El Museo Marítimo de Barcelona

Soldado de Infantería de marina en uniforme de gala
de verano (1805), por Carlos Urbez Cabrera.

La entrada de esta semana es de alguna manera complementaria nuestra entrada de la semana anterior, donde revivimos la actividad que tuvo el edificio (por entonces cuartel y maestranza de artillería) de las Reales Atarazanas durante la ocupación francesa durante la Guerra de Independencia. 

Con el devenir de los años,  hasta bien entrado el siglo XX el edificio no recuperó parte de su función asociada a la actividad marítima: en 1927 se aprobó el abandono del edificio para usos militares y en el año 1935, el ejército donó la propiedad del edificio que pasó a depender del Ayuntamiento, y se propuso que se destinara para alojar el futuro Museo Marítimo de Cataluña. Este fue creado finalmente en el mes de octubre de 1936, poco después de iniciada la Guerra Civil.

A causa de la guerra el museo no pudo abrir sus puertas al público hasta 1941 bajo el nombre de Museo Marítimo de Barcelona, dependiendo de la Diputación y tan solo ocupando una parte del conjunto monumental. En ese mismo momento se iniciaron los trabajos de recuperación de un conjunto monumental que había resistido más de siete siglos de actividad ininterrumpida. [1] 

Tras esta pequeña introducción, si que me gustaría realizar una pequeña reflexión  (no suelo hacerlas, pero esta vez lo considero convenientes) sobre el objeto de la entrada de hoy y sobre lo que uno hubiera esperado como visitante de este tipo de museos: 

Independientemente de que a uno le puedan gustar los navíos de guerra, los remolcadores, las redes de pescar o los farolillos para iluminar las barcas de pesca por la noche, entiendo que una parte importante tanto de la Historia marítima como de la Historia en mayúsculas es la historia de los hechos militares, y uno tiene la impresión que colocando dos cañones y un mortero, con cuatro espadas y hablar un poco de piratas, ya queda todo explicado, y no es así. El que ha visitado este museo de pequeño (mi caso, como el de otros miles de visitantes) se sorprende que muchos hechos militares que constaban (la Guerra de Cuba sin ir más lejos) pasen desapercibidos o directamente se obvien en la actualidad, incluso con personajes de raigambre catalana. Muchas maquetas y representaciones que los comentaban estén desaparecidas o fuera del alcance del público. Se pueden ver algunos en los fondos de la página web del Museo, sí, pero con poca resolución y sin poder ampliar la imagen, y desde luego no es lo mismo que verlos in situ. Algunos también podrían decir que se menciona la batalla de Lepanto en algunos paneles, pero si con una réplica de una galera construida en 1971, de 60 metros de eslora y 10 de manga no hablas de galeras, galeotes y de Lepanto, \”apaga y vámonos\”, como vulgarmente se dice.(I)

Para finalizar, si que quisiera dedicar esta entrada de hoy a la memoria del almirante Pascual Cervera y Topete. Y sin más dilación, os dejo con un pequeño reportaje fotográfico del Museo Marítimo de Barcelona.

APUNTES DEL MUSEO MARÍTIMO DE BARCELONA

Fachada lateral interior.
Por el año 1918 se comenzó a hablar en Barcelona de la conveniencia de crear un museo que pudiera explicar la historia marítima catalana y mostrar también el presente de la marina mercante. Hasta algunos aventuraban que el lugar ideal para tener un museo marítimo en la ciudad serían las Reales Atarazanas, por entonces Parque y Maestranza de Artillería.
Por una serie de circunstancias, la Escuela de Náutica de Barcelona, fundada en 1769, disponía de una colección de modelos y de instrumentos con el nombre de Museo o Gabinete Naval. Junto con libros y documentos antiguos, ya obsoletos para la enseñanza, se conservaba una parte de la memoria del pasado marítimo. 
Cuando se inició la construcción del edificio actual de la Escuela el año 1929, se creó el Instituto Náutico del Mediterráneo, que quería ser una especia de Universidad de Mar, y que incorporaba, como un valor añadido, el pequeño museo y una biblioteca especializada. [1]

