Los combates en Ripoll de 1813

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La villa de Ripoll vivió un gran desarrollo económico y político durante los siglos XVI al XVII, convirtiéndose en un centro importante de producción de hierro y de productos textiles. Las piezas de cerrajería, tanto artesanales como para la construcción, y sobre todo las armas de fuego, abastecían la zona pirenaica, pero también los mercados de Vich, Mataró, Barcelona y hasta los del Nuevo Mundo. Tal como vimos en nuestra entrada sobre las fábricas de armas de Ripoll, el municipio gerundense dispuso de sus fábricas de armas (únicas de ese tipo en el Principado en ese momento) para el esfuerzo de la guerra ya desde mediados del año 1808, proveyendo del orden de 300 fusiles semanales para el ejército y colaborando asimismo en el suministro de armas para la defensa de Gerona.

Vista de S. Benito en Ripoll (c.1830) (a)

En pleno conflicto, un hecho que sería primordial para Ripoll, fuera del terreno estrictamente militar, fue la supresión el 6 de agosto de 1811 del régimen señorial, que suponía el fin del dominio del monasterio sobre la villa que ejercía nada menos que desde el siglo IX y que sólo la creación de un precario ente municipal en el año 1755 había modificado un poco. [1]

Durante todos los años que duró la guerra, la localidad fue ocupada por los imperiales en tres ocasiones, si bien en todas ellas los soldados solo permanecieron durante pocas jornadas en la villa. En diciembre de 1809, después de la toma de Gerona, el general Souham ocupó Olot con su división y luego la llevó a través de los collados de Canes y Vallfogona, entrando en Ripoll el 30 de diciembre de 1809, donde logró hacerse con el control de la población, aunque la mayoría de sus habitantes ya habían huido a las montañas.

La segunda ocasión fue en el Corpus del 26 de mayo de 1812 (otras fuentes apuntan el día 22) cuando se presentaron del orden de 5.000 imperiales bajo el mando de los generales Decaen y Lamarque en Ripoll, aunque su presencia se limitó a exigir una fuerte contribución a la población y posteriormente volvieron a su base de Olot.

Vista meridional de la Villa de Ripoll: 2. Llano de la Madalena; 3. Ermita de Nª Señora del Catlla; 4. Puente de Barcelona; 5. Rio Freser; 6. Parroquia de S. Pedro; 7. Monasterio de Benedictinos; 8. Iglesia de S. Eudaldo; 9. El Arquet; 10. Puente de Madera; 12. Puente de Olot; 13. Rio Ter; 14 Unión de los dos ríos. (Carrera Candi, Geografía General de Catalunya)

LOS COMBATES DE 1813

Al comienzo del año 1813, los españoles parecían en disposición de amenazar la Cerdaña francesa; una de sus divisiones ya estaba en Ripoll y el capitán general Copons se disponía a marchar hacia Vich con otra parte de su ejército para apoyar a dicha división. La estrategia de aquel movimiento parecía estar encaminada, por un lado, a tratar de llevar la guerra al otro lado de la frontera y por el otro intentar encubrir la vigilancia a que se tenía sometida a la Tarragona ocupada, y vislumbrar la posibilidad de intentar recuperarla con un golpe de mano.

Por parte francesa, el general en jefe Mathieu Decaen hizo vigilar la baja Cataluña por el general Maurice Mathieu; en Puigcerdá, el general Jean Baptiste Quesnel (uno de los sitiadores en el asedio a Figueras de 1811) recibió instrucciones especiales para la defensa de la frontera, mientras que el general de división Maximilien Lamarque, que se había desplazado hasta Olot, recibió órdenes de observar y de seguir los movimientos del enemigo.

Este general hizo un reconocimiento sobre el collado de Canes (por el antiguo camino real que unía a Olot con Ripoll) sobre la carretera de Vallfogona, donde el 23 de febrero de 1813 tuvieron lugar combates entre los imperiales y una columna española que mandaba el brigadier D. Joaquín Ruiz de Porras1, entre las localidades de Vallfogona y Ridaura; después de un combate inconcluso, Lamarque de repente se dirigió al collado de Sacre, hizo reconocer la localidad de Camprodon y se desplazó rápidamente con su división por San Juan de las Abadesas sobre Ripoll, donde el 28 de febrero de 1813 desalojó a sus defensores de la villa así como de los altos de Nuestra Señora del Negre donde habían intentado defenderse. Las tropas españolas que estaban al mando de su comandante, España, no habían podido reunir a todos sus efectivos para la defensa, por lo que tras una corta lucha se retiraron de Ripoll.

El puente del Raval en una litografía de Langlois, de su «Voyage pittoresque et militaire…» (b)
Una imagen de principios del siglo XX del puente. El antiguo puente fue destruido en mayo de 1839 durante las Guerras Carlistas. El puente de piedra actual data del año 1892 y sus cimientos se sostienen sobre la base del puente medieval. (c)

Lamarque era ya dueño de la villa así como de los puntos intermedios hasta Olot. La villa de Ripoll fue saqueada, las murallas derruidas y se destruyó lo que quedaba de las fábricas de armas. Después el comandante francés no se determinó a realizar nuevas operaciones y fue retirándose á su antigua posición de la capital del Ampurdán.

Algunos meses después aún tendrían lugar combates más al norte, en el valle de Ribes el 7 de mayo de 1813.

El puente del Raval (Ripoll) sobre el rio Freser, en la actualidad.
La plaza de San Eudald.
El rio Ter es el otro curso fluvial que bordea la población.

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1Joaquín Ruiz de Porras (Valladolid, 1759 – 1828) era un militar miembro del cuerpo de artillería. Destinado a Mallorca, en 1782 participó en la campaña para recuperar Menorca del dominio británico y en 1784 participó en el segundo bombardeo contra Argel y en la defensa de Orán (1790). Al inicio de la guerra de Independencia se encontraba en Madrid, defendiendo el parque de Monteleón. Fue destinado a la escuela de Artillería de Segovia (1808) que se trasladó a Sevilla, donde montó una fábrica de fusiles. Fue destinado de nuevo a Palma para poner en marcha allí la fundición de cañones de la Lonja, y la escuela de Artillería: fue nombrado director de la Maestranza (1810) y del Colegio de Artillería (1811) de Palma (Mallorca). Nombrado Brigadier, fue destinado al Ejército de Cataluña, donde participó en los combates de La Garriga y Ripoll (1813), pero pronto recibió la orden de retornar a la dirección del colegio y a la fábrica de Mallorca (1813) hasta que fue destinado a Segovia con el regreso al lugar tanto de la escuela de Artillería como de la Fundición (1814).


Fuentes:

1 – https://www.diaridegirona.cat/opinio/2012/12/22/ripolles-girona-i-guerra-frances-49342069.html

2 – https://www.pedresdegirona.com/terresdegirona/ripolles_ripoll.htm

3 – “Historia de la Guerra de la Independencia en el antiguo Principado“. Tomo II – Adolfo Blanch, Imprenta y Librería Politécnica deTomás Gorchs, Barcelona, 1861

4 – https://ripoll.cat/historia/

5 – «Voyage pittoresque et militaire en Espagne – Catalogne» – M.C. Langlois, Paris – Edición facsímil, General Grafic, S.A., 1978 

6 – https://ca.wikipedia.org/wiki/Joaqu%C3%ADn_Ruiz_de_Porras

7 – http://wikimapia.org/7494668/es/Pont-del-Raval

Imágenes:

a – Dominio público. Fuente: “Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC)”.

b – Dominio público. Fuente: “Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC)”.

c – https://www.todocoleccion.net/postales-cataluna/ripoll-pont-reval-sobre-freser-25-postal-antigua-66-150~x190478656#sobre_el_lote

d – Fotografías del autor.

Napoleón y el Nautilus de R. Fulton

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El ser humano desde la Antigüedad siempre ha tenido el anhelo de colonizar las profundidades marinas. En la época moderna, en 1776 en los Estados Unidos, el estadounidense David Bushnell imaginó su «tortuga» submarina operada por una especie de remo con manivela y pedales. En 1780, S. de Valmer propuso construir un submarino en forma de barril, con conos en los extremos y remos a los lados. Por su parte Armand Maizière presentó al Comité de Seguridad Pública en Francia, en 1795, el plan de su prototipo de submarino a vapor. A finales del año 1797, el joven estadounidense Robert Fulton escribiría a las autoridades francesas sobre su proyecto de nave submarina, que finalmente no sería considerado seriamente hasta la llegada al poder del militar más en boga del momento, Napoleón Bonaparte.

Reconstrucción del Nautilus de R. Fulton en la Cité de la Mer, en Cherburgo (a)

Fulton y el proyecto de sumergible Nautilus

«La idea que nace en la mente de un hombre le pertenece tan incontestablemente como el árbol que brota en el campo»

Robert Fulton

La guerra de la 1ª Coalición había estallado el 20 de abril de 1792: la Francia Revolucionaria comenzó una guerra decidida contra varias monarquías europeas, un conflicto con trasfondo ideológico mezclado con disputas territoriales que se desarrollaría en el transcurso de poco más de unos cinco años. Tras las primeras declaraciones de guerra contra Austria y Prusia, Francia hizo lo propio contra Inglaterra y Holanda el 1 de febrero de 1793.

El joven Robert Fulton se había dedicado en su juventud a la pintura y había salido de Estados Unidos hacia Inglaterra donde llegó en 1786, con el propósito de perfeccionar sus estudios de arte. Pocos años después empezó a cosechar cierto éxito con algunos de sus lienzos y en 1791 algunas de sus obras fueron adquiridas para una exhibición de la Royal Society of British Artists y dos lienzos por la Royal Academy de Londres. Ya en su niñez había tenido interés por las máquinas propulsadas a vapor y tuvo la fortuna de conocer a Robert Owen, que regentaba el primer molino propulsado a vapor en Manchester. Del interés se pasaría a la amistad y en 1794 se asociaron con una empresa para excavar canales con un sistema de planos inclinados que había desarrollado Fulton, para poder evitar así el uso de los tradicionales y complicados sistemas de esclusas. En el año 1796, publicó su primer libro, «A Treatise on the Improvement of Canal Navigation«, del cual envió copias a varios gobernantes como George Washington y Napoleón Bonaparte, entre otros. También trató de influenciar la opinión pública inglesa publicando algunos ensayos sobre el canal de navegación en el periódico londinense Morning Star.

Durante el año 1797, ya en el cuarto año de guerra entre los dos países, Fulton vió como las autoridades francesas aceptaban su proyecto para construir un canal de París a Dieppe y Cambrai, por lo que se trasladó de Inglaterra a Francia (que ya había visitado años antes para estudiar arte). Aprovechando su estancia en suelo francés para estudiar el idioma, aparte de aprender el italiano y el alemán, Fulton trabaría amistad con Joel Barlow, embajador estadounidense en Argelia, que gracias a sus relaciones pronto le pondría en contacto con algunas de las autoridades francesas. En agosto de 1797, Fulton y otros personajes establecerían una «Société d’exploitation de la mer«, que contaba con Pierre Beaumarchais entre sus miembros, y que tenía como objetivo principal destruir las flotas navales de la coalición contra Francia.

En otoño de 1797, escribió un ensayo titulado «Reflexiones sobre el libre comercio«, donde propugnaba que las rutas de los océanos debían ser puestas a salvo para que todas las naciones del mundo pudieran vivir en paz sin temor las unas de las otras. Para garantizar la paz, Fulton pensó en una máquina de guerra tan mortifera que ninguna nación se atrevería a entrar en una batalla en los mares: un «torpedo«, cuyo nombre «Torpaedo o pescado calambre«, se inspiró en la lectura de los viajes de Sir Thomas Herbert. El porqué una invención para la guerra habría de traer la paz no dejaba de ser una curiosa idea del joven Fulton, aunque extraña y curiosamente precursora de la estrategia «disuasoria» basada en las armas nucleares en el siglo XX. El 12 de diciembre de 1797, Robert Fulton escribió al Directorio (en inglés), proponiendo correr él con los gastos para construir :

«Una máquina que ejercerá presión, primero, sobre la flota británica, con la condición, sin embargo, de que se paguen 4.000 francos por cañón de barco destruido, para cualquier buque de menos de 40 cañones y 2.600 francos por cañón de barco por encima de esta fuerza; pagos que se realizarán seis meses después de que se haya constatado dicha destrucción»

Además, cualquier barco que la máquina pudiera capturar, junto con sus cargamentos, seguiría siendo propiedad de la empresa de Fulton y sus socios. En enero de 1798, Loréveillière-Lépraux, miembro del Directorio, obligó al ministro de Marina, Georges René Le Peley de Pléville, a que aceptara varias de las propuestas hechas por el inventor con la condición, sin embargo, de reducir los precios a 2.000 francos por cañón de barco con un armamento por debajo de 40 piezas y a 1.000 francos por cualquier cañón de un buque más armado.

Habiendo dejado Georges Pléville el ministerio en abril de 1798, la recién creada Sociedad tuvo que entablar nuevas conversaciones con su sucesor, Étienne Bruix1, quien el 31 de julio nombró una Comisión2 para examinar los planos y el barco: la comisión se reunió el 2 de agosto, a las cuatro de la mañana, en secreto, en la casa del propio Fulton. Sobre un modelo reducido a escala 1:6 y maniobrando en una dársena, Fulton se dedicó a los experimentos y el 5 de septiembre la comisión redactó su informe favorable, aunque recomendando más ensayos en el más estricto secreto3. Los miembros de la Comisión militar que aconsejaban al Directorio como Alexandre, Michaud y d’Arçon también recomendaron positivamente el proyecto para el visto bueno del ministro de Marina, aunque este no le dio ninguna respuesta. Obstinado, Fulton escribió al Secretario de Estado en octubre de 1799. Abandonado por los inversores, el ingeniero pidió el adelanto de unos 500.000 francos para su obra, cuando Francia se encontraba en una debacle económica en el interior y sin poder obtener ningún crédito en el exterior.

El «Nautilus» de Fulton de 1798, con la vela para la navegación de superficie. (b)

Pero un golpe del destino favorecería a Fulton: Bonaparte tomó las riendas del gobierno por el golpe de 18 de Brumario. Fulton logró que los sabios Monge y Laplace le concertaran una cita con Napoleón y el encuentro fue en extremo positivo para el inventor: obtuvo la autorización para contruir su embarcación llamada Nautilus4 y una promesa de crédito de 60.000 francos. Napoleón nombraría asimismo otra Comisión para el seguimiento de los trabajos de Fulton, esta vez formada por los mismos Monge, Laplace, junto con Carnot, Prony y Barthélemy. A pesar de no tener un contrato en firme con la República Francesa, a principios del año 1800 Fulton entregó en Ruan a los hermanos Périer, constructores navales e ingenieros (creadores de la bomba contra incendios de Chaillot) los planos de su embarcación submarina, que los Périer completarían en julio de ese año. Fulton comenzó sus ensayos el día 29 al mediodía. Con dos ayudantes, se introdujo en el interior de la nave, conduciendo el submarino en medio del rio Sena, entre Bapeaume y los astilleros de Thibault, sobre un fondo de unos 8 metros de profundidad. El Nautilus se iluminaba por dentro con una sola vela. Realizó dos inmersiones durante las tres horas que duró el intento: la primera duró 8 minutos, la segunda unos 17 minutos. Pero la corriente rápida del rio dificultaba las maniobras a derecha e izquierda bajo el agua; sin embargo, la hélice y los dos timones actuaron bien, según los cálculos presentados a la Comisión.

Fulton decidió llevar su submarino al puerto de Le Havre ya que le daba la opción de poder actuar contra algún barco inglés, y Quesnel, el comisario de la Marina en Ruan, le concedió dos barcazas como escolta. Los tres navíos partieron el día 31 a las seis de la mañana, con la marea alta. El 4 de agosto, la flotilla entró en el puerto de Le Havre y Fulton prosiguió con los ensayos, con un relativo éxito6. Con la excusa de comprobar la estabilidad y navegabilidad del Nautilus (algunos murmuraron para eludir la vigilancia de los comisarios), el ingeniero salió del puerto de Le Havre el 12 de septiembre de 1800, navegando a vela hacia el sur; con vientos flojos, el submarino mantenía un buen equilibrio y recorrió una distancia de legua y media por hora. El día 15 de agosto hizo escala en el pequeño puerto de Growan, cerca de Isigny, a unos 14 km de distancia y a la vista de las islas Marcouf, detrás de las cuales se apostaban a menudo los barcos ingleses. El 29, en un mar bastante agitado, el Nautilus avanzó, con la hélice, hacia dos bergantines que surcaron hacia alta mar al ver el submarino que se aproximaba. Una repentina tormenta hizo que el Nautilus permaneciera sumergido a una profundidad media, tomando el aire a través de un tubo conectado al casco. A mediados de noviembre de 1800, Fulton volvió a escribir a Monge y Laplace en el convencimiento que ya tenía una forma segura de poder destruir la flota inglesa: necesitaba construir otro Nautilus, de unos 9,7 m de largo y 1,95 m de diámetro, y requería de unos 57.000 francos adicionales, para los gastos del viaje a Le Havre, los salarios de dos marineros y la construcción de unos 20 torpedos. Los dos sabios llevaron la carta a Bonaparte y este se la remitió al ministro de Marina con una nota al margen para que aclarase en qué punto se encontraba el proyecto de Fulton. Fulton pasó el resto del mes de noviembre en Growan. Ya se entraba en el invierno y ya no apareciendo más barcos ingleses en la costa, puso al Nautilus en un cobertizo y regresó a París para someter al gobierno francés los resultados de sus experimentos.

