El Museo del Ejército de Toledo (y III)

Tiempo de lectura: 25 minutos

Esta semana finalizamos nuestra trilogía de artículos que hemos dedicado a una parte de las exposiciones del Museo del Ejército que se encuentran ubicadas en las dependencias del Alcázar de la imperial ciudad de Toledo.

Veremos a continuación la implicación de España en la Guerra contra la Convención francesa y la posterior Guerra de Independencia, junto con otros bloques temáticos como el de la irrupción de las ciencias en la fabricación de material militar y la aparición de los primeros artilugios para la transmisión de mensajes en los conflictos armados.

Habiendo tenido la suerte de visitar otros museos similares en otros países, cabe decir que en cuanto a contenidos y piezas expuestas, el Museo del Ejército de Toledo está a la altura de los mejores en la materia. En cuanto al tratamiento más específico de la Guerra de Independencia, mi impresión en estos momentos es que adolece de una mayor rigurosidad en los textos (agradecer a Luis Sorando algunas precisiones sobre los títulos) y en las traducciones de algunos de los textos al inglés. Hasta cierto punto es disculpable un fallo en una fecha o nombre, pero no que estos no se corrijan con el paso del tiempo o que el autor de una cita (el ruso Suvorov) no sea el que figure realmente y esta se atribuya erróneamente a otro militar ruso (Kutuzov).

Detalle del cuadro «Juramento de las banderas», obra del pintor Manuel Castellano

BREVE RECORRIDO COLECCIONES S. XVIII-XIX

VIVIR EN GUARNICIÓN

«La vida de los soldados, es andar por los lugares, dormir en cama prestada, morir en los hospitales»

Copla popular

En un proceso que culmina en la segunda mitad del siglo se produjo la sedentarización de las unidades militares que adoptan una base territorial fija y un acuartelamiento estable. En el cuartel, mientras que los oficiales se centraban en mantener la moral, salud y disciplina, mostrando su preocupación por el nivel de vida de la tropa, los soldados se enfrentaban a una jornada monótona. El evidente malgasto de recursos llevó a una reflexión teórica sobre cómo mejorar la utilidad pública de los soldados acuartelados.

2. Uniforme de oficial de la Real Guardia de Granaderos de Fernando VII. Reproducción siglo XX. Textil, cuero, piel, metal.
3. Uniforme de soldado del Regimiento Suizo. Reproducción, 1908. Textil, cuero, metal.
4. Uniforme de brigadier de la Guerra de Independencia. Reproducción, s. XX. Textil, cuero, metal.
5. Uniforme, armas, silla y equipo del caballo de soldado de Artillería a caballo de 1808
Caja con vendajes del Real Colegio de Artillería (c. 1816). Madera, metal y algodón. Vendajes con inscripción: “R.C.A.”
Perfil de cureña de plaza. Pedro Velarde, 1804. Papel y tinta.

ARMAMENTO PORTÁTIL

«La bala es una locura, solo la bayoneta sabe de qué se trata»

Alexander Suvorov

En la primera mitad del siglo XIX, el Ejército usaba armas de chispa, avancarga y ánima lisa que disparaban con pólvora negra y balas esféricas, contenidas en cartuchos de papel encerado. La escasa precisión de las armas de fuego obligaba a entrenar a los soldados en las operaciones de carga para lograr el mayor número de disparos por minuto. La eficacia de los fusiles aumentaba cuando, unidos a la bayoneta, se convertían en una lanza idónea para el combate cuerpo a cuerpo.

En los años inmediatamente posteriores a la Guerra de Independencia se produjeron los primeros intentos de sistematización de las armas blancas para la Caballería: sables curvos para la ligera y espadas rectas para la de Línea, ambos con influencia de los modelos franceses.

5. Espada para tropa de Caballería, modelo 1796.
Toledo, 1797. Acero, cobre, hierro.
4. Carabina española de Caballería Modelo 1789
C. 1789. Hierro, latón, madera.
6. Pistola española reglamentaria para Caballería, modelo 1801. (c. 1806) Hierro, latón, acero y madera.

CIENCIA Y TÉCNICA MILITAR

La ciencia militar en tiempo de revoluciones

Tres son los rasgos característicos de la política científica del último tercio del siglo XVIII: militarización, utilitarismo y servicio al desarrollo técnico. La aplicación sistemática de ciencia y tecnología a la mejora de los procesos productivos es prioritaria. Academias, Laboratorios y Fábricas son los establecimientos encargados de llevar a cabo esta política que alcanza sus mejores resultados en el desarrollo de la siderurgia vasca y en la investigación química y mineralógica aplicada a la industria artillera.

