Película. «Madame Sans Gêne» (1961), de Christian-Jaque

Tiempo de lectura: 15 minutos

Cartel promocional (a)

Madame Sans-Gêne es una comedia dramática en tres actos de Victorien Sardou y Émile Moreau, estrenada por primera vez en el Théâtre du Vaudeville de París el 27 de octubre de 1893 y que nos relata las andanzas de Catherine Hübscher, una lavandera de origen alsaciano que llegó a convertirse en la duquesa de Danzig. La obra ha sido llevada a los escenarios y a la gran pantalla en varias ocasiones, una de las últimas en esta producción entre Italia, Francia y España del año 1961, dirigida por Chistian Jacque y protagonizada por una esplendorosa Sophia Loren, bien secundada por Robert Hossein (el mariscal François Lefevbre), Renaud Mary (Fouché) y Julien Bertheau (Napoleón Bonaparte), entre otros.

La atractiva lavandera parisina Catherine Hubscher dice animadamente y sin tapujos lo que piensa y por eso es llamada «Madame Sans-Gêne» (más o menos «Señora sin vergüenza») en su barrio. En el año revolucionario de 1792, lava gratis las camisas de un teniente Bonaparte y se enamora del brusco sargento Lefebvre que toma parte en el asalto a las Tullerías. Se casan y Catalina sigue a su marido a todos los frentes de guerra. Más tarde, cuando Bonaparte es emperador, lo nombra duque: después de todo, Lefebvre se convertirá en rey de Westfalia y Catherine será su reina. Sin embargo, la sociedad de la corte con las hermanas del propio Napoleón en cabeza conspiran contra la divertida Catherine, que no ocultará nunca sus orígenes. Pero «Madame Sans-Gêne» sabe cómo defenderse1.

En realidad el nombre de Madame Sans-Gêne se atribuyó por los soldados a Thérèse Figueur, que formó parte como dragón de la caballería francesa de 1793 a 1815, nunca a Catherine Hübscher; el talento de Sardou fue el que creó la leyenda. La película tampoco sigue de hecho el libreto original donde inicialmente Catherine rescataba y ocultaba a un joven teniente y noble austriaco, el conde Neipperg.

El personaje de Sans-Gêne representa valores como la sencillez, la humanidad, el valor y la fidelidad, basados en una figura histórica icónica en su época de la que ya recogimos su trayectoria vital en nuestra entrada Catherine Hubscher, la mariscala Lefebvre y duquesa de Dantzig.

