Película. "El coronel Chabert" (1994), de Yves Angelo

Hablar de \»El Coronel Chabert\», novela escrita en 1832, es hablar de Honoré (Honorato) de Balzac, el famoso novelista francés. Creo recordar que Jean Tulard mencionaba que para comprender la época de Napoleón había que leer a Balzac, y en el caso de El Coronel Chabert, la afirmación es plenamente vigente. No hablaremos de la novela, pero si del film de Yves Angelo del año 1994, que  es la traslación al celuloide de la novela original, con un gran reparto encabezado por Gerard Depardieu y Fanny Ardant y secundados por un excelente Fabrice Luchini como el procurador Derville, el gran testigo de la  trágica trama. 
La película, a mi particularmente me gustó mucho, sigue el desarrollo del libro con ligeras modificaciones, los actores nos brindan unas más que notables interpretaciones, acertados diálogos y ambientación, así como una destacable banda sonora certifican en su conjunto esta notable adaptación cinematográfica y nos dan una clara muestra del gran conocimiento del alma humana y la sociedad de su tiempo que caracterizan a las obras de Balzac.
Cartel publicitario de la película (a).

EL ARGUMENTO

El 8 de febrero de 1807… desde el amanecer hasta el anochecer… la batalla de Eylau costó a la Francia de Napoleón 10.000 muertos. Como era costumbre, al finalizar la batalla los cuerpos eran despojados de sus uniformes, calzado, armas y pertenencias y, cuando el tiempo lo permitía, eran enterrados en fosas comunes. En el despacho del procurador Derville la actividad es frenética. Un individuo golpea la puerta y pregunta por el procurador, ya que ha intentado hablar cinco veces con él. Este no se encuentra en su despacho y le informan que si quiere hablar directamente con él tendrá que regresar a la 1 de la mañana. El hombre se marcha con semblante serio y los empleados discuten entre ellos:
\»—¡Vaya un tipo más célebre! dijo Simonín sin esperar á que el anciano hubiese cerrado la puerta.

—Tiene trazas de ser un desterrado, dijo uno de los pasantes.
—No, es algún coronel que reclamará atrasos, dijo el primer pasante.
—Pues yo creo que es algún antiguo portero, dijo Godeschal.
—¿Cuánto apostamos á que es noble? exclamó Boucard.
—Yo apuesto á que ha sido portero, replicó Godeschal; pues los porteros son los únicos seres dotados por la naturaleza de carriques usados, grasientos y deshilachados por abajo, como lo está el de ese buen hombre. ¿No se han fijado ustedes en sus botas rotas y en la corbata que le sirve de camisa? Estoy seguro que acostumbra á dormir debajo de los puentes.
—Muy bien podría ser noble y haber tirado del cordón, dijo Desroches. Eso lo hemos visto más de una vez.
—No, repuso Boucard en medio de la risa general, sostengo que ha sido cervecero en 1789 y coronel bajo la República.
—¡Ah! apuesto un espectáculo, para todo el mundo, a que no ha sido militar, dijo Godeschal.
—Aceptado, replicó Boucard.
—¡Caballero, caballero! gritó el aprendiz pasante abriendo la ventana.
—¿Qué haces, Simonín? preguntó Boucard.
—Le llamo para preguntarle si es coronel ó portero; él seguramente debe saberlo.
Todos los pasantes se pusieron á reír. Cuando el anciano subía ya la escalera, Godeschal dijo:
—¿Y qué vamos á decirle ahora?
—Dejadlo de mi cuenta, respondió Boucard.
El pobre hombre entró tímidamente, bajando los ojos, sin duda para no revelar su hambre mirando con demasiada avidez los comestibles.
—Caballero, le dijo Boucard, ¿quiere usted tener la amabilidad de decirnos su nombre, a fin de que el principal sepa si…?
—Chabert.
—¿El coronel muerto en Eylau? preguntó Huré, el cual, como no hubiese dicho nada aún, deseaba añadir alguna nueva burla á todas las demás.
—El mismo, señor mío, respondió aquel desgraciado con pasmosa sencillez.
Y se retiró.\»

El hombre que dice ser Chabert (Gerard Depardieu) camina por las calles adoquinadas y recuerda su vida anterior, en su casa amueblada con todos los lujos y tembién recuerda a su por entonces bella mujer -su viuda- (Fanny Ardant) y ahora vuelta a casar con el conde Ferraud. (André Dussollier).  El conde era hijo de un antiguo consejero del parlamento de París, que había emigrado durante la época del Terror, y que, si había salvado la cabeza, había perdido toda su fortuna. Volvió á su patria bajo el consulado y permaneció constantemente fiel á los intereses de Luis XVIII, á cuyo servicio estaba su padre antes de la Revolución. El matrimonio, en el fondo no dejaba de ser una apariencia: la entonces viuda de Chabert necesitaba un apoyo y lo logró en el aristócrata. Este, aunque bastante bien posicionado gracias a la dote de la viuda, veía como su círculo de allegados le criticaba por estar con una mujer que no dejaba de ser un recuerdo (o un lastre) que llamaba demasiado a los tiempos del odiado Napoleón. 

  

Finalmente el procurador (Fabrice Luchini) recibe de madrugada en su despacho a Chabert. Éste le relata su increíble historia, y como pudo sobrevivir a la sangrienta batalla de Eylau, siendo recogido por una mujer y llevado al hospital de la villa de Heilsberg. Chabert quiere entablar una demanda contra su ex-mujer, recuperar sus bienes y su posición. Derville se despide, cogiendo su caso y dándole una pequeña asignación para sus gastos hasta que consiga ganar el pleito. Boucard (Daniel Prévost), el secretario del procurador, le comenta sus temores sobre la identidad del pretendido coronel. Derville le contesta finalmente: \»Incluso si pierdo mi dinero… No me arrepentiré. Habré visto al actor más hábil de nuestro tiempo.\» 

\»—Caballero, dijo el difunto, sin duda sabe usted que yo he mandado un regimiento de caballería en Eylau. Yo contribuí con mucho al éxito de la célebre carga que hizo Murat, carga que decidió la victoria. Desgraciadamente para mí, mi muerte es un hecho histórico, consignado en las Victorias y Conquistas, donde se hace un detallado relato del mismo. Nosotros dividimos en dos las tres líneas rusas que, como se hubiesen cerrado inmediatamente, nos obligaron á atravesarlas en sentido contrario. En el momento en que íbamos á unirnos al emperador, después de haber dispersado á los rusos, me encontré con un cuerpo de caballería enemiga y me precipité valerosamente sobre él. Dos oficiales rusos, dos verdaderos gigantes, me atacaron á la vez. Uno de ellos me aplicó un sablazo, que partió en dos un gorro de seda negra que tenía en la cabeza, abriéndome profundamente el cráneo. Yo caí del caballo. Murat vino en mi auxilio, con toda su gente, que eran mil quinientos hombres poco más ó menos. ¡Mi muerte fue anunciada al emperador, el cual, por prudencia (y porque me quería un poco), quiso saber si no había alguna probabilidad de salvar al hombre á quien debía aquel vigoroso ataque, y envió, para que me reconociesen y trasladasen á las ambulancias, á dos cirujanos, diciéndoles, sin duda con alguna indiferencia, porque tendría mucho que hacer: \»Vayan ustedes á ver si vive aún por casualidad mi pobre Chabert.\» Aquellos matarifes, que acababan de verme pisoteado por los caballos de dos regimientos, no se tomaron la molestia de tomarme el pulso, dijeron que yo estaba bien muerto, y mi acta de defunción fue, pues, probablemente extendida, siguiendo las reglas establecidas por la jurisprudencia militar.\»

Chabert se despide del procurador, y este le anima: \»Recuperará su riqueza, coronel\». El coronel vive muy humildemente en un cobertizo, con abundantes recuerdos del Emperador. Derville visita unos días después a Chabert en su casa, Junto con su amigo (ex-ordenanza del coronel) Boutet (Patrick Bordier), dan clases de esgrima en medio de una calle embarrada a un grupo de jóvenes. Chabert le dice: \»El combate con sable es una ciencia. Para el calvario, la ciencia de la supervivencia. La supervivencia es el deber de un soldado.\» Derville ha conseguido informes y declaraciones en Alemania sobre la estancia del coronel, pero intuye lo complicado de la demanda: \»Personas poderosas pueden influir en los tribunales\». Chabert le espeta: \»La Justicia es justicia, ¿no?. \»Sí, pero simplemente justicia\», le contesta el procurador. Derville es al mismo tiempo abogado de la condesa, y le visita en su palacio, para ver las posibilidades de un arreglo económico para Chabert.

En el patio embarrado, Chabert se sienta un momento y alzando la vista sin mirar a ninguna parte rememora los instantes previos a la carga de caballería, el despliegue de las tropas, la tensa espera, los guiones al viento, los sables desenvainados y preparados…  
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Filmando la carga de Eylau
Una imagen de la película (b)

Una de las escenas más reproducidas de la película es la reproducción de la famosa carga de caballería de Eylau, uno de los famosos momentos de las guerras napoleónicas, cuando Napoleón ordenó cargar contra las líneas rusas a Murat, con un considerable número de regimientos, totalizando del orden de unos 9.000 y pico jinetes (otros aportan cifras entre 10-12.000 e incluso más).

Sobre el realismo de las escenas, yo me quedaría  con el atronador sonido de los cascos de los jinetes, que en la realidad aún tendría que ser considerablemente más impactante. Cabría hacer, sin embargo, una serie de puntualizaciones. El éxito de una carga de caballería pesada de la época se basaba en el momento de llegada de toda esa masa crítica, rodilla con rodilla, luego era importante no perder la formación, o hacerlo lo mínimo posible. Por ello, y para intentar no agotar a los caballos antes de tiempo, muchas veces se realizaban las cargas prácticamente al trote, no al galope tendido como en la película, que parece seguir la moda de la llegada del 7º de caballería en las películas del Oeste de John Ford u otros similares. Comentario aparte las inclemencias del tiempo (En Eylau hubieron ventiscas de nieve en algunos momentos) o lo abrupto del terreno que aún supondrían más trabas para la caballería. Otro punto son los guiones de la caballería: en el caso de la película se muestra uno con fondo rojo y con las inscripciones \»República Francesa\» \»El 1er Cónsul al 1er regimiento de coraceros. Valor y Disciplina\». Napoleón fue proclamado emperador de los franceses por el Senado francés en mayo de 1804 y la coronación tuvo lugar el 2 de diciembre del mismo año. Eylau tuvo lugar el 7-8 de febrero de 1807, luego no tendría sentido llevar dicho guión. He leído en algún foro que como la Guardia Republicana francesa fue la que ejecutó la carga, por ello llevaba ese estandarte, pero no dejaría de ser un anacronismo. Por último, en las cargas de caballería de la época napoleónica no se desenvainavaban las espadas desde el inicio. Primero porque eran un indicativo para el enemigo de que se iba a cargar, y segundo porque podía haber maniobras posteriores que implicasen una variación en la trayectoria de la pretendida carga. Y normalmente las indicaciones se daban por parte de los cornetas, que iban juntos en paralelo a las formaciones. Existen en Youtube algunas filmaciones de la misma Guardia Republicana francesa, con unas formaciones más precisas, históricamente hablando.

No obstante la belleza y detalle de la filmación nos hacen olvidarnos por momentos de algunas de las consideraciones anteriores o de otras que pudieran surgir.
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El atronador sonido de miles de cascos de caballo retumban en el aire. Finalmente, los coraceros franceses colisionan con las tropas rusas y se desarrolla la lucha cruentamente. La imagen se apaga con la última visión de un soldado ruso acuchillando en plena matanza. Derville logra finalmente que la condesa y Chabert se reúnan en su despacho (separados por una habitación) para lograr un trato conciliador y pretendiendo una buena compensación económica para el coronel. Pero la condesa no está de acuerdo con la cantidad que le propone el procurador y comienza a protestar vivamente: Chabert se levanta repentinamente y empieza a reprocharle:
\»—¡Sí, pleitearemos! exclamó con voz sorda el coronel, que abrió la puerta y apareció de pronto ante su mujer, llevando una mano metida en el bolsillo del chaleco y la otra tendida hacia la audiencia.
—¡Es él! se dijo para sí la condesa.
—¡Demasiado caro! repuso el veterano. Le he dado á usted cerca de un millón y regatea usted mi dicha, mi felicidad. Pues bien, ahora exigiré su persona y su fortuna. Existe entre nosotros comunidad de bienes, puesto que el matrimonio no ha sido anulado.
—Pero este caballero no es el coronel Chabert, exclamó la condesa fingiendo la mayor sorpresa.
—¡Ah! dijo el anciano con tono profundamente irónico, ¿quiere usted pruebas? Yo la conocí á usted en el Palais Royal…
La condesa palideció, y al observar esto el veterano conmovióle el vivo sufrimiento que causaba á una mujer amada en otro tiempo con ardor, y se detuvo; pero fue objeto de una mirada tan impregnada de veneno, que de pronto prosiguió diciendo:
—Usted estaba en casa de…
—Por favor, caballero, dijo la condesa al procurador, permitidme que me retire. Yo no he venido aquí para oír estos horrores.
Y se levantó y salió. Derville se apresuró á seguirla, pero la condesa parecía volar y no logró alcanzarla. Cuando volvió á su despacho, el procurador encontró al coronel con un acceso de rabia, caminando á grandes pasos.
—En aquella época, cada uno tomaba la mujer donde le parecía; pero yo estuve desacertado en la elección é hice mal con fiarme de las apariencias, decía. Esa mujer no tiene corazón.
—Ahora yo estoy seguro de su identidad. Cuando usted apareció, la condesa hizo un movimiento cuyo móvil no deja lugar á duda. Pero ahora, usted ha perdido su causa, porque su mujer sabe que está usted desconocido.
—¡La mataré!
—Lo cual sería una locura, pues le cogerían á usted y le guillotinarían como a un miserable. Por otra parte, acaso erraría usted el golpe, lo cual sería imperdonable.\»

Tras la violenta discusión, Chabert sale de la oficina de Derville y baja las escaleras del edificio, lento y apesadumbrado. De repente, en un rellano, una mano femenina enguantada se aproxima lentamente y se deposita en su pecho. \»Señor, lo reconocí. Por favor entienda. ¿Cómo podría admitir mis errores… confesar delante de toda esa gente?\». La condesa invita a su ex-marido a que suba a su carruaje y se dirigen a su casa de campo en Groslay. Chabert es el invitado de la condesa durante unos días. Finalmente, encaran la cuestión y el tema económico vuelve a salir. Chabert acaba diciendo: \»Bien, veamos: ¿Qué necesito? Una casita en el campo. En la región de Boutin. Dará lecciones de esgrima. Conejos, gallinas… pesca, leña para invierno… un periódico y mi tabaco. Con 1.000 al mes viviré como un príncipe.\» La condesa replica: \»¿Quién puede vivir con 1.000 al mes?\». \»No siempre he tenido una centésima parte de eso\», le contesta.  

Chabert pasea por los jardines de la casa, y a lo lejos distingue a los dos hijos de la condesa. Esta al ver a Chabert con sus hijos sale corriendo a los jardines, desesperada. No le ha dicho a su marido que Chabert está en la casa, y teme que estos se lo digan a su padre y, por tanto, poder perderlos. Sensible a la situación de su ex-mujer, Chabert intenta acabar de una vez con la cuestión: \»Para mí, está resuelto. Lo pensé anoche. He tomado mi decisión. No te preocupes. Dame 12.000 francos al año… más coche y caballo, y eso es todo. No volverás a oír hablar de tu marido muerto.\». Pero la condesa no está segura: \»Pero… podrías cambiar de opinión… mañana, o dentro de una hora.\». \»Es así como me ves?\», le dice él. \»No. Confío en tu generosidad. Pero tu decisión te obliga a hacer un voto de silencio. Una mentira permanente. Estás mejor muerto.\», le replica. Chabert sentencia \»La muerte es más suave de lo que piensas.\». La condesa le convence para que un notario (que ella había hecho venir) redacte un acuerdo para que, aparte de otras cuestiones económicas, Chabert renuncie a utilizar su nombre \»por adquirirlo fraudulentamente\». Este exclama, entre pensativo y enfadado: \»¿Cómo te imaginaste que firmaría un papel así? Quería ver hasta dónde llegaría esta farsa. No pensé que pudieras caer tan bajo.\»
\»Disipada la cólera, el coronel no se sentía con fuerzas para volver á repetir el salto que había dado. La verdad se le había aparecido en toda su desnudez. Las palabras de la condesa y la respuesta de Delbecq le habían descubierto el complot de que iba á ser víctima. Los cuidados que le habían sido prodigados eran un cebo para cogerle en el lazo. Aquellas palabras fueron una especie de gota de algún veneno sutil, que determinó en el anciano la vuelta de sus dolores físicos y morales. Chabert se encaminó hacia el kiosco por la puerta del parque, caminando lentamente como hombre anonadado. Para él no había, pues, ni paz ni tregua. Desde aquel momento era preciso comenzar con aquella mujer la guerra odiosa de que le había hablado Derville, era necesario entrar en una vida de procesos, alimentarse de hiel y beber cada mañana un cáliz de amargura. Además, ¡pensamiento horrible! ¿dónde encontrar el dinero necesario para pagar las costas de las primeras instancias? El pobre militar sintió tan gran horror á la vida, que si hubiera tenido en aquel momento una pistola, se hubiera levantado la tapa de los sesos. Después se apoderó de él la incertidumbre de ideas que, desde su conversación con Derville en casa del vaquero, habían cambiado su moral. Por fin, llegado ante el kiosco, subió á la habitación que ocupaba su mujer, á la cual encontró sentada en una silla. La condesa examinaba el paisaje y afectaba una actitud llena de calma, ostentando esa impenetrable fisonomía que saben tomar las mujeres determinadas á todo; se enjugó los ojos como si hubiese derramado lágrimas, y con gesto distraído se puso á jugar con la cinta color de rosa de su cintura. Sin embargo, á pesar de su aparente seguridad, no pudo menos de estremecerse al ver en su presencia á su venerable bienhechor, de pie, con los brazos cruzados, el rostro lívido y la frente severa.

—Señora, dijo después de haberla mirado fijamente durante un momento y después de haberla hecho enrojecer, no la maldigo a usted, la desprecio. Ahora, doy gracias á la casualidad que nos ha desunido. Yo no la amo y ni siquiera siento deseos de venganza. No quiero nada suyo. Viva usted tranquila confiada en mi palabra, que vale más que los garrapatos de todos los notarios de París. No reclamaré nunca el nombre que, sin duda, le ha honrado. En lo sucesivo yo no soy más que un pobre diablo llamado Jacinto, que sólo exigirá su vida. Adiós.\»

Chabert le escribe una carta a Derville, informándole que a partir de ese momento permanecerá en el anonimato y despidiéndose: \»… Pero, ¿qué más pueden hacer los desafortunados? Aman, y eso es todo. Los hombres buenos como usted anteponen los buenos pensamientos a la ropa fina. No temo el desprecio de nadie. Adiós y gracias\». Derville va a visitar a los condes y da a conocer al conde, junto a la condesa, que Chabert está vivo. Éste, entre sorprendido y extrañado declara que es imposible. Su mujer le dice \»Ahora es el momento de decidir, Armand. Si me arrastras a la corte… tendrán que declararlo vivo.  Se le retiran sus reclamos… pero esto te libera de las cadenas del matrimonio. ¿No es así? Es cierto que nadie en Francia puede tener dos esposas…\». \»O dos maridos.\», sentencia Derville, que se despide de los condes. Pasa el tiempo y Chabert, ahora residente de un hospicio, se halla sentado en el patio. Derville le ha traido queso y vino y un buen trozo de pan; \»¡Buenos días, coronel Chabert! le dice Derville.\» \»¡Nada de Chabert, nada de Chabert! yo me llamo Jacinto, respondió. Yo ya no soy hombre, soy el número 164, séptima sala\», mirando a Derville con una tímida ansiedad, mezcla de anciano y de niño. \»Pero puedo describir la Muerte. La muerte es roja, luego azul. Y luego hace frío. Sobre todo, es silenciosa. La muerte es el silencio de la muerte.\»


\» —¡Qué destino! exclamó Derville. Salido del hospicio de niños, vuelve a morir al hospicio de ancianos, después de haber ayudado en el intervalo á Napoleón a conquistar Egipto y Europa. ¿Sabe usted, querido mío, repuso Derville después de una pausa, que existen en nuestra sociedad tres seres, el sacerdote, el médico y el hombre de justicia que no pueden estimar el mundo? Usan hábitos negros, sin duda porque llevan luto por todas las virtudes y por todas las ilusiones. Pero el más desgraciado de los tres es el procurador. Cuando el hombre va a buscar al sacerdote, lo hace impulsado por el arrepentimiento, por los remordimientos por creencias que le hacen interesante, que le engrandecen y que consuelan el alma del mediador, cuya labor no deja de ser agradable, pues tiende a purificar, a reparar y a reconciliar. Pero nosotros los procuradores vemos siempre repetirse los mismos malos sentimientos, sin que nada los corrija, y nuestros estudios son sumideros que no es posible sanear. ¡Cuántas cosas no he aprendido yo ejerciendo mi profesión! Yo he visto morir a un padre en un granero sin medio alguno de subsistencia, abandonado por dos hijos a los que había dado cuarenta mil francos de renta. Yo he visto quemar testamentos; yo he visto madres despojando de lo suyo á sus hijos, maridos robando á sus mujeres y mujeres matando á sus maridos, sirviéndose del amor que les inspiraban para volverles locos ó imbéciles, a fin de vivir en paz con un amante. He visto madres que daban todos los gustos al hijo habido en el primer matrimonio, para acarrearle la muerte y poder enriquecer al hijo del amor. No puedo decirle á usted todo lo que he visto, pues he presenciado crímenes contra los cuales es impotente la justicia. Todos los horrores que los novelistas creen inventar están siempre muy por debajo de la verdad. Usted va a tener ahora el disgusto de conocer todas esas cosas allí, dijo señalando á París; yo me voy á vivir al campo con mi mujer: París me causa horror.\»

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Fuentes:

1) – \»Le Colonel Chabert\» (1994) – Films Par Film, Canal+, DD Productions, Orly Films, Panavision, Sédif Productions, TF1 Films Production
2) – https://h-france.net/fffh/classics/chabert-vs-chabert/

3) – https://cutleblog.wordpress.com/2012/03/26/cinephage-le-colonel-chabert-ep-1525/
4) – \»El coronel Chabert\» – Honoré de Balzac, editado por Edu Rosby, octubre 2016
Imágenes:

a) – https://img.discogs.com/v1vLPx-WmlX8hRhttnH5FnOq4fE=/fit-in/600×586/filters:strip_icc():format(jpeg):mode_rgb():quality(90)/discogs-images/R-10727155-1523302820-6198.jpeg.jpg

b) – https://i.pinimg.com/originals/ba/b8/85/bab88565f6704ce6faaf26a6161bda1d.jpg
c) – \»Le Colonel Chabert\» (1994) – Films Par Film, Canal+, DD Productions, Orly Films, Panavision, Sédif Productions, TF1 Films Production

Los uniformes de la colección de Frankfurt, por D.S.V. Fosten

En el número de marzo de 1988 de la revista Military Illustrated, Past & Present, apareció un artículo rubricado por D.S.V. Fosten, con ilustraciones en color de Bryan Fosten, y que hacía referencia a la \»Colección de Franckfurt\» que describía los uniformes de varios soldados de la Confederación del Rin que lucharon como aliados de las tropas francesas en diferentes conflictos de las guerras napoleónicas, y en nuestro caso más concretamente en la Guerra de Independencia.
El origen de dichas ilustraciones salió a la luz por una rocambolesca historia en la que se vio involucrado el artista militar Ludwig Scharf, en plena Segunda Guerra Mundial con un oficial del ejército alemán. Nuestra entrada de hoy trata sobre dicha historia y también de algunas muestras de ilustraciones de soldados de algunos de los territorios de la Confederación del Rin que participaron en nuestra contienda, así como una ilustración en color de Bryan Fosten, a partir de los apuntes de Scharf.  

Agradecer por ultimo a Nuno González que nos haya permitido utilizar el material de su entrada en FB de fecha 7 de octubre de 2020.

Un zapador de Lippe, con un antiguo mapa de la Confederación del Rin.

LA COLECCIÓN DE FRANKFURT

Durante la Segunda Guerra Mundial el artista militar alemán Ludwig Scharf – un miembro numerario de sociedades históricas de investigación, y amigo de la familia Knötel, Paul Pietsch, Friedrich Schirmer y otros respetados historiadores militares- estaba casualmente en Frankfurt. Mientras tomaba un refrigerio en un café, entabló conversación con un oficial del ejército; y mencionó el largo interés durante su vida por los temas militares.
Su compañero de tertulia replicó que, casualmente, él también estaba interesado en los uniformes alemanes antiguos; y en aquel momento llevaba con él en su maletín una colección de antiguos dibujos coloreados que eran un tesoro familiar. Llevaba un cuaderno de bocetos conteniendo dibujos hechos por un antepasado durante las guerras napoleónicas, que había intentado llevar al Zeughaus1 de Berlín o alguna otra institución similar para su evaluación.
Scharf inmediatamente reconoció el interés único de aquellos bocetos. Eran principalmente de figuras uniformadas – claramente dibujadas en vivo, en campaña – representando los diversos pequeños contingentes de la Confederación del Rin sirviendo en España.
Era una oportunidad que Scharf no podía ignorar; y él pidió permiso para copiar los bocetos para su propia colección. El oficial de la Wehrmacht estuvo de acuerdo, pero lamentó que él estuviera de paso, con órdenes, y tenía que partir al día siguiente. Scharf permaneció durante gran parte de la noche haciendo copias cuidadosas de los uniformes, utilizando una estilográfica y añadiendo detalles coloreados con lápices de colores o en forma de notas al margen. Como no tenía papel de dibujo a mano más apropiado, utilizó el único material disponible, el reverso de sus propias facturas.
Scharf intentó dibujar gran número, pero no todas las figuras. Cuando finalmente se separaron, el oficial le dijo dónde estaba hospedado; y le prometió a Scharf que podría finalizar su trabajo al día siguiente antes de su partida. En las horas previas a la madrugada Scharf fue despertado por el ruido de las sirenas aéreas, y salió hacia el refugio en una violenta y prolongada incursión de la RAF. Cuando buscó el hotel de su conocido a la mañana siguiente, no encontró nada más que un montón de escombros. No había ni señal ni registro del oficial, ni habían sido vistos ni él ni su maletín.
Los últimos archivos y dibujos de Ludwig Scharf ahora forman parte de la colección del señor Roy Belmont Maitland; y ha sido con su amable permiso que podemos reproducir aquí algunas de las copias de Scharf y para reconstruir nuestras propias pinturas de otras.
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Contingentes de la Confederación del Rin

A principios de 1800, los estados alemanes de tamaño medio, Baviera, Baden y Württemberg ya habían crecido gracias a la compensación del Reichsdeputationshauptschluss2. Napoleón también los había elevado en su rango: Baviera y Württemberg ahora eran reinos y Baden un gran ducado. En la Tercera Guerra de Coalición en 1805, los tres estados alemanes se pusieron del lado de Napoleón. 

En esta guerra, Francia fue derrotada por Gran Bretaña en la batalla naval de Trafalgar, pero pudo a su vez derrotar a las fuerzas combinadas de Austria y Rusia en Austerlitz. El emperador de Austria, Francisco I, se vio obligado a aceptar los términos de Napoleón en la \»Paz de Presburgo\» (26 de diciembre de 1805). Austria tuvo que entregar varias áreas a Baviera, Baden y Württemberg, así como a las tierras italianas, que estaban también bajo dominio francés. Esto llevó a un levantamiento en el Tirol, que fue anexionado a Baviera. Los estados medianos del sur de Alemania eran ahora incluso más grandes que antes en territorio y población. 
En julio de 1806, 16 príncipes alemanes fundaron la Confederación del Rin. Así, llevaron a cabo un pacto con Napoleón y se comprometieron a estar a su lado en caso de guerra y a proporcionarle soldados. Al hacerlo, también renunciaron al Sacro Imperio Romano Germánico de la nación alemana. Ese fue el fin del imperio y el 6 de agosto de 1806, Francisco II renunció a la corona imperial. 
En los meses siguientes, la Confederación del Rin se hizo cada vez más grande. Se le unieron muchos otros pequeños estados alemanes. Nació el Reino de Westfalia. En 1808, la Confederación del Rin constaba de cuatro reinos, cinco grandes ducados, 13 ducados y 17 principados. 

Napoleón ahora podía recurrir a un inmenso número de soldados de los príncipes alemanes. La Confederación del Rin también le sirvió como un amortiguador entre Francia por un lado y Prusia y Austria por el otro. 



Schwarzburg Rudolstadt, Lippe-Detmold, Schauburg-Lippe y Saxe-Koburg-Gotha-Altenburg eran unos pequeños territorios englobados en la Confederación del Rin y que nos dan un ejemplo del uso (o abuso en algunos casos) de Napoleón de sus aliados como proveedores de tropas en diversos enclaves en el Imperio y para las guerras que se darían en los años venideros, como la funesta campaña de Rusia. Las tropas de estos pequeños ducados y principados entrarían en España entre 1808 y 1809 formando parte de los regimientos de la Confederación del Rin (o Rheinbund). [2]

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Izquierda:
Las compañías de Schwarzburg Rudolstadt formaban parte del 6º regimiento de la Confederación del Rin (Rheinbund) en España. Knötel presentaba el uniforme como: chacós con cuerdas blancas y penacho rojo. Casaca y pantalones de color verde oscuro; cuellos, puños y tiras en los pantalones de color rojo. Insignias de empleo de diferentes diseños, incluyendo charreteras de oficiales franceses. En campaña, pantalones grises en lugar de verdes con polainas cortas negras.
Scharf nº 110: Oficial de campaña en España, 1809-10 muestra: Cuerdas del sombrero con visera, chapa del chacó, carrilleras del mentón y pompón amarillos, probablemente oro y dorado; las \»raquetas\» caen hacia el hombro del lado derecho. Nótense las carteras de los puños de color verde liso, sin ribete. La única nota adicional apuntaba a que el verde era oscuro.
Derecha:
Scharf nº 114: Oficial de Schwarzburg Rudolstadt en España, 1809-10: Los extremos de las cuerdas del chacó en el lado derecho están enrollados. Claramente en traje de campaña, este oficial tiene el abrigo en banderola, una mochila y una cantimplora de estilo prusiano. El sable tiene una vaina de latón y está suspendido con correas negras. Las notas mencionan una casaca de color rojo claro, y la dragona de la espada plateada con una franja azul claro.
Izquierda superior: Scharf nº 47. La reconstrucción de Bryan Fosten muestra un Zapador de Lippe en España, 1809-1810. En 1808 los contingentes de Lippe-Detmold y Schaumburg-Lippe, ambos sirviendo en el 5º regimiento de la Confederación del Rin, llevaban casacas blancas con cuellos, puños y vueltas verdes; con solapas blancas, tirantes y puños, todos ribeteados en verde. Los botones eran de metal blanco. Hasta 1812, el tocado era un sombrero negro redondo de estilo corso levantado a la izquierda, con un lazo y un botón blancos, y una escarapela roja y amarilla (Schaumburg) o roja y blanca (Detmold). La figura de Frankfurt muestra las interesantes y adicionales distinciones de un Zimmermann o zapador. La piel de oso de estilo francés negro-marrón tiene un cordón trenzado rojo y borlas. Dado que la escarapela sin duda se habría desgastado a la izquierda, no hay indicación de cuál de los dos contingentes está representado. El gorro probablemente tenía un parche rojo en la parte superior con una granada bordada en blanco. La casaca tiene unas grandes charreteras de estilo francés y hachas cruzadas bordadas en el brazo izquierdo. Nótese la carabina, la espada pesada (el briquet, probablemente con el pomo con la cabeza de un gallo, a la moda francesa), el hacha y la bolsa de tabaco preferida, que parece tener una pipa de arcilla que sobresale de ella.
Izquierda inferior: Mochila con sartén, hacha y haces de leña; tetera de agua de campamento; funda de chacó en piel; adornos de palas de Koburg.