La crisis productiva causada por la Guerra de la Independencia, la pérdida de los territorios americanos y el enfrentamiento civil entre carlistas y cristinos, dieron al traste con la continuidad de estos logros.

1. Bombarderos de Cádiz. Reproducción.
2. Artilleros distinguidos de Cádiz. Reproducción.

LA ARTILLERÍA ALIGERADA.

Hasta mediados del siglo XIX la artillería lisa y de avancarga responde al sistema Gribeauval. Las principales novedades se producen en las piezas de artillería de sitio y de campaña. Éstas –necesitadas de una mayor capacidad de maniobra- abandonan paulatinamente los pesados montajes de época precedente. Las gualderas se acortan y rematan en un ángulo muy obtuso y ligeramente redondeado, denominado de cola de pato.

La adopción definitiva de nuevas cureñas más ligeras y manejables se produce finalizada la Guerra de Independencia con la llamada cureña de mástil o a la inglesa. Durante la Primera Guerra Carlista, las peculiaridades del escenario de guerra impulsan la creación de unidades de montaña dotadas de obuses de a 12 conducidos a lomos de mulas.

3. Grupos de Artilleros. C. 1900. Xilografía.
1. Proyectil. Cohete de granada 1800-1850. Hierro
2. Mortero cónico Vizcaya, 1ª mitad s. XIX. Bronce
Cañón corto Igne et Arte (“Por el fuego y el arte”)  y cureña. Miguel Ulloa, 1791. Hierro

LA IRRUPCIÓN DE LAS CIENCIAS EN LAS FÁBRICAS

El esfuerzo por renovar las fábricas militares se centró en superar dos retos: el abandono de la fundición en hueco de los cañones y la búsqueda de un nuevo combustible para alimentar los hornos. El empleo de la máquina de barrenar horizontal permitió la fundición en sólido mientras que la generalización del carbón mineral sustituyó al carbón vegetal.

La transferencia de tecnología empleó diversas estrategias, desde la importación de maquinaria y contratación de técnicos extranjeros hasta la organización y financiación de viajes a instalaciones fabriles europeas en auténticas comisiones de espionaje. El mapa industrial español quedó establecido en sus líneas esenciales a principios del siglo XIX.

3. Máquina extractora de espoletas. C. 1800. Metal.

TELÉGRAFOS ÓPTICOS: LOS PRIMEROS TRANSMISORES

La necesidad de transmitir información codificada a larga distancia se hace más urgente a medida que los ejércitos aumentan sus efectivos. En la telegrafía óptica, el medio de enlace es la luz y las señales que se basan en las diferentes posiciones adoptadas por tres brazos articulados y unidos mediante un sistema pivotante.

En España, el ingeniero militar Betancourt desarrolló un telégrafo óptico de un solo brazo móvil que permitía una transcripción-recepción más rápida y su uso nocturno, gracias a la incorporación de luces de aceite y espejos reflectores. Estas ventajas supusieron un notable adelanto en el sistema de comunicaciones de la época, pasando en pocos años del ámbito militar al civil.

GUERRA CONTRA LA CONVENCIÓN, 1793-1795

Tras la ejecución de Luis XVI y su familia, España se une a la coalición antirrevolucionaria formada por las principales monarquías europeas. La guerra contra los republicanos franceses contó con un enorme apoyo popular en forma de voluntarios y donaciones. En la Península, el escenario principal fue la frontera pirenaica, donde el general Ricardos llegó a ocupar el Rosellón. El enérgico contraataque francés obligó a Godoy a buscar la paz, firmada en Basilea en 1795.

La guerra contra la Convención reveló la falta de preparación de España para la guerra total: el Ejército no estaba equipado para combatir este tipo de guerra y a este enemigo. Era un Ejército del siglo XVIII contra una nación en armas, una causa dinástica contra una lucha revolucionaria.*

Capitán General Antonio Ricardos. S. XIX. Óleo sobre lienzo. Copia del original de Goya.
Capitán General Don José Urrutia de las Casas
S. XIX. Óleo sobre lienzo. Copia del original de Goya.
2. Fusil español de Cazadores modelo 1790. Marshal, C. 1790. Hierro, latón, madera.
3. Bayoneta de cubo para fusil de Cazadores modelo 1790. C. 1790. Acero.

