Película. «Madame Sans Gêne» (1961), de Christian-Jaque

Tiempo de lectura: 15 minutos

Cartel promocional (a)

Madame Sans-Gêne es una comedia dramática en tres actos de Victorien Sardou y Émile Moreau, estrenada por primera vez en el Théâtre du Vaudeville de París el 27 de octubre de 1893 y que nos relata las andanzas de Catherine Hübscher, una lavandera de origen alsaciano que llegó a convertirse en la duquesa de Danzig. La obra ha sido llevada a los escenarios y a la gran pantalla en varias ocasiones, una de las últimas en esta producción entre Italia, Francia y España del año 1961, dirigida por Chistian Jacque y protagonizada por una esplendorosa Sophia Loren, bien secundada por Robert Hossein (el mariscal François Lefevbre), Renaud Mary (Fouché) y Julien Bertheau (Napoleón Bonaparte), entre otros.

La atractiva lavandera parisina Catherine Hubscher dice animadamente y sin tapujos lo que piensa y por eso es llamada «Madame Sans-Gêne» (más o menos «Señora sin vergüenza») en su barrio. En el año revolucionario de 1792, lava gratis las camisas de un teniente Bonaparte y se enamora del brusco sargento Lefebvre que toma parte en el asalto a las Tullerías. Se casan y Catalina sigue a su marido a todos los frentes de guerra. Más tarde, cuando Bonaparte es emperador, lo nombra duque: después de todo, Lefebvre se convertirá en rey de Westfalia y Catherine será su reina. Sin embargo, la sociedad de la corte con las hermanas del propio Napoleón en cabeza conspiran contra la divertida Catherine, que no ocultará nunca sus orígenes. Pero «Madame Sans-Gêne» sabe cómo defenderse1.

En realidad el nombre de Madame Sans-Gêne se atribuyó por los soldados a Thérèse Figueur, que formó parte como dragón de la caballería francesa de 1793 a 1815, nunca a Catherine Hübscher; el talento de Sardou fue el que creó la leyenda. La película tampoco sigue de hecho el libreto original donde inicialmente Catherine rescataba y ocultaba a un joven teniente y noble austriaco, el conde Neipperg.

El personaje de Sans-Gêne representa valores como la sencillez, la humanidad, el valor y la fidelidad, basados en una figura histórica icónica en su época de la que ya recogimos su trayectoria vital en nuestra entrada Catherine Hubscher, la mariscala Lefebvre y duquesa de Dantzig.

