El Museo del Ejército de Toledo (y III)

Tiempo de lectura: 25 minutos

Esta semana finalizamos nuestra trilogía de artículos que hemos dedicado a una parte de las exposiciones del Museo del Ejército que se encuentran ubicadas en las dependencias del Alcázar de la imperial ciudad de Toledo.

Veremos a continuación la implicación de España en la Guerra contra la Convención francesa y la posterior Guerra de Independencia, junto con otros bloques temáticos como el de la irrupción de las ciencias en la fabricación de material militar y la aparición de los primeros artilugios para la transmisión de mensajes en los conflictos armados.

Habiendo tenido la suerte de visitar otros museos similares en otros países, cabe decir que en cuanto a contenidos y piezas expuestas, el Museo del Ejército de Toledo está a la altura de los mejores en la materia. En cuanto al tratamiento más específico de la Guerra de Independencia, mi impresión en estos momentos es que adolece de una mayor rigurosidad en los textos (agradecer a Luis Sorando algunas precisiones sobre los títulos) y en las traducciones de algunos de los textos al inglés. Hasta cierto punto es disculpable un fallo en una fecha o nombre, pero no que estos no se corrijan con el paso del tiempo o que el autor de una cita (el ruso Suvorov) no sea el que figure realmente y esta se atribuya erróneamente a otro militar ruso (Kutuzov).

Detalle del cuadro «Juramento de las banderas», obra del pintor Manuel Castellano

BREVE RECORRIDO COLECCIONES S. XVIII-XIX

VIVIR EN GUARNICIÓN

«La vida de los soldados, es andar por los lugares, dormir en cama prestada, morir en los hospitales»

Copla popular

En un proceso que culmina en la segunda mitad del siglo se produjo la sedentarización de las unidades militares que adoptan una base territorial fija y un acuartelamiento estable. En el cuartel, mientras que los oficiales se centraban en mantener la moral, salud y disciplina, mostrando su preocupación por el nivel de vida de la tropa, los soldados se enfrentaban a una jornada monótona. El evidente malgasto de recursos llevó a una reflexión teórica sobre cómo mejorar la utilidad pública de los soldados acuartelados.

2. Uniforme de oficial de la Real Guardia de Granaderos de Fernando VII. Reproducción siglo XX. Textil, cuero, piel, metal.
3. Uniforme de soldado del Regimiento Suizo. Reproducción, 1908. Textil, cuero, metal.
4. Uniforme de brigadier de la Guerra de Independencia. Reproducción, s. XX. Textil, cuero, metal.
5. Uniforme, armas, silla y equipo del caballo de soldado de Artillería a caballo de 1808
Caja con vendajes del Real Colegio de Artillería (c. 1816). Madera, metal y algodón. Vendajes con inscripción: “R.C.A.”
Perfil de cureña de plaza. Pedro Velarde, 1804. Papel y tinta.

ARMAMENTO PORTÁTIL

«La bala es una locura, solo la bayoneta sabe de qué se trata»

Alexander Suvorov

En la primera mitad del siglo XIX, el Ejército usaba armas de chispa, avancarga y ánima lisa que disparaban con pólvora negra y balas esféricas, contenidas en cartuchos de papel encerado. La escasa precisión de las armas de fuego obligaba a entrenar a los soldados en las operaciones de carga para lograr el mayor número de disparos por minuto. La eficacia de los fusiles aumentaba cuando, unidos a la bayoneta, se convertían en una lanza idónea para el combate cuerpo a cuerpo.

En los años inmediatamente posteriores a la Guerra de Independencia se produjeron los primeros intentos de sistematización de las armas blancas para la Caballería: sables curvos para la ligera y espadas rectas para la de Línea, ambos con influencia de los modelos franceses.

5. Espada para tropa de Caballería, modelo 1796.
Toledo, 1797. Acero, cobre, hierro.
4. Carabina española de Caballería Modelo 1789
C. 1789. Hierro, latón, madera.
6. Pistola española reglamentaria para Caballería, modelo 1801. (c. 1806) Hierro, latón, acero y madera.

CIENCIA Y TÉCNICA MILITAR

La ciencia militar en tiempo de revoluciones

Tres son los rasgos característicos de la política científica del último tercio del siglo XVIII: militarización, utilitarismo y servicio al desarrollo técnico. La aplicación sistemática de ciencia y tecnología a la mejora de los procesos productivos es prioritaria. Academias, Laboratorios y Fábricas son los establecimientos encargados de llevar a cabo esta política que alcanza sus mejores resultados en el desarrollo de la siderurgia vasca y en la investigación química y mineralógica aplicada a la industria artillera.

La crisis productiva causada por la Guerra de la Independencia, la pérdida de los territorios americanos y el enfrentamiento civil entre carlistas y cristinos, dieron al traste con la continuidad de estos logros.

1. Bombarderos de Cádiz. Reproducción.
2. Artilleros distinguidos de Cádiz. Reproducción.

LA ARTILLERÍA ALIGERADA.

Hasta mediados del siglo XIX la artillería lisa y de avancarga responde al sistema Gribeauval. Las principales novedades se producen en las piezas de artillería de sitio y de campaña. Éstas –necesitadas de una mayor capacidad de maniobra- abandonan paulatinamente los pesados montajes de época precedente. Las gualderas se acortan y rematan en un ángulo muy obtuso y ligeramente redondeado, denominado de cola de pato.

La adopción definitiva de nuevas cureñas más ligeras y manejables se produce finalizada la Guerra de Independencia con la llamada cureña de mástil o a la inglesa. Durante la Primera Guerra Carlista, las peculiaridades del escenario de guerra impulsan la creación de unidades de montaña dotadas de obuses de a 12 conducidos a lomos de mulas.

3. Grupos de Artilleros. C. 1900. Xilografía.
1. Proyectil. Cohete de granada 1800-1850. Hierro
2. Mortero cónico Vizcaya, 1ª mitad s. XIX. Bronce
Cañón corto Igne et Arte (“Por el fuego y el arte”)  y cureña. Miguel Ulloa, 1791. Hierro

LA IRRUPCIÓN DE LAS CIENCIAS EN LAS FÁBRICAS

El esfuerzo por renovar las fábricas militares se centró en superar dos retos: el abandono de la fundición en hueco de los cañones y la búsqueda de un nuevo combustible para alimentar los hornos. El empleo de la máquina de barrenar horizontal permitió la fundición en sólido mientras que la generalización del carbón mineral sustituyó al carbón vegetal.

La transferencia de tecnología empleó diversas estrategias, desde la importación de maquinaria y contratación de técnicos extranjeros hasta la organización y financiación de viajes a instalaciones fabriles europeas en auténticas comisiones de espionaje. El mapa industrial español quedó establecido en sus líneas esenciales a principios del siglo XIX.