EL ARGUMENTO

«9 de agosto de 1792: el rey Luis XVI y María Antonieta están todavía en el trono de Francia. El pueblo de París se prepara para destronarles.» Catherine Hübscher (Sophia Loren) es una lavandera que ve pasar a los revolucionarios camino del Palacio de las Tullerías. Un grupo de revolucionarios arrastra un cañón que se queda encallado en un agujero de la calle. Catherine se ríe y se dispone a empujar también: «¿Pero de qué tenéis hechos los brazos? Ay… Por suerte estoy yo aquí. Vamos, muchachos, ánimo. ¡Eh! ¡Jop! ¡Eh! ¡Jop!  Esto no quiere moverse. Seguro que es un cañón monárquico.» De vuelta a su lavandería se da cuenta que el cañón está instalado en su patio y el oficial al mando, François Lefevbre (Robert Hossein), no le hace ni caso cuando le dice que se lleven el cañón. Catherine rápidamente va a buscar a un conocido suyo al que lava las camisas, el teniente Buonaparte (Julien Bertheau), para que la ayude a sacar el cañón de la lavandería. El teniente no solo no saca el cañón sino que les ayuda a orientarlo: «¿Qué tenéis pensado hacer con el cañón?» «Volar las Tullerías para ver lo que hay detrás. Estamos bien emplazados, ¿no?«, le contestan. «Apuntando así no le daréis al rey pero el arzobispo irá derecho al cielo.» dice Buonaparte. «Por mi esta bien. Primero los curas luego el rey» le contestan».
Por la noche, Catherine reparte camisas de noble en la lavandería a los que se quedan en la misma. Después del asalto al palacio, Catherine y Lefevbre intiman y pasan la noche en la casa de éste. Pero la Francia revolucionaria tiene múltiples enemigos y Lefevbre tiene que partir con las tropas hacia el frente del Rin.
Buonaparte también se marcha y Catherine le pregunta: «También tú te vas al Rin?. ¿Al Rin? ¿Y qué pinto yo en el Rin? No, he ido a buscar a mi hermana a Saint-Cyr. Esta es Elisa. Para volver a llevarla a Córcega.»  «¿A Córcega?», pregunta Catherine. «Allí estará más segura. Francia ahora no es un país propio   para jovencitas.» «Te vas a Córcega. Tú, un oficial. Y la patria te importa un pito.» «¿Qué patria? Mi patria es Córcega.» le contesta Buonaparte. «Eso no es una patria, es una isla. Perdona, pero un hombre como tú…¿Qué va a hacer en una isla?» «Voy a probar fortuna. Mi porvenir está allí. Aquí ya no hay nada que hacer.» «¿Nada que hacer?¿Pero no te da vergüenza? Toma, tus camisas. Me debes 26 lavados.» «¿26 lavados? ¡Pero si solo tengo dos camisas!» «Pero las he lavado 26 veces. Entendido, vete, ya me pagarás otra vez. En el fondo haces bien en volver a casa con tu hermana. No me pareces un hombre nacido para mandar.» «Tienes razón. Hasta la vista, Sans-Gêne. Sin rencor, ¿eh?«. Mientras el militar se aleja, Catherine murmura: «Pobre hombrecillo. Me da tanta pena…«. Cuatro años más tarde el pobre hombrecillo era el general en jefe del ejército de Italia. Mientras las tropas se desplazan por tierras italianas, Catherine viaja como cantinera dentro de un carro que es desviado y acaba empapada al cruzar el río, mientras la infantería francesa cruza el puente. 
Catherine consigue seguir su viaje en un carro con un grupo de prostitutas que van a una alquería ocupada por tropas francesas. Ante la avalancha de los soldados, consigue bajar del carro e ir a buscar a Lefevbre. En el cuarto de Lefevbre se encuentra una de las mujeres con las que había viajado y la echa, sentándose en la cama de espaldas a la entrada. Entra Lefevbre y cuando se acerca a ella con arrumacos, se gira y se da cuenta que es su mujer. «Catherine, ¿eres tú?» «Yo misma, sí.» «Te juro que nunca te he traicionado«, le espeta un sorprendido Lefevbre. «Y yo que nunca te he pegado.«, dándole un bofetón» «¿Y por ti atravesado los Alpes? ¡Puerco!«. Catherine sale corriendo y Lefevbre corre detrás de ella, durante un buen trecho, hasta que van a parar a un molino, sin darse cuenta que está ocupado por los austriacos, que los hacen prisioneros. Como no confiesan nada, deciden fusilarlos, pero logran liberarse y hacer volar el molino, con la pólvora de los soldados austriacos.   
