la ciudad. Tiempo después, en la capital, Moscú, los condes Rostov celebran una velada en sociedad y en la que la pizpireta hija de los condes, Natasha, de 13 años, disfruta frenética y provoca las risas de los asistentes. Nikolai Ilich, el hijo barón, de veinte años, promete su amor a Sonya (Irine Gubanova), su prima de quince años, una huérfana que fue criada por los Rostov.
En plena celebración, Pierre es avisado que su padre, el conde Bezukhov (Nikolai Tolkachyov) se está muriendo después de una serie de infartos. Tras una larga espera su padre finalmente muere. Pierre a su pesar está a punto de verse envuelto en una lucha por su herencia. Tras quedar como heredero de la masiva fortuna paterna, de repente se transforma de un joven torpe en el soltero más cotizado de la sociedad rusa. En la hacienda de los Bolkonsky, el príncipe Andrei se va a la guerra como asistente del príncipe Kutuzov (Boris Zakhava) y deja a su aterrorizada esposa embarazada Lise con su excéntrico padre, el príncipe Nikolai Andreyevich (Anatoli Ktorov), y su devota y religiosa hermana, Maria Nikolayevna (Antonina Nikolaevna Shuranova), quien se niega a casarse con el hijo de un aristócrata adinerado. El padre de Andrei le da una carta de recomendación para el mariscal Kutuzov.

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 El viejo se levantó y le entregó la carta.

-No estés preocupado por tu mujer. Se hará todo cuanto humanamente sea posible. Aquí tienes una carta para Miguel Ilarionovitch. Le escribo para que te dé un empleo y no te deje mucho tiempo de ayudante de campo. Ese es un mal trabajo. Dile que me acuerdo mucho de él. Escríbeme y cuéntame el recibimiento que te haya hecho. Si te recibe bien, continúa sirviéndole. El hijo de Nicolai Andreievitch Bolkonsky no ha de servir nunca a nadie por una merced.

Hablaba con tanta rapidez que se comía la mitad de las palabras; pero su hijo estaba ya acostumbrado a oírle y lo comprendía todo. Acompañó a éste al escritorio, lo abrió y sacó un cuaderno.

– Es probable que muera antes que tú. Si así ocurre, aquí están mis memorias. Después de mi muerte se las envías al Emperador. Aquí tienes unas notas de crédito y una carta: es un premio para quien escriba la historia de las guerras de Suvorov. Hay que enviarlo a la Academia. Aquí están mis apuntes. Léelos cuando haya muerto. Encontrarás en ellos cosas útiles.

-Haré cuanto me dices, papá.

-Pues, adiós entonces.

Le dio la mano para que la besara y le abrazó. 

-Príncipe Andrei, no olvides que, si te matan, tu muerte será para mí muy dolorosa … , y que para mí sería una vergüenza que no te portases como corresponde a un hijo de Nicolai Bolkonsky.

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Las tropas rusas se desplazaban hacia el este para unirse con los austriacos y combatir a Napoleón. Mientras tanto, en su cuartel, Kutuzov recibe la visita del general austriaco Mack, que le hace saber la caída de Ulm en manos de los franceses.

El ejército ruso de Kutuzov se ve obligado a retirarse al norte del Danubio antes que el ejército francés de Napoleón le atrape. Kutuzov ordena a Bagration que resista en la ciudad de Schöngrabern y le pueda ayudar en la retirada a juntarse con los refuerzos de Buxhowden. Nikolai juega y socializa con su oficial, Vasily Dmitrich Denisov (Nicolay Rybnikov), y se hace amigo del despiadado y quizás psicópata Fyodor Ivanovich Dolokhov (Oleg Efremov). El príncipe Andrei supervisa las posiciones y vemos a las tropas rusas desfilando ante el general Bagration, que poco después se colocará a la cabeza de las mismas para acometer a los franceses, a los que ven claramente desplazándose colina arriba. Nikolai Rostov, ahora un alférez en los Húsares de Pavlogrado, tiene su primer contacto con la batalla. Por su parte, Bolkonski se une a la batería del capitán Tushin.

