La Guerra de la Independencia en el Clot, por Antonio Gascón Ricao

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Algunas veces las revistas que editan algunas asociaciones, que uno ojea en los almuerzos o en la sala de espera en alguna oficina, nos traen agradables sorpresas. En nuestro caso, ya hace algunos años que nos encontramos con dos artículos de Antonio Gascón Ricao sobre la Guerra de Independencia en el barrio de El Clot, de Barcelona, y que trataban de algunas de las acciones militares trabadas entre las tropas imperiales y el ejército español – junto a somatenes y miqueletes locales – en diferentes épocas del periodo 1808-1810, teniendo como telón de fondo las masías de campo, los molinos y las huertas que procuraban una deseada fuente de subsistencia para los dos bandos.

Como nos describe Antonio Gascón : «[…] hasta la guerra de Independencia (1808-1814), momento en que se produjeron constantes combates entre franceses y españoles en la franja existente entre el Fuerte Pío y el pueblo del Clot, con suerte desigual, combates que en el plano efectivo llegaron a afectar gravemente a los molinos del Clot, la principal riqueza de la zona. Unos combates que nadie ha recogido en beneficio de la historia de Barcelona, es de suponer que al tratarse de escaramuzas protagonizadas por partidas de guerrilleros, no han tenido la resonancia que hubieran tenido de ser tropas regulares«. [1]

En nuestra entrada de hoy recopilamos los cuatro artículos publicados en su momento por Antonio Gascón y que reproducimos gracias a su amable autorización.

Iglesia de Sant Martín de Provensals (c. 1920). En los entornos de la iglesia, hoy llamada iglesia de Sant Martí Vell, se constituyó, en época feudal, una sagrera, es decir, un espacio sagrado que protegía a personas y bienes y también se edificaron algunas masías, que formaron un conjunto que durante muchos siglos fue el único punto de referencia de población de Sant Martí.

La guerra de la Independencia en el Clot

A estas alturas del siglo, y cuando ya han transcurrido cuatro años del Bicentenario del inicio de la guerra contra los franceses (1808-1814), celebración que pasó sin pena ni gloria, no vendrá mal recordar que el barrio del Clot fue campo de batalla durante aquel conflicto, y lugar principal el actual carrer del Clot, antigua carretera de Ribes y a su vez antigua vía romana. Camino secular que se iniciaba en el portal de Santa Clara, seguía por en medio de los campos hasta llegar al Clot, continuaba hacia Sant Andreu y, cuando llegaba al cerro de la Trinidad, lugar al cual también se denominaba como la «quinta forca», desde allí, pasando por la sierra de Collserola, se alargaba hacia la llanura de Vich y en línea recta hasta los Pirineos. La primera de aquellas acciones tuvo lugar el jueves 18 agosto 1808. Aquella mañana el general francés, aunque de origen italiano, Giuseppe Lechi, salió de Barcelona al frente de sus tropas marchando furioso por aquel camino, al tener la intención de vengar la ignominiosa derrota del día anterior y de paso llegar, si podía, a Badalona.

Giuseppe Lechi (b)

Y en ello estaba cuando tuvo lugar una primera escaramuza, de la que salió victorioso, al coger prisioneros a cinco paisanos y con ellos a un oficial español, pero con la excusa de que eran Migueletes, también los llamaba bandidos o cobardes, y sin formación de causa, los fusiló. Acción que provocó la rabia de otras partidas guerrilleras que merodeaban por la llanura, y que tras un intenso cruce de fuegos, lograron hacer a los franceses 80 bajas. Buena prueba del número de guerrilleros que estaban al acecho por la zona.

Lechi más irritado aún que al principio de la mañana, y tratando de calmar la rabia de su tropa tras la derrota, dio permiso a sus hombres para tomar venganza, y así la soldadesca francesa se lanzó inmisericorde a saquear a su gusto los lugares de San Adrián, San Andrés y el Clot. Al final del día aquella tropa francesa entró victoriosa en Barcelona, cargada hasta los topes del botín conformado por colchones, sábanas y ropa, tocinos, cáñamo y de hortalizas, y será de suponer que tras dejar a su paso un enorme rastro de sangre e incendios en aquellos desamparados y pacíficos pueblos del llano de Barcelona. En diciembre de aquel mismo año, un parte del ejército español explicaba, de forma muy cruda, cual era el estado de muchos de los pueblos cercanos a Barcelona. Así se sabe que:

«El hermoso caserío de Gracia, como igualmente los vecinos Pueblos de San Gervasio, San Martí, Clot y San Andrés, que tanto hermosean este llano de Barcelona, se hallan casi despoblados«.

Y el motivo estaba, entre otros, a causa de la huída de la gente ante el avance de la tropa del general Laurent de Gouvion-Saint-Cyr:

«… pues los pudientes se retiraron con sus tesoros (sic) en lo interior del Vallés, y los de mediana é infima clase, fugaron igualmente para no sucumbir al peso de la furia del Exército de Saint-Cyr, que todo lo asola.«

Por otra parte, la juventud también había abandonado aquellos lugares, al haberse alistado voluntaria en los Migueletes o en el Somatén. Otro día recordaremos la batalla del Clot en diciembre de 1808 o el robo y destrucción de los molinos del Clot en 1909, operación que quedó a cargo de los patriotas locales.

Mapa mostrando algunas de las poblaciones limítrofes con Barcelona a finales del s. XIX: 1. Horta; 2. Gracia; 3. San Andrés (de Palomar); 4. Clot; 5. San Martí. Resaltado con un círculo rojo el Fuerte Pío. La gran expansión urbanística que transformó a Barcelona le permitió absorber la mayoría de estos municipios perimetrales, entre los años finales del siglo XIX y principios del XX. (c)

La batalla del Clot en diciembre de 1808

El 3 de diciembre de 1808, la 4ª División española se desplegó con precaución hasta el pueblo de Horta, sin encontrar franceses, después bajaron a San Andrés, donde se encontraron una gran fuerza de caballería y varios grupos de infantería enemiga, que ante la presencia española se replegaron a la carrera en dirección a San Martín y el Clot.

Tras aquella retirada francesa, el general Laguna1, jefe de las fuerzas españolas, tomó la decisión de atacar en su huida al enemigo, pero la operación resultó un fracaso al no poder penetrar en las defensas francesas, bien fortificadas con cortaduras y fosos, que su infantería defendió con fuego vivo y  bien parapetada, y por aquel motivo quedando frenados los españoles en su avance. La causa del fracaso había sido, entre otros motivos, porque el enemigo había retirado los puentes provisionales de madera con los que ellos podían traspasar aquellos obstáculos, al mismo  tiempo que se hacían fuertes en las posiciones que ya tenían en San Andrés y Horta.

Bandera de los Miqueletes de Vich. Musée de l’Empéri (Francia).

El día 5, al romper el alba, el general Laguna ataca San Martín [de Provençals] con tres columnas, posición que es tomada casi de inmediato. Ante el ímpetu de los españoles, los franceses supervivientes se repliegan a la carrera y en dirección al Clot, donde al final de aquel repliegue se agrupan mil cuatrocientos infantes y los restos de su caballería. Entonces, sin dar tregua, las tropas españolas se lanzan en tromba tras ellos, sufriendo en su camino un fuerte  castigo de la artillería, que causa numerosas bajas, pero consiguiendo los atacantes entrar en el Clot, que tiene que ser evacuado por los franceses, quedando los españoles a la espera,  pero acabando de ocupar tanto San Andrés como Horta.  En el parte de guerra de aquel día el  general Laguna felicita a los jefes de las tres columnas que han participado en aquella operación, siendo una de ellas del Tercio de Vich, informando de paso que las posiciones españolas en el Clot se están haciendo insostenibles, tanto para ellos como para los propios franceses, ya que el fuego artillero, procedente del Fuerte Pío, en poder de los franceses, sobrepasa el Clot, alargándose más de «trescientas toesas»2 hacía San Martín, comentario que indica que la artillería no discriminaba ni distinguía a los amigos de los enemigos. Dos día más tarde, Francisco Milans, general en jefe del ejército español es informado del resultado de las bajas producidas en aquella operación, parte que titulan con la siguiente leyenda:

«Listado que manifiesta los muertos y heridos que había tenido el tercio de Manresa y las compañías sueltas de Lérida y Granollers, en el ataque de San Martín de Provençals y el Clot, el  día 5 del corriente mes».

