Miniatura. “Con la Iglesia hemos topado. Jerez, 1810”

Tiempo de lectura: 12 minutos

Volvemos al universo de las miniaturas con este pequeño proyecto de escena que hacía tiempo que lo venía planeando, aunque no con este aspecto final. La escena tiene como base una fuente (que no deja de ser un motivo recurrente en los dioramas, sobretodo las de planta circular), una lugareña yendo a buscar agua y un soldado. El párroco lo añadimos a posteriori como el galgo español que le acompaña.

LA BASE

La base ya la teníamos de hace tiempo, cuando realizamos la Fuente de los Albarizones, una fuente pública que se halla a 3,5 km de la ciudad de Jerez y en las proximidades de La Cartuja de Jerez, por lo que solo era necesario trabajar el terreno y ponerle un árbol, en principio una imitación de olivo. Las dimensiones del árbol se variaron, ya que el planeado en principio nos dejaba sin sitio para el resto de las figuras (la sempiterna mala planificación) por lo que finalmente hemos aprovechado unas pocas ramas de plástico de un proveedor de belenes (siempre una buena fuente de inspiración los belenes navideños). Como las ramas son de plástico, podríamos tratar de imprimarlas o pintarlas con esmaltes, pero hemos optado por pintar solo el tronco de las ramas con un gris medio.

El terreno está elaborado con una base de madera a la que añadiremos la cubierta de una pecera de vidrio que teníamos sin uso. Sobre la base distribuimos una capa de papel-maché, como el de las manualidades escolares, que en capas no muy gruesas nos puede dar un buen rendimiento. Si las capas son muy gruesas, tarda más en secar, y en según qué ambientes se puede ennegrecer por la humedad. Encima de la capa de papel-maché, añadimos una capa de Earth Texture Acrylic, de Vallejo, que hemos utilizado en otras ocasiones. Da también un buen rendimiento en superficie con relativamente poco material. El siguiente paso ha sido espolvorear por encima tierra de jardín -o de cualquier lugar similar que podamos encontrar- con algunas piedrecitas, ya que a la postre los productos naturales casi siempre resultan más idóneos para el acabado final, y luego pintamos el terreno con tonos de colores marrones, blanco y beige, con sucesivas pasadas con pincel seco por encima. La vegetación es la más simple, la típica cobertura de espuma pintada, que distribuimos por el terreno y la fuente con mayor o menor acierto. Como suelo comentar, podíamos haber optado por plantas comerciales quizás más “realistas” (y por tanto, más caras), y acordes con un paisaje del sur,  pero como no vamos a participar en ningún concurso,  ya nos está bien.

Una primera composición de las figuras en la base. Se ve la ranura perimetral
por donde se encajará la cubierta de vidrio.

LAS FIGURAS

Oficial de lanceros polacos, por Orange.

El soldado inicialmente iba a ser un jinete de los Lanceros de Jerez, de los que formaron parte del contingente del ejército español en la campaña de Bailén. El problema con las figuras de este tipo es que no hay modelos comercializados (que yo conozca) a escala 1:15, o 120 mm, y hay que construirlas casi por entero. Además al ser tropas de origen irregular, su armamento y uniforme característicos se alejaba de los estándares de las tropas regulares de la época, por lo que aprovechar piezas de otras figuras tampoco era posible. En último extremo descarté al lancero, porque las fuentes que corren por Internet como las copias de las láminas de Bueno u otras, tampoco daban una idea exacta de su indumentaria.

Finalmente como motivo escogimos a un jinete del ejército francés, tomando como inspiración una obra de Maurice Orange (ver imagen derecha). No sería un lancero polaco, a pesar de su historial en España, sino un gendarme a caballo.

Napoleón decretó (24/12/1809) la creación de 20 escuadrones de gendarmes a caballo, para que actuaran junto al ejército francés que ocupaba España, como una especie de fuerza militar y policiaca destinada preferentemente a labores de contra-guerrilla, protegiendo rutas y enclaves ocupados básicamente en las provincias del  norte de España, aunque puntualmente también los encontramos en otros lugares de la geografía española.

Normalmente siempre hay que hacer repasos con masilla a las figuras.
El tamaño de jinete y la muchacha. El caballo, no muy bien clonado,
por lo que hay que soportarlo con algunas pequeñas maderitas.
El gendarme en su peana durante el pintado.