(Izquierda): Sonaja- silbato de plata. Siglo XVIII
(Derecha): Mascarón de San Miguel. Madera policromada. Siglo XIX
Desde la antigüedad los bastimentos llevaban en la proa imágenes con funciones mágicas, bélicas o sencillamente para identificarlos. En el siglo XVIII las proas se hacen más lanzadas y aparece el mascarón propiamente dicho. En el siglo XIX, con el apogeo de la arquitectura naval en madera, los mascarones de los veleros adquieren una gran belleza y aparecen algunos tallistas de renombre. En este mascarón, San Miguel, con un casco de plumas y pisando el dragón, representa el comandante de la infantería celestial.
Plano de las Rías de Ferrol, Coruña y Betanzos, Levantado por el 
Brigadier de la Real Armada D. Vicente Tofiño de S. Miguel (II) (1787)
Herramientas de construcción naval. Conjunto de herramientas de carpintero de ribera que permitían trabajar la madera para dar forma al barco en construcción. Las herramientas básicas de trabajo en un astillero eran la azuela para vaciar la madera (primer plano, a la derecha), la maza para clavar (primer plano, centro), los cepillos para labrar (primer plano, a la izquierda) y las sierras para cortar (centro, en segundo plano.
Herramientas de construcción naval. (Cont.): Las barrenas para perforar (primer plano, izquierda y centro) y los hierros de calafatear que ayudaban a introducir la estopa entre las maderas del casco.
En la construcción del buque trabajaban los carpinteros de ribera, los calafates, los herreros, los veleros, los cordeleros y los remolares. El conjunto de trabajos realizados de forma coordinada permitía la botadura del barco(III).
– o –
El gran reto de la navegación por mares desconocidos es conocer la posición, es decir, la latitud y la longitud. La primera se puede saber con un sextante, midiendo la altura del sol o de un astro. La segunda solo se puede determinar midiendo exactamente el tiempo de un lugar comparándolo con la hora en otro lugar determinado, lo que fue imposible de hacer antes de la invención del cronómetro.
Teodolito (izquierda) y sextante (derecha).
Los navegantes deben describir con todo detalle las costas, los peligros y también las tierras descubiertas y sus recursos (agua y comida primero, y materias primas después). En sus cuadernos, a mano y ayudándose de aparatos de medida más sofisticados que se iban inventando, como el teodolito -inventado en 1787-, dibujaban los nuevos territorios.
 
Maqueta de las Reales Atarazanas. Madera. 1867.
Interior de la nave central, conformada por la unión de dos de las naves longitudinales, para poder construir embarcaciones más grandes. En su interior, en el siglo XVIII, estaba ubicado un pozo para fundir el material de bronce para fabricar los cañones del ejército.
(Izquierda): Bombarda. Desconocido. Siglo XVIII
(Derecha): Grabado de Antonio Barceló.
Entre muchos otros, Antonio Barceló(IV) puede simbolizar el esfuerzo para neutralizar el peligro de los corsarios norteafricanos y pacificar las costas españolas, para dejar libre la puerta hacia el Atlántico. 
A fuerza de victorias contra los corsarios, este marinero mallorquín de origen humilde fue ganando fama y fortuna hasta convertirse en Teniente General de la Real Armada Española. Su aventura personal nos recuerda los hombre y mujeres que vivían el peligro de los enemigos en su piel y que dependían de los hombres como Barceló para su defensa.
Cañones navales.
Modelo de la fragata \”Mataró\”. Último cuarto del siglo XVIII. En las escuelas de náutica se utilizaban modelos como este de una fragata(V) armada para que los futuros capitanes estuvieran familiarizados no sólo con las artes de la navegación sino también de la guerra.
Navío de 80 cañones. Dominar el mar es dominar el mundo. En una época en que los barcos no se hacían con planos, los astilleros solían tener unos modelos tridimensionales que les servían de pauta para la construcción de los barcos a tamaño natural. Este modelo construido por el Arsenal de La Habana hacia 1740 probablemente sirvió de guía para la construcción de los navíos San Carlos, San Luis y San Fernando, botados entre 1765 y 1767. Este modelo pasó de La Habana a Cartagena, y luego a Ferrol. En 1808 el ejército napoleónico se lo llevó a Francia. Acabó en Estados Unidos, hasta que finalmente, en 1985, el New Bedford Whaling Museum lo dio al Museo Marítimo de Barcelona.
Modelo de marfil que representa la fragata Felicité. Autor desconocido. Siglo XIX. Los modelos hechos con hueso, madera y cabellos humanos son  tradicionalmente atribuidos a prisioneros de las guerras napoleónicas, encerrados en barcos-prisión. Los cautivos hacían los modelos con los materiales que tenían a su alcance, para pasar el rato o venderlos. Más tarde, algunos modelistas copiaron su idea pero utilizando materiales nobles, como el marfil o el ébano.
Cañón (S. XVIII?), montado sobre cureña de ruedas.
Diversos modelos de espada de época.
Patente de corso del rey inglés Jorge III.
Plan de remodelación de Las Atarazanas (1998).  Las Reales Atarazanas son un 
conjunto arquitectónico que ocupan cerca de 18.000 m², que
constituyen un esplendido ejemplo de gótico civil catalán. 
 