3. Máquina extractora de espoletas. C. 1800. Metal.

TELÉGRAFOS ÓPTICOS: LOS PRIMEROS TRANSMISORES

La necesidad de transmitir información codificada a larga distancia se hace más urgente a medida que los ejércitos aumentan sus efectivos. En la telegrafía óptica, el medio de enlace es la luz y las señales que se basan en las diferentes posiciones adoptadas por tres brazos articulados y unidos mediante un sistema pivotante.

En España, el ingeniero militar Betancourt desarrolló un telégrafo óptico de un solo brazo móvil que permitía una transcripción-recepción más rápida y su uso nocturno, gracias a la incorporación de luces de aceite y espejos reflectores. Estas ventajas supusieron un notable adelanto en el sistema de comunicaciones de la época, pasando en pocos años del ámbito militar al civil.

GUERRA CONTRA LA CONVENCIÓN, 1793-1795

Tras la ejecución de Luis XVI y su familia, España se une a la coalición antirrevolucionaria formada por las principales monarquías europeas. La guerra contra los republicanos franceses contó con un enorme apoyo popular en forma de voluntarios y donaciones. En la Península, el escenario principal fue la frontera pirenaica, donde el general Ricardos llegó a ocupar el Rosellón. El enérgico contraataque francés obligó a Godoy a buscar la paz, firmada en Basilea en 1795.

La guerra contra la Convención reveló la falta de preparación de España para la guerra total: el Ejército no estaba equipado para combatir este tipo de guerra y a este enemigo. Era un Ejército del siglo XVIII contra una nación en armas, una causa dinástica contra una lucha revolucionaria.*

Capitán General Antonio Ricardos. S. XIX. Óleo sobre lienzo. Copia del original de Goya.
Capitán General Don José Urrutia de las Casas
S. XIX. Óleo sobre lienzo. Copia del original de Goya.
2. Fusil español de Cazadores modelo 1790. Marshal, C. 1790. Hierro, latón, madera.
3. Bayoneta de cubo para fusil de Cazadores modelo 1790. C. 1790. Acero.

EL PRECIO DE LA AMISTAD CON FRANCIA

El tratado de San Ildefonso de 1796 formalizó la alianza con Napoleón. Poniendo a disposición de Francia los recursos militares españoles y arrastrando a Carlos IV a la guerra contra Inglaterra. Esta ruinosa política exterior acarreó la pérdida de la flota tras las derrotas de San Vicente (1797) y Trafalgar (1805), el bloqueo británico a Cádiz y el ataque a las rutas comerciales entre España y América.**

En 1801, la sujeción a los intereses franceses empujó a la Corona a invadir Portugal  en la denominada Guerra de las Naranjas, Tras la rápida ocupación de varias poblaciones lusas, Portugal aceptó cerrar sus puertos a los barcos británicos y entregar a España la ciudad de Olivenza. A Godoy esta victoria le valió el título de Generalísimo.

LA DERROTA DE NELSON

La recuperación de la alianza francesa en 1796 tiene como primera consecuencia el enfrentamiento con Inglaterra. El ataque británico a Santa Cruz de Tenerife, dirigido por el entonces contralmirante Nelson se salda con un rotundo fracaso. El general Gutiérrez, que ya había derrotado a los ingleses en las Malvinas y en Menorca, organiza eficazmente la defensa de la isla. Consigue rechazar dos ataques de la Marina británica y cercar a los asaltantes en un punto próximo a la costa. Los ingleses sufren grandes pérdidas de material y un total de 349 bajas frente a las 72 españolas. Con Nelson herido por un impacto de la artillería los ingleses capitulan el 25 de julio de 1797.

«No puedo dejar esta isla sin devolver a V.E. mis mas sinceras gracias por su cariñosa atención para mí y su humanidad para aquellos de nuestros heridos que estuvieron en su poder o bajo su cuidado, así como su generosidad con todos los que fueron desembarcados, la que no olvidaré de hacer presente a mi Soberano y espero en alguna futura ocasión poder tener el honor de expresar personalmente a V.E., cuanto soy de V.E., obediente y humilde servidor.

Horacio Nelson

Ruego a V.E. me honre aceptando un barril de cerveza inglesa y un queso.

Don Antonio Gutiérrez, Comandante General de las Islas Canarias.»

Teseo-Tenerife 26 de Julio de 1796
Regimiento de Infantería Suiza Redding Joven nº 2 (1808)
1792-1808-1815. Textil.
Bandera del 2º batallón del Regimiento Real de Zapadores Minadores
1802-1844. Textil
1. Granada recogida en Bailén. C. 1808. Hierro
2. Balas o proyectiles de metralla para cañón. Batalla de Bailén. 1806-1808. Hierro.

LA BATALLA DE SAN MARCIAL

La batalla de San Marcial fue la primera en la que el Ejército Nacional derrotó al Ejército Imperial francés haciendo que este abandonara la Península***

La transcendencia  de la batalla da origen a la creación del Regimiento San Marcial nº 9 y a la popular marcha del mismo nombre.

El pintor plantea  un episodio significativo del combate. La acción se sitúa al pie del monte San Marcial, cuya ermita se vislumbra en la parte superior del cuadro, tras las nubes de pólvora ya orillas del Bidasoa.

El lienzo representa una carga a la bayoneta de los combatientes españoles de infantería pertenecientes a los regimientos 1º Cántabro y 1º de Asturias que fueron reforzados por los voluntarios de Guipúzcoa.

Batalla de San Marcial (1813)
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, 2013. Óleo sobre lienzo.

La bandera blanca con la cruz roja de San Andrés y escudo real en el remate de las aspas, ondea al frente de los combatientes. Es la representación de la “Patria”.

Dirigiéndolos marchan a caballo sus mandos. La presencia de los mismos en el combate refuerza la íntima relación y vicisitudes compartidas. Representa la ejemplaridad del “Mando”.

Ala derecha del cuadro se sitúa un cañón, una de las dos piezas de artillería que sirviendo de apoyo al ataque de las tropas que cruzaron el río.

Al pie del cañón yace un joven tambor, junto a él su “caja de guerra”, instrumento con el que transmitían las órdenes. Simbolizando su juventud el ofrecimiento de la ”Vida a la Patria”.

Cañón español corto llamado El Dragón.
Fábrica de Armas de Sevilla, 1790. Bronce y plata.

En este cañón singular (El Dragón) por la historia que acarrean sus inscripciones. Carlos IV lo disparó por vez primera como reflejan las inscripciones del tercer cuerpo. También se relata la historia del cañón, apresado por los franceses y posteriormente recuperado por los jóvenes vitorianos, apareciendo el escudo de armas de Vitoria en plata.   