R. Fulton (c)

Robert Fulton nació el 14 de noviembre de 1765, en Little Britain (Pensilvania). En 1786 partió a Inglaterra para poder perfeccionar su arte y su destreza como pintor. En 1791 el conde de Devon, Lord Courtenay, le invitó a sus posesiones con la excusa de pintar su retrato. Allí le introdujo a alguna de sus amistades y entró en contacto con algunos contructores de canales, que rápidamente le llevaron a idear un diseño propio de plataformas para dichas obras civiles.

Visitando Paris por la aceptación de un proyecto para un canal en Francia, para ganar dinero y gracias al diplomático Joel Barlow, pintó varios retratos y conoció a algunos artistas como Vanderlyn y el escultor Houdon, que talló su busto en marmol. Ideó para Paris un panorama (pintura circular de 360º) basado en el que Robert Barker había plasmado en 1789 en Londres. El panorama de Fulton era el doble de grande y llevaba por título (premonitorio) «La destrucción de Moscú» con escenas de pillaje y devastación, teniendo un clamoroso éxito, quizás por el ambiente de guerra de la época. Ya a sus treinta años como pintor, relojero, empresario y mecánico, presentó a George Washington un proyecto de barco submarino, pero este lo rechazó. Durante la guerra de la 1ª Coalición trató de vender sus proyectos de sumergible y de torpedos primero a la República Francesa y posteriormente a Gran Bretaña, aunque finalmente no logró sus objetivos en ambos casos. Volvería a su patria y lograría construir el primer barco a vapor que sería viable como empresa comercial. En 1809 patentaría su invento, construyó más barcos y obtuvo el monopolio de la actividad. Años después la competencia pronto litigó con Fulton, le ganó el pleito y al no poder competir con precios más bajo, acabó en la bancarrota. Murió el 24 de febrero de 1815 en Nueva York.

«Fulton explica su submarino a Napoleón» (c. 1925) por Arthur Percy Dixon (d)

Fulton tuvo una entrevista personal con Napoleón y trató de convencerlo de que adoptara el nuevo plan, pero no obtuvo una respuesta inmediata. Finalmente, después de una larga espera, cartas diferidas y repetidas y visitas a la embajada, Fulton recibió una carta del ministro de la Marina conforme Napoleón había aceptado la propuesta de Fulton: se le había concedido un crédito de 10.000 para reparar el Nautilus, construir piezas auxiliares y transportar sus embarcaciones, a sus propias expensas, hacia Brest, donde podría participar en la guerra contra el enemigo. Desde ese momento, el 28 de marzo de 1801, hasta mayo, Fulton estuvo ocupado con la nueva empresa. El Nautilus fue revisado y transportado a Brest, montado en un largo carro tirado por caballos y finalmente llegó al astillero de Brest. Después de dos meses de instalación, Fulton estaba listo para intentar un ataque al enemigo. El 5 de julio de 1801, Fulton se estableció en Le Conquet, en la Bretaña francesa. En Brest, el puerto más cercano, el mismo julio hizo estallar con sus torpedos una antigua balandra con una carga de 9 kilogramos. Según el Prefecto marítimo del lugar, «El Chaloupe saltó por los aires y descendió en mil pedazos«. Animado, Fulton pidió seis pinazas para poder lanzar sus torpedos y que le cubrieran su retirada, contra una escuadra inglesa que había aparecido frente a la costa, a dos leguas de Pointe Saint-Mathieu. Esta vez las autoridades y el almirante se negaron sobre la base de que cualquier persona capturada en tal empresa era seguro que sería colgada y ello “no era muerte para un militar”. Al no poder desarrollar sus proyectos en Brest, Fulton decidió dirigirse otra vez personalmente al Primer Cónsul:

«Con tres de estos dispositivos, Inglaterra se vería obligada a someterse, cada embarcación lleva 20 o 30 carcasas (torpedos) y uno solo tiene que llevarlas a los accesos de las bases navales en Inglaterra y dejarlas a la deriva con la corriente o anclarlas en las entradas a Porstmouth, Plimouth o Torbay o en la desembocadura del Támesis. Tengo dos tipos de carcasas, la primera tiene un mecanismo, como el de un reloj, que se puede configurar para que funcione entre 4 minutos y 4 horas después. La otra se puede fijar con garfios al fondo del barco, cuatro o cinco pies por debajo de la línea de flotación. Ningún navegante podría evitar estos peligros secretos y, a bajo costo, se podrían bloquear los puertos enemigos. La interrupción del comercio en el Támesis sería suficiente para hundir a Inglaterra, porque detendría el comercio que es el nervio y el alma del gobierno de St. James.» [4]

Pero durante varios meses, se habían entablado negociaciones de paz con Inglaterra, que cristalizaron en el tratado de Paz de Amiens en 1802, rubricado por Lord Cornwallis por parte británica y José Bonaparte por la francesa. El efecto inmediato fue que Fulton se dio cuenta de que las naciones ya no tenían necesidad de sus armas de destrucción naval. Su trabajo resultaba inútil y en el séquito de Bonaparte se difundía la idea de que «el Primer Cónsul considera bárbara esta forma de hacer la guerra bajo el agua» junto con las objeciones de otros notables como Caffarelli. Fulton debía, a la fuerza, abandonar su plan para destruir las flotas.

«Robert Fulton presenta su prototipo a
à Napoléon Bonaparte». Grabado de
Holzstich a partir de H.Merte (e)

Queriendo dedicarse a otras tareas como inventor, se dedicó a un proyecto más ambicioso, una embarcación a vapor, de la que realizó varios esbozos de motores, paletas y naves, algunos ya datados de junio de 1802. Fulton contactó con la firma inglesa Boulton y Watt para que les cediera una máquina de vapor, pero estos se negaron. Lejos de desanimarse, Fulton y dos constructores franceses trabajaron en la nueva embarcación durante el invierno y la primavera de 1803 y fue acabada en el mes de mayo. Fulton amarró el bote al Sena, preparando una demostración pública. Inexplicablemente, la nave se hundió estando amarrada, pero Fulton pudo salvar la maquinaria y finalmente, el 9 de agosto de 1803 pudo hacer navegar su nueva embarcación a vapor por el Sena en medio de una gran concurrencia. La embarcación, de veinte metros de eslora, avanzaba gracias a dos ruedas de paletas con una máquina de ocho caballos de fuerza que se colocó esta vez a lo largo de toda la eslora del barco. El buque de Périer-Fulton se matuvo estable y completó fácilmente los cuatro viajes de ida y vuelta impuestos a su debido tiempo a una velocidad de 4,5 km/h., remolcando dos embarcaciones en las que viajaban ciudadanos importantes y algunos oficiales del gobierno. Lazare Carnot, el agrimensor Bossut, el ingeniero hidráulico Prony, el filósofo Volney, el botánico y explorador Michaux observaron, comentaron y validaron el invento. La prensa parisina se hizo eco de la demostración, calificada por un periódico como un «completo y brillante éxito«. A pesar de ello, Napoleón rechazó por visionaria la idea de Fulton de construir una flota de embarcaciones propulsadas a vapor que pudieran transportar sus tropas por el Canal e invadir Inglaterra y le denegó cualquier apoyo.

Diseño de submarino de Robert Fulton datado en 1806 para el gobierno de Estados Unidos. (f)

Los británicos a su vez, interesados en el arma submarina de Robert Fulton, contactaron con él y finalmente en marzo de 1804 se llegó a un acuerdo para que el inventor norteamericano regresara a Inglaterra. El Primer Lord del Almirantazgo, Lord St. Vincent era de la opinión de que: “Estas formas de hacer la guerra son inútiles para aquellos que ya poseen el dominio de los mares, y si son exitosas, los privaran a ellos de su supremacía7. Otro famoso evento, esta vez bélico, la batalla de Trafalgar hizo que el el Almirantazgo británico perdiera interés en los submarinos, ya que Francia ya no representaba una amenaza para su armada.

Fulton volvió a América y en 1807 estaba operando un barco de vapor entre Nueva York y Albany en el Hudson, aunque su interés en los submarinos aun no se había olvidado por las experiencias anteriores de oficial indiferencia en Europa. Tuvo éxito en lograr el apoyo del Congreso para una nave submarina más ambiciosa. Este nuevo proyecto de submarino estaba destinado a llevar una tripulación de 100 hombres y sería propulsado a vapor. Fulton murió en 1815 antes que su nueva diseño estuviera terminado, nunca fue acabado y se dejó pudrir, finalmente hundiendose en sus amarres. Pero las ideas e invenciones de Fulton serían desarrolladas en el futuro hasta límites que su creador nunca sospecharía.

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1El almirante Étienne Eustache Bruix estuvo a cargo de la flotilla de invasión de Boulogne. Tomó el cargo con gran firmeza, llegándose a enfrentar al propio Napoleón en una ocasión por querer hacer una maniobras navales con mal tiempo, lo que costaría algunos centenares de vidas por la testarudez del por entonces Primer Cónsul. Posteriomente al incidente, Bruix enfermó y volvió a Paris, donde moriría de tuberculosis a los 45 años.

2Comisión formada por P.-B. Adet, encargado de examinar la parte química; Prony, a cargo de la hidrostática; el vicealmirante Rosily, Cochin, Forfait, Gautier, Ed. Burgues y Missiessy.

3Bruix recibiría la propuesta del inventor: «Le citoyen Fulton offrait au Directoire de la République française de faire exécuter la première machine il ne demandait même pas l’avance des frais au gouvernement, s’il ne jugeait pas à propos de les faire; il ne demandait que la permission de faire construire à Paris cette machine et d’en faire l’essai contre quelque division anglaise bloquant nos ports.» [1]

4La palabra Nautilus proviene del latín, derivado a su vez del griego nautilos, nautēs “navegante”. También designa a ciertos moluscos cefalópodos originarios de los mares tropicales.

5Quesnel comunicó el 18 de julio de 1800: «Le Nautilus ou le bateau du citoyen Fulton est à peu près fini; il a ajouté sur cette machine une espèce de bateau qui forme un pont de six pieds de large sur vingt de long, de sorte que quand ce Nautilus sera sur l’eau, il aura l’air d’un bateau ordinaire.» [1]

6Levacher, comisionado principal de la marina, encargado de cumplir las funciones de prefecto del distrito II, escribió personalmente al ingeniero Pierre Forfait: “El 6 de Fructidor, Fulton se sumergió en la dársena de Le Havre, a una profundidad de 15 pies; lleva consigo dos hombres y una vela encendida; durante una hora, la embarcación permaneció bajo el agua sin que quienes la montaban sintieran la menor molestia. El juego de remos, probado en cubierta, da una velocidad de 90 brazas en 7 minutos; por el contrario, el juego de la hélice permite cruzar la misma velocidad en 4 minutos. El día 9, Fulton hizo medio llenar un tonel de agua, que estaba anclado en la rada, a 350 metros del muelle. El ingeniero, a bordo de una barca corriente, llega a 150 metros del tonel y sumerge un torpedo cargado con 30 libras de pólvora, que, arrastrado por la corriente, no dio en el blanco; fue pescado, lanzado de nuevo, llegó a su objetivo, que se hizo añicos y se perdió en una columna de agua de 10 pies de diámetro, que se elevó en el aire hasta la altura de 60 pies.» Sin embargo, Fulton no se atrevió a realizar la prueba directamente con el Nautilus, por el riesgo de manipular el explosivo junto a la nave. [1]

7Sin embargo, esto no le impidió autorizar más experimentos a cargo del gobierno y Fulton desarrolló una nave explosiva no tripulada, totalmente sumergible. En 1805, su embarcación hundió el bergantín HMS Dorothy en una prueba. Luego, el barco se utilizó en una incursión contra la flotilla de invasión en Boulogne el 2 de octubre y logró hundir una pinaza francesa. Sin embargo, ninguna noticia de su éxito llegó a Inglaterra. Posteriomente se proyectaron algunos ataques más en Boulogne, pero con escaso éxito.


Fuentes:

1 – «Le Premier Sous-Marin Français» – Edouard Gachot, Le Figaro Supplérment Littéraire, 22/01/1912

2 – «Robert Fulton. Innovator with Steam Power» – Peggy J. Parks, Blackbirch Press, September 1, 2003

3 – «Robert Fulton» – Alice C. Sutcliffe, The MacMillan Co., New York, 1915

4 – «Robert Fulton’s Submarines» – by Jonty, First Empire Magazine #17, June/July 1994

5 – https://weaponsandwarfare.com/2015/11/20/nautilus-1800-part-ii/

6 – «Agence républicaine d’informations politiques, financières, économiques». Serie B, nº 76 – 08/06/1917

7 – «Floréal : l’hebdomadaire illustré du monde du travail» – nº 37, Année 2e – 10 Septembre 1921

8 – https://www.usinenouvelle.com/article/industry-story-la-promesse-de-l-aube-napoleon-va-t-il-passer-a-cote-du-bateau-a-vapeur.N980036

Imágenes:

a – By Ji-Elle – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3939797 //

b – Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=397966

c – Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=108764

d – https://www.pinterest.es/pin/56506170326938401/

e -Dominiu públicu, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=426723

f – https://64.media.tumblr.com/258991bdf9a83614c763ff1c03dc0c2b/tumblr_nvecrkP0BF1s6mxo0o1

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Miniatura. «Alrededores de Aspern, mayo de 1809»

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EL PROCESO

El emperador y su Estado Mayor (Myrbach)

La idea para montar esta escena partió de una viñeta del famoso pintor e ilustrador austriaco Felician Myrbach, que reproduce un momento en el que Napoleón se encuentra con su Estado Mayor en una fábrica de ladrillos de la época. La ubicación del lugar en concreto la podéis situar en el contexto del campo de batalla de Aspern-Essling gracias a un mapa del excelente blog “Obscure Battles”

La batalla de Aspern-Essling ha tenido una gran significación en la época napoleónica por ser la primera batalla en la que Napoleón era derrotado como emperador estando en el campo de batalla, en el transcurso de una más que irregular campaña de las tropas imperiales en tierras bávaras y austríacas que podéis rememorar, por una parte, con la interesante conferencia de Jonathan Abel que tratamos hace escasos meses en el blog, y por otra parte con la apreciable lectura de «La Batalla», la encomiable novela histórica que Patrick Rambaud dedicó a esta cruenta batalla y a la que le dedicamos también una entrada en su momento. 

La base y estructura iniciales, que fueron desechadas, aunque pudimos aprovechar los trozos del muro.

El pensamiento inicial era aprovechar una base octogonal reconvertida, que había hecho hace tiempo a partir de una tabla redonda de madera. La base tenía la ventaja de agrupar la escena y las figuras con el centro en la figura de Napoleón, más o menos como la escena de Myrbach. El problema es que los muros también se habían de adaptar a la base octogonal (que no quedaba muy realista), o hacer solo una parte más pequeña, por lo que en pleno proceso de construcción de los muros deseché finalmente la idea. El muro tenía que ser el que configurase la dimensión de la escena, así que volviendo a un terreno más tradicional, nos apoyamos en una base rectangular de DM de 3 mm (lo que nos provocaría un problema a posteriori debido a su escaso grosor). 

En la parte superior la base con una disposición inicial de las figuras. El horno iba a ser redondo y con un muro perpendicular más extendido. La pequeña estructura que utilizamos para realizar los ladrillos (alrededor de unos 400) con la clásica arcilla para manualidades.

El kit de las figuras es la referencia 6872 de la marca Italeri, a escala 1:32, a la que añadimos un par de figuras modificadas de otro kit de la misma marc y un mameluco también modificado de la marca Almirall Palou. Todas las figuras son de resina, menos el mameluco que es de metal. Los kits de la casa italiana Italeri tiene la ventaja de tener figuras a 1:32 (aunque cada vez más escasas, ya que la marcas se decantan por el 1:72 para wargames) con precios asequibles que para este tipo de escenas, sin muchas pretensiones, son perfectamente utilizables, si no nos importa que las reproducciones de los uniformes no sean en muchos casos todo lo fidedignas que pudieran ser. Asimismo aprovechamos algunas piezas de kits de la marca Historex para la figura del Chasseur à cheval de la Guardia a caballo que tuvimos que retocar, ya que las figuras de Historex son un poco más grandes que las de Italeri.

La figura del Chasseur a caballo (en realidad un artillero de la Guardia sentado) transformada para adaptarla a la montura del caballo. El penacho del colback, manto y silla del caballo son de la marca Historex, que hubo que recortar para poder adaptarlos en lo posible a la escala del caballo, otro kit de Italeri. El Emperador esperando su puesta en escena.

Normalmente hago escenas y pinto figuras a escalas más grandes (120 mm), aunque supongo que poco a poco me voy a decantar más por las figuras de 54 mm sobre todo para las escenas o dioramas, por una simple cuestión de espacio. El hecho de poder pintar figuras a escalas más pequeñas tiene su aliciente en el hecho de poder completar varias figuras en un espacio de tiempo más reducido (obviamente dependiendo de la finura del acabado deseado), gastando menos pintura y obviando muchos detalles que son más evidentes a una escala mayor. Un ejemplo de ello es la casi total ausencia de luces o sombras en las figuras, salvo en el mameluco o el caballo de Napoleón. Los colores son básicamente acrílicos de Vallejo y Americana y algunos tintados con la serie de Vallejo Game Color.

Apoyamos la estructura del muro en una pieza de DM de 3 mm cortada con la silueta del muro. El pegamento puede ser cola blanca sin más. Una vez completado el muro lo repasamos todo con masilla Das Pronto aguada y añadimos la estructura del cobertizo.