Después de la crudeza del ataque, las bajas españolas resultaron relativamente benignas:  Manresa, 2 muertos y 8 heridos; Lérida, 1 muerto y 2 heridos, Granollers, sin  bajas. 

Perfil del Fuerte Pío3, una fortificación adelantada del perímetro de la ciudad de Barcelona, construida en 1719 y que sería demolida en 1863 (e)

El robo y la destrucción de los molinos del Clot por los guerrilleros

Tal como se recogía en el parte de guerra del día 1 de septiembre de 1809, la noche de aquel día:

«había “bajado» (sic) una partida de paisanos hasta los molinos del Clot, y se habían llevado toda la harina y trigo que tenían en ellos los franceses para su «amasijo (sic)”.

Sin embargo, el cuartel general de Tarragona, donde se centralizaban las operaciones, tuvo que esperar hasta el 13 de septiembre para conocer los detalles de aquella operación. Y, con ellos en la mano, se sabrá, gracias al coronel Don Antonio Coupigny, gobernador de Mataró, que el comandante de la Conrería había tenido noticias por sus espías, que los franceses tenían una gran cantidad de grano y de harina almacenados en los molinos del Clot, cerca de la fortaleza del Fuerte Pío. Y fue por ello que la noche del día 1, cuando ochenta hombres al mando de Juan Tiana y Francisco Turull, se dirigieron a los referidos molinos, y tras tomar las correspondientes medidas de seguridad para no ser sorprendidos por el enemigo, se apoderaron de todo el grano y la harina que estaban en los almacenes de los mismos.

Después, con la ayuda de seis carros que llevaban con ellos en su avance, y que habían confiscado, de forma previsora, en San Andrés del Palomar, quisieron llevarse todo lo que allí había. Pero la previsión resultó corta, ya que no pudieron cargar en ellos todo lo que habían hallado almacenado, pues allí se quedaron «treinta sacos de legumbre, vulgo vesa» (sic) y «unos quarenta de salvado«, que el comandante mandó lanzar al estanque (sic) de los molinos para que el enemigo no pudiera aprovecharse de ellos, un acto bélico que puede calificarse de sabotaje. Después de cargar los carros con el botín, se procedió a una metódica destrucción de todos los molinos, con la intención de que el enemigo no pudiera hacer uso de los mismos, y tras concluir la operación se inició la retirada, dejando atrás un pequeño destacamento de hombres con la misión de obstaculizar en lo posible al enemigo, caso de ser atacada la columna por su retaguardia. Y el botín fue, cita textual:

«Los granos cargados en dichos seis carros, son los siguientes: Fanegas4 de trigo, 691/3; arrobas5 de harina, 138; fanegas de habas, 21/2; fanegas de cebada, 11/2; arrobas de salvado, 60 sacos; 183.»

Y concluía el informe que el botín había sido puesto a disposición del responsable de Hacienda de Mataró, que a su vez sería el encargado de recompensar a los hombres que habían participado en aquella exitosa operación. El 12 de julio de 1810, las tropas españolas repitieron con éxito la operación:

«Esta noche pasada han baxado (sic) las tropas Españolas hasta los molinos del Clot, de donde se han llevado grande porción de trigo y harina, que había para los franceses».

Buena prueba de que los molinos ya habían sido reparados por el enemigo, después del ataque del año anterior. Dejamos para otra ocasión el comentar un combate que desde el Clot obligó a los franceses a replegarse en dirección a Barcelona, y sin combatir, a causa del miedo que los españoles ya infundían a las tropas imperiales.

«Plano general del término de San Martin de Provensals», por Lorenzo Presas y Puig, datado en 1851. En color naranja el Fuerte Pío, que distaba poco más de un kilómetro de algunos de los molinos (a) de El Clot. La «Torre del Fang» (b), masía que aún persiste en la actualidad. En color amarillo el recinto del cementerio, junto a la playa, que fue derribado por los imperiales en 1813, para pretendidamente despejar la defensa de la fortaleza de la Ciudadela.
Inscripción en el muro perimetral del actual cementerio de Pueblo Nuevo (Poble Nou) recordando su destrucción en 1813 por las tropas napoleónicas

El combate del Clot, del 19 y 22 de agosto de 1810, o la batalla que nunca existió

En el tercer año de la guerra, el ejército francés estaba poco menos que diariamente atrincherado tras las murallas de Barcelona, al estar el llano de la ciudad plagado de partidas guerrilleras o de fuerzas regulares españolas. Prueba de ello es que a las diez de la mañana del día 19 de agosto de 1810, las compañías de los llamados «partidarios» {guerrilleros) recibieron la orden de dirigirse a San Andrés, al tener aviso de que un buen número de franceses andaba merodeando por allí. Apenas habían llegado, un escuadrón de caballería enemiga maniobró con la intención de rodearlas, atacando con fuerza hasta la iglesia. Las fuerzas francesas eran unos 1.000 hombres de infantería y 3 o 4 compañías de caballería, que intentaron convencer, primero con buenas palabras, a dos de las compañías de guerrilleros para que se rindiesen.

Pero la respuesta española fue, sin más, iniciar un fuego de mosquetería vivo y sostenido, mientras que dos escuadrones de franceses, apoyados por un grupo importante de infantería, les disputaba la posición, a lo que respondieron los españoles atacando a la brava, calando las bayonetas, lo que provocó la inmediata huida del enemigo, que desistió de continuar el combate, y mientras las bajas españolas fueron de tres muertos y tres heridos, las francesas resultaron mucho más numerosas tanto en hombres como en caballos. De ahí que las tropas francesas que salieron de Barcelona tomando el camino del Clot, la mañana del jueves día 22 de agosto de 1810, con la clara intención de dirigirse a San Andrés de Palomar, llevaban en su ánimo la firme intención de vengar la dura derrota que se les había infringido tres días atrás. Pero al llegar a la altura del Fuerte Pío, posición propia, los franceses frenaron en seco su avance al divisar a las tropas españolas, que se encontraban apostadas en gran número junto a las cercanías de la torre del «Fanch» (sic), lugar situado entre San Andrés y el Clot, y que parecían no inquietarse ante la cercana presencia del enemigo. Actitud que impuso a los franceses primero recelo y después miedo, al entrar en sospecha de que estaban a punto de caer en otra nueva emboscada.

La Torre del Fang, en un dibujo de Lola Anglada. Una antigua masía del s. XIV, que ha perdurado hasta nuestros días, como muchas que poblaban el territorio de San Martín de Provensals, un municipio eminentemente agrícola, antes de su anexión a Barcelona en 1897. (Foto: Arxiu de Sant Martí)

Ante aquella posibilidad, los franceses se repensaron la primera idea que habían tenido y, volviendo grupas, se retiraron ordenadamente, poniéndose bajo el abrigo de las murallas de Barcelona. Y los españoles, al observar aquella súbita retirada del enemigo, decidieron adelantar sus líneas, aproximándose por el camino del Clot en dirección a Fuerte Pío, desde el cual se les recibió con unos cuantos cañonazos de aviso.