Vista aérea del recinto.
– – – – – – o – – – – – –
(I) – Es cierto que no me tendría que extrañar que esto se de en una ciudad como Barcelona, mi ciudad, cuyo Ayuntamiento desmontó de raíz un museo militar en el castillo de Montjuich y negó el pan y la sal al Ejército para poder reabrir otro en unas dependencias militares en la Rambla. Pero habría que darse cuenta -mal que les pese a muchos- que la Historia es cultura y la Historia Militar es cultura también, para poder conocer, poder comprender y sobre todo para no repetir los errores que se dieron en el pasado, en nuestro presente y futuro.
(II) – Vicente Tofiño de San Miguel y Wanderiales (o Vanderiales) (Cádiz, 6 de septiembre de 1732-San Fernando, Cádiz, 15 de enero de 1795) fue un marino y cosmógrafo español. Estudió física experimental y se enroló en el ejército, del que salió. En 1755 fue llamado por Jorge Juan, como maestro de matemáticas de la Academia de Guardia Marinas de Cádiz, permitiéndole, a su vez, pasar a la Armada como alférez de navío. En 1768 será nombrado director de la misma y en 1773, simultáneamente, también director de las Academias de Ferrol y Cartagena. Participó en la expedición contra Argel (1775) y en el sitio de Gibraltar (1782), ascendiendo en 1784 a brigadier de la Armada y, en 1789, a jefe de Escuadra. [2]

(III) – \”Los generales españoles y los aliados ingleses realizaron levas forzosas de hombres para nutrir sus vapuleadas tropas y arramblaron con cualquier hombre o material útil para sus fines. Se llevaron a los marinos y a los operarios, carpinteros de ribera, calafates y cuantos eran duchos en la construcción de buques pasaron a engrosar las filas del ejército, incluyendo los cañones destinados a los buques en construcción y su parque. […] Por esa razón, en los seis años que duro la guerra de independencia española, solo se entregaron a la armada las fragatas de 40 y 34 cañones respectivamente llamadas Cornelia (construida en La Habana en 1808) y Carmen (La Habana 1812), la corbeta de 12 cañones Abascal (construida en Cavite en 1812) y en 1814 los bergantines de 14 cañones Alerta, Vengador y Voluntarioconstruidos en Filipinas como la anterior.\” [3]

(IV) – Antonio Barceló y Pont de la Terra (Palma de Mallorca, 1 de enero de 1717-ibídem, 25 de enero de 1797) fue un marino y militar español, Almirante de la Real Armada Española. Antonio Barceló fue un destacado marino al servicio de la Armada española. De simple marinero ascendió a los más altos grados de la Armada debido a sus méritos de guerra, distinguiéndose en la marina sutil, con pequeñas embarcaciones. Inventó las barcas cañoneras usadas durante el Sitio de Gibraltar de 1779. [4]

(V) – Las fragatas eran los veleros de mayor porte y envergadura. Su porte solía oscilar entre las 200 y las 350 toneladas. Tenía tres palos: el de proa era denominado palo trinquete; el del medio palo mayor, y el de popa, palo mesana. Constaban todos de tres piezas, y estaban provistos de vergas, foques, crucetas , etc. Sólo difería de la corbeta en tener el aparejo de palo de mesana semejante al de los otros dos, en la misma disposición que el bergantín. [5]

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Fuentes:

1) – Paneles explicativos de la exposición permanente del Museo Marítimo de Barcelona/ Página web MMB.
2) – https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Tofi%C3%B1o_de_San_Miguel

4) – https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Barcel%C3%B3
5) – \”Auge y decadencia de la marina colonial catalana\” – Josep Mª Delgado, Universidad de Barcelona, 2008

Imágenes:

a) – Fotografías del autor. 

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