El muro está hecho a partir de algunos trozos del muro octogonal original, que se han prolongado hasta la extensión deseada, con una base de DM. Son todas las piezas que pertenecían a uno de esos kits de montaje que se comercializan desde hace años, en concreto de una iglesia románica que desmonté hace tiempo. El proceso es laborioso, ya que las piezas no son regulares, por lo que hay que ir recortando cada una para poder hacer las hiladas lo más regulares posibles. Como el color de la piedra quedaba muy desigual, repasamos con pasta Das Pronto muy diluido toda la parte visible del conjunto, al tiempo que rellenamos los huecos. Posteriormente le aplicamos lavados de pintura negra más o menos diluida, para darle una apariencia más antigua por el paso del tiempo. La parte del horno donde se cocían los ladrillos la oscurecimos más por el efecto del humo, aunque probablemente no fuera tan pronunciado el efecto. 

El terreno, elaborado con papel maché. Una solución rápida aunque tiene el inconveniente que hay que dejar secar el conjunto como mínimo 2-3 días, dependiendo del grosor. El muro se aclaró posteriormente con un algodon húmedo para poder rebajarle quitarle el aspecto final, demasiado blanquecino.

El terreno está elaborado a partir de una capa de papel maché a la que le terminamos con una capa de Earth Texture, de Vallejo y con algunas áreas con pincel seco para aclarar la superficie. La vegetación está aprovechada a partir de varias bolsitas para belenes y hierba artificial, por lo que, si uno no es muy fetichista con el tema de la vegetación, es una solución factible a la que uno se puede acoger.  

Finalmente el problema que comentábamos con el escaso grosor de la base es que se ha ido levantando por sus extremos debido a la humedad acumulada, a pesar de que la barnizamos previamente pero no en los laterales, por lo que es un aspecto a tener en cuenta en estas escenas.  

La escena finalizada, con algunas figuras ya colocadas.

Hemos tenido una experiencia agradable, montando y pintando la escena, y que nos encaminará, esperamos, a un futuro proyecto de escena mucho más grande que queremos dedicar a la campaña de Francia de 1814, que tenemos en la recámara para un año de estos, esperemos no tan convulsos como los actuales.

LA ESCENA

Pintura. El arte de… Émile Chepfer

Tiempo de lectura: 8 minutos

Esta semana sacamos a la palestra a un artista francés, pintor, acuarelista y dibujante, Émile Chepfer, otro representante de la numerosa Escuela francesa de pintura del XIX que dedicó gran parte de su obra a la época napoleónica, y al que la prensa de la época contemplaba en la línea de otros contemporáneos pintores militares de la época1:

«Este pintor de batallas, con hechuras de coracero del Primer Imperio, es el hombre más amable y pacífico del mundo. Tan pacífico que, para evitar una guerra interna, accedió al deseo de su padres para verlo cincelar metal y luego pintar edificios, cuando él solo aspiraba a dedicarse al dibujo y la pintura  — la otra pintura. Además, ¡no hizo mejor que quejarse! Porque un sólido oficio en mano no impidió que Émile Chepfer hiciera arte. Animado por Devilly, luego por Detaille, Émile Chepfer pintó durante treinta años figuras militares y escenas de combate. Lo menos que se puede decir de él es que tiene una habilidad extraordinaria. Es, en el pleno sentido de la palabra, un creador, ya que, de un golpe de pincel, acampa húsares, dragones, guardias, de línea, soldados, sin utilizar modelo alguno y sin infligir a nadie la tortura de la pose. Porque profesa —y su obra lo demuestra— que la pose es la negación del movimiento. Y por eso sus soldados, que nunca existieron en carne y hueso, están tan vivos. Si desdeña utilizar el documento humano, al menos Émile Chepfer, como artista concienzudo, se rodea de todos los elementos que vestirán de verdad histórica a sus personajes. Su taller es un pequeño Museo del Ejército, y las reproducciones de sables, mosquetes, fusiles, armaduras, cornetas, todos esos juguetitos que hacía jugando consigo mismo para conseguir justos efectos de perspectiva, le merecerían un premio en el concurso Lépine. […]»

L’Est Républicain – 27 Juin 1919, p. 1

EL APUNTE

Émile Chepfer nació en Nancy en 1876. Era primo del famoso chansonnier y humorista George Chepfer, que desarrolló su carrera en la primera mitad del siglo XX. Fue alumno de Louis-Théodore Devilly (1818 – 1886), que fue director de la École nationale supérieure d’art de Nancy hasta su muerte. Comenzó a exponer en el Salón de Nancy antes de 1896 con obras de estilo impresionista. También actuó en los Salones de Remiremont y Saint Dié. En el Salón de París de Artistas Franceses de 1895, expuso dos óleos «Cazadores a pie» y «Escena de un vivaque».

Gran parte de su obra está dedicada a los soldados que representaba en desfiles o en el campo de batalla, a pie o a caballo, con una especial predilección por la epopeya napoleónica del Primer Imperio pintando al Napoleón y sus tropas un gran número de veces, aunque asimismon dedicó parte de su obra a las guerras de 1870-71 y de 1914-18. También pintó algunos paisajes de la región de Lorena y vistas de la ciudad de Nancy, esta vez sin motivos militares. Parte de su obra está expuesta en el Museo de Bellas Artes de Nancy.2

Murió en el año 1944.

Caricatura de Émile Chepfer (1930), por Armand Mangeol, tinta china, acuarela y gouache, 22.5×33 cm (a)

OBRA ESCOGIDA

«Napoleón y el príncipe Murat», óleo sobre lienzo, 38 x 54.5 cm (b)
«Napoleón en Somosierra, 30 Noviembre 1808», óleo sobre panel, 49 x 37 cm (c)
«Napoléon Ier et ses Maréchaux», óleo sobre cartón, 25 x 35 cm (d)
«Chasseurs de la Garde et hussard»,
óleo sobre cartón, 30 x 40.5 cm (e)
«Húsares», óleo sobre cartón, 30 x 40.5 cm (f)
«Bonaparte et Kléber», óleo sobre cartón (g)
«Napoléon et son Etat major», óleo
sobre panel, 35 x 27 cm. (h)
«Napoleón a caballo» (1890), gouache
en cartón, 32 x 24 cm (i)
«Napoléon Ier et son état major passant en revue les grenadiers à pied de la Garde Impériale», óleo sobre lienzo, 41 x 29 cm (j)
«Le ferrage du cheval, hussards du 1er empire» (k)
«Le soir d’Austerlitz» (1914), gouache, 28 x 54 cm. Encadrée sous verre (l)
«L’Empereur et son Etat-major passant en revue la Garde impériale»,
óleo sobre lienzo montado sobre tabla. 26.5 x 45.5 cm. (m)
«Grenadier à pied de la Garde impériale, auprès de l’Empereur Napoléon Ier» (1911), óleo sobre lienzo, 36 x 50 cm (n)
«Coracero herido», óleo sobre
cartón, 24.5 x 32.5 cm (o)
«L’Empereur Napoléon Ier sur un champ de bataille avec son état major, et
deux chasseurs à cheval de la Garde», óleo sobre lienzo, 23 x 33 cm (p)
«Napoléon Bonaparte sur un champ de bataille», óleo sobre lienzo, 36 x 50 cm (q)
«Napoleon with his troops on the march» (1906), óleo sobre lienzo, 38 x 46 cm (r)
«État-major du général Pichegru. Halte de gendarmes», óleo sobre cartón, 23 x 32 cm (s)
«Cuirassiers à l’arrêt devant leur montures», acuarela y gouache, 38 x 23.5 cm (t)
«Dragones», dibujo con acuarela, 13 x 9 cm (u)

Fuentes:

1 – https://forum.pages14-18.com/viewtopic.php?f=5&t=4071&start=110

2 – http://artlorrain.com/emile-chepfer

3 – http://artlorrain.com/content/le-peintre-lorrain-emile-chepfer

4 – http://www.altekunst-vienna.com

5 – «L’Immeuble et la construction dans l’Est [«puis» et Bois et forêts de l’Est réunis]», Nancy (Francia), 07/10/1923

6 – https://www.hauy.fr/menu-principal/george-chepfer

Imágenes:

a – http://recherche-archives.nancy.fr/archives/show/FRAC054395_2-3-102-103Fi_de-347

b – https://galeriedesouzy.com/wp-content/uploads/2018/12/GDS.Chepfer.6074.1.jpg

c – https://galeriedesouzy.com/wp-content/uploads/2018/07/GDS.Chepfer.6058.jpg

d – https://galeriedesouzy.com/wp-content/uploads/2018/11/GDS.Chepfer.6075.1.jpg

e – https://www.proantic.com/galerie/metz-noblat/img/702172-main-5fe417161599a.jpg

f – https://www.proantic.com/display.php?id=697181

g – https://www.avignon-encheres.com/wp-content/uploads/wp-encheres/42210/76.jpg

h – https://www.osenat.com/lot/13963/2681655?refurl=Napol%C3%A9on+et+son+Etat+major.+Huile+sur+panneau+sign%C3%A9e+en+bas+%C3%A0+droite.+Marque+%C3%A0+l%27encre+%C2%AB5%C2%BB+au+dos.+3

i – https://www.dorotheum.com/en/l/5887053/

j – https://www.osenat.com/lot/78093/6514361?refurl=Emile+CHEPFER+%281876-1944%29+Ecole+fran%C3%A7aise+du+XIX%C3%A8me+si%C3%A8cle+%C2%AB+Napol%C3%A9on+Ier+et+son+%C3%A9tat+major+passant+

k – https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/auctionmediaphotos/0/d/9/1604684274897303.jpg

l – https://www.osenat.com/lot/26245/6170695?refurl=Emile+CHEPFER+%281876-1944%29+%C2%AB+Le+soir+d%E2%80%99Austerlitz+%C2%BB.+Grande+gouache+sign%C3%A9e+et+dat%C3%A9e+%C2%AB+1914+%C2%BB.+28+x+54

m – https://www.osenat.com/lot/10576/2079193?refurl=%C2%ABL%27Empereur+et+son+Etat-major+passant+en+revue+la+Garde+imp%C3%A9riale.%C2%BB+Huile+sur+toile+maroufl%C3%A9e+sur+pa

n – http://www.artnet.com/artists/emile-chepfer/grenadier-%C3%A0-pied-de-la-garde-imp%C3%A9riale-aupr%C3%A8s-de-iTYzorqdMCIkFXeESv8t7A2

o – http://www.artnet.com/artists/emile-chepfer/cuirassier-bless%C3%A9-2-others-3-works-E7kZzmNkgv5DOCE4grKM7g2

p – https://www.invaluable.com/auction-lot/emile-chepfer-1876-1944-lempereur-napoleon-ier-su-368-c-0a942b499c#

q – https://www.rossini.fr/lot/108637/13610080?

r – http://www.altekunst-vienna.com/frontend/scripts/index.php?groupId=0&productId=5337&setMainAreaTemplatePath=mainarea_productdetail.html&query=

s – https://www.daguerre.fr/lot/88540/8180209?offset=50&

t – https://www.invaluable.com/auction-lot/emile-chepfer-1876-1944-cuirassiers-a-larret-deva-194b-c-1a64694ad8

u – https://www.invaluable.com/auction-lot/emile-chepfer-1876-1944-dragons-dessin-aquarel-319-c-c864ea5aba

Del manuscrito al Memorial de Santa Elena, por Thierry Lentz.

Tiempo de lectura: 52 minutos.

Napoléon I terminó su excepcional destino desterrado en la remota isla de Santa Elena, donde moriría de enfermedad tras un corto cautiverio. Pero como bien apuntaba un escritor nada sospechoso de ser pro-bonapartista como Adam Zamoyski: «e incluso los poetas británicos como Shelley, todos estaban consternados por su caída de alguna manera, al menos emocionalmente, y así se convirtió en una especie de símbolo y que él, por supuesto, entonces él tiene su gran momento de grandeza que es cuando está en Santa Elena, donde finalmente gana su batalla contra los británicos, donde los convierte en el epítome absoluto de la maldad mezquina y consigo mismo en una especie de mártir semejante a Cristo.«1

El historiador Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón (del que ya recogimos en nuestro blog su conferencia sobre José Bonaparte, Estratega de la guerra) departía en septiembre del año 2017 con el periodista especializado Richard Fremder sobre las singulares aventuras y anécdotas que acompañaron la redacción del Memorial de Santa Elena de Las Cases y sobre el inesperado redescubrimiento de una copia del manuscrito original en una biblioteca inglesa, que fue posteriormente reimpreso en colaboración con la propia Fundación Napòleón en el año 2018, y nuevamente revisado y aumentado en este ya pasado año 2021.

«Santa Elena 1816: Napoleón dictando al conde de Las Cases
el relato de sus campañas», por Sir Willliam Quiller Orchardson.

DEL MANUSCRITO AL MEMORIAL…

(Richard Fremder): «Buenos días, Thierry Lentz, usted es historiador y director de la Fundación Napoleón, en la que nos encontramos ahora, y es por supuesto un especialista en el periodo napoleónico. Nuestro encuentro se desarrolla bajo unas circunstancias particulares porque usted ha publicado el famoso manuscrito del Memorial de Santa Elena, escrito por Las Cases y encontrado por la Fundación y por usted mismo en circunstancias que nos contará en un momento, aunque no todo el mundo está necesariamente familiarizado con esta historia, vamos a resumir rápidamente los episodios anteriores, si se me permite decirlo, así que es en la batalla de Waterloo en junio de 1815, que Napoleón es vencido; un mes más tarde en la isla de Aix se rinde a los ingleses y ellos piensan que podran desembarcar en Inglaterra. No es el caso y es enviado a Santa Elena. Como todo el mundo sabe no viaja solo, ya que entre sus compañeros estará el gran mariscal de palacio Bertrand, el general Gourgaud, obviamente Las Cases, el general Montholon y su mujer, Louis-Etienne Saint-Denis que se llamaba Ali, el famoso mameluco, y su ayuda de cámara, Marchand. Es en esta famosa roca a miles de kilómetros de Francia, no siempre lo sabemos que estamos frente a la costa de África en medio del Océano Atlántico, donde dictará sus memorias, o en todo caso donde contará su visión de los acontecimientos pasados y donde algunos justamente tomarán notas. Es aquí donde interviene el Conde de las Cases, uno de los cuatro evangelistas, como se llama siempre a Montholon, Gourgaud y Bertrand serán los otros tres ¿pueden ya decirnos las circunstancias de estas famosas confidencias imperiales?»

Richard Fremder

(Thierry Lentz): «Digamos que cuando Napoleón se rinde a los británicos, acababa de pasar unos meses un poco estresantes, por no decir otra cosa, y cuando el barco estaba a punto de partir hacia Santa Elena, le confió a uno de sus compañeros, Emmanuel de Las Cases, diciéndole: «¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Nos vamos a aburrir». Y Las Cases le dice, pero no, que «no nos vamos a aburrir porque usted va a dictar sus memorias», y efectivamente, desde el principio del viaje en el barco, Napoleón tendrá conversaciones con Emmanuel de Las Cases, que es un antiguo consejero de Estado y chambelán del emperador, y que podrá hacerle un poco de secretario. De todo esto saldrán dos categorías de libros si uno quiere: la primera son las memorias, propiamente llamadas de Napoleón, que no son muy conocidas, pero Napoleón realmente dictó sus memorias, es decir, su visión de una serie de acontecimientos de su vida. No llegó obviamente hasta el final, pero dictó la campaña de Italia, la campaña de Egipto, el sitio de Tolón, la batalla de Waterloo, los 100 días, y junto a eso, están todos los diarios, todos los memoriales, llamémoslos así, de sus compañeros en el exilio, que obviamente toman notas, que es la moda de la época, toman notas, y luego los escriben. Entre ellos, el que más se ocupó fue el famoso consejero de Estado, Emmanuel de Las Cases, que por no ser militar, todos los demás eran militares para Napoleón, los demás estaban bajo sus órdenes en cierto modo, Las Cases se convertirá realmente en un compañero, un amigo por supuesto, pero un compañero de viaje y un compañero de exilio al que Napoleón le hará su confidente. Y Las Cases toma notas, que hará copiar a su hijo que le acompañaba a Santa Elena, cada noche, y desde el principio piensa publicar el relato de sus notas que llama originalmente el Memorial de Santa Elena. La palabra Memorial era una palabra de moda en ese momento, por lo que inmediatamente eligió este título y cada día escribía las notas que había tomado, pero también dictaba sus recuerdos a su hijo, de modo que cuando se vio obligado a abandonar Santa Elena disponía de unas 900 páginas de documentación a su disposición. Así que las circunstancias de la salida de Las Cases son un poco peculiares: Las Cases fue expulsado por el gobernador inglés de Santa Elena a finales de 1816, por lo que fue un periodo de tiempo bastante corto, 900 páginas, y podemos imaginar que si se hubiera quedado 50 años, habría tenido 2.000 o 3.000 páginas, pero eso no es lo importante: lo es que Las Cases intentó básicamente hacerse expulsar de Santa Elena, quizás con la complicidad de Napoleón, pero no estamos del todo seguros, pero las circunstancias de su expulsión son muy particulares: se dice que intentó enviar correspondencia secreta a Europa, en realidad sabemos muy bien que estas pocas palabras en un trapo que le incautaron a uno de sus criados…»

Thierry Lentz

(R.F.): «Porque hay que explicar que estaban muy vigilados por los ingleses, que no podían escribir cualquier cosa, especialmente Bertrand, que escribía en clave cifrada…»