Derecha superior: Varios objetos mostrados en bocetos, a menudo no se identifica más allá de la nota \»Soldado alemán en España\»: Funda de bolsa numerada; variante de mochila; placa de cartuchera de  Koburg; cantimplora de acero; chacó de Schwarzburg Rudosltadt con placa y cuerdas, y con funda; dragona en empuñadura de sable.

Derecha inferior: Scharf nº10. Fusilero de Koburg en España, 1809: El contingente de Saxe-Koburg formaba parte del 4º regimiento de la Confederación del Rin. La casaca con bandolera cruzada de color verde oscuro tenía cuello y puños de color amarillo brillante, y carteras de los puños verdes con tres botones y presillas de encaje blanco. Los botones eran de metal blanco y las vueltas de color rojo. No está claro si el galón de servicio en el brazo izquierdo apunta hacia arriba o hacia abajo. Para las ocasiones ceremoniales se usaban pantalones de estilo húngaro de color azul pálido con adornos con trenzas amarillas, pero para desvestirse, calzones blancos, ambos con galones negros cortos. La figura de Frankfurt muestra la casaca como se describe, pero desordenada; está forrada de color verde oscuro. El chaleco desabotonado es de color blanco, los botones de metal blanco. La funda del chacó y la bolsa de tabaco atada al sable se describen como marrón grisáceo, y el abrigo enrollado, marrón. Tenga en cuenta la calabaza llevada en una correa roja. Las vainas de sable y bayoneta son negras con chapas de latón. Téngase en cuenta la bayoneta doblada y la vaina a juego. El mosquete montado en acero tiene una eslinga de color marrón rojizo. La cartuchera está cubierta con tela o lona blanca, pintada con la identificación de la compañía \»2 Cp\».

Izquierda:

Scharf nº 111: Soldado de Schwarzburg Rudolstadt en España, 1809. El chacó tiene soportes de metal amarillo, pero cuerdas blancas como las da Knötel. La casaca verde se ha copiado cuidadosamente por segunda vez, enfatizando el borde de las palas de los puños y la extraña forma de la charretera. Se sujeta un hacha debajo del abrigo doblado. Las notas confirman que el abrigo es de color verde grisáceo oscuro, el equipo blanco, la guarnición del mosquete de acero y la bandolera blanca. Téngase en cuenta el la dragona dee sable verde oscuro, el pompón rojo y el plumero verde.
Derecha:
Scharf nº 112: Sargento (?) de Schwarzburg Rudosltadt en España, 1809. Aquí se confirma la forma de la placa del tocado, pero el pompón y la pluma son de color rojo. Ver forma de chaqueta con el nº 111: en este caso la pechera solo tiene abertura en el lado derecho. No hay una indicación clara de los ribetes de las carteras de los puños, ni del diseño preciso del galón de distinción de rango de color rojo. Sin embargo, la borla azul brillante de la \»raqueta\» y la borla de la dragona de la espada de color blanco indican un empleo especial. El correaje negro soporta tanto un sable tipo briquet como una bayoneta.
Arriba:
Scharf nº 115: Soldado de Scwarzburg Rudolstadt en España. Identificado en las notas, y por el numeral negro de la funda beige del chacó, como hombre del 6º regimiento del Rheinbund se viste de manera muy similar al suboficial, nº 113. Las notas señalan que los pantalones son de color marrón oscuro, y el calzado es inusual, ya que en la mayoría de los casos se usaban sandalias españolas. Lleva una polaina de tono pálido solo en el pie izquierdo.
Arriba: Scharf nº 113: Oficial no comisionado (NCO) del Schwarzburg Rudosltadt en España, 1809. Puede ser un sargento o un cabo. Las notas se refieren al rollo de la mochila, la funda del chacó y los pantalones son todos de un uniforme marrón beige pálido; y al frente liso de la casaca. El equipo y las correas de la mochila son de color negro, al igual que las polainas; los tirantes de color verde liso; y el calzado marrón claro.

Arriba:

Scharf nº 122: Tambor de Saxe-Altenburg en España, 1809. Las notas muestran que en el último cuaderno de bocetos había un segundo dibujo de un tambor con una decoración del aro del tambor más elaborada y alternativa, como se muestra en los detalles de la derecha. Este es un uniforme extrañamente pasado de moda, y curiosamente está decorado con ambas charreteras con flecos de estilo francés y puente rojo con franjas blancas.

Superior izquierda: 
Knötel describió el uniforme de la infantería de Saxe-Gotha-Altenburg con un sombrero tricornio con bordes blancos y adorno de pompón, y escarapela negra con borde amarillo. Casaca azul con cuello, puños y solapas rojos; calzones de color blanco y polainas negras. En 1809 los calzones de color blanco fueron sustituidos por pantalones azules con tiras rojas. Los granaderos y la infantería ligera tenían penachos rojos y amarillos respectivamente. Los bocetos de Scharf muestran a las tropas de Saxe-Gotha y Saxe-Altenburg por separado. Todos sirvieron en el 4º regimiento de Rheinbund.
Scharf nº 119: Granadero de Saxe-Gotha en España, 1810-11. La casaca es de color azul real con cuello, solapas, dobladillos y puños de color rojo, y carteras en los puños de color azul real. Los pantalones azules son holgados y están manchados hasta las rodillas. Téngase en cuenta la pluma roja unida a la vaina del sable y la funda rallada del rollo de la mochila.
Superior derecha: 
Scharf nº 132. Soldado de Saxe-Altenburg en España, 1808 (?). A consultar la fecha. La escarapela es negra, con bordes amarillos; el pompón y el plumero rojo; las cuerdas del chacó son blancas; y la placa, al parecer, las armas ducales en latón. El abrigo está en el nº 119 pero el diseño y el color de las correas están definidos con mayor precisión. Los pantalones azules tienen franjas rojas claras. Las notas también mencionan el rollo de abrigo azul grisáceo, el chaleco blanco y la eslinga del mosquete de color marrón rojizo.
Superior izquierda:
Scharf nº 134. Soldado de Saxe-Altenburg en España, 1809. Scharf señala que aparentemente fue el primer uniforme usado en España. La casaca se describe como gris, el equipamiento de cuero blanco, el borde del sombrero blanco, la escarapela negra con borde amarillo, el abrigo y pantalón azul oscuro, los botones de metal amarillo, el abrigo blanco y las polainas negras. El mosquete tiene monturas negras y una eslinga de color marrón rojizo; la mochila es aparentemente del modelo francés, de piel de becerro marrón.
Superior derecha:
Scharf nº 135. Soldado de Saxe-Altenburg en España, 1811. El uniforme es la casaca, cerrada hasta la cintura y con palas más cortas; tenía carteras rojas en los puños. Se observa que el equipo es de cuero marrón, el abrigo enrollado es de color azul oscuro.
Arriba:
Scharf nº 136. Granadero de Saxe-Altenburg en España, 1809-1810. Aparentemente vistiendo el uniforme con carteras rojas en los puños y charreteras con flecos rojos; la dragona del sable también es roja. Lleva colgando de la mochila una sartén de acero para cocinar.

– – – – – – o – – – – – –

1Uno de los más antiguos edificios de la famosa avenida Unter den Linden, de Berlín, por aquel entonces museo militar.
2Es una ley que se aprobó en el Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana en 1803. La \»Conclusión principal de la diputación del Reich\» (Reichsdeputationshauptschluss) significa algo así como el informe final. Una delegación del Reich era un grupo de personas miembros del Reichstag que se reunían para tareas específicas y ese grupo había dado consejos y directivas sobre cómo tratar con los territorios de la orilla izquierda del Rin y su informe final fue el Reichsdeputationshauptschluss, que de alguna manera marcó el comienzo del fin del Sacro Imperio. [2]
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Fuentes:
1) – Military Illustrated, Past & Present, March 1988

2) – https://www.kinderzeitmaschine.de/neuzeit/franzoesische-revolution/lucys-wissensbox/in-deutschen-landen/was-war-der-rheinbund/

Imágenes:
1) – Military Illustrated, Past & Present, March 1988
2) – https://es.wikipedia.org/wiki/Principado_de_Lippe#/media/Archivo:German_Empire_-_Lippe_(1871).svg
3) – https://www.alamy.com/stock-photo-cartography-maps-map-of-central-europe-at-the-beginning-of-the-war-36909306.html

Napoleón en España. Programa La clave nº 255 – 14/01/1983 (y II)

Seguimos con la narración del programa La Clave que trataba sobre el tema de \»Napoleón en España\’\’, y que fue emitido en diferido en TVE el 14 de enero de 1983. Repasamos también la lista de los invitados que participaron en el debate, con Claude Martin (profesor e historiador), Gonzalo Fernández de la Mora (historiador y diplomático), Carmen Llorca (profesora de historia), Rubert de Ventós (filósofo), Héctor Vázquez Azpiri (escritor) y Alejandro Nieto García (presidente del CSIC y catedrático de derecho administrativo) y con la conducción habitual del programa por parte de José Luis Balbín.
Tal como ya comentamos en la primera parte, a pesar de los esfuerzos de Balbín, el curso del programa no incidió de una manera profunda en la presencia de Napoleón en España, aunque se trató su influencia en el sistema político y administrativo español, en una deriva hacia situaciones más actuales en el tiempo. Destacar una vez más las intervenciones de Claude Martin (autor de una biografía sobre José I) cuanto menos más centradas en el tema del programa y que, al parecer, el proyectado programa sobre Napoleón en Europa que comentaba el moderador se quedase en proyecto. 
 

NAPOLEON EN ESPAÑA (Cont.)

Xavier Rubert de Ventós.

Rubert de Ventós: \»Pero es que los historiadores franceses han insistido hoy día, sobre todo, que si se mira el catastro, esta historia un poco catastral y este de archivos, resulta que con la revolución y con Napoleón las líneas de transformación siguen igual, es que no se produce ningún cambio sismográfico significativo, sino que es un poco la continuación y Tocqueville, que precisamente en su experiencia en América insiste que en definitiva lo que han hecho ha sido reforzar el jacobinismo, no ha sido más que reforzar la tendencia del Antiguo Régimen al centralismo.\»

Carmen Llorca: \»Exactamente, es decir, esta es la misma idea que tiene la Revolución Francesa cuando empieza lo que quiere reformar del Antiguo Régimen es el hacer la división de poderes. Lo divide en la Constitución del 91 es en la que se establece la división de los poderes. Después, la Convención le da miedo el Ejecutivo y, en definitiva, lo que hay es un poder legislativo que asume todos los poderes, incluido el Ejecutivo. Después tienen menos miedo y se dan cuenta que es imposible; llegan al Directorio, cinco señores que dirigen el país, después el Consulado, tres señores en vez de cinco, tres, para llegar al imperio en que Napoleón Bonaparte tenía muchísimo más poder ejecutivo del que pudo tener Luis XVI, de manera que esa evolución en torno al Poder Ejecutivo que tiene la revolución francesa, ¿Cómo se cierra? Como la cierra Napoleón Bonaparte, asumiendo la totalidad de los poderes, bien es verdad que da muchísimas constituciones, sí, todo eso es cierto, pero el poder suyo es impresionante y ha marcado toda la historia contemporánea de Europa, de Europa, por lo menos.\»
Gonzalo Fernández de la Mora:  \»Yo lo que voy a decir ahora no lo digo con satisfacción porque me siento muy español y muy nacionalista en ese sentido y tradicional. Pero lo digo porque me parece que es la realidad y es un hecho. Yo creo que es casi imposible, y aquí hay un experto en Derecho Administrativo y en instituciones… Es casi imposible abrir una zanja en casi ningún punto de la organización del Estado español del siglo XIX sin que inmediatamente nos encontremos la huella directa o indirecta de la operación napoleónica. Yo quiero, por ejemplo, poner tres o cuatro hechos: el constitucionalismo, nuestro constitucionalismo viene de Bayona como tú decías hace un momento; los pronunciamientos, como decía hace un segundo, vienen de Napoleón, pero vayamos a temas concretos: la desamortización, esto es un eco de una operación que también era una operación francesa; el concordatismo, todas las relaciones con la Santa Sede están planteadas, los primeros concordatos es el tema napoleónico; la reforma fiscal, por ejemplo de Mon. La reforma fiscal de Mon es, en gran parte, la traducción de los decretos de la Convención, y luego, después de la reforma fiscal hecha por Napoleón; la reforma provincial de Javier de Burgos, es el eco de todo el problema de las prefecturas y la reorganización departamental que hizo Napoleón y que cambió; la universidad, la universidad napoleónica que hemos tenido frente a la antigua autónoma y tradicional durante el siglo XIX, es decir yo pregunto: las instituciones, la administración, la profesionalización de la administración, la política, la política presupuestaria, el ejército, cuerpo de ejército es una invención de Napoleón: divisiones, brigadas, regimientos, compañías es una invención napoleónica. Yo me pregunto, ¿en qué punto que nosotros abramos una zanja en el siglo XIX español y en gran parte de Europa, nos encontramos con decir: mire usted, Don Napoleón Bonaparte. Esto es lo que a mí me parece que es verdaderamente trascendental, en parte trágico, que nos costará muchísimo reconocerlo; se coge uno de los manuales de historia de Hacienda, la gran reforma, de Alejandro Mon, perfecto, fue un hombre colosal porque tuvo el impulso político de hacer eso, deme usted los decretos del año 89 y los decretos del año IX y del año X franceses; la unificación de los consumos, etc, etc. En casi cualquier punto, en donde uno… el sufragio censitario, claro de las cartas…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Pero eso no puede ser nada más que influencia francesa, no, no, precisamente napoleónica sea indirectamente napoleónica, pero, es decir, no fue influencia de la estancia de Napoleón aquí, vamos…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»No, de la estancia de Napoleón no, influyó algo, la irradiación administrativa, bueno, el Instituto de Francia, en fin, las academias, aunque las nuestras muchas son del siglo XVIII, pero el eco es verdaderamente enorme, claro, el principio de las nacionalidades aplicado a Hispanoamérica, ¿de dónde ha venido todo esto? Me hubiera gustado que hubiera sido a la inversa, es decir, que hubiéramos podido haber hecho en Europa lo que Napoleón hizo con nosotros, como lo hicimos en América. Pero el siglo XIX, está nuestro siglo XIX es un eco de la política napoleónica en la gestión del Estado en cualquier institución. Yo preguntaría ahora: la administración, el Consejo de Estado, por ejemplo, incluso los reglamentos de nuestros parlamentos, es tremendo. No digamos del Código Civil y la Ley de enjuiciamiento civil, la Ley de enjuiciamiento criminal todo esto, si ponemos a dos columnas la legislación francesa. napoleónica y posnapoleónica, y la nuestra, si esto lo quitamos, no podemos explicar nada. Es decir, él líquidó de una manera total las instituciones del Estado tradicional o casi total y la sustituyó por las instituciones que él había puesto en Francia, de las cuales muchas, yo creo que eran superiores en nivel de racionalización. Ahora, también creo que fue un trauma inmenso en la historia de España ese barrido enorme que, verdaderamente, pues, se produjo en ese periodo. Pero yo creo que la grandeza de Napoleón, claro, los franceses la miden por el cuento de la cola y todas estas cosas. Pero esa penetración profunda en las instituciones esa la que a mí me parece de verdad, por no hablar de la literatura y filosofía, etcétera, que también fue enorme, el influjo de este hombre. Que, por cierto, era un gran admirador de los sainetes de don Ramón de la Cruz, era uno de sus libros de lectura favorita en castellano.\»

Alejandro Nieto García

Alejandro Nieto García: \»Puesto que se me ha aludido. Cualquiera podría aquí responder con la misma fuerza que yo, en líneas generales creo que esto es correcto, pero con dos matizaciones bastante importantes: una que ha quedado ya puesta aquí de relieve, que no es tanto Napoleón como Francia. Y otra que cada vez estamos más convencidos de los antecedentes de la obra napoleónica, es decir, que no hay que partir de Napoleón y luego de lo que la obra napoleónica fue modificada en Francia y de allí 30 o 50 años después llegó a España, sino que Napoleón es a su vez heredero y continuador, también se ha hablado aquí de ello, de algo anterior. Yo lo que creo es que Napoleón, esta es su grandeza fue el gran vendedor de las ideas revolucionarias más o menos deterioradas o sea sin Napoleón no hubiéramos comprado tan gustosamente las ideas francesas porque realmente éste lo vendió muy bien con cañones o sin cañones, la gente estaba pensando en Napoleón o hablaba de Napoleón cuando realmente estaba mirando a Francia. Esa fue una interpretación más o menos heterodoxa que haga la gran obra de Napoleón: vender la revolución francesa… deteriorada.\»

Gonzalo Fernández de la Mora: \»Moderada.\»
Rubert de Ventós: \»Idealizada.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Racionalizada.\»
José Luis Balbín: \»¿Todavía no han citado ustedes casi un poco de pasada a su hermano José? ¿Realmente tuvo algún papel real, importante, su hermano como Rey de España?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Hay una cosa bonita, que es como se quejó de la matanza del 2 de mayo. Que casi no se habló de eso. Y bueno, y luego claro, la imagen distorsionada…\»
José Luis Balbín: \»Qué dicen ustedes de las dos cosas. ¿Era un mediocre o no era un mediocre? ¿Quién era José? ¿Era realmente mejor de lo que el pueblo creía? ¿Tenía alguna posibilidad de ejercer una influencia real o realmente no era más que un simple emisario aquí que bebía directamente de los mariscales del imperio?\»
Alejandro Nieto García: \»¿Bebía vino?\»
José Luis Balbín:  \»¿Bebía vino, era Pepe Botella?\»
Claude Martin: \»No, no era borracho. Quizás tenía más tentaciones hacia las bonitas españolas y tuvo favoritas. Pero creo que era un hombre mediano, bastante inteligente, con buena voluntad, que quizás hubiera reinado de una manera razonable en un país tranquilo. La dificultad de este llegó aquí, en un país en completa insurrección. Él no venía contento. Porque en Nápoles, donde si le había puesto, estaba bien. Tenía una duquesa como amante, le dio un hijo que murió después, su mujer estaba en París y recibía las aclamaciones de los napolitanos. Era bastante satisfecho, no olvidar que hablaba italiano, que era corso, de origen italiano.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»¿Qué hizo en España? ¿Cuál fue su saldo positivo?\»
José Luis Balbín: \»Estábamos con José Bonaparte y el profesor Martín decía que era un mediano hombre.\»
Claude Martin: \»Si era un hombre corriente que hubiera hecho un buen presidente del consejo general de Córcega…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Un buen alcalde de Ribadeo…\»
José Luis Balbín: \»¿Pero lo de la botella, de dónde le vino? ¿O sea, si no era alcohólico, eso fue…?\»
Claude Martin: \»Cuando llegó suprimió tasas sobre los naipes y el vino. De esto vino de la leyenda del Pepe Botella…\»
José Luis Balbín: ¿Y tuvo alguna posibilidad de tener realmente poder para gobernar?
Claude Martin: \»Bon, al principio llega al país en insurrección. Escribe a su hermano que su gloria perecerá allí. Después Napoleón le contesta: “Sea alegre. Tengo tropas, tengo dinero”. Las tropas que habían invadido España eran bastante mediocres lo que explica los reveses del principio.\»
Rubert de Ventós: \»¿Eran mercenarios?\»
Claude Martin: \»No. Eran tropas de los depósitos, alguna sí tenía valor, pero lo que se llamaba la Grande Armée estaba en Alemania todavía.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Me gustaría preguntarle si porque a juicio suyo, cuando, cuando se marcha ya y llega a Miranda de Ebro es cuando empieza a sentirse seguro. ¿Por qué? ¿por qué precisamente allí?\»
Claude Martin: \»¿Quién, José? Beau, José, era bastante inquieto sobre la situación política y varias veces escribió describiéndole bastante exactamente…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Yo se lo pregunto porque precisamente. Si, por ejemplo, el País Vasco tuviera esa independencia o una cosa así, no parece ser que la frontera estaría allí en Miranda de Ebro, cosa que sería bastante incómoda para todos, ¿no? Digo yo…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Sí, en el pacto, lo que se suponía que era la entrega, de Fontainebleau. Ahora hizo algo bueno José I, que podamos decir hizo esto por lo menos, porque, por ejemplo, Fernando VII que yo creo que aparte de abierto, una calamidad. Hombre, le dejó a su mujer hacer el Museo del Prado. ¿Este hombre hizo algo?,\»
Claude Martin: \»Creo que vio bastante justo la situación. Después llegó a Madrid, fue para aprender de Bailén y marcharse otra vez con una rapidez que hizo decir a Napoleón que su Ejército parecía dirigido por directores de correo. ¿Y después? Napoleón vino en persona después de la entrevista de Erfurt con Alejandro y con el Gran Ejército es la conquista de Madrid. Después toma los decretos suprimiendo los derechos feudales, la inquisición, todo esto sin consultar a José. Y José le envía su abdicación.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Esto fue positivo, los decretos.\»

Claude Martin

Claude Martin: \»Y Napoleón rehusó. Se marchó de nuevo en Francia. José, hasta 1810 tiene poderes medianos. En 1810 Napoleón dice la guerra me cuesta demasiado, se debe vivir sobre España, entonces divide más o menos España en comandancias militares y José se queda en Madrid, con una división alemana y sin ningún poder. Hasta 1812 no tendrá. Pasaba su tiempo a gritar, a decir que no puede, pero en una intervención interesante. En 1810 ya Napoleón había cambiado de idea. Quería anexionar el norte de España y José le dijo, si tocas a un pueblo español, me voy inmediatamente. De manera que defendió más o menos la unidad española. Y después se marchó, después, cuando en 1812 Napoleón le devuelve los poderes. Los mariscales que se consideraban cada uno como un rey en su circunscripción no querían obedecerle. Por ejemplo, cuando Wellington, invadió España, antes de Los Arapiles, José llama a Soult que estaba en Andalucía, y Soult a pesar de todo, no quiso moverse. Dejó a Marmont…\»

José Luis Balbín: ¿Las juntas funcionaban bien coordinadas o no, o eso era también?
Claude Martin: \»Yo creo que la cosa esencial en el fracaso de España es que quería ocupar un país grande con efectivos que variaron entre 300.000 o lo más 350.000. Imagine ahora con los ejércitos que tienen radio comunicaciones. Entonces los ejércitos tienen dificultades enormes en dominar las guerrillas. Y lo que era cuando la guerrilla era muy fuerte y que había que comunicarse entre Salamanca, Madrid, Sevilla, con hombres a caballo o a pie. Es así que cuando se aprendió la paz con Austria, después de Wagram, tuvieron que mandar un hombre disfrazado de civil, de paisano, para anunciar la cosa en Madrid.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»¿Del paso de José I queda alguna piedra, algún puente, hizo algo?\»
Claude Martin: \»Bon, queda en Madrid la Plaza de Oriente.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Las plazuelas, le llamaban \»el rey plazuelas\» por eso, porque quitó los conventos que estorbaban. Casi todas estas plazas pequeñas que hay en Madrid, son obra de él y las aceras. Él es el que puso las aceras en Madrid.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora yo en lo de la Plaza de Oriente haría alguna reserva. Y es que él creó el solar de la Plaza de Oriente…\»
Claude Martin: \»Sí, y no la construyó.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Pero la Plaza de Oriente, que también da una idea de lo que era en aquella época, pues si la demolió José, pues no sé qué año, me parece que el que empezó a construirla fue Mendizábal en el año 30 y tantos o sea que estuvo 25 años convertido en un solar.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y en cuanto al número este de soldados, había que ver también lo que tenía enfrente, porque vamos, que yo recuerde en Madrid había unos soldados que llamaban currones, que eran casi todos tullidos y viejos, en realidad de ejército regular, casi no había nada. Y los generales, pues basta ver El Empecinado son gente improvisada, soberbio el Empecinado en realidad, o sea, es un tío que tiene realmente una concepción de la estrategia. O sea, porque no es ya una guerrilla contra otro. No, el tío traza sobre el mapa y hace cosas que te dejan…\»
Rubert de Ventós: \»¿Pero hay zonas liberadas, quedan zonas liberadas?\»
Claude Martin: \»Hubo Galicia que fue invadida y después liberada. Había la región de Murcia, Cartagena. Cartagena nunca fue ocupada. En esta región de Murcia hubo dos incursiones, pero inmediatamente las tropas se retiraban.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Yo seguí la ruta de las Juntas de Asturias al principio, ¿no? por los montes, es algo espeluznante. Vete tú hoy por las lagunas de Saliencia, es decir, no hay, todavía hoy ni carreteras, ni luz eléctrica ni nada vamos, por los Picos de Europa. Seguí todas… Es algo tremendo como iban escapando. O sea que desde ahí no podía ni mandar nada ni hacer nada. Están continuamente en fuga, vamos a ver, se reúnen aquí mañana en una aldea remota y así, cosa tremenda vamos…\»
José Luis Balbín: \»¿Bueno, y qué pasará después? ¿Qué pasa después?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»¿Con Napoleón o con nosotros?\»
José Luis Balbín: \»Con nosotros, lo de las secuelas que hablábamos al principio…\»
Rubert de Ventós: \»Quedamos un poco ilustrados…\»
Alejandro Nieto García: \»Que podría empezar con una y es que Napoleón nos enseñó aquí a pelearnos todos contra todos. Napoleón fue el gran maestro de todas las guerras civiles que después ha venido padeciendo España hasta hace muy poco. Esta me parece que es la primera lección hasta entonces, pues no es que los españoles vivieran cordialmente, pero guerras civiles pocas había…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Toda la Reconquista, las comunidades…\»
Alejandro Nieto García: \»Bien, ya lo teníamos un poco olvidado. La verdad es que el entrenamiento al deporte de matarnos los unos a los otros tuvo lugar durante la invasión napoleónica. Después ya fue continuar, ya lo habíamos aprendido.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo estoy de acuerdo, yo creo que nos deja los pronunciamientos y desde luego la cristalización de las dos Españas, esa desde luego es un legado, de los no buenos, yo digo la cristalización yo creo que se remonta al siglo XVIII, pero la cristalización sí…\»
Carmen Llorca: \»La guerra de Sucesión…\»
Alejandro Nieto García: \»El ejercicio violento de las dos Españas.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Es gracioso, esa observación tuya sobre la palabra pronunciamiento como las exportamos, ¿no? es que debe ser algo muy desagradable como pasa con la sífilis, que igual, ¿no? que cada uno se la echa al otro y lo llaman el morbo gálico, nosotros el mal napolitano, el mal español, no lo quiere nadie para sí. Y con el pronunciamiento pasa igual, cogieron como mal español.\»
Gonzalo Fernández de la Mora:  \»Lo inventó Napoleón.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y están internacionalizadas. En cambio, nosotros estamos diciendo golpe, continuamente.\»
José Luis Balbín: \»La persecución de los eso, de los afrancesados, ¿las 12.000 familias que se fueron a Bayona realmente la represión fue fuerte después?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»¿La de Fernando VII?\»
Claude Martin: \»En esto creo que Fernando VII fue menos cruel que los gobiernos franceses o europeos después del 45. Fernando VII que quizás había dado el ejemplo de adelante de Napoleón, lo que hacían notar los afrancesados, dijo: “Se han ido en Francia, que se queden allí”. Ahí, los que habían quedado, porque había unos, les mandó fuera de Madrid. Es todo. No hubo ni procesos de Laval ni de Pétain y todo esto. De manera que…\»
Alejandro Nieto García: \»Pero a los funcionarios me los depuró muy concienzudamente, claro que no es lo mismo perder el cargo, perder el sueldo, que perder la vida, pero…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Trasformaciones durante todo el siglo XIX hemos tenido, los entrantes y los salientes de la administración…\»
Alejandro Nieto García: \»Otra consecuencia… de la invasión napoleónica.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Pero la represión, ¿no fue sangrienta en general?\»
Claude Martin: \»No\».
José Luis Balbín: \»¿Y porque todo eso, o sea, también es un aprendizaje, pero porque, es decir, porque continuamente hay esos vaivenes a lo largo del siglo XIX porque así no se estabilizó ninguna de las dos partes?\»

Gonzalo Fernández de la Mora: \»Hasta que Cánovas no profesionaliza un poco la administración, si yo no me equivoco Pues claro, no había como en Grecia, que hay un muro que se llama el muro de las Lamentaciones y la Plaza de las Lamentaciones que se llama hoy así, que está enfrente de la antigua Presidencia del Gobierno griego, porque en cuanto que cambiaba el Gobierno toda la administración se quedaba en la calle e iban a lamentarse allí en aquella plaza. Es el turno de la administración…\»
Rubert de Ventós: \»También era una modernidad política que no corresponde a una modernidad del país. No hay las clases medias que hay en Francia, que son las que dan estabilidad a esto…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ni los cuerpos técnicos de Estado.\»
Rubert de Ventós: \»Estos cuerpos de funcionariado sobrepone un país que todavía no ha crecido\».
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Estas son las credenciales famosas que repartía el Gobierno.\»
Carmen Llorca: \»En realidad hasta comienzos del siglo XX no se estabiliza el funcionariado español dentro de la administración. El tema de las oposiciones en la época de Maura que es el que empieza verdaderamente a darles estabilidad para que los funcionarios no cambien con los cambios políticos. Y que antes tenían un libro, un libro cada partido político dentro de cada departamento existía un libro de los de los que pertenecían al partido político y desde el ministro hasta el portero cambiaba.\»
Alejandro Nieto García: \»Desde mi punto de vista, esto de las cesantías es un fenómeno ecológico, hay pocos puestos de trabajo, hay poco pan y hay mucha gente que quiere comer y una de las formas que toma todo el mundo es irle turnando. Y coyunturalmente…\»
José Luis Balbín: \»Una decantación natural del funcionario…\»
Alejandro Nieto García: \»Entonces se tienen que apuntar a los partidos políticos cómo se podrían haber apuntado otra cosa para institucionalizar el turno, y cada dos años comer uno.\»
Carmen Llorca: \»Bueno, es una forma de resolver el paro…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Al pinto, pinto, gorgorito, ¿no?…\»
José Luis Balbín: \»¿Y las relaciones entre España queda muy tensas a partir de entonces?\»
Carmen Llorca: \»Hasta cierto punto, porque después vienen los 100.000 hijos de San Luis, que son recibidos prácticamente en una forma muy cordial. O sea que el fenómeno es muy curioso cuando entran los ejércitos de Napoleón hay una explosión popular, y después cuando vienen los 100.000 hijos de San Luis, son recibidos poco más o menos como los salvadores de las instituciones del régimen. Esto es una situación digna de estudio, yo creo que sí, que…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo creo que no empeora la situación…\»
Carmen Llorca: \»Es importante, ¿verdad? Esa forma de reaccionar frente a las distintas invasiones, una que se considera que es una invasión, invasión peligrosa que va a alterar absolutamente las instituciones, aunque traiga cierta modernidad y, sin embargo, después con los 100.000 hijos San Luis, que se toma el acuerdo en el Congreso de Verona de mandar aquí una expedición francesa, en aquella Francia derrotada que estaba en cuarentena y sin embargo, pues para España se ha considerado que podía enviar esas tropas que mantengan el régimen de Fernando VII. Y son recibidos poco más o menos como aliados.
Alejandro Nieto García: \»Decidieron, iba a decir a su favor la ventaja de que estuviera un poco tiempo y, además, eran dos dinastías Borbónicas las que estaban en esos dos países. Eso tenía que facilitar mucho las relaciones, eran parientes.\»
Claude Martin: \»Lo divertido es que, en el Estado Mayor del Duque de Angulema, había mariscales que habían hecho la guerra con Napoleón. El caso de Moncey es curioso porque Moncey invadió España en el año 1795, con el ejército revolucionario. Volvió en 1808, con el ejército de Napoleón. Y volvió con los 100.000 hijos de San Luis, con el ejército monárquico.\»
Rubert de Ventós: \»Esto es ser profesional…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora es que también se hizo una operación con lo que tu señalabas con lo de los hijos de 100.000 hijos de San Luis. Y es que yo no creo que se deterioraran las relaciones hispanofrancesas después de Napoleón, sino que incluso creo que mejoraron. ¿Por qué? Porque se hizo una operación que se ha repetido muchísimas veces en la historia. El malo no era Francia, era Napoleón.\»
Carmen Llorca: \»Las restauraciones…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»El malo, era Napoleón al caer Napoleón, pues ya todos somos amigos, digamos, por ejemplo, lo que se ha hecho ahora con la amistad Centroeuropa o franco italiana. El malo era Mussolini, no el pueblo italiano, entonces se restauró el pacto de familia, lo que habíamos tenido antes, de modo que Napoleón creó, como decíamos antes, en el pueblo lo del gabacho, etc., pero al nivel del Estado, se reanudó la relación con Luis XVI, más o menos, un paréntesis, el malo de la película era Napoleón, desapareció.\»
Rubert de Ventós: \»Una restauración estrictamente política.\»
José Luis Balbín: \»Carmen acaba de decir se vuelve al Antiguo Régimen.\»
Carmen Llorca: \»En el sentido de política, en el sentido dinástico, nada, verdaderamente significa un retroceso porque es imposible. Nunca, nunca se vuelve atrás en la Historia, aunque sea un poco más adelante.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»No, no, que vamos, en política exterior puedes meter eso lo de los barcos rusos, ¿no? La compra aquella fue un desastre completo, vamos.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Bueno, la estafa vamos. Aquello fue horrible. Del reinado de Fernando VII yo creo que cuanto menos hablemos mejor.\»
Alejandro Nieto García: \»¿Pero por qué tenéis tanta manía a Fernando?\»
Carmen Llorca: \»Eso iba a decir…\»
José Luis Balbín: \»Qué interesante la frase, no hay que tener manía a Fernando VII es que es el personaje más polémico, yo creo, del XIX…\»
Alejandro Nieto García: \»Todavía no, quiero decir que yo estoy acostumbrado, todos estamos acostumbrados a ver rehabilitar los personajes más pintorescos y hasta hace poco más odiados y a mí se me da que dentro de poco, algún historiador profundo rehabilitará a Fernando VII…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ya lo ha habido, Izquierdo.\»
Alejandro Nieto García: \»Ya ves, con el tiempo se curará ese pequeño error histórico y alguien nos demostrará que Fernando VII fue, por ejemplo, el que impidió que la guerra civil estallara durante su reinado que hubo ya sus guerras civiles de alguna importancia. Pero Fernando VII entre lo que hoy llamaríamos la extrema derecha y la extrema izquierda y la izquierda, con terminología por supuesto absolutamente moderna. Él consiguió que aquello no estallará.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»El tapón de la botella que decíamos.\»
Alejandro Nieto García: \»El tapón de la botella y en cambio, su viuda, pues no pudo impedirlo. No es que, por supuesto haga yo una defensa de Fernando VII, pero alguna vez se ha de hacer.\»