A la una y media del mediodía, tras abrirse las puertas de la muralla, salieron más tropas francesas de refuerzo, pero sin arriesgar demasiado, ya que se limitaron a apostarse en los glacis exteriores de la ciudad mientras se retiraba el grueso de la tropa que había salido por la mañana y se procedía a cerrar el rastrillo, quedando, entre éste y la puerta, unos 400 soldados bávaros con un solitario cañón que apuntaba al enemigo. De ahí la pregunta irónica que se hacía en el parte de guerra español de aquel día:

¿Creían estas gentes tan tontos á los Españoles que quisiesen entrar de corrida á Barcelona, y entonces acuchillarlos á todos?

– – – – – – o – – – – – –

1Gregorio Laguna y Calderón de La Barca (Badajoz, 1763 – Sevilla o Madrid, 1826). La Junta Central le ordenó pasar a Cataluña desde Extremadura, llegando al Principado el 25 de octubre de 1808. El general Vives le dio el mando de la 2ª división, participando en los infructuosos ataques a Barcelona el 8 y 26 de noviembre de 1808. Tomaría parte en las batallas de Cardedeu y Molins de Rey, retirándose posteriormente a Tarragona. El 12 de enero de 1809 atacó a los franceses en el Ordal, pero fue rechazado. [4]

2Antigua medida francesa de longitud, equivalente a 1,946 m. (Página web R.A.E.)

3Para conocer más a fondo la historia del Fuerte Pío, os recomendamos el artículo «Fuerte Pío, 150 años de historia de Barcelona«, del mismo autor, en el blog: Ser histórico – Portal de Historia.

4Fanega: Medida de capacidad para áridos que, según el marco de Castilla, tiene 12 celemines y equivale a 55,5 l, pero es muy variable según las diversas regiones de España. (R.A.E.)

5Arroba: Peso equivalente a 11,502 kg. (R.A.E.)


Antonio Gascón Ricao cursó estudios empresariales y trabajó como asesor fiscal hasta 1981 en que decide dedicarse a la Historia, abarcando diversos espacios de la guerra civil española (Museo de la Bolsa de Bielsa) y más tarde de la historia de la educación de los sordos en España, colaborando con diferentes publicaciones periódicas, o impartiendo clases, conferencias o clases magistrales en diferentes universidades y Cursos de Verano de la Universidad Complutense y de la UNED. [3]


Fuentes:

1 – https://serhistorico.net/2020/11/02/fuerte-pio-150-anos-de-historia-de-barcelona-antonio-gascon-ricao/

2 – «El Butlletí» – Revista de la Associació de Veïns i Veïnes del Clot – Camp de l’Arpa, noviembre 2012, enero, marzo y mayo 2013.

3 – http://editorialgeoda.com/antonio-gascon-ricao/

4 – «Diccionario Biográfico del Generalato Español» – Alberto Martín-Lanuza Martínez, FEHME, Madrid, 2012

5 – https://ajuntament.barcelona.cat/santmarti/es/conozca-el-distrito/historia/sant-marti-de-provencals-de-pueblo-distrito

Imágenes:

a – https://cloud10.todocoleccion.online/fotografia-antigua-gelatinobromuro/fot/2008/02/29/7649029.webp

b – De Pintor no identificado – http://www.napoleon1er.org ; http://www.storiadimilano.it, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17600270

c – «Els primers batecs històrics de Sant Martí de Provençals – Dossier Cartogràfic» – Josep de la Vega i Gomez, Sant Martí de Provençals, 1993

d – «Perfil de Fuerte Pio en la vecindad de Barcelona» – Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona AHCB4-202/C02 Col·lecció de Plànols de l’AHCB

e – https://bvpb.mcu.es/consulta/resultados_ocr.do?id=11259&tipoResultados=BIB&posicion=2&forma=ficha

El Castillo de Monjuich (Barcelona), en el periodo 1808-1814

Vista del castillo en 1800, en un grabado de época (a)

La atribución tradicional de la etimología de la montaña de Montjuich ó Montjuïc (de ahora en adelante lo llamaremos Monjuich igual que en el periodo napoleónico) es la de Mons Judeiqus ó «Monte de los judíos«, supuestamente del catalán medieval, motivada por la existencia, confirmada por los documentos y la arqueología, de un cementerio judío en la montaña y por haber sido el lugar tradicional donde la comunidad judía barcelonesa enterraba a sus muertos.

El Castillo de Monjuich que hoy contemplamos es el resultado de la evolución de diversas edificaciones que se han ido construyendo, derribando, rehabilitando y perfeccionando a lo largo de, como mínimo, los últimos diez siglos. Así, el llano de la cima de Monjuich ha sido testigo y cimiento de faros, torres de vigía, fortines y castillos que han cumplido diversas funciones según la evolución social, económica, tecnológica y política del momento. Aunque los precedentes directos de un castillo datan del siglo XVII, la estructura esencial del castillo actual es heredera de una última gran reforma diseñada en 1751 por el ingeniero real Juan Martín Cermeño. Las obras de esta remodelación se iniciaron en 1753 y no se acabaron hasta 1779.2 

Como veremos más adelante, la historia del Castillo de Monjuich durante la ocupación napoleónica no se distinguió prácticamente por ningún hecho de armas significativo, más bien al contrario. El castillo fue ocupado por el contingente de franceses e italianos al mando del General Duhesme prácticamente sin pegar un sólo tiro, así como la Ciudadela, el otro gran complejo fortificado en la ciudad. Durante la ocupación francesa, de 1808 a 1814, el Castillo fue destinado a varios usos: hospital, prisión, almacén logístico y militar, aparte de usarse como depósito de las contribuciones con las que rápidamente se gravó a los ciudadanos de Barcelona por parte de los mandos franceses para el sostenimiento de las tropas invasoras. 

La pregunta que nos viene a la mente es: ¿Pudo haberse producido un motín en Barcelona como pasó en Madrid el 2 de mayo, o haber sido liberada por sus ciudadanos en una revuelta o con la ayuda de los somatenes y tropas regulares que circundaban la ciudad en el exterior?

El Conde de Ezpeleta.

Según nos cuentan los cronistas, episodios de tensión y altercados menores hubieron casi desde el primer momento de la presencia de los franceses e italianos en la Ciudad Condal, pero las autoridades municipales y gremiales no querían que la ciudad fuera un baño de sangre* y el capitán general José Manuel de Ezpeleta y Galdeano, (que había sucedido en el cargo al Conde de Santa Clara) tampoco tenía unas instrucciones concretas de la Corte** sobre como actuar en caso que los considerados «aliados» no resultaran serlo. Con el paso de los meses, la situación de las tropas francesas en Barcelona también se fue complicando: prácticamente estaban bloqueados dentro de la ciudad por las partidas de somatenes y regulares que circundaban las poblaciones limítrofes a Barcelona y que se alzaron a raiz de los episodios de Madrid; pero la situación cambió finalmente a favor de los invasores cuando el 17 de diciembre de 1808 las tropas de auxilio mandadas desde Francia por Gouvion Saint-Cyr entraron en Barcelona (también lo tratamos anteriormente en nuestro blog: Laurent de Gouvion Saint-Cyr (II).)

Los intentos más conocidos de insurrección en la ciudad fueron los del 7 de marzo de 1809, y casi a continuación el famoso Complot de la Ascension de 1809. Dos años después, el 19 de marzo de 1811 se intentaría un ataque armado a la fortaleza sin éxito. Hubieron algunos intentos de soborno de los oficiales italianos al mando (Incluso en el caso del mismo Lechi, que categóricamente los rechazó) sin resultado y hasta proyectos de envenenar a la guarnición utilizando el agua de las cisternas del castillo. Con todo, franceses e italianos permanecieron en la ciudad de Barcelona, ininterrumpidamente, hasta finales de mayo de 1814.