Las tropas francesas sorprendidas por la explosión, se desplazan con Bonaparte hasta el molino, de donde sale un cansado Lefevbre. El general, dándose cuenta de su hazaña le nombra coronel. Lefebvre está extasiado, contándoselo a Catherine: «Daré órdenes para que te trasladen a París. Por otra parte, tengo que asumir responsabilidades nuevas…» «Estoy contigo y me quedo. No irás a creer que voy a dejarte hacer la guerra solo.» «Catherine, pero la guerra es una cosa seria.» «Si fuese una cosa seria, Bonaparte no te habría nombrado coronel.» Los años pasan y dan cuenta del ascenso meteórico del general de Italia a emperador de los franceses. Pero las hermanas de Napoleón (Analía Gadé, Laura Valenzuela y Marina Berti) y Jerónimo Bonaparte (Carlo Giuffrè) se quejan amargamente de su situación a Napoleón: «No creo que exista en el mundo un hombre más desgraciado que yo con la familia.«, suspira este. Por otra parte los duques de Dantzig son invitados a la corte por Napoleón que ha pensado en poner a Lefevbre como rey de Westfalia. Fouché (Renaud Mary) les trae la noticia de la invitación y prepara a Catherine para que no desentone en la etiqueta de la corte, trayendo al maestro de ceremonias Estérel. Fouché intenta animar a Catherine, que torpemente intenta reproducir las genuflexiones que le indica el maestro: «Perfecto. Formidable. Ya decía yo que habéis nacido para vivir en la corte«. «En la corte de Napoleón, sí, por supuesto«, comenta Estérel. «Sin comentarios, señor de Estérel«, contesta Fouché.
Catherine llega a palacio y pronto es la atención de la concurrencia por sus relatos y chascarrillos desinhibidos a pesar de que Fouché la había advertido. Catherine está lanzada en su relato: «Él (Fouché) conoce a Augereau tanto como yo y sabe que cuando ve a una mujer es una especie de manía que tiene, no puede evitar. (Risas)» «Madame, podéis sentaros. ¿Qué os decía? Augereau me pellizca siempre el trasero. Pierrot (dirigiéndose a Augereau), tienes suerte que Zi-Zig (Lefevbre) esté con el emperador.» Pero las hermanas de Napoleón le afean su pasado de cantinera y esta les contesta sin manías: «¿Veis lo picante que son mis historias de amor? Podéis reíros, pero dando de beber a aquellos soldados que os estaban conquistando el imperio, yo he hecho mucho más por vuestra corona que vosotras. Solo habéis alargado el brazo para recogerla de su sangre.» Pasados los días Fouché le comenta a Napoleón las palabras de Catherine y lo que la prensa inglesa también comenta de ellas. Napoleón se queda pensativo, pero ordena a Lefevbre que se divorcie de Catherine y que se case con una noble para ser rey.  
Lefevbre se reúne con Catherine y le informa de las disposiciones de Napoleón y de su divorcio. «La prensa inglesa ha aprovechado para tomarle el pelo«, le dice Lefevbre. Catherine ni se inmuta: «Oh, pero si no sabe inglés, qué le importa.» Pero se despiden apesadumbrados y Lefevbre espera para conocer a su nueva mujer en el salón del trono, en una ceremonia ya planeada por Napoleón. Catherine se dispone a discutir con Napoleón para salvar su matrimonio e irrumpe súbitamente en su despacho. Napoleón se enfada también: «Vuestro comportamiento es intolerable y tenéis suerte. Sí, tenéis suerte de ser la mujer de Lefébvre, pero no abuséis, el castigo podría superar la gravedad de la injuria«. «Majestad, calmaos. Haced como yo, medid las palabras. Después, a uno le molesta haber hablado demasiado. Me devolvéis a Lefébvre y no hablo más. Mejor que sea por las buenas, porque lo vais a hacer de todas formas.»  
 Finalmente, Catherine le confiesa su pasado: «¿Quién os lavaba la ropa blanca cuando erais un teniente muerto de hambre?».»¿El hotel  de los patriotas holandeses?» exclama sorprendido Napoleón. «Vamos, que no nos oye nadie. Bien podéis acordaros de mí.» «No.» «Sí, querido teniente.» «Hübscher.«, «Bonaparte.» «Sí, claro, ya me decía yo.» «Sí, pero os lo decíais por lo bajito.» «Buenos tiempos, eh, solo tenía una docena de camisas.«. Catherine le contesta: «No, dos camisas,  y ninguna sana…«. Los dos se ríen recordando el pasado, mientras, bruscamente, Lefevbre entra en el despacho de Napoleón. Catherine se esconde, y el mariscal explota y le dice a su señor:  «Majestad, vuestra majestad me perdone si he entrado así, pero no puedo más. Siempre he obedecido a vuestra majestad, me habéis hecho general y no he dicho nada. Nada cuando me habéis hecho mariscal. Luego me habéis hecho duque y nada. Pero, majestad, ya no puedo más. Estoy aquí para dimitir como rey, duque, como todo. No quiero casarme con la Margrave, es más fuerte que yo. Amo a mi mujer, majestad. Lo sé, es estúpido, pero qué le voy a hacer.  Después de todo, tampoco es un delito.«. Catherine le abraza y la pareja se van de la mano, dejando a Napoleón que exclama: «Y yo que quería hacer de él un rey«.   