Carmen Llorca

Carmen Llorca: \»No es muy defendible, pero, en fin, puede ser analizado un poco más fríamente y con más datos, tal vez, y su viuda era una mujer extranjera que verdaderamente aquí en España no estaba ya muy impuesta de la situación, en definitiva, a ella se le planteaba el tema de estas restauraciones que tienen lugar en toda Europa. Pero esta restauración es al estilo de las viejas monarquías legitimistas, o bien ese otro tipo de monarquía democrática parlamentaria que se piensa que puede estar mejor representado por otras ramas de una misma dinastía, como por ejemplo sucede en el caso de España, como sucede también en la misma Francia, como sucede en Portugal, es decir, todos aquellos aspirantes al trono y, de hecho, Isabel II de acuerdo con la legislación, tenía que haber estado marginada de la sucesión de Fernando VII. ¿Qué representaba para el liberalismo español? Precisamente esa, digamos, constitucionalidad a la que las viejas monarquías se resistían. Entonces, Fernando VII defiende los derechos de su hija. Y los defiende, no tanto porque piense que es la que va a realizar esa reforma de una monarquía parlamentaria, una monarquía constitucional, sino porque en definitiva es su hija y quiere que sea su heredera.\»

José Luis Balbín: \»¿Qué les parece si pasamos a las preguntas? que hoy como anunciábamos al principio ha preparado la Redacción, puesto que es uno de estos escasos programas de La Clave grabados.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo hay un único tema que me gustaría que lo introdujéramos hoy antes de retirarnos sobre Napoleón, pero que también nos da perspectiva histórica y es el siguiente: bueno, hoy hablar de Napoleón en Francia es un mito. Ahora, es un mito relativamente moderno en Francia. Porque desde la batalla de Waterloo hasta que los restos de Napoleón vuelven a Francia, la leyenda negra que los franceses montan sobre Napoleón es atroz durante 25 años. De manera que de este Napoleón lo que se escribe es atroz…\»
José Luis Balbín: \»¿Y hay alguien concretamente que sea el que comience la reivindicación del napoleonismo?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Stendhal yo creo que, en su día, Napoleón es el primer libro en el que se empieza a hacer, no presentarle como el malo de la historia de Francia.\»
Rubert de Ventós: \»Y Luis Felipe, políticamente es Luis Felipe…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Luis Felipe, claro, pero Luis XVIII, bueno, el rencor hacia Napoleón es terrible y Carlos X también. O sea que hay dos reinados en los cuales, a Napoleón, como diría el evangelista Nec Nominetur in vobis, que no se le puede mentar porque es la bicha política intelectual, moral, etc. de Francia. Y de pronto, pues un día los franceses, dicen mire usted, vamos a ver las cosas con un poco… y entonces se convierte en el Arco del Triunfo y se convierte en el mausoleo de los Inválidos de manera que los franceses lo tienen en un gueto durante un cuarto de siglo.\»
Carmen Llorca: \»Sí, pero después viene el segundo imperio y el segundo imperio francés viene precisamente por Napoleón, de la dinastía, por lo menos.\»
Claude Martin: \»Se habla de dos Españas, pero hay también dos Francias. Hay dos Francias que son separadas desde la Revolución francesa, también han hecho bastantes guerras civiles durante el siglo XIX. Entonces, al final del reinado de Napoleón, en 1814, hay una gran parte de la población que está contra él porque es el ogro corso, el hombre que pedía cada año su ración de jóvenes soldados. Hasta el punto de que cuando después de la abdicación, se fue a la isla de Elba, se vistió para cruzar Provenza de oficial austriaco. Tanto, tenía miedo, dice del pueblo. Luego había de otra parte los oficiales jóvenes, los viejos soldados, que seguían teniendo una admiración fanática para el emperador. Fueron ellos que hicieron la vuelta de la isla de Elba que se terminó en el desastre de Waterloo. Durante el reinado de los Borbones y, naturalmente, oficialmente, eran contra Napoleón, el usurpador. Había una parte de la población, sobre todo los militares, los burgueses medianos, que quedaban admiradores de Napoleón. Y fueron estos que hicieron los complots contra Luis XVIII, que hicieron la revolución de 1830. Y Luis Felipe representa una especie de vuelta de esta capa de los oficiales de Napoleón. Si se mira hubo entre su personal político, el general Sebastiani, el mariscal Soult, el antiguo virrey de Andalucía, etcétera. Y los que conquistaron Argelia fueron hombres como Clauzel, de Bourmont, que todos salían del ejército de Napoleón. Por eso, Luis Felipe buscaba una rehabilitación. Tuvo la idea de llevar los restos de Napoleón en París.\»
José Luis Balbín: Vamos a vamos a pasar a las preguntas que ahora el tiempo ya se nos va quedando corto. José Luis Merino, a ver con las preguntas de la Redacción, a ver si hay cuestiones que aquí todavía no han sido tratadas.
La parte final del programa, con las preguntas a los contertulios.

[Pregunta]: \»Buenas tardes, para el señor Fernández de la Mora, que ha hablado de la desamortización como algo de influencia francesa, le preguntamos ¿si cree que era Mendizábal un político de ideas napoleónicas?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Mendizábal era ciertamente un progresista, un hombre influido por la Revolución francesa y en la medida en que lo era, pues, era un hombre, claro, el eco napoleónico pues estuvo en toda su obra. Vamos yo personalmente tengo una visión muy negativa de la figura de Mendizábal, porque creo que la Desamortización, aparte de haber sido un mal fue un hecho bastante grave que se podía haber hecho mejor o peor, pero claro, la idea desamortizadora es una idea de la revolución francesa y la estabilización de la Desamortización, que fue lo que hizo los gobiernos subsiguientes al de Mendizábal, sobre todo el propio gobierno de Mon, el año 37 y el año 38, fue una reproducción de las leyes que había hecho Napoleón para consolidar la incautación de los bienes del clero con la fórmula de garantizarles luego una vía presupuestaria. Fueron todas las leyes del culto y clero que se discutieron en las Cortes españolas del 37 y del 38, que fue toda una gran polémica que duró bastantes años más. Pero, en fin, mutatis mutandis, lo que ocurrió aquí se pareció extraordinariamente a lo que ocurrió en Francia. Es más, en la política concordataria igual: el concordato de Napoleón es una reproducción del concordato isabelino en lo que se refiere a la solución del tema económico que venía arrastrado por la incautación de los bienes del clero. Sin embargo, yo creo que los franceses lo hicieron mejor, porque la desamortización nuestra fue trágica para el arte español, atroz para los archivos, en fin, demoledora para infinidad de tesoros. Y yo creo que los franceses, una vez superado el terror revolucionario, pues no, no, no destrozaron el patrimonio documental y artístico que tenía la Iglesia.\»
Alejandro Nieto García: \»Se me permite una intervención…\»
José Luis Balbín: \»Por supuesto, aquí se puede apostillar.\»
Alejandro Nieto García: \»Yo creo que si hay algo que no se puede atribuir a Napoleón es esto de la desamortización, porque es un fenómeno absolutamente universal. Quiero decir, europeo y que arranca de mucho antes de Napoleón. Durante todo el siglo XVIII, por no hablar de antes ahí distintas desamortizaciones y la desamortización en centro Europa y también en Francia son independientes de Napoleón y la española exactamente igual. Y por supuesto en España, la gran cabeza de la desamortización no es precisamente Mendizábal, aunque éste sea el más popular.\»
José Luis Balbín: \»Más preguntas, por favor…
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Bueno, yo quiero decir que yo no he dicho lo contrario, he dicho que la desamortización, la hizo la Convención, que es anterior a 6 o 7 años a lo que hizo Napoleón…\»
Alejandro Nieto García: \»No he querido contradecir, sino añadir algo…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora la consolidación de la desamortización son leyes y senadoconsultos franceses y la regulación del problema fundamental que hay que afrontar ¿Qué se hacía con el clero? ¿Quién comía? ¿Cómo comían los párrocos? Este problema lo resolvió Napoleón y las leyes que hizo él entonces, pues son, mutatis mutandis, las leyes nuestras del 37 y 38.\»
José Luis Balbín: \»Más preguntas, por favor…\»
[Pregunta]: \»Señor Vázquez-Azpiri: los avances en lo literario y lo artístico que se dieron en la Europa posnapoleónica tuvieron escasa incidencia en España. ¿Pudo deberse a la reinstauración de una monarquía borbónica o a que el pueblo español prefería vivir de espaldas a Europa?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Bueno, yo creo que si, por ejemplo, el padre Rancio, digo, perdón, el filósofo Rancio quiere reducir la literatura a nada. Si por ejemplo, el cura de Tamajón, cuando la sublevación aquella que intentábamos que le costó la vida, claro, quería reducir todo a cuatro libros fundamentales, que no recuerdo bien si uno son las cartas precisamente del padre Rancio, otro La apología del altar y del trono, y no me acuerdo que otras dos cosas más por el estilo, poca literatura se puede hacer. Por otra parte, hay que pensar, pues, la ejecución de Millar que era divulgar literatura, al fin y al cabo, vamos más o menos subversiva, pero literatura. ¿Y dónde está la frontera de lo subversivo? ¿Lo no subversivo? Muy difícil de determinar, ¿no?\»
José Luis Balbín: \»Más preguntas, por favor…\»
[Pregunta]: \»Para doña Carmen Llorca, la siguiente: ¿se podría aventurar alguna hipótesis acerca de un eventual retraso del movimiento emancipador americano, si con el éxito de la política napoleónica se hubiera debilitado el poder y la influencia de la Gran Bretaña?\»
Carmen Llorca: \»No, no lo creo, no creo que se hubiera podido retrasar: en primer lugar, porque eso es lo eso, es lo que quería Napoleón Bonaparte, pero los ingleses se habían anticipado a esta idea y estaban actuando precisamente en todos los territorios de las entonces colonias españolas. Y Napoleón Bonaparte no tenía una marina que pudiese competir con la inglesa, y es evidente que no era dueño de los mares y por tanto, en ese aspecto, Napoleón Bonaparte es ciertamente el heredero de la política exterior de los Borbones en Francia, y ni ellos habían podido enfrentarse con esta pérdida de colonias como había sido la India, había sido el Canadá y al asumir precisamente la dirección, tal como pretendía, de los asuntos españoles, él tenía esa idea, pero no la había podido realizar. No lo creo. En el mismo año 1805, por ejemplo, se da en la derrota de Trafalgar y la victoria de Austerlitz, y, sin embargo, es decir, el supera siempre los triunfos, pero en el en el terreno estrictamente del movimiento de ejércitos por tierra, el mar no le pertenece.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Probablemente, por ejemplo, la Luisiana, y todo eso iba a desaparecer barrido…\»
Carmen Llorca: \»Con que indiferencia le vende a los Estados Unidos toda la parte de la Florida, digo de la Luisiana, se la ha vendido por 15 millones, o sea que en definitiva él lo que quería era dinero que le hacía falta, pero verdaderamente el pensar que eso se hubiera podido retrasar por una política de Napoleón, no lo creo.\»
José Luis Balbín: \»A la Asamblea de Bayona incorporaron diputados hispanoamericanos…\»
Carmen Llorca: \»Exactamente, fueron los primeros, vamos fue el primero en pensar en ello.\»
José Luis Balbín: \»Iba a decir la Asamblea de Bayona que no había salido…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»La Asamblea de Bayona fue democracia orgánica, pura y dura. Las universidades, las instituciones y las comunidades, las provincias, en fin, el clero, los 3 brazos, la nobleza, fue una asamblea relativamente tradicional en la que participaron un centenar de señores importantísimos en la vida española, que jugaron a la operación de Bayona, afrancesados.\»
José Luis Balbín: \»José Luis Merino, más preguntas, por favor…\»
[Pregunta]: \»Para Don Alejandro Nieto: ¿cree que las invasiones francesas de la época de Napoleón siguen influyendo en lo tradicional, en la tradicional enemistad entre España y Francia, y llegan incluso a la oposición de este país a que entremos en el Mercado Común?\»
Alejandro Nieto García: \»Pues ni lo creo ni lo dejo de creer, pero en cambio entiendo que entre Francia y España no hay una oposición tradicional, esto es un poco folclórico. La reacción antifrancesa, a mí me parece que es nuestras relaciones, siempre han sido cordiales y super cordiales, y en todo caso, cualquiera que sea el grado de apasionamiento a favor o en contra respecto de Francia durante más de 100 años, es decir, todo el siglo XIX, además el XVIII y parte del XX hemos tenido una influencia tan enorme que sería pintoresco pretender oponernos a algo que desde el punto de vista cultural e ideológico nos está dominando.\»
José Luis Balbín: \»¿Estarían todos de acuerdo, o hay disensión?\»
Gonzalo Fernández de la Mora:  \»Para mi no hay duda ninguna, vamos. Creo que el mimetismo en el siglo XIX respecto a Francia es total, es enorme en todos los niveles…\»
Carmen Llorca: \»Incluso cuando se produce en España la revolución del 68 en España no se atreven a proclamar una República porque Francia no la tiene y solo gente cuando en Francia se proclama la III República, entonces es cuando dice Olózaga, precisamente, dice: “Ahora es el momento de poder intentar una República en España, ahora que la tiene Francia.
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora es cuando Francia tiene menos influencia, yo creo cultural y políticamente en España. Vamos a estar, digamos, hasta los años 20 la influencia es total.\»
José Luis Balbín: \»Más preguntas, por favor…\»
[Pregunta]: Un poco en relación con también con la pregunta anterior, ¿cree Claude Martin que los españoles somos nacionalistas y tenemos un sentimiento fuertemente enraizado de la Patria?
Claude Martin: \»Creo que sí. Si se va, si se va sobre un estadio viendo un equipo español jugar contra extranjeros se ve inmediatamente que la muchedumbre tiene un sentido nacional muy fuerte.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Pero observe una cosa, es un poco lo que te decía antes, con los alzamientos, por ejemplo, pero ya prescindiendo de esto, ¿usted se dio cuenta que no tenemos un himno nacional?\»
Claude Martin: \»¿La letra?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»La letra, sí, hay una de Pemán, la letra de Martín, y otra de un fraile me parece, pero ninguno se la sabe. ¿La sabe alguien de aquí entera?\»
José Luis Balbín: \»La de Pemán yo si me la sé, es la que me enseñaron.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Es decir, incluso los sectores ultras tenían que recurrir al Cara al Sol para cantar porque era un himno. Eso, eso es tremendo. Y que en realidad va uno a América y hay centro gallego el centro asturiano, el centro canario, lo que sea, pero un centro español siempre tiene una vida, que a veces existe también, una vida lánguida.\»
Rubert de Ventós: \»La planificación de los Reyes Católicos o la unificación administrativa, burocrática, napoleónica es otra cosa y es significativo en este sentido que en España existan nacionalidades muy fuertes y muy clara las cosas que, en Francia, con todo, no es tan dramático y tiene efectos políticos.\»
Carmen Llorca: \»Yo quisiera decir respecto a las dos intervenciones, quería decir que España tiene un himno nacional, pero en Italia también la época de fascismo, igual que en España, la época del fascismo existía el Cara al Sol, y en Italia existía La Giovinezza, pero el himno nacional en Italia existía y en España.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Pero me refiero, Carmen, que un francés oye La Marsellesa se levanta y se pone a cantarla, pero aquí supongo que por cortesía te levantas algo así, pero no te suena nada tuyo. le falta eso… La falta la letra, sencillamente no.\»
Carmen Llorca: \»Me refería precisamente a lo que se hablaba de la situación en Francia de los nacionalismos, Francia también existen, es decir, existen igual que han existido en España, pero hay algo muy importante y que precisamente desde la revolución francesa y que asume lógicamente Napoleón, y es la importancia que la Revolución cuando empieza a ver que hay territorios franceses, provincias que pueden desgajarse perfectamente de la unidad francesa, lo primero que hace es la ceremonia de la Federación. Y le dan importancia excepcional en el sentido de decir, Francia, que ha sido formada por derecho de conquista en estos momentos, asume su propia unidad por voluntad de los pueblos que quieren estar unidos a Francia. Y entonces esa ceremonia de la Federación, que se repite en el año 89 y después en el año 90 y en el año 91, y que es la que justifica, la que justifica en la guerra de 1870, el revanchismo francés en el sentido de decir que Alsacia y Lorena, no nos pueden ser arrebatadas porque en la ceremonia de la Federación decidieron su incorporación a Francia voluntariamente.\»
Alejandro Nieto García: \»Ahora si que nos hemos metido en otro tema…\»
Rubert de Ventós: \»En España durante más tiempo el nacionalismo se apela a la natura y no a la cultura, se apela a la diferencia étnico-social más que a la opción, yo creo que estamos en un momento en España donde se está cambiando precisamente de este nacionalismo romántico a un federalismo.\»
Carmen Llorca: \»A una decisión voluntaria de los pueblos de mantener la unidad.\»
Rubert de Ventós: \»Que en este país existe clarísimamente en unos lugares y en otros no.\»
José Luis Balbín: \»No entremos en otro tema, yo tampoco pretendo rehuir lo que vaya surgiendo, pero es que entonces hablaríamos ahora de las autonomías.\»

Gonzalo Fernández de la Mora

Gonzalo Fernández de la Mora: \»Lo que yo quisiera añadir y es una cosa muy breve. Las naciones no son algo dado. Porque claro, naturalmente, pues en la edad del Bronce no habían nacido en ese fin. Son creadas y, claro, en las naciones se puede crear la unidad nacional o se puede liquidar la unidad nacional. Esto es una operación de las clases dirigentes y digamos de las instituciones, la Germanidad, fue una creación de unos señores de Fichte, en fin, y otros ciudadanos, la italianidad la creó el señor Garibaldi, en fin, pero yo creo que España consiguió tener una nacionalidad que empezó la operación con los Reyes Católicos y luego continuó, y creo que se puede hacer o se puede deshacer. Yo, claro, yo sería partidario de mantener la idea y robustecerla. Creo que deshacerla a mí me parecería un error. Pero, en fin, las nacionalidades y las naciones se crean, no es una cosa que estaba ahí.\»

José Luis Balbín: \»Vamos a ver, tres últimas preguntas, dos preguntas me están diciendo no más…\»
[Pregunta]: \»Para Rubert de Ventós: ¿porque en España no se dio una gauche divina, demoledora, atrevidamente progresista a pesar de nuestros afrancesados?\»
Rubert de Ventós: \»Bueno, a los afrancesados, se les podría llamar la gauche divina \»avant la lettre\». Los afrancesados en definitiva eran una gente… Y quizá se tendrían analogías, podríamos continuando con la misma analogía aludir al desfase que hay entre un progresismo cultural en un país que, políticamente no ha asumido por razones sociales o por razones políticas, este progresismo, la gauche divine catalana, por así decir respondía muy claramente esto a vivir en un contexto político donde las formas de resistencia eran ser católico-progresista, ser minyó de muntanya, por ejemplo ser boy-Scout, o ser la gauche divine, que eran formas, digamos orgánicas frente a la democracia orgánica, solo teníamos que formas orgánicas de oposición.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora, ¿Qué gran figura intelectual tiene los afrancesados? Porque yo no conozco ninguna.\»
Rubert de Ventós: \»Bueno hay los escritores, Moratín…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Intelectual, es un prosista y Moratín regularcillo de afrancesado. Pero, en fin, Moratín como escritor, que más se puede aportar divine? Divine yo no veo casi nada ahí, gentes más o menos interesantes…\»
Rubert de Ventós: \»Porque son una segunda división de aquella época…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Jovellanos es una estrella, pero no es un afrancesado. ¿Qué figura hay paralela con Jovellanos entre los afrancesados?\»
José Luis Balbín: \»Bueno, una pregunta más, por favor, porque no hay tiempo, una última pregunta…\»
[Pregunta]: \»Para el señor Fernández de la Mora: ¿Se puede afirmar que el liberalismo es lo francés y que los españoles no somos, en general liberales?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»El liberalismo como ideología denominada liberalismo, pues no se puede decir que sea una creación francesa, porque yo creo que Locke es realmente uno de sus padres tienen en Inglaterra una tradición el liberalismo muy importante comprendo que los franceses pretenden que el liberalismo lo inventó Rousseau y luego lo convirtió en instituciones la revolución francesa, pero no es verdad. Y luego el liberalismo, en el sentido en que Marañón utilizaba este término no como una ideología, sino como un estado de ánimo, no, claro, esto es esto, es milenario. Es decir, que hay romanos que tenían una actitud liberal, hay griegos que tenía una actitud liberal y hay incluso medievales, que tienen una actitud liberal y no digamos en el Renacimiento. El liberalismo como moral ahí me parece que es patrimonio de la humanidad. El liberalismo como una ideología concreta, lo comparten su paternidad los ingleses y los franceses.\»
José Luis Balbín: \»Bueno, procuraremos completar este tema Napoleón con el de Napoleón en Europa, que, dicho sea de paso, además enseguida, enseguida entra en discusión, puesto que ha surgido también a lo largo del de Napoleón en España. Gracias señores por su participación, gracias por la suya, saben que la semana que viene, como de costumbre, no como excepción, es el caso de hoy, ya de nuevo en directo. Buenas noches.\»

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Fuentes:

1) – https://www.youtube.com/channel/UCK7A_bYf8xytFvOSAWKTWxg
2) – https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-clave/clave-napoleon-espana/3510884/
3) – https://es.wikipedia.org/wiki/La_clave

Imágenes:

a) – https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-clave/clave-napoleon-espana/3510884/

Napoleón en España. Programa La clave nº 255 – 14/01/1983 (I)

La Clave fue en su momento uno de los programas mejor considerados – y aún lo sigue siendo – de la Radiotelevisión pública española. La fórmula del programa era una presentación curricular de los assitentes, la emisión de una película relacionada con el tema y un coloquio posterior en el que José Luis Balbín, su conductor, trataba de moderar con mayor o menor acierto el hilo del mismo. Inspirado en un programa emitido en 1967 en la televisión francesa Les dossiers de l\’écran (\»Los archivos de la pantalla\»), La Clave fue uno de los primeros programas que abordó temas tan diversos como la transición española, los partidos políticos, la guerra civil, la religión en España, las sectas, la drogadicción y también programas relacionados con las artes o los medios de comunicación, en un momento de aperturismo intelectual y sobretodo político.  

Os traemos transcrito uno de los programas de La Clave que trataba sobre el tema de \»Napoleón en España\’\’, y que fue emitido en diferido en TVE el 14 de enero de 1983. Participaron en el debate Claude Martin (profesor e historiador), Gonzalo Fernández de la Mora (historiador y diplomático), Carmen Llorca (profesora de historia), Rubert de Ventós (filósofo), Héctor Vázquez Azpiri (escritor) y Alejandro Nieto García (presidente del CSIC y catedrático de derecho administrativo), con la conduccion habitual de José Luis Balbín.
Visto con la perspectiva del tiempo, el programa se quedó muy a medias en su objetivo. A pesar de los esfuerzos de Balbín, algunos de los asistentes incidieron repetidamente en la figura y trayectoria de Napoleón, pasando por alto una serie de cuestiones que tocaran o lo relacionaran más de cerca con la huella de la invasión francesa (pasó inadvertida su entrada y estancia en España) en nuestro país y salvo algunos apuntes de Claude Martin (autor de una biografía sobre José I) o Carmen Llorca, el resto del coloquio no dejó de ser un mero desfile de apuntes históricos sobre Napoleón salpicado con algunas notas de pensamiento filosófico. Con todo sirva esta entrada y la próxima que dedicamos al programa de La Clave de \»Napoleón en España\» como homenaje a una manera de hacer televisión que procuraba estimular el conocimiento y la comprensión del espectador, fomentar el respeto entre los asistentes indistintamente de su credo político o religioso, y que dada la realidad televisiva actual, nos hace añorar aún más si cabe programas de este estilo.   

NAPOLEON EN ESPAÑA

José Luis Balbín, conductor del programa.

José Luis Balbín: \»Buenas noches, señoras y señores. Advertencia, en casos extraordinarios y este es uno: hoy van a ver ustedes un programa grabado previamente y no en directo, como suelen ser los habituales de La Clave. En las rarísimas excepciones, coincidiendo con alguna vacación del personal, Navidad, Semana Santa, etcétera, hay que grabar y no en directo, pero en lo único que ustedes van a notar que el programa no es en directo es en que las preguntas, al no serlo, no las pueden hacer ustedes directísimamente, y que es la propia Redacción de La Clave la que intenta, en fin, ser intérprete de lo que podrían ser sus curiosidades.

El tema que esta noche nos ocupa es Napoleón en España y no es por casualidad. Fundamentalmente, porque el siglo XIX ha dado tanto de sí para intentar comprender o analizar lo que es el siglo XX. A veces incluso se ha abusado de esa supuesta proyección del XIX sobre el XX, pero en general, lo cierto es que ha influido muchísimo y que conocer su historia es muy importante para conocer el desarrollo político y social del mundo en que vivimos. Curiosamente, además, el siglo XIX está muy marcado precisamente por eso, por la presencia napoleónica en España. Allá por 1807, el entonces Príncipe de la Paz, Godoy, del que hoy nos hablarán nuestros invitados, seguro, bastante, llega a un acuerdo con el emperador y después de un tratado inicial, el Tratado de Fontainebleau, por el cual se ponían de acuerdo para repartirse Portugal en tres partes, lo cierto es que las tropas napoleónicas se presentan en España, me parece que eran 100.000 hombres, si no me corrigen hoy nuestros especialistas. Y aquí se quedan y aquí empiezan las cosas, las cosas no solo militares, sino políticas y al final de altísima proyección histórica. Y para hablar de todo ello contamos, en primer lugar, con un francés, con el profesor Claude Martin, que actualmente está culminando su libro “Napoleón en España”. Él es nacido en Orán, se licenció en Geografía e Historia en la Universidad de Argel, doctorándose en la Sorbona con una tesis titulada “Los judíos en Argel”. Profesor de Historia en el Liceo Francés de Túnez. En los primeros años de la década de los 40 ejerce como periodista en Francia. Ha sido redactor jefe de la revista “La Legión” en Clichy, editorialista y redactor jefe de “L’Écau de la France” en París, redactor jefe de la “Politique Française” en Vichy. Desde 1947, vive en España, donde es corresponsal del Eco de Orán. Fue profesor de francés, donde fue, mejor dicho, perdón, corresponsal del Eco de Orán, fue profesor de francés en la escuela diplomática, en la Escuela Oficial de Periodismo, yo tengo que añadir que ha sido profesor mío de francés, precisamente en la Escuela Oficial de Periodismo y en la Facultad de Ciencias de la Información. Entre sus obras de historia, “Franco, soldado y estadista”, “Historia de la Argelia francesa”, “José Napoleón I”, tradujo al francés “El Cid” de Menéndez Pidal. Profesor Martin, ¿usted ha encontrado alguna de ese tipo de reticencias que se dice que hay entre vecinos y especialmente entre franceses y españoles, en todos estos años que lleva de residencia en España?\»
Claude Martin: “Bah, me parece que franceses y españoles se entienden bastante bien, no se conocen siempre bien. Me parece que los recuerdos de la invasión napoleónica son mucho más vivos, en España que en Francia. En Francia hemos tenido otras invasiones, eh, hemos un poco olvidado España.\»
José Luis Balbín: \»¿Cuánto tiempo lleva preparando el libro “Napoleón en España”?
Claude Martin: \»Bon, desde que estoy en España me he preocupado de la cuestión de Napoleón y de los afrancesados. He escrito el libro “José Napoleón I, rey intruso de España”. Estos últimos años he empezado a ocuparme de Napoleón mismo, porque el fondo es la misma documentación, es decir. Lo que me parece importante es que las ideas de Napoleón sobre España han variado y bastante. El primer documento que tenemos, y que es muy poco conocido. Es una relación que hizo cuando…\»
José Luis Balbín: \»Profesor, casi vamos a dejar esto, entonces para el debate es mejor, porque así centrar en el tema de fondo del programa. Gonzalo Fernández de la Mora ha sido ministro, es diplomático de carrera, director de la Escuela Diplomática, político en general, incluso estudioso de la política, teórico de la política, es académico de número de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Autor de 15 libros, entre otros, el famoso “Crepúsculo de las ideologías”, Premio Nacional de Ensayo en el 65, ¿que se sigue vendiendo Don Gonzalo o ya…?
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Está ya en la sexta edición española…\»
José Luis Balbín: \»En la sexta edición, pues hagamos propaganda de ello, hacer propaganda de libros siempre es bueno…\»
Gonzalo Fernández de la Mora:  \»Muchas gracias\».
José Luis Balbín: “Pensamiento español” en 7 volúmenes, Premio Nacional de la Crítica. ¿Se conoce bien la historia del siglo XIX español? Yo recuerdo de mi época de enseñanza media, incluso enseñanza universitaria, que al llegar al siglo XIX se solía precisamente desestudiar la historia o por lo menos no estudiarla demasiado\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»A mí me parece que no se conoce lo suficiente y es una pena porque, en fin, la historia siempre es maestra de la vida, pero la historia del siglo XIX español yo creo que es importantísima para no repetir en el siglo XX los errores que cometimos entonces, deberíamos estudiarla más.\»
José Luis Balbín: \»¿Y usted cree esto, que hay proyección del XIX sobre el XX, es decir, que realmente sigue influyendo?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»A mí me parece que en el siglo XX hemos estado repitiendo con un rigor verdaderamente cíclico las etapas del siglo XIX, es decir, somos un país que comete las mismas equivocaciones sucesivamente.\»
José Luis Balbín: \»Doña Carmen Llorca es doctora en Historia, profesora de Historia en la Facultad de Ciencias de la Información. Y hoy coinciden dos ex profesores míos, realmente: fue también profesora mía de historia en la Escuela Oficial de Periodismo. Diputada a Cortes por el partido Alianza Popular, antigua o ex consejera de administración de Radiotelevisión Española en representación del partido. ¿Y todavía cuál es la situación?, porque todavía no hay nuevo Consejo de administración…\»
Carmen Llorca: \»No hay nuevo Consejo de administración, estamos esperando la sustitución, el nombramiento de los nuevos consejeros, que se producirá, espero, en el mes de enero\».
José Luis Balbín: \»Pero ya es ahora como diputada, presidente de la comisión Parlamentaria de Control de Radio Televisión española. Entre sus obras más recientes, “¿Europa en la decadencia?”, “El mariscal Bazaine en Madrid”, “Isabel II y su tiempo”, “Las Cortes españolas como representación”, “Discursos parlamentarios de Emilio Castelar”, “Las mujeres de los dictadores”. ¿A usted le parece que la Constitución, no digo ya la de Cádiz que saldrá hoy mucho aquí, pero la de Bayona era realmente una Constitución progresista? Bueno, de hecho, era la primera escrita, pero vamos…\»
Carmen Llorca: \»No se puede decir que fuese una Constitución progresista en tanto en cuanto se considera que es una carta otorgada en definitiva y por tanto, no se puede decir que sea una Constitución progresista aquella que no ha sido hecha por los representantes de un pueblo al cual va dirigida, pero sin embargo, si era la primera Constitución y en ese sentido, pues Napoleón Bonaparte consideraba que nos había dado, que había dado al pueblo español una Constitución frente a un régimen que no le había concedido ningún tipo de representación. Tal lo consideraba Napoleón Bonaparte, pero ciertamente es una Constitución que no fue nunca aplicada y que, por tanto, es un punto de partida, nada más en el período constitucional español.\»
Los participantes en el coloquio del programa.