Juramento de las banderas
Manuel Castellano, c. 1850
. Óleo sobre lienzo.

En 1807 el Marqués de La Romana parte a Dinamarca en apoyo a Napoleón obligado por el Tratado de San Ildefonso. Allí les llegan noticias de la ocupación de España. Al pedirles jurar lealtad a José I, el Marqués se resiste fraguando un plan de fuga.**** El cuadro recoge el momento en que juran fidelidad a España besando las banderas.

MAQUETA PLAZA DE GERONA. ASEDIO GUERRA INDEPENDENCIA, 1809

Madera, metal, pigmentos

El sitio de Gerona, ocurrido el 6 de mayo de 1809, conocido también como Tercer Sitio de Gerona, hace referencia a los siete meses de asedio a los que la Grande Armée.*****

Gerona se mantuvo en lucha bajo el mando del general Álvarez de Castro, hasta que la enfermedad y el hambre les obligaron a capitular, el 12 de diciembre.

El 6 de mayo, un ejército francés de 18.000 hombres capitaneados por el Mariscal Augereau ordenó el sitio de la ciudad.

El general Álvarez de Castro, encargado de organizar la defensa contaba tan sólo con 5.600 hombres bajo su mando.

Durante el sitio, el regimiento de Saboya realizó varios convoyes con suministros, pero debido a la disminución de los defensores de la ciudad, el 26 de junio se le ordenó ingresar a Gerona para ayudar a la defensa, debiendo penetrar las líneas francesas en un ataque a bayoneta calada.

Los franceses montaron 40 baterías que durante los siguientes siete meses dispararon 60.000 balas de cañón contra la ciudad.

En agosto, las tropas francesas capturaron el castillo de Montjuich, pieza clave en la defensa de la ciudad. Irreductible, Álvarez ordenó construir barricadas y trincheras dentro de la propia ciudad, prolongando la lucha durante otros cuatro meses hasta que, exhausto y enfermo, delegó el mando en el brigadier Julián Bolívar. Dos días después, el 10 de diciembre, la ciudad capituló.

– – – – – – o – – – – – –

(*) Cabría puntualizar que al principio de la contienda se hicieron varios progresos en territorio francés. Tras los exitos iniciales los mandos del ejército pidieron más medios al gobierno y estos, al parecer, no llegaron a concretarse, por lo que hubieron algunas dimisiones por tal hecho. El hecho de emprender una guerra sin un objetivo claro y la falta de medios, entre otros, influyeron en la suerte de la contienda, no tanto el que fuera la nación en armas (que lo era), ya que los franceses por entonces tenían varios frentes, de los cuales el pirenaico era uno más.

(**) – Hubo un ataque previo de la flota inglesa a una flota española que venía de las Américas, sin estar los dos países en guerra, lo cual era motivo claro de casus belli. Como ya comentamos en su momento en la entrada dedicada al tema Ejército vs. guerrilla en la Guerra de Independencia, basado en R. Fraser. el ejército español no estaba preparado para una defensa de sus fronteras contra Francia, por lo que era complicado sustraerse a la influencia de Napoleón y su poderío militar. Inglaterra había sido un enemigo tan solo unos decenios atrás, con la Guerra de Independencia americana, cuando el gobierno español colaboró con ingentes medios militares a la causa de los americanos contra la corona británica.

(***) – San Marcial fue una de tantas batallas en la frontera pirenaica entre el ejercito anglo-portugués y español contra las tropas francesas al mando del mariscal Soult, por lo que atribuirle a esta victoria el peso de la salida de los franceses de España se nos antoja del todo inexacto.

(****) – A la materialización de la fuga del contingente de la Romana contribuyeron en gran medida el gobierno y la flota ingleses, así como un espía católico irlandés a su servicio, el padre James Robertson, que se entrevistó con La Romana y ganándose su confianza garantizó el contacto entre la flota inglesa y el comandante español, para poder coordinar un plan de fuga. Para más información: La expedición a Dinamarca del Marqués de La Romana (1807-1808) (III). Fuga en Langeland y llegada a España.

(*****) – No era la Grande Armée propiamente dicha, sinó la Armée d’Espagne. En Cataluña entraría un primer contingente al mando del general Duhesme, y posteriomente entraría el 7º cuerpo de ejército del general Saint-Cyr (después al mando del mariscal Augereau), que se convirtió posteriomente en la Armée de Catalogne.


Fuentes:

1. Paneles informativos del Museo del Ejército de Toledo.

Imágenes:

a. Fotografías del autor.

El Museo del Ejército de Toledo (II)

Tiempo de lectura: 20 minutos

En esta segunda entrada de la serie nos dedicamos a continuar nuestra visita a las exposiciones del Museo del Ejército de Toledo dedicadas al final del siglo XVIII y la Guerra de Independencia. Veremos el cambio de rol de los militares en la sociedad aumentando su intervención en la política del país, las vicisitudes de la guerra contra los ejércitos franceses con las cabeza visible de la nación, el rey borbónico, exiliado en territorio francés y el sostenimiento de la organización de lucha por parte de las Cortes de Cádiz, en cuyo periodo también se vislumbró el cambio del significado del papel del ejército al pasar del tradicional ejército del soberano a un ejército de la nación -de clara inspiración francesa- y al tiempo que veremos algunos cambios significativos como el sistema de reclutamiento en la sociedad española de la época.

Panel informativo de la exposición.

BREVE RECORRIDO COLECCIONES S. XVIII-XIX

CIENCIA Y TÉCNICA MILITAR

El incipiente desarrollo industrial y la necesidad de modernizar las actividades fabriles, especialmente ligadas al equipamiento militar, fomentan la creación de manufacturas. Éstas, acogidas a la protección real mediante el sistema de asientos, viven en la segunda mitad del siglo XVIII un proceso de estatalización y militarización.

El intervencionismo del Estado incrementó la inversión pública, terminó con los privilegios monopolistas de algunos contratistas privados y estableció un mayor control sobre la producción. La dirección y gestión de las fábricas se encomendó a miembros de los cuerpos de Artillería e Ingenieros, que aplicaron a tareas empresariales los últimos adelantos en tecnología militar.

1. Romana. Real Maestranza de Sevilla, 1785. Bronce; 2. Plancha para el Tratado de Artillería de Morla: máquina para barrenar y tornear. Juan Moreno Tejada (grabador), 1792. Cobre; 3. Probeta española para pólvora negra con llave de patilla. Cataluña, c. 1713; 4. Plancha para el Tratado de Artillería de Morla: balas, granadas, bombas, pasabalas. Juan Moreno Tejada (grabador), 1792. Cobre
1. Plano de una parte de Gibraltar con sus ataques hasta el 15 de febrero de 1705. Reproducción; 2. Maqueta de batería flotante. 1ª mitad s. XIX. Madera y textil. Representa a la batería que se utilizó en el sitio de Gibraltar en 1782.
Bandera coronela del Regimiento de Infantería de Línea España (1762-1795) C. 1792. Tafetán de seda. Fue usada por Bernardo de Gálvez en la toma de Pensacola, 1781.

