Las murallas de Tarragona en el periodo 1808-1814. Exposición.

El pasado 21 de octubre en el marco de las VI Jornadas de Divulgación Histórica asistimos a una conferencia del Sr. Adam Quigley en el Espacio Sant Domènec, en las bóvedas del Cuerpo de Guardia, el contenido de la cual esperamos sacar a la luz las próximas semanas. El Cuerpo de Guardia se halla en la Contramuralla o Falsa Braga, especie de foso adicional en la muralla primitiva que los ingleses construyeron en el transcurso de la Guerra de Sucesión (1702-1714).
Paralelamente en el mismo espacio se exhibía una exposición sobre las murallas de la ciudad de Tarragona a través de la historia que es el objeto de nuestra entrada de hoy y que os traemos en su parte dedicada a los siglos XVII y XVIII coincidiendo con el período napoleónico y la Guerra de Independencia. 

Espacios abovedados del cuerpo de guardia.

LA MURALLA EN LOS SIGLOS XVII -XVIII


Vista de la ciudad de Tarragona
A lo largo de los siglos XVII y XVIII las fortificaciones de Tarragona tienen un importante desarrollo debido a las guerras europeas y su repercusión peninsular. Son tiempos difíciles, en los que la monarquía española es contestada, tanto en la misma Península como en el resto de Europa: Guerra de los Treinta Años (1618-1648), de los Segadores (1640 – 1659), de los Nueve Años (1688-1697), de Sucesión (1700 – 1714 ) y del Rosellón (1793- 1795).
Las murallas romanas y medievales, con los baluartes del siglo XVI o la muralla inconclusa del cardenal Cervantes, eran insuficientes. Durante muchos años se sucedieron las reparaciones y los refuerzos, siempre con falta de recursos y casi nunca con financiación real. Pero con eso no bastaba: era necesaria una planificación de las fortificaciones acorde con los nuevos sistemas de hacer la guerra. El resultado, sin embargo, no fue satisfactorio, como lo demuestra el asedio de la ciudad de 1811.
La Sublevación de Cataluña o Guerra de los Segadores (1640-1659) dejó Tarragona bajo la órbita militar castellana, a diferencia del resto de Cataluña, bajo control franco-catalán. Pedro Fajardo, marqués de Los Vélez, convierte la ciudad en plaza fuerte. Los esfuerzos para fortificarla se materializan en dos proyectos sucesivos que marcan las bases de lo que debe ser la posterior evolución de las defensas. Pero al mismo tiempo los ejércitos franco-catalanes ponen asedio a la ciudad en 1641 y en 1644. Posteriormente, las fortificaciones reciben un nuevo impulso a raíz de la Guerra de Sucesión (1700-1714), especialmente en el período de la estancia de las tropas inglesas, entre 1709 y 1713.
Plano de la ciudad de Tarragona

El desarrollo de los proyectos de defensa de Tarragona a lo largo de los siglos XVII y XVIII tuvo varios frentes.

El primero sería el refuerzo de las fortificaciones de la Parte Alta, con una contramuralla en el lado de mar, en el paseo de San Antonio, y la construcción de varios baluartes exteriores como avanzada de las defensas. Después se hizo otra en la parte de tierra, que ahora es el Paseo Arqueológico.

El segundo proyecto fue recuperar la idea del cardenal Cervantes de extender las defensas hasta el puerto, especialmente el lado interior, más fácilmente atacable. Siguiendo el trazado de la muralla romana de la ciudad baja, se fueron construyendo nuevas cortinas y baluartes, y a partir de mediados del siglo XVII los esfuerzos continuaron con la muralla que defendería el puerto.

Un tercer frente fue construir una línea de defensa de costa y de la carretera a Barcelona, formada por los fortines de la Reina Ana Estuardo y de San Jorge y la Plaza de Armas, que enlazaba con la línea más exterior de defensas, con los fortines de la Creu y el nuevo de Sant Jerónimo o el de Staremberg al este, y los de Santo Padre y el Rey al norte. Pero había que completar las defensas más exteriores, lo que no se materializa hasta la Guerra de la lndependencia con un fortín en las Forques Valles (Oliva) y otros tres en el Loreto, la montana de los Ermitans y la Arrabassada.