A medida que avanza la batalla, la batería de Tushin termina sola y sin apoyo, convirtiéndose en el factor decisivo en la retirada exitosa de las tropas rusas. Más tarde esa noche, algunos oficiales del estado mayor ruso acusan al Capitán Tushin de haber abandonado sus piezas de artillería, en lugar de retirarse con las armas según lo ordenado. El príncipe Andrei le dice a Bagration que no había tropas rusas de apoyo, y que el capitán Tushin y sus hombres podrían haber sido el punto vital para retrasar el avance francés. Pierre, a pesar de saber que está mal, se va a casar con la bella e inmoral hija del Príncipe Kuragin, Hélène (Irina Skobtseva). Hélène, de quien se rumorea que está involucrada en una aventura incestuosa con su hermano Anatole (Vasili Lanovoy), le dice a Pierre que nunca tendrá hijos con él.

Finalmente tiene lugar la crucial batalla de Austerlitz, que enfrenta a los austro-rusos contra las tropas de Napoleón. Los dos emperadores, el zar Alejandro y el emperador austríaco Francisco II aparecen en el campo de batalla y el ruso, extrañado al no ver movimiento, ordena a Kutuzov que ataque de inmediato. Este a su pesar, obedece, presintiendo quizás el desenlace.

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El emperador Francisco miraba a su alrededor sin prestar atención. 

– Eso es precisamente, Majestad, lo que me ha inducido a no empezar -repuso Kutuzov con voz clara-. No he comenzado, Majestad, porque no estamos en una revista ni en el campo de Marte. 


Los Oficiales de la escolta del Emperador se miraron unos. a otros con asombro y disgusto. «Por viejo que sea, no tiene derecho a expresarse de ese modo», parecían decir todos.


El Emperador miraba fijamente a Kutuzov, esperando que dijera alguna otra cosa. Pero este se inclinó respetuosamente y quedó en silencio. Después de una pausa agregó en el tono de un inferior que aguanta órdenes:
 

– Sin embargo, si lo ordena Vuestra Majestad… – dijo.

Pisó espuelas, llamo al jefe de la columna, Miloradovitch, le ordenó avanzar y el ejercito se agitó de nuevo. Dos batallones destilaron ante e1 Emperador. Este contempló con una sonrisa las tropas que se desplegaban por el campo de batalla de Austerlitz. 

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Las tropas luchan encarnizadamente, pero poco a poco la batalla se tuerce para los coaligados y en un momento las tropas retroceden frente al Estado Mayor aliado. Kutuzov se dirige a Bolkonski, exhortándolo a que reagrupe a las tropas en fuga. Decidido, el príncipe coge un estandarte de un soldado caído y grita a los soldados que le sigan. Bolkonski tiene éxito en reagrupar a los soldados y parar la huida, pero pocos instantes después él mismo es alcanzado por un proyectil y cae a tierra aún con la bandera asida. Una vez concluida la batalla, recorriendo el campo lleno de muertos y heridos, Napoleón se encuentra con el cuerpo inánime de Bolkonski.

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-¡Hermosa muerte!… – exclamó Napoleón contemplando a Bolkonsky. . . .

El príncipe Andrei comprendió que Napoleón había pronunciado aquellas palabras por él. Oyo que trataban de Sire a la persona que las había dicho. Pero aquellas frases no le interesaron lo más mínimo. Le ardía la cabeza, le corría la sangre y sobre él se extendía el cielo infinito. Sabía que aquel personaje era Napoleón, su. héroe; pero no le preocupaba lo más mínimo. Deseaba únicamente que aquellos hombres le prestasen ayuda Y le devolviesen a la vida. Reunió todas sus fuerzas y consiguió mover débilmente una pierna, emitiendo un leve lamento.