(T.L.): «Sí, es el gran mariscal Bertrand, así que los franceses se instalaron en una casa muy pequeña llamada la casa de Longwood que se encuentra en esta meseta, donde eran bastante libres dentro de un perímetro que no era digamos muy amplio, y en cuanto querían salir de este perímetro tenían que ir acompañados por oficiales ingleses. Dentro de la vigilancia que se ejerce sabemos que hay espías dentro de Longwood porque hay sirvientes asignados por los ingleses, así que obviamente tienen que saber lo que pasa allí, lo que dice Napoleón, etc., así que Las Cases va a aprovecharse de este carácter un poco quisquilloso de la administración inglesa que está representada por un inglés, el detestado teniente general Hudson Lowe que es el gobernador de Santa Elena y así se apoderan de esta correspondencia falsa y el gobernador decide expulsar a Las Cases. Las Cases se alegró bastante de ser expulsado porque tenía material para publicar un libro en esa época, salvo que los ingleses eran mucho menos estúpidos de lo que pensaban y decidieron incautar los papeles de Las Cases antes de expulsarlo, lo que supuso que el manuscrito que había preparado Las Cases fuera confiscado por los ingleses y sólo fue devuelto a Las Cases tras la muerte de Napoleón. Napoleón murió en mayo de 1821 y los ingleses no le devolvieron el manuscrito hasta octubre de 1821.«

(R.F.): «Estamos de acuerdo en que los británicos han hecho una copia de estas notas, de este famoso manuscrito…»

(T.L.): «Por supuesto, Las Cases recuperará estos documentos y luego publicará, en fin, pensamos durante mucho tiempo que publicará lo que había recuperado y publicará digamos este monumento histórico literario, no sabemos realmente qué tipo de género tomará, que se llama el Memorial de Santa Elena, que se publicó en 1823 y que se convertirá, diremos, en la biblia del napoleonismo pero también de los bonapartistas porque tendrá un impacto político muy, muy importante…«

(R.F.): «Es el mayor bestseller del siglo XIX…»

(T.L.): «Eso es lo que se dice a veces, es lo que se dice, no es exacto porque evidentemente tenemos un estudio que se hizo hace unos treinta años que demuestra que el verdadero bestseller del siglo XIX que es el mismo durante el XVIII y probablemente en el XX, que son las fábulas de La Fontaine y el Memorial llega, digamos, a la lista de los más vendidos durante cinco años entre 1825 y 1830…»

(R.F.): «Que ya es enorme…»

(T.L.): «Es enorme, seguramente, el hijo de Las Cases escribió en 1844 que habían vendido 44.000 ejemplares, así que 44.000 ejemplares es enorme para el siglo XIX, sobre todo porque el Memorial tiene ocho volúmenes, así que son muchos volúmenes vendidos, y eran relativamente caros. Y la publicación del Memorial, que es una especie de gran conversación con Napoleón a lo largo de miles de páginas y que servirá, como decía, políticamente para los bonapartistas e historiográficamente para los historiadores, ya que aportará toda una serie de expresiones napoleónicas, de los sentimientos y juicios de Napoleón, y esto es lo que hay que saber, lo principal es que en el Memorial, Napoleón se da a sí mismo la personalidad de un liberal, de un hombre que quería traer la igualdad y la libertad, y que era efectivamente el mesías de la Revolución, como se le hizo decir, etc., y por eso tuvo este impacto político, diciendo que Napoleón era obviamente algo distinto al régimen de la Restauración, incluso después de la Monarquía de Julio, todo eso era demasiado burgués, demasiado girondino para los bonapartistas y, por lo tanto, dibujamos en el Memorial de Santa Elena todo este material del liberal Napoleón como hijo de la revolución.»

(R.F.): «Lo que es muy interesante es que la opinión está cambiando, como se puede ver, las ideas cambian, por ejemplo, con Stendhal, que no es un ferviente creyente napoleónico, ni mucho menos…»

(T.L.): «Como mínimo era un funcionario bajo el Consulado y el Imperio…»

(R.F.): «No era un ferviente partidario, diremos, pero cuando lee Mémorial las cosas cambian, tiene un impacto muy importante, incluso quizás para el Duque de Reichstadt, y también podemos decir que Las Cases trabaja un poco para el Duque de Reichstadt.»

(T.L.): «Sí, en primer lugar, Las Cases trabajaba para él, hay que decirlo, Las Cases era un hombre de negocios, porque publicó los dos primeros volúmenes y vio que le iban muy bien, así que publicó el resto con la esperanza de obtener ingresos y rentas porque necesitaba eso para vivir, obviamente, y luego lo publicó todo a cuenta de autor, lo que significa que recuperaron todos los beneficios, organizó la distribución y la venta, primero en París y luego en provincias, y supervisó todo lo que se hacía con su Memorial en una época donde los derechos de autor estaban en pañales y no se sabía muy bien cómo remunerar a un autor, por lo que se hacían muchas copias piratas. Las Cases siempre intervendrá, finalmente él y sus hijos, para dominar el tema Memorial. Además en el inventario después de la muerte de Las Cases que muere en 1842, le deja claro a su hijo que le deja los «derechos del Memorial» que si es inteligente puede tener unos ingresos de 3.000 francos al año en tal o cual edición, quizás un poco más en otra edición. Así las cosas, el Memorial es una bomba que estalla en un cielo político más bien apagado, Lamartine decía que «Francia se aburre» y por eso, obviamente, va a remontar tanto la imagen de Napoleón, bastante degradada hasta entonces, como el aura del liberal, del hijo de la Revolución enfrentado a Carlos X, que llegó al poder más o menos en la misma época, y que y como se podría decir, deja al Antiguo Régimen en pantalones.»

(R.F.): «En cualquier caso, se puede hablar de propaganda…»

El nuevo ejemplar del memorial (versión 2021).

(T.L.): «Así que hay dos maneras de tomar el Memorial: hay la manera, diremos visión de conjunto, es decir que este libro tiene una importante importancia política, lo cual es cierto, pero también es para leerlo y cuando lo lees te das cuenta de que lo que publicó Las Cases traza una fina línea en la arena, tiene descripciones de paisajes, tiene paseos interminables, tiene declaraciones de Napoleón y desde el principio todo el mundo se dio cuenta de que las declaraciones que Las Cases hacía a Napoleón eran muy largas, a veces declaraciones que duraban 10 o 15 páginas, Las Cases se reduce en este caso a tener una memoria fenomenal para encontrar todo eso, así que es tanto lo que dice Napoleón, seguimos hablando de lo que se imprimió, lo que dice Napoleón con, diremos, la extensión, la explicación, la confirmación que da Las Cases. Si uno lee con atención el Memorial impreso, se da cuenta de que Las Cases, sí, incluso en ciertos momentos, señala que es difícil ir dia a día, dice, desde mi regreso a Francia he aprendido eso, y de repente dices esa página y luego a veces aquí en las memorias los otros dos dicen, sí, el general Marchand dice en sus memorias que bueno… Si se quiere, todo esto creó en torno al Memorial, sin quitarle nada de su importancia política, una especie de desconfianza, diciendo, básicamente, ¿es Napoleón o es Las Cases quien habla? Desde el principio, hubo artículos de prensa cuando salió el Memorial, en los que se decía, bueno, son principalmente las memorias de Monsieur de Las Cases más que las memorias de Napoleón, pero bueno, así es como funcionó, y después de haber jugado este importante papel político, el Memorial, todavía el Memorial impreso, se convirtió prácticamente en una fuente primaria de la historia. No hay historiador de Napoleón que escriba sobre la época sin ir a ver lo que dice Napoleón en el Memorial de Santa Elena sobre tal o cual personaje, y así el Memorial adquirió la categoría de fuente primaria, como si estuviéramos cara a cara con Napoleón y nos pusiéramos a discutir con él, y él nos diera todas las respuestas a las preguntas que le formularamos. Aquí es donde estábamos, todo el mundo ha criticado el Memorial, sobre todo los grandes historiadores de principios del siglo XX, pero siempre se decía, bueno, no podemos decidirnos porque no tenemos el manuscrito original, es decir…»    

(R.F.): «Aquellos para los que el manuscrito original no está disponible…

(T.L.): «No lo teníamos porque Las Cases nunca lo reveló en el fondo. Ahora sabemos, ya que tenemos esta copia, que muy probablemente Las Cases utilizaba, intercalaba las hojas del manuscrito original luego para añadir, así que se disparaba en el momento de la impresión. Todo el mundo los buscó los documentos originales por supuesto en los archivos, pero también la familia Las Cases que es numerosa que hay ramas femeninas que hay que ir a buscar, todo el mundo las pedía. El manuscrito no estaba, se le preguntaba a la gente, no lo tenía nadie al parecer, bueno al menos lo que contactamos y luego encontramos en la British Library una copia de este manuscrito, porque después de confiscar el manuscrito de Las Cases, los ingleses lo copiaron porque lo tuvieron en sus manos durante cinco años y tuvieron tiempo de copiarlo y lo copiaron en primer lugar para seguir poseyendo una copia, pero muy probablemente también para tener un arma contra Las Cases, porque sospechaban que cuando se vieran obligado a devolverle sus papeles Las Cases podría publicar lo que quisiera y los ingleses se dijeron: «Si nos quedamos con la copia podremos al menos impugnar la versión y en particular el comportamiento del gobernador de Santa Elena…» que está muy desarrollado en el Memorial, y por lo tanto podrán contrarrestar a Las Cases. Hacen lo mismo vis-à-vis con el doctor O’Meara que es el doctor de Napoleón en Santa Elena donde lo revisa y le vemos responder a cada una de estas declaraciones y luego finalmente, no habrá nada que hacer porque en el fondo el Memorial habla del gobernador Hudson Lowe pero en Inglaterra también digamos de Hudson Lowe este nombre en ese momento para que todo fluya y la copia que le fue entregada al Ministro de Guerra y Colonias, Lord Bathurst, permanecerá en los papeles de Bathurst y en Inglaterra no hay obligación de depositar sus archivos en los archivos públicos y permanecerá en el castillo de Bathurst hasta los años 70. Así que esa copia existía, básicamente hasta los años 20 nadie lo supo. A partir del año 1920 si nuestros colegas del pasado hubieran sido un poco más imaginativos, podrían haber sabido que este manuscrito existía, porque Inglaterra publicaba los inventarios de los papeles privados de todas las grandes familias, y así se publicó en 1926, y el manuscrito figura realmente con gran detalle y con una gran descripción, por lo que sabíamos que en algún lugar había una copia de este manuscrito.

Pero tal vez no prestamos atención, quiero decir, esta es la verdad, por ejemplo, el gran historiador Marcel Dunant, que publicó la edición más completa del Memorial de Santa Elena con todas sus variantes, con todas las notas que eran necesarias, había enviado a un joven historiador inglés a los archivos británicos para tratar de averiguar si tenían un pequeño trozo del Memorial allí y el famoso, el famoso historiador sacó unos legajos y encontró pequeños pasajes que habían sido pequeñas anotaciones tomadas a diestro y siniestro, pero cuando los miró, dijo, bueno, eso coincide exactamente con los textos que tenemos, pero a este historiador se le olvidó ir a mirar en los inventarios, y si hubiera ido a mirar en los inventarios, habría encontrado este manuscrito, por lo que no se menciona en ninguna parte… Hubo un historiador francés en la década de 2000 que señaló su existencia pero no fue a verlo, y luego mi colega Peter Hicks, que fue a la British Library para otro trabajo, estaba haciendo una pequeña biografía de Hudson Lowe para una obra colectiva, y dijo, bueno, voy a ir a buscar en los papeles de Bathurst para ver qué pasa, y entonces me encontré con él.»

(R.F.): «Le dió la pista para que cayera en él…»

(T.L.): «Porque los Bathursts en un momento dado ya no quisieron pagar la conservación de sus archivos, y los depositaron en los archivos públicos, pero con la autorización previa para consultarlos, esto es frecuente también en Francia, también en los archivos privados, es lo mismo, y así Peter en los inventarios, pide consultarlos, y hay que pedir autorización a Lord Bathurst, el 8º, que estaba vivo en esa época. Alguien le escribe, el famoso Lord Bathurst nos contenta muy amablemente, incluso nos envió algunas cartas de Napoleón que tenía en sus colecciones para que las publicáramos en la correspondencia y nos dijo: «Escuchen, les doy permiso para consultar». Entonces Peter estaba haciendo algunas pequeñas consultas, pero pensamos esto es diferente, hay muchas más cosas en el manuscrito. Así que organizamos una misión más consecuente allí, y entonces empezamos a hojear, hay cuatro volúmenes, y empezamos a hojear nuestro propio volumen para comparar, y nos dimos cuenta de que estábamos viendo un texto totalmente diferente…»

Ejemplar del 5º tomo del Memorial en
una edición de 1823

(R.F.): «Entonces, ¿cuáles son exactamente los cambios que hay en estos conflictos observados entre el manuscrito y el Memorial? ¿Son nombres que cambian, son eventos que son diferentes…?»

(T.L.): «Hay mucho, en primer lugar, el volumen, el volumen de Las Cases, 900 páginas, pero este volumen representa más o menos un tercio de lo que publica después en el Memorial, o sea que hay dos tercios de nueve, porque Las Cases publica primero dos volúmenes en enero de 1823 y se da cuenta de que funciona y ahí decide publicar la continuación y aumentar la continuación, porque evidentemente si hubiera publicado sólo su manuscrito habría tenido suficiente para cuatro volúmenes y está terminado. Ahí consigue imprimir hasta ocho, así que estos dos tercios de nueve, la cuestión es si es verdad o no, si Las Cases se lo inventó, y sinceramente, no podemos estar muy seguros. Tal vez Las Cases tuviera memoria de elefante, es posible, pero se puede dudar, dada la extensión de los añadidos; tal vez entre 1816, su expulsión, y 1821, tuvo reminiscencias, con su hijo, las discusiones, y empezaron a tomar notas, lo que es bastante probable. Siendo así, si se quisiera poner una escala de autenticidad, se está mucho más cerca de la boca del caballo, en este caso de Napoleón, con el manuscrito original que con el Memorial publicado. Eso es lo que podemos decir al ver las diferencias: en primer lugar, está todo lo que Las Cases añadió para que fuera un solo volumen en lugar de cuatro, lo que es bastante normal, dado que todos los autores hacen lo mismo en todas las memorias de la época: de vez en cuando hay una descripción de una batalla en la que el tipo no estuvo realmente allí, pero te la cuenta de todos modos.

Lo que por otro lado es más embarazoso son los partidos políticos, lo que añade Las Cases y sus partidos políticos son muy importantes porque fueron muy utilizados tanto por los bonapartistas del siglo XIX como luego por los historiadores del siglo XX y ahí nos encontramos con cientos de páginas añadidas. Es decir, que Napoleón, por ejemplo, dará una opinión sobre algo y luego Las Cases hará que esta opinión, que tiene quizás tres líneas en el manuscrito, dure 10, 15 páginas a veces 25 páginas en la versión impresa. Así que aquí sí que podemos preguntarnos si es Napoleón el que habla o si es Las Cases: así que cuando leemos la letra con atención también lo podemos detectar a veces, es decir, que a veces Las Cases hace hablar a Napoleón, «él» tiene comillas y de repente «él» tiene diez páginas más sin comillas así que francamente si leemos con atención nos damos cuenta de que está añadido, pero a veces también deja las comillas por todas partes, mientras que el manuscrito muestra que él no lo dijo.

Evidentemente, puedo contar una anécdota divertida: hace unos meses, Le Figaro se enteró de este descubrimiento, y tuvimos muchas discusiones con ellos, y escribieron dos páginas, dos páginas enteras, en el periódico para hablar de este descubrimiento de las futuras publicaciones, etc. Así que, por supuesto, estábamos muy orgullosos de nosotros mismos, nuestro trabajo de historiadores reconocido y entonces recibimos una docena de correos electrónicos con mensajes bastante desagradables. Nos decían que estábamos siendo patrocinados por el gobierno británico para acabar con la leyenda napoleónica, que estábamos contra el movimiento napoleónico, que era una mala publicidad para los historiadores. Esto nos sorprendió mucho, pero al mismo tiempo nos hizo pensar en cómo sería recibido el trabajo que hicimos, ya que, por supuesto, publicaremos el manuscrito casi original, y esto tranquilizará a los napoleónicos. Lo primero es que el papel histórico del Memorial se ha completado, es decir, que el Memorial impreso por Las Cases ha tenido su papel histórico y que nunca podremos hacer nada al respecto, aunque sea totalmente falso, tuvo la importancia de crear una doctrina de partido bonapartista para ayudar a Luis Napoleón a tomar el poder, etc., etc., así que si usted quiere, no hay nada que hacer al respecto.

Nuestro trabajo de historiadores es dar al público y a nuestros colegas el manuscrito original, o al menos lo que más se parece al manuscrito original hoy en día, es decir, esta copia hecha por los ingleses, para simplemente trabajar, quiero decir que no es perjudicial para la imagen de Napoleón trabajar en la historia, que incluso en las historias generales de Napoleón en las que hemos podido trabajar, tenemos el derecho, el deber, de trabajar con Napoleón a condición de que podamos contar con documentación, etc.»

(R.F.): «La historia es una ciencia, es una ciencia viva y por lo tanto hay que poner en práctica constantemente este consejo…»

(T.L.): «Ahí tienes, no hay nada mejor que el documento en la historia, así que puedes tener sentimientos, puedes tener intuiciones, puedes tener todo lo que quieras, pero mientras tengas un documento que te diga lo contrario, tienes que acatar los documentos…»

(R.F.): «Y ser historiadores significa ser investigadores, después de todo, en griego…»

(T.L.): «Sí, entonces ahora por supuesto en este manuscrito el trasfondo es diferente, es decir, ¿Las Cases se inventó a Napoleón como liberal? Pues no, porque el tono de las conversaciones de Las Cases con Napoleón es efectivamente este y ahí es Napoleón el que decide, es decir que Napoleón entendía muy bien que obviamente se le iba a reprochar el régimen autoritario, se le iba a reprochar una serie de medidas, sobre todo las que se tomaron después de 1810, y se le iban a reprochar sus errores, la campaña de Rusia, la vuelta de los 100 días que es también una catástrofe para Francia y así lo sintió bien y así inmediatamente, pero como hacen todos los redactores de memorias: todos los que hablan de su pasado van a embellecerlo, no les hablaré de mis errores, les hablaré de mis éxitos y bien Napoleón -no me comparo a él evidentemente-, Napoleón hace exactamente lo mismo y se siente este toque de: «Yo soy el liberal, yo soy esto, yo soy aquello», pero no está en el manuscrito, es decir que básicamente el verdadero tema del manuscrito original era: «Yo pasé un año y medio con Napoleón y nos fuimos a dar un largo paseo». Así que Las Cases nos cuenta la vida cotidiana en Longwood, que es muy interesante, hay detalles adicionales que no conocíamos y luego de vez en cuando Napoleón le habla y Napoleón dice: «Ah, sí, cuando hice esto, pero fue porque al día siguiente le habría dado la libertad…». Entonces Les Cases lo anota, pero básicamente es una frase muy pequeña para pasear o un párrafo para pasear y Las Cases lo hace prosperar podemos decir, de hecho perdóneme la expresión, hace toneladas…»

(R.F.): «Este es el talento de Las Cases.»