EJÉRCITO Y SOCIEDAD

A lo largo del siglo asistimos al ascenso de los militares dentro de los planteamientos administrativos y profesionales trazados por la Monarquía. Su experiencia en la dirección y manejo de recursos les sitúa en lo más alto de la vida política y cultural. Del carácter pionero de sus investigaciones se benefició, no sólo el propio ejército, sino también la sociedad civil en campos como la Ingeniería y el Urbanismo o la Medicina.

“Por España y por el rey. Gálvez en América”. Batalla de Pensacola.
Augusto Ferrer-Dalmau, 2015-16. Óleo sobre lienzo
El cuadro refleja el episodio de la Toma de Pensacola en 1781, con el retrato de Bernardo de Gálvez como protagonista de la composición. Esta batalla supuso la culminación del apoyo de España en la reconquista de las Floridas, territorios sometidos al dominio británico, en el contexto de la revolución americana. Tras este enfrentamiento, el rey de España, Carlos III, otorgó a Gálvez los títulos de vizconde de Galveston y conde de Gálvez.
Esta obra de Ferrer-Dalmau destaca por su carácter narrativo y la veracidad en la presentación de la escena de la batalla. El cuadro es un verdadero estudio de la uniformidad, equipos y armas que utilizaba el ejército español en tierras americanas en el siglo XVIII.

ESPAÑA Y SU HISTORIA MILITAR

La quiebra del Antiguo Régimen

EL ciclo revolucionario que abre la Edad Contemporánea en Occidente presenta en España una enorme complejidad. Mientras el país –despojado de sus reyes- lucha contra las tropas francesas, las Cortes, reunidas en Cádiz redactan la primera Constitución y la América española inicia su proceso independentista. El lento avance del Liberalismo y su defensa frente a los nostálgicos del Absolutismo protagonizará la primera mitad del siglo XIX.

Superior Izquierda: Retrato de Carlos IV

Superior derecha: Manuel Godoy, guardia de corps, por Francisco Folch de Cardona

Godoy viste uniforme de guardia de la Compañía Española de las Reales Guardias de Corps, primer cuerpo de caballería del ejército y escolta del rey, en el que había ingresado en 1784. Según lo estipulado en el reglamento de 1768, el atuendo incluye casaca y calzón azules, y chaleco o chupa rojo, prendas ornamentadas con alamares plateados y profusión de botones. Lleva además camisa de chorreras, corbatín y sombrero de candiles negro, adornado con galón y botón de plata, en el que destaca una escarapela o cucarda roja.

Sobre la indumentaria se dispone una bandolera blanca con cuadretes rojos, símbolo de la Compañía Española de Corps a la que pertenecía. Como complemento lleva el espadín plateado, de uso preceptivo en recepciones oficiales y actos religiosos, y una cadena de reloj, probablemente de acero, que asoma discretamente bajo el lado derecho de la chupa.

El lienzo se fecha hacia 1788, cuando el futuro Príncipe de la Paz sólo tiene veintiún años y todavía no había comenzado su vertiginosa ascensión al poder. Este retrato, el primero de los muchos encargados por Godoy a lo largo de su vida, formó parte su colección hasta 1808.2

Izquierda: Jetón Conmemorativo de la Paz de Amiens (c. 1802). Plomo; Derecha: Jetón Conmemorativo de la Ruptura de la Paz de Amiens (c. 1803). Plomo.
Napoleón Bonaparte. Louis Aristide (autor). Groupil et Cie (fundidor), 1841. Papel y tinta.
Constitución Política de la Monarquía española, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. Reproducción.
Sobre y Carta autógrafa de Napoleón a Carlos IV. 1807. Papel manuscrito, tinta.

Superior izquierda: Placa de cartuchera de voltigeur de la Guardia Real. Bronce

El águila, repetida como insignia y símbolo hasta la saciedad durante el gobierno de Napoleón Bonaparte, representa el esplendor de un imperio que imita el patrón de la Roma clásica.

Superior derecha: Miniatura de José Bonaparte. Roxas, 1808-1814. Pintura al óleo.

Presenta un busto del rey José Bonaparte de frente, vistiendo el uniforme que se adoptó para los granaderos de su Guardia Real formada en España con oficiales franceses y soldados de ambas nacionalidades. En el pecho luce las siguientes condecoraciones: Toisón de oro, Legión de Honor, Orden de las Dos Sicilias, Placa de la Legión de Honor y una placa sin identificar. El interés de esta miniatura es muy importante, ya que cualquier objeto relativo al reinado de José Bonaparte tiene gran interés ya que hoy es prácticamente imposible encontrarlos y más, relacionados al ejército creado durante su convulso mandato (1808-1814). En este caso estamos ante la única representación conocida existente en España de José retratado ala manera impuesta por su hermano, es decir, con el uniforme militar de su Guardia (en este caso española) y luciendo algunas de las condecoraciones creadas durante su efímero reinado.

Cordones de chacó atribuidos a un músico del Regimiento José Napoleón, formado por españoles al servicio de Francia. 1813. Textil.
Estimación de las cantidades de telas, tejidos y botones necesarios para la confección de las diferentes partes de la indumentaria del Batallón de Pioneros Españoles.
Gola de oficial. (c. 1814). Latón, cobre, plata.
Espada y vaina para cadete de la Guardia Real de Fernando VII. 1815-1823. Acero, bronce, cobre.
Flauta. 1ª mitad s. XIX. Madera, hueso y metal.
Fernando VII. Vicente López Portaña, 1830. Óleo sobre lienzo
Alabarda del reinado de Fernando VII. Toledo, 1814. Acero.
1. Sable y vaina para Oficial de Caballería ligera basado en el modelo 1796 del Teniente General José María Torrijos. Inglaterra, 1800-1815. Acero, bronce, oro.
Espada de corte del General Díaz Porlier. 1800-1811. Acero, bronce y hueso.
Teniente General Ezpoz y Mina
José Piquer Duart, 1855. Hierro
Húsar de la Guardia de Godoy.
Bandera del Regimiento de Infantería de Valencia. 1815-1823. Seda, tafetán, bordado.

LA ORGANIZACIÓN MILITAR Y SUS HOMBRES

Durante el primer tercio del siglo XIX, el Ejército fue creado y disuelto en sucesivas reformas que cambiaron el viejo concepto de servicio al Rey por el incipiente de servicio a la nación*.