José Luis Balbín: \»Rubert de Ventós, es filósofo, licenciado en Derecho y doctor en Filosofía, discípulo que fue de Aranguren y de Valverde. ¿O no se considera discípulo eterno? Los discípulos suelen considerar siempre que sus maestros son eternos…\»
Rubert de Ventós: \»Les imprime carácter\».
José Luis Balbín: \»Catedrático de Estética en la Escuela de Arquitectura. Por motivos políticos, abandonó España poco antes de la muerte de Franco. Ha dado cursos de Filosofía, Estética y Sociología en las universidades de Harvard, Berkeley, México y Nueva York. Acaba de montar una cátedra de estudios catalanes en Nueva York y de estudios neoyorquinos en Barcelona. Ha escrito, entre otras cosas, “Teoría de la sensibilidad”, Letra de oro de las letras catalanas del 68, “Moral y nueva cultura”, “La estética y sus herejías”, “De la modernidad, ensayo sobre el desorden”, Rubert de Ventós puesto que es catalán yo le haría una pregunta relacionada con eso. Y es que, en un momento dado, precisamente con motivo de la invasión napoleónica, con todas las vicisitudes de qué hablar esta noche, pues en principio quedaban los territorios del norte del Ebro incorporados a Francia. ¿eso puede haber influido de alguna manera también en la evolución de Cataluña en ese tiempo?\»
Rubert de Ventós: \»Yo creo que Cataluña es una zona de marca y por tanto es una zona disputada y es una zona que tiene que encontrar su identidad. A partir de eso o desde eso mismo. Quizá, quizá sea significativo, por otro lado, que Napoleón sea un corso. Pero también es una persona periférica y a veces ocurre que las personas periféricas resultan ser los unificadores. Se ha dicho incluso ahora que, en Estados Unidos, por ejemplo, los más nacionalistas resultan ser los italianos, que es como la última etnia que se ha integrado, la que no se ha integrado todavía es la hispánica y la negra, por ejemplo, los, incluso en los telefilmes, los jefes de policía siempre se llaman de nombre italiano. En este sentido, pues es un corso que hace la unificación y hace la expansión francesa. Son los italianos los nacionalistas y es posible que el centro del centro en España, lo hagan los catalanes, según dice alguien…\»
José Luis Balbín: \»Y ahora también hay cuestiones con los corsos que los catalanes verán de cerca. probablemente. Héctor Vázquez-Azpiri es asturiano. Lo digo porque eso también imprime carácter. Escritor, novelista, premio Alfaguara, finalista del Premio Nadal. Estuvo secuestrado en Asturias en el verano del 51 y publicó una síntesis de sus vivencias de entonces, una síntesis, perdón, de sus vivencias de entonces, como un capítulo final de su obra “Historias de los bandoleros asturianos”. Yo recuerdo de niño, Héctor, que había leyendas de la época de la invasión francesa en España. ¿Poco a poco se han ido perdiendo, no, o sí?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Sí, bueno, sabes que en Asturias no solo eso, si no hay leyendas si quieres anteriores, por ejemplo, en la parte de Luanco, cuando alguien hace un trabajo que no sirve para nada, dicen que es \»traballar para el inglés\». Y es por los corsarios, comprendes, que te quemaban todas las cosechas y todo eso. Es decir, la memoria es así, continuar, no digamos de los carlistas y cosas por el estilo…\»
José Luis Balbín: \»Y sin embargo, en Asturias…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Lo que pasa es que esos datos que me das fue para la otra vez. Es verdad que con Napoleón hay una novela mía que es “Juego de bobos” que es del inicio de la Guerra de Independencia en Asturias…\»
José Luis Balbín: \»Iba a decir la influencia en Asturias, o sea, en el norte, de la invasión napoleónica.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Sí, bueno, es que es donde empezó realmente, ¿no? Y, además, fíjate cómo él, quien era Don Joaquín de Llano Ponte, digo, perdón, el marqués de Santa Cruz en la alocución esa termina que es curioso esto, ¿no? que es ¡Asturianos, alarma! ¿no? Y luego viene la alocución de los santanderinos y dice, ¡Montañeses, alarma!. Es decir, que no hay ¡Españoles, alarma!, no, claro, sea cada uno, es decir, que había ya esa especie de autonomías o algo por el estilo…\»
José Luis Balbín: \»Don Alejandro Nieto García, vallisoletano licenciado y doctorado en derecho en la Universidad de Valladolid. Estudió en Madrid, París y Gotinga, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Alcalá de Henares, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha sido decano de una Facultad de Derecho y otra de Ciencias Económicas y Vicerrector de 2 universidades. Como catedrático de Derecho Administrativo, en lo que sí influyó mucho Napoleón, no solo en España, sino en toda Europa – y se tiene pensado hacer un segundo programa de la clave sobre Napoleón y Europa, o sea, la influencia de Napoleón en Europa – es precisamente en la división administrativa y en la organización administrativa del Estado: por ejemplo, las prefecturas. Todo esto viene de allí que de alguna manera tiene una relación directa con las provincias. ¿Influyó para bien o para mal y en qué medida lo que proyectaba Napoleón sobre España se mantuvo?\»
Alejandro Nieto García: \»Yo creo que Napoleón no proyectó nada específico sobre España, aquí lo heredamos de alguna manera y desde mi punto de vista la llamada herencia napoleónica en España no deriva directamente de Napoleón, sino que es una influencia francesa. O sea, Napoleón deja su impronta en Francia y nosotros aceptamos lo que nos viene de Francia, que puede tener sus orígenes en Napoleón o quizá todavía más antiguos, posiblemente después tengamos tiempo de hablar sobre esto. Pero, repito, no es una herencia, tanto directamente napoleónica como herencia o mimetismo tomado de Francia.\»
José Luis Balbín:  \»Posterior, anterior o…\»
Alejandro Nieto García: \»Por supuesto, por supuesto muy posterior. O sea, mientras está Napoleón su influencia aquí desde el punto de vista de la administración y del derecho es muy pequeña, incluso mínima, porque no estaba España en aquellos momentos para grandes pensamientos de reordenación del derecho.\»
José Luis Balbín:  \»Bueno, pues lo mejor será que veamos la película para entrar en materia. Y después en coloquio. Hasta entonces.\»
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Cartel anunciador del film (b)
En esta entrega de la clave nº 255, la película elegida para ilustrar el coloquio fue \»Lola La Piconera\» (1952), dirigida por Luis Lucia y con guión de Jose Mª Pemán.  

Durante la época napoléonica, donde el ejército de Napoleón pretende completar la conquista de España y se dirige hacia Cádiz. De un modo autobiográfico, se relatan las proezas de una elogiada cantante gaditana (Juanita Reina) que, durante la Guerra de la Independencia, cuando los soldados de Napoleón intentan conquistar Cádiz, recita canciones en un tablao muy confluido de la ciudad.

Sin embargo, su alegría exterior es engañosa ya que el hombre del que está enamorada se trata del capitán francés Gustavo Lefevre (Virgilio Teixeira), el cual ha venido a conquistar España. En definitiva describe la vieja y triste historia de amor que mantuvo con el soldado francés, a la vez que, con mucho ánimo, procura dotar de alegría al pueblo gaditano, perdiendo, así, el miedo al ejército invasor. 

Ella lo corrobora, entusiasmando a los seguidores de sus coplas, tan cabizbajos por la penetración francesa, momentos antes de organizar un curioso desfile militar en pleno mesón: “Si nos llega la muerte, que nos llegue cantando”. A destacar en el reparto a José Isbert haciendo de soldado francés, así como otros actores de la época como Manuel Luna, Valeriano Andrés, Alberto Romea y Arturo Martín. Como curiosidad destacar que se filmó otra versión años después teniendo como protagonista a Rocío Jurado en el año 1969. [5] [6]
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José Luis Balbín: \»Bueno, podríamos empezar por donde ustedes quieran. Yo iba a preguntar así, de entrada, independiente, que aquí cada uno tiene la iniciativa, el poder de iniciativa para cambiar el curso del coloquio. Iba a empezar a preguntar, ¿Qué España es aquella de primeros del XIX, de los años 1800? ¿Qué España es aquella del final de Carlos IV y de Napoleón en Francia? ¿Quién quiere entrar en ese tema o hago alguna pregunta concreta?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: “Se puede resumir casi en una España de curas y mendigos. O sea, si ves las cartas de Jovellanos a Antonio Ponce y todas esas cosas, ¿no? no es un poco patética…\»
Alejandro Nieto García: \»Hombre, me parece con ser correcto, un poco exagerado: curas, mendigos… y Jovellanos, que les observa, como mínimo ya tenemos el tercer elemento, los Ilustrados que miran esa sociedad extraña.\»

Carmen Llorca: \»Yo creo que también es un poco excesivo. Es una España que, evidentemente es pobre. Pero que, sin embargo, tiene una serie de personajes que son enormemente importantes en la intelectualidad española o como pudiéramos llamar, en ese mundo de afrancesamiento que se está produciendo bastante antes de que llegue Napoleón Bonaparte. Luego vendrá el aspecto político de la cuestión, y que lo utilizará precisamente Napoleón Bonaparte porque sobre esa situación política de España, él cree fácil el sustituir a una dinastía por otra dinastía, por la suya, tema que llevaba él en la mente y que lo había aplicado a las demás naciones europeas en que había colocado a miembros de su familia porque tenía hacia España, no un proceso de o un fenómeno de regeneración de España que era digamos la segunda causa o el segundo aspecto de Napoleón Bonaparte con respecto a España. Él lo que quería era quitar a los Borbones de España, y se lo dijo clarísimamente a Escoiquiz cuando le dice: “Canónigo, Canónigo, yo tengo necesidad de sustituir a los Borbones en España porque es el bien de mi Casa y de mi imperio”. De manera que precisamente la situación política española le va a dar pie a ese error en que cree positivamente que nos va a traer una regeneración a través de la Constitución, a través de una serie de reformas, de una organización administrativa y que va a tener el pueblo con él. Y ese es el punto de partida del error, es decir como el pueblo rechaza precisamente la invasión de Napoleón y eso es un dato importantísimo, hasta el punto que Napoleón reconocerá en Santa Elena que el pueblo español, colectivamente, se portó como un hombre de honor.\»

Gonzalo Fernández de la Mora: \»No, como telón de fondo a mí me parece que para situar un poco la pregunta me parece esencial la situación, el punto de partida, ciertamente, claro, estábamos en un momento de descomposición interior y de crisis gravísima y de final de decadencia. Ahora, no podemos olvidar que en 1800 y digamos, casi hasta 1824, España era el primer imperio de la Tierra. Y nosotros perdimos América en la batalla de Ayacucho. En 1815 estábamos todavía en los grandes debates internacionales del Congreso de Viena. Es decir, que éramos el primer imperio territorial del mundo en aquella hora. Quizás por inercia del pasado, pero en fin, es un dato que no podemos olvidar no éramos una pequeña nación perdida sino que teníamos una posición fundamental.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Yo querría añadir de antes que estaba Jovellanos, cómo estaba Jovellanos entonces y después cómo estuvo por ejemplo Fausto Elhuyar, el descubridor del tungsteno y Antillón, el geógrafo, es decir, esa parte intelectual, o sea esos restos del Despotismo Ilustrado estaban en muy mala situación, vamos Jovellanos cuando salió de Bellver, en 1805, me parece, o por ahí, vamos… estaba preso.\»
José Luis Balbín: \»Aludía Gonzalo Fernández de la Mora al final de decadencia. La verdad es que ¿fue muy decisivo que coincidieran esos dos personajes seguidos, Carlos IV y Godoy, o realmente era inevitable lo de Napoleón en España, dada la política imperial francesa?\»

Rubert de Ventós: \»Eso de inevitable suena a veces a estas filosofías de la Historia que se dedican a decir que era necesario lo que fue contingente. Lo cierto es que nos pasa un poco, un poco, lo que les pasa a los indios con los españoles, yo tengo esa sensación. Que es una sociedad que empieza, aparte o antes de ser invadida, a empezar a entenderse a sí misma y a tener que entenderse a sí misma conforme a un código que no es propio. Y los Ilustrados, y nuestros Feijoo, y nuestros Jovellanos, en cierto modo tienen que romper, o nuestros neoclásicos frente a la tradición barroca, tienen que romper con esta tradición barroca y por así decir les llegan unas maneras de entenderse que no han generado, lo que plantea un problema de identidad tremendo. Los españoles, en fin, todos los países se han acomplejado siempre de su identidad: dicen “Como España no hay otra”, “México es el primero” y claro está yo creo que les ocurre a esos países que se han encontrado con este fenómeno histórico, que han tenido que leerse a si mismos en otro idioma. Y en este momento en España le ocurre clarísimamente y tenemos gente divertidísima, tenemos a Villarroel, individuos pintoresquísimos, pero de un modo u otro, desde Villarroel echándole bolas del mundo a sus alumnos, hasta Feijoo metiéndose con los calendarios hasta Jovellanos y las Sociedades de Amigos del País, de todos modos es una sociedad que demuestra una gran capacidad de asimilación de este nuevo lenguaje, pero de todos modos tiene que aprenderse este lenguaje, entonces esto creo que esto es un problema de identidad…\»

José Luis Balbín: \»Eso cuesta…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y se puede prescindir también de la catadura de Fernando VII…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Exacto, ese es el punto que yo quería tocar… Rectificando un poco lo que habías dicho…\»
José Luis Balbín:  \»Lo de Godoy y…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Sí, claro, el peor era Fernando VII…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Pero es que el mismo 2 de mayo por pura casualidad es cuando María Luisa le dice a Napoleón que lo lleva al patíbulo, ¿no? Aquel marrajo cobarde como lo llamaba y regalo de un fraile de El Escorial como decía también María Luisa\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo creo que el peor era Fernando VII, luego Carlos IV y el menos malo era Godoy, ¿eh? Fernando VII es un personaje verdaderamente siniestro, vamos.\»
José Luis Balbín: \»Por ejemplo, el tratado de Fontainebleau, por lo menos es lo que formalmente desencadena el asunto. ¿Eso era evitable no era evitable, ahí qué papel jugaba Godoy, qué pretendía con ello?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Bueno, esto es un futurible, claro, la inevitabilidad del pasado. En fin, jugando a eso, que me parece un poco de juego, yo me pregunto, y quizás aquí hay expertos en el tema, si aunque hubiéramos tenido otro régimen, una Europa, que ningún país verdaderamente se salvó de la oleada napoleónica, si nosotros hubiéramos tenido, que sé, a Olivares, en fin, a un gran político de los que teníamos si hubiéramos podido evitar, en fin, la confrontación con Napoleón en aquella época, creo que hubiera sido muy difícil.\»
Carmen Llorca: \»Yo no le sé, es probable que no se hubiera podido evitar y es probable que se hubiera podido evitar. Hay dos hechos, el hecho dinástico, los Borbones en España, es lo que le hace atractivo a Napoleón Bonaparte ocupar la nación española precisamente porque quiere colocar a un miembro de su familia. Él está cambiando el orden europeo. Cuando en Tilsit ha ordenado el territorio europeo con Alejandro I de Rusia, ya sabe que en definitiva que el Oriente es un terreno vedado, hasta un cierto punto no puede atravesarlo pese a que sentirá siempre la atracción de el Oriente, como al comienzo de su carrera la ha sentido cuando se ha marchado en la expedición de Egipto. Con respecto a España yo pienso que con la dinastía Borbón o sin ella, siempre Napoleón Bonaparte hubiera intentado entrar en España por una cuestión de política internacional. Y ahí están las palabras de Talleyrand que dice, refiriéndose primero a la dinastía de los Borbones y después a que, desde los tiempos de Luis XIV en que ha luchado por España, consideran siempre a España como una nación aliada de Francia, casi, casi como por obligación. Y España en ese proceso ha liquidado un imperio del que Francia quiere ser de alguna manera beneficiaria. Es muy probable, pero pienso que tanto España como Rusia eran dos naciones un tanto a trasmano de toda la proyección napoleónica que siempre va encaminada por las mismas rutas. Es decir, si se miran las coaliciones de Napoleón Bonaparte en Europa, pues son dos expediciones a Italia, diversas expediciones a Austria, Alemania, siempre es un hombre que camina por los mismos territorios europeos, por los mismos caminos de Europa. Venir a España, para él, era algo en lo que no contaba y en lo que posiblemente no hubiera pensado jamás en venir.\»

Claude Martin: \»Hubo varias posiciones de Napoleón sobre España. Decía antes, en el primer documento sólido que tenemos es de 1794 cuando era un joven general de 25 años. Escribe a la Convención, por el hermano de Robespierre, proponiendo un plan de invasión de Italia, y diciendo “Hay un ejército en los Pirineos, que no entre en España. España es un viejo pueblo, por el momento no tiene mucha combatividad, pero si vamos dentro no sabemos qué explosión puede producirse”. En consecuencia, aconsejaba poner más tropas en Italia, en lo que le interesa más porque estaba en el ejército de Italia también, pero es la primera idea de Bonaparte. Segundo, cuando recibe el Consulado, recibe la alianza española, Carlos IV había hecho la paz de Val y después se había aliado con la República Francesa que había guillotinado a su primo. Esto fue probablemente el error primero de España, porque podía salir de la guerra con Inglaterra, pero, no… Entonces durante varios años hay alianza franco-española. Al principio, Napoleón espera algo de España en Italia, porque había los Borbones y después sobre el mar. El Mediterráneo debe ver a las escuadras española y francesa combatir a la inglesa. Pero esto es decepcionante ya que llega a Trafalgar. Entonces considera que España es una aliada poco útil. Después de Tilsit, queda la guerra con Inglaterra. Tiene esta idea heredada del Directorio del bloqueo continental, por eso hay que cerrar las costas de Europa, y España no lo hace muy bien. Entonces viene otra idea, la de controlar las costas españolas del norte y viene a esta idea de tomar el norte de España, dando en compensación Portugal. Y así se hizo el tratado de Fontainebleau.\»

José Luis Balbín: \»Está bien esa interpretación, vamos, como punto por lo menos de discusión…\»
Rubert de Ventós: \»Lo que ocurre es que se pueden hacer historias como dicen, más frías o más calientes, historias que sean ecología o historias que sean “petite historie”. Napoleón se da mucho a la “petite historie”, con las Josefinas, en fin, tiene mucho de “petite historie”, pero yo me pregunto haciendo una historia de tamaño medio, por un lado, se podría hablar de la inevitabilidad, en el sentido en que bueno, pues existe una coalición burguesa, un protestantismo político, se acaban las corporaciones, la burguesía accede al poder, etc. Y protestantismo político también en otro sentido en que un filósofo, Fichte, hablaba precisamente de Napoleón, los filósofos acaban seducidos siempre por Napoleón, los filósofos del momento, les parecía que era la encarnación de la Historia y esas cosas…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»A Hegel sobre todo…\»
Rubert de Ventós: \»Porque lo aprendió de Fichte, que la gente no sabe que lo aprendió de Fichte.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Goethe, otro gran entusiasta…\»
Rubert de Ventós: \»Entonces Fichte ya curiosamente decía: “Es inevitable el expansionismo napoleónico y todo esto”, ¿Por qué? Porque en definitiva mientras mandó la Iglesia, la Iglesia estaba interesada en la división de los estados puesto que, de la división de los estados en parte, salía su fuerza, su fuerza espiritual que los unificaba, era como para su comercialización era necesaria esta pluralidad de estados para unificarlos ella. Los estados modernos son un intento de esta unidad espiritual que representa la Iglesia, el protestantismo la tiene encarnada en cada uno de estos estados. Y estos estados, a partir de este momento, necesariamente quieren la guerra. Porque quieren la universalidad, como diría Fichte. Y Como quieren la guerra quieren expandirse y solo piden la paz para reforzarse. Y llega a decir Fichte: “Esto es bueno, porque de algún modo, mientras el Estado quiere la guerra consigue, por un lado, aumentar su comercio, es decir porque necesita desarrollar su comercio para la guerra…”, en términos keynesianos, tiene una función keynesiana, en lugar de ser las obras públicas son las guerras públicas que sirven para el desarrollo. Por un lado, pues es necesario desde un punto de vista del comercio, de la industria, desarrolla. “…Y por otro es bueno para la libertad, puesto que el estado moderno, los nuevos ejércitos necesitan hombres libres”. Entonces este estado nuevo que trata de superar el catolicismo e interiorizar el espíritu, además favorece el comercio, favorece la industria, favorece la libertad. En algún modo, en aquel momento está visto que este fenómeno de expansión napoleónica es un fenómeno moderno, es un fenómeno leído idealísticamente por los filósofos, y luego retraducido por Marx a términos mucho más pedestres y mucho más sensatos.\»
José Luis Balbín: \»Toda una exposición…\»
Alejandro Nieto García: \»Todo esto está muy bien, pero ¿no estamos haciendo un poco de historia-ficción?, o de filosofía de la Historia que está muy bien pero que son interpretaciones absolutamente gratuitas y a posteriori, sobre la inevitabilidad o necesariedad de la invasión napoleónica, pues Napoleón entró aquí y punto. Este es el fenómeno ante el que nos encontramos.\»
Héctor Vázquez-Azpiri:  \»Yo personalmente prefiero la anécdota, que además te revela más. Las cosas curiosas como por ejemplo…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo haría una propuesta a nuestro moderador y un poco en la línea de lo que ha dicho el profesor Nieto, que a mí me parece muy acertado…\»
José Luis Balbín: \»Atenernos al curso de la Historia…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Un poco eso, pero yo diría de una manera más viva, porque yo pienso en nuestros espectadores, no sé, quizás les parezca un poco de elucubración futurista lo que hasta ahora estábamos haciendo. ¿Qué fue bueno y qué fue malo para España de la invasión napoleónica?, es decir, ¿qué queda, en qué medida fue negativo, turbador de la vida nacional o promotor? Yo creo que este es el tema verdaderamente vivo…\»
José Luis Balbín: \»Si hay tiempo y ustedes no entran demasiado en la noticia, yo pensaba en las tres cosas, ¿En qué circunstancias se produce?, lo uno; una vez que se produce, ¿qué es lo que pasa aquí? Y luego cuáles son las secuelas, yo creo que son los tres grandes temas que se pueden tratar esta noche si hay tiempo…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo creo que el último lo deberíamos quizás anteponer un poco por si nos quedamos luego sin tiempo, porque a mi me parece, y además yo creo que es lo más polémico y quizás lo más vivo…\»
Rubert de Ventós: \»Y la tuya, porque veo que te tienta… te asumo.\»
José Luis Balbín: \»Pues vamos con ello, esto es una es una tertulia, ¿no? Por lo tanto, no hay guion.\»

Gonzalo Fernández de la Mora: \»A mí me parece que la dialéctica es lo que tiene un poco más de vida, por fin yo creo que en el fondo debe estar muy cerca. Pero yo empezaría, no con una discrepancia, pero sí con una matización. Yo creo que la huella de Francia en España en el siglo XIX es arrolladora, creo que es el mensaje: en las instituciones, en las ideas, en fin, en el estilo, en las modas, en la vida pública, en la vida privada y en nuestra situación internacional. Que esa influencia, yo estoy de acuerdo con lo que ha dicho el profesor Nieto, esa influencia sobre todo en el campo institucional y jurídico, se produce cuando, en gran medida, también esto habría que precisarlo, en gran medida, cuando Napoleón ha desaparecido del mapa, es decir, después del Congreso de Viena. ¡Ah! Pero inmediatamente esa influencia es napoleónica. Nosotros, por ejemplo, recibimos el Código Civil ¿Cuándo? Cuando ya está en los Inválidos hace muchos años el cadáver de Napoleón, pero claro, lo recibimos a través del Código Napoleónico, que es napoleónico el Consejo de Estado, etcétera, la reforma fiscal, la reorganización administrativa, la universidad borbónica, el constitucionalismo. Yo creo que cada tema de estos es para hablar largamente. Todo esto en el fondo el señor que lo pone en marcha en Francia y en Europa es Napoleón. Luego nosotros lo recibimos por lo que a mí me parece que la influencia de Napoleón es enorme.\»

Héctor Vázquez-Azpiri:  ¿Y los exiliados españoles en Londres no le dan ninguna importancia?
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Bueno, yo creo que lo que nos viene de Inglaterra no es mucho más importante que lo que nos viene de Francia. Yo creo que este es el punto en el que yo creo que se podría decir que si es un señor que ha tenido una influencia benéfica, otros pueden decir que no lo ha sido o que no ha sido parcial. ¿Qué es lo que el revulsivo napoleónico provoca en España en el siglo XIX que yo creo que es casi toda nuestra historia está un poco…\»
José Luis Balbín: \»¿Quiénes eran los liberales, por ejemplo y quienes eran los serviles, ¿qué significaba todo aquello?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»La verdad que todas estas influencias extranjeras en España son todas reaccionarias y tirando a feroces, vamos de Napoleón incluida y los 100.000 hijos de San Luis y si quieres hasta la no intervención del año 36. Yo creo que para España nunca le vino bien la ayuda exterior, vamos, desgraciadamente.\»
Rubert de Ventós: \»Es un momento en el que te dicen, te llega la libertad desde fuera, también, una vez más es como te digan: “Sé libre”, que la reacción a veces pueda ser: “Dios, me libre”, esto también es una experiencia curiosa, además en cierto modo una paradoja. Paradojas que se han producido luego muchas veces que son, pues estas liberaciones ideológicas que se exportan desde un punto de vista guerrero. Es, hay una cierta contradicción lógica entre el programa de la libertad y el expandirla desde el punto de vista guerrero. Entonces luego en lugar de la libertad será una clase social o la nación también es un momento en que esa idea de nación adquiere una fuerza. ¿No creéis, no?\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y luego la idealización de la guerra. Yo creo más en los desastres de la guerra de Goya. Por ejemplo, que todas las pinturas de historia. Fue más sencillo y asqueroso en todos los sentidos…\»
Carmen Llorca: \»Si, no, yo pienso que de acuerdo con lo que estaba diciendo Gonzalo, me parece que todos tenemos razón, porque la personalidad de Napoleón Bonaparte es de tal naturaleza, rica en imaginación, en acontecimientos, no piensa una cosa que no la ponga en práctica inmediatamente. Hay un hecho real, es que el Congreso de Viena no hubiera existido si Napoleón Bonaparte no hubiera modificado a su manera el mapa de Europa. Es un hombre que ha querido crear una unidad europea con una capital, que fuese París con una segunda capital que hubiera podido ser Roma, pero en definitiva es el hombre que se ha imaginado una Europa y que ha trastocado todo lo existente, todo el antiguo régimen. Entonces, una vez vencido, los que quedan en Europa, quieren reconstruir una Europa distinta y en Viena, pues han recompuesto un mapa de Europa con unas características especiales, con una situación de reacción. Incluso llega un momento en que las ambiciones son de tal naturaleza que, hasta el mismo Canciller de Austria, Metternich llega un momento que dice: “Yo no quería hacer desaparecer a Napoleón Bonaparte, solamente quería recortarle las alas”, pero, en fin, sobre esa desaparición de Napoleón Bonaparte, sobre esas ambiciones desatadas, todo el mundo quiere coger algo que no le pertenece o que quiere que le pertenezca en el futuro. Y sobre ese espectro de la guerra en que Europa ha salido tan cansada de la guerra, que evidentemente quieren establecer una paz. Y esa paz que se va a basar, sobre todo en lo del Congreso de Viena, en esa figura Metternich, un orden nuevo, la paz y que en definitiva encierra también una reacción en Europa importante, importantísima reacción, la Europa de los Congresos, la nueva idea de la intervención en los pueblos cuando estos se sublevan contra el jefe de Estado. Todo esto es importantísimo, y todo nace de Napoleón. Si Napoleón no hubiera existido la evolución de los pueblos se hubiera producido qué duda cabe, pero hubiera sido distinta. Y esa forma en que se producen, pues corresponde a Napoleón Bonaparte. De manera que ese protagonismo, yo creo que se le debe, para el bien, para el mal, para el análisis que se ha hecho y se han hecho tantos análisis sobre Napoleón Bonaparte, que hace un momento comentábamos que, en fin, la bibliografía sobre Napoleón Bonaparte solamente es superada por la bibliografía sobre la guerra de España. Es enormemente importante vasta. ¿por qué?, pues porque Napoleón Bonaparte es sorprendente, constantemente sorprende y sigue permaneciendo su figura. Ha tenido sus imitadores. Es decir, cuantísimos dictadores del siglo XIX, del siglo XX no están mirando a Napoleón Bonaparte. Yo recuerdo una de las frases más importantes de Napoleón Bonaparte que decía: “Mis generales ven demasiadas cosas. Mi talento es ver claro”. A bastantes años de distancia, Hitler dice: “Mi talento es simplificar” parece que sea un complemento de la frase de Napoleón Bonaparte, entre ver claro y simplificar hay un mundo de distancias importantísimas en el orden de la interpretación política.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Es que pasó lo que decía antes Gonzalo, que no querían acabar con el Imperio de Napoleón igual que Hitler no quería acabar con el Imperio inglés tremendo, por el tremendo vacío que se produce. Yo quería cambiar de tercio en plan asturiano.\»
José Luis Balbín: \»Muy bien, pero entonces, porque me parece que en el mismo tercio Nieto quería decir algo…\»
Alejandro Nieto García: Yo volvía a disentir, perdóname, Carmen, en que habíamos vuelto a caer en las filosofías entre comillas: si Napoleón no hubiera existido, que hubiera pasado, si Napoleón hubiera medido 4 cm más, que hubiera pasado. Yo no sé hasta qué punto…
José Luis Balbín: Bueno algo habrá que hacer de interpretación, porque si no solo vamos a darle lecciones de Historia
Alejandro Nieto García: \»No es interpretación, es ficción retroactiva, lo que suele entenderse por historia ficción.\»
Carmen Llorca: \»No, quiero decir que no es historia ficción, verás. Lo que quiero decir es que existe el Congreso de Viena y que eso se produce por Napoleón Bonaparte. Eso es un hecho, eso es un hecho real. Entonces, ¿podemos interpretar activamente…?\»
Alejandro Nieto García: \»Efectivamente, eso, es un hecho real, pero la idea europea de Napoleón, pues no sé, hasta qué punto es un hecho real, porque si Napoleón soñaba más o menos con una idea europea, tenemos un experto en Napoleón que podría confirmarlo o no, pues aquello del Sacro Romano Imperio Germánico, pues esto es una idea que ya es milenaria. Por ahí podemos estar discutiendo toda la noche y 3 o 4 noches más.\»
José Luis Balbín: \»Pero habría que acercarlo lo más posible a España, que es el título del programa\».
Claude Martin: \»Antes quisiera observar algo. Es que antes de Napoleón hay la Revolución francesa. Napoleón es el que prueba de poner un punto final a la Revolución durante 7 años ya, se había hecho la guerra de propaganda revolucionaria, se había ido a traer las ideas francesas, llegan de verdad inglesas, pero se ha ido a traerle en Alemania, en Italia. Creo que es Barrès, que decía: “Hay que jacobinizar toda Europa”. Napoleón ha continuado esto de manera que cuando se hablaba de Constitución, de derechos humanos y todo esto, es anterior a Napoleón. Que no sé si Napoleón fue el misionero con botas y casco de la revolución francesa, como lo representaban los monárquicos, o si fue un general que se divirtió a jugar a César y a poner un punto final, pero en el mismo tiempo empezando una serie de aventuras que no se terminaban. Si Napoleón hubiera ganado la guerra de Rusia no se sabe dónde hubiera ido…\»
Rubert de Ventós: \»Sí, podría ser, y podríamos ser acusados por Alejandro de hacer historia si dijéramos que luego de una revolución tiene que ver represión o tiene que haber expansión de esto sí sería historia, pero en cambio me parece que lo que sugería Carmen, al lado del problema del Congreso de Viena, es también el hecho de que el fenómeno napoleónico es irreductible y da gusto a veces ver que las filosofías de la historia se chocan con un señor que era así y se inventa la guerra total y descubre que la información es el fenómeno fundamental en la guerra y se inventa el espía, pues inventa el espía, utiliza el espía y sabe que hay que atacar los centros neurálgicos informativos del ejército enemigo. Y sabe que la guerra no es un problema de conquista territorial, sino un problema global, y Klausewitz, luego lo escribe. Y esto me parece que no es nada especulativo y era lo que aludía Carmen…\»