(T.L.): «Este es el talento de Las Cases es al mismo tiempo un muy buen escritor, es coherente en relación a las pistas que le da Napoleón, pero no es Napoleón quien lo dice.»

«C’est fini…» – Oscar Rex (1857-1929), óleo sobre panel, hacia 1900

(R.F.): ¿Podemos imaginar errores en la transcripción del manuscrito por parte de los ingleses?

(T.L.): «Esta es, por supuesto, la pregunta que nos van a hacer, la respuesta que puedo dar es que no lo sé. Simplemente hacemos un análisis externo de un poquito del documento que teníamos entre manos. En primer lugar, estamos seguros de que la copia se hizo en Inglaterra, la marca de agua del papel, todo eso. En segundo lugar, la copia fue realizada por británicos, un británico que hablaba muy bien el francés, no cometió casi ningún error en francés, bueno, copió el francés, obviamente, pero lo copió absolutamente sin errores, la caligrafía era completamente honesta y visible, por lo que afortunadamente llegó a trasladar las anotaciones que se habían puesto en el original, incluyendo las propias anotaciones de Napoleón, por lo que quiere decir que Las Cases le estaba mostrando a Napoleón su trabajo, y además insertó en el manuscrito pequeños archivos que habían sido creados por otro inglés, que también insertó en el manuscrito pequeños ficheros que fueron creadas por otro inglés, que fue a buscar todas aquellas piezas que pudieran ser utilizadas por el gobierno británico para defenderse, por ejemplo, un pequeño fichero sobre los encuentros entre el gobernador y Napoleón, fueron a buscar en el manuscrito todo lo que concernía al gobernador y volvieron a copiarlo. Así que tenemos la fuerte intuición, si no la certeza, de que el texto fue respetado, porque no había razón para ir a copiar el manuscrito y escribir tonterías porque se pretendía utilizarlo para contrarrestar las declaraciones de Las Cases.»

(R.F.): «Pero lo que también podrían haberse eliminado todas las descripciones demasiado largas…»

(T.L.): «No, entonces probablemente no porque el manuscrito que tenemos, que es una copia del manuscrito de Las Cases, se presenta exactamente como debería haberse publicado, es lo que llama la atención, es que de hecho Las Cases, si hubiera podido llevarse su manuscrito, inmediatamente lo hubiera dado a una imprenta y se hubiera podido publicar tal cual, tiene la portada, tiene el plano, tiene la separación de un pequeño capítulo por día, es decir, la forma en que hoy se publica el Memorial, que siempre empieza con la fecha del día, ya está prevista en él, tiene tablas, tiene notas a pie de página, ya de Las Cases y demás. Si Las Cases hubiera partido con su manuscrito el Memorial de Santa Elena hubiera sido así, es decir, algo no muy interesante al final, políticamente hablando, en cuanto a la historia de Napoleón en Santa Elena, está realmente bien hecho, porque se describe la más mínima enfermedad, el más mínimo malestar de Napoleón, etc, Está muy bien hecho porque la más mínima enfermedad, el más mínimo malestar de Napoleón, etc., está descrita, catalogada, las visitas del gobernador, todos los problemas que tienen los ingleses, bueno, todo eso, ya hay un pequeño ajuste de cuentas con el gobernador, Hudson Lowe, que todavía se incrementa en la versión impresa porque Las Cases debió decirse: «Aquí no he sido lo suficientemente malo, añado dos páginas más porque, efectivamente, el personaje no va a ser muy simpático con los franceses».

(R.F.): «También hay que recordar que Las Cases no llegó inmediatamente a Francia, porque Luis XVIII le persiguió, después de pasar por África del Sur la cuarentena, etc., etc…»

(T.L.): «Vagó por Alemania, en Bélgica, escribió una parte en un castillo belga, que los belgas nos han señalado recientemente, no hay que olvidarse, y luego compró una casa en Pacy, que era un suburbio de París en ese momento, un poco rural, y allí es donde empezó a trabajar. Y no trabajaba solo: si Las Cases hubiera utilizado material suyo solamente, no habría pedido a antiguos compañeros de Santa Elena que vinieran a ayudarle, a los generales que vinieran a comprobar un cierto número de cosas, etc. Había un pequeño taller que se puso en marcha.»

(R.F.): «Por supuesto, antes hablaba de los cuatro evangelistas, por eso los llamamos así, para poder comparar e intentar averiguar qué es verdadero y qué es falso.»

(T.L.): «Así que este es un juego que siempre divierte a los napoleónicos que se interesan por Santa Elena, porque nos gusta porque todo tiene una fecha, y han hecho un poco como Las Cases, de hecho han copiado a Las Cases separando la fecha, de hecho el propio Las Cases copia a O’Meara, que publicó antes que él, pero no importa, todo ello tiene una fecha. Así que evidentemente el juego consiste en decir, no sé, el material de 21 de julio de 1816, que todos cuentan lo mismo y pues no, no todos cuentan lo mismo, primero porque también se debe a que todos fueron escritos sobre la marcha, no sabemos nada de uno de los evangelistas y de Montholon, estamos seguros de que no lo fueron, porque Montholon copió tanto a los otros que aparecieron antes que él, que compuso todo esto para ganar un poco de dinero en la década de 1840. Por otro lado, para los que creemos que están bastante cerca, es decir, Gourgaud, probablemente Marchand, un poco el mameluco Alí, que también escribió memorias, nos damos cuenta de que los autores no van a poder resolver este enigma, así que hubo este enigma relativo a Las Cases, que se resolvió un poco, porque Las Cases cometió un error de un día en su manuscrito,estaba todo fuera de lugar, obviamente, cambió todo el asunto del martes 6 al miércoles x + 2, y entonces, aquí estamos, y así todas las fechas fueron cambiadas desde entonces.

Así que, a grandes rasgos, todos contarán la misma historia en esencia, pero ahí también podemos preguntarnos siempre cuál es la fuente de todo esto, así que aquí nos hemos complicado un poco, pero básicamente O’Meara y Las Cases publican los primeros; bien, los demás publicarán después. La tendencia natural es ir a ver lo que decían los dos anteriores y lo tenemos un poco complicado, ya que Las Cases lo ha hecho con O’Meara. Hay una historia muy conocida de los napoleónicos que tratan de las conversaciones, estos pequeños contactos que Napoleón tenía con un esclavo en Santa Elena llamado Toby, que es obviamente una de las pruebas que en el restablecimiento de la esclavitud por parte de Bonaparte no hay racismo, de hecho a Napoleón le da igual que el cónyuge sea blanco o negro, etc. Así que va y habla con este Toby y le da dinero y siempre se toma como fuente el Memorial de Santa Elena, diciendo, bueno, sí, la historia de Toby está en el Memorial de Santa Elena, pero en el manuscrito no está, es decir, no hay ningún Toby en el manuscrito, así que ¿se inventó Toby? Así que no lo inventó porque el cónsul francés, director de los dominios nacionales de Santa Elena, encontró el rastro del episodio en los archivos ingleses, es decir, que Napoleón fue a discutir con un esclavo llamado Toby y le dio 20 napoleones que los ingleses pensaron luego que se los había robado y querían que los devolviera, por lo que el episodio de Toby es correcto, pero no está en el manuscrito. Entonces, cómo lo encuentra Las Cases, tal vez de memoria, pero sin duda porque leyó las memorias de O’Meara que se publicaron antes que él y O’Meara habló de Toby y así Las Casese debió pensar: «Sí, bueno, sí, es verdad, había olvidado por completo este episodio de Toby», especialmente porque Las Cases estaban allí en el momento de las reuniones, estaba sucediendo lo que llamamos el Pabellón de Les Briars, la primera casa de Napoleón en Santa Elena y todavía está el árbol bajo el que Toby y Napoleón se sentaron a discutir. Así que ya ves, que hay que ser lo suficientemente preciso para comprobar muchas cosas. Por ejemplo, podríamos haber dicho que no está en el manuscrito, por lo que Toby no existía, pero en realidad si existía, Las Cases lo añadió después porque probablemente lo recordaba.»

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: El general Henri Gatien, conde Bertrand; el general Gaspar Gorgaud; Charles Tristan, marqués de Montholon y el conde Las Cases

(R.F.): «Ya que incluso el manuscrito tiene que ser tomado con todo el cuidado necesario, por supuesto, y uno siempre debe cuestionar sus conocimientos.»

(T.L.): «Por supuesto, por ejemplo, por otra razón estamos tratando de trabajar en la forma en que se anunció la muerte de Napoleón en Europa. Para ello, empiezo por mirar los primeros boletines de información que se dieron en Santa Elena en el momento de su muerte, mirando las memorias de todos, incluidos los informes ingleses, Hay que conocer la época, el ambiente de la época para saber qué acto naturalmente había que hacer primero, bueno, es prevenir al gobernador, obviamente, por supuesto, y así hay que sopesar todo y sobre todo cuando te metes en política, me gustaría darte un ejemplo de cosas en las que yo mismo soy culpable, todos somos culpables ya que sólo teníamos el Memorial de Santa Elena. Existe en el Memorial impreso en las versiones actuales, una pequeña media docena de páginas en las que, según Las Cases, Napoleón pasa revista a sus ministros y luego le da a cada uno el tribunal de Santa Elena. Así que este era así, este era asá, y aquel era un idiota y así sucesivamente, y todos usamos eso, todos lo hemos citado, seguro, hice un estudio sobre los ministros de Napoleón, y estás pensando que es como la miel, ya está, y entonces encuentras que no está en el manuscrito. Así que parecía que estaba bien…»

(R.F.): «Porque es la opinión de Las Cases…»

(T.L.): «Es la opinión de Las Cases, porque Las Cases conoce Francia, cuando Las Cases entra en Europa es una especie de héroe, es el compañero de Napoleón que vuelve. Todo el mundo quiere verle, él ve a todo el mundo, además la familia imperial se pone en contacto con él, etcétera, José Bonaparte le reembolsa la cantidad que le había prestado a Napoleón, bueno, y ahí lo tienes, no lo sabemos, realmente. Además, como hay contradicciones en lo que Las Cases hace decir a Napoleón y la realidad de la colaboración que tuvo Napoleón con algunos de los ministros, podemos pensar que fue Las Cases quien añadió y luego también hay cosas que harán llorar lágrimas de sangre a los napoleónicos, es que él – tiene las grandes frases del Memorial- «¡Qué novela, mi vida!», no está en el manuscrito, ha sido añadida, es más, toda la conversación en la que Napoleón dice «¡Qué novela, mi vida!» ha sido añadida, pero «¡Qué novela, mi vida!», todos la usamos, obviamente, hasta para hacer capítulos, finalmente, así que antes decíamos que Napoleón decía que «¡Qué novela, mi vida!» y ahora tenemos que decir según Las Cases Napoleón habría dicho «¡Qué novela, mi vida!». Hay otros, «Soy el mesías de la Revolución», «Yo destruiré la Revolución», una frase que también se cita siempre sobre el mariscal Lannes «Le conocí como pigmeo, lo perdí como un gigante» no aparece en el manuscrito etc. etc, hay una cantidad importante. ¿Es que Las Cases se despertó una noche y se dijo: «Napoleón me dijo: ¡Qué novela, mi vida!» y lo escribió? Pues no lo sé, pero a partir de ahora voy a utilizar el condicional siempre que diga que Napoleón habría dicho: «¡Qué novela, mi vida!»

(R.F.): «Finalmente para conocer y entender a Napoleón lo mejor posible, habría que leer sus novelas porque lo hemos olvidado, él escribió novelas no del todo extraordinarias, es cierto, tendremos que leer su correspondencia, sus notas en campo militar, etc.»

(T.L.): «La correspondencia es, por supuesto, importante, incluso los dictados, si se quiere, a menudo nos equivocamos, así que aquí vamos un poco más allá, pensamos que el Napoleón del 16 de agosto de 1769 y Napoleón del 5 de mayo de 1821 son el mismo. No, es como tú y como yo, evidentemente tiene un fondo de genio, de superioridad, no hay que olvidar nunca que en la historia de la humanidad no hay cincuenta Napoleones. Hay tres, cuatro, cinco personalidades que, por así decirlo, están en el nivel de la historia de la humanidad, son parte de ella. Dicho esto, también es un poco hombre, por lo que hay una evolución del pensamiento, del estilo, del carácter, el Napoleón del principio del Consulado no es ciertamente el Napoleón del apogeo del Imperio; el Napoleón del Consulado probablemente no habría invadido Rusia en 1812, pero también hubo circunstancias que lo moldearon, un sentimiento de ser infalible, invencible, de poder seguir adelante con los proyectos que él mismo no pudo definir del todo, así que ese es el ensayo, ese es el Napoleón que evoluciona.»

(R.F.): «Para terminar, ¿por qué, el duque de Reichstadt no aprovechó finalmente el Memorial y por qué Francia en ese momento no fue a buscarlo?«

(T.L.): «En primer lugar, porque era joven, nació en 1811, tenía diez años cuando murió su padre, y tenía 21 años cuando murió, así que hubiera dicho que mi nacimiento y mi muerte eran toda mi historia, lo cual no es del todo totalmente falso. Así que hay mucha gente cuando, al estudiar al duque de Reichstadt, imaginamos que sacudió su cadenas y luego trató de sacudir los barrotes de su casa sin parar. Pues los estudios más recientes y serios demuestran que tomó conciencia muy tarde de quién era, probablemente un año, dos años antes de su muerte, el resto del tiempo fue criado. Fue criado como un príncipe austriaco desde pequeño y lo siguió siendo prácticamente hasta el final de su vida, y luego, de repente, hacia el final de su vida, se interesó por su padre, y ya saben que Napoleón le había legado muchas cosas en Santa Elena, cosas que nunca recibió. Metternich impidió que las recibiera. Así que yo diría que para la época que hubiera sido posible, él ya estaba muerto.»

(R.F.): «Al final, es Napoleón III quien recuperará todo eso»

(T.L.): «Va a recuperar todo eso, va a recuperar la leyenda, va a recuperar el socialismo, va a recuperar el hecho de que, él es efectivamente, en el momento en que va a ser presidente de la República, es efectivamente el heredero de Bonaparte, antes de que él, no es él, está José y primero de todo su hermano mayor, pero bueno, que muere oportunamente en la década de 1830, pero José Bonaparte que es hasta 1844 a su muerte, que es el emperador, si quieres, así que aquí está Luis Napoleón que tiene una inteligencia diferente a la de su tío, mucho más en la combinación…»

(R.F.): «Hay que buscar en la historia. Perfecto, muchas gracias Thierry Lentz nos acogió aquí, como siempre estuviste perfecto. Grracias a ti y deseamos a tu libro todo el éxito del Memorial, por supuesto.»

– – – – – – o – – – – – –

1https://elrincondebyron.com/2021/05/05/napoleon-el-hombre-detras-del-mito-por-andrew-roberts-y-adam-zamoyski/


Fuentes:

1 – https://www.herodote.net/histoire/synthese.php?ID=2264&ID_dossier=109&resume=1

2 – https://www.youtube.com/watch?v=ZPWiysvR5Fo&ab_channel=HerodoteVideos

Imágenes:

a – https://www.youtube.com/watch?v=ZPWiysvR5Fo&ab_channel=HerodoteVideos

b – By Michel Dancoisne-Martineau – Michel Dancoisne-Martineau, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=14670284

c – https://www.amazon.es/m%C3%A9morial-Sainte-H%C3%A9l%C3%A8ne-manuscrit-biblioth%C3%A8que-Saint-H%C3%A9l%C3%A8ne/dp/226207495X?asin=B0921KHQZM&revisionId=e5ea1acc&format=1&depth=1

d – By Paul Delaroche – Château de Versailles, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=77337546

e – Par Auteur inconnu — Musée de l’Île d’Aix, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19832781

f – By Édouard Pingret – https://www.photo.rmn.fr/archive/06-501157-2C6NU0BFB1MT.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19567646

g – By Scheffer, Ary – musée beaux-arts (Angers), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=83069630

h – By Sir William Quiller Orchardson – http://www.kunst-fuer-alle.de/english/art/artist/image/sir-william-quiller-orchardson/8555/3/75209/st–helena-1816:-napoleon-dictating-to-count-las-cases-the-account-of-his-campaigns/index.htm, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6021584

i – «Mémorial de Sainte-Hélène, ou Journal où se trouve consigné, jour par jour, ce qu’a dit et fait Napoléon durant dix-huit […]» – Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France

j – Fotos del autor

Las Islas Medas en 1808-14

Tiempo de lectura: 15 minutos

Las Islas Medas que emergen frente a la costas de la pequeña ciudad de L’Estartit, en Gerona, son un enclave turístico y un lugar bien conocido de los pescadores y buceadores de la región. Refugio de piratas durante largas épocas, durante la Guerra de Independencia las islas jugaron un papel singular por cuanto su posesión representaba un punto de paso obligado para la navegación por las costas catalanas y un momentáneo punto de resguardo para las embarcaciones.