EL ARGUMENTO

«9 de agosto de 1792: el rey Luis XVI y María Antonieta están todavía en el trono de Francia. El pueblo de París se prepara para destronarles.» Catherine Hübscher (Sophia Loren) es una lavandera que ve pasar a los revolucionarios camino del Palacio de las Tullerías. Un grupo de revolucionarios arrastra un cañón que se queda encallado en un agujero de la calle. Catherine se ríe y se dispone a empujar también: «¿Pero de qué tenéis hechos los brazos? Ay… Por suerte estoy yo aquí. Vamos, muchachos, ánimo. ¡Eh! ¡Jop! ¡Eh! ¡Jop!  Esto no quiere moverse. Seguro que es un cañón monárquico.» De vuelta a su lavandería se da cuenta que el cañón está instalado en su patio y el oficial al mando, François Lefevbre (Robert Hossein), no le hace ni caso cuando le dice que se lleven el cañón. Catherine rápidamente va a buscar a un conocido suyo al que lava las camisas, el teniente Buonaparte (Julien Bertheau), para que la ayude a sacar el cañón de la lavandería. El teniente no solo no saca el cañón sino que les ayuda a orientarlo: «¿Qué tenéis pensado hacer con el cañón?» «Volar las Tullerías para ver lo que hay detrás. Estamos bien emplazados, ¿no?«, le contestan. «Apuntando así no le daréis al rey pero el arzobispo irá derecho al cielo.» dice Buonaparte. «Por mi esta bien. Primero los curas luego el rey» le contestan».
Por la noche, Catherine reparte camisas de noble en la lavandería a los que se quedan en la misma. Después del asalto al palacio, Catherine y Lefevbre intiman y pasan la noche en la casa de éste. Pero la Francia revolucionaria tiene múltiples enemigos y Lefevbre tiene que partir con las tropas hacia el frente del Rin.
Buonaparte también se marcha y Catherine le pregunta: «También tú te vas al Rin?. ¿Al Rin? ¿Y qué pinto yo en el Rin? No, he ido a buscar a mi hermana a Saint-Cyr. Esta es Elisa. Para volver a llevarla a Córcega.»  «¿A Córcega?», pregunta Catherine. «Allí estará más segura. Francia ahora no es un país propio   para jovencitas.» «Te vas a Córcega. Tú, un oficial. Y la patria te importa un pito.» «¿Qué patria? Mi patria es Córcega.» le contesta Buonaparte. «Eso no es una patria, es una isla. Perdona, pero un hombre como tú…¿Qué va a hacer en una isla?» «Voy a probar fortuna. Mi porvenir está allí. Aquí ya no hay nada que hacer.» «¿Nada que hacer?¿Pero no te da vergüenza? Toma, tus camisas. Me debes 26 lavados.» «¿26 lavados? ¡Pero si solo tengo dos camisas!» «Pero las he lavado 26 veces. Entendido, vete, ya me pagarás otra vez. En el fondo haces bien en volver a casa con tu hermana. No me pareces un hombre nacido para mandar.» «Tienes razón. Hasta la vista, Sans-Gêne. Sin rencor, ¿eh?«. Mientras el militar se aleja, Catherine murmura: «Pobre hombrecillo. Me da tanta pena…«. Cuatro años más tarde el pobre hombrecillo era el general en jefe del ejército de Italia. Mientras las tropas se desplazan por tierras italianas, Catherine viaja como cantinera dentro de un carro que es desviado y acaba empapada al cruzar el río, mientras la infantería francesa cruza el puente. 
Catherine consigue seguir su viaje en un carro con un grupo de prostitutas que van a una alquería ocupada por tropas francesas. Ante la avalancha de los soldados, consigue bajar del carro e ir a buscar a Lefevbre. En el cuarto de Lefevbre se encuentra una de las mujeres con las que había viajado y la echa, sentándose en la cama de espaldas a la entrada. Entra Lefevbre y cuando se acerca a ella con arrumacos, se gira y se da cuenta que es su mujer. «Catherine, ¿eres tú?» «Yo misma, sí.» «Te juro que nunca te he traicionado«, le espeta un sorprendido Lefevbre. «Y yo que nunca te he pegado.«, dándole un bofetón» «¿Y por ti atravesado los Alpes? ¡Puerco!«. Catherine sale corriendo y Lefevbre corre detrás de ella, durante un buen trecho, hasta que van a parar a un molino, sin darse cuenta que está ocupado por los austriacos, que los hacen prisioneros. Como no confiesan nada, deciden fusilarlos, pero logran liberarse y hacer volar el molino, con la pólvora de los soldados austriacos.   
