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Las batallas (podríamos decir combates) del Bruch (hoy oficialmente El Bruc) acabaron con el mito de la imbatibilidad del Ejército de Napoleón, junto con la derrota de Bailén, el fracaso del asedio de Zaragoza, el traspiés de Moncey en Valencia, y por último el fracaso de Junot en Lisboa que se vió obligado a evacuar. El Emperador se quejará amargamente en Saint-Cloud el 16 de agosto que «Todo lo que ocurre en España es deplorable. El ejército está mandado, no por generales que han hecho la guerra, sino por inspectores de Correos«. [8]
El 26 de septiembre de 1808, el Diario de Manresa magnificó la batalla del Bruch hasta tal punto que, ya desde aquel momento, empezó a adquirir carácter de leyenda. Se presentó a un ejército popular, prácticamente desarmado, que había sido capaz de derrotar al todopoderoso Ejército francés. La victoria fue atribuida a los santos patrones de Manresa y a la figura de un tamborilero que presuntamente había dirigido los combates con un tambor de los que se utilizaban en las cofradías.
Leyenda e historia se entrecruzan en lo que fueron dos batallas menores en un terreno montañoso y escarpado en la que sus defensores – muchos, veteranos de la Guerra de la Convención- con la ayuda de tropas regulares, frenaron los avances franceses por dos veces y provocaron que Duhesme se replegara a mediados de agosto hacia Barcelona, donde permanecería bloqueado hasta finales de 1808.
ANTECEDENTES
2 de junio de 1808. La quema del papel sellado

Manresa, con 10.000 habitantes en aquel tiempo, era una activa ciudad que contaba con los únicos molinos de pólvora1 de Cataluña. El 2 de junio de 1808 se recibieron en el Ayuntamiento dos cargamentos del tradicional papel oficial sellado, que en esta ocasión contenía una particular rectificación al habitual Carlos IV rey de España: «Valga por el Lugartheniente General del Reyno«, una clara referencia al mariscal francés Murat, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación napoleónicas. Se trataba del impuesto que debía aplicarse a la población con el fin de financiar la campaña bélica y el propio Gobierno.
Al darse cuenta de la rectificación, la población comenzó a protestar y a concentrarse en la Plaza del Ayuntamiento, donde los más exaltados destrozaron el papel sellado, lo lanzaron desde los balcones del consistorio hacia la plaza y la multitud le prendió fuego. En aquella situación de alboroto, el gobernador militar de la plaza, el teniente coronel Francesc Codony, proclamó un bando en el que se ordenaba a la gente a regresar a sus casas y se emplazaba a una futura movilización de voluntarios encuadrada por los gremios. Sin embargo, en realidad, tanto Codony como el propio alcalde, Joaquim de Torres, prefirieron mantenerse al lado de las autoridades constituidas. Este posicionamiento provocó la ejecución del militar durante un motín popular, un mes después del alzamiento, mientras que el alcalde se vio obligado a huir para salvar la vida.
La quema del papel sellado fue la chispa que encendió la resistencia: se creó la Junta Local de Manresa a la vez que se empezó a armar a los vecinos y a crear mandos. El 3 de junio la Junta activó las disposiciones relativas a la defensa y envió emisarios a buscar armas de los tercios de Lleida a Cardona y Santpedor. Esta fue la excusa que los franceses utilizaron para someter a la población, llevarse la pólvora y destruir los molinos.



6 de junio de 1808. La primera batalla

El Bruc de hace doscientos años estaba formado por el núcleo de la parroquia con la iglesia de Santa María, la actual plaza, un número indeterminado de casas y masías situados entre lo que hoy es Bruc de Abajo y Bruc del Medio. Un kilómetro y medio más arriba estaba el pequeño núcleo de Bruc de Arriba. Los franceses recibieron los primeros disparos a la altura del hoy desaparecido «Pozo de Hielo«, situado entre Bruc de Abajo y Can Pascual.
El 6 de junio de 1808 se produjo el primer enfrentamiento con los defensores situados cerca de Can Maçana e integrados por gentes de los pueblos de los alrededores y tropas regulares. Consiguieron parar la acometida y provocaron la retirada del invasor francés.
Mucho se ha hablado del número de combatientes que se reunieron en Can Maçana. Recordemos que a la llamada del toque de somatén respondieron muchos hombres de las poblaciones de los alrededores, y hasta de puntos más alejados. Si añadimos a los manresanos e igualadinos2, y los cien hombres del regimiento de Wimpffen núm. 1 alojado en Igualada, al mando del teniente don Francisco Krutter, podemos calcular unos dos mil defensores, que tenían a su favor el conocimiento del terreno, la escarpada orografía del escenario y la absoluta necesidad de parar al enemigo.