Tras la guerra, a mediados de siglo se construyó un faro y una pequeña guarnición militar ocupó el enclave hasta finales del siglo XIX. En la actualidad la parte emergida de las Islas Medas es una reserva natural integral y no se puede acceder sin autorización de las autoridades del parque natural.

UN POCO DE HISTORIA

Las islas Medas, resaltadas en amarillo, en un mapa datado en 1668, por el Chevalier de Beaulieu (a)

Las Islas Medas fueron ya pobladas y utilizadas como lugar de enterramiento por los romanos, como ha demostrado el hallazgo de tégulas, ceràmica y otros objetos diversos.

Durante la Edad Media, en 1178, los musulmanes mallorquines saquearon e incendiaron la isla, y en tiempos de Martín el Humano, el monarca planeó fortificar la isla debido a los frecuentes actos de piratería y poder establecer allí un monasterio de los caballeros de San Juan de Jerusalen, proyecto que intentó llevar también a cabo su sucesor, Fernando de Antequera. El monasterio no llegó a edificarse, construyéndose una capilla y ampliandose la torre de defensa existente. En plena construcción de las mismas en 1442, la isla fue asaltada por embarcaciones genovesas, que quemaron la capilla de San Miguel y sus dependencias, y convirtiéndo desde entonces la isla en un refugio de piratas. El conjunto de las edificaciones desapareció en 1522, por un derrumbe de la parte occidental de la isla.

En el año 1655 las islas fueron ocupadas por un contingente armado francés que se vió obligado a abandonarlas posteriormente en el año 1670 por la acción de una expedición militar proveniente de Barcelona que había levantado anteriormente un asedio en Palamós.1

Como consecuencia de la guerra contra la Convención, en el año 1794 los franceses que tomaron posesión de la isla construyeron una fortificación. Los por entonces aliados ingleses recuperaron el archipiélago pero lo volvieron a perder tiempo después. Las islas también sirvieron durante un tiempo de prisión militar.

Concluida la guerra de Independencia, quedó en la Meda Grande una pequeña guarnición que fue disminuyendo gradualmente hasta su desapareción definitiva en 1890. A principios de los años 30 del siglo pasado la Meda fue definitivamente abandonada por el hombre.3

El faro existente es un punto de referencia para los navegantes que navegan entre L’Estartit, las islas Medas y el cabo de Bagur. El viejo faro del año 1866, se automatizó en 1923 con acumuladores suecos de gas acetileno, y en 1930 se cambió por otro sistema rotativo y automático. El año 1982 se rehizo la torre del faro con la instalación de una nueva óptica.6

Una fotografía de los años 30 de Vicente Fargnoli, con el faro y algunas construcciones que se veían ya invadidas por la vegetación (b)

LA OCUPACIÓN NAPOLEÓNICA

Según el Estado Militar de 1808, el gobernador del fuerte de las Medas era el capitán D. Andrés Yoly, lo cual nos indica la presencia de una guarnición militar, suponemos que de pequeña entidad, a principios del siglo XIX.

Adolfo Blanch señala que en los últimos días de abril de 1810 el gobernador era Agustín Cailleux Scompremant (¿un emigré?), que se negaba a entregar la isla a los imperiales, aunque esta fuera ocupada tiempo después por las tropas francesas. La isla no dejaba de ser un enclave estratégico enmedio del conflicto por su ubicación, facilitando el cabotaje de la costa y negando a los buques ingleses un posible refugio.

Luis de Lacy (c)

Entre agosto y septiembre de 1811 el por entonces capitán general de Cataluña, Luis de Lacy y Gautier, vió la necesidad de tener un punto de importante de aprovisionamiento para el ejército y un punto fuerte en la costa para poder comunicarse con la escuadra aliada. Al no poder contar con la fortaleza de San Fernando de Figueras, pronto reparó en las Medas, que aunque ocupadas por los franceses no disponían de efectivos importantes ocupando las mismas. El 27 de agosto, una fuerza de unos 150 efectivos al mando del coronel inglés Green, secundado por el barón de Eroles, embarcaron en la fragata británica Indomitable con rumbo a la isla. El 29 de agosto desembarcaron en la ínsula con algunas piezas de artillería y procedieron a sitiar a la escasa guarnición. El 1 de septiembre los imperiales aparecieron asimismo en la villa de L’Estartit, emplazando piezas de artillería y obuses en el cabo de la Barra, y comenzaron a bombardear a los desembarcados en la zona de atraque (las islas se encuentran a una distancia de unos 900 metros del punto más cercano de la costa).

La guarnición enemiga fue hecha prisionera junto con algunas piezas de artillería pesada, a pesar del fuego realizado desde la costa. Pronto se pensó por parte de los mandos españoles en habilitar la isla como una verdadera fortaleza para depósito e instrucción de las tropas y varias dependencias auxiliares, pero la realidad era otra: la escabrosidad del terreno planteaba una gran dificultad para la construcción de dependencias en un punto que estaba muy cercano a la costa, por entonces con varios enclaves en manos del enemigo. Al no haber una perspectiva clara de relevo por parte de las tropas españolas, y habiendo fatigado a sus hombres en tratar de fortificar algunos puntos de la isla, los ingleses propusieron volar el fuerte y abandonar las islas definitivamente, lo que se hizó efectivo por la noche del 2 a 3 de septiembre.

Uno de los proyectos de Massanés, de 14 de noviembre de 1811, con parte de las obras ya ejecutadas: «Plano geométrico de las Yslas Medas que manifiesta su situación con respecto al Cap de la Barra y Pueblo de Estartid, Obras provisionales de defensa y civiles que se han executado, como igualmente un proyecto de la Fortificación estable que puede adaptarse, con la idea de un plan de Población y tres proyectos para unir las dos Yslas con el objeto de formar un puerto que proporcione la posible seguridad á las embarcaciones» (d)

Pero el propio Lacy no cejaba en su empeño de ocupar la Meda Grande como punto estratégico, y el 12 de septiembre volvió él mismo con la fragata británica Undaunted, junto con unos 200 hombres. Lacy envió a parte del contingente a atacar las baterías costeras de L’Estartit (los franceses ya se habían retirado por entonces) y puso al teniente coronel de zapadores José Massanés al mando de las obras de fortificación y le nombró gobernador de la isla.

Manuel Llauder y Camín.

Los franceses volvieron a la población el día 19, pero un desembarco de las tropas que se hallaban acantonadas en las Medas los redujo. En noviembre los imperiales repitieron la intentona, disparando desde una batería de morteros y obuses a la derecha del cabo de Barra, a unos 1.400 metros de distancia, que no provocó daños de importancia.

Ya por entonces Massanés concluía el reducto que debía flanquear el punto de la Guixera (Las Gaicheras), y habilitaba un nuevo desembarcadero en la isla del castillo, hacia la parte de mediodía, inutilizando el que miraba al pueblo de L’Estartit, que batía de lleno la artillería enemiga.4

Ya en el año 1812, más concretamente el 19 de mayo, el nuevo gobernador el coronel Manuel Llauder (al que conocimos como edecán de O’Donnell en septiembre de 1810) realizó algunas acciones de ataque a la costa para tratar de inutilizar las baterías enemigas y un fuerte ubicados frente a la isla, intentona que repetiría días después. Las islas se conservaban también en poder español para el resguardo de los ligeros barcos corsarios catalanes que acechaban a sus presas por la costa con la ayuda en ocasiones de las naves británicas.

Mapa de las islas y sus fortificaciones en un Portulano de 1813 (e)

BREVE RECORRIDO FOTOGRÁFICO

Vista de las Islas Medas con Google Earth y algunos de sus puntos significativos. La isla Meda Grande alcanza en algunos puntos los 70 metros de altura y la Meda Chica unos 40 metros.
El pequeño islote de El Medallot, a la izquierda, frente a la Meda Grande.
La isla Meda Grande con la diminuta silueta del faro que la corona.
La Cueva del Demonio, entre la Punta de Deu a la derecha y la Pota de Llop (Pata de Lobo) a la izquierda.
Por espacio de muclio tiempo las islas fueron una importante zona para la pesca del coral, hoy ya abandonada; en sus profundidades se abren grandes grutas que han sido objeto de diversas
exploraciones y estudio por parte de los buceadores.
Los salientes de la Punta de la Galera y la Pota de Llop.
El Cavall Bernat a la izquierda y las Cuñas Grande y Pequeña.
La imponente silueta del Cavall Bernat.
Rodeando el Cavall Bernat y la Cuña posterior.
Las Cuñas Grandes y Pequeñas, «Tascons» en catalán.
La Meda Chica o Pequeña, en el centroderecha.
Las rocas calcáreas y margas que conforman gran parte de la isla y que explican en parte la dificultad en acondicionar construcciones en su superficie unos doscientos años atrás.


Fuentes:

1 – «Las fortificaciones en las Islas Medas» – Jaime Pumarola, Revista de Girona, nº 12, 1960, pp. 36-37

2 – «El cors a l’Empordà durant la Guerra del Francès» – Gabriel Martin Roig, Revista del Baix Empordà, pp. 6-17

3 – «Els sistemes naturals de les Illes Medes» – J. Ros, I. Olivella, J.M. Gili, IEC, Arxius de la Secció de Ciències LXXIII, Barcelona, 1984

4 – “Historia de la Guerra de la Independencia en el antiguo Principado“. Tomo II – Adolfo Blanch, Imprenta y Librería Politécnica deTomás Gorchs, Barcelona, 1861

5 – Estado militar de España. Año de 1808. En la Imprenta Real

6 – Patrimoni històric del Baix Ter: Les Illes Medes (patrimonihistoricbaixter.blogspot.com)

7 – https://www.oirealtor.com/noticias-inmobiliarias/los-faros-de-catalunya-maravillas-del-patrimonio-maritimo/

8 – «Las Islas Medas: Pasado, presente y futuro» – Dafne Jácome Sanz, Biol. on-line: Vol. 3, Núm. 1 (Febrero de 2014)

Imágenes:

a – https://cartotecadigital.icgc.cat/digital/collection/atles/id/632/rec/1

b – «Una plaça forta oblidada a les Medes» – Candi Mundet y Antoni Roviras, Pdf (24/11/2010)

c – By Garcia – http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001356541&search=&lang=es, Domini públic, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=94597755

d – https://bvpb.mcu.es/independencia/es/consulta/resultados_ocr.do?id=2151&forma=ficha&tipoResultados=BIB&posicion=5

e – https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/resultados_ocr.do?id=1538&forma=ficha&tipoResultados=BIB&posicion=1 – (Portulano de las Costas de la Península de España, Islas adyacentes y parte de la Costa de África (1813)

f – Fotografías del autor.

Pintura. El arte de… Georges Scott

Tiempo de lectura: 15 minutos

Revisitamos la obra del pintor francés Georges Bertin Scott de Plagnolles, más conocido como Georges Scott, nacido al comenzar el último cuarto del siglo XIX, y que cuenta con una más que estimable colección de estampas militares dedicadas entre otras a la era napoleónica. Él mismo experimentaría en primera persona el alcance de los conflictos bélicos durante la guerra de los Balcanes y posteriormente la 1ª Guerra Mundial. Gran dibujante y cartelista, prolífico ilustrador en las páginas del famoso semanario L’Illustration, entre otras publicaciones, también fue un afamado retratista de varios miembros de la realeza europea. La experiencia de asistir a las guerras balcánicas la relataría posteriormente:

«Fui, de hecho, al teatro de la guerra. Hay cosas que un pintor militar debe saber. Había salido lleno de imágenes convencionales de la guerra: de la valentía que se burla del destino, de uniformes que brillan bajo el cielo, de campos de batalla atravesados ​​por épicas cabalgatas, invadidos por una ley ardiente y patética. ¡Ah! ¡Qué diferente es la verdad y qué siniestra es la guerra!«

«Le Général Pichegru pendant la conquête de la Holande (1794-1795), par les Armées du Nord» (1909) (a)

EL APUNTE

El pintor Georges Scott (b)

Georges Bertin Scott de Plagnolles nació en París el 10 de junio de 1873 y fue un famoso pintor e ilustrado francés.

A los 12 años llevó sus primeros dibujos a Paul Déroulède, director de Le Drapeau y Déroulède los hizo publicar. El precoz artista fue galardonado con un Luis de oro y… una muñeca alsaciana. A los 17 años, Georges Scott era un joven artista que ya comenzaba a tener ya una cierta experiencia. Hijo del también pintor Henri Louis Scott, desde los 4 años reproducía avidamente caballos, soldados, locomotoras, etc.

Estudió Bellas Artes y se convirtió en uno de los discípulos del gran Edouard Detaille. Expuso en el Salón cada año desde 1890, cuendo presentó «Revue des Chalons«.

En 1892 fue contratado por René Baschet, director de L’Illustration, aunque previamente había colaborado ​​con otras publicaciones como L’Illustré y la Vie Moderne. Luego comenzó su carrera como reportero, ilustrador y pintor en la redacción de esta revista. En representación de L’Illustration realizó viajes a Senegal, Túnez, Marruecos, Egipto e hizo algunos también en Rusia y Sudamérica. En Río de Janeiro fundó y dirigió una revista cuya presentación era análoga a la de la publicación francesa original y al que llamó L’Illustration Brasilienne.

En julio de 1909 se casa en Paris con la famosa cantante Nelly Martyl, a la que también le dedicará una composición (vestida de enfermera), ya que esta se involucró en el conflicto de la 1ª Guerra Mundial de tal manera que le valdrían la Cruz de Guerra y la Legión de Honor. En 1911 el ministro de la Guerra le encargó a Scott y a Eduard Detaille un estudio de diseños para renovar los uniformes del ejército francés, pero que no serían adoptados finalmente.

Scott cubrió sus primeras operaciones militares como corresponsal de prensa durante los conflictos balcánicos* en 1912 y 1913. Durante la campaña de los Balcanes fue autorizado por el Estado Mayor búlgaro para tomar dibujos en todo el frente, y siguió a los ejércitos búlgaros hasta la batalla de Tchataldja. Fue encargado con una nueva misión durante la captura de Adrianópolis, y se organizó solemnemente una exposición de sus obras de la Guerra de los Balcanes en la Galerie Georges Petit y luego otra en la Galerie de la Boëtie. Al final de las hostilidades sus trabajos también fueron mostrados al público de Atenas en 1914, en una exposición inaugurada por los reyes de Grecia.

En 1914 estaba en Constantinopla donde había comenzado a hacer el retrato de Djemal Pasha (uno de los líderes que gobernaron el Imperio Otomano durante la 1ª Guerra Mundial), pero regresó apresuradamente, y no sin dificultad a Francia a finales de julio: había tenido noticia en pleno viaje – en Venecia, en la Plaza de San Marcos – de la declaración de guerra de Alemania. Adjunto al Ministerio de Guerra desde el inicio de la campaña, fue enviado primero al norte: le habían dicho que podría, en paz, hacer su trabajo, como en el desarrollo de tableros para reconocimiento de aeronaves, etc. y que nada le molestaría en esos paisajes placenteros. Llegó justo a tiempo para asistir a la retirada de Charleroi, es decir, no encontró el calmado ambiente que le habían comentado en el Ministerio. El gobierno lo reclamó en Burdeos, donde Scott pasó unos días entre la abigarrada muchedumbre de la ciudad, y donde fue nombrado oficialmente «reportero gráfico» de guerra**. Entre sus primeros dibujos se encuentra el famoso «On ne passe pas!» que apareció en la portada de L’Illustration el 8 de agosto de 1914. Empleado como corresponsal de guerra de ilustraciones y pintor en el ejército desde 1916 (realizó bocetos del frente, carteles de reclutamiento militar, etc.), Scott recorrió los campos de batalla del Somme, Champagne, Verdun en 1916, y estuvo en los frentes británico e italiano en 1917 y 1918.

Artista prolífico, primero ofreció una visión idealizada de la guerra, refinada y patriótica, todo para la gloria del soldado francés, luego, gradualmente, ir introduciendo una imagen cada vez más oscura de una guerra que devoraba cada vez a más hombres, evolución que se notó en su exposición de 1917. El artista se adaptó así a la demanda del público, pasando de imágenes populares y tranquilizadoras de la guerra a imágenes cada vez más sinceras y conmovedoras.

Se dedicó asimismo a ilustrar libros, en particular Stella, de Vigny; Un Soir et Sur l’Eau, de Maupassant; La Chèvre d’Or, de Paul Arène; envió dibujos a revistas extranjeras como Graphic y además ilustró el libro de Frédéric Lollié dedicado a la Comédie-Française. También creó algunos modelos de carteles que obtuvieron un gran éxito para music-halls y para vodeviles.

Después de la guerra, Georges Scott retomaría su actividad periodística (en La Ilustración, Gráfica, Mame) y también se convertirá en el retratista oficial de reyes y jefes de estado. Realizó los retratos ecuestres de Jorge V, del rey de Grecia, de Lord Kitchener, de Lord Roberts, de Alfonso XIII y del rey de Serbia (estos dos últimos retratos ejecutados después del armisticio) y también de Mussolini, de este último en 1926, todos ellos apreciados tanto por el público en general como por los artistas.

El 21 de enero de 1928 es promovido a Oficial de La Legión de Honor, de la que ya había sido nombrado caballero en febrero de 1912. [4] . Luego cubrió la Guerra Civil española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hasta su último dibujo publicado en el número del 30 de diciembre de 1939. Murió el 14 de enero de 1943.