Las guerras dieron lugar a modelos organizativos diseñados ad hoc, mientras que, en los períodos de paz, nuevos esquemas se renovaron o reemplazaron los precedentes.

(*) Una clara influencia de las ideas y postulados que surgieron como resultado de la Revolución Francesa.

REFORMAS MILITARES

El ocaso del Ejército Real.

Aunque la Guerra contra la Convención francesa evidenció la ineficacia de la organización militar del Antiguo Régimen, el Ejército que combatió en la Guerra de Independencia -reclutado según la Ordenanza de 1800- mantuvo dicho esquema.  En Cádiz, las Cortes diseñaron un ejército basado en el concepto de nación en armas y en la Milicia Nacional integrada por ciudadanos voluntarios.

Finalizada la guerra, Fernando VII retomó la antigua organización mientras los liberales utilizaron el Ejército como instrumento de presión. Durante el Trienio liberal, la Ley Constitutiva recuperó temporalmente el Ejército constitucional integrado por milicias. Reinstaurado el Absolutismo, Fernando VII estableció un Ejército Real que, tras combatir contra las tropas carlistas, fue nuevamente disuelto.

Izquierda: Miniatura de subteniente de infantería. 1800-1814. Óleo sobre lienzo.; Derecha: Miniatura de brigadier. Manuel Miranda y Rendón, 1ª mitad s. XIX. Óleo sobre lienzo.
«Explicación de las láminas relativas al tratado de exercicios y maniobras de Infantería». 1808. Papel, tinta.
Miniatura de Comisario de guerra. 1800-1850, óleo sobre lienzo.
1. Sable de oficial de Infantería del Capitán General Blake. 1805-1810. Acero, bronce, latón.; 2. Estuche portaplanos del General Blake. (c. 1799). Cuero, metal.

Mapa de España del General Blake. 1799. Papel y tinta de impresión.

La cartografía durante el s. XVIII estuvo totalmente ligada al ámbito militar. La realización de los mapas se basaba en la triangulación y en determinaciones astronómicas que permitían aportar importante información territorial.

El mapa de Blake, utilizado durante la Guerra de Independencia, refleja la Península Ibérica, las Islas Baleares y la zona de Tetuán, y en él se marcan las divisiones administrativas con líneas de color. Está realizado en 1799 por el importante cartógrafo francés, Edme Mentelle junto a Pierre-Gilles Chanlaire. Se compone de nueve estampas independientes, que habitualmente se unían con una trasera reforzada que permitía plegarlo. La longitud de meridiano tomada es la de la isla de Hierro y de París. El relieve se ha representado mediante montes de perfil.

Casaca de Capitán General del General Blake
(c. 1815). Lana, seda y metal.
Detalle del lateral izquierdo de la casaca anterior.
Bandera del 1er Batallón del Regimiento de Zapadores-Minadores (1813-1815) y posteriormente bandera del 1er Batallón Real de Zapadores-Minadores-Pontoneros (1815-1832). 1813. Tafetán.
Uniforme de soldado de Ingenieros del Real Regimiento de Zapadores 1803. Taller de Alberto Ranz, c. 1908. Seda, cuero, metal.; Machete-sable para Zapadores modelo 1803. Toledo, Fábrica Nacional de Armas, 1803. Acero, madera.
1. Modelo de zapapico grande [definido por la RAE como instrumento para cavar] (c. 1800). Metal, madera; 2. Modelo de pico grande (c. 1800). Metal, madera.; 3. Modelo de pala plana (c. 1800). Metal, madera.; 4. Modelo de hacha grande (c. 1800). Metal, madera.; 5. Modelo de pisón de punta (c. 1800). Metal, madera.; 6. Modelo de carretilla común (c. 1800). Metal, madera.; 7. Modelo de cajón con ruedas (c. 1800). Metal, madera.; 8. Modelo de cesto (c. 1800). Mimbre, madera.

RECLUTAMIENTO Y VIDA MILITAR

El concepto de nación en armas creado por la Revolución Francesa pone fin al oficio de soldado y consagra la devaluación del voluntariado, la desaparición de la leva y la transformación de la quinta limitada y esporádica en masiva y periódica.

La llamada a filas establece el padrón municipal como base del sorteo, contempla exenciones por profesión y condición y exclusiones por talla y enfermedad. Las reformas solapadas de absolutistas y liberales trataron de frenar los abusos y la impopularidad del reemplazo. Finalmente la Ordenanza de 1837 fijó un sistema eficaz, aunque no logró erradicar las injusticias: exenciones selectivas, sustituciones y redenciones. De este modo el tributo de sangre caía sobre las clases desfavorecidas.

1. Banda de la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando del General Blake, 1811-1815

2.3. Placa y Cruz de la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, 1814

4. Cruz laureada de 3ª clase de la Real y Militar Orden de San Fernando del General Blake, 1814

5. Cruz de oro de la Real y Militar Orden de San Fernando, para jefes y oficiales, del General de Brigada de Infantería José Berruezo y Berruezo, 1811-1815

6.7. Medalla de distinción de los prisioneros militares de oro para oficiales, del General Valdés y Arriola, y Medalla de distinción de prisioneros militares de plata para tropa, 1814

8,9. Cruz de distinción de San Lorenzo del Puntal para oficiales de Cecilio Navarro de Palencia y Cruz de distinción del Primer Ejército o de Cataluña, 1815

10. Cruz de distinción de San Marcial del Teniente General Sanz y Soto, 1814

11. Medalla de Arroyo Molinos del Duque de Ahumada, 1817

12,13. Cruz de la fuga de Portugal y Cruz de Distinción de Victoria del Teniente General Sanz y Soto, 1815

14. Medalla de distinción de las Víctimas del 2 de mayo, 1815

15,16. Medalla de distinción de Bailén y Medalla de la rendición de la Escuadra Francesa, 1808

17. Cruz del sitio de Gerona, 1810


Fuentes:

1. Paneles informativos del Museo del Ejército de Toledo.

2. https://www.academiacolecciones.com/pinturas/inventario.php?id=0695

Imágenes:

a. Fotografías del autor.

El Museo del Ejército de Toledo (I)

Tiempo de lectura: 12 minutos

Una lejana aspiración que teníamos era la de rendir visita al Museo del Ejército que se encuentra ubicado en el complejo del Alcázar de la imperial ciudad de Toledo. A través de sus 21 salas permanentes, podemos realizar un extenso recorrido por la historia militar española desde la formación de los primeros ejércitos en la Antigüedad hasta el ejército en nuestros días.

Lógicamente el recorrido que os presentamos en la primera de tres partes, se basa en las salas que tenían como objeto la época desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la Guerra de Independencia. Una visita muy enriquecedora, con muchas referencias conocidas, otras no tanto, y que en su conjunto colocan a este museo, sin duda, a la altura de los mejores museos de Europa en la materia.