Alejandro Nieto García: \»Bueno, pero ya puestos a acusar, te voy a acusar a ti primero, permites, pues de ver la historia desde la perspectiva de Carlyle, la historia hecha por los grandes héroes, que es una visión válida. A mí personalmente me gusta más la visión que acabamos de oír del señor Martin, que Napoleón, cierto es un héroe de pequeña estatura, pero de estatura histórica gigantesca, pero es un eslabón más en una historia que arranca de mucho antes y me parece que para los historiadores modernos, desde el punto de vista ideológico y de lo que hizo, pues Napoleón fue un jacobino, un jacobino muy “a la napoleona”, pero desde luego fue un jacobino. La historia de Napoleón empieza mucho antes y desde el punto de vista administrativo y de instituciones, pues desde hace 100 años vamos a decir desde Tocqueville, sabemos que Napoleón, pues, fue una pieza más, que Napoleón cogió la herencia borbónica y vista por dentro no lo puso todo patas arriba, sino que se lo dieron ya casi hecho.\»

Rubert de Ventós: \»Me excusas que te diga que un poco de especulativo eres tú…\»
Alejandro Nieto García: \»Todos lo somos, sino no estaríamos aquí.\»
José Luis Balbín: \»También se puede especular con la historia…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Yo quería cambiar el tercio para poner el punto de vista guerrillero. ¿Es que estamos generalizando, pero ponte en el españolito de entonces, otra cosa no entiende\».
José Luis Balbín: \»Efectivamente, por ejemplo, además lo que plantea y lo que quería hacer es importante, puesto que aquí empieza la guerra de guerrillas, si no me equivoco…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y lo que quería decirte antes era, era que la gente habla del alcalde de Móstoles y se olvida de Juan Pérez de Villamil, que es el Torrejón, vamos el alcalde de Móstoles, se limitó a secundarlo. Además, creo que había una placa antes en no sé si existirá también en el Ayuntamiento de Móstoles diciendo esto, es decir, que cuando se sublevaron Asturias mandaron emisarios a todos los lados y vino a sublevar Madrid y no lo consiguió, consiguió sublevar Móstoles. Pero vamos, que no, es que no es el que empezó. Y la proclama era de Villamil…\»
José Luis Balbín: \»Vamos por ahí como empieza la…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo creo que la historia de España del siglo XIX y del XX no se puede explicar sin Napoleón. Me parece que la huella de Napoleón es gigantesca. Y Carmen Llorca plantea un tema que a mí me parece, a mí me interesa mucho, no sé si ustedes lo consideran interesante o no. Y, además, que me parece que es relativamente inédito. Napoleón como institución, como sistema de Gobierno y como modelo y ejemplo en el que se miran muchas figuras de la política mundial y sobre todo europea del siglo XIX. Yo creo que la influencia del Bonapartismo, o sea el cesarismo, un sistema de Gobierno que cierto modo inventa y patrocina Napoleón sobre España es extraordinaria. Me explico, muy brevemente: creo que el tema es polémico y quizás pueda ser divertido. Se dice que nosotros hemos inventado los pronunciamientos. Y la palabra pronunciamiento en castellano – intraducible – figura en todos los tratados de Historia contemporánea y yo creo que esto no es verdad, porque el primer pronunciamiento de la historia contemporánea es el 18 de Brumario. Un pronunciamiento con todas las de la ley encarcela a dos del Directorio, soborna al tercero, pacta con los otros dos restantes y luego es el Pavía que entra con los granaderos y, en fin, liquida a los señores que estaban reunidos en Asamblea, los pone en la calle. Claro, aparte de que había participado antes en el golpe de Estado del 18 de fructidor y había sido el hombre de la guerra civil que liquidó a varios millares de parisienses con su artillería en el Vendimiario, en fin. Este hecho, el primer pronunciamiento de la Historia contemporánea, que es del 18 brumario, que es 1799, se produce 13 años antes que el primer pronunciamiento español, el de Porlier, 15 años antes que el siguiente que es el de Lacy, 21 años antes que el de Riego y todos los sucesivos, en fin, hasta llegar a los del siglo XX, es decir, y el pronunciamiento lo inventa este hombre. Y yo creo que la historia de España es inexplicable sin los pronunciamientos. El de él, es un pronunciamiento progresista, como lo fueron casi todos los nuestros a lo largo del siglo XIX. También a mí me parece que solo este impacto institucional y político de Napoleón, desvirtuado por la Historia de los franceses que nos quieren hacer a nosotros los inventores de esta técnica, esto el siglo XIX, políticamente, es inexplicable sin el 18 de Brumario, que inaugura la técnica de los señores que entran y que hacen de Pavía, nuestro Pavía, pues aprendió de Napoleón con 70 años de retraso. A mí me parece que este es un hecho que la bibliografía francesa no ha recogido jamás. No nos explican demasiado cómo se produjo aquel acontecimiento de la subida de Napoleón al poder y fue un acto de violencia absoluta y total, cuando la Cámara, gritó como todo el mundo sabe, en fin, con un con clima casi jacobino: “Ho, la Loi”, es decir que era la guillotina para el señor Napoleón, el señor Bonaparte, salió y dijo, señores granaderos, entren ustedes aquí y a estos que me quieren poner en la guillotina yo los líquido, así llegó al poder. El Consulado se estableció de esta manera, la violencia más total y el pronunciamiento más absoluto.\»
Rubert de Ventós: \»Siguieron las dos cámaras. ¿Tengo entendido no? Las dos cámaras siguieron…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Primero los 500. Bueno, claro Luciano Bonaparte que era su hermano, el presidente, de una de ellas y cuando aprobaron la ley del Consulado, no me acuerdo, pero en fin de los 500 quedaban 60 señores allí, que son los que estaban comprometidos y que fue una ficción para consolidar, digamos el Consulado…\»
Un momento del coloquio.
Rubert de Ventós: \»Tendría esta dimensión de ficción, quizá, ¿no?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Yo creo que sí, claro, porque de sobre 500…\»
Rubert de Ventós: \»Digo cuanto menos de nada menos que ficción, no digo nada más, nada menos que ficción frente al pronunciamiento…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Es decir los 500 eran quinientos y cuando Luciano los reunió, después de que los granaderos habían echado a los demás, pues eran 60 señores los que dijeron, ahora votamos la legalización del golpe…\»
José Luis Balbín: \»Y en España quienes se levantan porque estamos luego no va a haber tiempo para hablar de España… Se levanta todo el pueblo para empezar, o sea, quien se levanta en España son diferentes de, digamos, socialmente hablando, que los que hacen la Revolución francesa…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Todo el pueblo.\»
José Luis Balbín: \»Hay una unificación…\»
Alejandro Nieto García: \»No, todo el mundo no. Había gente que, tragándose su amor propio, su amor nacional, se daban cuenta de que los invasores tenían unas ideas y un sistema mucho más aceptable que el nuestro. Lo que pasa es que frente a esta racionalización del fenómeno estaba el apasionamiento, el amor propio y se levantaron, y era curioso, esto ha sido denunciado cien veces, que los que estaban luchando contra Napoleón estaban de acuerdo con las ideas francesas.\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Si no la prueba es como se cargaron a Porlier y a Lacy, en fin, a todo el mundo, ¿no? después.\»
Claude Martin: \»Bon, creo que… hubo los afrancesados. En Bayona 12.500 familias españolas al final de la aventura de José Bonaparte. Luego hubo un momento, según la guerra de España, en que una parte de la opinión se resignaba y otra combatía. Y los que combatían creo que combatían porque había los extranjeros, era una especie de reflejo natural, visceral. Los afrancesados había unos que querían dinero, que querían plazas, aquí en los archivos nacionales hay un expediente, un dossier que es bastante divertido, hay uno que escribe al otro, es en 1810, el momento en que se acaba de conquistar Andalucía, dice: “Ahora es el momento de tener cosas”, escribe, “Viene con nosotros”. Pero había otros, como Asanza, como Farín, que lo hacían porque pensaban que no había nada que hacer. Napoleón era el más fuerte, decía respecto al territorio español: “entonces mejor aceptaré hacer las reformas” que parecían necesarias. Porque Napoleón ya iba diciendo: “Yo quiero regenerar España”. Algunos aceptaban, incluso después de Bailén hubo una reunión de los ministros de José en Buitrago, en que propusieron de hacer una neutralidad española entre Inglaterra y Francia, España libre. Naturalmente, no tenía ninguna posibilidad de realizarse con Napoleón. Pero había de todo en los afrancesados. Es, según los momentos, por ejemplo, en 1810 hay un momento después de Wagram y la conquista de Andalucía, hay un momento en que la moral española baja bastante. Y cuando José vuelve de Andalucía, hace una recepción en el Palacio Real, ahí vienen la madre y la hermana de Castaños. Las reciben, José era muy amable, les dice: “Entiendo lo que hace su hermano, pero espero que nos arreglaremos, etc.”. De manera que creo que sea un poco se ha escrito de epopeya popular española, es menos general que se dice, la resistencia a Napoleón. Esta resistencia, aparte algunos como Jovellanos y Jovellanos tardó algunas semanas en decidirse. Pero alguno, aparte de algunos, fue algo de muy popular, muy visceral, si quieren…\»
Alejandro Nieto García: \»Aunque nos duela reconocerlo, o duela a alguno reconocerlo, esta guerra fue como casi todas, una guerra civil. Que había españoles en los dos bandos, lo que sucede es que como ganó un bando, pues todos se apuntaron a posteriori al bando que había ganado y luego está la conciencia colectiva de olvidarnos de que habíamos estado colaborando y muy a gusto con Napoleón.\»
Claude Martin: \»Yo creo que el pequeño pueblo, el que veía al gabacho con sus sables, sus plumeros, etcétera, no quería aceptar esto.\»
Rubert de Ventós: \»Seguramente también existe que es el primer ejemplo o un ejemplo cuanto menos de una especie de crisis de conciencia característica que luego se ha producido tanto con los internacionalismos. Cuando se supone que hay un país que encarna un período superior de la historia o que encarna la superación de la lucha de clases o encarna la libertad. Y entonces ocupa mi país y me encuentro con un problema de conciencia entre sí estoy con la historia o estoy con mi pueblo y esto es un tipo de dilema propio de guerras ideológicas, porque antes, cuando hay, Sánchez Ferlosio decía hay monoteísmo y politeísmo, en el sentido que en el monoteísmo es una guerra en la que yo digo, mi Dios es más fuerte que el tuyo, mientras que en el monoteísmo yo digo, mi Dios es el tuyo, cosa muy distinta. En un caso yo pretendo que yo que soy más fuerte, en otro, pretendo que yo encarno algo, encarno la verdad y es cierto que estamos en nuestro siglo aún en este mismo problema, perdona que hay individuos que además de representar un país o una nación o un pueblo, parecen encarnar un estadio superior del desarrollo productivo, entonces se plantea un problema de conciencia en los habitantes de otros países sobre si estar con la historia o ser de su país. Es lógico por otra parte, que en España sea el pueblo llano, como se ha dicho tantas veces, en que en cierto modo haga la resistencia, porque el hombre culto está tocado de afrancesamiento, como en otro tiempo podría estar tocado de marxismo-leninismo o en otro momento podría estar tocado de fascismo, qué duda cabe, de fascismo…\»

José Luis Balbín: \»¿Era tan lineal como eso, los cultos eran afrancesados y el pueblo llano, no?\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Jovellanos era cultísimo y no se puede decir que fuera un afrancesado.\»

Héctor Vázquez-Azpiri: \»Y el mismo Floridablanca también, que todavía vivía.\»

Gonzalo Fernández de la Mora: \»Ahora yo creo que sí la inteligencia tendencialmente, Moratín, Romanillos, en fin, casi todos. Ahora, Jovellanos, no.\»
Alejandro Nieto García: \»Pero es que los llamados cultos, los ilustrados, trabajaban con la cabeza y comparaban el sistema francés napoleónico y el sistema borbónico español. Y realmente sin pretender aquí jugar el papel de afrancesado, la comparación era demasiado tremenda en beneficio del sistema borbónico. Lo que sucede es que frente a esta racionalización están las vísceras y decir ¡Gabacho!, como acabamos de oír hacia el momento. O, y si me pongo del lado de los que lo hacen mejor no me tacharan de antipatriota, de antiespañol, porque se había producido la consabida mistificación Patria igual a España, igual a Fernando VII o al rey que tocara, igual a oscurantismo, al Antiguo Régimen y el que se atrevía a decir otra cosa, aunque tuviera razón con la cabeza podía ser tachado de antipatriota. Y es verdad, es muy grave…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Pero si es que lo ves hoy, no, supongamos Estados Unidos es el país de la libertad y todas estas cosas. Ahora pregúntaselo, cuando te invaden otro país…\»
Carmen Llorca: \»Exactamente, ese es el tema que yo quería… es el nacionalismo que despierta…eso de ser un pueblo sometido…\»
Héctor Vázquez-Azpiri: \»Es que Napoleón por muy, vamos a llamarlo liberal, sí, vale, sería liberal allí, aquí es un general que entra con tropas y empieza a cargarse gente…\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Era progresista no cabe duda de que era un progresismo, negativo, pero lo era.\»
Carmen Llorca: \»Muy relativo, y yo voy a volver por el tema que habías propuesto sobre la importancia de Napoleón Bonaparte en el siglo XIX, los pronunciamientos. No deja de ser curioso y yo no quisiera que el profesor Nieto me tachase otra vez de hacer una historia idealista…\»
Alejandro Nieto García: \»Dios mío, que no soy un inquisidor, he intentado animar…\»
Carmen Llorca: \»Y además de cosas que no han sucedido, que hubieran podido suceder, pero ya es curioso que Napoleón Bonaparte, que es un progresista que tiene a sus espaldas la revolución francesa que él ordena, porque él se considera heredero de la revolución, también un tema con bastantes interpretaciones respecto al principio, todo el mundo.\»
Gonzalo Fernández de la Mora: \»Fue jacobino al principio.\»
Carmen Llorca: \»Si, claro, estuvo con el hermano de Robespierre con Agustín. Pero si en ese momento que Napoleón Bonaparte está ordenando Europa y está creando un nuevo régimen, un nuevo régimen que, en definitiva, es un imperio, es un cesarismo. Y, sin embargo, en Norteamérica en ese momento que no han pasado por ninguna revolución, han pasado por una guerra de independencia ha creado una democracia, han establecido los límites del Poder Ejecutivo. Y entonces Washington no ha querido gobernar más allá de 8 años, aun teniendo un Poder Ejecutivo fuerte. Ha dicho no, no a la tentación dictatorial. Y, sin embargo, este hombre, que es el heredero de una revolución modernísima, con una idea de la libertad que él asume con un deseo de hacer la Unión Europea, etc., etc., resulta que es un hombre que crea un imperio, que lo quiere establecer a golpe militar en Europa, que llega al poder muy bien, recordaba Gonzalo, desde la moral por un golpe, con un golpe de Estado y que eso es y marca muchísimo a toda la Europa del siglo XIX y diría más a la Europa del siglo XX. ¿Pero de qué manera? Y eso sí que es trascendental y eso sí que es importantísimo, esa falta de modernidad en la capacidad de Napoleón Bonaparte para haber creado un Estado moderno. No lo hizo.\»

CONTINUARÁ EN LA 2ª PARTE

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Fuentes:

1) – https://www.youtube.com/channel/UCK7A_bYf8xytFvOSAWKTWxg
2) – https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-clave/clave-napoleon-espana/3510884/

3) – https://es.wikipedia.org/wiki/La_clave
4) – https://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-223646/
5) – https://blogcatedranaval.com/2012/03/30/musica-popular-espanola-lola-la-piconera/
Imágenes:
b) – https://www.imdb.com/title/tt0043750/mediaviewer/rm1494716417/

Pintura. El arte de… Frédérick Regamey

Frédéric Régamey, fue un artista y escritor francés, nacido en París pero fuertemente interesado y en los artistas y los temas de la Alsacia, pintor de temas deportivos, en particular esgrima y equitación, paisajista, y autor de acuarelas, pasteles, ilustrador, grabador y litógrafo.

Como artista tuvo una prolífica producción en docenas de libros y contribuciones desde 1859 hasta 1918, curiosamente casi todos de una gran variedad y la mayoría alejados de la temática militar: \»La legende des siècles\» (1859), \»Victor Hugo chez lui\» (1878), \»Le dernier Scapin\» (1884), \»Une excursion au Grand Saint-Bernard, la route, l\’hospice\» (1894), \»Les sports à Paris\» (1885), \»L\’Allemagne à cheval\» (1915, junto con su esposa), \»Le baiser de la France\» (1918) y un largo etcétera. También expuso en el Salón de artistas franceses (con mención honorífica en 1892). Su obra forma parte de los fondos de los museos del Louvre, D\’Orsay, Quai Branly-Jacques Chirac, de  Estrasburgo de arte moderno y contemporáneo y del de Historia de Francia de Versalles. 

Os traemos unos ejemplos de la obra de Frédéric Regamey en \»Les Garnisons d’Alsace\» como ilustrador de una serie sobre soldados del Primer Imperio y otra serie en color y blanco y negro sobre las Guerras de la Revolución y el Imperio en \»Images d\’Alsace\», también como ilustrador, del año 1905.
Récits militaires d\’Alsace (1905) (a)

APUNTES BIOGRÁFICOS

Autorretrato de F. Regamey (b)
Nació en París el 4 de julio de 1849, procedente de una familia de artistas. Su padre era miniaturista y litógrafo, y sus hermanos practicaban la ilustración y la pintura. Su hijo, Raymond, nacido en 1900 en Beblenheim, se convertirá posteriormente en crítico de arte. El artista estudió con Horace Lecoq de Boisbaudran, pintor y profesor en París.
En 1873, creó un semanario titulado \»Paris à l\’eau-forte\» con Richard Lesclide. Inventó e introdujo la cromolitografía que le permitió participar en el “Museo de los Dos Mundos”. En 1885 participó en la fundación del \»Quotidien Illustré\» pero también trabajó en otros periódicos y revistas como el \»Illustrated London News\», el  \»Journal de la Jeunesse\», \»Philibert\», etc… Frecuenta de buen grado los teatros de armas y se convierte en ilustrador de esgrima (por ejemplo, \»L\’Escrime Française\» publicado por Vigna-Vigneron en 1891).
En el Salon des Artistes Français, obtuvo una mención de honor en 1892. En 1902, dedicó un libro a Benjamin Zix, un fértil ilustrador de Estrasburgo de la epopeya napoleónica. En Alsacia, participó en la exposición de la Société des Arts de Mulhouse. El ilustrador es un apasionado de los paisajes, costumbres y tradiciones de esta provincia. Comenzó a estudiar su historia continuando su investigación hasta la Revolución de 1789, estudiando en particular la Guardia Nacional de Estrasburgo, cuya valentía durante el asedio de 1870 fue notoria y le dedicó muchas de sus ilustraciones. Participa en las fiestas de Kunschthaafe (Marmita de las Artes) y conoce a los artistas del Cercle de St-Léonard. Al igual que Henri Loux, interpretó escenas de la obra \»D’r Herr Maire\» reproducida en platos para las fábricas de loza de Sarreguemines, un nuevo ejemplo de colaboración cruzada dentro del Círculo de Saint-Léonard a finales del siglo XIX y XX.  
También conoce a su esposa, Jeanne Heilmann, nacida en Colmar en el número 12 de la rue des Marchands. Era originaria de Beblenheim, donde la pareja se instaló durante cuatro años, de 1898 a 1902. Esta última escribió al final de estos cuatro años pasados ​​en Alsacia un artículo bajo el nombre de Madame Régamey en la Revue alsacienne illustrée (Volumen IV -1902): \»Esta vida contemplativa…\», escribe, \»…tuvo al salir de París, un verdadero florecimiento del alma\».
También es autora de varios libros bajo el seudónimo de Jeanne Rival:
1893: columnista, novela parisina – Fischbacher – París
1895: Anexos, escenas de la vida en Alsacia – Armand Colin
1903: viaje de Jacques – C. Delagrave – París
1905: Alrededor de las estaciones – Librairie Larousse – París firma a Mme. Frédéric Regamey
Firma de F. Regamey en una carta manuscrita  (c)
La pareja a menudo trabajaba a cuatro manos y, en particular, publicó en 1905 el libro \»Récits d\’un vieil Alsacien\», con el prólogo de Maurice Barrès. En 1912, Frédéric Regamey ingresó en la Société Nationale des Beaux-Arts. Influenciado por el impresionismo, su concepción del arte cambió desde su estancia en Alsacia (1908–12).
Se convierte en un ardiente defensor de Francia y continúa propagando las ideas francófilas a lo largo de sus escritos. Representa \»El taller del pintor\», el \»Funeral de Gambetta\» y \»El interior del Hôtel de Trémoille\». 
Fue en París donde el artista murió, en el mes de diciembre de 1925, \»feliz de haber visto a Alsacia recuperar su lugar en el redil francés\», escribieron Roland y Anne-Marie Holweck en 1982. [1]

OBRA ESCOGIDA


Izquierda: \»Artillería de la Guardia Nacional, 1814\» (d)
Derecha: \»Artillería a pie y caballo, 1800\» (e)

Izquierda: \»Coronel Kœchlin y la Guardia Nacional en Muelhausen\» (f)
Derecha: \»Artillería a pie de la Guardia, 1809-1810\» (g)
Izquierda: \»General Barbanègre, junto a un oficial de ordenanza
 con uniforme en la plaza de Huningue, 1815\» (h)
Derecha: \»General Rapp y su Estado Mayor en Elsass, 1815\» (i) 

          
Izquierda: \»Monumento al Rey de Roma en Wissembourg\» (j)
Derecha: \»Gendarmería de la Guardia, 1809\» (k)

\»El general Adam Philippe de Custine en un consejo de guerra
en las líneas de Weissenburg en 1793\» (l)

\»Batalla de Wœrth-Frœschwiller, 22 de diciembre de 1793, el ejército
francés, comandado por Hoche, se apodera de Frœschwiller\» (m)

\»Asedio de Schlettstadt, salida del 16 de febrero de 1814\» (1905) (n)

\»Asedio de Schlettstadt, 1814, un buen disparo de cañón\» (1905) (o)
Izquierda: \»Adam Mayer en Bergzabern, septiembre de 1793\» (p)
Derecha: \»Ayuntamiento de Weiler, cerca de Wissembourg, cola de columna\» (q)
\»Dragones y cosacos en Sainte-Croix-en-Plaine, 31 de diciembre de 1814\» (r)

\»Ataque a Buechelberg, en el bosque de Bienwald, 1793\» (s)
\»Ocupación de Colmar por los aliados, 1815\» (t)

\»Lauterbourg, primavera de 1793\» (1905) (u)

\»Asedio de Estrasburgo, combate de 1815 en Oberhausbergen\» (v)

\»Combates de la división Hatry, Dauendorf, Metesheim,
Uberach, diciembre de 1793\» (w)

\»Asalto de uno de los reductos de Kehl, 24/06/1796\» (x)
\»Ruta de Wissembourg, las patrullas del ejército
francés a la vista de Landau, 1793\» (y)

___________________________________________________________________________________
Fuentes:
1) – http://www.cerclesaintleonard.com/page.php?url=frederic-regamey
2) – https://www.babelio.com/auteur/Frederic-Regamey/382303
3) – https://fr.wikipedia.org/wiki/Fr%C3%A9d%C3%A9ric_R%C3%A9gamey

Imágenes:

a) – https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b10203893b?rk=708158;0#
b) – https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/0d/Fr%C3%A9d%C3%A9ric_R%

d) – https://www.soldaademohler.fr/boutique/documents-fr/les-garnisons-dalsace-gravure-frederic-regamey-artillerie-de-la-garde-nationale-1814/
e) – https://www.soldaademohler.fr/boutique/documents-fr/les-garnisons-dalsace-gravure-frederic-regamey-artillerie-a-pied-et-a-cheval-1800/
f) – https://www.soldaademohler.fr/boutique/documents-fr/les-garnisons-dalsace-gravure-frederic-regamey-officier-de-la-garde-nationale-18141815/
g) – https://www.soldaademohler.fr/boutique/documents-fr/les-garnisons-dalsace-gravure-frederic-regamey-artillerie-a-pied-de-la-garde-18091810/
h) – https://www.shutterstock.com/es/editorial/image-editorial/art-various-6051100l
i) – https://i.pinimg.com/originals/2a/4b/21/2a4b216ddded90f33cd3b4def0929eaa.jpg

l) – Par Frédéric Regamey — http://www.alsatica.eu/alsatica/bnus/Custine-en-Alsace-1793-Conseil-de-guerre-dans-les-lignes-de-Wissembourg,1_P_2F636522.html, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37656819

y) – https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b10203921x?rk=557942;4#

Campos de gloria: El camino hacia Waterloo. Wavre, 18-19.06.1815 (y IV)

Acabamos esta min-serie de cuatro entradas en las que hemos revisado las batalla de la campaña de los 100 días a través de las páginas del manual del videojuego  Fields of GloryTM (Campos de Gloria) y auxiliados también por los mapas de Alfred Robert Freebairn, a partir de los originales del capitan William Siborne, en los fondos digitales de la página web de The British Museum.

Wavre es un ejemplo de como las batallas a menudo no tienen ninguna repercusión en el devenir de una campaña, el destino de la cual ya ha sido sellado con anterioridad a kilómetros de distancia. A pesar de haber cosechado solo una derrota en cuatro batallas principales y varias escaramuzas, el destino de Napoleón y su ejército había sido sellado, tan solo unos meses antes de haber desembarcado en Golfe Juan el 1 de marzo de 1815 tras su huida de la isla de Elba. 

Grouchy tuvo el amargo trago de ser considerado \»el malo de la película\» por no haber acudido a tiempo a socorrer a Napoleón en Waterloo, acusación de la que tendría que defenderse también en vida y que no impidió que se le colgara el cartel de pusilánime, indeciso e incapaz durante décadas. Como ya hemos visto en otras entradas del blog (recomiendo el análisis de Dominique Timmermans sobre el particular), aunque hubiera querido, Grouchy no hubiera llegado a tiempo a la batalla, se limitó a seguir las órdenes que le habían encomendado el propio Napoleón y a pesar de tenerlo todo en contra, llevó de vuelta a Francia a casi todo su contingente sin apenas bajas.

LA BATALLA DE WAVRE: 18 A 19 DE JUNIO DE 1815

Antecedentes: Wavre fue elegido casi por accidente como el lugar al que los prusianos se reagruparon tras su retirada tras la batalla de Ligny. Wavre resultó ser poco más que una acción de retaguardia con el Cuerpo de Thielman manteniendo a raya a los franceses mientras el resto del ejército prusiano al mando de Blücher se dirigía al campo de batalla de Waterloo. Si Grouchy hubiera atacado con más fuerza, o antes, podría haber evitado que uno o más de los cuerpos prusianos llegaran a Waterloo, donde cambiaron el desenlace de la batalla contra Napoleón. 
La batalla: Wavre se encuentra en un valle ligeramente arbolado, que atraviesa el río Dyle por los dos fuertes puentes de piedra que unen las dos mitades de la ciudad, el valle se eleva a ambos lados para proporcionar posiciones de mando de artillería en caso de una defensa. Fue aquí donde la parte principal del ejército prusiano finalmente se detuvo, agradecida por el respiro de la persecución que le había permitido eludir el dominio francés. De hecho, Grouchy había comenzado su persecución con retraso el día 17, y Napoleón solo lo soltó a la hora del almuerzo. Incluso entonces, habiendo perdido el contacto con los prusianos la noche anterior, la placentera persecución se había dirigido inicialmente al noreste desde el campo de batalla hacia Gembloux, no al norte hacia Wavre.
Al anochecer, la fuerza principal de Grouchy estaba acampada alrededor de Gembloux, a solo siete millas al noreste del campo de batalla de Ligny, con su caballería avanzada dispuesta unas pocas millas más a lo largo de la carretera, todos en dirección noreste. Ya estaba un poco al este del ejército prusiano, que se estaba consolidando a unas doce millas al norte y al oeste de él detrás del IV Cuerpo por entonces intacto. El descuidado reconocimiento francés también había fallado por completo en localizar a un regimiento de caballería prusiano reforzado ubicado en Mont St. Gilbert, a solo seis millas al noroeste, y ligeramente detrás de su izquierda, y solo a las 10 de esa noche fue cuando la verdadera ubicación del ejército prusiano en Wavre se conoció. El eje de persecución se orientó hacia el norte al día siguiente; Vandamme recibió la orden de comenzar la marcha hacia el norte a las 6 horas de la mañana siguiente, Gérard lo siguió unas dos horas más tarde. Cansado después de los combates y las marchas de los días anteriores, el ejército tardó en comenzar, dando a los prusianos dos horas extra de gracia para comenzar sus maniobras, tiempo que no debían desperdiciar los kinder (niños) de Blücher, que a las 8 de la mañana ya estaban ensanchando la distancia entre las dos fuerzas.
El IV Cuerpo prusiano al mando de von Bülow todavía estaba intacto, no habiendo sido comprometido en Ligny. Este nuevo cuerpo al menos podría ser enviado en ayuda de Wellington en Mont St. Jean, y Blücher insistió en que no rompería su palabra a Wellington de apoyarlo con al menos dos cuerpos si los franceses le daban suficiente espacio para respirar. El cuerpo de von Bülow estaba en Dion le Mont, a dos millas al sureste de la propia Wavre, y se le ordenó moverse a las 4 de la mañana a través del II Cuerpo (que todavía estaba al sur del Dyle) a través de Wavre hasta la Chapelle St. Lambert, y si la batalla en Mont St. Jean había comenzado, pero no de otra manera, debía atacar el flanco derecho francés. Cuando las columnas francesas comenzaron el día 18, von Bülow ya estaba en camino, llegando a St. Lambert con su vanguardia alrededor de las 10 de la mañana. Pero moviéndose más o menos a través del resto del ejército, a lo largo de una sola carretera y a través de una ciudad abarrotada, era la mejor receta para la confusión y la congestión. Peor aún, un incendio grave en Wavre ralentizó el cuerpo principal del IV Cuerpo y no fue hasta después del mediodía que el cuerpo principal llegó a St. Lambert. 