Fuerte de San Jorge

LA MURALLA EN EL SIGLOS XIX. GUERRA DE INDEPENDENCIA


Fortin de la Oliva.
Finales s.XIX.

El afán por fortificar la ciudad continúa a principios del siglo XIX, favorecido por el estallido de la Guerra de Independencia (1808-1814).

Desde los primeros momentos, las defensas de Tarragona son objeto de atención y se dedican importantes cantidades de dinero y de esfuerzo humano para mejorarlas. Se temía que tarde o temprano la ciudad fuera asediada.

Este temor lleva a acelerar los trabajos entre 1809 y 1810, en los que no tan solo se reparan las viejas murallas, cortinas y baluartes sino que se nuevas edificaciones como los fortines del Francolí, de los Ermitans, Loreto y Oliva, primera línea de defensa de la ciudad.

Pero las fortificaciones de Tarragona no eran más que una serie de construcciones inacabadas, obsoletas, deterioradas, difíciles de defender y mal planificadas. De hecho, la ciudad no pudo soportar el asedio de la Armée de Aragon entre mayo y junio de 1811. La toma del fortín de la Oliva, el 29 de mayo, fue el preludio de la caída de la ciudad un mes después. Perdida la Oliva, las tropas francesas tuvieron un excelente punto de ataque en la Parte Alta, mientras que desde el Francolí castigaron las defensas de la ciudad baja hasta que pudieron entrar a la zona del puerto.

Maqueta de Tarragona durante el año 1811 y su asedio.

El bombardeo de la muralla de Sant Joan abrió paso al asalto final, la tarde del 28 de junio de 1811. Tres días de muerte y saqueo fueron el resultado ordenado o consentido por el general Suchet, quien recibió el título de mariscal tras la conquista de Tarragona.

Plano del asedio de Tarragona de 1811. Grabado de E.Colin, 
publicado en las memorias del mariscal Suchet, 1834

Ya en manos napoleónicas, las fortificaciones fueron reparadas en previsión de un contraataque de los ejércitos españoles. Finalmente, la retirada de las tropas invasoras, la noche del 18 de agosto de 1813 fue acompañada de la destrucción previa de las defensas y castillos de fa ciudad (Arzobispo, Patriarca, Rey), una clara política de tierra quemada, para dejar Tarragona inservible como plaza fuerte. Veintitrés minas de pólvora hicieron el trabajo.(*)

Vista de la ciudad de Tarragona el 19 de agosto de 1813.
Planta y alzado del Castillo del Patriarca (s.XII-XV)

Vista de la ruina del Castillo del Patriarca el 19 de agosto de 1813

Plano de la ciudad donde se marcan los edificios con desperfectos causados por
la guerra del Francés, datado el 27 de abril de 1838. 

Maqueta del Fortín de San Jorge.

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(*) Años más tarde se ejecutaron nuevas obras de fortificación, como la cortina desde el baluarte de San Francisco hasta el Llatzeret, el baluarte de la Reina Amalia… Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se planteó la refortificación de Tarragona derribando la muralla de San Juan, pero finalmente la idea se descartó. La lenta recuperación de la ciudad, en parte gracias al puerto, llevó a la necesidad de derribar las fortificaciones para favorecer el crecimiento urbano. En 1854 empezaron los trabajos, ahora sí, con la muralla de San Juan, y en 1868 Tarragona dejó de ser plaza fuerte.
A lo largo de los años, hasta el siglo XX, las viejas cortinas son derribadas, de nuevo una operación urbanística lenta y costosa, y que incluso hizo peligrar la muralla romana que fue declarada Monumento Histórico en 1884.
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Fuentes:

1) Paneles informativos de la exposición.
2) \”Diccionario geográfico universal…\” – por una sociedad de literatos, S.B.M.F.C.L.D., tomo IX, Barcelona, 1833

Imágenes:

a) – Imágenes propiedad del autor.

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