La fachada de la puerta principal de acceso al Alcázar, denominada Puerta de Covarrubias, situada en la fachada norte. Esta puerta lleva el nombre de Alonso de Covarrubias, que fué el arquitecto que reformo el Alcázar de Toledo por orden de Carlos V en 1510.

BREVE RECORRIDO COLECCIONES S. XVIII-XIX

Plano del Puente de Alcántara
Este puente fue construido entre los años 105 y 106 por el arquitecto romano Cayo Iulio Lacer para salvar el rio Tajo en la vía que comunicaba Norba (actual Cáceres) con Conimbriga (hoy Condeixa-Velha).
Está compuesto por seis arcos con una longitud de 214 metros y tiene una altura de 48 m. en sus arcos centrales.
Uno de los arcos fue destruido en 1809, durante la Guerra de Independencia, para impedir el paso de las tropas francesas siendo reconstruido en 1860 durante el reinado de Isabel II.
Maqueta del puente de Alcántara
Madera, fibra vegetal, lienzo y pigmentos (c. 1900)
Escultura de la musa Clío
Aniceto Marinas, 1912. Escayola y pigmento
Esta escultura de la musa Clío, protectora de la Historia, aparece coronada de laurel y apoyando su brazo izquierdo sobre un libro. Es una obra que el escultor Aniceto Marinas realizó como ejercicio de pensionado en Roma y que se concibió para formar parte de un monumento mayor en memoria de Daoiz y Velarde. Se trata de un boceto en escayola bronceada que el propio autor donó al Museo de Infantería en 1913.

LA ARTILLERÍA

Las antiguas máquinas de tiro tenso dieron paso a las primeras piezas de artillería, cuyo uso en la Península Ibérica a está documentado desde el siglo XIV. Su importancia fue en aumento a medida que se perfeccionaron como armas de asedio y de campaña, llegando a adquirir un protagonismo decisivo en la Guerra de Granada (1482-1492).

Las primeras bombardas de hierro se emplearon tanto para la defensa de fortalezas como para demoler los muros de los castillos. Su peso podía llegar hasta 6 toneladas y su alcance máximo era de unos 1.300 metros. Sin embargo, la necesidad de que la artillería pudiese acompañar a los ejércitos posibilitó que apareciesen piezas de menor calibre y tamaño, como el falconete, la cerbatana y el ribadoquín.

A mediados del siglo XV comenzaron a emplearse piezas de tubo más corto y tiro curvo, para que el proyectil cayese en el interior de las fortalezas: las bombardas trabuqueras, morteros y pedreros.

Modelo de cañón corto “Deocleciano”, sobre cureña. España, s. XVIII

LLAVES Y PARTES DE ARMAS DE FUEGO

Europa s. XVI-XIX

El conjunto más numeroso de piezas está formado por una serie de llaves que recogen de una manera cronológica la evolución de los sistemas de ignición, salvo la mecha, comenzando por el sistema  de rueda, pasando  después a mostrar un conjunto más numeroso de llaves de pedernal de diferentes tipos destacando la de patilla o española de los siglos XVII y XVIII. También aparecen varios ejemplos de llaves de percusión. Así mismo aparecen instrumentos de arcabucería como dos instrumentos multiusos como martillo para afilar piedras, destornillador y limpiador de oídos.

1. Pistola de rueda (s. XVI); 2-5-8-11-14-19-22-23. Pistola transformada a percusión (s.XIX); 3. Pistola de pedernal de llave de patilla (s.XIX); 4-20-21-27-28. Pistola de pedernal de llave a la francesa (s.XIX); 6-7-16. Pistola de pedernal de llave de patilla (s.XIX); 9. Pistola de pedernal (s.XVIII); 10. Pistola de pedernal de llave a la francesa (s.XVIII); 12. Pistola de percusión de dos cañones (s.XIX); 13. Pistola de pedernal de llave a la francesa (s.XVIII); 15. Avispero de 6 cañones (s.XIX); 17-18-25-26. Pistola de percusión (s.XIX); 24. Pistola de mecha (s.XVIII).
Francisco Serrallac y Rivas.
Ingeniero militar, Mariscal de campo de ingenieros.
Subteniente del Ejército, en 1799 ingresó en el Cuerpo de Ingenieros. Fue ascendido a capitán de Ingenieros en mayo de 1804 tras haber participado en la Guerra de la Convención. Estando destinado en Galicia ascendió a sargento mayor de brigada y participó en la Guerra de la Independencia contra los franceses, dirigiendo el Colegio Militar de Santiago. Fue ascendido a coronel el 3 de febrero de 1813. Durante el Trienio Liberal fue diputado en Cortes por Cataluña. Desde 1835 fue director subinspector del Cuerpo de Ingenieros en Castilla la Nueva, Granada y Cataluña. El 4 de mayo de 1845 ascendió a mariscal de campo. Fue distinguido con la Gran Cruz de la Real orden de San Hermenegildo y de la Orden Americana de Isabel la Católica. Falleció en 1860 a los 83 años.
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Botones de la milicia de Nueva España. 2ª mitad s. XVIII. Metal.
Muestras de los botones del uniforme de los Cuerpos de las Milicias Provinciales de nueva España.
El nombre de los regimientos está reflejado en cada botón.
1 y 2. Espuelas mejicanas. Metal y cuero
2. Carabina modelo 1753.
3. Mosquete español de borda. Cataluña (c. 1780)
4. Fusil de Infantería Modelo 1789 3ª versión.
5. Bayoneta de cubo, modelo 1789 (1789-1800)
1. Granada de mano. S. XVIII, Vidrio

RECLUTAMIENTO Y VIDA MILITAR

La estructura estamental de la sociedad dieciochesca condiciona el acceso a la milicia. Los oficiales procedían en su mayoría de la nobleza, obligada a acudir al llamamiento del Rey. La progresiva relajación de este deber instauró la figura del cadete, joven noble que ingresaba en un regimiento para acceder con posterioridad a la oficialidad.

Los soldados eran voluntarios por un periodo de 5 a 8 años, con un sueldo diario o prest, un sueldo extraordinario en tiempos de guerras y las pensiones. Ante la escasez de reclutas se realizaron levas y sorteos de forma esporádica. Finalmente se impusieron estos últimos, pasando a ser anuales con la Ordenanza de 1770. Al identificar voluntarios y mozos con vagos y desertores, este sistema, que primaba la cantidad sobre la calidad, devaluó la profesión militar.