La base de la figura es un dragón a caballo de la marca MiniArt (el uniforme es parecido al de los gendarmes), que modificamos en su postura, ya que el dragón originalmente está apuntando su carabina, lo que también nos creó otro problema, ya que tenía uno de los dos ojos cerrados. Utilizamos masilla EPOXY PUTTY, de la marca Tamiya (la rápida, de colores marrón y blanco) para los pliegues de la casaca, galones de la manga y el ojo abierto. Rellenamos las uniones de los pantalones y botas (estas figuras de MiniArt vienen con cuatro piezas para estas partes, lo que es un claro inconveniente a la hora de montarlas). El bicornio es una pieza clonada de un bicornio de general de otra figura de Verlinden, a la que añadimos la escarapela (nos ha quedado más grande de lo que debería) y con lámina de estaño hacemos la cinta del reborde del sombrero.  

El tema de las charreteras ha sido un poco espinoso, dependiendo del empleo del soldado  su número y ubicación variaba, desde la simple capona a la charretera con canelones. Y según alguna fuente como  Knötel (imagen) también los cordoncillos del hombro izquierdo (aiguillettes) podían estar presentes o no, según el abastecimiento de las unidades.

El caballo es otra pieza clonada a partir de un caballo de la marca MiniArt, al que modificamos el cuello. La silla, la pequeña mantilla con la granada, distintivo de las tropas de élite y el portamanteau (que modificamos ligeramente), son todos del dragón de MiniArt.

La muchacha la realizamos a partir de una figura clonada de cantinera (la Vivandière, de Verlinden) con los brazos clonados a partir de una figura femenina diferente, ya que los de la cantinera no nos servían por estar con una angulación diferente a la que queríamos. Otra vez masilla de Tamiya para realizar el vestido, la camisa y el pañuelo en los hombros. Esta masilla se trabaja relativamente bien y endurece en un periodo de tiempo razonable. El inconveniente que se nos presenta es el que es algo pegajosa y se pega a los dedos, pero humedeciéndolos un poco previamente se resuelve bastante bien el problema.

Una de las figuras que incluimos posteriormente en la escena fue un párroco de pueblo. La Iglesia de finales del s. XVIII y principios del XIX era un poder fáctico en la estructura de la sociedad española, un estado dentro del estado. Según R. Fraser, “controlaba la expresión de las ideas y la conducta personal  y social […]” a través también de “su gestión de la caridad pública a través de la administración de fundaciones benéficas”. La Inquisición, un organismo eclesiástico imbuido de secretismo y opacidad, verdadera censora del pensamiento y las almas de sus feligreses, creó una “psicología del miedo omnipresente”. Pero la Iglesia, al igual que el Estado, era muy dispar en su estructura y mientras que los prelados “recibían el 70% de los diezmos (una contribución que pagaban los fieles a la Iglesia, consistente en la décima parte de sus frutos), los párrocos, que eran los leales recaudadores de la Iglesia, recibían un 11% para su sustento y el mantenimiento de sus iglesias. Muchos sacerdotes de las zonas rurales eran tan pobres que a menudo tenían que recurrir a la ayuda de sus feligreses.

Figura del párroco. A la derecha la figura prácticamente acabada.

La figura, al igual que otras que hemos realizado cuando no teníamos originales, a partir de un esqueleto de alambre y masilla Das Pronto para el cuerpo y vestido. Las manos son de MiniArt y la cabeza adquirida por Internet, clonada a partir de algún original comercializado. Investigando por Internet, nos encontramos con otros tocados diferentes para sacerdotes o párrocos, pero escogemos el más sencillo ya que se trata de un párroco de pueblo no un obispo o similar.

Otra figura que no constaba inicialmente es un perro. Teníamos un perrito de esas series de fascículos que de vez en cuando salen a la venta, que suelen ser de marmolina o similar. El problema es que la escala es más grande (ver imagen) y por muchas rectificaciones que hagamos, resultan más grandes que el resto de las figuras a escalas. A pesar de haberla pintado, la descartamos para la escena (ya la aprovecharemos para otro proyecto), y con alambre con Das Pronto realizamos una figura de galgo, típico del sur y centro de España. Como en casa tenemos a Sid, que es un galgo hermanito de Byron, lo aprovechamos de modelo para las dimensiones y lo pintamos, más o menos, con los colores de Byron, que como alma mater del blog, bien se merecía, tras casi 7 años, una figura propia. El alter ego de Byron acompaña a nuestro párroco que con desdeñosa mirada al soldado se dispone a llenar su calabaza con el agua de la fuente y a salvar a la muchacha de la influencia maligna del invasor.

Recipientes que hacemos para el agua y figura modificada de un perro.

LA COMPOSICIÓN FINAL

Categorías:Miniaturas

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