Vista de una parte del puerto, con el Castillo de Monjuich al fondo, en el año 1806. (b)

 

EL CASTILLO DE MONJUICH DURANTE LA OCUPACIÓN NAPOLEÓNICA

El 13 de febrero de 1808 entraban amigablemente las tropas francesas en Barcelona, pero sin concederles otros cuarteles que los de la ciudad y sin ser admitidos en la Ciudadela, Monjuich y Atarazanas . El general francés Duhesme, acompañado por el gobernador de la plaza de Barcelona, el 17 de febrero, visitó el castillo de Monjuich. Desde aquel día los acontecimientos se sucedieron precipitadamente. El 23 de febrero, el capitán general, Conde de Ezpeleta, destituía al comandante del fuerte, el brigadier Antonio Escalante, y nombraba para sucederle a Don Antonio García. Seis días despues, el 29 de febrero de 1808 -Lunes de Carnaval- las tropas francesas ocuparon la Ciudadela, entrando en ella con bandera y música, sin encontrar la menor resistencia, mientras otro destacamento al mando del coronel Floresti, con unos 800 hombres, se dirigió hacia el castillo de Monjuich. Según las crónicas: 

«La rabia ha subido de punto quando desde la misma plaza de palacio y muralla del mar, se ha observa do á la una y media que otra columna francesa cubría el camino de Monjuich , llegando su vanguardia á su rastrillo. Procuraban las patrullas y Autoridades dispersar y persuadir á la gente que retirasen, pero no había forma de conseguirlo.El General frances que está apostado con un cuerpo de observacion en las casitas de San Beltran situadas en la falda de Monjuich  ha tenido la avilantes de abrir dos de los pliegos cerrados que el Señor Álvarez enviaba á nuestro Capitan General Conde de Ezpeleta.4

El gobernador interino del castillo no era otro que el brigadier Alvarez de Castro, el mismo que más tarde dirigiría la enconada y decidida resistencia de Gerona, y se negó a permitir la entrada a Floresti, ínterin no recibiese para ello órdenes del capitán general del Principado, el Conde de Ezpeleta. Ni ruegos ni amenazas pudieron influir en el ánimo del militar español, pero sabedor Duhesme de lo que pasaba, recurrió a Ezpeleta, en vista de las órdenes que tenía de la Corte para recibir a las tropas francesas y tratarlas mejor que a las españolas, envió un parte a Alvarez*** ordenándole que abriese las puertas del castillo a los franceses. Cuéntase que, a pesar de este mandato, estuvo largo tiempo Alvarez dudando si obedecería, cediendo finalmente a la ley inexorable de la disciplina militar. Así fue como, por traición, los franceses se apoderaron de la Ciudadela y de Montjuich.1

«Son las 10 de la noche, y todavía no han entrado los franceses en Monjuich, reparándose desde esta Ciudad las fogatas que hacen en sus inmediaciones para hacer los ranchos ó calentarse. Hasta la misma hora queda todavía de planton el centinela avanzada del Castillo, después de levantados los puentes á la una de la tarde. Dicho sereno centinela es de los voluntarios de Cataluña.A las 11 de la misma noche estando los terrados de las casas de Barcelona coronados de frenéticos espectadores , se ha visto al favor de las fogatas entrar en Monjuich las tropas francesas. Qual haya sido la sensación que ha causado en Barcelona, qual el abatimiento y variedad de pareceres sobre la conducta de nuestro Capitan General Conde de Ezpeleta, se dexa todo para la Idea de mañana como á 1° de mes.» 4

Alborotos callejeros por la actitud solapada de los franceses. 29 de febrero de 1808 (c)
Álvarez de Castro.

A las dos de la tarde del dia 1 de marzo bajó la guarnición española, compuesta en su mayor parte por el regimiento de Estremadura, que tomó el camino de Madrid, mientras que la guarnición de la Ciudadela (casi toda de Guardias Españolas y Walonas) salía a las cuatro de la tarde y se acuartelaba en la ciudad (en los Colegios del Carmen y de la Merced).

La fuerza francesa que guarnecería a partir de entonces el Castillo de Monjuich sería el 2º Regimiento Italiano, con 1.200 hombres. Alvarez de Castro, que se había quedado sin empleo en Barcelona, pasaba los días en el claustro del convento de Santa Catalina, donde se le veía a menudo pasear.5

Durante el mismo mes, el día 23 de abril de 1808, los franceses reforzaron el artillaje de la fortaleza subiendo cañones a Monjuich, y levantaron planos en la muralla de tierra.

«Entre tanta nube de bravos y fieles Oficiales que sufren el peso de las presentes novedades, se notan algunos que en sus semblantes y movimientos llevan marcada la patriótica desesperacion que les devora. Descuella entre todos el Gobernador interino que fue de Monjuich, al tiempo de la entrada de los franceses en aquel Castillo, el Brigadier Don Mariano Alvarez. Obsérvase, que este Caballero se retira dias hace la mayor parte de las tardes al espacioso y hermoso Salon que los PP. Dominicos tienen en su Convento de Santa Catalina, y allí se pasea solo y meditabundo.« 4

Las autoridades del municipio que en su momento no juraron lealtad al rey José Bonaparte fueron recluidos durante meses en Monjuich: algunos fueron trasladados a la Ciudadela, y otros partieron al destierro a Francia. Se negaron a prestar juramento el regente, la mayor parte de los magistrados, el corregidor, el Alcalde y el Ayuntamiento casi en pleno. El general Villalba reemplazó al Conde de Ezpeleta. También se llevaron presos con el tiempo a varios religiosos a las mazmorras de la fortaleza. 

Las autoridades municipales camino de la cárcel y del destierro en abril de 1808. (d)

Los franceses podían ser dueños militares de la ciudad pero no de los alrededores de la misma. En pocos meses, varios contingentes españoles rodearon la ciudad, con enfrentamientos en forma de frecuentes escaramuzas y combates entre los imperiales y los patriotas. Ya el 26 de noviembre las fuerzas españolas de Vives y Reding forzaron a los defensores a buscar refugio en torno a la ciudad. Los franceses temían una insurrección popular y endurecieron las medidas de vigilancia y represión:  

BANDO.

«Manda S. E. el General de Division Lechi , Comandante superior de las Armas en esta Ciudad: Que todos sus habitantes cierren las puertas de las casas: que las personas que precisamente deban salir de ellas vayan solas; y se previene, que hallándose tres personas que vayan juntas se disparará por la tropa contra ellas,

Barcelona 8 de Noviembre de 1808;

Firmado — Lechi, Comandante superior.»