-¡Ah, aún está vivo! -exclamó Napoleón- . Levantadle y conducidle al puesto de socorro.

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En una cena en honor del príncipe Bagration, en medio de los rumores de que su mujer Hélène tiene una aventura con Dolokhov, este se burla de Pierre en público en medio de la celebración. Le coge de las manos a Pierre una letra para cantarse en el acto, Pierre pierde los estribos por la humillación y desafía a Dolokhov a un duelo.

El duelo se celebra en el bosque de Dokolniki. Se clavaron los sables en la nieve para señalar el lugar de cada adversario; se cargaron las pistolas y Nesvitzki el ayudante de Pierre se le acercó.

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– Faltaría a mi deber, conde, si no le dijera toda la verdad. A mi entender, no hay motivos suficientemente serios para llegar al extremo de derramar sangre… Ha sido usted demasiado impetuoso; no tiene razón; se ha dejado llevar por los nervios…

– Sí esto es algo realmente estúpido.
 
– En este caso, permítame que presente sus excusas. Estoy seguro, de que las aceptará su adversario, de buena gana -dijo Nesvitzki-. No ha habido ofensa por ninguna parte. Permítame, pues, que intente arreglarlo.

– ¡Todo es inútil! -respondió Pierre-. Nada, me me importa. ¿Está todo a punto? Dígame, por favor, cuando he de avanzar y cómo he de tirar. Cogió la pistola y preguntó cómo se disparaba: pues nunca había tenido un arma en sus manos y no quería confesar su ignorancia.

– ¡Ah, sí! ¡Lo había olvidado! – dijo.
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Inesperadamente (porque Dolokhov era un duelista experimentado), Pierre hiere a Dolokhov. Hélène niega su aventura, pero Pierre está convencido de su culpa y la abandona. En su confusión moral y espiritual, Pierre se une a los masones, en los que ve un apoyo a su aflicción moral. Pierre conversa largamente con el príncipe Andrei Bolkonsky, que se recupera de su herida casi mortal en un hospital militar y regresa a casa, solo para encontrar a su esposa Lise muriendo en el parto. Su conciencia culpable lo golpea por no tratarla mejor, pero su hijo, Nikolai, sobrevive al parto. Pasan los días y tras la conferencia de Tilsit entre Napoleón y el zar Alejandro, los bailes y fiestas no cesan en la capital, y la mujer de Pierre no pierde ocasión de asistir a ellas y seguir coleccionando conquistas.

La joven Natasha, también en San Petersburgo, está atrapada en la emoción de su primer gran baile, donde conoce al Príncipe Andrei y lo revitaliza brevemente con su vivaz encanto.  Andrei le confiesa
a su amigo Pierre sus sentimientos, y este calladamente, asiente porque también se da cuenta que profesa sentimientos hacia Natasha. Andrei cree que ha encontrado un propósito en la vida nuevamente y, después de hacer varias visitas a los Rostovs, le propone matrimonio a Natasha. Sin embargo, al padre de Andrei no le gustan los Rostovs y se opone al matrimonio, e insiste en que la pareja espere un año antes de casarse. El príncipe Andrei se va para recuperarse de sus heridas en el extranjero, dejando a Natasha inicialmente angustiada. Los Rostov van a visitar a unos parientes al campo y Natasha y su padre participan en una cacería del lobo.