Entre los defensores se encontraba el joven Isidro Lluçà Casanovas3, identificado como famoso tamborilero de la jornada, vecino de Santpedor y probable tambor de la guarnición de Barcelona, que habiendo huido de la ciudad ocupada se había unido al somatén local. La interpretación popular explica que gracias a sus repiques, interpretados con energía para levantar los ánimos de los combatientes, podrían haber hecho creer a los franceses que se acercaba una fuerza organizada, y esta podría ser una de las causas que produjeron el repliegue hacia Barcelona (Al igual que Manuela Malasaña en Madrid o Agustina de Aragón en Zaragoza, la victoria o gran parte de ella se atribuía a algún personaje anónimo que por un hecho inesperado precipitaba los acontecimientos y al que no se dudaba en atribuirle si era necesario la ayuda divina. Unas tropas imperiales que aunque no fueran de élite, era más que improbable que retrocedieran solo por el sonido de un solo tambor si es que pudiera oírse este en la refriega de los combates…)
Entre Esparreguera y Abrera se encuentra la riera de Magarola, sobre la cual, en aquellos tiempos, existía un puente de madera. Los franceses lo cruzaron en plena desbandada, perdiendo uno de sus cañones que cayó al lecho del rio. Es muy posible que la columna en huida aprovechara la noche del 6 al 7 para reagruparse, con la intención de sobrepasar Manresa de madrugada. Esto resultó fácil, ya que la población aparecía desierta.
Ya a la vista de Barcelona, la tropa francesa miró de hacer una entrada tan digna como fuera posible, a pesar de las 350 bajas que había sufrido. Hay evidencias que entraron muchos carros con heridos.
14 de junio de 1808. La segunda batalla

Ante la evidencia que los napoleónicos podían probar otra vez forzar el paso de Can Maçana, las autoridades locales acordaron fortificarlo.
Por parte francesa se decidió realizar un nuevo intento contra la Cataluña interior y asaltar los almacenes de pólvora manresanos. El comandante imperial dispuso que el día 13 de junio marchara, con el mismo destino que la anterior, una nueva columna, integrada esta vez por cerca de 5.000 hombres de todas las armas.
Habiendo salido de Barcelona a primera hora de la mañana, la tropa llegó a Martorell sobre las 2 de la tarde, con la intención de acampar en el llano sin entrar en la población.
La columna se puso en movimiento de nuevo la madrugada del día 14. En esta ocasión los franceses sabían que los somatenes los esperaban en el mismo lugar y, por tanto, el factor sorpresa no existía para ninguno de los dos bandos. De nuevo los somatenes se reunieron en el paso de Can Maçana, pero esta vez disponían de muchas tropas de refuerzo4: a los soldados del regimiento Wimpffen que habían luchado el día 6 se añadían las Guardias Valonas, los soldados del regimiento de Extremadura y un nuevo contingente del Wimpffen que, proveniente de Lérida, llevaba con él diversas piezas de artillería.

El enfrentamiento armado se produjo el mediodía del dia 14, y el general Chabran, que era quien comandaba a los franceses en esta ocasión, se vio sorprendido por el fuego de cañón, que le hizo saber que se encontraba con una defensa mejor dotada. Por más que los invasores trataron de forzar el paso, las bajas se sucedían sin ningún logro, y al final se decidió una nueva retirada.
En esta ocasión, las tropas en retirada no encontraron dificultades ni en Esparreguera ni en Martorell, hecho que permitió que llegaran a Sant Feliu de Llobregat aquella misma tarde. La entrada en Barcelona se hizo por la tarde del día 15. Las pérdidas francesas alcanzaron los 500 hombres y algunas piezas de artillería.
No hubo una tercera tentativa de cruzar el paso de Can Maçana: el ejército francés se dirigiría a la Cataluña central por las tierras del Vallés.

EL MUSEO DE LA MONTAÑA DE MONTSERRAT – EL BRUC
El Museo de la Montaña de Montserrat se encuentra en la conocida buhardilla de Can Casas, en el municipio del Bruc, en la calle del Bruc del Mig, 55 (Anoia, Barcelona), un edificio modernista construido a finales del siglo XIX. El espacio útil del museo abarca más de 400 m2, divididos en tres secciones bien diferenciadas, una de las cuales, Las batallas del Bruc, que reúne artículos de las tropas francesas y de los somatenes, que lucharon dos veces en aquel territorio. Balas de cañón, metralla, granadas, bayonetas… La colección comprende también reproducciones de uniformes de la época, sables, pistolas, etc. (4)





