Mientras von Bülow luchaba a través del caos de Wavre y del II Cuerpo de Prusia, Grouchy se preparaba con indiferencia para sentarse a desayunar tarde. Eran las 11.25 h. de la mañana. A lo lejos se podía escuchar el retumbar del primer disparo de cañón de la Gran Batería de Napoleón al oeste y Gérard y algunos otros oficiales superiores recomendaron que Grouchy marchara con el sonido de los cañones y se uniera al Emperador. Se convirtió en una discusión muy acalorada, y Gérard expresó su punto de una manera tan insensible e insultante que Grouchy se ofendió e insistió en cumplir sus últimas órdenes del Emperador. Estas estaban bastante mal escritas y algo ambivalentes, pero indicaban claramente la necesidad de tomar posesión de Wavre. No tenía intención de invocar la notoria furia del corso por desobedecer órdenes, como ya había hecho Ney en esta campaña. Si Grouchy hubiera marchado hacia el oeste en este punto, casi con certeza habría interceptado al IV Cuerpo prusiano al mando de Bülow antes de que llegara al campo de Waterloo. 
Sin embargo, Grouchy tenía motivos razonables para ser cauteloso al moverse hacia el oeste. De hecho, había enviado un despacho desde Gembloux la noche anterior para evaluar a Napoleón de la amenaza prusiana, pero no habían llegado nuevas órdenes. De hecho, su despacho había llegado al Emperador alrededor de las 2 de la mañana, donde fue olvidado o ignorado, ya que no fue hasta las 10 de la mañana que Napoleón decidió dar órdenes a Grouchy y éstas indicaban claramente que su presencia en Waterloo no era necesaria. . En cualquier caso, estas órdenes no le llegarían hasta que fuera demasiado tarde para intervenir en Waterloo. 
Mientras tanto, el reconocimiento prusiano había puesto la fuerza de Grouchy en unos 20.000 hombres, principalmente de caballería (de hecho, eran 33.000, incluidos dos cuerpos de infantería). Al ver que no se estaba desarrollando ningún ataque de inmediato, el II Cuerpo de Pirch fue enviado alrededor del mediodía, y el I Cuerpo de Ziethen poco después, lo que aumentó la congestión total y dejó solo 15.000 hombres del III Cuerpo de Thielemann para enfrentarse a Grouchy en el Dyle. Incluso estos se habrían movido hacia Waterloo si la congestión en las carreteras no lo hubiera impedido.
El poco entusiasta von Bülow había reunido su cuerpo alrededor de St. Lambert alrededor de las 3 de la tarde. Inexplicablemente, no se movió para enfrentarse al flanco derecho francés como se le había ordenado, sino que permaneció pasivamente a la vista del campo de batalla debajo de él. Quizás estaba descansando a sus hombres antes de unirse a la batalla, o esperando ser atacado mientras se movía por el cercano Bosque de Paris; tal vez solo estaba esperando que el II Cuerpo surgiera del caos detrás de él en el camino; tal vez esperaba que Wellington se rompiera antes de que pudiera desplegarse. Cualquiera sea la razón, solo la intervención personal y el acoso de Blücher hicieron que moviera a su brigada de vanguardia a través del Bosque de Paris para enfrentarse a la derecha francesa, y cuando a las 4 de la tarde von Bülow escuchó el disparo de cañón de Grouchy abriéndose proveniente del este, casi se volvió de nuevo otra vez. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando la
disposición de las tropas a las 16.00 horas del 18 de junio. (b)

De vuelta en Wavre, Grouchy abrió el ataque con un asalto frontal de Vandamme en el propio Wavre, que despejó la parte sur de la ciudad pero que se vio frustrado en los propios puentes. Un intento similar de la brigada de Hulot en un molino un poco al sur de los dos también fue rechazado y, en un esfuerzo por asegurar un cruce del Dyle, Grouchy desvió el resto del cuerpo de Gérard hacia Limale, dos millas al suroeste, mientras se reanudó el asalto al molino de Bierges. Eran las 5 de la tarde. En Limale, Grouchy encontró un destacamento del cuerpo de Ziethen al mando de Stengel, posiblemente abandonado allí por accidente, defendiendo el único puente que cruzaba el Dyle. El terreno favorecía la defensa, pero la superioridad de los números pronto se notó, y los franceses cruzaron el puente y se dirigieron a las tierras altas antes de que la oscuridad pusiera fin a la lucha del día. 
Durante la noche, un confundido contraataque fue lanzado por Stülpnagel, pero esto fue rechazado. Mientras tanto, los reclamos de ayuda de Thielemann durante el día no habían traído refuerzos (de hecho, durante la noche, Stengel se marchó sin recibir órdenes de reunirse con su cuerpo separado). Esa noche Thielemann recibió noticias sobre el resultado de la lucha en Waterloo; pero esas noticias no llegaron a Grouchy, y el 19 la batalla se reanudó con los prusianos muy débiles sobre el terreno. A las 10 de la mañana, Thielemann había abandonado Wavre y se había retirado ante abrumadores obstáculos, el III Cuerpo de Prusia había contenido a más del doble de su propio número durante unas 48 horas. Pero la victoria de Grouchy duró poco, ya las 10.30 h. le llegó la noticia de Waterloo. Al enterarse de que el II Cuerpo Prusiano de Pirch estaba en camino para interceptarlo, interrumpió la lucha y se retiró, eventualmente a Francia. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando la
disposición de las tropas a las 04.00 horas del 19 de junio. (b)
Tácticamente había sido el vencedor, pero estratégicamente fue derrotado por una mezcla de letargo en sus comandantes, órdenes ambivalentes y una falta de iniciativa demasiado cautelosa por su parte. Una vez que se perdió el contacto con los prusianos el 17, el tiempo siempre estaría en contra de los franceses, pero incluso el 18 un impulso más vigoroso hacia St. Lambert en lugar de Wavre habría reducido el número de cuerpos prusianos disponibles para ayudar a Wellington y podría haber asegurado la batalla por Napoleón en Waterloo. En vista de los eventos más al oeste, es interesante especular qué podría haber sucedido tanto en Waterloo como en Wavre si los comandantes de las dos alas se hubieran invertido, con el impulsivo Ney siguiendo a los prusianos y el cauteloso pero tácticamente preciso Grouchy enfrentándose a Wellington.
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Fuentes:
1) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
Imágenes:
a) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994

Campos de gloria: El camino hacia Waterloo. Waterloo, 18.06.1815 (III)

Seguimos con nuestro recorrido por la campaña de los 100 días, y del manual del videojuego Fields of GloryTM (Campos de Gloria), que nos la relata y con el que llegamos al momento cumbre de la campaña, la batalla de Waterloo, con el nombre que ha pasado a la historia, a pesar que la población belga se encuentre a unos 4 kilómetros de donde se desarrolló la batalla.
Os dejamos con el relato de una de las batallas que decididamente marcó una época, no tanto por su magnitud sino por su significación, sobre la que se han escrito (y se escribirán) incontables relatos y estudios en estos últimos 200 años, y que rubricó el papel de la potencia británica en las guerras napoleónicas y posteriomente en el panorama internacional, tanto por los incontables subsidios en dinero empleados a favor de los aliados continentales, como finalmente a través de su ejercito, de no muy cuantiosos efectivos pero con un alto grado de profesionalización y solidez en sus mandos.

Por parte francesa, el sol de Austerlitz se puso definitivamente en el ocaso del día, enterrando las esperanzas de un ejército y de su Emperador, que habían mostrado años antes a Europa -y al mundo- el cambio de estilo en la guerra, del Antiguo Régimen a la modernidad del nuevo siglo. 

Portada del juego Fields of GloryTM, editado por Micropose en 1993.

LA BATALLA DE WATERLOO: 18 DE JUNIO DE 1815

Trasfondo: Tras la retirada prusiana de Ligny , los anglo-aliados se vieron obligados a evitar ser aislados por el avance de las fuerzas de Napoleón. El área de Mont St. Jean y Waterloo proporcionó una buena posición defensiva desde la cual proteger Bruselas y al mismo tiempo mantener vínculos con los prusianos que se concentraban en el área de Wavre.
Waterloo al amanecer: Eran las 2 de la mañana antes de que Napoleón recibiera el despacho que Grouchy, comandante del ala derecha francesa, había escrito a las 10 de la noche anterior. Declaró que los prusianos parecían haberse dividido en tres columnas y que él deducía de su información actual que una parte del ejército se estaba moviendo sobre Wavre, presumiblemente para unirse a Wellington; otra se dirigía hacia Lieja, con el propio Blücher; y una tercera, incluyendo la artillería, estaba en la ruta de Namur. Había enviado una patrulla de caballería para determinar con precisión hacia dónde se dirigían la mayor parte de los prusianos. Si la masa del ejército prusiano se dirigía a Wavre, Grouchy tenía la intención de seguirlos, luego actuar para mantenerlos alejados de Bruselas y evitar que se unieran a Wellington.
Según la información que tenía disponible, Grouchy debió haber pensado que un avance hacia Wavre empujaría los restos del destrozado ejército prusiano al norte y al este, lejos de Bruselas, y los mantendría alejados de sus aliados. Desafortunadamente para los franceses, Grouchy estaba en Gembloux cuando escribió esto, ligeramente al este de los prusianos, y como resultado de la demora en comenzar su persecución desde Ligny, el ejército prusiano que tenía ante él estaba lejos del ejército roto que Napoleón esperaba encontrar. Incluso mientras escribía su despacho, los prusianos en realidad habían completado la concentración de cuatro cuerpos de ejército alrededor de Wavre. Dado que los prusianos se habían reagrupado ahora, la ubicación más al este de Grouchy y los diversos retrasos en su partida el día 18, es dudoso en retrospectiva saber si Grouchy realmente tenía muchas posibilidades de interceptar a los prusianos como pretendía. Sin embargo, con el beneficio de un conocimiento perfecto, en la mañana del 18, Grouchy se dirigió al norte hacia Wavre. Eran las 8 de la mañana cuando partió, momento en el que los prusianos ya estaban en camino en ayuda de Wellington. 
Cuando las fuerzas de Grouchy se movieron, a algunas millas de distancia en Le Caillou, a una milla al sur de La Belle Alliance, Napoleón y sus generales estaban reunidos para desayunar. El emperador estaba de buen humor y contaba con cenar en Bruselas. Le dio poca importancia a Soult cuando trató de aportar una nota de realismo a la reunión posterior al desayuno, sugiriendo que Napoleón debería apresurarse en llamar al menos a parte de los 34.000 hombres de Grouchy para ayudarles contra Wellington. \»Crees que, debido a que Wellington te derrotó, debe ser un gran general. Te digo que es un mal general, que los ingleses son tropas pobres y que este asunto no será más serio que un desayuno\». 
A su vez, Reille sugirió que la infantería británica era difícil de atacar desde el frente y creía que la maniobra era la clave. A Napoleón le gustó esto aún menos y rompió la reunión. Claramente, se iba a ordenar un costoso martilleo frontal en una sangrienta batalla de desgaste, sin tiempo para la delicadeza de la maniobra. Como se verá, tanto Soult como Reille dieron consejos que probablemente habrían presagiado la victoria más tarde en el día, pero en el optimismo infundado de Napoleón tal experiencia fue ignorada. 
Una vez más, en contraste con el Napoleón de años anteriores, se contentó con posponer el ataque a las líneas aliadas durante cuatro horas para permitir que el suelo se secara un poco, a pesar de que había recibido varios informes de que los prusianos acudían en ayuda de Wellington. Sin duda, haría las maniobras más fáciles y rápidas, especialmente para su artillería, que también apreciaría el suelo más firme para aumentar los efectos de rebote de sus proyectiles de sólidas balas redondas. Sin embargo, este era en realidad un argumento algo espurio, debido al hecho de que Wellington había escondido claramente a la mayoría de sus tropas detrás de una cresta, fuera de la línea de fuego de artillería, lo que a su vez anulaba el efecto de rebote que podía ofrecer el terreno más seco. Quizás Napoleón simplemente estaba racionalizando su retraso en el comienzo de la batalla, porque sus tropas estaban muy atrasados ​​en su horario para comenzar a las 9 de la mañana, una situación impensable solo unos años antes, como él mismo dijo una vez: \»La estrategia es el arte de hacer uso del tiempo y del espacio. Soy menos cauteloso con el último que con el primero; el espacio lo podemos recuperar, pero el tiempo, nunca… Puede que pierda una batalla, pero nunca perderé un minuto\». Los acontecimientos posteriores probaron que el retraso de cuatro horas fue un factor crítico en la derrota francesa, sin casi ninguna ventaja compensatoria para los franceses. 
Después de explorar el campo de batalla y observar las disposiciones visibles de Wellington, Napoleón fue a la granja de Rossomme, a un kilómetro de La Belle Alliance, donde a las 10 de la mañana dictó sus órdenes para el día y un despacho para Grouchy que debía haberle dejado sin dudas de que su presencia en el campo de Waterloo no era requerida, Grouchy recibió instrucciones de dirigir sus movimientos sobre Wavre. El plan de batalla de Napoleón era simple y sin complicaciones. El I Cuerpo de d\’Erlon iba a realizar un asalto frontal contra el centro izquierdo de Wellington, todavía totalmente intacto por su falta de acción el día 16 y ansioso por demostrar su valía a los ojos del Emperador. Napoleón no se iba a involucrar directamente en la batalla, sino que dejó los detalles finos del plan – y el control efectivo – a un comandante, el mariscal Ney. 
Incluso a esta hora, antes de que comenzara la batalla, Napoleón había sembrado sin saberlo las semillas de su propia derrota. Su renuncia al control efectivo de la batalla en favor del temerario mariscal Ney, su subestimación del enemigo ante los consejos experimentados, su negativa a aceptar la posibilidad de un refuerzo prusiano, su incapacidad para llamar a Grouchy y su pérdida de cuatro horas más de del día todos iban a resultar de gran alcance e instrumentales en su caída. Como veremos, si solo se hubiera cambiado uno de estos factores, el destino de Wellington en Waterloo podría haberse sellado. Todo habría sido impensable de Napoleón en su mejor momento.
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 11.15 horas. (b)

Se abre la batalla; El asalto de d\’Erlon: Aproximadamente a las 11.25 h. de la mañana, los veinticuatro cañones de 12 libras de las baterías francesas frente al Cuerpo de d\’Erlon tronaron contra las posiciones aliadas. La mayor parte de la infantería de Wellington estaba detrás de la cresta, y los cañones franceses habrían tenido que concentrarse exclusivamente en reducir la valiosa y superada en número artillería aliada opuesta si la brigada de Bylandt no hubiera quedado expuesta en las laderas delanteras, presumiblemente por accidente.
Simultáneamente, Jérôme lanzó un ataque contra Hougoumont, inicialmente con la intención de ser una distracción, pero en estuvo destinado a durar todo el día. Unos 13.000 franceses iban enfrentarse contra 2.000 guardias británicos, que derrotaron con éxito todos los ataques.
A la una de la tarde, los cañones frente a d\’Erlon se habían unido a otros cuarenta cañones de 6 libras del I Cuerpo y otros veinticuatro cañones de 12 libras de la Guardia, formando una masiva batería de unos 88 cañones. Estos desgarraron el corazón de la expuesta brigada de Bylandt, que se salvó solo del efecto de rebote casi de accidente en el suelo todavía empapado. 
A la 1.30, incluso cuando comenzaba el ataque principal, se presentó al emperador un húsar prusiano capturado, quien confirmó que unos 30.000 prusianos estaban en camino para apoyar a Wellington. Para asegurar el flanco derecho francés, se ordenó al cuerpo de Lobau que formara una defensa protectora al este de la carretera principal, junto con la caballería de Domont y Subervie.

El I Cuerpo de D\’Erlon avanzó con los coraceros de Travers a su izquierda, justo al este de la carretera, y los de Duois al oeste de la carretera principal. Las cuatro divisiones avanzaron en échelon, liderando desde la izquierda, de modo que la infantería de Allix amarrara el centro aliado en el área de La Haye Sainte mientras el cuerpo principal del ataque pasaba y subía la colina, con las tropas de Donzelot liderando el asalto. Sin embargo, en la confusión tan típica de la guerra, las dos divisiones centrales de infantería se establecieron en una columna divisional, en lugar de una columna de divisiones. La primera era una formación muy difícil de manejar de 8 o 9 batallones formados densamente con un frente de batallón completo (200 filas x 27 filas); las últimas eran las columnas de batallón más habituales y mucho más flexibles, cada una con un frente de dos compañías (70 hombres x 9 filas) dispuestas para dejar espacio entre los batallones para permitir el despliegue en línea. Como tal, para la mayor parte de la fuerza involucrada en el ataque principal, no había espacio ni para desplegarse ni para maniobrar cuando alcanzaban sus objetivos, o en el caso de un revés. 
Pocos podían haber esperado algún contratiempo después de tal bombardeo e inicialmente todo salió bien para el asalto francés. Los holandeses restantes se rompieron ante la masa que avanzaba de más de 18.000 infantes franceses. Allix tomó el jardín y el huerto de La Haye Sainte, sacó al 95º del pozo de grava (Sandpit) y presionó con fuerza contra los alemanes del Mayor Baring en la propia granja. Los coraceros de Travers rompieron uno de los batallones de Ompteda enviados en ayuda de Baring, y el resto de los franceses pasó rápidamente y avanzó por la pendiente que se vaciaba rápidamente. Pero la congestión en las filas francesas se estaba volviendo rápidamente insoportable a medida que el terreno irregular y el gradiente comprimían las filas y los rangos en una masa amorfa . La división de Donzelot, que ahora lideraba el asalto, se detuvo debajo de la cresta para intentar desplegarse desde su abarrotada formación. 
Puede que los belgas de Bylandt se hubieran quedado atrás, pero la división de Picton estaba preparada. Habían estado acostados, protegiéndose del bombardeo francés al amparo de la carretera hundida y los setos destrozados en lo alto de la pendiente inversa. Al grito de Picton de \»¡Levántense!\», los 3.000 hombres de su división se pusieron de pie para enfrentarse al anticipado asalto. Luego, mientras Donzelot intentaba organizar su masa de tropas, Picton condujo a la brigada de Kempt hacia la cima, despejando un ligero reingreso en la cresta y barriendo a los tiradores franceses que se enfrentaban a ellos. Una descarga de la brigada se estrelló contra la columna de despliegue desde menos de 40 yardas. La lluvia de balas se estrelló contra las primeras filas. La infantería francesa vaciló entonces, con un \»¡Carguen! ¡Hurra!\», Picton ordenó a la brigada que avanzara con la bayoneta calada para barrer a los franceses de la colina. Fueron sus últimas palabras. Mientras la brigada de Kempt bajaba por la colina, cayó por un tiro que le atravesó la sien, cuando la carga hizo retroceder con éxito a toda la división de Donzelot. 
Mientras tanto, Marcognet, alcanzando a las tropas en despliegue de Donzelot, no se detuvo debajo de la cresta para desplegarse, sino que, sintiendo la victoria a su alcance, avanzó sobre ella en columnas con gritos entusiastas de \»¡Vive l\’Empereur!\». La euforia iba a ser de corta duración. Corrieron sobre la cresta para encontrar las líneas extendidas de Pack que se superponían con mucho a la cabeza de la columna. Al recibir una orden, los británicos lanzaron descargas de corta distancia que detuvieron en seco a la columna que avanzaba. En la cima, Marcognet había sido detenido, pero no derrotado. Más abajo de la colina, la caballería de Travers comenzó a avanzar contra la brigada ahora expuesta de Kempt, abriéndose paso entre la multitud, lista para presionar a los británicos en cuadros para que la infantería los rematara mientras se reunían, o bien cuando se pusieran de pie desde el suelo. La fresca división de Durutte también se acercaba a la derecha de Marcognet. Superados en número por casi cuatro a uno, totalmente comprometidos, sin reservas detrás de ellos, y con el propio Picton muerto, la Quinta División estaba a solo unos minutos del desastre. 
En el último momento, la caballería acudió al rescate. Uxbridge había hecho subir a las dos brigadas de caballería pesada británica. La brigada de Somerset estaba formada por el 1º y 2º de Reales Guardias a caballo, los Guardias Reales a caballo y por el 1º de Dragones Reales. El otro, dirigido por Ponsonby, estaba formado por el 1º de Dragones Reales, el 6º de Dragones y el 2º de Dragones; los caballos grises de estos últimos le habían ganado al regimiento el apodo de \»Los Grises\». 
Con un perfecto sentido del tiempo, Uxbridge dirigió su caballería pesada contra los franceses. La brigada de Somerset se dirigió al oeste de la carretera principal y la de Ponsonby al este. La caballería de Somerset se encontró con los coraceros de Dubois justo al oeste de La Haye Sainte, el escuadrón más oriental de estos coraceros se desordenó en parte al cruzar la carretera hundida. Los británicos los derrotaron al entrar en contacto, junto con la infantería de Allix que estaba presionando alrededor de la granja. Sin embargo (y no por primera vez) elementos de la caballería británica se salieron de control, no pudieron unirse detrás de los escuadrones de reserva y tomaron su cargo directamente hacia la Gran Batería francesa. 
Ponsonby atacó a Donzelot y Marcognet en dos líneas: los Royals e Inniskillings en la primera línea y los Scots Greys en reserva a su izquierda y atrás. Este último pronto se olvidó de su papel de apoyo, sin embargo, y barrió los flancos de Marcognet para completar la derrota total de esta división. Las cargas de apoyo de la brigada ligera de Vandeleur presionaron a Durutte para que retrocediera, en un orden bastante mejor que el resto del Cuerpo, para completar una carga en todo el sector que era imparable. Los franceses perdieron unos 5.000 hombres y dos águilas y solo en el extremo derecho en Papelotte y Frischermont lograron algún grado de éxito. 
Pero los Grises también ignoraron la llamada a la concentración y arrasaron entre la batería francesa. Sin embargo, junto con los restos de Somerset, los frecos coraceros y lanceros los rechazaron con grandes pérdidas. Solo la rápida acción de la caballería ligera de Vandeleur les permitió la cobertura que necesitaban para escapar. 
Ahora eran las 3 de la tarde. Una pausa descendió sobre la batalla cuando ambos lados se detuvieron para reagruparse. El ataque francés se había disuelto, pero con una pérdida de aproximadamente el 40 por ciento de toda la caballería de Wellington, y casi toda la caballería pesada que habría sido inestimable contra los asaltos que seguramente seguirían. Y siguieron a continuación. Napoleón, tal vez sospechando que podría haber cometido un error al darle tanto control a Ney, ahora le dio una orden directa y categórica de que debía tomar inmediatamente La Haye Sainte. 
El ataque de la caballería francesa: Un poco antes de las 4 de la tarde, Ney tomó las brigadas de Quiot y Donzelot del resto del I Cuerpo reunido contra La Haye Sainte, pero descubrió que la posición de Baring había sido reforzada. El ataque fue rechazado en solo unos minutos, pero, mientras estaba en el frente, Ney vio que algunos batallones británicos aún regresaban a la cobertura de las pendientes inversas y más \»columnas\» de heridos que se dirigían de regreso hacia Mont St. Jean. Tomando estos como tropas en retirada, inmediatamente ordenó a una brigada de coraceros de Milhaud para presionar la retirada percibida en una derrota. De alguna manera, el ataque se intensificó con toda la emoción, y en lugar de solo una brigada de coraceros, unos 5.000 jinetes franceses de todo tipo, muchos sin órdenes, se movieron repentinamente contra el centro derecho aliado. En la cresta, Wellington y su personal estaban asombrados de que se pudiera haber cometido tal error. Wellington ordenó a sus tropas que formaran en cuadro y avanzó algunas de ellas hasta justo detrás de los cañones aliados que bordeaban la cresta, de modo que los artilleros pudieran correr de regreso al refugio de los cuadros en el último minuto y luego regresar rápidamente a los cañones con la expectativa de que la caballería sin apoyo sería rechazada. 

La caballería francesa avanzó espectacularmente, en échelon desde la derecha. Canalizada en la brecha entre La Haye Sainte y Hougoumont, cargando cuesta arriba, a través de maíz alto y sobre un terreno empapado, no es sorprendente que el ataque se realizara apenas al trote, y los artilleros aliados no perdieron tiempo en aprovechar al máximo el objetivo. Antes que ellos. Filas enteras fueron destruidas por el impacto de la balas que volaba a través de la masa abarrotada de caballos y jinetes, mientras que repetidas cargas de proyectiles y metralla vaciaron muchas sillas en las filas traseras. Luego se redujo al alcance de la metralla, donde filas enteras desaparecerían de un golpe, los siguientes caballos tropezarían con la carnicería destrozada que alguna vez fue una de las mejores caballerías de Europa. Y aún así siguieron adelante. Desordenada por los montículos de cadáveres y escombros, el camino hundido y el fuego incesante de la infantería constante, ola tras ola de este magnífico brazo se rompió contra los cuadros, para ser arrojado colina abajo, donde reformándose con otros igualmente rechazados, volverían a lanzar su cargar en las mismas bocas de los cañones reutilizados que acababan de pasar, y a la infantería posterior. 
No menos de cuatro asaltos tuvieron lugar en los cuadros aliados por esta caballería, en algunos lugares apoyados por baterías a caballo, pero por lo demás sin ningún apoyo o coordinación. La infantería francesa en avance podría haberse acercado sin ser molestada por el fuego de artillería cuando los artilleros aliados se refugiaban dentro de los cuadros por los jinetes en movimiento, pero la oportunidad se perdió. \»Ese movimiento prematuro puede tener un efecto fatal en la suerte del día. Es demasiado temprano para una hora\», gruñó Napoleón a Soult. \»Nos ha comprometido, como lo hizo en Jena\», fue la respuesta. 
A las 5 de la tarde, 10.000 jinetes habían sido introducidos en la vorágine en un intento de ayudar a los primeros asaltos fracasados, pero todavía no había llegado la infantería de apoyo, ni ningún equipo de ataque para clavar a los cañones aliados. Aunque las bajas aumentaron dentro de los cuadros británicos, pudieron mantenerse firmes mientras no había amenaza de la infantería francesa, y algunas cargas de la caballería ligera aliada y el resto de la caballería pesada ayudaron a despejar a los ahora cansados ​​jinetes franceses de la colina. Todos habían sido rechazados cuando, por fin, a las 17.30 h de la tarde, llegaron 8.000 infantes del cuerpo de Reille en apoyo. Era demasiado tarde para los cansados ​​jinetes que ahora se reagrupaban a sotavento de la cresta. La infantería de Lord Hill giró hacia la derecha aliada hacia Hougoumont para permitir el fuego convergente sobre la infantería francesa a medida que subían por la pendiente. En vista de la presencia de la caballería todavía en el área, la infantería de Wellington había formado líneas reforzadas (de a cuatro de profundidad) para enfrentarse la amenaza, pero aún así dio tal volumen de fuego que en diez minutos habían roto el ataque e infligido más del 20 por ciento de pérdidas en las columnas. 
El segundo gran asalto a las líneas aliadas se había roto. Y ahora, al menos, los prusianos estaban haciendo sentir su presencia en la derecha francesa. 
Llegan los prusianos: Wellington había esperado que los dos cuerpos prusianos enviados desde Wavre reforzaran su ala derecha a la hora del almuerzo, y había dejado espacio en su despliegue detrás de Picton para permitir su llegada. Pero los embrollos en el trabajo del Estado Mayor prusiano causaron confusión en la marcha cuando las largas columnas convergieron y el lodo pegajoso redujo el avance a un lento caminar. Como resultado, el primer cuerpo en llegar, IV Cuerpo de von Bülow, no entró en acción hasta poco después de las 16:00 h. Las primeras brigadas habían surgido del Bosque de París en el extremo derecho de los franceses, y detrás de los cuerpos de d\’Erlon, mientras que el resto de la columna estaba tendido hacia la retaguardia debido a la larga marcha sobre terreno difícil. 
Cuando los prusianos salieron del bosque, se encontraron con el cuerpo de Lobau formado en ángulo recto con la línea principal francesa, uniéndose con Durutte a la derecha francesa. Lobau atacó antes de que los prusianos pudieran desplegarse por completo, empujando a von Bülow hacia el bosque, pero un ataque prusiano hacia Plancenoit amenazó con girar a la derecha de Lobau y recuperó la situación. A las 5 de la tarde, con la llegada del II Cuerpo de Pirch a la izquierda de von Bülow, Plancenoit resultó amenazado desde tres flancos y el cuerpo de Lobau se encontraba en claras dificultades. Estalló una feroz lucha en las afueras de la aldea, donde los prusianos conservaban un punto de apoyo, y las reservas prusianas estaban llegando para explotarla contra los asediados franceses. Una división de la Joven Guardia acudió en su ayuda y aseguró brevemente Plancenoit antes de que nuevas oleadas de asaltos prusianos se lo arrebataran en una sangrienta lucha cuerpo a cuerpo. La Joven Guardia fue rechazada y las finas y cansadas líneas de Lobau fueron presionadas implacablemente hacia atrás. Si tan solo Grouchy hubiera estado allí… 
Las cosas parecían decididamentecomplicadas para Napoleón ahora y con su línea del frente comprometida en toda su longitud, solo quedaba la Guardia para reforzar su derecha vacilante. Si Plancenoit no se recupera, todo su flanco podría colapsar. Envió a dos batallones de la Vieja Guardia a tomar Plancenoit y alineó a los once batallones restantes a lo largo de la carretera principal, de cara al este. El duramente presionado cuerpo de Lobau acortó sus líneas y se trasladó al noreste de Plancenoit. La manifestación y la amenaza de la Vieja Guardia fue en sí misma casi suficiente. Los dos batallones irrumpieron en Plancenoit en un brillante contraataque, que arrojó a un total de catorce batallones de prusianos hacia atrás del área inmediata del pueblo y reforzó la decaída moral del ala derecha francesa. En una hora, la línea se había estabilizado; cada bando se detuvo para reagrupar fuerzas y recuperar fuerzas. Al traer a la mayor parte de la Vieja Guardia a la reserva central alrededor de las 7 de la tarde, Napoleón debió sentir que la victoria aún estaba a su alcance, ya que, mientras estaba preocupado a su derecha con los prusianos, Ney había permanecido muy activo en el centro. 
La crisis de Wellington: Todavía decidido a tomar La Haye Sainte, la clave de la batalla, Ney había organizado un tercer asalto al centro aliado. Lanzado un poco antes de las 6 de la tarde, esta vez el ataque se organizó correctamente, utilizando armas combinadas de infantería, caballería y artillería en el asalto. Muchas de las tropas aliadas se vieron obligadas a formar en cuadro por la presencia de la caballería enemiga, lo que redujo seriamente el número de mosquetes que podían apuntar a la infantería francesa que se acercaba . Peor aún, la artillería francesa de apoyo abrió grandes agujeros en las formaciones densamente pobladas, que solo pudieron cerrar filas ante el asalto de las armas combinadas. 