Los ciudadanos seguían los acontecimientos con mayor o menor disimulo:

«No atreviéndose los Barceloneses á salir de sus casas por no incurrir en la indignacion de aquel bárbaro Gobernador, suben á los terrados y torres de las mismas para divisar á escondidas algun tanto la general accion.- Digo algun tanto, pues como á mas de llover á cántaros, una espesísima niebla cubre toda la llanura, por eso no se logra de la funcion, sino lo que dexa claro el soplo del viento ó debilidad de la niebla. Se notan muchos movimientos en los Oficiales alojados en las casas particulares, sacando todos lo mas precioso y metiéndolo en la Ciudadela , ó subiéndolo á Monjuich. Madama la Ruga (la amiga de Lechi) sube á este castillo muy trastornada, y la acompaña Mr. Sofate, siguiéndola muchos cofres, y baúles muy pesados… ¡» 4

El castillo de Monjuic también se tenía como punto de control y defensa de la entrada al puerto y de los buques hostiles que se acercaran a la costa: el dia 14 de setiembre de 1808 una fragata inglesa se apostó frente al reducto de San Carlos, llevando en sus palos siete faroles, que se creyó eran para señas de algún plan combinado con los españoles de tierra: desde la Ciudadela, San Carlos, la Linterna y Monjuich se disparó furiosamente contra el buque ingles, que quieto en su puesto, parecía como no dignarse a intercambiar el fuego con los defensores de la costa. La presencia de buques enemigo se repitió el día 28 del mismo mes y:

«La gente ha celebrado (como siempre) la cachaza de los ingleses, que casi nunca se dignan contestar á tanto tiro perdido, no por estar fuera de él, sino por la mala puntería de los franceses.« 4

Las alegrías duraron poco a los habitantes de Barcelona. El 17 de diciembre de 1808, a la una de la tarde, el General Gouvion Saint-Cyr entraba en Barcelona en medio de una estrepitosa salva de cañones, acompañado de una partida de caballería: se alojó en casa de la Marquesa de Cartellá y Moya, pasando el General Devaux desde la de esta a la de Santa Coloma. Se había roto el bloqueo de las tropas españolas que asfixiaba a los franceses en su interior y éstos pasaban a partir de aquel momento a la ofensiva en Cataluña, gracias al nuevo contingente de soldados y material que vino de Francia.

Plano italiano descriptivo del frustrado bloqueo español de Barcelona
en 1808 contra los franceses (Instituto Municipal Historia) (e)

Las pocas tropas españolas que seguían en la ciudad, sufrían todo un rosario de cambios: a mediados de marzo de 1809 las guardias walonas continuaban siendo objeto de repetidas y contradictorias disposiciones del invasor: tan pronto se les retenía en la Ciudadela, como se les dejaba libres por la ciudad, o se les destinaba al edificio de la Aduana o se les enviaba a Monjuich.

La fortaleza también servía al propósito de almacenar y guardar los cofres de las duras contribuciones mensuales que habían de satisfacer los barceloneses, del orden de 160.000 duros de la época. Al efecto, los mandos franceses nombraron  un comisario especial para velar por la entrada de los ingresos:

«Duhesme decida qu’un commissaire spécial le Français Raynal, serait adjoint au receveur pour accélérer les rentrées de fonds el rendre compte chaqué jour de l’etat des caisses; tous les soirs il prendrait note des contribuables les plus arriérés «pour envoyer chez eux des soldats á discrétion, el pour indiquer au général ceux qu’il faudrait conduire au Monjuich comme opiniàtrement rebelles» 3

El 30 de julio de 1809, se leía en el Diario un terminante aviso del General Duhesme a los ciudadanos contribuyentes, amenazando con llevar presos a Monjuich a los que se hallaran atrasados en el pago. En los meses venideros hubieron varios intentos de sobornar a los Gobernadores del Castillo u oficiales franceses o italianos con nulo resultado y hasta proyectos de envenenar a la guarnición del Castillo emponzoñando su cisterna de agua.

Todavía en febrero de 1810 los franceses buscaban a sospechosos y encarcelaban en Monjuich a todos los que se negaban a prestar juramento a José Bonaparte. A mediados y finales de 1810 se producían algunas deserciones en la guarnición, pero sin aparente impacto en la moral de los ocupantes.

Foso actual y puente de entrada al Castillo. (f)

En 1811, el Marques de Campoverde quiso llevar a la práctica la intentona de asaltar el castillo de Monjuich, con el concurso de algunos de sus habitantes y la complicidad de algunos oficiales franceses. El intento debía llevarse a cabo el 19 de marzo de ese año. Las tropas españolas del general Campoverde se acercaron el día convenido a las faldas del castillo, esperando que se cumpliría el plan previsto para el asalto. Pero el caso es que la autoridad francesa de Barcelona, el general Maurice Mathieu, estaba enterada de todo: del proyecto, del número de hombres de los conspiradores, así como de los procedimientos de que iban a valerse. Por tanto, tenía la defensa preparada, alerta los vigías y a punto la guarnición para echarla sobre los asaltantes.

Serían las doce de la noche del 19 de marzo cuando un oficial español, al frente de un destacamento que había subido silenciosamente la montaña, tanteaba la poterna de la fortaleza para penetrar inmediatamente en ella. A un grito de alarma se iluminó el foso, los cañones de la muralla comenzaron a disparar contra los expedicionarios, los cuales al mismo tiempo fueron acometidos con fuego y bayoneta por los franceses. Campoverde tuvo que retroceder a Tarragona afligido por tan duro fracaso.7

Desde ese momento el Castillo de Monjuich intervendría ya muy poco en la Guerra de Independencia. Con todo, en un «Diario de hechos de la Ciudad» se consigna que el 13 de agosto de 1812, «aumentaban de piezas las baterías de La Linterna y San Carlos«.

El general Llauder.(g)

En los primeros meses de 1814, los franceses retenían todavía Barcelona. El 1 de febrero el Ejército anglo-español cortó las comunicaciones entre Suchet y la guarnición francesa de Barcelona. Los generales Manso, Wittingham, Sarsfield, Clinton y Copons acordonaron la ciudad, bloqueada también por mar por algunos paquebotes ingleses. El Baron Habert, encargado de defender la plaza por Suchet, dirigió el mismo día una resuelta proclama a los habitantes amenazando con castigar severamente a los que intentaran confabularse con las tropas sitiadoras. Pero el 26 de abril, tras la caída de Napoleón, se publicaba por todas partes la orden de evacuación definitiva de las tropas francesas. Finalmente el 28 de mayo de 1814 el mismo Habert salió por la puerta de D. Carlos. 

El general Llauder fue nombrado en ese momento gobernador de Monjuich. La ciudad se había librado de la dominación francesa y las tropas españolas entraban de nuevo en la fortaleza. La inspección del estado de las instalaciones del castillo puso de manifiesto que éstas requerían varios trabajos de reparación. Tal era el estado de en que quedó el castillo de Monjuich, después de seis años de guarnición francesa, que se precisaban más de 30.000 reales para repararlo.1 


(*) – Por su parte, los prohombres del Colegio de Gremios, el 27 de julio de 1808, decían que dominando los franceses las fortalezas de Montjuich y la Ciudadela, la prudencia y el amor a la Patria exigían que se procurara evitar la reunión de miles de catalanes por los alrededores de la ciudad, los cuales ignorando las verdaderas causas que habían obligado a los barceloneses a mantenerse quietos, podían atropellarlo todo y ponerlos entre dos fuegos, según se presentasen las circunstancias.1

(**) – «Le 16 de fevrier de 1808, le général Darmagnac, qui commandait les troupes françaises en Navarre, avait occupé, gràce à un stratagème, la citadelle de Pampelune. Cet évenement avail ému le prince de la Paix, qui avait aussitót recommandé au comte d’Ezpeleta de ne pas laisser les Français occuper les forts de Barcelone: mais en même temps il lui avail prescrit de maintenir la bonne harmonie entre les Français et ses administrés. Ces deux recomnandations contradictoires durent fortement troubler le capitaine général.» 3

(***) – «… le gouverneur intérimaire, le brigadier D. Mariano Alvarez. le futur défenseur de Girone, lit fermer les portes, posta le peu d’hommes dont il disposait sur les remparts et refusa net de rendre la forteresse. Duhesme envoya de nouvelles troupes, lit apporter des échelles et des cordes, et prepara l’escalade pour la nuit suivante. Mais le capitaine-général, mis au courant, ordonna á son subordonné d’évacuer le Monjuich «pour éviter d’agiter le peuple et parce que le fort n’avait ni provisions de bouche ni munitions».» 3


Fuentes:

1) – «Historia de Montjuich y su Castillo» – Pedro Voltes Bou, Ayuntamiento de Barcelona, 1960
2) – «Castillo de Montjuïc. Barcelona» – Folleto en castellano. Publicaciones del Ajuntament de Barcelona
3) – «Napoleon et la Catalogne (1808-1814) – La captivité de Barcelone (Fevrier 1808-Janvier 1810» – Pierre Conard, Felix Alcan Editeur, Paris, 1910
4) – «Barcelona cautiva ó sea Diario exacto de lo ocurrido en la misma ciudad mientras la oprimieron los franceses…» – R.P.D. Raymundo Ferrer, Oficina de Antonio Brusi, Barcelona, 1815
5) – «Historia de la Guerra de la Independencia en el antiguo Principado» – D. Adolfo Blanch, bajo la inspección de D. Joaquín Roca y Cornet, Barcelona: Imprenta y Librería Politécnica de Tomás Gorchs, calle del Carmen, junto a la Universidad, 1861.
6) – https://es.wikipedia.org/wiki/Montjuic_(Barcelona)
7) – «Barcelona durante la ocupación francesa (1808-1814)» – Juan Mercader Riba, CSIC. Instituto Jerónimo Zurita. Sección de Barcelona, Madrid, 1949

Imágenes:

a) – https://medipiratas.files.wordpress.com/2015/02/anexo-1-barcelona-1800.jpg
b) – https://medipiratas.files.wordpress.com/2015/02/anexo-2-barcelona-1806.jpg
c) – «Barcelona Histórica y Monumental. La Invasión Napoleónica» – Federico Camp, Ediciones Aymá, Barcelona, 1943
d) – «Barcelona Histórica y Monumental. La Invasión Napoleónica» – Federico Camp, Ediciones Aymá, Barcelona, 1943
e) – «Historia de Montjuich y su Castillo» – Pedro Voltes Bou, Ayuntamiento de Barcelona, 1960
f) – Foto del autor.
g) – «Barcelona Histórica y Monumental. La Invasión Napoleónica» – Federico Camp, Ediciones Aymá, Barcelona, 1943

1809. El Complot de la Ascensión

LOS SUCESOS

A partir del intento de insurrección del 7 de marzo de 1809 (ya comentado anteriormente en este blog), organizado desde dentro y fuera de la ciudad, la policía había ido siguiendo a los conspiradores más señalados dentro de la ciudad, entre ellos el Padre Gallifa. En la conspiración, de hecho, intervinieron todas las clases sociales, desde los convalecientes del Hospital General de la Santa Creu hasta calafates y marineros, artesanos y aprendices, funcionarios y sargentos; los artistas, impresores e industriales de la ciudad colaboraron con la insurrección preparando centenares de alegorías y escarapelas que se habrían de repartir cuando se produjera el alzamiento contra los franceses2; todos ellos esperaban la señal de las campanas de la catedral, que debían tocar a somatén, para ejecutar las órdenes de los cabecillas.3

En una redada en la casa de Mornau, propiedad de José Francisco de Mornau, Comisario honorario de los Reales Ejércitos, en la Calle Ancha (el Palau Mornau, en el actual carrer Ample, núm. 35, de Barcelona) fueron presos Juan Massana, un compañero y el Padre Gallifa, éste último sacado de su residencia en el convento de Padres Teatinos (de San Cayetano), desaparecido en la actualidad. Varios otros no tardaron en ser también apresados: Aulet, reverendo Pou, sargento Navarro, Compte, Vilanova, Closas, los frailes franciscanos P. Mas-Ramón y Mallol, P. Miguel de Figueras y P. Mariano e Montblanch, Padres Capuchinos y los reverendos Calafell y Deop, presbíteros de S. Felipe Neri.

Placa conmemorativa situada en los muros de la actual Casa Mornau (a).

Del 12 de mayo al 3 de junio, los días se pasaron en interrogatorios y apremios para arrancar confesiones y buscar cómplices o encubridores. La responsabilidad principal se hizo caer sobre Massana, Aulet, los dos sacerdotes y Navarro, calificados de coautores. El día 2 de junio se reunió el Consejo de Guerra en una de las salas del pabellón del gobernador de la Ciudadela, que se componía del jefe de batallón del 37º de línea, Lessiegues; del capitán Carrión; del teniente de guardias departamentales Castel; de Gaddi, capitán del 5º de línea italiano, juez en funciones de relator; Lecouflay, capitán en funciones de fiscal, y de D. Manuel Andrés Igual, nombrado escribano por el general francés Duhesme, que juntamente con Casanova y Medinabeytia, dirigió toda la causa, solicitándose pena de muerte para Massana, Aulet, Gallifa, Pou y Navarro. El resto de los acusados, unos quedaron retenidos y la mayoría fueron puestos en libertad.

El estado de ánimo en la ciudad lo resume el cronista en las siguientes líneas:

«Toda Barcelona respiraba un mismo ayre desentimiento, toda estaba igualmente desmayada, porque toda estaba igualmente penetrada de los mismos sentimientos de fidelidad. Ni el tráfico, ni el bullicio mercantil la distraía, porque cerró todas sus tiendas para entregarse enteramente al dolor. La plaza pública del Borne, y las demás en otros dias tan freqüentadas y bulliciosas, manifestaban en su soledad, y desamparo la angustia de los Barceloneses, y quanto mas se adelantaba el dia, tanto crecía la pavorosa soledad.
Son ya las quatro de la tarde, y al paso que vé Barcelona discurrir por sus calles patrullas de caballería, piquetes de infantería, y rondas de policía, observa que en la Esplanada, Plaza de Palacio, y frente de la Real Aduana, se colocan varias piezas de artillería con sus mechas encendidas, y que los muros de la Ciudadela los corona una espesa infantería. Que terribilidad tan imponente!»
4

La ejecución de la sentencia se produjo el día 3 de junio de 1809 en la Explanada, al pie de los glacis de la Ciudadela, cerca de la puerta de la misma que recaía en el espacio que es hoy la Avenida del Marqués de Argentera, y mirando a la ciudad.

La ciudadela. Plano en Relieve. (b)

Los dos sacerdotes fueron ejecutados en garrote (por su condición eclesiástica), sobre un tablado cubierto de negro; el militar y los paisanos, en la horca. Por no encontrarse verdugo, se improvisó el oficio con presidiarios, a quienes Medinabeytia instruyó materialmente, prometiéndoles la libertad.

LOS PERSONAJES

– Doctor Joaquin Pou, Cura Párroco de la Ciudadela, natural de Vic, de 61 años de edad.
– P. D. Juan Gallifa, Clérigo Regular Teatino, natural de Sant Boi de Lluçanès, donde nació el 22 de febrero de 1775, de 34 años.2
– D. José Navarro, subteniente del Regimiento de Soria, natural de Novelda (Valencia) de 38 a 40 años.
– D. Juan Massana, natural de Barcelona, Oficial de consolidación de vales, en la misma ciudad, de 22 a 23 años.
– D. Salvador Aulet, Corredor Real de Cambios natural de Barcelona, de 27 años.
– D. Ramon Mas, carpintero.
– D. Julian Portet, espartero.
– D. Pedro Lastortras, mancebo cerrajero
– D. Juan de Medinabeytia, fiscal de lo civil, afrancesado y Regente de la Audiencia gracias a sus simpatías bonapartistas.

EL CONJUNTO ESCULTÓRICO

En la plaza Garriga i Bachs, en la calle del Bisbe (Obispo) de Barcelona, junto al claustro de la catedral, se encuentra el complejo monumental formado por la plaza y el conjunto escultórico dedicado a los barceloneses que murieron por participar en la conspiración. El conjunto lo componen una escultura en bronce de Josep Llimona, un relieve con ángeles de piedra de Vicenç Navarro y plafones cerámicos que ilustran los hechos6.