Fuentes:

1 – https://www.cinema.de/film/madame-sans-gne,1304296.html

2 – «Madame Sans Gêne» (1961) – Cine-Alliance/G.E.S.I. Cinematografica/C.C. Champion

3 – http://www.frenchfilms.org/review/madame-sans-gene-1941.html

4 – https://www.abc.es/play/pelicula/madame-sans-gene-13933/?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

5 – https://www.imdb.com/title/tt0056208/mediaviewer/rm2617448192/

Imágenes:

a – https://www.imdb.com/title/tt0056208/mediaviewer/rm2617448192/

b – «Madame Sans Gêne» (1961) – Cine-Alliance/G.E.S.I. Cinematografica/C.C. Champion

Catherine Hubscher ó Madame Sans-Gêne, la Mariscala Lefebvre y Duquesa de Dantzig.

Tiempo de lectura: 18 minutos

Retrato de Catherine Hubscher,
Duquesa de Dantzig (I)

Entre los personajes femeninos con nombre propio de la época napoleónica encontramos aquellos que formaron parte de la nobleza -o la realeza- y aquellos nombres comunes que formaban parte de la vida militar, tanto acompañando a los ejércitos (cantineras, vivandières, etc), como integrados en sus filas y, pese a todos los convencionalismos de la época, luchando a la altura de sus homónimos masculinos.

El personaje del que trataremos a continuación poseyó «lo mejor de ambos mundos» ya que, pese a su origen humilde, llegó a ostentar un título nobiliario por su matrimonio con un mariscal del Imperio francés. Con sus maneras y lenguaje llano -algunos dirían a menudo vulgar-, directo y sobre todo mordaz, llegó a encontrar la complicidad de la Emperatriz Josefina, el rechazo y la simpatía por igual de Napoleón y fue objeto de las habladurías de los corrillos del Paris de la época.

NOTAS BIOGRÁFICAS

Catherine Hubscher, nació en Alsacia, en Neuhausen, aldea dependiente de la comuna de Goldbach, en el valle de Saint-Amarin (Alta Alsacia). A muy temprana edad y huérfana de padre leñador, empezó a trabajar para una familia de tintoreros que se habían atrevido a lanzar pinturas de la India, industria que obtendría un rápido desarrollo en Alsacia. Posteriormente trabajó a los 11 años en una industria algodonera, en Willer, golpeando la ropa blanca. El trabajo la robustece, pero hace que su carácter y modales dejen que desear. Por mediación de un hermano, a los 26 años se traslada a Paris para trabajar como planchadora y lavandera en el bulevar Poissonnière.

Conoce a François Joseph Lefebvre, un cabo-primero de Alsacia como ella quien después de haber sido agente rural entró en el ejército. Se casaron el 1 de marzo 1783, mientras Lefebvre era ascendido a sargento. Iletrada en el momento de su matrimonio (no supo firmar en el Acta de matrimonio), con el tiempo y la ayuda de su marido (antiguo profesor de lenguas), acabaría escribiendo en francés y alemán. El hecho de aprender a escribir a los 30 años denota una enérgica voluntad y una gran firmeza de carácter, al mismo tiempo que muestra la unión entre los dos: «J’oublie que je suis duchesse, mais jamais je n’oublierai que je suis la femme de Lefebvre», diría en el momento de la llegada de los títulos nobiliarios1.

La carrera militar de Lefebvre va rápidamente de ascenso en ascenso al igual que la de varios de sus contemporáneos en el ejército. General de Brigada en 1793, senador en 1800 y Mariscal del Imperio en 1804. Durante la guerra de la Cuarta Coalición, en 1807, Napoleón le ordena que tome Danzig, importante punto estratégico y logístico en el flanco izquierdo del ejército francés.

Se inició un férreo asedio de cincuenta y dos días a trinchera abierta y, cuando Kalkreuth (comandante prusiano de la plaza) capituló y dio su palabra de honor para si y los suyos de no llevar armas en un año completo, no pudo presentar más que ocho mil combatientes. Dos meses antes se había encerrado en la ciudad con diez y ocho mil soldados. El ejército francés capturó ochocientos cañones y almacenes inmensos. Los resultados del sitio fueron también considerables: quedaron cubiertos el flanco izquierdo y la retaguardia franceses y a Prusia ya no le quedó más puerto en el Báltico que Pillau4.  