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1Una de las formas de aprovechamiento hidráulico del suministro de agua a la ciudad de Manresa es la de los molinos de pólvora, una particularidad del municipio. Fueron una de las cinco reales fábricas que perduraron después del Decreto de Nueva Planta. Su renombre se debía a la gran capacidad explosiva de la pólvora que suministraban, conseguida con una mezcla de salitre, azufre y carbón. Estos componentes llegaban fácilmente a Manresa por su proximidad a las cuevas de salitre de Collbató, las minas de sal de Cardona, las de potasa de Súria, Sallent y Balsareny, así como las de carbón de Fígols y Saldes. Estos molinos explican la importancia estratégica de Manresa en los diferentes episodios bélicos y, en particular, en la Guerra del Francés. [3]
2Aparte se pidió auxilio a un gran número de poblaciones limítrofes: «Pídese auxilio à los pueblos del corregimiento, y á una voz, responden electrizados Sellent, San Pedor, Moya, Artes, San Feliu Seserra, Prats de Llusanés, Gastelltersol, Monistrol de Montserrat, Balsereny, Avinyó, Gaya, Horta, Estany, Ferrarons, Rafadell, Guardiola, y tantos otros como quieren rivalizar en entusiasmo y patriotismo, pidiendo armas y municiones a sus respectivas autoridades«. [6]
3«Isidre Llusà i Casanova, el timbaler del Bruc. Seguramente es el personaje más mitificado y durante más tiempo, hasta pervivir en el franquismo. Las primeras referencias parecen encontrarse en la literatura militar de la época, en Francesc Xavier Cabanes, que comentando la participación del somatén de Santpedor, añadía que llevaba «una caja de guerra» que un joven tocaba con bastante regularidad. El tambor era el general en jefe, indicaba los puntos de ataque y otros toques de ordenanza. Una versión confirmada por una carta escrita desde dicho pueblo y enviada al Diario de Manresa el 29 de noviembre de 1808, donde se hacía referencia al tambor. No obstante, no será hasta 1881, cuando un médico manresano ultra-católico, Oleguer Miró, publicó en La Il·lustració Catalana una conversación con los descendientes del timbaler. Diez años después se colocaba una placa y en 1908, en ocasión del centenario, se hizo un discurso y homenaje en la propia casa de Llusà. Sea como fuere, el hecho fue asumido por sus paisanos con naturalidad.» [9]
4Siempre ha habido disparidad de criterios en asignarle mayor mérito en la refriega a los somatenes de los pueblos o al ejército regular que también estaba presente. «Al contrario de lo que popularmente se piensa -y de lo que proclaman algunas leyendas-, no hubieron banderas milagrosas, ni ningún movimiento popular y espontáneo de campesinos inexpertos, ni tan sólo el famoso tamborilero de Santpedor que con el sonido de su timbal recrecido por el eco de las montañas espantó al enemigo. Los combates de 1808 fueron emboscadas estratégicas, calculadas y llevadas a término por soldados suizos, españoles y algunos somatenes, como Ramon Montanya, de Manresa, o Antoni Franc, de Igualada, que en algunas batallas organizaron ejércitos de unos 2.ooo combatientes, contra unos 3.8oo hombres de la columna napoleónica.« [5]
Fuentes:
1 – Paneles informativos del Museu de la Muntanya de Montserrat – El Bruc
2 – http://elprincipatdecatalunya.blogspot.com.es/2009/10/quema-del-papel-sellado-en-manresa.html
3 – «Guía de los escenarios de la Guerra del Francés en Cataluña. Conmemoración del bicentenario del comienzo de la guerra» – Generalitat de Catalunya, Direcció General de Turisme, 2008
4 – http://anoiaturisme.cat/es/anoia/museu-de-la-muntanya-de-montserrat-del-bruc/
5 – «Catalunya poble a poble. Tots els pobles, viles i ciutats de Catalunya«. Número 4 – Edicions 62, La Vanguardia, Gas Natural, enero de 2006
6 – «Cataluña. Historia de la Guerra de Independencia en el antiguo Principado» – Adolfo Blanch, Barcelona, Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs, 1861
7 – http://guerrafrances.tradinet.org/web/societat/batalles.php?idioma=es
8 – «Napoleón y la locura española» – François Malye, EDAF, 2008.
9 – «Las Jornadas del Bruc y la construcción de memorias políticas nacionales» – Lluís Ferran Toledano González y Maria Gemma Rubí i Casals, en «Sombras de Mayo – Mitos y memorias de la Guerra de Independencia en España (1808 – 1908)«, Casa Velázquez, 2007, p. 87-110
Imágenes
a – «Guía de los escenarios de la Guerra del Francés en Cataluña. Conmemoración del bicentenario del comienzo de la guerra» – Generalitat de Catalunya, Direcció General de Turisme, 2008
b – «Catalunya poble a poble. Tots els pobles, viles i ciutats de Catalunya». Número 4 – Edicions 62, La Vanguardia, Gas Natural, enero de 2006
d – Fotografías del autor y Xavier Galiana Roca.

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