Los plafones se basan en reproducciones de grabados de Miguel Gamborino, V. Campillo y Francisco Jordán, a partir de dibujos de Bonaventura Planella*.1

Perspectiva desde la calle del Bisbe del conjunto.
El conjunto escultórico.
El P. JUAN GALLIFA: EL DR. JOAQUIN POU: D. JUAN MASSANA : D. SALVADOR AULET : D. JOSE NAVARRO: D. PEDRO LASTORTRAS: D. JULIAN PORTET: Y : SU VIDA POR DIOS : POR LA PATRIA : Y : POR EL REY LA CIUDAD AGRADECIDA ENALTECE AQVI PERPETUAMENTE SU MEMORIA MCMXXIX

LOS PLAFONES

“Condenados a muerte por la comisión militar cinco de los diez y ocho leales patriotas, á saber Dr. D. Joaquin Pou cura parroco de la ciudadela el P. D. Juan Gallifa teatino D. José Navarro subteniente del regto. de infanteria de Soria D. Juan Massana oficial a la consolidación de vales reales y D. Dalvador Aulet corredor de cambios se les intimó la sentencia á las once y media de la noche del 2 de junio ya las once y media de la mañana siguiente recibieron el Sagrado Viatico en la torre de la Ciudadela. El Vicario perpetuo de Sta. Maria del Mar que se les administra el Dr. D. Francisco Collell Vicario de San Jaime y el P. D. Raymundo Ferrer presbítero del Oratorio que sostiene la toalla quedaron absortos al ver la tranquilidad y fervor de nuestros Héroes”
«Salen de la Ciudadela para la Esplanada en medio de tropa precedida de los que les vendieron a los cinco Heroes de Barcelona, A Massana le asiste el Dr. Collell, a Aulet el P. Ferrer, a Navarro D. Tomas Perals Pbro y entre Pou y Gallifa va el Dr. Bartolomé Vila Pbro, auxiliándolos. La serena tranquilidad y fervor christiano con que van á poner el sello a su acendrada fidelildad, son el mas claro testimonio de la santidad de la causa por la qual mueren.»
«Muerto a la violencia del garrote, el Dr. D. Joaquin Pou, sube al cadalso con la mayor firmeza para sufrir igual suerte a P D. Juan Gallifa quien con la misma serenidad reza un responso á su compañero, al arrojar el mantéo sobre su cadáver. Los otros tres Héroes, Navarro, Massána y Aulét están reconciliándose al pié de la hórca, en la cual consumaron luego con el mayor valor y cristianos sentimientos el gustoso sacrificio que hicieron de sus vidas. por la religión, por la patria y por Fernando VII. Ejecutóse, la tan horrorosa escena, en el glacis de la ciudadela de Barcelona, á las cinco de la tarde del 3 de junio de 1809, sin otros testigos que las tropas invasoras y los traidores»
«Mientras se executaba la sentencia contra los cinco Heroes, otros tres valerosos Barcelone a saber D. Ramón Mas, D. Julián Portet y D. Pedro Lastortras, tocaron a rebato en la Torre de la Catedralpara convocar al Pueblo y librar a sus hermanos. Voló allá la tropa napoleónica y cerrando la Iglesia, empezó un escrutinio el más escrupuloso. Desesperados por no encontrarlos, ofrecieron a grandes voces el perdón, y a tal influxo salieron de debaxo los fuelles del órgano los tres mencionados después de haber estado más de 72 horas sin comer ni beber nada. Procuraron reanimarlos con vino generoso avivando la promesa del perdón, los mismos que luego faltando a la palabra instaron su muerte que se executó el 27 del mismo Junio en que murieron gloriosamente.»

(*) -El mismo Bonaventura había pintado, a finales de 1808, una bandera de «paño de seda blanco con fleco de oro, que llevaba pintada en medio una corona de Conde con este lema: Barcelona por Fernando VII», la cual se habría de izar una vez triunfara la revuelta2.


Fuentes:

1) – «Barcelona Histórica y Monumental. La invasión Napoleónica» – Federico Camp, Ediciones Aymà, Barcelona, 1943

2) – «La Iconografia de la guerra del Francès (1808-1814)«, por Laura Corrales Burjalés, en «La Guerra del Francès. 200 anys després» – Ed. Ramon Arnabat Mata, Publicaciones URV, Tarragona, 2013

3) – http://www.vilaweb.cat/noticia/3622939/20090829/homenatge-pare-gallifa-sant-boi-llucanes-diumenge.html

4) – «Dia grande de Barcelona el 3 de junio de 1809. Oración funebre que en memoria de la gloriosa muerte que sufrieron en dicha ciudad bajo la tirania del gobierno intruso, ocho fieles y valientes patriotas. Dixo en la Iglesia de la Real Ciudadela de Barcelona el dia 4 de junio de 1815 el P.D. Raymundo Ferrer Presbitero del Oratorio de San Felipe Neri de Barcelona, que tuvo el honor de asistir á los cinco Héroes» – Juan Ignacio Jordi, Barcelona, 1815

(5) – «Relación de las Pomposas exequias que la Ciudad de Barcelona en los dias, 14, 15, 16, 17, 18, 19 y 20 de octubre del año 1815 a la memoria de las ocho víctimas sacrificadas en dicha Ciudad por el Gobierno intruso en los dias 3 y 27 de junio de 1809.» – Juan Ignacio Jordi, Barcelona, 1815.

(6) – «Guía de los escenarios de la Guerra del Francés en Cataluña – Conmemoración del bicentenario del comienzo de la guerra (1808-2008)» – Generalitat de Catalunya – Departament d’Innovació, Universitats i Empresa. Secretaria de Comerç i Turisme / Direcció General de Turisme.

IMAGENES:

a) – Reproducida con la amable autorización de su autor, Sr. Joan Palau. – Barcelona Modernista i Singular Blog https://sites.google.com/site/barcelonamodernistaisingular/ciutat-vella-1/palau-mornau

b) – La ciudadela de Barcelona. Plano en relieve ejecutado por los señores Suñer, bajo la dirección del archivo Histórico de la ciudad. Museo de la Historia de Barcelona.1

c) – Fotografías del autor.

7 de marzo de 1809. Insurrección en Barcelona, o cartas para vicarios, acólitos, ruecas, husos y nabos.

Antonio Cornel y Ferraz Dos

Durante la ocupación francesa de Barcelona, se concibieron algunos intentos de insurrección contra las tropas francesas por parte de los resistentes barceloneses. Unos de los primeros en concebirse fue el ideado para el 7 de marzo de 1809.

Se pretendía que las tropas españolas (regulares y somatenes) posicionadas en los alrededores de la ciudad dieran un golpe de mano junto con la ayuda de los busques ingleses que bloqueaban el puerto, rompiendo éstos fuego contra los fuertes de la ciudad. La señal sería una gran hoguera que se encendería a las tres de la madrugada del 7 de marzo en Montgat.

Sin embargo, el dia señalado, el recio viento del Este que de improviso se habia movido acompañado de lluvia, al cerrar la noche, no tardó en convertirse en verdadero huracán. Los vientos separaron a los buques de la costa y el río Besós experimentó tal crecida que imposibilitó el paso de los miqueletes.

Como reza el cronista:

«Sin embargo, todavía confiaron los barceloneses. Mas apenas empezaron á disiparse las sombras de la noche, cuando desesperanzados y creyéndose perdidos nuestros paisanos, diéronse prisa á aprovecharse del último resto do oscuridad que quedaba, para abandonar sus puntos, su empresa y sus armas. Poco y sin resultado trascendental fué lo que llegó la policia a descubrir1

Como curiosidad os incluyo la transcripción del bando que se elaboró al efecto, así como la curiosa clave para la identificación de los sujetos, en la más añeja tradicion del espionaje.