Carta de la duquesa (II)

Como recompensa, Napoleón le otorga el título de Duque de Danzig, por lo tanto Catherine pasa a ser también Duquesa. La corte napoleónica se burla abiertamente de ella y de su manera de hablar, pero no le importa en absoluto. Como señaló Sir Thomas Wyse: «La duquesa no fue tan afortunada como muchos de sus semejantes, en la eliminación de las huellas de su origen y la «blanchisseuse» ocasionalmente nadaba como aceite en la superficie de las conversaciones de salon.9».

Según las Memorias de la Duquesa de Abrantes (esposa de Junot): «En cuanto a la mariscala Lefebvre o la duquesa de Dantzig, como se quiera llamarla, estaba muy bien todavía cuando hicieron duque a su marido, un año antes que a todos los demás. M. de Cramayel, gobernador de palacio, compuso unos versos satirizando cierta aventura de un diamante robado que la duquesa encontró en un sitio en donde a nadie se le ocurriría ir a buscarlo**, aventura que ella contaba llamando a cada cosa por su nombre propio… y hasta impropio, a todo el que quería oírla. Y a decir verdad, todos quisimos oírla4».

Apoya en cuerpo y el alma a su marido y no deja de criticar al emperador abiertamente estando él presente… tiene el don de divertir o hacer enfadar a Napoleón al mismo tiempo y, especialmente, las bromas que provocan la ira de Talleyrand, que desarman por completo a uno de los diplomáticos más inteligentes. Nadie se atrevía a hablar en contra de Talleyrand, excepto Catherine Hubscher, la «blanchisseuse» (la lavandera).

Castillo de Combault (III)

Después de la caída del Imperio, se negó a aparecer en público, diciendo con humor: «J’allais aux Tuileries quand c’était chez nous, maintenant que c’est chez eux, je ne m’y sentirais plus chez moi».

Lefebvre muere en 1820 y su cuerpo fue trasladado al cementerio de Père Lachaise. Catherine murió en 1835 a los 84 años. Propietaria del castillo de Combault (población de la que Lefevbre fue alcalde de 1813 a 1820), lo revende 3 años antes de su muerte. Un día que la mujer del prefecto se encontraba de visita en su castillo -el actual hotel de la villa de Pontault-Combault- abrió un armario en el que se organizaban diferentes trajes que ella y su marido habían usado desde su juventud: «Aquí, dijo, una galería de ropa aunque de variada condición. Éramos cuidadosos en mantener todo esto… esta es la forma de no olvidar». La pieza de teatro de Sardou y Moreau inmortalizará para la posteridad a Madame Sans-Gêne en 1893**. 

Hoy en día sigue siendo un personaje icónico, representando la sencillez, la humanidad, el valor y la fidelidad a toda prueba5.

ANÉCDOTAS Y CHASCARRILLOS VARIOS

♦  Un día, cuando la mariscala Lefebvre fue a ver a la Emperatriz Josefina con la señora de Lannes, futura duquesa de Montebello, el chambelán de la entrada le dijo a en la puerta que Su Majestad no recibía a ninguna persona. 

— «¿Cómo, cómo, nadie?», gritó la mariscala. «Dile que son la mujer de Lefebvre y la de Lannes».

El chambelán, que no fue nada discreto repitió los detalles del encuentro y la anécdota provocó las risotadas de todo Paris2.

  La esposa del mariscal salió un día para ver hoteles, deseando comprar uno. Entró en una sala, alrededor de la cual habían unos armarios enrejados y guarnecidos con tafetán verde.
— «¿Qué es lo que es esto?» preguntó al conserje.
— «Señora mariscala, es una biblioteca».
— «¿Y que es lo que tiene de bueno?».
— «Es para guardar los libros, señora».
— «Bah. ¡Esto es una tontería!. Mi marido no es un lector, ni yo soy una lectora, así que me haré mi frutero, esto valdrá más».
En efecto, esa sala tuvo ése destino lo que le daba a todo el piso un olor poco agradable3.