La presión sobre el ejército de Wellington era ahora casi intolerable. Aunque la línea se mantuvo firme toda la tarde, las bajas no habían sido escasas y los heridos habían vuelto a la retaguardia. La deserción no era desconocida y algunas unidades, como los Húsares del Duque de Cumberland, habían abandonado el campo en masa. El poder de permanencia de algunas de las tropas aliadas era ahora muy cuestionable, y Brialmont describió que el camino a Bruselas estaba tan lleno de fugitivos que Wellington no tenía más remedio que mantenerse firme. 
El centro de Wellington se estaba debilitando rápidamente bajo la intensa presión del tercer ataque de Ney. El general Ompteda cayó muerto cerca de la carretera principal; Sir William Delancey recibió una herida mortal de una bala de cañón mientras cabalgaba junto a Wellington; Sir Alexander Gordon recibió su herida de muerte cerca; más a la derecha, el Príncipe de Orange y el General Alten fueron abatidos. 
La dura Legión Alemana del Rey de Kielmansegge fue finalmente empujada hacia el centro, dejando una enorme brecha en la línea aliada. Peor aún, al estar encerrados en cuadros durante la mayor parte de la tarde durante el ataque de la caballería francesa, el control de mando sobre la mayor parte del campo de batalla se había cortado, con el resultado de que la guarnición de La Haye Sainte no había sido ni reforzada ni reaprovisionada. Los hombres de Baring allí, muy agotados y después de haber disparado sus últimas rondas, no tuvieron otra alternativa que luchar para salir y reunirse con las líneas principales. De los 400 defensores originales de la finca, solo 42 salieron. 
Tomando por fin La Haye Sainte, Ney no perdió tiempo en colocar una batería de artillería allí, que enfilaba a las tropas aliadas a menos de 300 yardas de distancia. Todo lo que Wellington pudo hacer fue llamar a sus últimas reservas de la extrema izquierda y la extrema derecha para tapar la brecha que se ensanchaba rápidamente en el centro. 
\»¡Le centre est ouvert! Vive l\’Empereur!\»: Ahora era el momento de que Ney lanzara un último asalto para atravesar el centro diezmado de Wellington. ¿Pero con qué? Su propia fuerza estaba estirada, comprometida a lo largo del frente y, como Wellington, no tenía reservas en el área inmediata. Él necesitaba refuerzos, tal vez de la Guardia. Envió al coronel Héymès a pedirle al emperador más tropas. Cuando llegó al puesto de observación del Emperador, Napoleón estaba bajo presión por la derecha y todavía estaba preocupado por sus problemas en Plancenoit. La Guardia estaba tendida a lo largo del flanco derecho en apoyo de Lobau, y no se podía entregar nada más a este derrochador mariscal. \»¡Más tropas!\» exclamó Napoleón enfurecido; \»¿Dónde voy a conseguirlas? ¿Espera que las haga yo?\». 
Los refuerzos de Ney no llegarían. El momento habría sido crítico, antes de que aparecieran las reservas finales de Wellington. La línea vacilante se mantuvo cuando Chassé llegó desde el extremo derecho, Wincke desde el extremo izquierdo y el propio Wellington sacó a los inciertos Brunswickers de la reserva para llenar el vacío. Para mantener a los Brunswickers en su lugar, se alineó detrás de ellos con las brigadas de caballería de Somerset y Ponsonby, brigadas solo de nombre, ya que entre ellas apenas había dos escuadrones. Se habían comprometido sus últimas reservas, los franceses habían sido controlados por el momento, pero ¿dónde estaban los prusianos prometidos? \»Dame a Blücher… o dame la noche…\» fue su oración en silencio. Si lo hubiera sabido, al desviar la reserva final de Napoleón, los ataques prusianos contra Plancenoit probablemente ya habían salvado a su ejército. Eran las 7 de la tarde. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 19.45 horas. (b)

El asalto de la Guardia Imperial: Poco después de las 7 de la tarde, el ala derecha francesa se había apuntalado lo suficiente como para llevar a la mayor parte de la Vieja Guardia a la reserva. La posición francesa parecía fuerte desde La Belle Alliance. En el extremo derecho, Durutte sostenía a La Haye y Papelotte, con los escaramuzadores lanzados hacia la cima de la cresta; el resto del I Cuerpo estaba atareado bastante adelante en las laderas a la derecha de La Haye Sainte y en la propia granja los cañones franceses y los francotiradores estaban rastrillando las líneas aliadas a derecha e izquierda. Ney había cruzado la cresta a la izquierda de la carretera, y las líneas de Wellington mostraban brechas considerables. Wellington claramente había comprometido todas sus reservas y desde los ruegos de Ney media hora antes, debía estar aún más débil. Se requería un esfuerzo supremo en todo el frente, con un ataque de la Guardia Imperial para atravesar el centro y arrollar la línea, y todavía podría haber tiempo suficiente para enfrentarse a los prusianos antes de que oscureciera. 
Pero incluso cuando se estaba preparando el ataque, se hizo evidente que la visión del éxito que tenía ante él era ilusoria, ya que a la derecha francesa, los uniformes azules del I Cuerpo prusiano ahora podían distinguirse en la distancia cuando llegaron tardíamente a Smohain y Frischermont para vincular los dos ejércitos. Las señales de pánico ya estaban comenzando a verse en la derecha francesa mientras especulaban sobre el desastre que seguiría. Solo un esfuerzo supremo podría salvar el día.
Siempre dispuesto a correr riesgos, mientras la Guardia avanzaba, Napoleón difundía deliberadamente la noticia de que los uniformes azules en la distancia pertenecían a la fuerza de Grouchy. Le dio a sus líneas cansadas la fuerza para hacer un esfuerzo final y, por fin, aquí estaba la Guardia, avanzando con paso firme para romper la línea de Wellington. Su uso siempre había presagiado el final victorioso de una batalla: la victoria estaba cerca; el éxito era seguro; la Guardia nunca había sido derrotada. \»¡La Garde au feu! ¡Voilà Grouchy! ¡Vive l\’Empereur!\» Los detalles del ataque real todavía son un poco confusos, con diferentes fuentes que ofrecen diferentes interpretaciones. Sin embargo, parece que de los catorce batallones de la Guardia, dos ya estaban comprometidos en Plancenoit, lo que dejaba doce batallones a disposición del Emperador. Dejando tres cerca de La Belle Alliance, el propio Napoleón encabezó al resto en columna a lo largo de la carretera principal de Bruselas. 
La Guardia descendió al valle. Manteniendo allí a tres batallones con él, Napoleón se detuvo cerca de La Belle Alliance y entregó los otros seis al mariscal Ney para el asalto al centro aliado. La mayoría de las fuentes revelan que el asalto fue adelante en las columnas de batallón con un frente de dos compañías, pero Petit, general de la Guardia Imperial, que ayudó a organizar el ataque de Ney, insiste en que en una se utilizó una formación en cuadro hueco. Sea cual sea la verdad, es probable que uno de los seis batallones estuviera apostado en la carretera principal al sur de La Haye Sainte mientras los otros cinco ascendían por la ladera en échelon, los Granaderos de la Guardia Media iban desde la derecha, y con un par de cañones en cada intervalo. El maltrecho I Cuerpo de D\’Erlon lanzó un ataque de apoyo a su derecha, mientras que Reille debería haber proporcionado algún apoyo de sus batallones más orientales, pero por algún error estos no se materializaron, dejando a la Guardia avanzando sola, pero confiada. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 20.05 horas. (b)

Si el ataque se hubiera realizado solo media hora antes, el centro habría estado abierto. Tal como estaban las cosas, el batallón líder, el 1/3 de granaderos de la Guardia Media, coronó la pendiente para encontrarse con los Brunswickers y los restos de los regimiento británicos 30º y 73º. Los granaderos los empujaron hacia atrás, los Brunswickers se rompieron y el propio Wellington cabalgó para reunirlos. Chassé, detrás de ellos, había traído la batería holandesa de van der Smissen, que había disparado contra la Guardia con buen efecto, y luego ordenó a sus dos brigadas de infantería que taparan el hueco dejado por los Brunswickers. La brigada de D\’Aubreme abandonó el campo en desorden. La brigada de Ditmer , sin embargo, se formó a la izquierda de los reformados británicos del 30º y 73º y cargó contra los granaderos en buen orden para mantener la línea. 
Mientras tanto, el segundo escalón de la Guardia Imperial, que comprendía el único batallón del 4° de Granaderos, apareció a la izquierda del 1/3 y se enfrentó a un combate cuerpo a cuerpo con la brigada de Colin Halkett, que todavía estaba en una línea de a cuatro de profundidad. La línea casi se rompió bajo el impacto, pero simplemente aguantó, el mismo Colin Halkett remontó al 33º regimiento al tomar una de sus banderas, antes de caer él mismo. 
El destino de estos dos mêlées aún pendía de un hilo cuando el tercer y cuarto escalones llegaron juntos en una masa, que consistía en el 1° y 2° batallones del 3° de Cazadores. No había nada al frente mientras se acercaban a la carretera, hasta que la voz de Wellington gritó claramente por encima de los sonidos de la batalla: \»¡Ahora Maitland, ahora es tu momento!\» Luego la orden, \»¡Levántense, guardias!\» El duque había ordenado a todas las tropas que se acostaran o se refugiaran detrás de alguna protección  cuando estuvieran bajo fuego pero no estuvieran realmente comprometidas, y la brigada de guardias de Maitland había estado acostada al abrigo de la orilla del camino. Los mil quinientos guardias se levantaron, al parecer, desde el mismo suelo a sólo cincuenta metros por delante de los franceses. Aún en cuatro filas, golpearon a los Chasseurs con voleas que devastaron la cabeza del ataque a quemarropa. El ataque vaciló en desorden. 
Casi sin detenerse a tomar aliento, los Guardias cargaron contra la masa de los Cazadores y los arrojaron colina abajo. Cerca del final de la pendiente, los guardias perseguidores y desordenados corrieron hacia el quinto escalón francés, que comprendía al 4º de Cazadores, antes de separarse y volver corriendo en un tiempo doblemente rápido y un desorden considerable hasta la cresta entre las brigadas de Halkett y Adams, donde se apresuraron para reformarse ante los Cazadores que avanzaban.
Mientras esto sucedía, la brigada de Adams no había estado inactiva. Colborne había hecho girar al 52º hacia adelante para tomar el último escalón de la Guardia Imperial en el flanco cuando subió la pendiente y lo detuvo repentinamente cerca de la cresta. Un feroz tiroteo duró cuatro minutos y costó 150 bajas solo en el 52º, lo que tal vez sugiera por el volumen de fuego de respuesta que los Chasseurs estaban de hecho en formación cuadrada hueca en ese momento. Sin embargo, la potencia de fuego de los soldados británicos pasó factura al 4º de Cazadores y destrozó la formación. 
El ataque se había detenido en todo el frente. En el valle, Napoleón se estaba preparando para traer otros tres batallones de la Guardia – el 1º Cazadores, el 2º Granaderos y el 2º Cazadores – cuando, mirando hacia la cima, su asombro debió ser absoluto. \»¡Mais, ils sont mêlées!\» 
Incluso mientras hablaba, el movimiento hacia atrás de su Guardia era evidente. Todo el ataque había sido repelido. Las perfectas formaciones de unos minutos antes eran ahora una sola masa azul confusa, resaltada con el destello del acero cortante mientras la caballería ligera de Vivian y Vandeleur atacaba dentro de ella. Había sucedido lo imposible . Lo invencible había sido vencido. Un gran e increíble sollozo recorrió las líneas francesas: \»¡La Garde recule! ¡Sauve qui peut!\» 
A la derecha, los abrigos azules que se veían en Smohain estaban ahora más cerca, su artillería disparando sobre las líneas francesas. ¿Podría ser esto el fuego de Grouchy? Siempre había habido una sospecha considerable de las tropas borbónicas bajo su control. ¿Había desertado a los Borbones? \»¡Traison!\» surgió el grito, \»¡Nous sommes trahis!\» Pronto, incluso en la oscuridad cada vez más profunda del crepúsculo, fueron vistos claramente como prusianos, no como la fuerza de Grouchy . En efecto, el ejército había sido traicionado. 
Al ver que había llegado el momento, Wellington levantó su sombrero de tres cuartos hacia adelante para señalar un avance general. El ejército descendió por la pendiente, mientras el ejército francés se derrumbaba ante él. En el valle, solo el cuerpo de Reille a la izquierda y los tres batallones de la Vieja Guardia en La Belle Alliance se mantuvieron firmes para ofrecer una última oportunidad de un punto de reunión para el ejército que huía. Fue en vano. Plancenoit fue nuevamente tomado por los prusianos, conduciendo a todos delante de ellos hacia la carretera principal en su persecución. Sólo cuando Napoleón vio que todo estaba perdido abandonó el campo. Los cuadros de la Guardia finalmente se rompieron después de recibir disparos de mosquete frente a la abrumadora desproporción, y su comandante, el general Cambronne, se rindió al coronel H. Halkett. A las 10 de la noche, Wellington y Blücher se encontraron en La Belle Alliance, donde Blücher se ofreció a emprender la persecución. Esto fue aceptado con gratitud por Wellington, cuyas tropas para entonces habían estado luchando durante más de diez horas. 
En efecto, había sido \»un maldito y reñido asunto\».

CONTINUARÁ…

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Fuentes:
1) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
Imágenes:
a) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994

Campos de gloria: El camino hacia Waterloo. Ligny, 16.06.1815 (II)

Tras unas escaramuzas menores de retaguardia los días previos, los prusianos decidieron plantar batalla al grueso de las tropas de Napoleón en la localidad belga de Ligny, a unos 10 kilómetros de Quatre-Bras, donde el mariscal Ney intentaba desalojar a las tropas anglo-aliadas de aquel importante cruce de caminos, y en caso de éxito, atacar luego el flanco izquierdo de los prusianos desde la carretera de Namur, como le había ordenado Napoleón.

Siguiendo el relato del juego de ordenador Fields of GloryTM, repasamos lo que fue el desarrollo de dicha batalla, de hecho la última batalla que venció Napoleón en su prolongada carrera, pero que vió quizás uno de sus mayores errores dando por sentado que los derrotados prusianos se replegarían sobre sus líneas de comunicación hacia Lieja y abandonando por tanto a Wellington, renunciando a una pronta persecución y separando un contingente de tropas que le sería precioso dos jornadas más tarde.  

Como especula el manual del juego, en vista de los acontecimientos posteriores en el oeste, es interesante especular sobre lo que podría haber sucedió tanto en Waterloo como en Wavre si los comandantes de las dos alas se hubieran invertido, con el impulsivo Ney siguiendo a los prusianos y el cauteloso pero tácticamente preciso Grouchy enfrentándose a Wellington.

LA BATALLA DE LIGNY: 16 DE JUNIO DE 1815

Antecedentes: Al enterarse del avance de Napoleón a través de Charleroi, Blücher decidió trasladar sus fuerzas a Ligny, un punto medio entre Namur (el centro del área en la que estaba concentrando sus fuerzas) y Quatre-Bras (el vital cruce de caminos en la carretera que lo unía a Wellington en Bruselas). Ligny proporcionaba una posición defensiva razonable con una serie de colinas que dominaban un arroyo que las fuerzas francesas tendrían que cruzar.
La batalla: El inesperado despliegue adelantado del ejército de Blücher que se alineó la mañana del 16 esperando su asalto hizo que fuera una batalla muy oportuna para Napoleón. Los prusianos habían basado su defensa a lo largo del Ligny, un arroyo pequeño pero pantanoso que era difícil de cruzar excepto en sus cuatro puentes. Se habían preparado e incorporado diez aldeas y arroyos a la línea de defensa, lo que ayudó a cubrir los cuatro puntos de enlace y, por lo tanto, negárselos a Napoleón. La elevación del terreno en la parte trasera constituía una posición ventajosa para las columnas prusianas de soporte. 
Sin embargo, había fallos en la posición. Siguiendo la corriente de Ligny, la línea de Blücher formó un saliente que estaba abierto al fuego de artillería de flanqueo; del mismo modo, las tropas colocadas en las laderas delanteras de las colinas quedarían expuestas a un fuego de artillería masivo sin poder avanzar a través del Ligny para entablar combate. 
El plan de Napoleón era simple. Usaría su caballería para mantener ocupado el flanco izquierdo prusiano, mientras que con sus números superiores se embarcó en un asalto frontal contra el centro y la derecha prusianos. Después de un bombardeo masivo de artillería y el desgaste de su infantería, una parte de las fuerzas de Ney estaría lista para aparecer en el ala derecha prusiana. A medida que esta fuerza envolviera su derecha, Napoleón aplastaría a través de su centro con su Guardia, para destruir casi todo el ejército prusiano de un solo golpe. No había habido ningún sonido de disparos desde Quatre-Bras durante la mañana, por lo que Napoleón supuso que Ney había ocupado el cruce de caminos sin problemas, y probablemente ya se dirigía a Ligny: \»Dentro de tres horas\» se decidirá la campaña. Si Ney cumple sus órdenes a conciencia, no se escapará ni un cañón del ejército prusiano. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 14.15 horas. (b)
Aproximadamente a las 14.30 pm comenzó la batalla. Sin embargo, en la emoción y el fragor del combate, los 10.000 hombres del VI Cuerpo de Lobau en Charleroi habían sido olvidados por completo y el personal de Napoleón también se había olvidado de informar al mariscal Ney de que su presencia en Ligny sería necesaria lo antes posible. Más tarde ese mismo día, Napoleón desearía fervientemente haber tenido acceso a cualquiera de estas dos fuerzas. 
La lucha fue dura desde el principio, y al enfrentarse a todo el frente de Blücher, Napoleón le impidió poder volver a desplegar tropas en su línea de avanzada. Incluso en las primeras etapas de la batalla, aunque Blücher tenía superioridad numérica, tuvo que perder varias de sus reservas. Estas, a su vez, fueron sometidos a un fuerte bombardeo mientras esperaban en las laderas delanteras de las colinas. 
El extremo occidental del campo de batalla era particularmente importante para cada bando, ya que permitía la comunicación y el posible refuerzo para ambas partes con sus tropas amigas: Ney para los franceses y Wellington para los prusianos. La lucha aquí fue particularmente cruel y sin cuartel ni dado ni pedido, prusianos y franceses se atacaban en un combate cuerpo a cuerpo, cada edificio destrozado y en llamas en las aldeas se disputaba hasta el final. Los prisioneros tomados fueron asesinados sin piedad. Alrededor de las aldeas de Ligny y St. Amand, las pérdidas fueron muy graves en ambos lados. La lucha por la aldea de Ligny fue particularmente sangrienta, pero después de cinco intentos que involucraron una acción mano a mano muy intensa, las fuerzas francesas supervivientes finalmente lograron arrebatar parte de ella al dominio prusiano. Las unidades francesas en Ligny informaron pérdidas de hasta el 60 por ciento. 

A las 15.15 horas, destrozado por el fuego de artillería de los flancos y viendo a los franceses entrando en Ligny, el saliente prusiano comenzó a colapsar. La mayor parte de la fuerza de Blücher estaba ahora comprometida en apuntalar su línea y llenar los enormes huecos abiertos por el bombardeo de artillería. Ahora era el momento de que Napoleón enviara su Guardia junto con la maniobra de flanqueo de d\’Erlon. Pero, ¿dónde estaba d\’Erlon? Mientras ordenaba a la Guardia que se formara, Napoleón envió un llamamiento urgente a Ney para que se apresurara en su ayuda: \»El destino de Francia está en tus manos… no dudes ni un momento en… dirigir tu avance hacia las alturas de St. Amand\». Ney había recibido su mensaje a las 5 de la tarde. 
Incapaz de esperar más por Ney o d\’Erlon, Napoleón formó su Guardia para aplastar el centro prusiano en ruinas. Pero a las 17.30 h., justo cuando el asalto estaba a punto de avanzar, una alarma se extendió a lo largo de las líneas. Una larga columna de tropas aparecía detrás del flanco izquierdo francés. Los exploradores lo informaron como hostil. ¿Wellington se había abierto paso? No podía ser d\’Erlon, estaba en el lugar equivocado. Claramente, Napoleón no podía arriesgarse a comprometer a la Guardia en ese momento, y el ataque se pospuso mientras los ayudantes galopaban hacia la columna para determinar su estado. 
En efecto, era d\’Erlon. Una orden mal redactada le había ordenado que dirigiera su marcha sobre \»Wagnée\» en lugar de \»Wagnelé\»; de ahí su llegada al lugar completamente equivocado. Además, no había tenido en cuaneta enviar jinetes de avanzada para advertir a las tropas amigas de su llegada. Así que la sorpresa resultante no solo retrasó un ataque crítico, sino que hizo que la izquierda francesa (bajo Vandamme) se pusiera decididamente nerviosa, por lo que la Joven Guardia tuvo que desplegarse para reforzarlos, y en un momento el general Lefol se vio obligado a girar su propia artillería sobre sus hombres presa del pánico mientras abandonaban la línea. 
Fue solo alrededor de las 18.30 pm que la verdadera situación quedó clara, y la Guardia pudo avanzar. En ese respiro Blücher había consolidado su línea e incluso había presionado a la vacilante izquierda francesa con una fuerza mezclada para retomar parte de St. Amand. Con una ironía casi increíble, incluso cuando la formación de la Guardia se estaba reuniendo de nuevo, llegó la noticia de que el cuerpo de d\’Erlon, ahora claramente a la vista de los prusianos, acababa de dar la vuelta para marchar de regreso a Quatre Bras con casi todas sus tropas. Había llegado la orden de retirada de Ney. 
Sin embargo, para los prusianos había comenzado el acto final. La Joven Guardia los expulsó de St. Amand y, a las 19.30 horas, el gran asalto estaba listo para lanzarse al corazón mismo de las  reformadas posiciones prusianas. Más de doscientas cañones abrieron fuego en el desesperadamente delgado centro prusiano. Luego, a las 19.45 h., cuando estalló una tormenta sobre el campo de batalla, más de seis mil hombres de la Guardia marcharon hacia adelante en un asalto con armas combinadas que barrió Ligny y se estrelló contra las líneas prusianas. El 21º regimiento prusiano cargó contra los granaderos que avanzaban, pero fue interceptado por los coraceros franceses que lo acompañaban y completamente destrozado. Se sacrificaron dos escuadrones del 1º de caballería de Landwehr de Westfalia mientras cargaban contra las filas disciplinadas de la Guardia sin ningún resultado mientras los franceses avanzaban y atravesaban la aldea. Nada podría salvar la batalla de los prusianos ahora, pero Blücher aún podría librar a su ejército de los peores horrores de la persecución si pudiera ganar algo de tiempo. 
Blücher se colocó a la cabeza de la caballería de Röder y la arrojó contra la Guardia francesa que avanzaba. Era una esperanza desesperada. Las escuadras de la Guardia derrotaron fácilmente el ataque, y el propio Lützow cayó herido a la cabeza del 6º de Ulanos, destrozado, ahora con solo 300 hombres. Dos regimientos más de caballería prusiana lanzaron una carga adicional en las plazas , pero de repente desde el flanco llegó una carga de los coraceros franceses de apoyo, que se estrelló contra el tambaleante ataque prusiano. Una sucesión de cargas de caballería fragmentadas fue igualmente rechazada cuando los cuadros de la Guardia se enfrentaron fríamente a los atacantes prusianos con descargas medidas antes de que los omnipresentes coraceros franceses recogieran los restos de la rota caballería. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 20.30 horas. (b)
El propio Blücher había caído en una de las cargas cuando le dispararon a su caballo. Permaneció tendido allí, inmovilizado durante algún tiempo mientras los coraceros franceses pasaban repetidamente, sobre un terreno lleno de cuerpos donde él y muchos otros habían caído durante el día. Fue bastante después del anochecer cuando un fiel ayudante finalmente logró sacarlo y llevarlo a la retaguardia, donde las generosas aplicaciones de ginebra y ajo lo revivieron lo suficiente como para reunirse con su ejército. 
Mientras tanto, los prusianos estaban en un estado de confusión, sin líder y un ejército que se retiraba en desorden buscando poner tiempo y distancia entre él y la inevitable persecución francesa. El estado mayor tuvo que acordar rápidamente entre ellos dónde ir para reagruparse, porque ya habían sido rechazados de las rutas principales a Namur, su principal línea de comunicación. Y así, con poca luz en el borde de la carretera lluviosa, Gneisenau y los comandantes del cuerpo se reunieron para decidir una ruta alternativa para la fuerza maltrecha. El único nombre en los mapas claramente visible para todos era Wavre, algo al norte de Ligny. Así fue como se eligió Wavre como primera etapa antes de retirarse hacia el este hacia Lieja. Casi por pura casualidad, era el único lugar que Napoleón no esperaba y la única dirección que permitiría a los prusianos la más mínima opción de unirse a Wellington antes de Bruselas. No es que Gneisenau tuviera intención de moverse para unirse a Wellington; no solo sospechaba mucho de sus aliados, casi hasta el punto de la anglofobia, sino que esperaba que la persecución francesa lo mantuviera completamente ocupado mientras retrocedía.
Pero, sorprendentemente, cuando el ejército prusiano se retiró del campo de batalla, la anticipada persecución francesa no se materializó. Aunque los desertores huyeron en masa, la mayoría del ejército pudo mantener la cohesión y retirarse sin ser molestados hacian Wavre. En realidad, la persecución tardó en llegar por orden directa y responsabilidad del Emperador . Después de la batalla, hizo de Ligny su cuartel general y, esperando y creyendo que los prusianos estaban totalmente aplastados, se negó a permitir una persecución rigurosa esa noche. Quizás aquí nuevamente podamos ver la evidencia del exceso de optimismo y la falta de energía que solo unos años antes habrían impulsado a su caballería a una persecución inmediata y agresiva. Después de Jena, por ejemplo, la persecución francesa fue tan vigorosa que duró casi hasta el Báltico y puso fin a toda la campaña .

CONTINUARÁ…

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Fuentes:
1) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
Imágenes:
a) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
b) – https://www.britishmuseum.org/collection/term/BIOG163614

Campos de gloria: El camino hacia Waterloo. Quatre-Bras, 16.06.1815 (I)

Esta semana no podemos dejar pasar la oportunidad de rememorar la campaña de los 100 días, como hemos hecho en otras ocasiones, pero esta vez de una manera un poco diferente. 

Fields of GloryTM (Campos de Gloria) es un videojuego de estrategia para ordenador publicado por MicroProse en un ya lejano 1993. Los jugadores podían recrear las cuatro principales batallas históricas de la campaña (Quatre-Bras, Ligny, Waterloo y Wavre), además de dos batallas hipotéticas (en Nivelles y Wagnee). En una época donde los juegos de ordenador comenzaban a pasar de la voluntariosa adolescencia a una temprana madurez, Fields of Glory fue un serio intento de trasponer los juegos de táctica napoleónicos a las pantallas de los ordenadores personales. El juego no fue un gran éxito, debido a una criticada IA y a la animación gráfica, pero tenía a su favor una más que apreciable base de datos, una descripción de las cuatro batallas históricas bastante cumplidora así como una introducción de David Chandler, afamado autor y por entonces Jefe del Departamento de Estudios de Guerra de la Academia militar inglesa de Sandhurst.
Sin más preámbulo, os invitamos a revisitar la Campaña de los 100 días a través de las páginas traducidas del original de Fields of GloryTM, con nuestra primera batalla: Quatre-Bras.  

LA BATALLA DE QUATRE BRAS: 16 DE JUNIO DE 1815

Trasfondo: El cruce de caminos de Quatre-Bras es donde las carreteras de Bruselas (el cuartel general de Wellington), Namur (el centro del área en la que Blücher estaba concentrando sus fuerzas) y Charleroi (el lugar donde Napoleón había cruzado el río Sambre) se encuentran. Por lo tanto, era un área clave para ambas partes. Si los anglo-aliados podían mantenerlo, podrían mantener estrechos vínculos con los prusianos. Si los franceses lo mantenían, lograrían parte del plan de Napoleón de dividir a las fuerzas enemigas. 
La Batalla: Reille, el comandante del 2.º Cuerpo francés, se había encontrado ya con las tropas británicas en la guerra de la Península. Conocía los métodos de Wellington para ocultar gran parte de su ejército hasta el último minuto; así que, notando que el terreno ondulado alrededor de Quatre Bras proporcionaba mucho espacio para ocultarse en el alto centeno y que el bosque de Bossu era una posición perfecta para una emboscada de flanco, avanzó con extrema precaución. 
El comandante de la 2.ª División Belgo-Holandésa, Perponcher, bajo el mando del Príncipe de Orange, comandante del 1er Cuerpo Anglo-Aliado, había cubierto todo su frente con el 27º de Jägers en una línea que se extendía por casi una milla (unos 1.600 m). Detrás y al oeste de la carretera estaban los batallones restantes, algunos alineados en el bosque de Bossu, y la 5ª milicia que ocupaba la granja de Gemioncourt.
Al este de la carretera, la 5ª División francesa al mando de Bachelu avanzó tras una fuerte línea de escaramuzadores y pronto presionó contra Gemioncourt. Los escaramuzadores opuestos retrocedieron hacia la granja. La 6.ª División francesa comandada por Jérôme, llegando tarde, avanzó hacia el oeste de la carretera y presionó hacia el bosque de Bossu. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 15.00 horas. (b)
En una hora, con el apoyo de la artillería, los puestos de avanzada de Pireaumont y Gemioncourt finalmente habían sido ocupados, y Jérôme se movía con firmeza a través del bosque de Bossu mientras el peso de los números hacía mella en la delgada línea de Bijlandt, que se retiraba en buen estado y a la espera de los refuerzos de Sir Thomas Picton, comandante de la 5ª División de infantería británica. De repente, se lanzó una carga de caballería contra el 17º  de Infantería ligera holandesa. Los holandeses se fragmentaron ante el ataque, algunos corriendo precipitadamente hacia la retaguardia, otros quedándose en grupos aislados luchando hasta el final. 
La línea se había roto, los lanceros franceses de Piré de la 2ª División de caballería atravesando el centro en una carga enérgica derrotaron a la caballería holandesa ligera de Merlen. Si Reille hubiera comenzado a explotar la ruptura en la línea aliada, la batalla habría terminado casi antes de comenzar; pero ahora la división de Picton llegó a Quatre Bras con Wellington para controlar el avance francés. 
La infantería francesa que avanzaba se detuvo cuando inesperadamente se encontraron con tropas frescas, luego se retiraron; pero los lanceros avanzaron, algunos se separaron para rodear focos de tropas holandesas, otros se dirigieron directamente hacia los montañeses (Highlanders) que formaron cuadros para rechazar el ataque. 
Bajo Wellington, las brigadas británicas ahora se alineaban en el seto de la carretera de Namur al este del cruce de caminos, los hombres del 95º de Rifles ocupaban el bosque justo al norte del Lago Materne, donde se enfrentaron y contuvieron el avance de la infantería de Bachelu, ocupando los edificios en el cruce de caminos. Los hannoverianos se colocaron detrás de ellos hacia el norte de la carretera de Namur, y la llegada de Brunswick al oeste de Quatre Bras completó la línea a tiempo para enfrentarse al próximo ataque francés. La línea de Bijlandt estaba ahora casi totalmente diezmada después de haberse enfrentado a un ataque de armas combinadas bien organizado. Muchas de sus tropas se habían dirigido hacia la comparativa seguridad del bosque de Bossu. 
La artillería francesa dirigió ahora toda su fuerza hacia las unidades de Picton, a quienes Wellington ordenó que se tumbaran al abrigo de las zanjas y la carretera parcialmente hundida. Este camino hundido y sus gruesos setos proporcionaron cobertura a los hombres de Picton, mientras se refugiaban del bombardeo francés de 38 cañones que ahora se abrió anticipando el nuevo asalto, las columnas francesas fueron organizadas por el mariscal Ney en persona. Formó cuatro columnas, cada una de ellas con la dotación de una brigada para romper las líneas aliadas. 
Mientras las cuatro columnas de infantería francesas avanzaban, apantallando sus cañones, el bombardeo amainó, y Wellington ordenó a las tropas de Picton que pasaran por encima de los setos, que se colocaran junto a la infantería de Brunswick a su derecha, cerca del bosque. Los franceses llegaron con gritos de \»¡A la victoria!\», \»¡Dadles la bayoneta!\» y \»¡Vive l\’Empereur!\».
 