Tras una larga escena de cacería, el lobo es capturado y lo maniatan a un caballo, quizás una analogía de la captura o la derrota de Napoleón. Después de volver del campo, Natasha visita la ópera de Moscú, donde conoce a Hélène y su hermano Anatole. Desde entonces, Anatole, que se casó con una mujer polaca a la que abandonó en Polonia, decide seducir a Natasha y conspira con su hermana para hacerlo. Anatole logra hacer que Natasha crea que la ama, y ​​finalmente establecen planes para fugarse. Natasha le escribe a la princesa María, la hermana de Andrei, rompiendo su compromiso. En el último momento, Sonya descubre sus planes para fugarse y los frustra. Natasha aprende del matrimonio de Pierre de Anatole. Devastada, Natasha hace un intento de suicidio y queda gravemente enferma. Pierre se horroriza inicialmente por el comportamiento de Natasha, pero se da cuenta de que se ha enamorado de ella. A medida que el Gran Cometa de 1811–12 raya el cielo (presagiando para algunos todos los terrores del fin del mundo), la vida parece comenzar de nuevo para Pierre. El príncipe Andrei acepta con frialdad la ruptura del compromiso por parte de Natasha. Él le dice a Pierre que su orgullo no le permitirá renovar su propuesta.

El 24 de junio de 1812 el ejército de Napoleón cruza el rio Niemen. El emperador ve desde una colina las interminables columnas de hombres, caballos, cañones e impedimenta que como una interminable serpiente se internan en territorio ruso. Mientras, la esposa de Pierre sigue con su vida disipada de bailes y colección de amantes. Mientras en la catedral después de un oficio, las tropas se alinean a los lados de la entrada con la muchedumbre para ver desfilar a las autoridades.
Después del asedio de Smolensk, el ejército ruso se retira perseguido por los franceses. Kutuzov, nombrado nuevo comandante en jefe llega al campamento ruso en Borodino ante las tropas formadas. Se ordena construir una serie de reductos fuertemente defendidos para oponerse a los franceses. Andrei, que vuelve a ser un edecán de Kutuzov, experimenta las sensaciones de emoción y nerviosismo de siete años antes en la víspera de la batalla de Austerlitz. Había recibido y transmitido las órdenes para la batalla del día siguiente, sabiendo que quizás sería la más espantosa en la que hubiera participado, y la posibilidad de la muerte se le presentó casi cierta por primera vez en su vida. Pierre que se ha aproximado vestido de paisano al campamento ruso para poder estar en la batalla, se encuentra con Andrei y con el resto de oficiales.

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Cuando los dejaron solos, Pierre preguntó al príncipe Andrei si creía que se ganaría la batalla del día siguiente.

– Sí, sí – respondió distraídamente el Príncipe.

– La única cosa que haría yo, si pudiera, sería no coger prisioneros. ¿Para qué sirven los prisioneros? Es cuestión de caballerosidad. Los franceses han saqueado mi casa, devastarán Moscú, me han ofendido y me ofenden a cada instante, son mis enemigos; para mí son unos criminales, y Timokhin y todo el ejército piensa lo mismo. Es preciso ejecutarlos. Si son mis enemigos, no pueden ser mis amigos.

– Sí, soy completamente de tu opinión – dijo Pierre mirando al príncipe Andrés con los ojos brillantes. 

La cuestión que todo aquel día, desde su ida a Mojaisk, preocupaba a Pierre parecíale ahora definitivamente clara y resuelta. Comprendía todo el sentido y la importancia de esta guerra y de la futura batalla. Todo lo que había visto durante aquel día, la expresión solemne y severa de las caras que había observado al pasar, todo se aclaró en su mente con una nueva luz. Comprendía aquel fuego latente de patriotismo que veía y aquello le explicaba que todos se preparasen a morir con tanta calma y al mismo tiempo con tanta frivolidad.

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Continuará en la 2ª parte…

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Fuentes:

2) – https://www.imdb.com/title/tt0063794/trivia?ref_=tt_trv_trv
3) – https://en.wikipedia.org/wiki/War_and_Peace
4) – https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Sch%C3%B6ngrabern
5) – \”Guerra y Paz\” – León Tolstoi, Ed. Petronio, S.A., Barcelona, 1972

Imágenes:

a) – https://www.vox.com/culture/2019/2/15/18223285/war-and-peace-sergei-bondarchuk-adaptation-1966

b) -\”Guerra y Paz (Voina i Mir)\” – © 1965-1967 Mosfilm

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