  Se presentó a la Emperatriz para darle las gracias por la merced que el Emperador acababa de hacerle [el título de duquesa]. La Emperatriz estaba en las Tullerías, en el gran salón amarillo. Llegó la mariscala Lefebvre. El ujier, acostumbrado a anunciarla por este nombre, entra para recibir órdenes del chambelán de servicio, pues la mariscala no había solicitado audiencia.
Sale el ujier y le dice como de costumbre :
— «La señora mariscala puede entrar».
La mariscala le mira de reojo pero no dice una palabra. Entra en el salón, la Emperatriz se levanta del sofá en que usualmente se sentaba, junto a la chimenea y da algunos pasos hacia ella, diciéndole con aquella gracia encantadora que, cuando quería, ponía en todo:
— «¿Cómo está la señora duquesa de Dantzig?».
La mariscala, en vez de responderle, le hace un guiño de inteligencia y volviéndose en seguida hacia el ujier, que en aquel instante cerraba la puerta, le dice:
— «¡Anda, hijo mío, chúpate ésa!4».

Catherine Hubscher ó Madame Sans-Gêne (IV)

   Una vez, en la época en que los cinco reyezuelos*** cambiaban sus coronas directorales por oro a puñados y algunas veces por un terrible destierro más allá de los mares, se les ocurrió a algunos de los que quedaban, buscar un colega de inteligencia leve y mano pesada, para defender el Luxemburgo en caso de que lo atacase aquel pueblo-rey que se había convertido en esclavo. Escribieron, pues, a Lefebvre, que estaba en el ejército del Sambre y el Mosa****, proponiéndole la corona directorial. El buen hombre consultó a su mujer. Ella era sensata y en aquella ocasión le hizo ver claro:
— «Tienes que contestar que «no». ¿Qué irías tú a hacer en medio de todo eso? Quédate aquí. Muy mal deben andar por allá abajo, cuando quieren hacer rey a un imbécil como tú4».

– – – – – – o – – – – – –

(*)  – «Elle arriva un jour pour déjeuner avec l’Impératrice qui était aux Tuileries, entourée de toutes ses dames. Sa Majesté trouve à la maréchale un air effaré qui ne lui était pas ordinaire; et avec sa grâce habituelle, lui demande avec intérêt ce qui lui donnait de l’inquiétude ou du chagrin.
— Oh! madame, c’est une longue histoire que je veux bien raconter à Votre Majesté; mais pour cela il faut qu’elle fasse en aller ces pisseuses (les dames du palais) qui ricanent là en me regardant.
— Veuillez bien, mesdames, passer dans le salon de service, leur dit Joséphine, persuadée qu’il s’agissait d’un secret de famille.
— Eh bien, maintenant, madame la duchesse, contez-moi vos peines.
— Je n’en ai plus, madame; mais voyez-vous, je suis encore tout émue d’un malheur qui m’a menacé ce matin.
— Oh ! mon Dieu, votre fils s’est-il battu ?
— Pas si bête.
— Le maréchal?…
— Il n’est pas question de lui : j’ai cru avoir perdu mon gros diamant ; j’étais sûre de l’avoir laissé dans ma chambre; en y rentrant je ne le trouve plus. Je questionne sur les personnes qui y sont été ; on m’dit comme ça qu’y gnian que mon frotteur. Il était dans le salon qu’il finissait ; je le fais entrer chez moi, et je lui dis : Coquin, t’as mon gros diamant, je veux l’ravoir parce que j’y tiens ; c’est l’premier que Lefebvre m’a donné ; rends-le-moi et je ne te ferai rien. Mon gaillard me répond qu’il ne l’a pas. Il était nègre, je ne vois pas s’il rougit ; mais je continue à y dire que je veux mon gros diamant, et lui ordonne de se fouiller. Rien dans les mains, rien dans les poches, qu’il me dit ; eh bien, guerdon, déshabille-toi. II veut faire des difficultés ; mais on ne me fait pas aller comme ça ; déshabille-toi, gueux ; nu que j’te dis, ou je te ferai tuer par mes domestiques. Enfin, il se met nu comme un ver, et j’ai trouvé mon gros diamant. Le voilà. Une mijaurée l’aurait perdu tout de même
3

(**) – En realidad el nombre de Madame Sans-Gêne se atribuyó por los soldados a Thérèse Figueur, dragón de caballería de 1793 à 1815, nunca a Catherine Hubscher; el talento de M. Sardou fue el que creó la leyenda3. Aparte de la famosa pieza de teatro, también ha sido llevada al cine en varias ocasiones con el mismo argumento: en 1909, por el danés Viggo, por la artista Réjane (1911, realización de André Calmettes), por Gloria Swanson (1925, Léonce Perret), d\’Arletty (1941, Roger Richebé), Sofía Loren (1961, Christian-Jaque), etc.