OBRA ESCOGIDA

«Le Général Bonaparte en Egypte» (1918), óleo sobre panel, 100×71 cm (c)
«Capitaine des Chasseurs à cheval de la Garde Imperiale en grande tenue» (1907),
acuarela, 87×66 cm (d)
«El tambor» (1921) (e)
«Fantassin» (1934), acuarela, 24×15 cm (f)
«Infanterie de Ligne. Revolution» (1924),
acuarela, 38x20cm (g)
«Lancier polonais de la Garde impériale» (1913), óleo sobre lienzo, 92,5 x 73,5 cm (h)
«Cuirassier du 7e régiment au début
de l’Empire» (i)
«Oficial de caballería y su montura» (1928), acuarela y gouache, 42,5×33,5 cm (j)
«Un trompette des lanciers polonais», acuarela, 22x17cm (k)
«Carga de caballería», acuarela con luces en gouache, 48×80 cm, (l)
«Le général Colbert au moulin de Ligny, 1815» (1928),
acuarela, 29,5 x 23 cm (m)
«Portrait d’Officier de cavalerie» (1934) (n)
«General republicano o Napoleón Bonaparte (?)» (o)
«Estudio de cazadores a caballo de la Guardia imperial» (p)
«Deux cavaliers du 7ème régiment des Dragons», óleo sobre panel, 61×46 cm (q)
«Estudio de seis soldados del Imperio», lapiz negro sobre cartón gris claro, 47×60 cm (r)
«Officier en tenue dans la rue des Sept Voyes» (1912), acuarela y gouache (s)
«Estudio de uniformes militares», acuarela y gouache (1906), 25,5 x 13,5 (t)
«Estudio de uniformes militares», acuarela y gouache (1906), 25,5 x 13,5 (u)
«Bonaparte au passage du grand Saint-Bernard» (1911), carboncillo, acuarela y gouache, 48×72 cm (v)
«La proclamación», pluma, carboncillo y acuarela sobre papel, 43,2×63,5 cm ( w )
«Procesión de condenados durante la Revolución» (1924) (x)
«Du sommet de la colline, leurs yeux portaient très loin sur la Brenne galeuse», ilustración (y)
«Paulain Violaine parlait: «Germain Galas, au nom du peuple, de nos frères, de nos femmes, de nos enfants, je viens te demander de réfléchir, de t’attendrir et d’être…», ilustración (z)

– – – – – – o – – – – – –

*«—Je suis allé, en effet, sur le théâtre de la guerre. Il y a des choses qu’un peintre militaire doit connaître. J’étais parti plein des images conventionnelles de la guerre: de la bravoure qui nargue le destin, des uniformes qui resplendissent sous l’azur, des champs de bataille parcourus par des chevauchées épiques, envahis par une loi ardente, pathétique. Ah! que la vérité est différente et quelle sinistre chose que la guerre!» [3]

**También tuvo la idea de organizar espectáculos para los soldados, enviarles libros y llevarles, en la medida de lo posible la ayuda moral que necesitaban. Realizó un teatro destinado a ser enviado al frente y que se exhibió en la Esplanade des Invalides. Dado que las dimensiones de este teatro se reconocieron demasiado grandes (9x17m de superfície y 6m de altura) , hizo construir otros más pequeños y pronto 82 teatros, fácilmente transportables y fáciles de instalar en graneros o en chozas, hicieron posible realizar representaciones todas las noches en 82 puntos diferentes del frente. Se calcula que pudieron asistir a estos espectáculos un público de unos 4 millones de soldados.

Fotografía del escenario del teatro en 1916 (aa)


Fuentes:

1 – «Maestros de ayer y hoy: Georges Scott» – Marcel Belvianes, «L’Affiche française», Revista ilustrada mensual. Junio 1926

2 – «Le Théâtre del Poilus va partir pour le front» – Lucien Doubion, «La Presse» – Diario, 13 de julio de 1916

3 – «Chronique de la Semaine – Le peintre Georges Scott et la Guerre des Balkans» – R. Jeanté, «L’Afrique du Nord Ilustrée», journel hebdomadaire.

4 – https://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Scott

5 – «Le Cornet» – Publicación de la Societé artistique et littéraire, Junio de 1914

6 – https://www.askart.com/auction_records/Georges_Bertin_Scott/11069501/Georges_Bertin_Scott.aspx

Imágenes:

a – https://zupimages.net/viewer.php?id=19/48/jfs1.png

b – Georges Scott, peintre, 1-4-11: [photographie de presse]/[Agence Rol] – Source gallica.bnf.fr/ Bibliothèque nationale de France

c – https://galeriedesouzy.com/le-xixeme-siecle/georges-scott-prise-de-la-smala-dabd-el-kader/

d – https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/bertrand-malvaux.com/web/images/1/produits3/14/produit_image2_16014_1383732943.JPG

e – By Template:Georges Scott – [1], Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37226746

f – https://www.bertrand-malvaux.com/en/p/35431/scott-georges-fantassin-aquarelle-originale-revolution.html

g – https://www.bertrand-malvaux.com/en/p/38200/georges-scott-1873-1943-infanterie-de-ligne-revolution-aquarelle-originale.html

h – https://image.invaluable.com/housePhotos/Dobiaschofsky/10/686210/H0428-L229732337.jpg

i –  https://image.invaluable.com/housePhotos/Osenat/70/163170/H0820-L06212792.jpg

j – https://www.mutualart.com/Artwork/Cavalry-officer-and-his-mount/EBB4ED6F002D2E56

k – https://www.mutualart.com/Artwork/Un-trompette-des-lanciers-polonais/B3A47E9759CA38E1

l – https://www.mutualart.com/Artwork/Cavalry-charge/659B28621216DD4C

m – http://impereur.blogspot.com/2012/02/pierre-david-dit-edouard-colbert.html

n – https://www.proantic.com/galerie/lespadon/img/851964-main-61894e9847466.jpg

o – https://static1.lot-art.com/public/upl/53/Georges-SCOTT-1873-1942-Napoleon-Bonaparte_1567718599_6055.jpg

p – https://www.hampel-auctions.com/a/archive-catalogue-detail.html?la=fr&a=73&s=139&id=68460&g=Moderne

q – https://www.lotsearch.net/artist/georges-bertin-scott/archive?perPage=50

r – https://www.proantic.com/galerie/ericklein/img/61920-1.jpg

s – https://www.mutualart.com/Artwork/-Officier-en-tenue-dans-la-rue-des-Sept-/EEE572C79BE1BE1B

t – https://www.gazette-drouot.com/en/lots/11311176

u – https://www.gazette-drouot.com/en/lots/11311176

v – https://www.invaluable.com/auction-lot/georges-scott-1873-1942-bonaparte-au-passage-du-g-78-c-8064ce3a08#

w – https://www.invaluable.com/auction-lot/proclamation-414-c-B514015AE2

x – «Maestros de ayer y hoy: Georges Scott» – Marcel Belvianes, «L’Affiche française», Revista ilustrada mensual. Junio 1926

y – http://www.fulltable.com/VTS/aoi/j/jeanniot/j03/2.jpeg

z – http://www.fulltable.com/VTS/aoi/j/jeanniot/j03/12.jpeg

aa – Par Illustrated London News: anonymous photograph — Illustrated War News, 1916, p. 293 via archive.org, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12876121

Miniaturas del Museo del Ejército (Toledo)

Tiempo de lectura: 5 minutos

Visitamos esta semana la exposición dedicada al mundo de la miniatura militar que se encuentra en el Museo del Ejército en el famoso Alcázar de Toledo, y que alberga en sus vitrinas una gran representación de figuritas militares de varias épocas. en varias escalas y formatos, y cuyos soldados y escenas dedicadas mayormente a la Guerra de Independencia os pasamos a detallar a continuación en una breve muestra de dicha exposición.

OBRA ESCOGIDA EXPOSICIÓN

Matrices para la elaboración de diferentes figuras
Ambulancia de campaña y cuerpo médico. Francia, 1804-1812.
Berlina de Napoleón con su Guardia Imperial. Historex. Plástico y pigmentos.
Detalles del diorama superior.
Oficiales y soldados españoles y franceses de la Guerra de Independencia, 1808-1814.
Ramón Labayen, c. 1970. Plomo y pigmentos.

A comienzos de los años 60, el artesano valenciano Ángel Comes, fundó la casa Alymer, a quien se debe la fabricación de los célebres soldados «miniploms». Sus figuras, a escala de 20 mm, se hicieron muy populares a nivel internacional, destacando las series históricas que representaban soldados de los Tercios de Flandes, tropas napoleónicas, o una extensa gama de guerreros de la Antigüedad provistos de carros de guerra, elefantes y demás armamento.

2. Regimiento de Toledo de Infantería de Línea, 1808; 3 – Regimiento de Borbón de Infantería de Línea, 1808; Abajo. Regimiento de la Reina / Pérez Arias, c. 1970. Plomo y pigmentos.
4. Batallón de Infantería de Voluntarios de Barcelona, 1808; 5. Voluntarios de Barbastro, 1808;
Abajo. Regimiento de Suizos de Reding / Pérez Arias, c. 1970. Plomo y pigmentos.
6. Regimiento «Ultonia» de Infantería de Línea, 1808: 7. Regimiento «Zaragoza» de Infantería de Línea, 1808; Abajo. Regimiento de Dragones de Numancia / Pérez Arias, c. 1970. Plomo y pigmentos.
Superior. Carro «Wurst» de la Artillería de Línea. Francia, 1804-1812. Historex. Plástico y pigmentos;
Inferior. Fragua de campaña de la Artillería de Línea. Francia, 1804-1812. Historex. Plástico y pigmentos.
Diorama de las tropas del Marqués de la Romana en Dinamarca, 1807. José Almirall y Ramón Labayen.
c. 1970. Plomo, escayola y pigmentos.

El coleccionista Eduardo Bartrina realizó este colorido diorama que representa la expedición que las tropas españolas, capitaneadas por el marqués de la Romana, realizaron a la península de Jutlandia (Diamarca) con motivo de las guerras napoleónicas.

Las figuras de a pie ideadas por Bartrina fueron fundidas en el taller barcelonés de José Almirall, mientras que los caballos en parada fueron fabricados por el miniaturista Ramón Labayen en San Sebastián.


Fuentes:

1 – Paneles exposición Museo del Ejército (Toledo)

Imágenes:

a . Fotografías del autor.

El Puente del Diablo (Martorell) en 1808-14

Esta semana gracias a nuestro corresponsal Byron os damos cuenta de la visita al Puente del Diablo (Pont del Diable) que se encuentra entre los términos municipales de Martorell y Castellbisbal en la provincia de Barcelona y que, pese a parecernos a primera vista casi acurrucado sobre sus amplios arcos de piedra ya superado en altura por las modernas autovía y autopista, se yergue aún inamovible por encima de curso del caudaloso Llobregat, sin duda recordando su pasado milenario y que ha sido testimonio del paso de los soldados de las legiones romanas y entre otras, hasta hace unos escasos doscientos años, las tropas francesas y aliadas del emperador Napoleón.

Una imagen actual del puente sobre el rio Llobregat, apenas perceptible tapado por la vegetación.

UN POCO DE HISTORIA

El Puente del Diablo es uno de los escasos restos que se conservan de la red viaria romana (la conocida Via Augusta) del curso bajo de los rios Llobregat y Anoia. Su construcción está datada entre los años 8-9 a.C.,* y fue llevada a cabo por tropas de las legiones romanas. El arco de triunfo, situado en la entrada izquierda del Llobregat, es la estructura de época romana más importante que se conserva del puente. Semejante al famoso Arco de Bará, pero mucho más sencillo, dispone de una pilastra de orden corintio a cada lado que sostiene el entablamento. Se cree que tenía una función honorífica y de límite territorial.10

Una de las reproducciones más antiguas (1735) que se conocen del puente con una inclinación más acusada que la actual, que corresponde a la construcción de 1283, que aasentó la estructura del puente gótico sobre los restos del romanao que se conservaban. Las barandas y la cubrición del elemento central se realizarían en el año 1768. Se distingue la cubierta de la capilla de San Bartolomé sobresaliendo por la izquierda. Al fondo la silueta de las montañas de Montserrat. (a)

El arco fue reformado posteriormente en la época medieval entre los siglos XIII y XIV ya que una riada se llevó parte del puente en los años 1143 y 1283 (en este último año se produjo la reforma del arco occidental que duró hasta 1295). La reconstrucción del puente, también llamado de Sant Bartomeu por la capilla románica que había junto a él o puente de piedra, fue una obra de gran importancia y para este fin se recaudaron e impusieron tributos especiales durante mucho tiempo. El proceso de transformación de la red viaria, sobretodo a partir del siglo XVIII, propició numerosas intervenciones en el puente y su entorno, como la construcción de la caserna de caballería. También el famoso ingeniero militar Juan Martín Zermeño acometería unas reparaciones del puente en 1768.

En 1928 se realizaron unas obras de restauración consistentes en limpiar la vegetación que lo cubría y diversos trabajos de consolidación. Por Decreto-ley de 3 de junio de 1931 el puente fue declarado monumento histórico-artístico.

El 24 de enero de 1939 el puente fue volado por el ejército republicano en retirada en los instantes finales de la Guerra Civil. El 20 de abril de 1961 se iniciaron los trabajos de reconstrucción del gran arco gótico central que duraron hasta el año 1962. La demolición de las casas situadas junto al estribo del puente de Martorell puso al descubierto restos de los sillares romanos, y la del antiguo matadero municipal (1990), permitió localizar los restos de la capilla de San Bartolomé (Sant Bartomeu).6

El puente hasta 1939. (b)

MARTORELL Y SU PUENTE EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Inmediatamente después de la guerra de Sucesión, la ciudad de Martorell se convirtió en un centro de concentración e intendencia del ejército, y en 1723 se proyectó la construcción del edificio cuartel de las caballerizas para poder alojar a los soldados y no recurrir a los domicilios de sus habitantes como tradicionalmente ocurría.

Durante la Guerra de Independencia las vicisitudes por las que pasó la ciudad de Martorell fueron similares a las de otros municipios que se vieron implicados en el conflicto en la zona. El Puente del Diablo pronto cobró importancia desde el punto de vista militar y estratégico, ya que sólo se podía atravesar el río Llobregat en este punto o a unos 12 kilómetros hacia el sureste por el puente de las Quince Arcadas, en Molins de Rey.

Jean Charles Langlois, capitán y antiguo edecán del mariscal Saint Cyr, viajaría a Cataluña en 1826 para reproducir varios de los lugares pintorescos de la región o donde se trabaron algunos de los combates más recordados. Sus trabajos serían publicados en fascículos de cuatro grabados cada uno, con el título de «Voyage pittoresque et militaire en Espagne-Catalogne» entre 1826 y 1830.

En los primeros compases de la contienda el general Schwarz saldría de Martorell a primeras horas de la madrugada del 6 de junio de 1808 con sus tropas para apoderarse de Manresa, en lo que sería uno de los primeros descalabros franceses en Catalunya en las acciones que se trabaron en las alturas de El Bruch y Can Massana.

Días más tarde, tras la primera tentativa fallida, el general Chabran llegó con su división a Martorell a las dos de la tarde del día 18 de junio, pero solo él con su Estado Mayor se hospedaron en la villa, acampando el resto de las tropas en el llano cercano, en lo que también sería un nuevo revés para los imperiales en el Bruch. Tras estas acciones consecutivas en el tiempo, San Baudilio (Sant Boi), Molins de Rey y Martorell serían saqueados y quemados por las tropas francesas.

Ayuntamiento de Martorell

Mientras se producían los primeros asedios en Gerona el conde de Caldagués y más concretamente el coronel Juan Baget habían reunido en varias compañías a somatenes, migueletes y soldados regulares dispersos, fortificando con ellas y con varios cañones procedentes de otras plazas la llamada línea del Llobregat, que se extendía desde San Baudilio (Sant Boi) a Martorell, guardando los caminos de Garraf, Ordal y Esparraguera.

Posteriormente también el general Vives trasladaría el 9 de noviembre de 1808 su cuartel general a Martorell, habiendo aumentado sus fuerzas y planeando el ataque a Barcelona antes que se internaran en Cataluña las tropas francesas del 7º cuerpo de ejército del general Saint-Cyr.

Durante la guerra el ayuntamiento de Martorell se erigió en Junta de Defensa del Corregimiento de Barcelona, debido a la ocupación de esta última durante prácticamente todo el conflicto.

Pero si hay un nombre que va ligado desde entonces hasta el final de la guerra a Martorell es el de José Manso (cuya biografía repasamos en su momento), ya que el futuro general instaló en varias ocasiones su cuartel general en Martorell o en la cercana Pallejá. Se produjeron varios hechos de armas de las tropas comandadas por Manso contra los franceses y sus aliados del general Mathieu en la zona comprendida entre Martorell y el puente de Molins de Rey así como en Sant Andreu de la Barca.

Croquis de las acciones más conocidas de José Manso, que irradiaban desde la villa de Martorell hacia las poblaciones limítrofes. La Línea del Llobregat, marcada con trazo rojo discontinuo y que se extendía desde San Baudilio de Llobregat (actual Sant Boi) hasta Martorell, teniendo la vanguardia en Pallejá y que vigilaba los caminos que discurrian por el Garraf, Ordal y Esparraguera. (c)

Esto también le dio la oportunidad de poder impedir la voladura del mismo Puente del Diablo en el año 1811; se trataba de una orden dada por el entonces jefe del Ejército en Cataluña, el general Luis Lacy, aduciendo razones estratégicas que Manso finalmente consiguió anular.

En 1813, Martorell sería el punto al que se dirigieron las tropas del general Decaen durante la batalla del Coll de l’Ordal -entablada contra tropas hispano-británicas- para organizarse y atacar posteriormente San Sadurní y Villafranca, que sería tomada por las tropas de Suchet el 13 de septiembre.