EL PRECIO DE LA AMISTAD CON FRANCIA

El tratado de San Ildefonso de 1796 formalizó la alianza con Napoleón. Poniendo a disposición de Francia los recursos militares españoles y arrastrando a Carlos IV a la guerra contra Inglaterra. Esta ruinosa política exterior acarreó la pérdida de la flota tras las derrotas de San Vicente (1797) y Trafalgar (1805), el bloqueo británico a Cádiz y el ataque a las rutas comerciales entre España y América.**

En 1801, la sujeción a los intereses franceses empujó a la Corona a invadir Portugal  en la denominada Guerra de las Naranjas, Tras la rápida ocupación de varias poblaciones lusas, Portugal aceptó cerrar sus puertos a los barcos británicos y entregar a España la ciudad de Olivenza. A Godoy esta victoria le valió el título de Generalísimo.

LA DERROTA DE NELSON

La recuperación de la alianza francesa en 1796 tiene como primera consecuencia el enfrentamiento con Inglaterra. El ataque británico a Santa Cruz de Tenerife, dirigido por el entonces contralmirante Nelson se salda con un rotundo fracaso. El general Gutiérrez, que ya había derrotado a los ingleses en las Malvinas y en Menorca, organiza eficazmente la defensa de la isla. Consigue rechazar dos ataques de la Marina británica y cercar a los asaltantes en un punto próximo a la costa. Los ingleses sufren grandes pérdidas de material y un total de 349 bajas frente a las 72 españolas. Con Nelson herido por un impacto de la artillería los ingleses capitulan el 25 de julio de 1797.

«No puedo dejar esta isla sin devolver a V.E. mis mas sinceras gracias por su cariñosa atención para mí y su humanidad para aquellos de nuestros heridos que estuvieron en su poder o bajo su cuidado, así como su generosidad con todos los que fueron desembarcados, la que no olvidaré de hacer presente a mi Soberano y espero en alguna futura ocasión poder tener el honor de expresar personalmente a V.E., cuanto soy de V.E., obediente y humilde servidor.

Horacio Nelson

Ruego a V.E. me honre aceptando un barril de cerveza inglesa y un queso.

Don Antonio Gutiérrez, Comandante General de las Islas Canarias.»

Teseo-Tenerife 26 de Julio de 1796
Regimiento de Infantería Suiza Redding Joven nº 2 (1808)
1792-1808-1815. Textil.
Bandera del 2º batallón del Regimiento Real de Zapadores Minadores
1802-1844. Textil
1. Granada recogida en Bailén. C. 1808. Hierro
2. Balas o proyectiles de metralla para cañón. Batalla de Bailén. 1806-1808. Hierro.

LA BATALLA DE SAN MARCIAL

La batalla de San Marcial fue la primera en la que el Ejército Nacional derrotó al Ejército Imperial francés haciendo que este abandonara la Península***

La transcendencia  de la batalla da origen a la creación del Regimiento San Marcial nº 9 y a la popular marcha del mismo nombre.

El pintor plantea  un episodio significativo del combate. La acción se sitúa al pie del monte San Marcial, cuya ermita se vislumbra en la parte superior del cuadro, tras las nubes de pólvora ya orillas del Bidasoa.

El lienzo representa una carga a la bayoneta de los combatientes españoles de infantería pertenecientes a los regimientos 1º Cántabro y 1º de Asturias que fueron reforzados por los voluntarios de Guipúzcoa.

Batalla de San Marcial (1813)
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, 2013. Óleo sobre lienzo.

La bandera blanca con la cruz roja de San Andrés y escudo real en el remate de las aspas, ondea al frente de los combatientes. Es la representación de la “Patria”.

Dirigiéndolos marchan a caballo sus mandos. La presencia de los mismos en el combate refuerza la íntima relación y vicisitudes compartidas. Representa la ejemplaridad del “Mando”.

Ala derecha del cuadro se sitúa un cañón, una de las dos piezas de artillería que sirviendo de apoyo al ataque de las tropas que cruzaron el río.

Al pie del cañón yace un joven tambor, junto a él su “caja de guerra”, instrumento con el que transmitían las órdenes. Simbolizando su juventud el ofrecimiento de la ”Vida a la Patria”.

Cañón español corto llamado El Dragón.
Fábrica de Armas de Sevilla, 1790. Bronce y plata.

En este cañón singular (El Dragón) por la historia que acarrean sus inscripciones. Carlos IV lo disparó por vez primera como reflejan las inscripciones del tercer cuerpo. También se relata la historia del cañón, apresado por los franceses y posteriormente recuperado por los jóvenes vitorianos, apareciendo el escudo de armas de Vitoria en plata.   