BANDO


«La Junta suprema de este principado ha mandado se publique la real órden que le ha comunicado el Excmo. Sr. D. Antonio Cornel, secretario de estado y del despacho de la Guerra, que es como sigue: — Excmo. Sr. — Ha remitido la junta provincial de Valencia á la Suprema gubernativa del reino, en nombre del Rey N. S. D. Fernando VII (Q.D.G) el bando siguiente:

– La Junta superior de gobierno de este reino deseando añadir á los grandes motivos que tienen todos los naturales del mismo para obrar contra el enemigo, hostilizarle y hacerle todo el daño posible, otro estímulo poderoso cual es el del interés individual; ha acordado que las armas de cualquiera especie, caballos, víveres, alhajas y dinero que se aprehenda al enemigo por cualquiera particular, sean en plena propiedad y dominio del aprehensor, reservándose únicamente únicamente á S. M. ó á la real Hacienda el derecho de preferencia en la compra de los cañones, armas y caballos, cuyo importe se les pagará puntualmente.

—Y habiéndose servido S. M. aprobar y mandar que esta medida se adopte por punto general en todo el reino, y que se publique en la Gaceta, lo comunico á V. E. de real órden para su cumplimiento, y que lo circule á todos los pueblos de su distrito. — Dios guarde, etc.— Real palacio del Alcázar de Sevilla 28 de febrero de 1809.— Cornel. —Sr. Presidente de la junta provincial de Cataluña.»

(1) Plan para la distribución de los colegios y gremios de Barcelona al verificarse su libertad.

— Para organizar la ciudad como corresponde, evitar todo desorden y excesos á lo menos en lo posible, y que todos los patricios puedan cooperar á la buena causa y á la defensa de ella con la tranquilidad debida, en nombre del Excmo. Sr. D. Teodoro de Reding, capitán general del ejército y principado de Cataluña se manda observar los capítulos siguientes:

– 1º. Inmediatamente comparecerán en el patio del convento de Santa Catalina, los gremios de los arquitectos y mancebos, albañiles, maestros y mancebos, carpinteros, torneros, taloneros, escultores, tallistas, cuberos y maestros de carros , separados unos de otros en el mismo patio y claustros.

– 2º. Todos los marineros y demás matriculados y anexos á los ramos de marina, se reunirán por el mismo sistema en la plaza de San Sebastian.

– 3º. Todos los cerrajeros, claveteros, herreros y dagueros, en la plaza de San Francisco de Paula.

– 4º. Armeros , zapadores y demás concernientes á toda especie de armas, en el plan terreno de la casa del barón de Rocafort, sita en la Rambla y calle de la Canuda, con sus correspondientes enseres.

– 5º. Los gremios pertenecientes al ramo de seda, se reunirán en el patio del Palao.

– 6º. Maestros y mancebos zapateros , curtidores y demás gremios pertenecientes al ramo de cueros y pellejería, en la plaza del Rey.

– 7º. Plateros, maestros y mancebos sastres, silleros y bordadores, en la plaza de la Trinidad

– 8º. Todos los maestros y mancebos hortelanos, en la plaza de la Caridad.

– 9º. Todas las clases de la nobleza, en casa Moya, en la Puertaferrisa.

– 10º. Todos los comerciantes, corredores de cambio, tenderos de paños y lienzos, fabricantes y demás pertenecientes al ramo de comercio en la Casa Lonja.

– 11º. Todos los pintadores, tejedores y demás dependientes de fábricas, en la plaza Nueva.

– 12º. Toda clase de faquines y carreteros que no tengan el carro expedito para transportar en la plaza del Oli.

– 13º. Todos los carreteros y demás sugetos indistintamente que tengan toda especie de carros para transportes, comparecerán inmediatamente con el mismo carruaje expedito en la Rambla.

– 14º. Los procuradores, escribanos y escribientes, en la casa del señor marqués de Aytona, Plaza de la Cocurulla.

– 15º. Todo el clero secular y recular, en la Santa iglesia Catedral.

– 16º. Todos los dependientes de contadurías, tesorerías y demás oficinas reales, en casa Garma, calle Condal.

– 17º. Todos los corredores de felpa ó trompetas, en el patio de la Casa de la Ciudad.

– 18º. Todos los militares de cualquier graduación é inválidos, en la casa de Milans, calle de Moncada, y los soldados en la entrada y patio de la misma casa.

– 19º. Todos los gremios, á mas de los arriba expresados, en el patio y claustros de Santa Ana.

– 20º. Todos los sugetos que no van comprendidos en colegios y gremios, ni en las clases arriba dichas, en la plaza de San Pedro.

Los puntos de reunión señalados en un mapa de la época, básicamente en plazas y conventos de la ciudad.3

Llave para la inteligencia de las cartas que enviaban los comisionados de fuera á los de Barcelona para activar su redención.

General Reding . . . . . . . . . . . . . Juana.
Regente. . . . . . . . . . . . . . . . . . Rector.
Sala . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Vicario.
De Witte . . . . . . . . . . . . . . . . . .Pepa.
Baronesa . . . . . . . . . . . . . . . . . .Abadesa.
Milans mayor. . . . . . . . . . . . . . . .Inés.
El menor . . . . . . . . . . . . . . . . . .Antonia.
Cuartel general . . . . . . . . . . . . . El Cortijo.
Monjuich . . . . . . . . . . . . . . . . . El pájaro.
Ciudadela . . . . . . . . . . . . . . . . .El pato.
Barcelona . . . . . . . . . . . . . . . . El cisne.
Barceloneta . . . . . . . . . . . . . . . Las tórtolas.
Franceses . . . . . . . . . . . . . . . . Judíos.
Ejército español. . . . . . . . . . . . La res.
Id. Francés . . . . . . . . . . . . . . . Los cochinos.
Alturas de Collserola. . . . . . . . . Cabritillos.
Llano de Barcelona. . . . . . . . . . El paraíso.
San Pedro Mártir. . . . . . . . . . . . El palomo.

Cañones . . . . . . . . . . . . . . . . . Ruecas.
Fusiles . . . . . . . . . . . . . . . . . . Husos.
Cartuchos . . . . . . . . . . . . . . . . Nabos. Molins de Rey . . . . . . . . . . . . . Los reyes
San Boy, San Vicente,
etc. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La raya.
Esplugas . . . . . . . . . . . . . . . . . Las pulgas.
Hospitalet. . . . . . . . . . . . . . . . El hospital.
Sampons . . . . . . . . . . . . . . . . . Salvador.
Salva. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Francisco.
Pla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . José.
Roca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Pedro.
Serrahima . . . . . . . . . . . .  . . . . Nicolas.
Dr. Dulcet . . . . . . . . . . . . . . . . .Leonor
Duhesme . . . . . . . . . . . . . . . . . El baile.
Lecchi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El alcalde.
Saint-Cyr . . . . . . . . . . . . . . . . . El acólito.»


Fuentes:

1) «Cataluña. Historia de la Guerra de Independencia en el antiguo Principado» – D. Adolfo Blanch, Barcelona, 1861

2) – «Antonio Cornel y Ferraz. Ilustrado, militar y político» – Tambo Moros, J. y Martínez Tirao, A. J., Zaragoza, 2010. Portada del libro.

3) – BNE.Barcelona.planos.1806. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons – http://commons.wikimedia.org/wiki/File:BNE.Barcelona.planos.1806.jpg#mediaviewer/File:BNE.Barcelona.planos.1806.jpg