En 1814, las guarniciones francesas evacuadas de las plazas de Monzón, Lérida y Mequinenza por un engaño urdido entre otros por el barón de Eroles y Van-Halen, conforme se les permitiría regresar a Francia, fueron apresadas finalmente en Martorell y la gran mayoría enviadas por orden de la Regencia a Zaragoza.

También recogemos una anécdota local con la llegada de Fernando VII a Martorell procedente de Terrassa y que, tras atravesar el puente del Diablo, al bajar del carruaje quería fusilar al alcalde, por el trago que le había hecho pasar. Seguramente como se debía hacer, se debió arreglar el camino para que fuera practicable para la comitiva real, pero lo que no hubo manera de arreglar era el paso por las pronunciadas y estrechas pendientes del puente.2

Con motivo de la guerra y una vez concluida esta, en el año 1816 la ciudad recibiría el título de “La muy noble y muy leal ciudad de Manresa”.

Un dibujo del Puente del Diablo (1839) de Francesc X. Parcerisa, con el antiguo cuartel de caballería al fondo a la izquierda y la capilla de San Bartolomé, casi imperceptible, enmarcada por el arco central (a)

REPORTAJE FOTOGRÁFICO

Restos de la capilla de San Bartolomé
Placa conmemorativa (1996)

Los restos de la antigua ermita de San Bartolomé (Sant Bartomeu), de unas dimensiones aproximadas de 13 x 6,5 m, se encuentran situados al lado del acceso desde la villa al Puente del Diablo, por el margen derecho del rio Llobregat. Los primeros documentos de la misma datan del año 1208, durante el siglo XVI se encontraba en muy malas condiciones y en la Guerra de Independencia fue utilizada como granero. Fue destruida en 1835, posteriormente el ayuntamiento contruyó un matadero en el mismo lugar, que fue derribado en 1990 y las excavaciones posteriores permitieron redescubrir los restos de la ermita.9

La placa conmemorativa se encuentra situada encima de un pequeño pilar de piedra. La leyenda grabada sobre la plazca de bronce reza:

«EN MEMÒRIA DELS MORTS DE LA GUERRA DE SUCCESSIÓ (1705-1714) I LA GUERRA DEL FRANCÈS (1808-1814) ENTERRATS AL FOSSAR DE SANT BARTOMEU I DE TOTES LES PERSONES SEPULTADES EN AQUEST CEMENTIRI AL LLARG DE LA SEVA HISTÒRIA.

MARTORELL, 11 SETEMBRE 1996″.

«EN MEMORIA DE LOS MUERTOS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN (1705-1714) Y LA GUERRA DEL FRANCÉS (1808-1814) ENTERRADOS EN EL FOSAR DE SANT BARTOLOMÉ Y DE TODAS LAS PERSONAS SEPULTADAS EN ESTE CEMENTERIO A LO LARGO DE SU HISTORIA

MARTORELL, 11 DE SEPTIEMBRE DE 1996″.

– – – – – – o – – – – – –

* El aparejo romano acolchado y grande lleva grafiado en su superfície las letras CCO, documento epigráfico de las marcas de las legiones que trabajaron en su construcción (III – Macedonica, VI – Victrix y X – Gemina). El aparejo románico, yuxtapuesto está formado por sillares de dimensiones más pequeñas organizados en hileras regulares [3 y 6]


Fuentes:

1.- “Mapes de Patrimoni Cultural” – Placa de l’ermita i fosssar de Sant Bartomeu” – Diputació de Barcelona.

2.- “L’evolució històrica de la xarxa viària entre el Llobregat i el Foix. Des de l’època romana fins el tercer decenni del segle XX” – Miquel Vives Tort, Facultat de Geografia i Història de la Universitat de Barcelona.

3.- “Memòria de la prospecció arqueològica preventiva del tram Martorell-Castellbisbal, línia d’alta velocitat Madrid – Barcelona – Frontera Francesa” – Montse Freixa i Vila, Direcció General del Patrimoni Cultural, Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació, Generalitat de Catalunya.

4.- https://sabarca.cat/historia/7

5.- https://monuments.iec.cat/fitxa.asp?id=81

6.- https://turisme.elbaixllobregat.cat/es/monuments-visites/pont-del-diable

7.- http://museu.molinsderei.org/docs/itinerari_guerra_del_frances.pdf

8.- https://www.bibliotecaspublicas.es/martorell/infolocal.htm

9.- https://estimadaterra.wordpress.com/2019/04/04/restes-de-lermita-i-fossar-de-sant-bartomeu-de-martorell/

10.- http://losfolloneros.blogspot.com/2014/03/torretes-castells-i-mines-martorell-2014.html

11.- https://www.todocoleccion.net/coleccionismo-revistas-periodicos/ano-1962-historia-construccion-puente-romano-martorell-pont-diable-arco-romano~x56731381#sobre_el_lote

12.- http://www.cemartorellencs.com/gravats-del-pont-del-diable

13.- «Historia visual de Martorell» (2003) – Pdf

14.- http://www.martorell.cat/martorell/el-municipi/historia.htm

Imágenes:

a.- http://www.cemartorellencs.com/gravats-del-pont-del-diable

b.- https://www.todocoleccion.net/coleccionismo-revistas-periodicos/ano-1962-historia-construccion-puente-romano-martorell-pont-diable-arco-romano~x56731381#sobre_el_lote

c.- «El invicto Conde del Llobregat y los hombres de Cataluña en la Guerra de Independencia» – Isidro Clopas Batlle, Publicaciones de la Sección de Prensa de la Diputación Provincial de Barcelona, 1961

d.- Fotografías del autor.

La Coronación de Napoleón, por Paco Tovar

Tiempo de lectura: 15 minutos

En mayo pasado se cumplieron dos siglos de la muerte de Napoleón en Santa Helena. Pero el camino hacia ese peñasco en mitad del Atlántico, abandonado por todos excepto por unos poquísimos (y también interesados) fieles empieza mucho antes, cuando era un joven general triunfante en Italia. Ahí empieza el camino que le llevará a ser coronado Emperador de la República Francesa (pues tal era el título oficial en 1804).

David pintará el fasto en la catedral de París, y no dejará detalle en sus pinceles, pues no sólo retratará lo que hubo, sino incluso quien no estuvo o quien lo hizo con una cierta sorna.

No os describiremos a todos los personajes, porque estamos seguros que todos sabréis dónde están Napoleón, Josefina y el Papa Pío VII, e incluso los que aparecen sin estar: la digna matrona del palco, Letizia Ramolino, madre de Napoleón, no asistió a la ceremonia pues a pesar de recibir de su hijo el título de Madame Mère nunca acabó de creerse las ínfulas imperiales de su piccolo Napolione. Sólo os señalaremos algunos personajes con sus curiosidades.

Si os place acompañarnos, vayamos a Nôtre-Dame, escondidos tras una cortina, bisbiseando el quién es quién de los mentideros de una corte efímera pero rutilante.

«Consagración del emperador Napoleón I y coronación de la emperatriz Josefina en la catedral de Notre-Dame de París el 2 de diciembre de 1804» (1807), óleo sobre lienzo, 10×6 m (a)

LA CORONACIÓN («LE SACRE»)

2 de diciembre de 1804. Desde las Tullerías en carruaje tirado por caballos blancos y escoltados por la Guardia Consular a caballo, Napoleón y Josefina recorren las calles hacia Nôtre-Dame. Los Reyes de Francia se consagraban en Reims, pero el corso lo hará en París: es el único cambio en una ceremonia que imita la etiqueta de los Borbones.

Un frío que pela, y los invitados llevan horas esperando, el Papa se queja por lo bajini, pero David decide pintar EL instante: Napoleón con corona de laurel de oro, cual emperador romano, coloca sobre la cabeza de Josefina la que la proclamará Emperatriz.

El Papa es representado en un ángulo, en actitud de bendición, pero bien visible y con capa pluvial, mitra y sosteniendo una cruz procesional, el arzobispo de París: David dejó claro que el Sumo Pontífice pintó poco ante la voluntad de un hombre que se corona a sí mismo, y que era más de fiar el clero local que el mismísimo Papa.

Vestimenta «grand costume» completa de Napoleón como emperador (b)
Vestimenta «petit costume» de Josefina como emperatriz. (b)

Con trajes de seda, sombrero negro y plumero blanco, tres hombres circunspectos. El de la derecha es el engreído, valiente y enorme Joachim Murat. Hijo de posaderos de provincias, desde mayo era ya mariscal y pronto sería agraciado con los títulos de Gran Duque de Berg, Príncipe de Pontecorvo y Rey de Nápoles, trono que intentará quedarse tras los Cien Días, cosa que no conseguirá: será fusilado por orden de Fernando I de las Dos Sicilias en 1815.

Bendiciones, música compuesta para la ocasión por Jean-François Le Seur… y aparte de Napoleón, dos personas más debieron de pensar lo mismo: «si papá lo pudiera ver…«.

De perfil, en ropaje blanco y rojo con sombrero negro tenemos a los dos hermanos de Bonaparte: a la derecha, Luis. A la izquierda, José.

Los dos hermanos de Napoleón, José y Luis. (a)

Del segundo, poco que no sepáis: fue nuestro Pepe Botella. Culto, sagaz, fue de los primeros que vieron que la aventura de España iba a acabar como el rosario de la aurora, y con la Restauración vivirá como un potentado en los Estados Unidos bajo el título de conde de Survilliers, muriendo al poco de regresar a Francia en 1844, ya con Luis Felipe I.

Luis fue nombrado príncipe imperial por su hermano, y luego Rey de Holanda en el afán de colocar en tronos controlables a los miembros de la familia, pues como buen corso Napoleón sabía que los suyos eran un clan que había que mantener unidos. Además, lo casará con Hortènse de Beauharnais, la hija del primer matrimonio de Josefina: el clan abarcaba también a los vástagos de la Emperatriz.

Pero Luis nos sale rana: aprendió holandés (cosa de por sí meritoria) e intentó tener política propia para atraerse a sus súbditos, motivo de sobras para provocar que Napoleón lo derroque. Será el padre de Luis Napoleón, futuro Napoleón III.

Josefina era algo mayor que Napoleón, cosa que provocará más de un cuchicheo entre las enjoyadas damas. Sobre todo, entre tres que se sabían jóvenes, bellas e inteligentes… e intocables. Son las hermanas del Emperador.

De izquierda a derecha: Carolina, Paulina y Elisa. Tres beldades que serán casadas con fieles bonapartistas, que quedarán aún más atados a la gloria de esa corona recién estrenada.

Por la izquierda, las tres hermanas de Napoleón, seguidas de Hortensia de Beauharnais, hija de Josefina y esposa de Luis Bonaparte, con su hijo de la mano, y Julie Clary, esposa de José Bonaparte. (a)

Carolina, con Murat: quizá la única que se desposó con alguien que ya era fiel a Napoleón desde la campaña de Italia, y que creyó que con ese enlace quedaría más encumbrado, no siendo así. Según su opinión, porque reinar en Nápoles en 1808 en lugar de en España no nos parece algo especialmente pavoroso.

Elisa se unirá a un príncipe italiano, Felice Bacchiocchi, de origen corso y cuyo principado fue otorgado por Luis XV. Felice será nombrado duque de Lucca y Piombino, perdiendo los títulos con la Restauración, siendo enterrado junto con su esposa en la catedral de Bologna.

Y Paulina… la arrebatadora Paulina se casará con uno de los grandes de la nobleza romana, el príncipe Camillo Borghese, el cual era el segundo esposo de la beldad de los Bonaparte (había quedado viuda del general Leclerc en 1802). Camillo fue «bendecido» por su cuñado con nuevos florones para su antigua estirpe: al principado de Sulmona, heredado de su padre, añadió el de príncipe del Imperio y el ducado de Guastalla, luego elevado a principado.

Encargará al gran Canova un retrato de su esposa, y venderá a su cuñado los tesoros artísticos de la familia para los fondos del Louvre, que volvieron a la casona familiar en Roma tras los Cien Días. Morirá en 1832, habiendo sobrevivido a Paulina y a Napoleón, perdonado por el Papa y con el patrimonio intacto, cosa por sí meritoria pese a su bonapartismo.

Será padrino de un niño, con cuyos padres mantuvo amistad (y no es el del cuadro: es Luis, el primer hijo de Hortènse, a cuya mano se agarra). Un niño de la aristocracia piamontesa, los Benso, nacido en 1810 también llamado Camillo… y que 50 años después será el primer ministro de Victor Manuel II de Saboya, primer Rey del unificado Reino de Italia. La Historia lo conoce más por su título: conde de Cavour.

De todos los que estaban en sus mejores galas ése helado 2 de diciembre, sólo uno parece que mantuvo una sonrisa a medio camino entre sarcástica y despectiva. Alguien que sabía que, de todos los ahí presentes (exceptuando al Papa), era el único que era noble desde la cuna sin que ello le impidiera mantenerse a flote ante los embates que sacudieron Francia desde Luis XVI hasta Luis Felipe I.

Talleyrand, ministro de Asuntos Exteriores y Gran Chambelán del Imperio (a)

Es Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, nacido en 1754 y dedicado a la carrera eclesiástica, que disfrutará sin reparos en sus lujos, prebendas y en la cercanía a las damas (pasando del salón al dormitorio sin mucha mala conciencia). Obispo de Autun en 1789, verá con clarividencia por dónde iba la Historia y será de los primeros miembros del clero en los Estados Generales que se pase al Tercer Estado.

Oficiará la ceremonia de jura de la Constitución por Luis XVI en 1791 (con titubeos y sarcasmo: «hace tanto que no he oficiado misa que os ruego no me hagáis reír«, le dijo a su ayudante), será el imprescindible ministro de Exteriores de todos los regímenes de Francia: con la República, el Directorio, el Consulado, el Imperio y con los Borbones.

Porque, aunque Napoleón lo nombre príncipe de Benevento, a partir de 1813 empezará a maquinar (con la ayuda por omisión de otro imprescindible: el ministro de la Policía Fouché) para la caída de Napoleón y el retorno de los Borbones en la persona de Luis XVIII.

Chateaubriand, fiel al Rey hasta el punto de exiliarse con él en Gante durante los Cien Días, nos narra en sus soberbias «Memorias de ultratumba» verlos pasar, a Talleyrand con su cojera agarrado del brazo de Fouché, saliendo de la regia cámara. Y describió en una frase las «virtudes» de los personajes que hacen entender cómo sobrevivieron a todos sin dejar de ser imprescindibles. Ambos por sus contactos, sórdidos o elevados, de bajos fondos uno y de la intimidad bajo las sábanas el otro: «el Vicio del brazo del Crimen».

Terminamos nuestro repaso por las curiosidades de algunos de los personajes inmortalizados por David en su obra «La coronación de Napoleón» con el (que sepamos) único español que pudo ver los fastos de cerca.

Está representado detrás del altar, junto con los embajadores extranjeros que con su presencia dignificaban el encumbramiento de un general corso salido de la Revolución que quiso creerse sucesor de los Luises. Y es el único que se distingue, cosa que demuestra la importancia que tenía como representante de su soberano ante la advenediza corte.

Lo reconoceréis porque no lleva entorchados, ni pesados ropajes de fantasía, ni blancas plumas. Una casaca azul con el pecho cruzado por la Orden de Carlos III: es el almirante Federico Gravina y Napoli, embajador del Rey de España.

El famoso marino aparece con las solapas abrochadas a la usanza y moda de la Armada, y luce la venera y la cruz de caballero de la Orden de Santiago, de la que era caballero, y la banda y la cruz de la Orden de Carlos III. (a y b)

Nacido en Palermo, pasó al servicio de España y fue uno de los mejores oficiales de nuestra Armada. Bregado en el asedio de Gibraltar y Menorca, fue ascendiendo en el escalafón naval, y bajo su mando la flotilla que llevó a las Américas la noticia de la muerte de Carlos III tardó sólo tres meses de Cádiz a la Habana, Cartagena de Indias y vuelta.

Será el almirante al mando de nuestra escuadra en Trafalgar, e intentó persuadir a su homólogo francés Villeneuve de esperar en el puerto a que pasara la tormenta que los barómetros anunciaban: que barrieran los elementos a los ingleses (en justa ironía histórica, como venganza a la Armada de Felipe II en 1588), y luego salir para acabar con los restos. Villeneuve puso en duda su valor, hubo acaloramiento en la cámara de oficiales del «Redoutable»… y la escuadra se hizo a la mar el 21 de octubre.

Al mando del «Príncipe de Asturias», quedará herido de gravedad, aunque conseguirá volver a puerto con su buque y organizar una salida para recuperar algunos de los barcos capturados por Nelson, pero morirá en marzo de 1809 por la gangrena.

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Nota: Si estais intereados en conocer al resto de personajes que aparecen en el famoso lienzo de David, podeis visitar la entrada Le Who is Who du couronnement, del excelente blog de Robert Ouvrard, o el PDF editado por el museo del Château de Versalles.


Paco Tovar Aloguín es licenciado en Historia y de profesión intérprete de Patrimonio y guía cultural en su empresa ARGOS TARRAGONA. Es asimismo presidente de la Asociación Projecte Tarragona 1800, la cual lleva diez años organizando unas jornadas de recreación napoleónica. También es el capitán de las Milicias Urbanas, que reconstruyen en su uniformidad y formación a los defensores de su ciudad en el asedio francés de 1811.


Fuentes:

1. Facebook Projecte Tarragona 1800

Imágenes:

a. By Jacques-Louis David – art database, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=546742

b. «Le livre du Sacre de l’Empereur Napoléon», Paris, Imprimerie Impériale. ©Bibliothèque Nationale de France – Réunion des musées nationaux, Paris, 2004

c. De Desconocido – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32089254