(***) – Los cinco miembros del Directorio de la Francia Revolucionaria. Los miembros originales (con el tiempo hubieron variaciones en sus miembros) fueron Jean-François Reubell, Paul Barras, Louis-Marie de La Révellière-Lépeaux, Étienne-François Le Tourneur y Lazare Carnot6.

(****) – El Ejército del Sambre y el Mosa (Armée de Sambre-et-Meuse) era uno de los dos ejércitos en la época revolucionaria junto con el Ejército del Rin y Mosela (Armée de Rhin-et-Moselle) que se encontraban más allá de las fronteras del este de Francia. Posteriormente los dos ejércitos se unirían para crear el Ejército de Alemania (Armée d’Allemagne). Originariamente el Ejército del Sambre y el Mosa, se creó a partir del flanco derecho del Ejército del Norte, del flanco izquierdo del Ejército del Rin y del Ejército de las Ardenas (que fue disuelto)7.


Fuentes:

1 – «Le Maréchal Lefèbvre Duc de Dantzig (1755-1820)«, Joseph Wirth, Perrin Éditeurs, Paris, 1904

2 – «Le bouchin des méchancetés: Et autres traits d’esprit» – F.X. Testu, Ed. Robert Laffont SA, Paris, 2014

3 – «Mémoires sur l’Impératrice Joséphine. La Cour de Navarre & Malmaison«, Georgette Ducrest, Arthème Fayard Ed., Paris, 1829

4 – «Memorias sobre la vida de Napoleón» – Duquesa de Abrantes, Editorial Surco, Barcelona, 1945

5 – http://www.aquadesign.be/actu/article-5855.php. Contributions de Catherine. Date de création : 14/01/2007 16:24

6 – https://es.wikipedia.org/wiki/Directorio_%28Francia%29

7 – https://fr.wikipedia.org/wiki/Arm%C3%A9e_de_Sambre-et-Meuse

8 – «Mémoires de Mlle. Avrillon» – Tome II – Chez L’advocat, Paris, 1833

9 – «The continental traveller’s oracle; or, Maxims for foreign locomotion», Volumen 2 – Sir Thomas Wyse, H. Colburn, 1828

10 – http://www.lalibre.be/culture/musique/une-blanchisseuse-passee-de-l-histoire-a-la-legende-51b879b2e4b0de6db9a76959

11 – «Textiles d’Amérique et de France» – Jocelyne Mathieu, Christine Turgeon, Presses Université Laval, 2002

Imágenes:

I – Portrait de Catherine Hubscher, Maréchale Lefèbvre Duchesse de Dantzig, dite \»Madame Sans-Gène\» (1753-1835). https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/97/Madame_Sans-G%C3%AAne.jpg. Anónimo [Public domain], via la Wikimedia Commons

II – http://www.the-saleroom.com/en-gb/auction-catalogues/ader-sarl/catalogue-id-srade10008/lot-c740f5c9-9359-468f-9694-a3f60117ad28. Lettre signée « Duchesse de Dantzig », Courbault 9 juin 1825, à son neveu M. Annequin ; 1 page in-4, adresse (petits trous par corrosion d’encre, qqs fentes aux plis). La lettre du baron Pluvinel n’est pas parvenue à Courbault. « Mais comme cette pièce ne t’es pas absolument nécessaire, j’espère qu’elle ne retardera pas ton départ. Ainsi donc je te souhaite un bon voyage et beaucoup de prospérité dans ton nouvel état »… Très rare. Librairie Les Autographes, 2007. (por Ader Nordmann)

III – http://archives.seine-et-marne.fr/catherine-hubscher-dite-madame-sans-gene-1753-1835

IV – Por A. Meyer (Bibliothèque nationale de France). Biographies alsaciennes avec portraits en photographie, série 3 [Public domain], via la Wikimedia Commons. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6b/Mar%C3%A9chale_Lefebvre.jpg