«Tratado de artillería para el uso de la Academia de Caballeros Cadetes…»
Reproducción. Original escrito por Tomás de Morla y Pacheco.
1. Pistola de Caballería modelo 1753. España, 1756
4. Pistola de Caballería de Línea modelo 1789. Pere Tallandé. Barcelona, 1770-1799
3. Plancha del Tratado de Artillería de Morla: Art. VIII. Lam 3. Fernando Selma (grabador). 1792, cobre

2. Pistola de Caballería Ligera modelo 1789. Pere Tallandé. Barcelona, s. XVIII

CONSTRUCCIÓN Y FORTIFICACIÓN

«Fortificación o Architectura Militar es el Arte que enseña a cerrar y fortificar una Plaça para que pocos se puedan defender estando a cubierto de muchos.»     

Sebastián Fernández de Medrano, 1700 

El siglo XVIII asiste a la consolidación de la construcción abaluartada con los sistemas de fortificación Vauban. Basados en cálculos aritméticos y geométricos, estos sistemas tienen como objetivo evitar ángulos muertos y puntos ciegos mediante la planta poligonal y la edificación de baluartes.

Las construcciones alcanzan una enorme sofisticación al establecer sucesivas líneas de defensa escalonada, que disminuyen en altura a medida que se alejan del centro. La fortificación abaluartada no precisaba de un emplazamiento dominante en altura, ya que su propia estructura garantizaba el control del territorio y la defensa en profundidad.

Morteros (1 y 2) y diferentes elementos de uso en el asedio y defensa de fortificaciones
Cañón de campaña o batalla.
Mortero
Plancha del Tratado de Artillería de Morla: avantrén. Juan Moreno Tejada (grabador). 1792. Cobre
1. Cañón corto “El Calígula”. José Barnola (fundidor), Real Fundición de Bronces de Barcelona, 1771. Bronce.
2. Bolaño. 1762. Roca volcánica
3. Mortero “Eximio”. Real Fundición de Bronces, Sevilla, 1777. Bronce y madera.
Tomás de Morla y Pacheco
Fábrica de Trubia. 1848. Hierro.
Autor del Tratado de Artillería compendio de los conocimientos adquiridos en sus viajes por Europa y que tuvo ocasión de poner en práctica a partir de 1792 cuando dirigió la Fundición de Artillería de Barcelona.
Cañón largo de a 24 “El Prusiano”. Real Fundición de Bronces, Sevilla, 1785.
La indústria militar del s. XVIII, con la ubicación de fábricas y zonas productivas.
Modelo del cañón “Tigre” con cureña y avantrén. 1800. Metal y madera.
Modelo de artillería compuesto del cañón “Tigre”, con cureña, avantrén y plataforma, atacadores y proyectiles.

Fuentes:

1. Paneles informativos del Museo del Ejército de Toledo.

2. http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/160413

Imágenes:

a. Fotografías del autor.

El Museu Militar de Lisboa.

Tiempo de lectura: 10 minutos

En 1807 Francia y España firmaron el tratado de Fontainebleau en el cual se decidió la partición de Portugal en tres zonas. Para cumplir con el tratado, Napoleón ordenó invadir Portugal iniciando la de hecho la guerra. Bajo el mando de Andoche «La tormenta» Junot, las tropas francesas entraron en territorio español y posteriormente se les unieron tropas españolas que también participaron en la invasión. Las tropas de Junot llegaron a Lisboa provocando el exilio de la familia real hacia Brasil transportada en barcos británicos. Al año siguiente tropas inglesas desembarcaron en Portugal y comenzaron su labor de hostigamiento a los franceses. Los soldados portugueses fueron puestos generalmente al mando de oficiales británicos, consiguiendo un adiestramiento similar en muchos casos al de sus propias tropas, en especial las combativas unidades de Caçadores. Tras una serie de batallas en Roliça y Vimeiro, se forzó a los franceses a abandonar suelo portugués (repatriados por buques británicos) tras la Convención de Sintra. La convención benefició a ambas partes, ya que los ejércitos de Junot que no podían comunicarse con Francia, fueron autorizados para abandonar el país, y los británicos y portugueses recuperaron el control sobre Lisboa. Parte de la clase política inglesa vió la convención como una grave negligencia, al haber dejado marchar al contingente francés prácticamente indemne, lo que provocó un proceso contra los mandos británicos del contingente, Arthur Wellesley (futuro Duque de Wellington) incluido.

Fachada principal del Museu Militar de Lisboa. Map Data ©2019 Google

En 1809, las tropas francesas bajo el mando del general Nicolás Soult invadieron Portugal por segunda vez. Al entrar en el país desde Galicia, ocuparon Chaves y marcharon en Oporto. El ejército combinado luso-británico, comandado por Sir Arthur Wellesley, obligó a Soult a retroceder a Galicia y derrotó a otro ejército francés en Talavera de la Reina, en España, tras lo cual Wellesley fue nombrado duque de Wellington.

La tercera invasión fue la última campaña militar de la Guerra Peninsular en suelo portugués. En 1810, comandados por el mariscal Masséna («el querido» o «podrido», según las versiones, «hijo de la victoria»), los ejércitos franceses penetraron en el norte de Portugal conquistando Almeida. En seguida iniciaron la marcha hacia Lisboa. Se enfrentaron a las tropas portuguesas y británicas en la Batalla de Buçaco perdiéndola pero reagrupándose rápidamente, tras lo que reiniciaron la marcha hacia la capital. Los ejércitos aliados volvieron a la capital y ocuparon puestos en las denominadas Líneas de Torres Vedras, un brillante sistema de defensas y fortificaciones construido por los británicos con la ayuda de la población local varios meses atrás. Los franceses llegaron a las Líneas el 14 de octubre pero fueron incapaces de romper sus formidables defensas. Debido a que se acercaba el invierno y la falta de suministros -gracias a la táctica de tierra quemada que habían implantado los defensores- hacía impensable proseguir el bloqueo, los franceses se vieron obligados a regresar a España.

La entrada de hoy ha sido posible gracias a la amable autorización del compañero Amadeo, que realizó todo el reportaje fotográfico de la parte dedicado a las campañas napoleónicas que os mostramos a continuación.

Uniforme (réplica) del Regimiento de Infantería 16. Modelo 1806
Uniforme (réplica) del Regimiento de Artillería 1. Modelo 1806
Uniforme (réplica) del Regimiento de Caballería 10. Modelo 1806
Uniforme (réplica) Caçadores núm. 6. Modelo 1809
Carabina reglamentaria francesa. Modelo año IX (1800). Calibre: 17mm

Para tropas de caballería, tiene el cañón de hierro y guarniciones de hierro y bronce. En la parte lateral izquierda tiene una barra de bloqueo (travinca) con dos argollas que servían cuando se iba a caballo para sujetarla de la correa, cruzada por el pecho, por medio de un mosquetón.