Las tropas francesas sorprendidas por la explosión, se desplazan con Bonaparte hasta el molino, de donde sale un cansado Lefevbre. El general, dándose cuenta de su hazaña le nombra coronel. Lefebvre está extasiado, contándoselo a Catherine: «Daré órdenes para que te trasladen a París. Por otra parte, tengo que asumir responsabilidades nuevas…» «Estoy contigo y me quedo. No irás a creer que voy a dejarte hacer la guerra solo.» «Catherine, pero la guerra es una cosa seria.» «Si fuese una cosa seria, Bonaparte no te habría nombrado coronel.» Los años pasan y dan cuenta del ascenso meteórico del general de Italia a emperador de los franceses. Pero las hermanas de Napoleón (Analía Gadé, Laura Valenzuela y Marina Berti) y Jerónimo Bonaparte (Carlo Giuffrè) se quejan amargamente de su situación a Napoleón: «No creo que exista en el mundo un hombre más desgraciado que yo con la familia.«, suspira este. Por otra parte los duques de Dantzig son invitados a la corte por Napoleón que ha pensado en poner a Lefevbre como rey de Westfalia. Fouché (Renaud Mary) les trae la noticia de la invitación y prepara a Catherine para que no desentone en la etiqueta de la corte, trayendo al maestro de ceremonias Estérel. Fouché intenta animar a Catherine, que torpemente intenta reproducir las genuflexiones que le indica el maestro: «Perfecto. Formidable. Ya decía yo que habéis nacido para vivir en la corte«. «En la corte de Napoleón, sí, por supuesto«, comenta Estérel. «Sin comentarios, señor de Estérel«, contesta Fouché.
Catherine llega a palacio y pronto es la atención de la concurrencia por sus relatos y chascarrillos desinhibidos a pesar de que Fouché la había advertido. Catherine está lanzada en su relato: «Él (Fouché) conoce a Augereau tanto como yo y sabe que cuando ve a una mujer es una especie de manía que tiene, no puede evitar. (Risas)» «Madame, podéis sentaros. ¿Qué os decía? Augereau me pellizca siempre el trasero. Pierrot (dirigiéndose a Augereau), tienes suerte que Zi-Zig (Lefevbre) esté con el emperador.» Pero las hermanas de Napoleón le afean su pasado de cantinera y esta les contesta sin manías: «¿Veis lo picante que son mis historias de amor? Podéis reíros, pero dando de beber a aquellos soldados que os estaban conquistando el imperio, yo he hecho mucho más por vuestra corona que vosotras. Solo habéis alargado el brazo para recogerla de su sangre.» Pasados los días Fouché le comenta a Napoleón las palabras de Catherine y lo que la prensa inglesa también comenta de ellas. Napoleón se queda pensativo, pero ordena a Lefevbre que se divorcie de Catherine y que se case con una noble para ser rey.  
Lefevbre se reúne con Catherine y le informa de las disposiciones de Napoleón y de su divorcio. «La prensa inglesa ha aprovechado para tomarle el pelo«, le dice Lefevbre. Catherine ni se inmuta: «Oh, pero si no sabe inglés, qué le importa.» Pero se despiden apesadumbrados y Lefevbre espera para conocer a su nueva mujer en el salón del trono, en una ceremonia ya planeada por Napoleón. Catherine se dispone a discutir con Napoleón para salvar su matrimonio e irrumpe súbitamente en su despacho. Napoleón se enfada también: «Vuestro comportamiento es intolerable y tenéis suerte. Sí, tenéis suerte de ser la mujer de Lefébvre, pero no abuséis, el castigo podría superar la gravedad de la injuria«. «Majestad, calmaos. Haced como yo, medid las palabras. Después, a uno le molesta haber hablado demasiado. Me devolvéis a Lefébvre y no hablo más. Mejor que sea por las buenas, porque lo vais a hacer de todas formas.»  
 Finalmente, Catherine le confiesa su pasado: «¿Quién os lavaba la ropa blanca cuando erais un teniente muerto de hambre?».»¿El hotel  de los patriotas holandeses?» exclama sorprendido Napoleón. «Vamos, que no nos oye nadie. Bien podéis acordaros de mí.» «No.» «Sí, querido teniente.» «Hübscher.«, «Bonaparte.» «Sí, claro, ya me decía yo.» «Sí, pero os lo decíais por lo bajito.» «Buenos tiempos, eh, solo tenía una docena de camisas.«. Catherine le contesta: «No, dos camisas,  y ninguna sana…«. Los dos se ríen recordando el pasado, mientras, bruscamente, Lefevbre entra en el despacho de Napoleón. Catherine se esconde, y el mariscal explota y le dice a su señor:  «Majestad, vuestra majestad me perdone si he entrado así, pero no puedo más. Siempre he obedecido a vuestra majestad, me habéis hecho general y no he dicho nada. Nada cuando me habéis hecho mariscal. Luego me habéis hecho duque y nada. Pero, majestad, ya no puedo más. Estoy aquí para dimitir como rey, duque, como todo. No quiero casarme con la Margrave, es más fuerte que yo. Amo a mi mujer, majestad. Lo sé, es estúpido, pero qué le voy a hacer.  Después de todo, tampoco es un delito.«. Catherine le abraza y la pareja se van de la mano, dejando a Napoleón que exclama: «Y yo que quería hacer de él un rey«.   


Fuentes:

1 – https://www.cinema.de/film/madame-sans-gne,1304296.html

2 – «Madame Sans Gêne» (1961) – Cine-Alliance/G.E.S.I. Cinematografica/C.C. Champion

3 – http://www.frenchfilms.org/review/madame-sans-gene-1941.html

4 – https://www.abc.es/play/pelicula/madame-sans-gene-13933/?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

5 – https://www.imdb.com/title/tt0056208/mediaviewer/rm2617448192/

Imágenes:

a – https://www.imdb.com/title/tt0056208/mediaviewer/rm2617448192/

b – «Madame Sans Gêne» (1961) – Cine-Alliance/G.E.S.I. Cinematografica/C.C. Champion

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