Juramento de las banderas
Manuel Castellano, c. 1850
. Óleo sobre lienzo.

En 1807 el Marqués de La Romana parte a Dinamarca en apoyo a Napoleón obligado por el Tratado de San Ildefonso. Allí les llegan noticias de la ocupación de España. Al pedirles jurar lealtad a José I, el Marqués se resiste fraguando un plan de fuga.**** El cuadro recoge el momento en que juran fidelidad a España besando las banderas.

MAQUETA PLAZA DE GERONA. ASEDIO GUERRA INDEPENDENCIA, 1809

Madera, metal, pigmentos

El sitio de Gerona, ocurrido el 6 de mayo de 1809, conocido también como Tercer Sitio de Gerona, hace referencia a los siete meses de asedio a los que la Grande Armée.*****

Gerona se mantuvo en lucha bajo el mando del general Álvarez de Castro, hasta que la enfermedad y el hambre les obligaron a capitular, el 12 de diciembre.

El 6 de mayo, un ejército francés de 18.000 hombres capitaneados por el Mariscal Augereau ordenó el sitio de la ciudad.

El general Álvarez de Castro, encargado de organizar la defensa contaba tan sólo con 5.600 hombres bajo su mando.

Durante el sitio, el regimiento de Saboya realizó varios convoyes con suministros, pero debido a la disminución de los defensores de la ciudad, el 26 de junio se le ordenó ingresar a Gerona para ayudar a la defensa, debiendo penetrar las líneas francesas en un ataque a bayoneta calada.

Los franceses montaron 40 baterías que durante los siguientes siete meses dispararon 60.000 balas de cañón contra la ciudad.

En agosto, las tropas francesas capturaron el castillo de Montjuich, pieza clave en la defensa de la ciudad. Irreductible, Álvarez ordenó construir barricadas y trincheras dentro de la propia ciudad, prolongando la lucha durante otros cuatro meses hasta que, exhausto y enfermo, delegó el mando en el brigadier Julián Bolívar. Dos días después, el 10 de diciembre, la ciudad capituló.

– – – – – – o – – – – – –

(*) Cabría puntualizar que al principio de la contienda se hicieron varios progresos en territorio francés. Tras los exitos iniciales los mandos del ejército pidieron más medios al gobierno y estos, al parecer, no llegaron a concretarse, por lo que hubieron algunas dimisiones por tal hecho. El hecho de emprender una guerra sin un objetivo claro y la falta de medios, entre otros, influyeron en la suerte de la contienda, no tanto el que fuera la nación en armas (que lo era), ya que los franceses por entonces tenían varios frentes, de los cuales el pirenaico era uno más.

(**) – Hubo un ataque previo de la flota inglesa a una flota española que venía de las Américas, sin estar los dos países en guerra, lo cual era motivo claro de casus belli. Como ya comentamos en su momento en la entrada dedicada al tema Ejército vs. guerrilla en la Guerra de Independencia, basado en R. Fraser. el ejército español no estaba preparado para una defensa de sus fronteras contra Francia, por lo que era complicado sustraerse a la influencia de Napoleón y su poderío militar. Inglaterra había sido un enemigo tan solo unos decenios atrás, con la Guerra de Independencia americana, cuando el gobierno español colaboró con ingentes medios militares a la causa de los americanos contra la corona británica.

(***) – San Marcial fue una de tantas batallas en la frontera pirenaica entre el ejercito anglo-portugués y español contra las tropas francesas al mando del mariscal Soult, por lo que atribuirle a esta victoria el peso de la salida de los franceses de España se nos antoja del todo inexacto.

(****) – A la materialización de la fuga del contingente de la Romana contribuyeron en gran medida el gobierno y la flota ingleses, así como un espía católico irlandés a su servicio, el padre James Robertson, que se entrevistó con La Romana y ganándose su confianza garantizó el contacto entre la flota inglesa y el comandante español, para poder coordinar un plan de fuga. Para más información: La expedición a Dinamarca del Marqués de La Romana (1807-1808) (III). Fuga en Langeland y llegada a España.

(*****) – No era la Grande Armée propiamente dicha, sinó la Armée d’Espagne. En Cataluña entraría un primer contingente al mando del general Duhesme, y posteriomente entraría el 7º cuerpo de ejército del general Saint-Cyr (después al mando del mariscal Augereau), que se convirtió posteriomente en la Armée de Catalogne.


Fuentes:

1. Paneles informativos del Museo del Ejército de Toledo.

Imágenes:

a. Fotografías del autor.

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