Sable mameluco, Francia, Inicio de siglo XIX

Puño de madreperla forrado encerrado para la adaptación del garante. Guardia de cruz, en plata dorada, decorada con motivos florales. Hoja curva, tipo cimitarra, de doble filo en el último tercio. Vaina en plata con abrazaderas y punta cincelada. Conserva el estuche original .

Cuando el 21 de julio 1798 los franceses encabezados por Napoleón en su intento por conquistar Egipto derrotaron a la famosa caballería de los mamelucos, comprobaron la excelencia de sus sables por lo que adoptaron esta arma, que resultó en una moda que creó magníficas piezas.

Mosquete de pedernal «Brown Bess». Origen: Inglaterra. Modelo India, 1794 (India Pattern). Calibre 19 mm (Diámetro del alma a la boca).
Detalle de la llave del mosquete de pedernal «Brown Bess» de la foto superior.

Cañón de alma lisa , con las marcas de punzón de Gun Maker’s Company cerca de 1830, fijada a la corona con cuatro pernos en el eje y el tornillo en la culata. Grabado con la cifra del rey Jorge III -GR- coronada por la corona real británica y el texto «Tower» (Torre de Londres), adscrito a la culata de nogal con el eje siguiendo el barril a casi la boca del cañón.

Las guarniciones de bronce : boquilla , tres varillas, las cerraduras de la placa posterior , guardia y placa. Varilla de hierro .

Cañón de campaña de 9 libras, sistema Gribeauval, con armón, siglo XVIII/XIX.
Obús de campaña de 6 pulgadas, sistema Gribeauval, 2ª mitad siglo XVIII. Francia.
Cañón de campaña de 8 libras, con armón, siglo XVIII/XIX.
Cañón de campaña de 6 libras, sistema Gribeauval, siglo XIX
Pieza de campaña de 6 libras, con armón, siglo XIX.
Cañón de campaña de 12 libras, con armón. Reinado de Pedro V. Portugal.
Pieza de campaña de bronce, 1797, Comp. total: 75 cm, Peso 88 Kg.  Montada en ruedas reparadas.

La batalla de Vitoria, disputada el 21 de junio de 1813, recordada por la brillante victoria de los aliados y por haber acontecido junto ala ciudad de Vitoria, marcó un cambio en la guerra de la península a favor de los aliados. En la parte aliada había 151 cañones, 415 carros de municiones y cerca de 14.000 cartuchos.

Esta batalla, en la que que participaron dos brigadas de artillería portuguesa al mando del Teniente Coronel Dickson, los restos pertenecientes al Ejército Portugués que incluían 50 cañones, todos de bronce, entraron en el Arsenal del Ejército el 6 de junio de 1814, viajando por mar desde Santander. Después que los españoles tomaron algunos cañones de botín, se enviaron al Museo Militar de Lisboa 4 cañones: una pieza de campaña de 4 calibres, 2 obuses de 6 pulgadas y un obús de 5,6 pulgadas.

CAÑONES DE VITORIA

Las dos piezas tomadas a los franceses en la batalla de Vitoria el 21 de junio de 1813.
Obús* de 24 libras del sistema del año XI. Tomado a los franceses en la batalla de Vitoria el 21 de junio de 1813. La descripción del letrero lo describe erróneamente como un obus de 6 del sistema Griveaubal.
Pieza de campaña de 4 libras. 1793. Francia. 

Una pieza de campaña de 4 calibres (8 cm), actualmente con el número S.26 del Museo Militar de Lisboa, fue considerada «glorioso e importante trofeo de guerra» haber sido expuesta junto con el elogio citado por el mariscal Beresford a «soldados de Portugal… después de la Batalla de Vitoria.» Esta pieza tiene unas transformaciones realizadas en 1859, con la introducción de 6 ranuras trapezoidales que han sido objeto de varias críticas por los artilleros más vinculados a la historia, habiendo sido referenciada por René Chartrand en su obra «Napoleon’s Guns», de Ediciones Osprey, (pp 13 y 35*). 

NOTA: Los textos de las fotografías son traducción de las notas explicativas de cada pieza.

– – – – – o – – – – –

(*) Efectivamente en la obra de Chartrand referencia al obús en su pág. 35 como «Year XI system 5 inch 6 lines brass howitzer with its field carriage, c. 1809-13«. Fue fundido en Estrasburgo en 1805.


Fuentes:

1) Museu Militar de Lisboa
2) https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Portugal_%281777-1834%29
3) http://enciclopedia.us.es/index.php/Ocupaci%C3%B3n_francesa_de_Portugal

Imágenes:

– Fotografías efectuadas por Amadeo S.G.

El Museo Napoleónico de Roma

Tiempo de lectura: 3 minutos.

Pateando por las calles de Roma hace unos cinco años, y no muy lejos del Castillo de Sant’Angelo, a orillas del Tiber, nos dimos de bruces con un edificio de corte neoclásico que resultó ser un pequeño museo dedicado a los Bonaparte y algunos de sus descendientes.

El Museo Napoleónico de Roma se encuentra en las dependencias de la planta baja del palacio Primoli, cuya construcción se remonta al siglo XVI, y situado en la Piazza di Ponte Umberto I, 1.

Fachada de la entrada principal

El museo ofrece la visión de cuadros -sobretodo retratos- de Napoleón y varios miembros de la familia Bonaparte, así como objetos personales, mobiliario de la época, esculturas y otros objetos vinculados al Emperador o a descendientes de su familia, como el Emperador Napoleón III

Napoleón en el campo de Wagram, de Joseph Chabord.
Busto de Napoleón Bonaparte.
Busto de Napoleón Bonaparte.
Sabretache.
Acuarela de Horace Vernet.

El museo tal como reza su guía, no deja de ser un recordatorio de la singular relación entre Roma, Napoleón y los Bonaparte, a través de sus variadas colecciones que se reparten a través de sus múltiples salas temáticas:

– Salas I y II – El Primer Imperio
– Sala III – El Segundo Imperio
– Sala IV – Rey de Roma
– Sala V – La República Romana
– Sala VI – Paolina Bonaparte
– Sala VII – El Reino de Nápoles
– Sala VIII – Mito y sátira
– Sala IX – Zenaide y Carlotta
– Sala X – Luciano Bonaparte
– Sala XI – Carlo Luciano y Zenaide Bonaparte
– Sala XII – Giuseppe Primoli e Matilde Bonaparte

La página web del museo es:

y la de su tour virtual:


Fuentes:

– Museo Napoleonico. Guida. – Comune di Roma, 2008
https://www.youtube.com/watch?v=VmX_o_3YwIk
https://www.youtube.com/watch?v=tEut6QsXb3o

Imágenes:

a. Fotografías del Autor