A lo largo de la línea británica, las descargas de mosquetes se estrellaron contra las cabezas de las columnas que avanzaban. Al este de la carretera principal de Bruselas , las cabezas de las espléndidas columnas azules de infantería se habían convertido en una masa confusa y tambaleante de hombres moribundos y heridos. Gritos de agonía brotaron de los agotados y mutilados, la masa de la columna una vez calmanda ahora trabajaba en su contra como los siguientes rangos de sus camaradas tropezaban con los restos destrozados a sus pies y, moviéndose hacia adelante, se convirtieron en víctimas. El frente ahora se detuvo en total confusión, tratando de desplegarse para devolver el fuego, la parte trasera de la columna todavía los empujaba hacia adelante sobre la masa sangrienta bajo sus pies. Con confusión y desorden en las columnas en su clímax, a través del humo llegaron los montañeses (Highlanders) de Picton . Las destrozadas columnas  huyeron. 
Sin embargo, contra los Brunswickers al oeste de la carretera, Jérôme estaba teniendo mucho más éxito. Los hombres de Jérôme atravesaron del bosque de Bossu. La caballería francesa se acercaba para explotar la abertura, y los húsares de \»Cabeza de calavera\» del duque de Brunswick fueron diezmados por la fusilería francesa y derrotados al entrar en contacto con la caballería de Piré. El propio duque de Brunswick cayó herido cuando la caballería francesa persiguió a los ahora destrozados húsares. El contraataque había costado grandes pérdidas, incluidos seis cañones; pero había detenido lo que podría haberse convertido en una derrota y había dado a la infantería un respiro para retroceder y tratar de reagruparse más allá del bosque. 
Exitoso a su izquierda pero controlado a su derecha, Ney llamó a d\’Erlon para que lo ayudara en su intento de consuistar la vital encrucijada. Pero para su consternación no encontró ni rastro del I Cuerpo detrás de él. Eran entonces alrededor de las 4 de la tarde, todavía con ventaja numérica, cuando Ney recibió una orden de Napoleón (dictada a las 2 de la tarde), indicándole que tomara el cruce y luego cayera sobre la derecha y la retaguardia prusiana. Con el cuerpo de Reille ya plenamente comprometido, Ney le pidió a d\’Erlon que se apresurara a dar lo que pensó que era el golpe de gracia, porque ya su caballería deambulaba libremente por la derecha y el centro de Wellington. 
Piré había lanzado a sus cazadores y lanceros una vez más al centro aliado en un ataque sorpresa que los llevó casi al cruce de caminos, pues el propio Wellington tuvo que saltar las filas (en prono) del 92º para evadirse de la carga francesa. La caballería estaba ahora algo desordenada, ya que giraba en círculos detrás del cuadrado formado apresuradamente por el 92º regimiento, antes de girar hacia el sur para tomar las adyacentes regimientos 42º y 44º, todavía formadas en línea, en la retaguardia. El terreno ondulado y el maíz existente ocultaron la carga hasta el último minuto y tomaron por sorpresa a las tropas británicas. El 42º de montañeses, atrapados en la retaguardia en el acto de formar un cuadrado, lograron completar el cuadro con algunos de los lanceros atrapados dentro. 
La caballería francesa, ahora totalmente desordenada, se retiró a las líneas francesas, y el respiro permitió a Wellington volver a desplegar algunas de sus tropas para contener el peligro en su flanco derecho. El ataque ahora se redujo a un combate a corta distancia , donde la potencia de fuego de las tropas británicas en el centro y este del campo de batalla lentamente comenzó a pasar factura, a pesar de estar parcialmente todavía en cuadros contra la posibilidad de la caballería enemiga en el área. Dos cargas de caballería más al este de la carretera de Bruselas derrotaron a un batallón de Hannover pero, por lo demás, no tuvieron ningún impacto en los cuadros fijos de Wellington.
La iniciativa se le escapaba de las manos a Ney. Su delicado equilibrio ahora se inclinaba hacia los Aliados. Habían resistido a lo mejor que Ney podía lanzar contra ellos, y con los nuevos refuerzos en forma de las brigadas de Halkett y Kielmansegge, de la división de Alten que estaban llegando para reforzar la fuerza de Wellington. De hecho, la derecha francesa estaba ahora empezando a retroceder. El cansado ejército de Ney estaba perdiendo su superioridad numérica. Peor aún para Ney, fue en este punto cuando se enteró del verdadero paradero de d\’Erlon. Algún tiempo antes, el cuerpo de d\’Erlon había sido enviado a Ligny por un ayudante, el general De la Bedoyère. Lejos de su llegada inminente a Quatre Bras, d\’Erlon estaba en realidad ya en camino a Ligny, llevándole cada minuto más lejos de Ney. Para ahorrar tiempo, De la Bedoyere no había consultado a Ney antes de ordenar al cuerpo que se dirigiera a Ligny en nombre del Emperador. 
Mientras tanto, Wellington no era un comandante para quedarse de brazos cruzados en tales circunstancias. Un contraataque arrollador de las tropas de Alten en la derecha francesa hizo que la situación fuera crítica para los franceses, y el impetuoso Ney decidió de inmediato que debía retirar a d\’Erlon. Sin detenerse a considerar cuánto tiempo tardaría la orden en llegar a él, ni cuánto tiempo pasaría antes de que ese cuerpo apareciera en Quatre Bras, la reacción casi refleja de Ney eliminó efectivamente esta fuerza de los enfrentamientos de Ligny y Quatre Bras. 
Luego, a las 5 de la tarde, finalmente superado en número por Wellington, bajo presión a su derecha, con ese flanco realmente retirándose, sin reservas, recibió un mensaje de \»¡Apúrate!\» del Emperador. Fue la última gota. No solo las tropas del Emperador previamente prometidas nunca llegaron, sino que también le habían escatimado tropas críticas para el éxito de sus operaciones. Napoleón claramente no apreciaba el hecho de que Ney estaba en apuros y ahora se enfrentaba a la mayor parte del ejército de Wellington. Sin reservas, necesitaba tiempo para estabilizar su línea y reformar su derecha. Solo quedaba una cosa para lanzar a los Aliados, y en un ataque de desesperación, Ney ordenó a la caballería recién llegada de Kellermann que hiciera una carga casi suicida contra las líneas aliadas: una brigada de caballería contra todo un ejército. Kellermann cuestionó la orden, ya que solo una parte de su brigada había llegado al campo, a saber, la brigada de Guiton de 750 hombres del 8º y 11º Regimientos de Coraceros . Ney no aceptaría nada de eso. Prometiéndole el apoyo de las filas mermadas de la caballería de Piré, Ney lo despidió con un \»¡Ve! Pero ve ahora!\» 

Los regimientos de Kellermann se movieron por debajo de la cresta de la cresta de Gemioncourt, fuera de la vista de la infantería británica más allá. El 42º de montañeses y el 2/44º seguían en cuadro al este de la carretera de Charleroi, ya que habían sido mutilados por los lanceros de Piré. Los montañeses del 92º estaban formados en un cuadro que en realidad se extendía a horcajadas sobre la carretera de Charleroi, y el propio Wellington todavía estaba refugiado allí. 
La caballería se desplegó silenciosamente en línea debajo de la cresta. Las notas claras de la trompeta finalmente señalaron la carga, y Kellermann desató a la brigada hacia adelante, directamente a la velocidad de carga, prescindiendo de la habitual secuencia de caminar/trote/galope. La brigada tronó hacia los cuadror británicas, dispersando los restos de Brunswick y la caballería belga a su paso. Los cuadros se mantuvieron firmes, ofreciendo un fuego que rompió la carga y provocó que los jinetes fluyeran alrededor de los cuadros delanteros, tronando hacia la Brigada de Halkett. 
Unos minutos antes, mientras las unidades de Kellermann se preparaban para cargar, Colin Halkett, en la 3ª División de Alten, en el I Cuerpo del Príncipe de Orange, estaba al frente de su nueva brigada. En la división adyacente de Picton, la brigada de Pack había estado sometida a una gran presión durante unas dos horas; las bajas aumentaban y las municiones se estaban agotando. Con la llegada de tropas frescas, se ordenó al segundo batallón del 69º Regimiento (South Lincolnshire) que reforzara su posición. Por lo tanto, Halkett subió, le entregó la unidad y regresó para traer al resto de su brigada. Pack ordenó al 69º que formara un cuadro antes de avanzar más a lo largo de su brigada. 
El Príncipe de Orange, sin embargo, sin entender lo que estaba sucediendo, encontró al 69º en el acto de formar el cuadro. Estando quizás algo molesto porque un oficial de otro cuerpo estaba jugando con \»su\» batallón, les ordenó que volvieran a la línea. Hubo protestas. El príncipe insistió. Y fue mientras la infantería estaba en medio de esta maniobra cuando los coraceros de Kellermann, que ahora emergían más allá de los principales cuadros británicos, cayeron sobre ellos desde el flanco. Para el 2/69º, era demasiado tarde para reformarlo. Solo dos compañías pudieron girar para enfrentar el ataque antes de que fueran aisladas del cuerpo principal y cargadas. Era una situación desesperada para el 69º. Las tropas de Garavaque se adentraron en el corazón del batallón disperso, conssiguiendo sus banderas (una captura calificada como una recompensa). 
Sin nada capaz de detener la carga, el 69º se dirigió al refugio del bosque de Bossu Wood. Sin control, Kellermann condujo hacia adelante y se dirigió hacia el cercano 33º, que tampoco estaba formado. Conmocionados por el destino de sus compañeros del 69º, ellos también huyeron hacia el bosque, donde pudieron reformarse con seguridad. El siguiente en la línea de carga, el 2/30º acababa de formar en cuadro a tiempo y había rechazado fácilmente al 11º Coraceros.
Dondequiera que las tropas amigas despejaran las líneas británicas, la artillería francesa golpeaba sin piedad los densos objetivos de las plazas de infantería británicas, y Ney había aportado todo el apoyo de infantería que pudo reunir. Pero no fue suficiente. Los ataques de apoyo se estaban deteniendo lentamente. Los elementos de la división reformada y cansada de Piré también habían surgido ahora, mientras Kellermann avanzaba casi hasta la encrucijada misma. Allí, agotada por la carga, en lo profundo de las líneas de Wellington, desordenada por los mêlées y sin apoyo de la infantería local, la caballería cayó bajo un fuego cruzado letal de los regimientos 30º, 73º y una batería de la KGL mientras Kellermann intentaba reorganizar su mando. 
Los ataques de apoyo de infantería francesa ahora estaban siendo rechazados firmemente, los soldados de caballería pesada que habían hecho tanto daño estaban ahora en considerable desorden. Los grupos de montañeses pudieron recorrer el campo con relativa seguridad en la persecución activa de los coraceros de Kellermann. 
Mapa de William Siborne del campo de batalla mostrando
la disposición de las tropas a las 21.00 horas. (b)

Mientras tanto, en la encrucijada de caminos, los restos de la agotada carga de Kellermann estaban siendo hechos pedazos. En una lluvia de fuego desde las maltrechas filas de Wellington, la caballería diezmada huyó en desorden a la seguridad de las líneas francesas. El propio Kellermann recibió un disparo a su caballo y solo logró regresar a salvo de la carga agarrándose a los estribos de dos de sus hombres. Sin ninguna ganancia significativa, la carga le había costado más de un tercio de su magnífica brigada. Incluso cuando la caballería se retiró a la seguridad de las líneas francesas, Wellington estaba siendo reforzado por los 5.000 soldados de la División de la Guardia Británica, que irrumpieron en el bosque de Bossu. 
Ya no se trataba de que Ney conquistara Quatre Bras, solo de la posibilidad de mantener a raya a Wellington. No había nada que pudiera hacer cuando, alrededor de las 18.30 h., típicamente, Wellington se dio cuenta de que los franceses habían disparado sus últimas reservas ordenó un contraataque a gran escala en todo su frente. A las 19.30 h. el bosque de Bossu estaba de vuelta en manos de los Aliados, estos habían tomado Pireaumont y avanzado hasta el arroyo de Gemioncourt . A las 21.00 horas, con la luz del día que se desvanecía rápidamente, la batalla había terminado. Ney había sido rechazado a sus posiciones iniciales y la batalla había terminado en un empate táctico. Cuando el crepúsculo se convirtió en noche, la caballería británica y la artillería a caballo de Wellington reforzaron su posición. 
Estratégicamente, Wellington finalmente había logrado reunir a su ejército. Ahora tenía confianza en muchas de sus tropas previamente no probadas. Además, sus líneas de comunicación estaban intactas y tenía el control de una red de carreteras que podía llevarlo en cualquier dirección que quisiera: hacia adelante para enlazar con los prusianos (si hubieran ganado en Ligny), hacia el norte para cubrir Bruselas o hacia atrás a los puertos del Canal. 
Las pérdidas en la batalla fueron de aproximadamente 4.300 hombres para los franceses, mientras que Wellington había perdido 2.275 británicos, 369 hannoverianos y 819 Brunswickers, pero un número sustancial de heridos en ambos lados parecía haber podido regresar a las filas en 24 horas aproximadamente. Las tropas belgas-holandesas no pudieron regresar por separado, muchas de las cuales se habían dirigido a la relativa seguridad del bosque de Bossu. A medida que se cerraba el día, y habiendo luchado contra los franceses hasta detenerlos, el próximo movimiento de Wellington dependería de los prusianos en Ligny .
CONTINUARÁ…
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Fuentes:
1) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
2) – https://en.wikipedia.org/wiki/Fields_of_Glory
Imágenes:
a) – \»Fields of Glory: The Road to WaterlooTM – Jim Bambra, Adrian Earle et Alt., Spectrum HoloByte, 1994
b) – https://www.britishmuseum.org/collection/term/BIOG163614

El Fuerte Marlborough (Menorca) en 1798-1802

La guerra de Independencia tuvo impacto no solo en la Península, sino también en las cercanas islas Baleares, y más concretamente la estratégica isla de Menorca, que volvió a ser posesión española tras el tratado de Amiens de 1802, y que durante la Guerra de Independencia se convirtió en una importante base naval hispano-británica y un punto de refugio para muchas gentes que huían de la guerra en Cataluña y el Levante español.

Hoy comentaremos brevemente la última ocupación militar británica entre 1798 y 1802, de la que aún quedan varios vestigios importantes, como las torres Martello, y entre ellos el Fuerte Marlborough, una reducto de avanzada construido entre 1710 y 1716, y que tendría un singular papel en la guerra de los Siete Años y en la reconquista franco-española del Duque de Crillon en 1782, con la que Menorca sería recuperada para la corona española.

La isla volvería a ser británica en 1798, y durante este último período de ocupación, el fuerte Marlborough sería reconstruido en algunas partes dentro del conjunto de trabajos emprendidos por los británicos para intentar mejorar las defensas de la isla. Tras la insurrección de 1808 y la nueva alianza hispano-británica, el reducto perdería importancia por la ocupación regular de las tropas españolas de la isla, combinada por la presencia de la poderosa Royal Navy en el puerto de Mahón, y la pérdida de importancia y posterior destrucción del cercano fuerte de San Felipe, en 1805, su verdadera razón de ser. Por entonces, no parece que fuese ocupado regularmente ningún destacamento español o británico durante la guerra de Independencia, quizás por la precariedad y salubridad de sus instalaciones, comparadas con otros acuartelamientos en la isla.

Una estancia en año 2011 nos permitió visitar el fuerte Marlborough como un último vestigio de arquitectura militar del siglo XVIII, en decadencia y olvido desde la construcción de la impresionante fortaleza de la Mola en 1850, cuando ya la política geoestratégica del Continente había cambiado significativamente.   

El asedio francés de 1756 al fuerte de San Felipe, durante la guerra de los Siete
Años, con el fuerte Marlborough destacado con un círculo a la derecha. (a)

LA OCUPACIÓN MILITAR TERRESTRE BRITÁNICA EN 1798-1802 

Sir Charles Stuart (b)

Un mes después de la capitulación de la guarnición española (15 de noviembre de 1798), Charles Stuart (el comandante de las fuerzas inglesas) pudo escribir a Henry Dundas (por entonces Secretario de Guerra) que se habían iniciado los trabajos de reconstrucción en algunas de las fortificaciones en ruinas del castillo de San Felipe, inutilizadas por los españoles, con el objetivo de proporcionar a las tropas británicas un área protegida desde la cual poder resistir un ataque con una previsión de dos semanas, hasta que pudiera llegar la prevista ayuda por parte de la flota británica. El 7 de febrero, el coronel Graham consideró que la guarnición podría resistir todo menos un asedio regular, y el trabajo en las defensas continuó durante casi toda la ocupación británica. 

Pero el general sir Ralph Abercromby, que sucedió a Stuart como comandante en jefe en el Mediterráneo, hizo dos visitas a Menorca en 1800 y opinaba que las defensas eran poco más que obras simbólicas que no resistirían ni siquiera tres días contra la artillería, y advirtió a Dundas “si nos quedamos con la isla, todas las fortificaciones deben ser reconstruidas”. Stuart estuvo al mando en Menorca hasta mayo de 1799, pero antes de dejar la isla se había encargado de los trabajos de mejora (una reconstrucción parcial de Fort Marlborough, los reductos de La Reina y de Kane y las lunetas del Oeste y Carolina del antiguo Fuerte de San Felipe), y de construir nuevas torres de defensa en La Mola (Saint Clair (Cala Teulera) y Erskine (Princesa) y en el emplazamiento del Fuerte de San Felipe, con lo que volvía a existir cierta protección para la desembocadura del puerto de Mahón, así como la construcción de una serie de torres de defensa en puntos estratégicos del litoral (torres Martello)1
No contento con mejorar las defensas de la isla, Stuart se preocupó de levantar el regimiento de Menorca en 1798 (el futuro 96º regimiento de infantería), a partir de prisioneros de guerra de los regimientos suizos de habla alemana, que habían estado al servicio español2. Sin embargo, Stuart sostenía que el número de efectivos de la guarnición estaba por debajo en unos 2.000 soldados de la fuerza necesaria para proporcionar una defensa adecuada para la isla. Tenía todas las razones para esperar que los españoles darían una respuesta temprana y, dadas las otras preocupaciones de Gran Bretaña en el Mediterráneo3, sus inquietudes estaban bien fundadas.
Los restos de la torre Martello de Cala Mesquida, construida
en 1799, vista desde la cercana playa de Sa Mesquida.

En abril de 1799, las fuerzas españolas en Mallorca se habían incrementado en seis regimientos de infantería y uno de artillería (unos 7.000 hombres), y estaban concentrados en la esquina noreste de la isla alrededor del puerto mallorquín más cercano a Menorca. El 15 de abril, el Marqués de la Romana fue designado para comandar una expedición para reconquistar Menorca, y el 10 de mayo se ordenó al almirante José de Mazarredo y Salazar zarpar de Cádiz a Mallorca con una flota de veinticuatro barcos de línea para transportar y escoltar a las tropas de la Romana, pero un temporal en alta mar lo impidió4. Dadas las circunstancias, el peligro inmediato de un ataque español había pasado, y aunque la concentración de tropas españolas en Mallorca constituyó una amenaza que persistió hasta que se firmó la paz, las defensas que Stuart y sus sucesores construyeron, la concentración de tropas británicas en Menorca y la determinación de los comandantes navales británicos de proteger la isla, pareció disuadir a los españoles de montar otro ataque.
Curiosamente, en este último período de ocupación británica, 1798-1802, el número de regimientos en la guarnición de la isla fue mayor que en cualquier otro período de dominio británico (Tabla 1). 
Tabla 1. Relación entre número de efectivos y regimientos, a partir
de D. Whamond Donaldson (Tables 10.1 y 2, Garrison regiments
y Army numbers, 1798-1802) [1]

PERMANENCIA DE LOS REGIMIENTOS [1]
8º regimiento (The King\’s) – Febrero 1799 hasta Agosto 1800
17º regimiento (Leicestershire) – Julio 1800 hasta Junio 1802
20º regimiento (Lancashire Fusiliers) – Julio 1800 hasta Junio 1801
28º regimiento (Gloucestershire) – Noviembre 1798 hasta Agosto 1800
31º regimiento (East Surrey) – Marzo 1800 hasta Junio 1802
36º regimiento (2º Batt. Worcestershire) – Julio 1800 hasta Junio 1802
42º regimiento (Black Watch) – Noviembre 1798 hasta Agosto 1800
58º regimiento (2º Batt. Northants) – Noviembre 1798 hasta Agosto 1800
82º regimiento (2º Batt. South Lancs) – Julio 1800 hasta Junio 1802
90º regimiento (2º Batt. Scottish Rifles) – Noviembre 1798 hasta Agosto 1800
Ancient Irish Fencibles – Enero 1800 hasta Junio 1801
Regimiento De Roll – Febrero 1799 hasta Agosto 1800
Regimiento Dillon – Agosto 1799 hasta Agosto 1800
Regimiento Minorca – Noviembre 1798 hasta Agosto 1800    
Además, en ocasiones había otras tropas que estaban en tránsito, y para quienes la isla era simplemente un punto de reunión para alguna de las varias expediciones británicas lanzadas en o desde el Mediterráneo en este período. La presencia de tantas tropas y su número fluctuante planteó problemas logísticos tanto para los británicos como para los menorquines. Los regimientos de guarnición y algunos de las tropas adicionales de larga estancia se alojaron en los cuarteles de Georgetown/Villacarlos y Mahon, en Fort George, ya que fue reconstruido, y en la parte habitable del nuevo Lazareto (la construcción había comenzado en 1793 pero estaba incompleta y solo parcialmente habitable), y, como en el pasado, hubo tropas con base en Ciudadela, Alayor y Fornells. El resto de las tropas permanecieron a bordo de sus transportes en el puerto o ocuparon tiendas de campaña en Fort George o en San Pons, un campamento que creció a las afueras de Mahón, en el camino a Alayor. Pero, como en el pasado, se requirió que los Jurats (un órgano de gobierno administrativo municipal) proporcionaran cuartos adicionales.  
Cuando Gran Bretaña abandonó Menorca en junio de 18025 por el Tratado de Amiens, las defensas costeras de la isla, vinculadas a las antiguas atalayas (torres de vigilancia sin armamento) y con mejores rutas de intercomunicación, habían mejorado mucho, pero Menorca finalmente no fue más capaz de resistir un prolongado de lo que lo había sido en 1708, 1756 o 1781. [1]
Detalle del mapa \»A Correct Map of the Island of Minorca By John Armstrong Esqr.
Engineer in Ordinary to his Majesty with many Additions and Improvements From
the late surveys…\» datado en 1794. Vemos el denominado reducto Marlborough
en la parte inferior central derecha. (d)

EL FUERTE MARLBOROUGH

Sir John Churchill (e)

El Fuerte Marlborough es un pequeño fuerte o reducto construido por los británicos entre 1710 y 1716 con la intención de proteger el flanco sur del Castillo de San Felipe y evitar que las baterías enemigas  pudieran emplazarse en la ladera cercana, cuya aproximación cortaba el brazo de agua de la Cala de Sant Esteve (St. Stephen\’s Cove, en la acepción inglesa de la época). 

Su nombre proviene de una de las figuras militares británicas más destacadas durante la guerra de Sucesión, el general Sir John Churchill, duque de Marlborough (antepasado de Winston Churchill y según muchas versiones, inspirador de la famosa canción infantil \»Mambrú se fue a la guerra\»). El fuerte tiene la forma en planta de un polígono heptagonal, fue concebido a partir de un reducto central creado con la excavación de un gran foso, rodeado de una galería de contraescarpa, también excavada en la roca. La entrada está formada por un túnel que desemboca en la cala de Sant Esteve. Desde la galería de contraescarpa fueron abiertas, sistemáticamente, cinco galerías más de contramina. Para interceptar el túnel de entrada y la galería de contraescarpa fue creado también un cuerpo de guardia. El lado norte se comunicaba con el castillo de San Felipe a través de una fosa y un túnel subterráneo. En el centro estaba la plataforma de artillería que podía contener hasta ocho cañones. 
El primer edificio del fuerte fue demolido por orden de Carlos III en 1782, cuando España asumió el dominio de la isla. Esta secuencia de demolición/reconstrucción fue muy común en varias instalaciones militares durante este período debido a la sucesión de diferentes soberanías a las que fue sometida Menorca (Gran Bretaña, Francia y España). [4]
Una imagen aérea a partir de Google Earth, con las distancias aproximadas
entre el fuerte Marlborough y los recintos defensivos más próximos.

La cercana torre Martello d\’en Penjat es la primera que construyó el ejército británico en la isla de Menorca entre 1798 y 1799. Se construyó en el cerro del Turco o del Ahorcado, con el objetivo fundamental de cubrir la entrada al puerto de Mahón, mientras se reconstruía el fuerte de San Felipe y también servía de apoyo al fuerte Marlborough. [5]

Nuevamente, cuando los británicos retomaron la isla, el fuerte fue reconstruido entre 1798 y 1801. Esta reconstrucción siguió las pautas anteriores, utilizando estructuras primitivas, ya que la demolición no afectó ni al foso ni a la base de la zona central, para ser excavadas en la roca. Las principales diferencias entre ellos se basaron en la arquitectura para la defensa y la artillería, que había ido evolucionando a lo largo de los años, como la introducción de plataformas circulares para el parapeto de artillería o “barbette” o las galerías alrededor del foso central También se construyó un muro de piedra seca para Torre d\’en Penjat y otro muro desde el pozo hasta la orilla sur del arroyo. En 1802, cuando España recuperó Menorca, ordenó la destrucción del castillo de San Felipe, pero nada aparece en el fuerte Marlborough. Sin embargo, al iniciar las obras de construcción de la fortaleza de La Mola, en 1850, la fortaleza quedó en el olvido.
Maqueta del fuerte Marlborough. Museo militar de Menorca.

El fuerte fue restaurado por primera vez en 1983, y también se llevó a cabo la limpieza y remoción de los escombros. Desde entonces se ha trabajado con más o menos intensidad en su recuperación hasta la última campaña de restauración en 1993, con el estado que actualmente se puede visitar por el público, complementado con un interesante diseño expositivo, mientras recorremos algunas de sus galerías y su plaza central. [4]

ACCESO Y GALERÍAS INTERIORES

Entrada de acceso al recinto.
Imagen desde el interior del acceso de entrada.
Recreación de un puesto de guardia de época.

Una de las cinco galerías de contramina excavadas en
la roca para las labores de contraminado.
Algunos de los efectos visuales al fondo de la galería,
semejando el efecto de las explosiones
Galería paralela al perímetro interior, con las aspilleras laterales que servían para
poder defenderse de un atacante que hubiera penetrado en el recinto interior.
Una perspectiva de la vista del foso interior desde una de las aspilleras.

FOSO Y REDUCTO EXTERIORES  

El foso interior, con las aspilleras defensivas en las paredes de los muros.
Entrada medio derruida al reducto central desde el foso.
Los cañones emplazados apuntando al noroeste, hacia la Cala Sant Esteve.

Los cañones navales de las defensas costeras en este caso se emplazaban montados en unas estructuras que abarcaban un ángulo mayor de tiro contra objetivos navales móviles. Normalmente se emplazaban cañones de 12 ó 16 libras. 

El movimiento lateral del cañón se obtenía mediante el chasis que
estaba equipado con un perno giratorio en la parte delantera y 
dos ruedas de hierro en la parte trasera.

El camino de ronda perímetral del reducto. 

Panorámica y un panel informativo con la situación
de algunos de los antiguos puestos militares.

La Cala de Sant Esteve, una lengua de agua que separa al
fuerte Marlborough del antiguo fuerte de San Felipe.

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1Las torres llamadas Martello, eran redondas, construidas con bloques de mortero y piedra y estaban a prueba de cañones. Tenían tres niveles: el más bajo, situado sobre un pozo, estaba dividido en compartimentos para almacenar provisiones, armas y pólvora; el piso intermedio constituía el alojamiento de las tropas, y la entrada se realizaba en este nivel por medio de una escalera exterior retráctil; el nivel superior tenía un parapeto protector, se montaban uno o más cañones (generalmente de 24 libras) sobre pivotes para proporcionar un campo de fuego máximo. El número de tropas que manejaban las torres variaba desde un sargento y doce hombres a un subalterno y veinte hombres, y las torres estaban provistas de provisiones y municiones suficientes para diez días en caso de ataque. [1]
Pudimos también tratar en su momento las torres Martello en nuestra entrada de 30 de octubre de 2015.
2El regimiento se embarcó en Gibraltar en 1800 y en 1801 participó en la expedición a Egipto para desalojar la ocupación francesa. Durante la Batalla de Alejandría, la caballería francesa cargó contra la infantería británica y estaba a punto de romper las líneas, tal era la ferocidad de su carga, pero el Regimiento de Menorca avanzó en apoyo y lanzó una descarga tras otra contra la masa de caballería con un efecto devastador. El regimiento se embarcó para Portugal en la primavera de 1808 para servir en la Península. Vio acción en la Batalla de Vimeiro en agosto de 1808, en la Batalla de Talavera en julio de 1809 y en la Batalla de Bussaco en septiembre de 1810. También luchó en el primer Asedio de Badajoz en febrero de 1811 y en la Batalla de Albuera en mayo de 1811 antes de zarpar para casa en octubre de 1811. [2]
3Los bloqueos de La Valetta y Egipto, las incursiones de la flota francesa al mando del almirante Bruix y la protección del Reino de Nápoles. [1]
4La flota de Mazarredo zarpó, pero se encontró con tormentas tan violentas que, tras su paso por el Estrecho de Gibraltar, tuvo que apresurarse a refugiarse en Cartagena, donde llegó el 20 de mayo con doce de sus barcos muy dañados y ninguno que no hubiera tenido algún percance y de ninguna manera se pudo proceder en ese momento a apoyar rápidamente a La Romana. En Cartagena, Mazarredo también se enteró de que la flota británica había escapado de las tormentas y se dirigía hacia Mahón. [1]
5La evacuación británica de Menorca, supervisada por el contraalmirante Sir James Saumarez, se completó el 16 de junio de 1802. Fue una empresa considerable porque, además de los barcos del escuadrón de Saumarez, se necesitaban cuarenta y cuatro transportes para embarcar a 6.709 civiles y de servicio británico, casi 4.500 toneladas de provisiones militares y 3.000 toneladas de almacenes de los astilleros navales y de avituallamiento, y existía la sensación de que la isla había sido abandonada con demasiada facilidad. [1] La sensación duraría, ya que en 1804 Nelson ya recibía inteligencia para una futura incursión en caso de guerra y en 1805 se había ordenado al general Craig un ataque en la isla, aunque el plan no prosperó. 
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Fuentes:

1) -“Britain and Menorca in the Eighteenth Century”. Vol 3/3 – David Whamond Donaldson MA,
Thesis for the degree of Doctor of Philosophy Arts Faculty The Open University, August, 1994
2) – http://inmenorcatoday.blogspot.com/2017/12/the-minorca-regiment.html

5) – \»De la isla de Menorca a las costas del sur y este de Inglaterra: análisis del prototipo de torre Martello\» – Mónica Fernández de la Fuente, Tesis Doctoral, U.P.M., Madrid, 2015
6) – https://www.fortalesalamola.com/es/la-fortaleza/historia
7) – \»Grafitos de Menorca. Hallazgos en edificios históricos de Maó y Ciutadella*\» – Elvira González Gozalo y Luc Bucherie, 2018
8) – \»Les occupations militaires de l\’Ile de Minorque, pendant les guerres de l\’Ancien Droit\» – Irénée Lameire, Arthur Rousseau, Ed., Paris, 1908
9) – \»La política mediterránea de Gran Bretaña durante la Guerra Peninsular\» – Maties Ramisa, Rúbrica Contemporanea, vol. IX , n. 17, 2020

Imágenes:

a) – By Jean-Baptiste Martin le jeune (1700-1778) – rmn.fr, voir aussi collections du château de Versailles, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10758549
b) – By George Romney – https://artuk.org/discover/artworks/lieutenant-colonel-sir-charles-stuart-17531801-85903, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57260567

c) – “Britain and Menorca in the Eighteenth Century”. Vol 3/3 – David Whamond Donaldson MA,

Thesis for the degree of Doctor of Philosophy Arts Faculty The Open University, August, 1994

f) – Fotos propias del autor.